Inmigración en Argentina
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Las migraciones al territorio actual de la Argentina comenzaron varios milenios a. C., con la llegada de las culturas de origen asiático que ingresaron al continente americano por Beringia, según las teorías más aceptadas, y fueron poblando lentamente el continente americano. A la llegada de los españoles, los habitantes del actual territorio argentino representaban cientos de miles de personas pertenecientes a numerosas civilizaciones, culturas, ciudades y tribus distintas.
Sobre este sustrato, el territorio argentino ha experimentado distintas corrientes migratorias:
- la colonización hispánica entre los siglos XVI y XVIII, mayoritariamente masculina,[1] que se asimiló con los nativos en un proceso de mestizaje. No todo el actual territorio fue efectivamente colonizado por los españoles. La región chaqueña, la Patagonia, el territorio de la actual provincia de La Pampa y de la mayor parte de las actuales provincias de Buenos Aires, San Luis y Mendoza se mantuvieron bajo dominio indígena (mapuches, ranqueles, wichis y otros pueblos) hasta que fueron conquistadas por el Estado Argentino, luego de la independencia.
- la introducción forzada de negros traídos de África para trabajar como esclavos en la colonia entre los siglos XVII y XIX.
- la inmigración europea fomentada por la Constitución Argentina de 1853 bajo la base del precepto alberdiano, de gobernar es poblar, destinada a generar un tejido social rural y a finalizar la ocupación de los territorios obtenidos mediante la campaña militar contra los mapuches y ranqueles denominada conquista del desierto.
- la inmigración urbana, principalmente europea y en menor medida de Oriente Medio, producida durante finales del siglo XIX y la primera mitad del XX.
- la inmigración de países vecinos, más o menos continúa a lo largo de los siglos XIX y XX. Este tipo de inmigración que se remonta a las primeras civilizaciones agroalfareras aparecidas en territorio argentino[2] , a diferencia de la inmigración europea fue siempre considerada un problema por no estar incluida en la que debía ser fomentada en cumplimiento de la Constitución.[3] .
- las nuevas corrientes migratorias a partir de los años '80 y '90 provenientes del Perú, Asia y Europa oriental.
[editar] Migraciones precolombinas
El poblamiento arcaico del territorio que hoy conforma la Argentina fue realizado por diversas corrientes, quizás una inicial de paleoamericanos descendientes de las migraciones que ingresaron a América por Siberia y luego por otras más recientes de indoamericanos. De acuerdo al estado actual de las investigaciones, en la Patagonia se encuentran algunos de los asentamientos humanos más antiguos del territorio americano. Puntualmente, la primera presencia humana se ha registrado en Piedra Museo (provincia de Santa Cruz) y se remonta a casi 13.000 años adP.
Se han sostenido hipótesis sobre la posibilidad de otras corrientes poblacionales precolombinas. Una de ellas, que ha encontrado cierto apoyo en los descubrimientos de Monte Verde (Chile) y otros sitios, la temprana existencia de tal asentamiento, al parecer anterior a la mayoría de los asentamientos ubicados más al norte en América parece desmentir (según lo que se conoce en el 2008) la teoría que ha sido predominante: la de un poblamiento primero a través del istmo de Beringia que se habría desplazado hacia el sur por el centro de Norteamérica utilizando un supuesto corredor que atravesaba los campos de hielos del wurmiense; la ratificación de la antigüedad de Monteverde induce a pensar que la principal corriente de poblamiento de las Américas — hasta el territorio que es actualmente argentino— se realizó siguiendo las costas por largas extensiones en un tiempo relativamente breve, también se sostiene la posibilidad de un poblamiento australoide que pudo haber ingresado desde Australia alrededor del XIII milenio a. C., aprovechando las costas de la calota glaciar existente en la última glaciación. Esta hipótesis busca explicar las evidencia de poblamiento muy temprano del sur de América y las características fisiotípicas de los huárpidos (incluyendo a los llamados comechingones), e incluso algunas características de los pámpidos, difícilmente compatibles con el modelo que sostiene el poblamiento exclusivo del continente por Beringia.
Las corrientes indoamericanas ingresaron por etapas, siguiendo diferentes líneas: una lo hizo por las quebradas del NOA, otra avanzó por las costas del Atlántico, una tercera —quizás la última— lo hizo por el sistema de la Cuenca del Plata especialmente aprovechando la hidrovía del río Paraná.
La primera cultura agroalfarera en territorio argentino, la cultura Tafí (200 a. C.), fue consecuencia de una migración proveniente del altiplano boliviano.[4] A partir de entonces esta región mantuvo intercambios comerciales y migratorios con Chile y las antiguas culturas boliviano/peruanas. Entre 1470 y 1490 se produjo la conquista incaica dirigida por Túpca Inca Yupanki que derivó en la difusión parcial de la cultura y el idioma quechua en el norte argentino.[5]
El actual territorio argentino (como casi todo el Cono Sur), en tiempos prehispánicos, estaba en promedio menos poblado que otras áreas, aunque existían áreas densamente pobladas como el cuadrante noroeste, el oeste andino, y las zonas ribereñas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay y sus afluentes.
Tradicionalmente se ha estimado que la población existente en el actual territorio argentino al momento de la conquista española llegaba a 300.000 indígenas (J. Steward, 1949:661). Más recientemente se ha estimado la población en 500.000 habitantes, de los cuales 200.000 habitaban en las sociedades de agricultores del noroeste (G..Madrazo,1991).[6]
[editar] Época colonial
Las corrientes españolas que conquistaron y colonizaron la zona donde hoy está ubicada la Argentina fueron principalmente tres:
- la que provino del noroeste —la región peruana conquistada por Diego de Almagro y Francisco Pizarro—;
- la que provino del oeste, desde Chile, a través de la cordillera de los Andes;
- la que provino del este, que empleó el río de la Plata y sus tributarios, en especial el río Paraná, para asentarse a la vera de los mismos. Esta corriente a su vez se estableció en Asunción del Paraguay desde donde colonizó gran parte de la región.
Los pobladores fundaron ciudades y, desde ellas, establecieron explotaciones rurales para abastecerse de productos agrícolas y ganaderos. La escala de las explotaciones fue reducida, orientada sobre todo al mercado interno y a la provisión de la metrópoli.
Los asentamientos principales se ubicaron en las zonas más densamente pobladas por culturas indígenas agrarias, como los centros mineros del Alto Perú en pleno territorio incaico, y el noreste andino perteneciente al Reino del Tucma, donde se fundaron ciudades como San Miguel de Tucumán, Salta, la efímera ciudad de El Barco primero y Santiago del Estero después; algo más al sur se fundó Córdoba.
Otro importante centro poblacional fueron las ciudades de Asunción del Paraguay y Corrientes fundadas en el área de la civilización guaraní, y con importantes puertos sobre ríos navegables. Paralelamente, la migración andina proveniente de Chile se afincaba en San Juan.
Posteriormente, con el auge del contrabando y la multiplicación espontánea del ganado vacuno en la llanura pampeana, comenzaron a tomar cierto auge Buenos Aires y otras ciudades del litoral mesopotámico.
La población de los asentamientos coloniales integró, aunque de manera desigual y con fuertes variaciones regionales, a indígenas y españoles, y sus descendientes criollos, constituyendo estos últimos los terratenientes, comerciantes, administrativos y gobernantes, que residían principalmente en las ciudades. El mestizaje fue importante ya que los colonizadores tomaron a numerosas mujeres nativas y dieron origen a una población criolla, étnica y culturalmente híbrida, en la que se destacarían los gauchos, un tipo de poblador rural característico de la región.
El número exacto de migrantes hispánicos hacia América es difícil de precisar, debido a lo fragmentario de las fuentes disponibles hasta el momento. No obstante existen varias estimaciones realizadas a partir de fuentes y cálculos diversos. De todos modos sus porcentajes fueron bajos con respecto a la población total, en torno al 1-2%, no superando en ningún caso el 5%.[7] El gobierno argentino informa que en 1810, habitaban en territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata unos 6.000 españoles peninsulares, sobre una población total entre 500-700 mil habitantes.[8] Es decir que representaban aproximadamente el 1% de la población.
La población indígena disminuyó drásticamente en muy breve período, tanto a causa de las muertes producidas por la conquista como por el contagio de enfermedades —como la viruela— hasta entonces desconocidas en el continente, y por el fuerte costo en vidas humanas de las explotaciones mineras de la región andina; las cifras exactas se desconocen, y es probable que sea imposible establecerlas de manera fiable, pero la mayoría de los estudios[9] concuerdan en sostener que éste fue uno de los rasgos principales de la catástrofe demográfica en América tras la llegada de los europeos.
Para reemplazar la mano de obra indígena los europeos decidieron trasladar a América, de manera forzada, a miles de africanos reducidos a la esclavitud. Se calcula que 60.000.000 de africanos fueron enviados a América, de los cuales sólo llegaron con vida 12.000.000.[10] Esa población negra ingresó al Cono Sur a partir de 1596[11] a través del puerto de Buenos Aires primero, y de Montevideo después,[12] y fueron enviados principalmente a las ciudades del noroeste.
En el primer censo, llevado a cabo por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778, se registró la presencia de una gran población de origen africano en todo el territorio del virreynato: 54% en la provincia de Santiago del Estero, 52% en la provincia de Catamarca, 46% en la provincia de Salta,44% en la provincia de Córdoba, 42% en la provincia de Tucumán, 30% en Buenos Aires,24% en la provincia de Mendoza, 20% en la provincia de La Rioja, 16% en la provincia de San Juan, 13% en la provincia de Jujuy, 9% en la provincia de San Luis".[13]
El censo de 1778 registró una población total de 380.000 habitantes para todo el virreinato. En los territorios de la actual Argentina (excluyendo las zonas del Chaco, la Patagonia y buena parte de las pampas, aún bajo control indígena), es decir, en las nuevas intendencias de Córdoba (Cuyo y Córdoba), Salta (actuales provincias del noroeste), Buenos Aires (una pequeña franja costera de la actual provincia de Buenos Aires -incluyendo la ciudad de Buenos Aires-, Mesopotamia y Santa Fé) y Misiones (actual Misiones mas territorios actuales de Paraguay y Brasil) vivían unas 180.000, personas.[14] La mayoría de la población se concentraba en los asentamientos del noroeste mientras que en la llanura pampeana se asentaba solo un 20% del total. En todo Tucumán (todo el noroeste, incluida Córdoba, pero no el Cuyo -San Luís, Mendoza y San Juán-), habitaban en 1778,126.000, personas. 35.000 eran blancos (criollos y peninsulares), un número similar Indios, unos 11.000 esclavos negros, y 44.000 castas libres (mulatos, negros libres, mestizos, etc). Hacia 1809, la población total de Tucumán y Cuyo se elevaba a 250.000 personas, aproximadamente la misma que en la época de la conquista.[15] Los actuales territorios de Perú y Bolivia, contaban con una población considerablemente mayor que la que se encontraba en el actual territorio argentino.[16]
Durante la época colonial, el actual territorio argentino se encontraban también poblado por pueblos originarios que se mantuvieron independientes del dominio del Imperio Español, en la Región Chaqueña, la llanura Pampeana, la Puna y la Patagonia. Aunque no existen datos precisos sobre la situación de los pueblos originarios independientes durante la colonia, algunos especialistas han sostenido que la densidad demográfica en esos territorios no superaba un habitante por km². Este argumento fue luego utilizado para considerar que se trataba de territorios desiertos que podían ser legítimamente ocupados por el Estado Argentino (ver conquista del desierto).
La baja densidad poblacional que registraba el territorio argentino al momento de la independencia (1810-1816), impulsó un proyecto de desarrollo socioeconómico que consideraba a la inmigración como uno de sus fundamentos esenciales. En 1853 ese proyecto tomaría cuerpo en la Constitución nacional, como un mandato terminante a los gobiernos de fomentar la inmigración europea para poblar el país.
[editar] Los inmigrantes y sus orígenes con anterioridad a la formación del estado-nación
[editar] Africanos
La inmigración forzada de personas africanas para ser usados como esclavos durante la colonia española influyó considerablemente en la formación de la población del actual territorio argentino. La mayoría de los africanos que se introdujeron en dicho territorio procedían de los territorios de la actual Angola, la República Democrática del Congo, Guinea y la República del Congo, pertenecientes al grupo étnico que habla la familia de lenguas bantú. En 1778 la población africana y sus descendientes constituía el grupo étnico mayoritario, alcanzando un 54% de la población de la provincia de Santiago del Estero, el 46% en la provincia de Salta, el 44% en la provincia de Córdoba, el 42% en la provincia de Tucumán, entre las zonas más pobladas del virreinato, y el 30% en la ciudad de Buenos Aires. Las culturas africanas influyeron sobre la cultura argentina en aspectos como el lenguaje, las organizaciones solidarias, la alimentación, el arte, las creencias religiosas, etc.[17]
[editar] Aimaras
La inmigración de personas aimaras, también conocidas como collas, habitantes del actual altiplano boliviano, llamada durante la colonia Alto Perú, fue de importancia en la población del territorio argentino. La primera civilización agroalfarera, Tafí (200 a. C.) se ha atribuido a una migración de personas procedentes del altiplano boliviano.[18] La introducción del maíz y la papa, entre otros alimentos, fue también realizada por migrantes procedentes del altiplano boliviano.[19] Durante la colonia, las relaciones entre la estructura minera establecida alrededor del cerro Potosí y el norte del actual territorio argentino, productor de tejidos y animales de carga, mantuvo una constante migración en ambos sentidos entre ambas regiones.[20] A su vez, la Universidad de Chuquisaca, fue un importante factor de atracción para población rioplatense. El levantamiento de Túpac Catari, en 1781, y su cruenta represión, produjo una importante migración de revolucionarios altoperuanos por razones políticas hacia Buenos Aires.[21] La cultura andina del altiplano boliviano influiría considerablemente la cultura argentina, tanto en el idioma, como en la alimentación, tradiciones, música, valores, y religión.[22] En la actualidad el pueblo Kolla es la segunda comunidad indígena en Argentina.[23]
[editar] Españoles
Aunque influyeron decisivamente en la organización política, social y cultural de la Argentina, los españoles que migraron durante la colonia al actual territorio argentino fueron relativamente pocos, en relación con la población existente, la mayoría de ellos conquistadores o colonizadores. El gobierno argentino informa que en 1810, habitaban en territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata unos 6.000 españoles peninsulares, sobre una población total entre 500-700 mil habitantes.[24] Es decir que representaban aproximadamente el 1% de la población.
La inmigración total procedente de España que se dirigió a los actuales territorios argentinos con anterioridad a la formación del estado-nación es difícil de cuantificar. Según los cálculos de Boyd-Bowman, sobre más de 50.000 pobladores no americanos del siglo XVI (entre una cuarta parte y un quinto del total) identificados por nombre, lugar de procedencia y de destino, aproximadamente un 5,2% del total de los pasados a América se dirigió a los países del Plata, lo que significa que entre 10.500 y 13.125 hispánicos (y en mucha menor cuantía extramericanos de otras procedencias) inmigraron a las actuales Argentina y Paraguay en el siglo XVI, de los cuales una mayoría de entre dos tercios y tres cuartos en territorios de la actual Argentina y el resto en Paraguay.[25]
Respecto a la procedencia de estos colonizadores, se dispone de los mismos estudios de Boyd-Bowman, que indican una clara predominancia de los andaluces en dicho periodo. Según los cálculos generales para toda América, los andaluces hubieran alcanzado un 36,9 % del total (entre 80.916 y 101.145 andaluces).[26] Durante los siglos siguientes, el dominio porcentual de los andaluces sobre el total de hispánicos se mantuvo, aunque disminuyendo relativamente hasta en torno a un tercio en el siglo XVII y una cuarta parte en la segunda mitad del XVIII (los cálculos de estos dos siglos están realizados sobre una población con origen localizado mucho menor que la de los cálculos de Boyd-Bowman para el siglo XVI, siendo en todos los estudios de unos pocos miles). De todos modos, la presencia de andaluces era muy pequeña, y en una ciudad como Córdoba, en 1813, solo uno de cada mil habitantes era de ese origen.[27]
Tras los andaluces los más numerosos en el siglo XVI, pertenecían también a etnias ubicadas al sur de la península Ibérica: los extremeños (16,4%) y manchegos -habitantes del reino de Toledo o de Castilla la Nueva en la terminología de Boyd-Bowman- (15,6%). Los únicos que mantuvieron cierta relevancia porcentual tras los sureños peninsulares, fueron los castellanos viejos (14%), pero tras estos ningún otro pueblo de España alcanzó un 6% del total. Fue relativamente importante la afluencia de vascos (sobre todo vizcaínos), que ya en este siglo de predominio andaluz y sureño, alcanzaron un 3,8% del total, cifra por encima de su porcentaje en el total de la población de la monarquía hispánica de la época. Los extranjeros, no súbditos del rey de España eran alrededor de un 2,8%, la mayoría portugueses, aunque con una importante participación de genoveses y otros italianos. En los siglos siguientes, parece ser que el porcentaje de embarcados en Europa hacia el Río de la Plata sobre el total de los idos a América fue mayor, alcanzando el 10% que se ha descrito en algún estudio.[28]
Luis Vitale ha señalado la escasa migración de españoles a América, contrastándola con la de los portugueses:
La herencia cultural más notable de los españoles en América fue la lengua castellana, que es el idioma dominante en la actualidad en todos los países hispanoamericanos. A lo largo de los años, los estudiosos han discutido la mayor o menor importancia de las distintas influencias que dieron origen a los dialectos que integran el español americano, diferenciándose dos grandes corrientes: la hispanista (Amado Alonso, Juan Antonio Frago Gracia),[30] que sostiene que la forma de hablar el español en América dependió principalmente del origen de los colonizadores; la americanista (Rodolfo Lenz), que sostiene que la influencia principal provino de los hablantes, mayoritariamente de origen indígena y africano.[27]
Aunque desde el principio existieron diferencias en el castellano hablado en las diferentes zonas, motivadas tanto por el diferente peso de determinados emigrantes en cierta zona como por la influencia de las lenguas originarias, la creciente diferenciación de dichas variedades americanas, se acrecentó en los siglos XVII y sobre todo XVIII, así como, de manera notable en ciertos países como Argentina, tras la llegada masiva de nuevos inmigrantes en los siglos XIX y XX.
Los colonizadores españoles impusieron también la religión cristiana en su variante católica y la conversión forzada a la misma de los habitantes. En materia de relaciones laborales, a diferencia de las colonias inglesas en Norteamérica, establecieron una cultura que consideraba al trabajo como una actividad vil, moralmente inapropiada para los europeos, razón por la cual establecieron sistemas de trabajo esclavo y servil, a los que fueron sujetados los indígenas y mestizos, y gran cantidad de personas secuestradas en África.
En materia de relaciones sexuales y reproductivas, los españoles prohibieron las relaciones entre europeos, indígenas y africanos, imponiendo la doctrina hispana de la limpieza de sangre, que establecía que solo la "sangre" europea era "limpia", en tanto que la de los indígenas y africanos de piel oscura estaba manchada, y que en caso de mestizaje con europeos, la sangre de sus descendientes quedaba manchada. Pese a la prohibición, fue habitual que los españoles mantuvieran relaciones sexuales con mujeres indígenas y africanas, muchas veces de manera forzada, surgiendo como consecuencia un población altamente mestizada y a la vez discriminada por los Estatutos de limpieza de sangre.[31] [32] [33]
Los españoles introdujeron también la escritura en la mayor parte del territorio argentino, la imprenta, y el ganado vacuno. Este último se reprodujo como animales salvajes en las pampas, sin intervención del hombre, y constituyeron luego una de las bases de la economía nacional. Muchas de las actuales ciudades argentinas fueron fundadas por los colonizadores españoles.
[editar] Judíos
Los primeros judíos llegaron al territorio de la actual República Argentina durante la conquista española, ocultando su condición debido a la persecución a la que eran sometidos por la monarquía católica. Los estudios al respecto han sido llamativamente escasos.[34] Precisamente uno de los casos más importantes de la persecución de judíos en la colonia fue la llamada "Gran Complicidad", en 1639, cuando la Inquisición de Lima procesó y ajustició a Francisco Maldonado da Silva, médico tucumano, cuyo padre era portugués. Una novela del escritor argentino Marcos Aguinis, la Gesta del Marrano, narra el caso y la situación de los judíos en el Río de la Plata durante la colonización española. El investigador argentino Boleslao Lewin, también se ha dedicado a estudiar la inmigración judía a la Argentina antes de 1810, en libros como "El judío en la época colonial: un aspecto de la Historia rioplatense" (1939), "Mártires y Conquistadores Judíos en la América Hispánica, Candelabro, Buenos Aires" (1958), entre otros.
[editar] Mapuches
La inmigración mapuche tuvo gran impacto en la población originaria del territorio argentino. De origen chileno, en los siglos XVIII y XIX, debido a la presión ejercida por los españoles y a través de un largo proceso de migración a través los pasos de la cordillera de los Andes, araucanizaron el Comahue, gran parte de la región pampeana y la Patagonia oriental, hasta entonces ocupadas por diversos pueblos no mapuches. De tal modo que fueron mapuchizados o araucanizados, muchas veces de manera violenta, los pehuenches, los het y las parcialidades septentrionales de los tehuelches.[35] La cultura mapuche es una de las influencias de la cultura argentina, tanto en el idioma, como en la alimentación, tradiciones, música, religión, y especialmente en los valores relacionados con el cuidado ambiental de la tierra.[36]
[editar] Paraguayos
La inmigración procedente de territorio paraguayo fue de gran importancia para la población del territorio argentino, sobre todo en el área de la cuenca del Río de la Plata. Antes aún de llegar los europeos, la cultura agroceramista Guaraní había poblado el noreste del territorio argentino, junto con el Paraguay y el este de Brasil. Cuando los españoles llegaron aproximadamente 1.500.000 guaraníes vivían en ese territorio.
Los avá (más conocidos como "guaraníes") se establecieron en territorio argentino entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, avanzando desde el noreste principalmente por los ríos y otros cursos de agua. Se subdividieron en distintos grupos dependiendo de la zona donde habitaban, como los guaraníes de las islas (en las islas del Delta del Paraná), los del Carcarañá, de Santa Ana (en el norte de Corrientes, los cáingang o cainguás (en la región mesopotámica) y los chiriguanos (en Chaco).
La cultura guaraní ha influido considerablemente en la cultura argentina, difundiendo su idioma, música, costumbres, cultivos como la mandioca (mandi'ó), la batata (jetý), la calabaza (andaí), el zapallo (kurapepê), el poroto (kumandá), el algodón (mandyjù) y la yerba mate (ka'á), que usaban para preparar la bebida que aún hoy se sigue tomando (Ver: el mate), íntimamente relacionada con la nacionalidad argentina, entre otros aportes.
A partir de la conquista española, Asunción se convirtió en uno de los principales centros pobladores del territorio argentino. El asunceño Hernandarias encabezó la expedición proveniente del Paraguay, que llevó las primeras vacas y toros al territorio de la llanura pampeana, los que una vez allí se multiplicaron en estado salvaje en gran cantidad, y constituirían desde el siglo XVIII la base de la economía rioplatense con centro en Buenos Aires.
[editar] Peruanos
La inmigración procedente de territorio peruano fue de gran importancia para la población del territorio argentino. En el siglo XV los incas al mando de Túpac Yupanqui conquistaron gran parte del actual noroeste argentino esclavizando a los pueblos originarios y borrándoles su memoria ancestral. El levantamiento de Túpac Amaru, en 1780, y su cruenta represión, produjo una importante migración de revolucionarios peruanos por razones políticas hacia Buenos Aires[37] entre ellas el hermano de Tupac Amaru, quien se encuentra enterrado en el cementerio de la Recoleta y fue propuesto como rey por parte de San Martín y Belgrano, entre otros. Uno de esos inmigrantes peruanos fue el platero que confeccionó el escudo argentino, reemplazando la corona española por el sol incaico.[38] La cultura peruana influiría moderadamente en la cultura argentina, tanto en algunas palabras del idioma, como en ciertos aspectos de la alimentación, tradiciones, música, valores, y religión, aunque esto generalmente se sobredimensiona al hacerse creer que todo lo del noroeste es "inca" cuando en rigor es originario del mismo noroeste argentino con sobrenombres quechuas tras la invasión incaica. Una de esas influencias puede verse en el culto a la Pachamama,[39] así como en el himno nacional y el sol de la bandera argentina.[40]
[editar] Portugueses
La inmigración de portugueses al actual territorio argentino durante la colonización española, sobre todo a Buenos Aires y la zona de las Misiones Jesuíticas, fue considerable, especialmente durante el periodo de unión dinástica entre Castilla y Portugal. Los portugueses radicados en Buenos Aires durante la colonia, casi en su totalidad varones, establecieron una red de relaciones comerciales y familiares de gran influencia en la vida económica de la capital del virreinato.[41] Tras la restauración de la independencia de Portugal, prosiguió una cierta inmigración — en este caso bastante forzada— con destinos bastante singulares, por ejemplo a poco de ser creado el Virreinato del Río de la Plata el naturalista y viajero Thadeus Haenke cita la presencia de portugueses dedicados al cultivo de la vid y la producción del vino en tierras de Mendoza confinados allí por los españoles quienes los habían deportado desde la isla de Santa Catarina y la Colonia del Sacramento.
La comunidad portuguesa de la ciudad de Buenos Aires estaba dividida en dos grupos sociales. La mayoría eran peones y artesanos pertenecientes a las clases bajas, y mantenía activas relaciones sexuales con los descendientes de españoles, indígenas y africanos. Existía también un grupo de clase media y media alta dedicado al comercio y al contrabando, así como estancieros, que evitaba el mestizaje con descendientes de españoles, indígenas y negros.[42]
La cultura portuguesa tuvo una gran influencia en la cultura argentina, en especial en lo relacionado con la cultura gaucha y en la cultura y habla rioplatense.[43]
Bastante posteriormente, ya a finales del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX arribaron numerosos caboverdianos, pueblo mixogénico con linajes africanos y portugueses en el cual han predominado los rasgos culturales portugueses y que en tiempo de su inmigración a la Argentina poseían el pasaporte portugués, los caboverdianos (cuyos descendientes directos en el 2001 rondaban las 30.000 personas) se establecieron principalmente en la zona sur del Gran Buenos Aires (partidos de Avellaneda, Lomas de Zamora, Quilmes, Berisso y Ensenada).
[editar] La gran ola de inmigración europea (1850-1950)
Argentina, al igual que Australia, Canadá, Brasil o Estados Unidos, está considerado como un país de inmigración,[44] cuya sociedad ha sido influida en buena medida por un fenómeno inmigratorio masivo, que tuvo lugar a partir de mediados del siglo XIX.
Al igual que en el caso de los otros países mencionados, la Argentina constituyó uno de los principales países receptores de la gran corriente emigratoria europea, que tuvo lugar durante el período que transcurre desde 1800 hasta 1950, aproximadamente. El impacto de esta emigración europea transoceánica, que en América fue muy grande, en la Argentina fue particularmente intenso por dos motivos:
- por la cantidad de inmigrantes recibidos;
- por la escasa población existente en el territorio;
En efecto, en el primer censo de 1869 la población argentina no alcanzaba a 2 millones de habitantes. Por otra parte, ya para 1920, un poco más de la mitad de quienes poblaban la ciudad más grande, Buenos Aires, eran nacidos en el exterior. De acuerdo a la estimación efectuada por Zulma Recchini de Lattes la población argentina, que de acuerdo al censo de 1960 era de aproximadamente 20 millones de habitantes, si no hubiese existido el aporte de la corriente inmigratoria proveniente de Europa, y en menor medida, la proveniente de Medio Oriente, sólo hubiera tenido para ese entonces poco menos de 8 millones de habitantes[45] .
[editar] El poblamiento del campo
Las primeras colonias rurales de inmigrantes tuvieron lugar bajo el gobierno de Justo José de Urquiza; en 1855 la provincia de Corrientes firmó un acuerdo con el médico francés Auguste Brougnes, por el cual este se comprometía a gestionar la llegada de un millar de familias de agricultores en el decenio subsiguientes. La provincia les entregaría 35 hectáreas de tierra apta para el cultivo, además de vituallas, semilla, animales e instrumentos de labranza. Los pobladores arribarían en los años siguientes, asentándose en Santa Ana, Yapeyú, Empedrado, Bella Vista y los alrededores de la ciudad de Corrientes.
En 1857 se fundó, de forma particular, la Asociación Filantrópica de Inmigración, que obtuvo una subvención gubernamental y la concesión de los terrenos anexos al puerto de Buenos Aires en los que se levantaría el Hotel de Inmigrantes. Ese mismo año, Urquiza patrocinó personalmente el poblamiento de la Colonia San José, en Entre Ríos.
Los primeros experimentos datan de 1856 e incluyeron la colonia suiza de Baradero, la colonia Esperanza, que albergaba suizos, franceses y alemanes encabezados por Aarón Castellanos en Santa Fe y la colonia galesa de Gaimán, en Chubut, patrocinada por el ministro de Interior Guillermo Rawson.
Sus sucesores Bartolomé Mitre (1862 – 1868), Domingo Faustino Sarmiento (1868 – 1874) y Nicolás Avellaneda (1874 – 1880) darían estímulo a iniciativas similares, aunque inicialmente no hubo una implicación directa del gobierno en las mismas.
Tras las luchas intestinas entre unitarios y federales que impidieron el establecimiento de políticas demográficas consensuadas durante el primer medio siglo de independencia, a partir de 1854 el gobierno nacional decidió dar impulso a la inmigración europea. La decisión no se basaba simplemente en la necesidad de proveer al país de mano de obra que permitiese aumentar la producción de la tierra, para cumplir el papel agroexportador que la división internacional del trabajo vigente le asignaba; respondía también a la decisión de las élites ilustradas de modificar la composición poblacional para corregir lo que Miguel Juárez Celman calificaría de "el turbio entendimiento" del pueblo argentino. Esta política se refleja incluso en el texto del artículo 25 de la Constitución Nacional, que establece:
La intención de los constituyentes, inspirados en la política de gobernar en América es poblar de Juan Bautista Alberdi, era fomentar la inmigración de población anglosajona y alemana. Este último escribe en su carta explicativa "Gobernar es poblar" de 1879:
Esta discriminación entre inmigrantes europeos y no europeos ha sido criticada como racista, entre otros,[47] por el escritor Pacho O'Donnel:
Sin embargo, el plan alberdiano no pudo realizarse porque la inmigración anglosajona y alemana se dirigió mayoritariamente a los Estados Unidos de América y las colonias del Commonwealth británico. Argentina entonces recibió mayoritariamente la inmigración europea contra la que alertaba Alberdi, principalmente italianos y españoles y, en segundo lugar cuantitativo, de origen europeo oriental.
En 1896, llegó al entonces Territorio Nacional de Misiones, el primer contingente de polacos, y se establece en lo que será la futura localidad de Apóstoles. Más delante llegan inmigrantes alemanes y ucranianos. La casi ausencia de inmigración italiana hace de esta provincia argentina única entre sus hermanas, así como el mayor porcentaje de inmigrantes con respecto a los nativos.
El plan de Alberdi, modificaría en menos de medio siglo la composición social del país de manera radical. En 1869 el país contaba con 1.877.490 habitantes, de los cuales 160.000 habían llegado de Europa en la década inmediatamente precedente; la relación crecería exponencialmente, sumando hasta 1930 un total 6.330.000 emigrantes, de los cuales 3.385.000 se establecerían permanentemente en el país (los restantes eran los llamados trabajadores golondrina, que cruzaban el océano dos veces al año para trabajar en la cosecha).
Los migrantes, en un comienzo, procedían sobre todo de las clases desplazadas por el excedente de mano de obra campesina debido a la Segunda Revolución Industrial y la tecnificación del agro en el hemisferio norte-occidental; la existencia de crisis económicas como la de 1875 fue posteriormente la impulsora principal de la migración.
En 1875 el gobierno federal decidió organizar el proceso de población, para lo que creó la Comisión General de Inmigración; al año siguiente se dictó la ley N.° 761/76, llamada Ley de Inmigración y Colonización, que considera inmigrantes a los extranjeros jornaleros, artesanos, industriales, cultivadores o profesores que con menos de 60 años de edad, buena moralidad y aptitudes suficientes, que lleguen en tercera ó segunda clase (en barco) al territorio de la República para establecerse en ella y establece un régimen para ellos. El estímulo incluyó propaganda en Europa a través de agencias oficiales en ciudades y puertos, así como el anticipo de pasajes durante el gobierno de Juárez Celman. Sin embargo, el alto precio alcanzado por la tierra, motivado en parte por la especulación de los sectores afines al gobierno, detuvo en parte el influjo migratorio y movió a muchos de los emigrantes a retornar a su país de origen. Desde 1888 el gobierno federal subsidió anticipos para el importe de pasajes de los inmigrantes, con resultados catastróficos; la Cancillería emitió en 1891 un informe muy negativo acerca de la experiencia, y el 31 de mayo de ese año se eliminó el subsidio. En los años siguientes, la política gubernamental se limitaría a encauzar la inmigración espontánea. Los recién llegados recibían ocho días de alojamiento y manutención en el Hotel de Inmigrantes, mientras intentaban organizar su asentamiento
La inmensa mayoría de los recién llegados se abocó a tareas agrícolas; eran en su mayoría agricultores de origen, y estaban atraídos por la promesa de distribución de tierras en los inmensos despoblados. Sin embargo, la mejor parte de los terrenos públicos se había vendido ya para 1885, dando origen a enormes latifundios en la pampa húmeda, por lo que sólo la parte más pudiente de los que se radicaron la región pudo disponer de terreno propio. Las tierras fronterizas con los dominios de mapuches y ranqueles fueron quedando, a medida que el combate contra estos los obligaba a replegarse, en manos de estancias dedicadas a la ganadería; esto no fue favorable al establecimiento de pobladores, ya que la actividad requería escasa mano de obra.
La mayoría de los inmigrantes se dedicó a labores remuneradas, dando impulso a gran cantidad de ciudades. Más efectivos resultaron los programas de colonización en Mendoza, en Entre Ríos —donde la iniciativa del barón Maurice de Hirsch dio lugar a las colonias judías, cuya memoria narró Alberto Gerchunoff— y en el norte apenas poblado, en especial Misiones y el Chaco. En estas últimas provincias el motor del asentamiento fueron las empresas forestales; la Forestal Land, Timber & Railway Company, de capitales británicos, pobló el Chaco —a medida que talaba sin remedio sus extensos quebrachales— con braceros y hacheros, muchas veces originarios de Europa del Este. Otras de sus competidoras hicieron lo propio en Santiago del Estero, y aún Salta y Jujuy.
Los asentamientos en la Patagonia argentina fueron mucho menores, dada la importante presencia de aborígenes al sur del río Negro, pero aumentaron paulatinamente, e incluyeron la importante presencia galesa en la actual provincia del Chubut. La región andina fue la menos favorecida por estos movimientos, lo que se refleja aún hoy en su demografía y sus hábitos lingüísticos.
No sólo la migración directa redundó en el aumento de la población; gran parte de los inmigrantes formó familias numerosas, un fenómeno natural en el campo, donde los hijos representan mano de obra disponible ya desde temprana edad. Así, las zonas más aptas para la agricultura recibieron directamente un mayor influjo de población, y mostraron luego además tasas más elevadas de crecimiento. De ese modo, las áreas más pobladas del país ocupan gran parte de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires.
[editar] La inmigración urbana
El volumen de la inmigración, constante desde mediados del siglo XIX hasta finalizado el primer cuarto del XX, significó en términos demográficos que la población argentina se duplicara cada veinte años. En el padrón nacional, según el censo 1914 del INDEC, los nacidos fuera de la Argentina representaban un 30% del total de la población argentina.
Sin embargo, la falta de un programa centralizado de colonización y el reparto completo de las tierras ricas de la llanura pampeana alteraron las condiciones a las que los migrantes se veían sujetos; puestos ante la alternativa de contratos de arrendamiento rural de muy corta duración —no más de cuatro o cinco, en los que el colono estaba obligado a labrar la tierra, cultivar cereal y forraje, y devolverla plantada al vencimiento del contrato— muchos de ellos se asientan en las ciudades, especialmente Buenos Aires, su punto invariable de entrada al país. Más de la mitad de los migrantes se radicó en la Ciudad de Buenos Aires o en la Provincia de Buenos Aires. Fuera de la región litoral la Provincia de Misiones se destacó por el alto porcentaje de inmigrantes en su población; a comienzos de la década del 40 sobre una población total de 190.000 habitantes,80.000 (42%) eran extranjeros, con predominio de polacos, ucranianos, alemanes y rusos.[49]
Hacia 1895, la población argentina que vivía en centros urbanos alcanzaba el 42%, y para 1914 había superado la mitad de la población, llegando al 58%, una tasa superior a la de cualquier país Europeo con la excepción del Reino Unido y los Países Bajos. Esta relación se debía en buena medida a los inmigrantes; frente a su participación de un 30% en la población del país, en Buenos Aires eran el 50% — un millón de los dos con que contaba la capital— y en otros núcleos urbanos llegaban a ser cuatro de cada cinco. Entre estos predominaban los italianos (68,5% de los cuales se afincó en Buenos Aires) y españoles (78%); la distribución se reflejaría en la estratificación social futura de la nación.
Instalados en las ciudades, los inmigrantes se integran en los sectores secundario y terciario de la economía nacional. La construcción del ferrocarril les representó una importante fuente de trabajo, pero muchos de los mismos se abocaron al comercio y a la artesanía. El sector industrial reclutó sus principales impulsores de entre ellos; de los 47.000 industriales que registraba el censo en 1914,31.500 eran de origen foráneo. Esta expansión de la población urbana traicionó la extendida concepción del país como reservorio agrario: siempre según las cifras de 1914, sólo el 29% de la población activa estaba empleada en el sector primario, mientras que la industria daba trabajo al 35% y los servicios al 36%. Sin embargo, la reducida escala y productividad de las manufacturas, y la falta de industria pesada, daban a estas una participación relativamente reducida en el PBI. Otras actividades estaban estrechamente ligadas al modelo agroexportador: la exportación de carnes daba trabajo a muchos obreros en el aglomerado porteño.
[editar] Integración de los inmigrantes y represión
Argentina desplegó un poderoso esfuerzo gubernamental por lograr la homogeneización cultural de los inmigrantes. Favorecida por las notas comunes —el origen latino de casi el 80% de los llegados en estas oleadas—, el gobierno federal instrumentó una política de educación e inserción forzosa, basada en la obligatoriedad de la enseñanza primaria a partir de 1884, la inculcación de la épica nacional elaborada por la historiografía, y la conscripción forzosa durante un año en el ejército nacional a partir de 1902, sólo para nativos (entre ellos muchos hijos de inmigrantes).
La integración política de los migrantes siempre fue reducida; hacia 1900, sólo el 4% de los adultos en condiciones de votar eran de origne extranjero. Al desinterés del Estado argentino en nacionalizar a los recién llegados se sumaba la indiferencia de éstos para hacerlo, pues muchos conservaban la idea de volver a su país de origen luego de ahorrar lo suficiente. En 1902, durante el segundo mandato de Julio Argentino Roca, el Congreso sancionó la Ley de Residencia —redactada por el diputado nacional Miguel Cané— que le otorgaba al Poder Ejecutivo la facultad de expulsar extranjeros acusados de delitos comunes o actividades sediciosas. De este modo, el gobierno respondía a la creciente sindicalización y organización política de los trabajadores, en cuyo impulso y liderazgo los inmigrantes desempeñaban un papel importante. Ya desde la década de 1860 y 1870, grupos de inmigrantes franceses como Les Egaux y alemanes como Vorwarts, habían comenzado a organizar el movimiento obrero argentino. Coincidentemente las comunidades de inmigrantes habían comenzado a crear organizaciones de solidaridad mutua, como Unione e Benevolenza, el Club Español, el Hospital Italiano, etc. A la fundación del primer sindicato de gráficos en 1878, le siguieron en las dos décadas siguientes la organización de sindicatos en casi todas las ramas de la economía (empleados de comercio, ferroviarios, carreros, panaderos, sastres, albañiles, tabacaleros, etc.), impulsados por anarquistas y socialistas, que en 1901 dan origen a la primera central sindical estable, la Federación Obrera Argentina (FOA).
El movimiento obrero mantuvo una actitud contraria a la Ley de Residencia, cuyo tratamiento por el Congreso en 1902 fue el factor detonante de la primera huelga general. A pesar de ello la ley fue sancionada el 23 de noviembre de 1902 con el número de Ley 4144. Pese a la escisión entre anarquistas y socialistas, que fundaron la Unión General de Trabajadores (UGT), el movimiento tuvo amplio acatamiento, y representó una grave derrota política para el gobierno roquista, que tuvo que aplicar con dureza la legislación.
Numerosos inmigrantes, e hijos de inmigrantes dieron apoyo al Partido Socialista, fundado en 1896. En 1904, el barrio italiano de La Boca, eligió a Alfredo Palacios como primer diputado socialista de América. Gran cantidad de inmigrantes y sus descendientes dieron también apoyo al fracasado alzamiento cívico-militar de 1905, organizado por la Unión Cívica Radical. En 1907, debido a las pésimas condiciones de vivienda en que se encontraban los inmigrantes y sus familias, en un tipo de vivienda precaria que se conoció como conventillo, los extranjeros fueron protagonistas de una histórica huelga de inquilinos que obligó a los propietarios a moderar los abusos, e impulsó la acción de cooperativas de vivienda como "El Hogar Obrero", de inspiración socialista.
En 1912 los inmigrantes y sus descendientes desempeñaron un rol activo en la organización y apoyo a la gran huelga agraria conocida como el Grito de Alcorta.
Cuando la Ley Sáenz Peña estableció el sufragio obligatorio y secreto, muchos descendientes de inmigrantes apoyaron con su voto a Hipólito Yrigoyen y contribuyeron a que se convirtiera en el primer presidente argentino elegido en elecciones con participación masiva. El cariz urbano y obrero de la Argentina de los inmigrantes sería uno de los motores de la oposición política, sindical y social, crucial durante el siglo XX, entre oligarquía y populismo en sentido positivo.
[editar] Corrientes inmigratorias a partir de 1950
[[Archivo:Tribunal de Mujeres Migrantes - Argentlklórica durante el Primer Tribunal de Mujeres Migrantes realizado en la Plaza de Mayo en 2006. A partir de 1950, las principales corrientes migratorias hacia Argentina, provienen desde países fe países de Europa del Este.
La estabilización demográfíca de la población, ha ido reduciede el máximo del 30% alcanzado en 1914, hasta el 4,1% registrado en el Censo de 2001. Sin embargo éste último dato parece estar afectado por la subestimación proveniente de la existencia de gran cón irregular.[50]
En cuanto a las áreas de asentamiento, la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires concentra el 70% de extranjeros y el 63% de extranjeros limítrofes, siendo también importantes como destino de estas migraciones las provincias fronterizas.
[editar] Tratados de libre residencia, Ley de Migraciones y Plan Patria Grande
En 2002, los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), Bolivia y Chile, firmaron dos tratados reconociendo el derecho a la libre residencia y trabajo en cualquiera de dichos países, de los ciudadanos de las naciones firmantes.
El 17 de diciembre de 2003 el Congreso de la Nación sancionó una nueva ley de migraciones, Nº 25.871, que tiene la particularidad de reconocer el derecho a residir y trabajar libremente a los ciudadanos de los países limítrofes. Con posterioridad, el gobierno del presidente Néstor Kirchner firmó un tratado con la República del Perú reconociendo los mismos derechos a los ciudadanos peruanos.
En 2006, el gobierno del presidente Néstor Kirchner puso en marcha el Plan Patria Grande, con el fin de conceder la residencia a los inmigrantes provenientes de países fronterizos y Perú que se encontraban en situación irregular. El Plan ha sido continuado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En total, entre 2006 y 2008, el gobierno entregó documentos a 714.907 inmigrantes, una cantidad que constituye más de la mitad de los 1.531.940 de inmigrantes censados en 2001.[50] De este modo los inmigrantes con residencia en la Argentina sumaban al comenzar 2009, al menos 2,2 millones de personas, equivalente al 5,5% de la población.
[editar] Los inmigrantes y sus lugares de origen luego de 1853
[editar] Europa
(*) Las comunidades se listan por orden alfabético, excepto italianos y españoles, en razón de importancia cuantitativa
[editar] Italianos
La inmigración italiana fue la más numerosa y formó la mayor etnia de la población argentina. Se estima que entre 15 y 25 millones de argentinos, es decir entre un 40 y un 65% de la población, tienen entre sus ascendientes a inmigrantes italianos ingresados en este período.[51]
Es por esto que la cultura argentina tiene una enorme influencia de la cultura italiana. El lenguaje, las costumbres, los gustos, las tradiciones, llevan sus huellas.[52] La llegada de italianos se extiende hasta 1970, y es en 1870 cuando comienza el gran flujo de inmigrantes.
Fueron diversas la causas de emigración del pueblo italiano hacia la Argentina. Entre ellas podemos encontrar:
- La débil capacidad de adaptación de la economía italiana a la revolución industrial. La modernización no logró superar problemas estructurales de organización.
- Las crisis de subsistencia entre 1816 y 1817.
- Las epidemias de cólera en los siguientes períodos: 1835-37 ; 1854-55 ; 1865-67 ; 1884-85.
- La debilitación de los órganos asistenciales. La aparición de la burguesía desmonta a los mismos, estrechando el presupuesto estatal. Debido a esto aumenta la criminalidad, siendo expulsados de su territorio los italianos que no se "adaptaban" al sistema industrial.
- La presión demográfica. Las familias que basaban sus ingresos en la producción agraria crecen sin encontrar nuevos territorios para sus cultivos. Por lo tanto, deben emigrar para conseguir mantener su forma tradicional de producción.
- Entre otras principalmente debidas a motivos económicos y ligadas también a procesos de evolución en la economía europea, que afectaron directamente a los italianos y los motivaron a emigrar.
[editar] Ocupaciones
Podemos considerar que se formaron siete grandes categorías ocupacionales: agricultores, jornaleros, artesanos, comerciantes, profesionales liberales, varios y sin profesión. En los primeros momentos de corriente inmigratoria, los datos brindados por los inmigrantes de su actividad ocupacional muestran que era nulo el número de personas sin ocupación. Es muy probable que algunos de ellos haya mentido por temor a no ser aceptado. Recién en este siglo comienzan a aparecer contingentes sin ocupación (entre 10% y 15% de la población mayor de 16 años) llegando a un 20% en los años de la guerra y el fascismo.
[editar] Resultados censales
[editar] EspañolesLa causa principal de la inmigración de españoles a mediados del siglo XIX fue la pobreza, así como también el arduo servicio militar que obligaba a los soldados a prestarlo durante unos ocho años. Los lugares de procedencia fueron predominantemente Galicia (puede que hasta un 70% del total),[53] Andalucía (15-20%),[54] Asturias, Cantabria y el país Vasco (Véase: Asentamientos vascos en Argentina), aunque también embarcaron de Madrid, Extremadura o las islas Canarias. En 1870, las condiciones rurales en España (jornales magros, crítica situación económica) más las posibilidades que otorgó ese país para emigrar favorecieron quizás a la mayor emigración en España. El flujo inmigratorio se prolongó hasta 1952, pasando el período post-guerra. Los gallegos y los catalanes se radicaron, en general, en la ciudad. Los meridionales, en Mendoza, Río Negro y Entre Ríos, dedicándose, principalmente al trabajo rural en las plantaciones. Los valencianos fueron a Corrientes y a Misiones. Los asturianos se instalaron en las provincias andinas, en el noroeste del territorio argentino. Los andaluces se dedicaron, mayormente, a la horticultura. Los vascos se dedicaron al campo argentino con empeño singular, como ganaderos, tamberos y fruticultores. La figura del vasco tambero integra la más pura tradición argentina. En los catorce años que componen los periodos 1885-1895 y 1912-1914, unos 150.000 andaluces emigraron a la Argentina. Entre 1880 y 1930, la media porcentual sobre el total de españoles se situaría entre un 15% y un 20%.[55] Provienen sobre todo de las provincias de Almería, Cádiz, Granada, Huelva, Jaen y Málaga y se establecieron en su mayoría en Buenos Aires y La Plata, pero también en Mendoza y San Juan, que poseen un clima similar al de Andalucía, donde se dedicaron al cultivo de la vid y el olivo y a la producción de vino.[56] En 1889 se crea una comisión para defender y fomentar la inmigración española: la Sociedad Hispano-Argentina protectora de los inmigrantes españoles. Desde 1810 hasta comienzos del siglo 20, ingresaron 2.100.000 españoles, de los cuáles un 54% se estableció en Argentina definitivamente. En 1895 los españoles representaban el 5% de la población; para 1914 ya eran 830.000 (10% de la población nacional). Debido a la Primera Guerra Mundial, la inmigración empieza a decaer. A mediados del siglo XIX había en el país casi 700 mil españoles. [editar] OcupacionesAlrededor del año 1857 en adelante, se observan algunas profesiones definidas, por ejemplo en los catalanes: en los hombres, talabartero y hojalatero; en las mujeres, planchadoras, modistas y peluqueras. En el caso de los gallegos, en su gran mayoría se inscribían como empleados en el servicio doméstico. Los vascos, por su parte, se dedicaban a la cría de ganado ovino, alcanzando reputación como estibadores, trabajadores de la construcción, alambradores, transportistas, leñadores, carboneros, hoteleros o fabricantes de ladrillos aunque se sabe que se dedicaron fundamentalmente, a la salazón de carnes y la industria de productos lácteos. Aproximadamente a partir del año 1920, el nivel ocupacional de los españoles se concentró en la industria manufacturera, el comercio minorista, preferentemente en la rama de bares y restaurantes, almacenes y en los servicios comunales. [editar] Alemanes
Carlos Germán Burmeister, uno de los tantos científicos alemanes radicados en la Argentina
Argentina es el tercer pais en el mundo con mayor cantidad de Inmigrantes y descendientes de Alemanes, después de Estados Unidos y Canadá, en 2000 se registraron 30.000 alemanes radicados en Argentina, el lugar preferido por los alemanes para mudarse son las Sierras de Córdoba en el Área de Villa General Belgrano, el 68% de los habitantes argentinos tiene al menos un descendiente alemán pero solo el 21% de la población es puramente descendiente de alemanes. Entre los alemanes que llegaron a la Argentina, se diferencian claramente los provenientes de la Alemania propiamente dicha ( divididos en dos ramas: Siglo XIX y pre Segunda Guerra Mundial y post guerra post-guerra), y a los diferentes grupos de alemanes étnicos que, como los alemanes del Volga, emigraron hacia la Argentina desde otros países de Europa, y al ingresar al país fueron registrados de acuerdo a su lugar de nacimiento, como rusos, ucranianos, polacos, etc, engrosando filas ajenas. Su arribo se prolonga en un extenso período de tiempo: desde mitad del siglo XIX hasta mediados de los años 60 del siglo XX. Se destacan así, tres momentos cruciales:
Los colonizadores alemanes y suizos Llegaron desde Dunquerque en 1856 provenientes de la zona de Hesse y Pfalz junto a familias suizas, belgas, luxemburguesas y francesas que fundaron la Colonia de la Esperanza (Esperanza (Santa Fe)). Establecieron la primera colonia agrícola y fundaron otros pueblos de la zona (Guillermo Lehmann fundó Rafaela, Pilar, Amalia, etc). Los "Alemanes del Volga" Los grupos de inmigrantes que ingresaron a partir de 1878, los alemanes del Volga, provenían de un doble proceso migratorio, que en su inicio los llevó de su Alemania natal, a las riberas rusas del río Volga desde 1763, atraídos por las facilidades ofrecidas por la zarina alemana Catalina II de Rusia, para terminar luego en América del Sur y especialmente en Argentina a partir de 1878, huyendo del endurecimiento de la política rusa sobre ese pueblo de colonos alemanes que se mantuvo más de 100 años sin mezclarse con los eslavos- manteniendo su lengua y sus tradiciones-; y más tarde también de la persecución que sufrieron a causa de su fe cristiana durante la época de la Rusia comunista, en donde la gran mayoría fueron deportados a Gulags y otros campos de concentración en Siberia, situación que derivó prácticamente en su exterminio en masa.[57]
Carlos Berg, zoólogo, científico y educador alemán nacionalizado argentino con más de 200 trabajos de investigación publicados en el país
Todos estos problemas, movieron a los alemanes de Rusia a emigrar a distintos países de América. Las emigraciones más importantes fueron con destino a Canadá, Estados Unidos, Brasil y Argentina. A partir de fines de 1878 se produjo la llegada de los alemanes del Volga a la Argentina. Hubo 2 corrientes. Una fue la que llegó en forma directa al puerto de Buenos Aires (la más importante) y otra que provino del Brasil. Esta última estaba formada por familias que habiéndose establecido en el Brasil, al no soportar la rigurosidad del clima y no hallar tierras aptas para el cultivo del trigo, decidieron trasladarse a la Argentina. Sobre todo al Alto Paraná, en la Provincia de Misiones. Conformaban grupos colonizadores gente de una misma aldea. Los primeros colonizadores, nacidos en Rusia, se separaban entre Bergseiter (colonos de la orilla alta del Volga) y Wiesenseiter (colonos de la orilla llana del Volga) y ambos grupos se subdividían a su vez en católicos y protestantes. Ambas margenes del río Volga atravesaban de norte a sur la República Autónoma de los Alemanes del Volga. Esta república les fue borrada del mapa en 1941 por decreto de Stalin (Ukase del 28 de agosto de 1941), y absolutamente todo el territorio les fue confiscado. Los pocos alemanes del Volga que pudieron sobrevivir, debieron emigrar como desposeídos.
Bariloche, eje de una región con gran presencia de la comunidad alemana.
En Argentina fundaron diversas colonias en tres zonas principales: una es la Provincia de Entre Ríos (Crespo: Marienfeld, Köhler, Pfeiffer, Santa Anita, etc.), la Provincia de Buenos Aires (Coronel Suárez, Sierra de La Ventana, Tornquist, Olavarría: Colonia Hinojo, entre otras), y la Provincia de Misiones (Eldorado, Montecarlo, Alem, Puerto Rico, Libertad, Jardín América) desde donde se fueron extendiendo formando nuevas colonias agrarias principalmente en la Provincia de La Pampa (Colonia Santa María, Santa Teresa, y Winifreda entre varias otras), Provincia de Córdoba, Provincia de Santa Fe, Provincia del Chaco (Juan José Castelli) y también en otras provincias con posibilidades trigueras o frutícolas. La comunidad alemana en la Argentina se mestizó con los demás argentinos, abandonando el aislamiento defensivo que los mantuvo más de un siglo unidos sin mezclarse en las estepas rusas, con excepción de los principales centros de asentamiento en donde todavía se los encuentra sin mezclarse, y aún son de padre y madre descendientes de alemanes, en tanto conforman el grupo étnico mayoritario de tales ciudades. En la actualidad, los alemanes del Volga viven prácticamente diseminados por toda la Argentina. Su numerosa prole de los primeros tiempos y la división y reparto de las propiedades en parcelas cada vez más pequeñas obligaron a muchos a abandonar los sitios de colonización originales y a dedicarse a otros oficios o profesiones. Aunque en menor medida que los alemanes del Volga, también ingresaron a la Argentina otros grupos de alemanes étnicos, como por ejemplo los alemanes del Mar Negro. El Nazismo Un amplio sector de la colectividad alemana en la Argentina apoyó a Hitler. Este sector estuvo representado "especialmente por las empresas germanas de los monopolios Krupp y Thysen. El partido Nazi, sección Argentina, tuvo aproximadamente 70.000 afiliados cotizantes".[58] Durante las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955) entraron clandestinamente a la Argentina varios jerarcas nazis como Adolf Eichmann, Joseph Mengele y Erich Priebke, todos ellos con documentos falsos.[59] En el mismo período ingresaron a la Argentina gran cantidad de alemanes (y no alemanes) judíos.[60] [61] La gran masa de alemanes que emigró a la Argentina entre 1930-1950 se radicó en lugares relativamente apartados, como en la Provincia de Córdoba (una fuerte comunidad en Villa General Belgrano, La Cumbrecita y aledaños), la Provincia de Río Negro (con una importante radicación en la zona de Bariloche), Villa Traful en la Provincia del Neuquén, Villa Gesell en la zona atlántica de la Provincia de Buenos Aires, y otras zonas apacibles del país. La población argentina descendiente de alemanes oscila entre 1,85 y 2,65 millones de habitantes, de acuerdo al cruzamiento de datos de diferentes fuentes. Los inmigrantes alemanes fundaron asociaciones como el el Club Alemán de Buenos Aires (Deutscher Klub) fundado en 1858; el Hospital Alemán fundado en 1867; el diario Argentinisches Tageblatt, fundado en 1874 y que mantuvo una posición liberal contraria al nazismo; la Asociación Vorwärts, que reunía a alemanes socialistas, comunistas y sectores progresistas, la Escuela Juan Enrique Pestalozzi, la Asociación Argentina de los Descendientes de los Alemanes del Volga fundada en 1976, etc. En la actualidad funcionan en Argentina 21 instituciones de origen germano. La embajada alemana en la Argentina informaba en 2009, que aproximadamente vivían en ese país unas 600.000 personas con algún antepasado alemán (llegado desde Alemania, es decir, sólo contando a descendientes de ciudadanos alemanes, sin sumar a los descendientes de alemanes étnicos), y que allí residen 50.000 ciudadanos alemanes.[62] El Consejo Directivo de la Asociación Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga, estimaba en 2008, que la cantidad de descendientes de alemanes del Volga era superior a 1,2 millones de personas.[63] Por su parte, el Centro Argentino Cultural Wolgadeutsche estimaba en 2007 que había 2 millones de descendientes de alemanes del Volga en el país.[64] No se incluyen en esta cifra a los descendientes de otros grupos de alemanes étnicos, como los alemanes del Mar Negro, los Suabos del Danubio, etc., ni los judíos alemanes. Argentina es el cuarto país del mundo (después de Estados Unidos, Brasil y Canadá) con mayor cantidad de descendientes de alemanes.[65] [editar] Judíos alemanesEntre los inmigrantes alemanes ingresados después de 1928, y sobre todo a partir del nazismo, hubo también miles de judíos alemanes que escapaban de las políticas antisemitas implementadas durante ese régimen. Sin embargo, muchos de ellos ingresaron ilegalmente,[66] pues en la Argentina, a partir de 1928,[67] y sobre todo a partir de una circular secreta firmada por el canciller radical José María Cantilo en 1938 (presidencia de Roberto M. Ortiz), se ordenó "a cónsules argentinos en Europa negar visados a 'indeseables o expulsados', en alusión a ciudadanos judíos de ese continente".[68] [editar] BritánicosLa inmigración británica en la Argentina ha tenido un impacto particularmente destacado en la cultura de la población y organizado una sólida comunidad. El primer aflujo importante documentable se debió a las llamadas Invasiones Inglesas (1806 a 1807), tras ser derrotadas las tropas del Reino Unido de Gran Bretaña muchos de los prisioneros se radicaron en el territorio argentino, unos lo hicieron voluntariamente por lo general casándose con jóvenes criollas otros inicialmente fueron llevados prisioneros (por ejemplo a Río Seco en el norte de Córdoba o a la ciudad de Tucumán) en donde luego decidieron afincarse. Hacia 1825 en tiempos de Bernardino Rivadavia hubo una primera pequeña inmigración organizada de británicos que se establecieron en, entonces, «las afueras» de la ciudad de Buenos Aires. Entre 1857 y 1940 ingresaron al país 75.000 británicos, que representan el 1,1% del total de inmigrantes (ver cuadro abajo). Muchos de ellos fueron ejecutivos de empresas, terratenientes, o comerciantes relacionados con la gran afluencia de inversiones británicas a partir de la segunda mitad del siglo XIX. En 1893 el Consulado británico en Buenos Aires desaconsejaba emplear obreros británicos con la siguiente explicación: Puestos a elegir entre trabajadores de diversas nacionalidades -ingleses, italianos, alemanes y franceses-, todos igualmente buenos, quienes emplean personal obrero apartarían de inmediato al trabajador británico y optarían por cualquiera de los otros, con preferencia el italiano. Todos trabajarían con mayor dedicación que el inglés, serían más tratables, y no se embriagarían.[69]
La comunidad británica fundó solidas instituciones como el Hospital Británico, el periódico Buenos Aires Herald, prestigiosas escuelas bilingües y clubes como el Lawn Tennis Club, el Hurlingham Club, etc. Los inmigrantes británicos impactaron fuertemente en el gusto deportivo de los argentinos, a través del desarrollo del fútbol, el polo, el hockey, el rugby, entre otros. Por su parte el inmigrante y educador británico William C. Morris, fundador de escuelas, tuvo una fuerte presencia en la educación argentina. En la Patagonia la presencia de británicos de origen inglés hacia fines del siglo XIX ha sido interesante: los misioneros anglicanos como Thomas Bridges sentaron bases en Tierra del Fuego, posteriormente a su actividad misional sus descendientes obtuvieron estancias dedicadas a la cría de ganado ovino, casi paralelamente a finales de los 1870s el entonces gobernador de Santa Cruz, Carlos María Moyano se casaba con la kelper Ethel Turner la cual por su parte era sobrina del administrador colonial británico establecido en Malvinas, el matrimonio de Moyano con Ethel Turner facilitó la adquisición de grandes latifundios a súbditos británicos en Santa Cruz. Se debe tener en cuenta que el término británico encubre el lugar de origen de estos inmigrantes que hasta mediados del siglo XX eran usualmente llamados «ingleses»; la mayoría de los británicos o «ingleses» eran irlandeses (los cuales por su aporte numérico y por la posterior independencia de la mayor parte de Irlanda merecen un párrafo aparte), seguidos numéricamente de escoceses y (en especial en Chubut a partir de 1865) de galeses; los ingleses propiamente dichos parecen haber sido una minoría que ocupaba los primeros puestos de las empresas de capital británico (por ejemplo en los ferrocarriles), un número exiguo aunque influyente culturalmente ha sido el de misioneros ingleses principalmente metodistas (como el citado W.C.Morris) y anglicanos, los anglicanos en efecto han operado con sus «misiones» durante el siglo XX principalmente en la región chaqueña motivo por el cual aún hoy ciertas comunidades de pueblos originarios en esa zona utilizan en ciertas ocasiones el idioma inglés. Argentina es el segundo país de sudamerica con más descendientes 300.000 aproximadamente, siendo superado por Chile. [editar] CroatasGeneralmente las corrientes migratorias croatas en Argentina se dividen en tres, siendo las dos primeras similares y la tercera sin punto en común con las anteriores. El primer período abarca desde 1870 hasta 1914. En estos años los croatas emigraban principalmente de la costa dálmata, preponderantemente desde la franja que componen Split - Boka Kotorska —en el sur de Dalmacia— y sus respectivas islas —en especial Brač—. Su principal motivación en el momento de emigrar fue económica. Se distribuyeron en la ciudad de Buenos Aires, sobre todo en La Boca y Avellaneda y en las zonas agropecuarias de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Chaco, Formosa y también una importante cantidad en la Patagonia y Cuyo. El segundo período corre de 1918 a 1935. Luego de la Primera Guerra Mundial, la pobreza empujó nuevamente a los croatas a emigrar. Dalmacia siguió siendo la región con más emigrantes, aunque se le sumaron importantes contingentes de Istria y Herzegovina. Esta migración se distribuyó geográficamente por todo el país, tanto en las zonas agropecuarias como en los grandes centros urbanos. La tercera corriente fue el resultado del fin de la Segunda Guerra Mundial. Emigrados políticos contrarios al régimen de Tito y la supremacía serbia fueron llegando hasta mediados de los años 60. De todas las regiones croatas y de todas las clases sociales, se afincaron principalmente en los grandes centros urbanos, siendo escaso el establecimiento n zonas rurales.[70] Actualmente, viven en Argentina más de 250 mil descendientes de croatas. La mayoría vive en el Gran Buenos Aires y en Ushuaia, donde ya llegan a la quinta generación. Argentina es el tercer país del mundo (después de Bosnia y Herzegovina y Chile) con más descendientes de croatas.[71] [editar] FrancesesMenos importante en cuanto a su volumen frente a la inmigración española o italiana, la inmigración francesa constituyó, sin embargo, un aporte fundamental por el papel económico desempeñado. Los franceses que arribaron al país se distinguían en relación a otras corrientes migratorias por disponer a menudo de calificación profesional, cierto grado de instrucción y a veces capital. No sorprende entonces hallarlos entre los propulsores de iniciativas que contribuyeron enormemente con el proceso de modernización de la Argentina. En el período de mayor inmigración —entre 1857 y 1920— llegaron 220.000 franceses a la Argentina, de los cuales retornaron 120.000. La mayor cantidad de arribos se verificaron en el segundo quinquenio de la década de 1880. Para entonces los franceses constituían el 10% del total de inmigrantes, el tercer contingente detrás de italianos y españoles. En 1901 había 94 mil franceses en el país, cantidad sólo superada mundialmente por los 104 mil que habían emigrado a los Estados Unidos. En 1912, sobre 138 mil franceses en América del Sur,100 mil se encontraban en la Argentina.[72] Las razones que explican este fenómeno son las mismas que se aplican a otros contingentes migratorios europeos que también afrontaron el duro desafío de mejorar sus destinos lejos de su tierra natal. La deliberada política migratoria del país, los comparativamente mejores salarios ofrecidos en un país poco poblado como la Argentina y ciertas posibilidades de acceso a la tierra hacían del Río de la Plata un destino particularmente atractivo para muchos franceses. Generalmente salían por Burdeos (en el oeste de Occitania) hacia el puerto de Buenos Aires y provenían mayoritariamente de las ciudades cercanas a París y sobre todo de las regiones rurales del sudoeste: el País Vasco, el Béarn, el Aveyron y el Rouergue. Los inmigrantes franceses tendieron a instalarse en barrios de la ciudad de Buenos Aires como el Socorro, cerca de la plaza San Martín, el puerto y las estaciones, donde existían cafés, hoteles y restaurantes que los empleaban como cocineros y mucamos. En los prostíbulos creció la fama de las mujeres francesas, mientras que otras se empleaban de vendedoras, modistas o institutrices en familias de clase alta. Las planchadoras francesas eran muy requeridas, en especial en la zona cercana a los teatros.[73] Fuera de la ciudad de Buenos Aires los franceses se diseminaron por diversas zonas, particularmente Tandil y Pigüé en la provincia de Buenos Aires, Esperanza y Rosario en la provincia de Santa Fe, San Rafael en el sur de Mendoza, zonas de la provincia de Tucumán (Villa Nougués da ejemplo de ello) y el entonces territorio del Chaco (actual provincia de Chaco), otra zona que ha recibido una relativamente importante inmigración francesa y suizofrancesa ha sido el este de la provincia de Entre Ríos por ejemplo la ciudad de Concordia. Los inmigrantes franceses aportaron características destacadas a la cultura argentina, especialmente en la reiniciación de la producción de yerba mate, la producción de vino, azúcar (Hileret).[74] Liniers, uno de los grandes héroes de la historia argentina, era francés. Tres presidentes argentinos fueron hijos de franceses (Pueyrredón, Pellegrini —con orígenes saboyardos— e Yrigoyen — con orígenes vascofranceses—).[75] También fueron importantes instituciones solidarias de la comunidad francesa, como el Hospital Francés, aún en actividad, y el grupo socialista Les Egaux, uno de los fundadores del movimiento obrero argentino. Inmigrantes franceses como Amadeo Jacques y Paul Groussac tuvieron un impacto directo sobre la educación y la cultura argentinas. Algunas ciudades argentinas, como la citada Pigüé, fueron originadas por colonias de inmigrantes franceses, y generaron una cultura local argentino-francesa. [editar] Gitanos (Rom)Los primeros miembros del pueblo Rom (gitanos) comenzaron a inmigrar a la Argentina hace más de 100 años. Se estima que viven alrededor de 300.000 integrantes que pertenecen a los siguientes grupos: Kalderash griegos, rumanos, ucranianos, búlgaros, moldavos y rusos, algunas familias Lovari y algunos Xoraxane Roma, Calé argentinos, españoles y los Boyash.[76] En general como modo de preservar su cultura, los Rom tienen un alto rechazo al sistema educativo formal, aunque esto ha ido cambiando en los últimos tiempos. Se dedican mayoritariamente a la reparación de la maquinaria hidráulica, metalurgia industrial, compra y venta de automóviles y maquinaria agrícola, venta minorista, etc., con muy buenos resultados económicos. La mayoría de los Rom es de religión evangélica. La relación con los vecinos es buena, pero existe cierta clase de discriminación oculta contra los Rom y los judíos y menos en contra de los descendientes de árabes en una creciente minoría del pueblo argentino, la cual puede ser vista al tratar un negocio o en algunos lugares públicos, a pesar de la ley anti-discriminatoria existente, sin embargo, esta siempre es oculta, --la casa se vendió--, no hay lugar en el restaurante, discúlpeme, y raramente un insulto son las expresiones discriminatorias comunes.[77]
Las crisis económicas de los últimos años han producido una importante migración de Rom hacia otros países, principalmente Estados Unidos, España y Francia. [editar] IrlandesesLas razones que llevaron a los irlandeses a emigrar de su patria hacia otros países se debió a que fueron por siglos empujados por la opresión inglesa, por la gran hambruna –consecuencia de la peste de la papa, que entre 1845 y 1850 diezmó a la población y la lucha por mantener su religión (Catolicismo Romano) y sus costumbres. Emigraron a la Argentina en el siglo XIX en especial entre 1830 y 1875. En 1889 arribó el SS City of Dresden, con alrededor de 2000 pasajeros irlandeses, quienes se asentaron al sur de la ciudad de Bahía Blanca. En este período llegaron en total unos 10 mil irlandeses y hoy sus descendientes suman unas 150.000 personas. La inmigración irlandesa fue una gran colonizadora del campo de la provincia de Buenos Aires principalmente, para extenderse después a Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. En el mes de marzo se preserva un legado cultural que se remonta a los celtas, más precisamente al festejo del día de su patrono, San Patricio. Aunque no se rinde culto al santo, el objetivo principal de estas celebraciones es el encuentro social en pubs irlandeses porteños. Del mismo modo, un nutrido grupo de familias descendientes de irlandeses de Bahía Blanca se reúnen en forma semanal para ofrecer a los vecinos de la ciudad la posibilidad de tomar un tradicional té con otras especialidades de la mesa irlandesa.[78] Argentina es el quinto país del mundo (después de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia) con más descendientes de irlandeses.[79] [editar] NeerlandesesLa primera inmigración organizada desde los Países Bajos ocurre desde 1889, cuando llegaron inmigrantes agricultores y ganaderos procedentes de la zona de Frisia (muchos de los imigrantes erróneamente llamados "holandeses" hablaban el frysk o frisón, o —si no&—mdash; el dialecto neerlandés septentrional bastante diferente entonces del holandés. Una segunda inmigración tuvo lugar hacia 1924. La última mucho más pequeña, llegó a principios de los años 1950. La mayoría de estos neerlandeses-frisones se estableció inicialmente en el sur de la provincia de Buenos Aires, especialmente en la zona de Tres Arroyos, Quequén, Necochea, grupos mucho menores se establecieron en Mar del Plata, Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia, en esta última zona se encontraron con una población que también poseía linajes neerlandeses: los bóers inmigrados al sur del territorio de la actual provincia de Chubut y norte de la Santa Cruz tras la conclusión de la llamada Guerra de los bóers (afrikaans) a inicios de siglo XX. En total, los neerlandeses provenientes directamente del estado de los Países Bajos, hasta mediados de siglo XX, no superaron las 20.000 personas. [editar] PolacosNo es fácil determinar la cantidad de polacos que inmigraron a la Argentina. Hasta 1919 los mismos eran registrados como rusos, alemanes o austríacos. Con posterioridad a esa fecha, los polacos ocuparon el cuarto lugar entre las colectividades inmigrantes hasta 1945. Los inmigrantes polacos estuvieron divididos en tres grandes grupos: los polacos cristianos católicos (25%), los rutenos cristianos ortodoxos (45-50%) y los polacos judíos (25-30%). En 2004, la embajada de Polonia en Argentina consideraba que la comunidad polaca era la tercera entre las colectividades de descendientes de inmigrantes, detrás de la italiana y la española, estimándola en unas 500.000 personas,[80] resultando así la sexta congregación de polacos fuera de Polonia.[81] Los primeros polacos en arribar a territorio argentino eran soldados de Napoleón que lucharían luego por la independencia del país.[82] Durante el siglo XIX fueron contratados polacos por el gobierno argentino para realizar tareas de cartografía o para que se dedicaran a la enseñanza, la medicina, etnografía y geología. La inmigración polaca organizada comenzó en 1897 y tuvo una influencia decisiva en el poblamiento de Misiones. Ese año inmigraron 14 familias polacas y ucranianas procedentes de la región de Galitzia. Arribaron al puerto de Buenos Aires y fueron enviados a Apóstoles (Misiones), una ex misión jesuítica abandonada desde 1770, donde se instalaron. Se trataba del primer proyecto de colonización agrícola efectivo, en tierra misionera, desde la expulsión de los jesuitas en tiempos de la colonia. En la zona es común referirse a los habitantes de Apóstoles, como "apostolacos". Con posterioridad llegaron grupos de colonos para radicarse en otras localidades de la zona: San José, Azara, Cerro Corá, Bonpland, Yerbal Viejo (hoy Oberá), Gobernador Roca, Colonia Lanusse y más tarde llegarán a fundar Colonia Wanda. A principios del siglo XX, debido al descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia (provincia de Santa Cruz) un grupo de polacos se instaló en la Patagonia para dedicarse a esa industria. También desde comienzos del siglo XX, se estableció una importante comunidad polaca en Berisso, Gran Buenos Aires, centro de la industria de la carne en la Argentina. Allí, en 1913, se fundó la Sociedad Polaca de Berisso, que constituye hasta el presente un importante centro de la comunidad polaca. Entre las dos guerras mundiales (1918-1939) inmigraron grandes cantidades de polacos, mayoritariamente campesinos, que se dispersaron por todo el país. En este período se fundaron varias asociaciones de polacos en ciudades del conurbano industrial de Buenos Aires, como Llavallol, San Justo, Valentín Alsina, San Martín, Quilmes, etc. En 1940 se creó la Unión de los Polacos en Argentina con sede en Buenos Aires. Entre 1946 y 1950 se produjo una importante ola inmigratoria de polacos refugiados de guerra entre los que se encontraban 16.020 ex soldados polacos.[83] Fue el último gran grupo polaco en inmigrar a la Argentina. Durante su segunda visita a la Argentina, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los polacos en el Luna Park, el día 10 de abril de 1987. [editar] UcranianosDe todas las nacionalidades que forman la inmigración europea hacia la Argentina, la ucraniana es quizás la única que no figura en el Registro Nacional de Inmigración. Es que en vísperas de la segunda mitad del siglo XIX, Ucrania había perdido su independencia, y la recuperó recién en la última década del siglo XX; por lo tanto, los ucranios que emigraban en esa época de su país lo hacían provistos de pasaportes austro-húngaros, rusos o polacos, y su nacionalidad fue confundida con la ciudadanía que figuraba en los pasaportes. La inmigración regular de ucranios a la Argentina comienza en el siglo XIX. Los primeros inmigrantes se radicaron en la Ciudad de Buenos Aires, en la Provincia de Buenos Aires básicamente en la ciudad de Berisso, en la Provincia de Misiones (Oberá, Aristóbulo del Valle, 2 de mayo) y luego en el resto del país, principalmente en las provincias de Chaco, Corrientes, Formosa, Mendoza y Río Negro. La cantidad de inmigrantes y sus descendientes residentes en la Argentina se estima en 300.000 habitantes aproximadamente.[84] Es el séptimo país del mundo con más descendientes de ucranianos.[85] [editar] América[editar] BolivianosEl censo 2001 registró 233.464 bolivianos radicados en Argentina, en partes iguales para mujeres y varones. La Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia considera que más de dos millones de ciudadanos viven en diferentes países extranjeros.[86] De ellos “la migración hacia la Argentina representa el 73%”.[87] "Hoy en día se calcula que hay entre 1.5 millón y 2 millones de bolivianos viviendo en Argentina",[88] casi el 5% de la población total argentina. A principios del siglo XX la inmigración boliviana se dirigía al noroeste argentino para trabajar en las temporadas del azúcar y el tabaco. A partir de los años ’50 se constituyó en una parte importante del mercado de trabajo relacionado con los cultivos de tomate, pimientos, y bananos, entre otros, en el norte argentino. Durante las años 60 y años 70 se hicieron presentes en la vendimia y otros cultivos del oeste del país y comenzaron a mantener una presencia permanente en la ciudad de Buenos Aires destacándose en el trabajo hortícola. Desde entonces se encuentran presentes en todo el país.[89] La mayoría de los bolivianos viven en el Gran Buenos Aires, principalmente en los partidos de La Matanza, Morón y Tres de febrero. También hay una comunidad muy importante en la Ciudad de Buenos Aires y en las provincias de Salta y Jujuy[2]. [editar] ChilenosEl censo 2001 registró 212.429 chilenos radicados en Argentina, que constituye la mayor comunidad chilena fuera de su país,[90] además si se suman los chilenos y sus descendientes, actualmente superan el número de 430.000 personas.[91] La concentración de inmigrantes chilenos es muy alta en las provincias argentinas fronterizas con Chile, como las de la Patagonia, donde vive el 53% superando el 5% del total de la población, y las de Cuyo, donde vive el 12%. El 18% vive en Buenos Aires.[92] La inmigración chilena está relacionada con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), lapso durante el cual se alcanza el pico de emigrantes hacia la Argentina.[93] Desde entonces se ha registrado un importante retorno, con el efecto de la emigración hacia Chile de una gran cantidad de niños argentinos, hijos de los chilenos que están retornando.[94] El ex presidente Néstor Kirchner es hijo de una inmigrante chilena de ascendencia croata.[95] Patricio Contreras es un conocido actor chileno de cine y televisión radicado en Argentina. [editar] Paraguayos
Espectáculo en el Deportivo Paraguayo en Buenos Aires.
La inmigración de paraguayos es la tercera histórica en cantidad, detrás de italianos y españoles. Ya era importante cuando Argentina se independizó y la colectividad paraguaya es la más numerosa al iniciarse el siglo XXI. El Censo 2001 registró 325.000 paraguayos viviendo en la Argentina; de ellos el 57% son mujeres. Sin embargo, según informaciones del Cónsul de Paraguay, teniendo en cuenta la proporción de paraguayos en situación documentaria irregular, la cantidad total podría encontrarse cerca de 500.000 paraguayos en la Argentina, y entre un millón y medio y dos millones de descendientes de paraguayos.[96] Los motivos principales de la inmigración paraguaya fueron la desigualdad social, empezando por la ausencia de una distribución equitativa de las tierras y de los productos, la falta de trabajo, los profundos trastornos financieros y el temor a las represiones políticas. Existen otras causas menores. Durante los primeros años, los paraguayos se instalaron en las provincias de Formosa, Misiones, Corrientes, Chaco y Entre Ríos. El mayor porcentaje de emigración a la Argentina se produjo entre 1947 —en esa fecha estalló la guerra civil que duró 4 meses y que provocó el éxodo de miles de paraguayos— y 1960. Hasta la década del 50 la principal emigración de paraguayos no era definitiva o permanente. Es recién a partir de la década del 60 cuando este flujo tiende a fijar residencia en el país de destino, en esa década un 23,7% del total de paraguayos viviendo en ese país decidieron adoptar la nacionalidad argentina. El 60% se ha radicado en Buenos Aires, entre un 25-30% en la zona de frontera, y un 5-10% en el resto del país. La mayor concentración se encuentra en el Gran Buenos Aires, particularmente en el Partido de La Matanza, donde viven unos 100.000 paraguayos. Otros partidos del conurbano bonaerense en el se encuentran concentraciones importantes son Florencio Varela, Berazategui, La Plata, Tigre y San Fernando. En la Ciudad de Buenos Aires viven entre 30 y 40 mil paraguayos, pero no están concentrados en ninguna zona particular. La comunidad paraguaya en la Argentina ha creado gran cantidad de instituciones. Muchas de ellas se organizan por el lugar de procedencia. Algunos centros de gran tradición son el "Hogar Paraguayo de Berazategui" y "La Casa Paraguaya". Otras entidades paraguayas en la Argentina son el Equipo Pastoral Paraguayo, la Asociación de Excombatientes de la Guerra del Chaco, la Asociación de Jubilados, Pensionados Residentes Paraguayos en la Rep. Argentina, la Asociación Paraguaya de Mujeres, etc. Más recientemente se ha creado la Federación de Entidades Paraguayas en la República Argentina (FEPARA). Los inmigrantes que vinieron de Paraguay han llevado a Buenos Aires el idioma guaraní, y las costumbres, gustos y tradiciones paraguayas, las que a su vez se encuentran íntimamente relacionadas con las de la población argentina que viven en las zonas fronterizas con el Paraguay. La comunidad paraguaya ha organizados gran cantidad de radios FM locales, publicaciones gráficas como la revista "Ñeengatú", un periódico llamado "Paraguay nuestro país", dos programas de TV por cable, llamados "Viva Paraguay" y "Pájaro Campana". La comunidad paraguaya en la Argentina ha organizado un club, el Deportivo Paraguayo, asociado a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), y participante del Campeonato Argentino de Fútbol en las divisiones menores del ascenso. [editar] OcupacionesLos varones se desempeñan principalmente como obreros en la industria de la construcción y del cuero y calzados, y secundariamente en los sectores metalúrgico y plásticos. Más recientemente ha comenzado a crecer un importante grupo de comerciantes y pequeños empresarios de la construcción. [editar] Resultados censales
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