Racismo en la Argentina
En la Argentina han existido y existen conductas de discriminación relacionadas con las características étnicas o el origen nacional de las personas. A su vez, la discriminación de tipo racista suele estar íntimamente relacionada con conductas de discriminación por causas socio-económicas y políticas.[1]
Se han difundido términos y conductas para discriminar a ciertos grupos de población, en especial a aquellos denominados «negros», un grupo que en la Argentina no se encuentra claramente definido, pero se asocia, aunque no exclusivamente, con personas pertenecientes a la clase baja, pobres y, más recientemente con la delincuencia.
También se han desarrollado términos y actitudes de tipo racista, xenófobo y despectivo para dirigirse a los inmigrantes. Antiguamente, «gallego», «tano» y «ruso» poseían connotaciones peyorativas, que aún continúan en los «chistes de gallegos» en el primer caso y en los insultos antisemitas, en el último.[2] Actualmente «bolita» para un nativo de Bolivia, «chilote» de Chile, «paragua» de Paraguay, «peruca» del Perú, «yorugua» de Uruguay, «brazuca» del Brasil y «boliguayo» para referirse en general a inmigrantes de países que limitan al norte con Argentina, constituyen términos despectivos para referirse a ciertos inmigrantes de origen latinoamericano. Sin embargo, estos términos —al igual que «negro» y con excepción de «boliguayo»— no siempre son despectivos y pueden ser usados afectivamente entre amigos o familiares.
El antisemitismo existe también en la Argentina, en un marco influido por la gran inmigración de judíos y la presencia de una extensa comunidad y de un relativamente amplio mestizaje de los judíos con otros grupos de la población.
En muchos casos, se han «racializado las relaciones sociales»,[3] y simplemente se utiliza el término «negro» para denominar al trabajador, sin relación alguna con el color de su piel. En las relaciones laborales es habitual, entre las personas que poseen cargos de importancia en empresas, referirse al staff de trabajadores de la empresa como los «negros». También en la vida política es habitual utilizar la palabra «negros» por parte de ciertos grupos para referirse despectivamente a los simpatizantes del peronismo.
Existe una amplia discusión sobre el alcance de las conductas racistas en Argentina. Mientras algunos sectores[4] sostienen que se trata de comportamientos inofensivos o marginales rechazados por prácticamente la totalidad de la población, otros sectores[5] [6] [7] sostienen que el racismo es un fenómeno extendido y expresado de muy diversas maneras. Algunos grupos afirman también que las eventuales conductas racistas en Argentina no se diferencian de las que se presentan en los demás países del mundo, mientras que otros[8] sostienen que el racismo en Argentina tiene algunas particularidades en los modos en que se presenta, relacionadas con la historia, la cultura y los grupos étnicos que interaccionan.
En 1995, la ley 24515 creó el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), que puso al país a la vanguardia de la lucha contra el racismo y la discriminación, aunque sin que aún se hayan obtenido grandes avances.[8]
Hablando sobre la persistencia del discurso racista en el mundo, el lingüista holandés Teun A. van Dijk, ha sostenido que:
[editar] Términos racistas
En la Argentina se utilizan una serie de términos con una cierta intencionalidad discriminatoria, que conforma un modo especial de racismo. Si bien estos terminos están "inspirados" en una intención racista, la mayoría de ellos se utiliza sin referencia a la raza de una persona; por lo general, estas palabras describen alguna actitud o acción, con un significado que depende del contexto y de los interlocutores. Los defensores de lo políticamente correcto ignoran sistemáticamente la versatilidad de la lengua, que permite que una palabra sea utilizada para distintos elementos. Aún usada en forma discriminatoria, la palabra "negro" no se refiere, generalmente, a la población fenotípicamente africana, de ínfima (pero creciente) presencia en el país- origen de la frase "en Argentina no hay negros". Está claro que los insultos raciales hacia grupos susceptibles a ellos son reprochables y contrarios al desarrollo civilizado de la sociedad, pero la libertad de expresión que es tan importante para ésta permite que un grupo de interlocutores pronuncie esas palabras libremente, con el sentido que desee, mientras que no implique violencia verbal o física hacia una persona o grupo de personas.
[editar] «Negro» y «negra»
La utilización de la palabra «negro» y «negra» en forma despectiva está ampliamente difundida en la Argentina, en casi todos los grupos sociales, incluso en aquellos que reciben el mote despectivo de «negro» o «negra» por parte de otros grupos.[10]
Paradójicamente, la misma ideología racista argentina que sostiene que «en Argentina no hay negros»[11] utiliza la palabra «negros» para denominar a una masa mayoritaria de la población integrada por trabajadores, pobres, migrantes internos, inmigrantes latinoamericanos, indígenas, sin demasiada distinción.
Víctor Ramos, presidente de SOS Internacional, responde de este modo a la pregunta de un periodista sobre cuáles son los actos de racismo que se cometen más habitualmente en Argentina:
Un ejemplo de este tipo de racismo es la respuesta que un alto funcionario del municipio de Escobar le dio a dos empresarios que querían habilitar una discoteca cerca de la estación ferroviaria:
Ariel Armony, un argentino residente en Canadá, donde dirige el Goldfarb Center, dentro del Colby College, ha llamado la atención en 2008 sobre la gravedad del racismo en la Argentina y las divisiones sociales que esto conlleva:
El significado racista del término «negro» muchas veces es utilizado en forma genérica por sectores de clase media o alta para referirse de manera despectiva a las clases bajas y marginales, independientemente de sus rasgos raciales. El prejuicio discriminatorio de estos sectores no reconoce barreras generacionales, ya que pasa de padres a hijos sin que la formación humanística que reciben los más jóvenes desde las instituciones educativas haga algo efectivo para revertirlo.
Una muestra de ello son los comentarios discriminatorios realizados por un adolescente en el Unicenter Shopping de la localidad de Martínez, San Isidro, en la Zona Norte del Gran Buenos Aires, mientras filmaba videos en los que se puede observar un enfrentamiento entre jóvenes de clase media-alta y un niño de clase baja. Estos videos y otros de similares intenciones discriminatorias pueden ser vistos en el portal YouTube, ya que hay muchos que discriminan a los de otro tono de color, como les dicen ellos <<negros>>(una de las ultimas personas en hacer un video racista fue el youtubber Mr.Stipify.[13] [14] [15]
Es necesario decir que también existe un amplio uso del término «negro» y «negra» con un significado absolutamente fraterno y carente de toda intención discriminadora. Es un apodo muy común entre amigos y familiares. Por ejemplo, los admiradores de la famosa cantante Mercedes Sosa, la nombran cariñosamente como «La Negra».[16]
[editar] Derivaciones
- «Grone» («negro», al revés) también es un término racista de amplia utilización en la Argentina, especialmente en Buenos Aires. Se trata de una palabra del lunfardo rioplatense, el vesre, que consiste en pronunciar las palabra invirtiendo sus sílabas.
Un «grone» no es necesariamente una persona negra, ni de piel oscura. Básicamente es una persona a la que se desprecia por su condición social, frecuentemente un trabajador o hijo de éste, perteneciente a la clase baja o media baja. Puede decírsele «grone» también a una persona de piel, cabello y ojos claros, si pertenece a la clase baja o expresa gustos culturales populares. Más recientemente ha comenzado a ser habitual, en este tipo de racismo, asociar la condición de «grone» a la delincuencia.[17]
- «Groncho», es un término abiertamente racista,[18] [19] ampliamente utilizado en la Argentina y Uruguay,[20] que deriva de una corrupción de la palabra «negro».[21] Derivado de «groncho», se utiliza «gronchada», para referirse a un acto desagradable. Por ejemplo, una persona puede decir que un par de pantalones que no le gustan son «una gronchada», aludiendo a que es un estilo que podría ser utilizado por un «groncho». De todos modos, el significado "racista" de esta palabra es dudoso, ya que ultimamente se usa para referirse a algo ridículo o grotesco, sin connotaciones raciales.
Es una palabra surgida en la segunda mitad de la década del '70.[22] En la década del '80 se realizó un exitoso sketch televisivo, dentro del programa Matrimonios y algo más, que se denominó «El groncho y la dama», protagonizado por Hugo Arana y Cristina del Valle. Se trataba de un sketch satírico en el que un trabajador mecánico estaba casado con una dama de clase alta, que lo denominaba «groncho» y se sentía seducida por la capacidad sexual del obrero (otro mito racista).
- «Negrada» Es un término ampliamente utilizado en Argentina y Uruguay y uno de sus significados racistas es idéntico a «gronchada» (por ejemplo, "la pelea de anoche fue una negrada", o "ese colegio es una negrada"). También se utiliza como sustantivo colectivo con un sentido despectivo para referirse a un grupo de personas aludidas como «negras», aunque no lo sean. Un ejemplo de su uso es ofrecido por el pianista argentino Miguel Ángel Estrella al recordar los interrogatorios a que fue sometido en Uruguay cuando fue detenido-desaparecido durante la última dictadura militar en el marco del Plan Cóndor:
[editar] «Cabecita negra»
«Cabecita negra» es un término racista de amplia utilización en la Argentina derivado del nombre popular del Carduelis magellanica, pájaro muy común en el norte y centro del país. Se emplea para denominar despectivamente a un sector de la población difícil de definir con precisión, asociado a personas de pelo oscuro y piel de tonalidad intermedia, perteneciente a las clases bajas.
El término surgió en la ciudad de Buenos Aires en la década de 1940, cuando se inició una gran migración interna, principalmente desde zonas rurales de las provincias del norte, hacia la ciudad de Buenos Aires y otros grandes centros urbanos, con el fin de trabajar como obreros en las nuevas fábricas que se creaban como resultado de un amplio proceso de industrialización.
El autor argentino Germán Rozenmacher (1936-1971) escribió en 1961 un conocido cuento titulado Cabecita negra, que refleja con gran realismo el racismo cotidiano en la Argentina. En una parte del cuento puede leerse:
Un ejemplo de este uso es la discriminación que sufrió el futbolista Ariel Ortega en 1998. En esa ocasión el periodista Juan José Panno escribió un artículo en el que calificó al jugador de:
Otro ejemplo es el comentario realizado por el comunicador Luis Pedro Toni en el programa Polémica en el bar:
[editar] «Cabeza»
Derivado de «cabecita negra», más recientemente ha aparecido el término «cabeza», que se utiliza de manera confusa a veces con sentido despectivo, y a veces sin él. Tiende a denominar a la «persona de pueblo», sencilla y no sofisticada, que habita en la ciudad. El termino «cabeza» es utilizado principalmente por algunos sectores juveniles para referirse a un tipo de persona al que se considera con poco gusto, mal vestido, desagradable, que no está dentro de la estética considerada correcta. También es usada de forma despreciativa para referirse a alguien de baja capacidad intelectual, cognitiva o de observación. Otra acepción que ha tomado esta palabra últimamente en la juventud es, derivando de la frase "de cabeza", es decir, sin dudas; es el referirse a algo hecho con desgano o sin esfuerzo, o simplemente algo hecho prácticamente igual a otra cosa, muchas veces en cuestiones artísticas o géneros musicales (Cumbia villera).
[editar] «Indio»
La palabra «indio», término derivado de "indigente", es común en el habla cotidiana argentina. Tiene y tuvo una carga racista mucho menor que la palabra «negro». Incluso desde hace algunas décadas existe una amplia corriente cultural que ha impulsado el nombramiento de los hijos con nombres indígenas,[27] como Ayelén, Maitén, Lautaro, Pacha, Itatí, obligando incluso al Estado argentino a reformar las leyes que prohibían el uso de nombres indígenas.[28]
Sin embargo en ciertas oportunidades existe una carga levemente racista en el uso del término. Por ejemplo, la frase «¡niños, parecen unos indios!», aunque ya en cierto desuso, se entiende claramente como «sucios» o «desordenados» o también las frases (algunas autocalificativas) como «Yo de pendejo era re-indio» o «Mi hermanito es un indio» son aún utilizadas para referirse a que la persona de la que se habla tiene actitudes de tipo violentas, irracionales o que actúa de manera impulsiva. Aunque también poseen connotaciones de desprolijidad o suciedad, se las utiliza más con una visión picaresca y hasta de jactancia.
También existe una clara tendencia a denominar a todos los pueblos originarios con el término «indio», o «indígena», sin precisar a cual de ellos se está refiriendo el hablante, incluso conociéndolo. Esta costumbre es general y no sólo para los argentinos[29] y se relaciona estrechamente con la conducta de invisibilización de las culturas y etnias no europeas.[30] [31] [32] [33]
[editar] «Mestizo»
La palabra «mestizo» se utiliza poco en el habla cotidiana, aunque es relativamente usual utilizarla en ciencias sociales e históricas, en algunos casos con connotaciones racistas, aunque biológicamente hoy se sabe que no existen personas «puras», y varios investigadores han replanteado el concepto de mestizo para referirse a cualquier intercambio de ADN[34] así como varios pensadores sostienen que todos los pueblos y razas son el resultado de mestizajes anteriores.[35]
La idea racista del mestizaje subsiste aún en ciertos sectores, a comienzos del siglo XXI, como podría reflejar el reciente debate sobre la eventual condición de mestizo de José de San Martín, uno de los padres de la patria. En ese sentido el historiador Hugo Chumbita sostuvo que «ha existido y hay aún resistencia a revisar la historia oficial por la idea de que, de corroborarse el origen mestizo de San Martín, se rebajaría su imagen».[36] En sentido similar se informa en un artículo periodístico que «“si el padre de la Patria es un mestizo bastardo, la Argentina también lo es”, se quejaban las voces conservadoras».[37]
[editar] «Boliguayo»
| En Wikcionario existe la entrada de la palabra boliguayo |
La palabra boliguayo, resultado de la unión de «boliviano» y «paraguayo», es un término sumamente despectivo aparecido en la década de 1990-2000 y en plena expansión en la primera década del siglo XXI. Su carácter despectivo proviene precisamente de la indiferencia del hablante por la identidad del migrante, como sucede también con el término «indio» o «sudaca».
Paraguayos y bolivianos son las dos principales corrientes inmigratorias hacia la Argentina en los últimos años y han formado grandes comunidades.[38] [39]
Un ejemplo del modo en que se utiliza el término puede verse en el siguiente reportaje realizado a Amia Cuba, un jugador de rugby:
Respuesta: Realmente no lo sé, me lo pusieron en una gira si mal no recuerdo. Era medio boliguayo...
[editar] Racismo «blanco-europeísta» y el artículo 25 de la Constitución Nacional
En la Argentina se ha construido una difusa ideología racista fundada en la supremacía europea.[41] Esta ideología tiende a sostener que la Argentina es un país poblado por inmigrantes europeos «bajados de los barcos», a los que suele denominársele «nuestros abuelos», que establecieron un tipo especial de población europea, no latinoamericana, y «blanca».[42] Complementariamente, esta ideología tiende a considerar como poco relevante, y eventualmente indeseable, toda influencia cultural de poblaciones relacionadas con los pueblos originarios, africanos, latinoamericanos, o asiáticos. El racismo blanco-europeísta argentino tiene similitudes con la política de Australia Blanca llevada adelante desde principios del siglo XX.
El racismo blanco-europeista argentino se ha organizado desde el Estado y tiene un fundamento legal en el artículo 25 de la Constitución Nacional inspirado por Alberdi que establece una diferencia entre «inmigración europea» (que debe ser fomentada) e inmigración no europea.
El propio Alberdi, padre de la Constitución Argentina de 1853, explicaba los fundamentos de la discriminación en su libro Bases y puntos de partida para la reorganización nacional (1852):
La discriminación entre inmigración europea y no europea que establece el artículo 25 de la Constitución fue mantenida por todas las reformas constitucionales realizadas (1860, 1868, 1898, 1949, 1957, 1972 y 1994).
Originalmente esta ideología se había configurado de modo tal de incluir a los españoles, italianos, y judíos dentro del grupo indeseable, sosteniendo que las «razas que podían mejorar la especie» en Argentina, eran aquellas que provenían del noroeste de Europa, principalmente de Inglaterra y Francia, los países más progresistas en aquel tiempo.
Alberdi proponía que el idioma nacional fuese el francés, pues pensaba que las tradiciones hispánicas y cristianas eran contrarias al progreso.[44]
Sin embargo, con el paso del tiempo, el fracaso del gobierno en atraer inmigración masiva de esos tres países, y por el contrario, ante el hecho consumado de la inmigración de grandes contingentes de italianos y en menor proporción de españoles, la ideología racista terminó por incluir también a estos grupos como «europeos» y «blancos». Esta tendencia fue fortalecida recientemente con el ingreso de Italia, y sobre todo España, a la Unión Europea. Por el contrario, con respecto a los judíos, la ideología racista argentina, se fue consolidando como antisemita, con el paso del tiempo. El punto más alto de esa tendencia fue la orden secreta del canciller del presidente Roberto M. Ortiz en 1938 para negar las visas a los judíos.[47]
Entre los principales inspiradores del racismo argentino se encuentran Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, José Ingenieros, José María Ramos, etc. Más recientemente, los gobiernos militares elaboraron textos y políticas inspiradas en este peculiar racismo argentino, que reforzaron la ideología y le dieron connotaciones políticas.
Domingo F. Sarmiento, quien fuera presidente durante la gran epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires y la Guerra del Paraguay, hechos a los que se le asigna el exterminio de los afroargentinos, escribió en 1848 en su diario de viaje a EE. UU.:
La conformación del racismo blanco-europeísta argentino como ideología del Estado inspirada en la Constitución ha utilizado las políticas públicas y en particular la política educativa para su arraigo y difusión en la población. Un modo ampliamente utilizado por el Estado para establecer la naturaleza «blanca-europea» de la Argentina son las políticas destinadas a «invisibilizar» toda cultura o etnia no considerada oficialmente como «blanca-europea». Este mecanismo es tratado más adelante en un subtítulo especial
Al respecto de esto, un hito importante a la tradición "europeizante" fue la publicación en 1904 de la novela "Alegre" por parte del escritor Gustavo Martinez Zuviria. Alegre trata la historia de un joven inmigrante africano traído como esclavo a estas orillas, y desafia el mandato de invisibilidad de la cultura local conservadora que pretendia negarle a los negros una parte de la identidad nacional. Inspirado en la conocida novela abolicionista La Cabaña del Tio Tom, Alegre es una novela que trata a un africano de piel negra esclavo en estas tierras como el protagonista de la historia y el héroe.
Un ejemplo actual de esta actitud del Estado Argentino se puede encontrar en el sitio web de la oficina de turismo perteneciente al gobierno donde se anuncia (agosto de 2006):
El historiador Ezequiel Adamovsky, en un artículo titulado «Gringos y negros», publicado en 2008, ha señalado la profundidad de los fenómenos racistas en la Argentina y su imbricación con el conflicto social. Adamovsky sostiene que:
[editar] Antisemitismo
Leonardo Senkman, compilador del libro El antisemitismo en la Argentina sostiene:
En la Argentina han existido graves actos llevados adelante contra los judíos, como la orden secreta del canciller argentino en 1938 de impedir el ingreso de judíos a territorio nacional[51] y los ataques terroristas contra la embajada de Israel en 1992 y contra la AMIA en 1994. El caso de los ataques terroristas contra objetivos judíos ha producido una discusión entre aquellos sectores que sostienen que no se trató actos antisemitas y aquellos que por el contrario sostienen que «el atentado a la AMIA (es) el peor ataque antisemita desde la Segunda Guerra Mundial».[52]
Intentando sintetizar ambas posiciones, el investigador Daniel Lvovich ha escrito:
Durante el gobierno de Agustín P. Justo, en 1937, Marcos Savon, cónsul argentino en Gdynia (Polonia), envió varias notas al ministro y premio Nobel Carlos Saavedra Lamas, bajo el título «problema semita», que muestran la orientación general antisemita del gobierno argentino. En la carta del 14 de julio de 1937, en vísperas de la invasión nazi, puede leerse:
Durante los regímenes militares y en especial durante la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional se produjeron graves hechos de persecución antisemita, en el que algunas personas fueron torturadas, degradadas y hasta asesinadas por el solo hecho de ser judíos. En los centros clandestinos de detención (CCD), era habitual que a los prisioneros judíos se les grabara la estrella de David en el cuerpo.[55] El jefe de la policía bonaerense, Ramón Camps, quien secuestrara y torturara a Jacobo Timerman, sostenía que los sionistas eran enemigos de la Argentina y tenían un plan para destruirla. Por eso impulsó el uso de medidas represivas ilegales para resolver lo que denominaba «la cuestión judía».[56]
El antisemitismo cotidiano tiene una amplia difusión en la Argentina. Un ejemplo de ello es lo que sucede en el club de fútbol Atlanta, ubicado en el barrio Villa Crespo de Buenos Aires, un barrio que tiene una importante población judía. Desde hace varios años, los simpatizantes de los equipos contrarios suelen manifestarse contra Atlanta con banderas nazis y tirando jabones a la cancha.[57]
Un informe de la DAIA reveló que los actos discriminatorios contra los judíos en la Argentina aumentaron un 32% en 2006.[58]
[editar] Racismo contra latinoamericanos
En Argentina existe un amplio y expandido racismo contra los inmigrantes provenientes de otros países latinoamericanos, y muy especialmente contra paraguayos, bolivianos, peruanos y chilenos.[10] [59]
Este racismo tiene incluso fundamento en la Constitución Nacional y el artículo 25 inspirado por Alberdi y su frase «gobernar es poblar», que establece una diferencia entre «inmigración europea» (que debe ser fomentada) e inmigración no europea.
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Esta preferencia por los inmigrantes europeos de la Constitución, no fue modificada en ninguna de las seis reformas constitucionales realizadas, la última de las cuales sucedió en 1994. Como consecuencia de ello, el mensaje histórico cultural del Estado Argentino ha sido hasta el presente establecer una discriminación insalvable en la población argentina, entre descendientes de europeos y descendientes de no europeos, y sus respectivas culturas.
Bajo el lema de «No se olviden de Marcelina», la comunidad boliviana en Argentina denuncia el asesinato por motivos racistas de Marcelina Meneses y su hijo Josua Torrez de 10 meses de edad, empujados de un tren en movimiento cerca de la estación de Avellaneda, el 10 de enero de 2001.[60]
En 2008, la justicia argentina condenó a 22 años de prisión a un policía por lesiones e intento de asesinato de un joven por el solo hecho de ser boliviano. La pena reflejó el agravante contemplado en la ley antidiscriminatoria 23.592, cuando el delito «sea cometido por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad».[61]
Como ejemplo de la amplia difusión de la discriminación contra otros latinoamericanos, el 8 de marzo de 2009 se jugaba un partido de fútbol entre Independiente y Boca Juniors cuando en el entretiempo la hinchada de Independiente comenzó a flamear banderas de Bolivia y Paraguay. La actitud fue generalizadamente comprendida como discriminatoria debido a que en Argentina constituye un acto despectivo habitual hacia Boca Juniors, por parte de otras hinchadas, sostener que sus simpatizantes son inmigrantes que provienen de países fronterizos. Tal es el fundamento racista de la canción cantada por otras hinchadas como la de River Plate, San Lorenzo de Almagro, Racing y Vélez Sársfield:
son de Bolivia y Paraguay.
Yo a veces me pregunto,/
che, negro sucio, si te bañás.
Bosta que asco te tengo,/
lavate el culo con aguarrás".[62]
El INADI pidió que se sancionara al Club Atlético Independiente por infringir el Artículo N°88 del reglamento (acto de xenofobia) y que se sancionara al árbitro Sergio Pezzotta por no detener el inicio del segundo tiempo del partido a pesar de la exhibición de las banderas.[63] El hecho ofendió a los diplomáticos de Bolivia y Paraguay, quienes también se comunicaron. Finalmente, la misma dirección del club se disculpó por los hechos, tuvo una reunión con el INADI y prometió tomar medidas para identificar y sancionar a los responsables.[64]
En un partido de la Copa Nissan Sudamericana entre Vélez Sársfield y Boca Juniors el árbitro Saúl Laverni detuvo el partido por unos minutos porque la hinchada de Vélez cantaba canciones racistas contra Boca, en la cual se expresaba que los hinchas de Boca eran todos de Bolivia y Paraguay.[65]
[editar] Racismo contra indígenas
El racismo, la discriminación y la invisibilización contra personas pertenecientes a los diversos pueblos originarios que habitan en la Argentina, genéricamente agrupados como indígenas, o que tienen antepasados indígenas, se agudizo en gran medida tras la independencia. Tras la Revolucion de Mayo se observa varios intentos iniciales de integración de la población indígena. Así por ejemplo, mediante el Decreto del 8 de junio de 1810, la Junta dispuso que las compañías de naturales indígenas que integraban el Batallón de Castas se integrasen a los Regimiento de Pardos y Morenos.
Sin embargo la postura oficial cambio por completo especialmente durante las «guerras contra el indio» llevadas a cabo por el Estado argentino contra aquellos pueblos originarios que habitaban principalmente en la Pampa, la Patagonia y el Gran Chaco. Así, Julio Argentino Roca afirmaba que
La posición del Estado argentino volvió a hacerse explícita al realizarse el Censo Nacional de 1895 cuando sus responsables afirmaron que:
Durante las décadas de 1930 y 1940 comenzaron a producirse migraciones de trabajadores campesinos hacia las grandes ciudades, quienes a menudo se encontraban tratados despectivamente por amplios sectores de clase media y alta.
En 2005, aprovechando que Radio Nacional puso en el aire la radionovela Shunko, su director Gabriel Conti declaró que las comunidades quichuas en la Argentina, siguen siendo «olvidadas, despreciadas y marginadas».[69] La periodista María Luján Picabea, cuenta, sobre Ariel Villarreal, el niño actor que interpretó el papel de Shunko en la obra, que:
El Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA) se refiere a la situación de los pueblos indígenas en la Argentina de hoy del siguiente modo:
[editar] Racismo contra afroamericanos y personas de piel más oscura
En la Argentina el racismo contra afroamericanos está influido por complejos procesos contradictorios. Por un lado un amplio proceso de mestizaje y la escuela pública igualitaria impulsaron conductas de convivencia multirracial. Pero por otro lado, la permanente difusión desde el Estado de que la Argentina tenía una población homogénea «blanca» y «sin negros», remarcando una valoración positiva de esa realidad supuesta, impulsó conductas racistas subterráneas que arraigaron en ciertos comportamientos sociales.
A pesar de su reducción a la esclavitud, testimonios de la época colonial sostienen que en Buenos Aires y Montevideo los esclavos eran tratados con menos crueldad que en otras partes. José Antonio Wilde, en su obra Buenos Aires desde 70 años atrás (1810-1880) escribe que:
aunque no le impedía reconocer sin embargo que:
La misma opinión en cuanto al mejor trato nos dejaron en sus testimonios los extranjeros que venían. Por ejemplo, Alexander Gillespie, capitán del ejército británico durante las invasiones inglesas, escribió en sus memorias que lo sorprendió lo bien que se los trataba en contraste con nuestros plantadores y los de América del Sur, y proseguía:
En 1801 las milicias de soldados negros y mulatos libres, existentes en Buenos Aires desde muy antiguo, fueron regladas y disciplinadas, estableciéndose compañías en Buenos Aires, Montevideo y Asunción. Luego de la invasión británica de 1806 esas milicias porteñas constituyeron el Batallón de Castas junto a soldados indígenas, segregados por compañías de mulatos, pardos y naturales. Parte de esos soldados fueron trasladados al Cuerpo de Castas de Artillería. Un Cuerpo de Esclavos fue también formado para defender Buenos Aires en caso extremo, pero no se les entregó armas. Luego de la Revolución de Mayo el Batallón de Castas formó el Regimiento de Pardos y Morenos que participó en todas las campañas de la Guerra de la Independencia de la Argentina.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas la población negra de Buenos Aires llegó al 30%. Después de abolirse la esclavitud los afroargentinos vivieron en condiciones miserables y discriminados. De los catorce colegios existentes en Buenos Aires en 1857 solo dos admitían niños negros, a pesar de que el 15% de los alumnos de ese año eran de color.[72] Similarmente, en 1829, en Córdoba sólo podían ingresar a los colegios secundarios dos afros por año; y a la universidad sólo tuvieron acceso en 1853.[73]
En un artículo titulado «Historias de una Argentina en la que ser negro no es nada fácil»,[74] el periodista Horacio Cecchi recopila una sucesión de actos discriminatorios contra personas de piel más oscura sucedidos en la Argentina, como la denuncia presentada en el año 2000 por el Banco Mundial contra las autoridades migratorias argentinas por discriminación y maltratos a un funcionario del gobierno de Mozambique.[75]
[editar] Racismo contra españoles
En la Argentina existe una generalizada costumbre de llamar «gallegos» a todos los españoles, pese a que Galicia es solo una de las regiones de España. El término «gallego» puede asociarse en la cultura popular argentina al significado de «bruto», «sucio», «ignorante» e «ingenuo», aunque también es habitual utilizarlo de manera afectuosa como sinónimo de español o descendiente de español. Se desconoce el origen de esta significación de la palabra «gallego» en Argentina, si bien a principios del siglo XX el Diccionario de la Real Academia Española incluía en la definición de la palabra «gallego» el significado de «bruto».[76]
El escritor José Ernesto Schulman, en su libro Los laberintos de la memoria, de relatos sobre el Terrorismo de Estado en Argentina, escribe la siguiente expresión atribuida a un represor a punto de ser enjuiciado por la justicia española, muy demostrativa del uso que suele hacerse del término:
En ese marco en la Argentina se han generalizado los «chistes de gallegos» de contenidos profundamente crueles y burlones, sumamente populares en el país y constantes en el tiempo, incluso con publicación de libros para su difusión.[78]
[editar] Racismo contra iItalianos (sicilianos, calabreses, napolitanos...)
También las sucesivas emigraciones de Italia a la Argentina,[79] Uruguay, Brasil, EE.UU, etc., a mediados del siglo XIX y principios del XX hicieron que el «tano»[80] [81] (para el núcleo criollo o hispano-argentino dominante) fuera sinónimo de «italiano», y muchos sectores de la población tradicionalmente han utilizado término «tano» con una significación despectiva como sinónimo de incultura y trabajo esclavo (la comunidad fue utilizada para las labores que no querían hacer otros), estereotipo perfectamente recreado por la humorista Niní Marshall con su personaje Catalina «Catita» Pizzafrola Langanuzzo[82] entre otros, así como canciones, tangos, milongas, entre otros,[83] cabe destacar que esta etnia supo modificar de manera positiva esa connotación negativa y despectiva del mote «tano».
[editar] Racismo contra francesas y polacas
Debido a que la gran ola de inmigración europea (1870-1945) fue mayoritariamente masculina, una de las consecuencias fue la proliferación de prostíbulos y redes de los llamados tratantes de blancas: «A fines del siglo XIX, Buenos Aires era conocida internacionalmente como un tenebroso puerto de mujeres desaparecidas y vírgenes europeas secuestradas que se veían obligadas a vender su cuerpo y bailar el tango», dice la estadounidense Donna J. Guy en su excelente ensayo El sexo peligroso: la prostitución legal en Buenos Aires, 1875-1955 (Sudamericana)[84]
Francesas y polacas eran las preferidas por las redes de esclavas sexuales. Por ejemplo, una de las redes más importante que operaba en Argentina y Brasil se llamaba Varsovia, que posteriormente cambió el nombre por el de Zwi Migdal, manejada por judíos oriundos de Polonia. Su principal líder era Noé Trauman, quien llegó a la Argentina con documentos falsificados en mayo de 1906, escapando de la policía secreta del zar Nicolás II.
Esta circunstancia llevó, en la primera mitad del siglo XX, a que en la cultura popular argentina se considerara que por el solo hecho de ser francesa o polaca, se trataba de una prostituta, así como a actitudes antisemitas al enfatizar la condición de judíos de los dirigentes de la red. Esta significación ha ido perdiendo fuerza desde la segunda mitad del siglo XX, pero aún hay memoria de la misma, como lo demuestra la obra de teatro titulada Las polacas, de la autora rosarina Patricia Suárez, estrenada en 2002.[85]
[editar] Racismo contra gitanos
En la Argentina como en otros países existe un racismo profundo aunque no abierto contra el pueblo rom (gitanos). Muchas personas atribuyen a los gitanos una actitud maliciosa y de mala fe. Existe una conocida leyenda de la gitana que viene a robarse los niños.
[editar] Racialización de las relaciones laborales
En las relaciones laborales de la Argentina resulta un lugar común por parte de personas encargadas en las empresas de la gestión del personal, denominarlo como «los negros». En este caso la tonalidad de piel de los trabajadores de la empresa no juega ningún papel; la denominación de «negros» se les aplica aunque su piel fuera sumamente clara, sus ojos azules y su cabello rubio.
El investigador argentino Mario Margulis sostiene que se trata de ejemplo de la «racialización de las relaciones de clase» que se produce en la Argentina.[87]
El término tiene una clara connotación clasista y tiende a ser utilizado para rechazar de modo despectivo reclamos laborales de los trabajadores o el hecho mismo de su organización sindical.
[editar] Invisibilización de grupos étnicos
La «invisibilización» de culturas y etnias es un mecanismo de discriminación ampliamente utilizado en todo el mundo. Es un mecanismo íntimamente vinculado a los fenómenos de «desaparición» y al homo sacer (hombre sin derechos) del Imperio romano.
En la Argentina ha existido y continúa existiendo una cultura general y una política estatal consciente de invisibilización de determinadas culturas y grupos sociales, básicamente aquellos definidos como no-europeos.
Una vez más el mecanismo tiene su base en la preferencia constitucional por lo europeo que establece el artículo 25 de la Constitución Nacional y se inspira en el pensamiento alberdiano.
El investigador Navarro Floria ha estudiado en detalle este proceso de invisibilización con respecto a los indígenas de la Pampa y la Patagonia, destacando el papel de Martin De Moussy en la difusión en Europa de una imagen de una Argentina sin indios:
El proceso de invisibilización ha sido ejecutado mediante múltiples formas. Una de ellas ha sido la manipulación de los censos, para reducir y hasta eliminar los registros relacionados con personas o culturas no europeas. De este modo ser ordenó reemplazar la palabra «negro» para mencionar la pertenencia étnica-cultural de las personas, por la palabra «trigueño» solo referida a la tonalidad de piel. Ello permitió al Estado Argentino declarar en el Censo de 1947 que la totalidad de la población argentina era «blanca».
El proceso de invisibilización en las publicaciones sociales y escolares se realiza mediante técnicas sutiles de manipulación de textos, mediante los modos de denominar y adjetivar, cuando no en la abierta omisión de los hechos sociales o la falsificación de los mismos. En ejemplo claro de ello es el relacionado con el desierto y la llamada «Campaña del desierto». La baja densidad poblacional estructural en amplias zonas del terriorio argentino, llevó a ciertos ideólogos a desarrollar la idea de «desierto», en el sentido de no habitado por personas.
El antropólogo argentino Miguel Alberto Bartolomé de la UNAM, en su artículo Los pobladores del desierto, analiza las implicancias del término «desierto» en la política e historiografía argentinas:
El «desierto» básicamente estuvo ubicado en la llanura pampeana y la Patagonia, una amplia región bajo dominio de las naciones mapuche, ranquel y het que resistieron con éxito la invasión española. La consideración del territorio indígena como desierto, permitió «invisibilizar» a los mapuches, ranqueles y het y proceder a una «Campaña del Desierto», eufemismo para denominar la guerra que el Estado Argentino realizó contra esos pueblos originarios a finales del siglo XIX, para arrebatarles la totalidad de su territorio, lo que finalmente sucedió. En Chile ese territorio era conocido como la Araucanía, es decir el país de los araucanos o mapuches.
Un mecanismo similar de invisibilización fue sistemáticamente aplicado a los afroargentinos, grupo al que se consideró «desaparecido» (sic) en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX, sin que hasta el presente exista una explicación razonable para la desaparición de un sector que representaba el 30% de la población total pocos años antes.
La investigadora Miriam Gomes sostiene:
También se ha desarrollado una política de invisibilización para con los inmigrantes de otros países latinoamericanos y sus descendientes, que en algunos casos han constituido comunidades mayores y más antiguas que las de la mayoría de los grupos europeos que migraron a la Argentina.
Más recientemente el Estado Argentino utilizó ampliamente la posibilidad de mantener en situación de «sin papeles» a un número imposible de conocer de migrantes, pero que suma cientos de miles de personas. A partir de 2006, y como consecuencia de los Acuerdos Migratorios de 2002 celebrados entre Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, y Uruguay, a los que luego se sumó Perú, se ha establecido el derecho de todos los ciudadanos de esas naciones a vivir y trabajar libremente en cualquiera de esos países.
[editar] Negación del racismo
Isabel Santi, de la Universidad de París, en su trabajo Algunos aspectos de la representación de los inmigrantes en Argentina sostiene:
La negación del racismo, incluso en sus formas más evidentes, es una característica del racismo en la Argentina que se repite en muchos otros países modernos y en particular latinoamericanos como Perú,[92] Brasil,[93] etc. La negación hace aún más difícil combatir el racismo porque este adopta la forma de un proceso sutil e insidioso.
Resulta habitual encontrar autorrepresentaciones de la Argentina como un «crisol de razas», un equivalente del “melting pot” estadounidense. En realidad la idea de asimilación cultural que subyace al concepto de crisol de razas tiende a emerger a través de manifestaciones racistas como la exaltación de una supuesta «raza argentina», y se opone a la idea de pluralismo cultural.[94] El concepto de una «raza argentina» fue desarrollado por José Ingenieros en su libro Sociología argentina (1913).
El pensamiento de José Ingenieros es citado del siguiente modo por el filósofo mexicano Leopoldo Zea:
Una manifestación de esto es el festejo oficial del 12 de octubre, día de la llegada de Cristóbal Colón a América, como Día de la Raza, establecido por el presidente Hipólito Yrigoyen y copiado en muchos países de América Latina.
[editar] Racismo en la política
En los años veinte irrumpió en sociedad una banda armada conocida como La Liga Patriótica, un grupo xenófobo fundado en el aristocrático Club Naval bajo el lema «Patria y orden», que atacaba a obreros, judíos, anarquistas y opositores políticos. Esta agrupación paramilitar agrupaba a hijos de las clases altas y contaba en el apoyo y soporte de sacerdotes, intelectuales, industriales, militares, terratenientes y políticos reaccionarios. Muchos historiadores afirman que fue el antecedente de la Triple A.[96] Sus barrios de acción preferidos eran Once y Villa Crespo y el caso testigo, símbolo de la brutalidad de esta banda, es el asesinato de una niña de 13 años, Paulina Viviani, apuñalada por un soldado del ejército frente a su madre.
En Argentina, el racismo está íntimamente relacionado con la política en la oposición entre peronismo y antiperonismo. El antiperonismo desarrolló una amplia ideología racista tendiente a denigrar e infravalorar a los simpatizantes del peronismo, mayoritariamente pertenecientes a las clases trabajadoras y bajas.
Básicamente el racismo antiperonista se basa en la identificación de los simpatizantes peronistas con «los negros» con un sentido abiertamente denigratorio. En una histórica carta a su madre referida al bombardeo de la Plaza de Mayo por sectores antiperonistas, el Che Guevara utiliza varias veces el término «negros» a modo de ironía crítica imitando el modo en que hablaban los antiperonistas:
Uno de los términos racistas utilizados por el antiperonismo es «cabecita negra», ya tratado más arriba, para atribuirlo despectivamente a los simpatizantes del peronismo, generalmente asociado con los términos despectivos «negro» y «grasa». El cuento de Germán Rozenmacher titulado precisamente Cabecita negra (leer aquí) refleja con gran realismo las relaciones racistas que establecieron las clases medias de Buenos Aires con las nuevas clases trabajadores procedentes de las provincias, en el marco del conflicto peronismo-antiperonismo.
Relacionado con este racismo político apareció también la denominación de «aluvión zoológico» para referirse a los peronistas.
Más recientemente, el racismo ha sido utilizado para atacar a los denominados piqueteros, en realidad organizaciones de desempleados que emergieron con fuerza en la década del '90. Una vez más el término «negra» y «negro» es utilizado ampliamente para referirse a sus miembros con un sentido sumamente peyorativo. El discurso «antipiquetero» suele relacionarse con el hecho de vivir en barrios carenciados (villas miseria), la criminalidad y la eventual condición de migrante: «villeros», «delincuentes», boliguayos.
El hecho ha sido reflejado por el periodista argentino Sergio Kiernan en un artículo publicado en Página 12 con el siguiente título: «Cuando el piquetero pasa a ser “ese negro de mierda”».[98]
[editar] Chistes racistas
El humor a través de los chistes racistas ha sido y es un modo eficaz universalmente de difundir y consolidar las ideologías racistas. En general se discute mucho cuales son los límites del humor racista o étnico. Históricamente Sigmund Freud ya había distingido los «chistes inocentes» de los «chistes tendenciosos»; estos últimos no son graciosos para ciertas personas aludidas directa o indirectamente en el chiste.[99]
En la Argentina los más populares, extendidos y perdurables chistes racistas son los «chistes de gallegos». Estos chistes tienen siempre el mismo fundamento: presuponen en los gallegos y gallegas la máxima ignorancia.
También hay una considerable circulación de «chistes de negros», y en menor medida de inmigrantes latinoamericanos, asiáticos y judíos.
[editar] El INADI y la Ley Antidiscriminatoria
El 3 de agosto de 1988, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, se sancionó la Ley 23.592, conocida también como Ley Antidiscriminatoria.
La ley contiene tres artículos básicos:
- Acción civil: Una acción civil para hacer cesar el acto discriminatorio y por daños y perjuicios materiales y morales, en casos de discriminación por «motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos» (Artículo 1)
- Delito penal: Crea dos delitos penales. El primero castiga la realización de propaganda o la participación en organizaciones que sostenga la superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color. El segundo castiga el acto de incitar a la persecución o el odio con personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas. La pena es de 3 meses a tres años de prisión (Artículo 3)
- Agravante de los delitos penales: Cualquier delito será agravado cuando sea cometido por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad, o con el objeto de destruir en todo o en parte a un grupo nacional, étnico, racial o religioso (Artículo 2).
El 5 de julio de 1995, durante la presidencia de Carlos Menem, se sancionó la Ley 24.515 creando el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), que comenzó sus tareas en 1997.
El INADI es un ente descentralizado en la órbita del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, con facultades para recibir denuncias, investigar, realizar campañas, y apoyar a las víctimas, en cuestiones relacionadas con toda forma de discriminación.
[editar] Situación de la lucha contra el racismo en Argentina
Víctor Ramos, fundador del INADI y presidente de SOS Internacional comenta de este modo el estado de la lucha contra el racismo en Argentina:
Sin embargo, esto no significa que se haya avanzado demasiado. Lo que sí se generó en Argentina fue una serie de debates importantes e interesantes sobre los pueblos originarios de nuestro país, sobre la colectividad judía, sobre la discapacidad y también sobre los inmigrantes.[8]
En 2008, la justicia argentina condenó a 22 años de prisión a un policía que lesionó e intentó de asesinato de un joven por el sólo hecho de ser boliviano. La pena reflejó el agravante contemplado en la ley antidiscriminatoria 23.592, cuando el delito «sea cometido por persecución u odio a una raza, religión o nacionalidad».[100]
[editar] Referencias
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[editar] Bibliografía
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[editar] Véase también
- INADI
- Racismo
- Eurocentrismo
- Discriminación
- Judíos en Argentina
- Composición étnica de Argentina
- Racismo en Chile
- Racismo en España
- Racismo en Estados Unidos
- Racismo en México
- Racismo en Costa Rica
[editar] Enlaces externos
- INADI.gov.ar (sitio oficial del Instituto Nacional contra la Discriminación).
- Clarin.com («Racismo en Argentina: pocos inmigrantes lo denuncian, muchos lo sufren», 27 de julio de 2005).
- Clarin.com («Reclamo de la ONU a la Argentina por el racismo», diario Clarín, 21 de marzo de 2001).
- Infoleg.gov.ar (Ley 23.592 Antidiscriminatoria).
- Mt.Middlebury.edu («Una historia del racismo en Argentina», de Mary Ting, Cuaderno Latinoamericano, Middlebury School, 2005).
- Pagina12.com.ar («Cuando el piquetero pasa a ser “ese negro de mierda”», por Sergio Kiernan, diario Página 12, 23 de febrero de 2004).
- Pagina12.com.ar («Los días difíciles de los negros en Argentina», Página/12, 2005).
- Toronchik, Alejandra (23 de mayo de 2005). Los insultos más usados por chicos pobres: negro, villero y desnutrido, Clarín (consultado 18 de marzo de 2008).