Antisemitismo

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Boicot antisemita contra negocio judeo-alemán (Tietz, Berlín), marcado por los nazis con estrella judía junto a la cual figura un cartel con la inscripción «¡Alemanes! ¡Defendeos! ¡No compréis de los judíos!»
Antisemitismo nazi, 1933.

El antisemitismo, en sentido amplio del término, hace referencia a la hostilidad hacia los judíos basada en una combinación de prejuicios de tipo religioso, racial, cultural y étnico.[1] En sentido restringido, el antisemitismo se refiere a la hostilidad hacia los judíos, definidos como una raza no como un grupo religioso, concepción moderna que habría surgido a mediados del siglo XIX como una derivación del racismo y del nacionalismo, diferenciándose así del "antisemitismo religioso" anterior que algunos historiadores prefieren llamar antijudaísmo,[2] y cuya expresión más desarrollada sería el antijudaísmo cristiano.

Aunque la etimología del término antisemitismo podría dar a entender que se trate de un prejuicio contra los pueblos semitas en general, el término se utiliza en forma exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos. Con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, algunos autores[3] prefieren el uso de términos equivalentes no ambiguos, como judeofobia o antijudío, reservando antisemitismo para su uso en referencias históricas a las ideologías antijudías de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. (wzo.org.il, La naturaleza de la judeofobia). El autor argentino-israelí Gustavo Perednik propone reemplazar el término equívoco de "antisemitismo" por el más apropiado de judeofobia,[cita requerida] acuñado por León Pinsker en 1882.

El antisemitismo puede manifestarse de muchas formas, desde el odio o discriminación individuales, los ataques de grupos nucleados con dicho propósito, o incluso la violencia policial o estatal.

El nacimiento del término "antisemitismo" en el siglo XIX[editar]

El adjetivo semítico fue acuñado por el orientalista alemán August Ludwig von Schlözer en el tomo VIII del Repertorium für biblische und morgenländische Literatur de J.G. Eichhorn publicado en 1781. Pero Schlözer no hace referencia a una raza —concepto que había aparecido cincuenta años antes por obra del francés Henri de Boulainvilliers que pretendía demostrar la superioridad de la "raza" franca o germánica sobre la raza galorromana— sino a un grupo de lenguas llamadas semíticas -el arameo, el hebreo y el árabe, entre otras—, que serían las que hablan los descendientes del hijo de Noé, Sem, padre de Abraham y antepasado de Eber —los hebreos—, así como de Yoqtan, antecesor de varios pueblos de Arabia. Este acepción de la palabra semítico fue usada en el siglo XIX, por otros lingüistas como el alemán Max Müller, catedrático en la Universidad de Oxford entre 1850 y 1876, que siguió distinguiendo dos tipos de lenguas: la semítica y la "aria", vocablo que utilizó en lugar del término indoeuropeo, que fue el que acabaría imponiéndose. Pero en ningún momento estos autores identificaron grupos lingüísticos con grupos étnicos o "razas".[4]

Wilhelm Marr, creador del término "antisemitismo"

Sin embargo, a mediados del siglo XIX se empieza a pasar del concepto lingüístico al racial, es decir, de la noción de lenguas semíticas al de "raza" semita opuesta a la "raza" indoeuropea o aria, todo ello ligado al nacimiento del racismo. Entre 1853 y 1855 el francés Arthur de Gobineau publica su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas que es el libro que inaugura el racismo —aunque Gobineau no era antisemita— y en 1855 el también francés Ernest Renan publica en París Histoire générale et système comparé des langues sémitiques, en el que afirma que los pueblos semitas son inferiores a los pueblos arios, por lo que aboga por depurar el cristianismo de todos sus elementos semíticos.[5] Así pues, semita se empezó a utilizar a mediados del siglo XIX para designar a los pueblos hablantes de las lenguas semíticas y sus realizaciones culturales. Pese a carecer de toda base étnica, y al igual que sucedió con el término ario, la voz semita se transfirió de su significado lingüístico original a un nuevo significado racial.

Primera página de 1893 del periódico antisemita francés La libre parole, fundado por Édouard Drumont, en el que aparece una caricatura sobre la "ambición judía" de dominar el mundo ("Su patria", se lee al pie), y en la que el judío está representado por unos supuestos rasgos "raciales" que lo definen e identifican, como la enorme nariz aguileña. Compárese con la representación medieval de dos judíos, que aparece en el apartado siguiente

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El término antisemitismo aparece poco después, en 1873, por obra del periodista alemán Wilhelm Marr. Lo utiliza para descalificar a los judíos, definidos como un grupo étnico, como una "raza", no como los seguidores de una determinada religión, por lo que para Marr y para todos los antisemitas posteriores los judíos seguían siendo judíos aunque se convirtieran al cristianismo, lo que diferenciaba el antisemitismo del antijudaísmo tradicional defendido por el cristianismo desde el sus comienzos —un judío convertido al cristianismo dejaba de ser judío y pasaba a ser cristiano—. Como han destacado muchos autores, recurrir a la palabra "antisemitismo" para designar el rechazo racial a los judíos "no deja de presentar una contradicción interna: el antisemitismo viene dirigido únicamente contra los judíos, cuando, en rigor, tan semitas son los árabes como los judíos".[6]

Marr desarrolló el nuevo concepto de antisemitismo en su libro publicado en 1879 Zwanglose Antisemitische Hefte (y Wilhelm Scherer empleó ese mismo año el término Antisemiten en Neue Freie Presse), aunque lo utilizó por primera vez en un panfleto antisemita que exhortaba a la hostilidad contra los judíos desprovisto de toda connotación religiosa. El panfleto de Marr, publicado en Berna, tuvo mucho éxito (doce ediciones en el mismo año) y fundaría unos meses después la Liga de los antisemitas (Antisemiten-Liga).

En 1886 se publica en Francia uno de los libros antisemitas de mayor impacto, La France juive, essai d'histoire contemporaine de Edouard Drumont, en el que se señala a la raza "inferior" de los judíos que pretende dominar a la "raza aria", como la responsable de todos los males que está padeciendo Francia y Occidente. Para dar mayor difusión a sus ideas antisemitas Drumont, ferviente católico, funda un periódico, La libre parole, que tendrá un especial protagonismo cuando estalle el caso Dreyfus en la década final del siglo XIX.[7]

En 1905 apareció el libelo antisemita más conocido Los protocolos de los sabios de Sion, elaborado por un agente de la policía zarista,[8] que influyó poderosamente en Mi lucha de Adolf Hitler, quien proponía una solución final al problema judío, la cual llevó al Holocausto, que tuvo lugar en la Alemania nazi cuando Hitler llegó al poder.

El nacimiento del antisemitismo como corriente de pensamiento moderno también está ligado a la eclosión de los nacionalismos en el siglo XIX europeo, que tuvieron como bandera común la idea "un pueblo, un Estado" y que está en el origen del concepto de Estado-nación. Al calor de esa idea se formaron diversos Estados europeos, surgidos del desmembramiento de los imperios o bien a través de la unificación de Estados con similar cultura y lengua, (como Italia y Alemania). Paralelamente a ese desarrollo nacionalista, y atravesándolo en muchas ocasiones, evolucionó el moderno antisemitismo, que en esencia consideraba a los judíos como pueblo apátrida, ajenos al cuerpo de la nación y enemigos potenciales de ésta.

Antijudaísmo y antisemitismo[editar]

Representación medieval de dos judíos alemanes, con los típicos sombreros que los identificaban, ya que era imposible distinguir por sus rasgos físicos a los judíos de los que no lo eran. Compárese con la caricatura del judío que aparece en el apartado anterior

Hay historiadores que restringen el uso del término antisemitismo a la Edad Contemporánea —cuando se inventó el racismo y el antisemitismo como un derivado suyo—. Para designar el odio y rechazo de los judíos de épocas anteriores proponen utilizar el término antijudaísmo. Es el caso del hispanista francés, Joseph Pérez, quien al referirse a la discriminación de los judíos desde los siglos IV y V d.C. y a lo largo de la Edad Media habla de "antijudaísmo, no antisemitismo". Su argumentación es la siguiente:[9]

En la Edad Media, los judíos han tenido mala prensa; se les ha perseguido, maltratado, discriminado, pero no porque pertenecieran a una raza maldita, en el sentido que la palabra raza cobrará andando el tiempo, sino porque siguen fieles al credo religioso considerado como incompatible con la religión dominante —el Islam o el cristianismo—; el día que un judío se convierte, deja de ser judío, por lo menos en la opinión de las autoridades y de las elites, no así entre las masas. [...] Lo que hubo en la Edad Media, en España, como en toda la cristiandad, no fue antisemitismo, sino antijudaísmo; un antijudaísmo constantemente reivindicado por la Iglesia católica desde los orígenes del cristianismo

Sin embargo, la hostilidad hacia los judeoconversos en los reinos ibéricos medievales —como lo demuestra la revuelta anticonversa de Toledo de 1449— y en la posterior Monarquía Hispánica —con la implantación de los estatutos de limpieza de sangre, para diferenciar a los cristianos nuevos de los cristianos viejos—, plantea dudas sobre la tajante separación entre antijudaísmo y antisemitismo, ya que en este caso la hostilidad y la discriminación hacia los judíos no se basaría en su identidad religiosa sino en una cierta identidad "racial". Joseph Pérez considera, por el contrario, que la discriminación de los "cristianos nuevos", con la creación de los estatutos de limpieza de sangre, no "se refería a supuestas características biológicas de los judíos; fue un concepto social y no racial: aludía al linaje, no a la raza; fue una reacción de plebeyos contra hidalgos, una especie de compensación ideológica: uno puede comprar la hidalguía si tiene dineros para ello, pero no puede comprar la limpieza [de sangre] que viene a ser, por lo tanto, una nobleza natural superior a la otra". Joseph Pérez recuerda que la palabra "sangre" en el siglo XVI es equivalente a linaje por lo que la expresión "pureza de sangre" (pureté de sang en Francia), equivaldría a la ausencia de herejía entre los ascendientes de una familia.[10]

Historia[editar]

El antisemitismo ha adoptado formas diversas a lo largo del tiempo y estas no siempre son reconocidas como tales. El escritor argentino Ernesto Sabato expresó en 1979 que las formas asumidas por el antisemitismo muchas veces son completamente incongruentes entre sí:

Violando [...] la lógica aristotélica, el antisemita dirá sucesivamente—y aún simultáneamente—que el judío es banquero y bolchevique, avaro y dispendioso, limitado a su gueto y metido en todas partes. [...] La judeofobia es de tal naturaleza que se alimenta de cualquier manera. El judío está en una situación tal que cualquier cosa que haga o diga, servirá para avivar el resentimiento infundado.

Sabato, Apologías y rechazos, 1979.[11]

Las acusaciones contra los judíos son fundametalmente contradictorias:

Los judíos fueron acusados por los nacionalistas de ser generadores del comunismo; por los comunistas de regir el capitalismo. Si viven en países no judíos, son acusados de dobles lealtades; si viven en el país judío, de ser racistas. Cuando gastan su dinero, se les reprocha ser ostentosos; cuando no lo gastan, ser avaros. Son tildados de cosmopolitas sin raíces o de chauvinistas empedernidos. Si se asimilan al medio, se les acusa de quintacolumnistas, si no, de recluirse en sí mismos.

Perednik, España descarrilada, 2005

Los especialistas suelen distinguir tres épocas claramente diferenciables en la historia del antisemitismo, que ha dado lugar a tres tipos de naturaleza bien distinta:

  • Antisemitismo religioso o antijudaísmo: el cristianismo, que comenzó como movimiento dentro del judaísmo, demonizó al judío a través de toda clase de libelos y fomentó durante siglos el odio antijudío por toda Europa. Además de la hostilidad religiosa, se produjeron las conversiones a la fuerza, que dieron lugar al fenómeno del marranismo. Las persecuciones normalmente tuvieron carácter local. Muchos judíos expulsados se instalaron en tierras del Islam, donde corrieron distinta suerte según lugares y épocas, desde la tolerancia legal como grupo social inferior (véase dhimmi) hasta eventuales persecuciones y matanzas, pero en general no sufrieron el acoso al que se vieron sometidos sus correligionarios europeos, ni se les obligó de forma directa a convertirse a la fe musulmana (aunque hay documentadas conversiones forzosas), si bien la situación de inferioridad y de indefensión eran una invitación a convertirse al Islam.
  • Antisemitismo racial o antisemitismo (propiamente dicho): Esta es la forma más letal. A finales del siglo XIX, cuando los prejuicios religiosos comienzan a quedar desacreditados gracias al liberalismo y a las ideas de la Ilustración, surge en Alemania y después en Francia una nueva fase del antisemitismo –el antisemitismo por antonomasia–, esta vez vinculado a la noción de raza y a la construcción de las naciones, sin connotaciones religiosas, sino nacionalistas y racistas, y circunscrito principalmente a Europa. Tuvo su máxima expresión durante el nazismo.
  • Antisemitismo ideológico o neoantisemitismo: Tras conocerse el Holocausto y después del Concilio Vaticano II, el antisemitismo tradicional, basado en la raza o en la religión, prácticamente había desaparecido. Según algunos autores, surge entonces un nuevo antisemitismo,[12] que esta vez estaría asociado a la nueva izquierda postsesentayochista y al mundo islámico, y se centra en la legitimidad del Estado de Israel y del conflicto territorial en Oriente Medio. A juicio de los autores que propugnan el concepto, este nuevo antisemitismo «demoniza» el sionismo (al convertirlo en sinónimo de «colonialismo», «imperialismo», «supremacismo» y «racismo») y a «Israel» (como abstracción que encarna nuevamente el mal absoluto, el «judaísmo mundial» y lo «eterno judío»). Aunque no todo el antisionismo es antisemita, este concepto ha servido como refugio de un nuevo antisemitismo.

Jerome Chanes señala 6 fases en la historia del desarrollo del antisemitismo: 1. Anti-judaísmo pre-cristiano en la Grecia y Roma antigua el cual era inicialmente de naturaleza étnica. 2. Antisemitismo cristiano en la antigüedad y en la Edad Media cuya base era primeramente religiosa y se extendió hasta los tiempos modernos. 3. Antisemitismo tradicional musulmán el cual en un principio estaba basado en que los judíos eran una clase protegida. 4. Antisemitismo político, social y económico en la Ilustración y Post-Ilustración europea el cual sentó la base del antisemitismo racial. 5. Antisemitismo racial el cual emergió en el siglo IXX y culminó con el Nazismo en el siglo XX. 6. Antisemitismo contemporáneo el cual ha sido denominado por algunos como Neoantisemitismo. Chanes sugiere que estas seis fases pueden anexarse en tres categorías: "antisemitismo antiguo, el cual fue primeramente de carácter étnico; antisemitismo cristiano, de base religiosa; y el antisemitismo racial de los siglos IXX y XX.[13]

El mundo antiguo[editar]

El primer ejemplo de anti-judaísmo se remonta en Alejandría en el siglo III a. C.[14] Alejandría era el hogar de la mayor comunidad judía en la diáspora del mundo durante este período y el lugar donde la Septuaginta, traducción griega de la Bilblia hebrea, fue creada. Manetón, un historiador y sacerdote egipcio de esa era, escribió refiriéndose de forma humillante sobre los judíos. Manetón dio cuerpo a los odios populares. Consideraba a los judíos descendientes de los hyksos usurpadores, tribu de leprosos y decía que fueron echados por sus sacrilegios y su impiedad. Los describía como seres retardados, leprosos; a quienes en determinadas épocas los egipcios arrojaron de su país por el temor de que contaminasen su población. Estos temas se repiten en Queremón de Alejandría, Lisímaco, Posidonio, Apolonio Molón, y en Apión y Tácito.[14] Agatárquidas de Cnido puso en ridículo las prácticas de los judíos y lo "absurdo de su ley", burlándose de la forma en que Ptolomeo logró invadir a Jerusalén en el año 320 a. C. como consecuencia de que sus habitantes estaban honrando el Sabbat.[14]

Uno de los primeros decretos anti-judíos, fue promulgado por Antíoco IV Epífanes aproximadamente entre 167-170 a. C., provocando la revolución de los Macabeos en Judea. En base a los escritos anti-judíos de Manetón, los orígenes del antisemitismo pueden remontar en Egipto y fue esparcido por "la difusión griega de los prejuicios del antiguo Egipto".[15]

El filósofo judío Filón de Alejandría describe un ataque en contra de los judíos de Alejandría en el año 38 d. C. en el cual murieron cientos de judíos.[16] [17] La violencia en Alejandría puede haber sido causada por el retrato de los judíos como misántropos.[18] Tcherikover argumenta que la razón del odio contra los judíos en el período helenístico fue su separación en las ciudades griegas, las polis.[19] Sin embargo, Bohak ha argumentado que la hostilidad temprana en contra de los judíos no puede ser considerada como anti-judía o antisemita salvo que tenga origen en actitudes sostenidas solamente en contra de los judíos, y que los griegos han mostrado hostilidad en contra de cualquier grupo considerados como bárbaros.[20] En muchas obras de los griegos y romanos se pueden encontrar declaraciones en contra de los judíos y su religión. Edward Flannery ha escrito que lo que señaló a los judíos fue su negación en aceptar las normas sociales y religiosas griegas. Hecateo de Abdera, un historiador griego del siglo III a. C., escribió que Moisés "como recordación del exilio de su pueblo, les instruyó una forma de vida misántropa e inhóspita". Manetón, por su parte escribió que los judíos eran leprosos expulsados de Egipto quienes fueron enseñados por Moisés a "no adorar a los dioses". Edward Flannery describe al antisemitismo en los tiempos antiguos como esencialmente cultural, tomando la forma de xenofobia nacionalista en el ambiente político".[14]

Existen ejemplos de gobernantes helenísticos que han profanado el Templo de Jerusalén y prohibido las prácticas religiosas judías, tales como la circuncisión, la conservación del Sabbat, el estudio de libros judíos religiosos, etcétera. Otro ejemplo puede encontrarse en las revueltas anti-judías en Alejandría en el siglo III a.C..

La diáspora judía en la isla Elefantina del Nilo, la cual fue fundada por mercenarios, también experimentó la destrucción de su Templo en el año 410 a.C..[21]

Las relaciones entre el pueblo judío y los ocupantes del Imperio Romano eran muchas veces antagónicas y tenían serias rebeliones como resultado. Según Suetonio, el emperador Tiberio expulsó a los judíos romanos que habían ido a vivir allí. El historiador Edward Gibbon señala al año 160 d. C. como un período más tolerante en las relaciones Judeo-romanas. Sin embargo, una vez en que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano, empeoró la actitud del estado en contra de lo judíos.[14]

James Carroll afirma: "Los judíos representaban el 10% de la población total del Imperio Romano. En base a esta proporción, si no hubieran intervenido factores tales como pogroms y conversiones, hoy día deberían de haber 200 millones de judíos en el mundo en lugar de alrededor 13 millones.[22] [23]

Persecuciones en la Edad Media[editar]

Desde el siglo 9 d. C., el mundo islámico medieval ha clasificado a los judíos (y cristianos) como dhimmi, y han permitido a los judíos practicar su religión más libremente que en la Europa Cristiana Medieval. Bajo la ley islámica, hasta fines del siglo XI fue una era de oro en la cultura judía de España.[24] Esta etapa culminó cuando en la península Ibérica tuvieron lugar pogromos musulmanes en contra de los judíos, incluyendo los pogromos ocurridos en Córdoba en el año 1011 y en Granada en el año 1066.[25] [26] [27] Numerosos decretos que ordenaban la destrucción de sinagogas fueron propagados también en Egipto, Siria, Iraq y Yemen desde el siglo XI. Además, los judíos fueron forzados a convertirse al Islam o a enfrentarse a la muerte en algunos lugares de Yemen, Marruecos y Bagdad entre los siglos XII y IIXX.[28] Los almohades, quienes tomaron el control de los territorios almorávides de Magreb y andaluces en el año 1147[29] , eran aún más fundamentalistas en su perspectiva a comparación de sus procederes, y trataron a los dhimmis con dureza. Muchos judíos y cristianos emigraron ante la opción entre la muerte o la conversión. [30] [31] [32] Algunos, como la familia de Maimónides, huyeron hacia el Oriente, territorios musulmanes más tolerantes[30] , mientras que otros fueron hacia el norte asentándose en los reinos cristianos en crecimiento.[33]

La persecución en contra de los judíos tuvo lugar en numerosos lugares de Europa durante la Edad Media, a través de libelos de sangre, expulsiones, conversiones forzadas y masacres. La justificación principal de los perjuicios en contra de los judíos en Europa era de base religiosa. La persecución alcanzó su primer pico durante las Cruzadas. En la primera cruzada (1906) cientos y miles de judíos fueron asesinados con la llegada de las cruzadas.[34] Este fue el primer arranque Cristiano de violencia anti-judía en Europa en las afueras de España y fue citado por los sionistas en el siglo IXX como la necesidad de un Estado de Israel.[35]

En las segundas cruzadas (1147) los judíos en Alemania fueron objetos de numerosas masacres. Los judíos fueron también objetivos en los ataques de las cruzadas de los Shepherds entre los años 1251 y 1320. Las cruzadas fueron sucedidas por expulsiones, entre ellas, la expulsión de todos los judíos ingleses en el año 1290; la expulsión de 100,000 judíos de Francia en el año 1396; y la expulsión de miles de judíos de Austria en al año 1421. Muchos de los judíos expulsados huyeron a Polonia.[36]

En la Europa medieval y renacentista, uno de los mayores factores que contribuyeron al aumento del sentimiento antisemita y a las acciones legales entre las poblaciones cristianas fue la fervorosa predicación popular de las reformas de las órdenes religiosas, los franciscanos (especialmente Bernardino de Feltre) y los dominicanos (especialmente Vincent Ferrer), quienes recorrieron Europa y promovieron el antisemitismo a través de sus feroces advocaciones emocionales.[37]

A medida que la epidemia de peste negra iba devastando a Europa a mediados del siglo IVX, causando la muerte de una gran parte de la población, los judíos fueron usados como chivo expiatorio. Los rumores esparcieron que estos eran los causantes de la peste a través del envenenamiento premeditado de las fuentes de agua. Cientos de comunidades judías fueron destrozadas. Aunque el papa Clemente IV trató de protegerlos mediante la emisión de dos bulas papales en el año 1348, 900 judios fueron quemados vivos en Estrasburgo, ciudad donde todavía no había sido afectada por la plaga.[38]

El siglo XVII[editar]

Entre mediados y fines del siglo XVII la Mancomunidad de Polonia-Lituania (República de las Dos Naciones) fue devastada por numerosos conflictos, en los cuales la mancomunidad perdió un tercio de su población (aproximadamente 3 millones de personas), y miles de judíos se encontraban entre ellos. El primero de estos conflictos fue la Rebelión de Jmelnytsky, cuando los partidarios del atamán Bohdán Jmelnytsky masacraron a decenas de judíos en las áreas del este y del sur controladas por este último (hoy día Ucrania). El número preciso de los muertos nunca será sabido, pero la disminución de la población de esta época está estimada entre 100,000 y 200,000 personas, la cual también incluye la emigración, defunción por enfermedades y el cautiverio en el Imperio Otomano.[39] [40]

Los inmigrantes europeos a Estados Unidos han llevado el antisemitismo a dicho país a comienzo del siglo XVII. Peter Stuyvesant, el gobernador danés de Nueva Amsterdam, implementó planes para impedir el asentamiento de los judíos en esta ciudad. Durante la época colonial, al gobierno americano limitó los derechos políticos y económicos de los judíos. Solo después de la revolución americana los judíos obtuvieron derechos legales, incluyendo el derecho del voto. Sin embargo, las restricciones para con los judíos en Estados Unidos nunca fueron tan estrictas como en Europa.[41]

Iluminismo[editar]

En 1744, Federico II el Grande de Prusia limitó el número de judíos que tenían permitido vivir en Breslavia a solo familias judías "protegidas" y alentó a una práctica similar en otras ciudades de Prusia. En 1750 los judíos "protegidos" fueron puestos ante la alternativa de "abstenerse al matrimonio o abandonar Berlín". María Teresa I de Austria, la archiduquesa de Austria fue posiblemente la monarca más antisemita de la época ya que heredó todos los prejuicios tradicionales de sus antepasados a los que agregó nuevos prejuicios debido a su profunda devoción religiosa.[42] En 1750, ordenó a los judíos a abandonar a Bohemia, pero luego cambió de postura con la condición de que los judíos pagaran por su readmisión cada diez años. Esta extorción es conocida como "malke-geld" (el dinero de la reina). En 1752, introdujo la ley que limitaba a los judíos a tener un solo hijo. En 1777 escribió sobre los judíos: «No conozco mayor plaga que esa raza debido a que su falsedad, su usura y su avaricia nos está llevando a la ruina. Por lo tanto, en la medida de lo posible, los judíos deben ser aislados y evitados.»[43] En 1782, José II de Habsburgo abolió la mayoría de las prácticas de persecución en el Toleranzpatent, con la condición que el yidish y el hebreo fueran eliminados de los registros públicos y que la autonomía judicial fuera anulada. Moses Mendelssohn escribió que "Dicha tolerancia… es un juego aún más peligroso en la tolerancia que en una persecución abierta". En 1742, Rusia canceló los derechos a los judíos del imperio y los consideró desde entonces como población extranjera. En 1772, la emperatriz Catalina II de Rusia forzó a los judíos de la Zona de Asentamiento a quedarse en sus shtetls y les prohibió regresar a los pueblos que habitaban antes de la división de Polonia.[44] Un decreto de 3 de enero de 1792 inició formalmente el régimen de la empalizada de establecimiento, según el cual los judíos estaban autorizados a residir libremente sólo en la parte más occidental del Imperio y sin acercarse a los grandes núcleos urbanos rusos Esto inició una etapa de antisemitismo informal que degeneró en discriminación violenta en los últimos períodos del Imperio. De acuerdo con Arnold Ages, "las obras de Voltaire están llenas de comentarios sobre los judíos y el judaísmo y la gran mayoría son negativos".[45] Paul H. Meyers agregó: "No hay duda de que Voltaire, especialmente en sus últimos años, alimentó el violento odio contra los judíos y es igual de cierto que su hostilidad… tuvo un considerable impacto en la opinión publica de Francia".[46] Treinta de los 118 artículos del Diccionario Filosófico de Voltaire estaba relacionado con los judíos y consistentemente los describía en términos negativos.[47]

El antisemitismo islámico en el siglo XIX[editar]

El historiador Martin Gilbert escribió que fue en el siglo XIX cuando la posición de los judíos empeoró en los países musulmanes. Benny Morris argumentó que el fenómeno del lanzamiento de piedras a los judíos por los niños musulmanes simboliza dicha degradación. Morris cita a un viajante del siglo XIX: "He visto a un hombrecillo de seis años de edad, con una tropa de niños de solo tres y cuatro años enseñándoles a lanzar piedras a un judío, y un pilluelo con la mayor sangre fría avanzó hacia el hombre y escupió literalmente a su gabardina. A todo esto el judío se vio obligado a doblegarse, si golpeaba al mahometano le valdría su vida".[48]

A mediados del siglo XIX, J.J. Benjamín escribió sobre la vida de los judíos de Persia, describiendo condiciones y creencias que se remontaban al siglo XVI: "… ellos son obligados a vivir en partes separadas de las ciudades… Bajo el pretexto de ser impuros, son tratados con mucha severidad y en caso de entrar a una calle, habitada por musulmanes, son hostigados por los jóvenes y la muchedumbre con piedras y suciedad…".[49]

El antisemitismo contemporáneo o moderno[editar]

Caricatura antisemita austro-húngara de 1873

Con el término antisemitismo contemporáneo —también llamado antisemitismo moderno—, se hace referencia al antisemitismo surgido en la segunda mitad del siglo XIX en Europa y que presenta importantes novedades respecto al antijudaísmo cristiano de los siglos anteriores. La primera es que los judíos son considerados como los enemigos de todo el género humano —no sólo de Cristo y de su Iglesia, aunque esa percepción se mantiene— ya que, según los nuevos antisemitas, los judíos han puesto en marcha una gran conspiración mundial destinada a dominar a todos los pueblos de la tierra. La segunda es la propia definición del judío, que deja de ser identificado con un grupo religioso, para pasar a serlo de una "raza", aunque estos nuevos antisemitas no dejarán de recurrir a las viejas acusaciones contra los judíos —como profanadores de hostias o autores de crímenes rituales— propias de la tópica imagen diabólica medieval del judío que sigue viva en el antisemitismo contemporáneo.[50]

Según el historiador español Gonzalo Álvarez Chillida el nuevo antisemitismo se explica por el cambio de la posición de los judíos en el seno de las sociedades europeas occidentales tras las revoluciones liberales que pusieron fin a las discriminaciones legales que sufrían -sin embargo, en la Europa oriental, con Rusia a la cabeza, se mantuvieron-. Así "las viejas comunidades judías, discriminadas y encerradas en sus guetos" pasaron a ser comunidades florecientes y emancipadas cada vez más integradas en la sociedad gentil y con algunos de sus miembros experimentando un rápido ascenso social, como los banqueros Rothschild. Es precisamente este ascenso de los "antiguos parias del gueto" lo que provoca en gran medida la reacción antisemita de ciertos sectores. "En una época de crisis de las identidades tradicionales y construcción de las nuevas nacionales, se produjo el rechazo del judío advenedizo que deseaba integrarse, borrando las viejas barreras".[51]

En la elaboración del mito de la conspiración judía desempeñó un papel esencial la novela Coningsby (1844) de Benjamin Disraeli —el futuro primer ministro británico que era de origen judío pero desconocía la religión y la cultura hebreas— en la que se habla de la existencia de un gobierno mundial secreto de los judíos que controla a los gobiernos, domina las finanzas y maneja a su antojo a los socialistas y a los revolucionarios, y hasta a los jesuitas. Otro jalón en la construcción del mito fueron las actividades de la Alliance Israelite Universelle fundada por los judíos franceses para ayudar a los comunidades judías perseguidas o en dificultades, que alimentó la idea del judío cosmopolita sin patria que sólo se mueve en defensa de sus propios intereses y cuyo fin es dominar el país que lo acoge.[52]

En los años 70 y 80 del siglo XIX es cuando el antisemitismo contemporáneo se desarrolla en Alemania, Austria-Hungría, Rusia, Francia e Italia. En Alemania es donde adquiere un carácter más claramente racista, mientras que en el resto de los países predominó el de raíz cristiana. En Francia fue la publicación de la obra "La Francia judía" de Édouard Drumont la que impulsó el movimiento antisemita -el libro tuvo 145 ediciones en menos de dos años, y cincuenta más hasta 1914- que alcanzó su cenit en la última década del siglo con motivo del affaire Dreyfus.[53]

Antisemitismo secular o racial[editar]

En 1850 el compositor alemán Richard Wagner publicó Das Judenthum in der Musik (El judaísmo en la música) ) bajo el seudónimo de K. Freigedank (K. Librepensamiento). El artículo comenzó con un ataque a los compositores judíos, particularmente a los contemporáneos (y adversarios) de Wagner Felix Mendelssohn y Giacomo Meyerbeer, pero se expandió a acusar a los judíos de ser un elemento dañino y extraño en la cultura alemana. También puede verse antisemitismo en los cuentos de los hermanos Grimm, publicados entre 1812 y 1857. Los judíos son principalmente caracterizados como los villanos de la historia, como en "Un buen negocio" y "El judío en las espinas". A mediados del siglo IXX se vió un continuo acoso a los judíos, especialmente en el este de Europa bajo la influencia zarista. Por ejemplo, en 1846, 80 judíos acometieron al gobernador de Varsovia para conservar el derecho de usar su vestimenta tradicional, pero fueron inmediatamente amonestados cortándoles el pelo y la barba forzadamente.[54]

En Estados Unidos, figuras influyentes tales como Walt Whitman toleraban el fanatismo contra los judíos. Durante el tiempo en el que estuvo como editor del Brookling Eagle (1846-1848), el periódico publicó bosquejos históricos en los cuales trazaban a los judíos en una forma negativa.[55]

El Caso Dreyfus fue un infame evento antisemita a finales del siglo IXX y a comienzo del siglo XX. Alfred Dreyfus, capitán del ejército francés, fue acusado en 1894 de revelar datos confidenciales a los alemanes. Como consecuencia de estos cargos, Dreyfus fue condenado y sentenciado a cadena perpetua en la Isla del Diablo por delito de alta traición. En 1896, el coronel Georges Picquart, jefe del servicio de contraespionaje, comprobó que el verdadero espía había sido el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy. El hecho causó un gran revuelo entre los franceses, con la elección pública de si Dreyfus era culpable o no. El Estado Mayor se negó, sin embargo, a reconsiderar su decisión y sacó a Picquart de Francia destinándolo al norte de África. El escritor Émile Zola acusó al ejército de corromper el sistema judicial francés. Sin embargo, el consenso general sostenía que Dreyfus era culpable: el 80% de la prensa de Francia lo condenaba. En 1898 el Tribunal Supremo reanudó el caso, Dreyfus fue condenado otra vez, aunque a diez años de trabajos forzados, pero mencionando que existían «circunstancias atenuantes». En 1906 su inocencia fue reconocida oficialmente por la Corte de Casación a través de una sentencia que anuló el juicio de 1899 y Dreyfus fue reintegrado al ejército con el rango de Comandante. Sin embargo, la actitud mayoritaria de la población de Francia revela el antisemitismo subyacente de tal período.[56]

Adolf Stoecker, sacerdote luterano, fundó en 1878 el partido político antisemita y antiliberal llamado el "Partido Cristiano-Social Obrero".[57] [58] Este partido siempre se mantuvo pequeño y su apoyo disminuyó luego de su muerte, y la mayoría de sus miembros se unieron a grupos conservadores más grandes, como el Partido Nacional-Popular Alemán.

Algunos estudios consideran al ensayo de Karl Marx "Sobre la cuestión judía" como antisemita, argumentando que en sus escritos utilizó epítetos antisemitas.[14] [59] [60] Estos estudios argumentan que en sus ensayos Marx equipara al judaísmo con el capitalismo. Algunos hasta sostienen que los ensayos influyeron al Nacional Socialismo y al antisemitismo soviético y árabe.[61] [62] El propio Marx tenía ascendencia judía, y Albert Lindemann y Hyam Maccoby sostienen que estaba avergonzado de su ascendencia.[63] [64] Otros argumentan que Marx apoyaba consistentemente a familias judías de Prusia a conseguir igualdad de derechos políticos. Estos estudios argumentan que "Sobre la cuestión judía" es una crítica a los argumentos de Bruno Bauer en los cuales los judíos deben convertirse al cristianismo antes de ser emancipados, y es en general una crítica sobre los discursos de los derechos liberales y el capitalismo.[65] [66]

El siglo XX[editar]

Entre 1900 y 1924, aproximadamente 1.75 millones de judíos migraron a Estados Unidos, la mayor parte era proveniente de Europa del Este. Antes del año 1900 los judíos americanos formaban menos del 1% de la población pero alrededor del año 1930 formaban alrededor del 3.5% de la población. Este aumento, combinado con la movilidad ascendente de algunos judíos, contribuyó al resurgimiento del antisemitismo. En la primera mitad del siglo XX, en Estados Unidos, los judíos eran discriminados en cuanto a empleos, acceso a las zonas residenciales y centros de recreo, membrecías a clubes y organizaciones, y también en los cupos de inscripción y posiciones de enseñanza en los colegios y universidades. En el año 1915, el linchamiento de Leo Frank por una notable multitud de ciudadanos en Marietta, Georgia focalizó el antisemitismo en los Estados Unidos.[13] Dicho caso también fue utilizado para obtener el apoyo a la renovación del Ku Klux Klan, el cual había estado inactivo desde el año 1870.[67]

A comienzos del siglo XX, el juicio de Beilis en Rusia simbolizó los incidentes de los libelos de sangre en Europa. Los cristianos utilizaban las denuncias en contra de los judíos que los acusaban de matar a los cristianos como justificación para el asesinato de judíos. El antisemitismo en Estados Unidos alcanzó su cima durante el periodo de entreguerras. El pionero de manufacturación automovilística Henry Ford propagó ideas antisemitas en su periódico "The Dearborn Independent" (publicado por Ford desde el año 1919 hasta el año 1927). Los discursos en la radio del padre Coughlin a finales del año 1930 atacaron al New Deal (Nuevo Trato) de Franklin D. Roosevelt y promovieron la idea de una conspiración financiera judía. Algunos de los políticos destacados compartían estas opiniones: Louis T McFadden, presidente del Comité de la Cámara de Representantes para la Banca y la Moneda, aseguraba que los judíos controlaban la economía americana, y que los Estados Unidos debía escoger entre ‘Dios y los cambistas de dinero que se llevan nuestro oro y nuestro dinero legítimo’. Este mismo culpó a los judíos a causa de la decisión de Roosevelt de abandonar el patrón de oro y afirmaba que "en los Estados Unidos de hoy, los gentiles tienen pedazos de papel mientras que los judíos tienen todo el dinero legítimo".[68] A comienzo del año 1940 el aviador Charles Lindbergh y numerosos americanos destacados llevaron a cabo el Primer comité americano en oposición a cualquier participación en la guerra contra el fascismo. Durante la década de 1930, la Federación germano-americana organizó desfiles en Nueva York, en donde sus miembros usaban uniformes nazis y banderas con la cruz esvástica entre las banderas americanas. Con el comienzo de la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial la mayoría de los miembros de la federación fueron colocados en campos de reclutamiento o fueron deportados a finales de la guerra. Hubieron también disturbios raciales, como en Detroit en el año 1943, los cuales tenían como objetivo el saqueo y el quemar los negocios judíos.[69]

En Alemania, el nazismo liderado por Adolf Hitler y el partido nazi, el cual alcanzó el poder el 30 de enero de 1933, instituyó una legislación represiva negando derechos civiles básicos a los judíos. En 1935, Leyes de Núremberg prohibió las relaciones sexuales y el matrimonio entre "arios" y judíos considerándolo como Rassenschande (vergüenza de la raza) y anuló la ciudanía a todos los judíos alemanes, incluyendo a los que fueran 1/4 o 1/2 judíos (pasando a convertirse oficialmente en "sujetos del Estado"). En 1936, los judíos fueron eliminados de todas las profesiones, previendo que tuvieran alguna influencia en educación, política, docencia universitaria e industria. Entre la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, tuvieron lugar una serie de pogromos conocidos como La Noche de los cristales rotos (Kristallnacht), en la cual muchos judíos fueron asesinados, sus propiedades fueron atacadas y sinagogas fueron incendiadas.[70] El movimiento, la propaganda y las leyes antisemitas se fueron esparciendo en Europa bajo la conquista del dominio Alemán. En Europa Oriental, el Tercer Reich obligó a los judíos a vivir en guetos como en Varsovia, Cracovia, Leópolis, Lublin y Radomsko.[71] Después de la invasión de la Unión Soviética en 1941, se llevó a cabo el asesinato masivo, dirigido por el Einsatzgruppen (grupos operativos), dando fin al genocidio sistemático entre los años 1942 y 1945: el Holocausto.[72] . Once millones de judíos fueron el objetivo de la exterminación nazi, y aproximadamente seis millones de judíos fueron asesinados.[72] [73] El antisemitismo fue comúnmente utilizado como un instrumento de conflictos personales, comenzando con el conflicto entre Iósif Stalin y León Trotski y continuando a través de numerosas teorías de conspiración difundidas por la propaganda oficial. El antisemitismo en la Unión Soviética alcanzó nuevas cimas luego del año 1948 durante la campaña en contra los "cosmopolitas desarraigados" (eufemismo de "Judío"), en la que numerosos poetas, escritores, pintores y escultores de la lengua idish fueron asesinados o arrestados.[74] [75] Esto culminó en lo conocido como el Complot de los médicos (1952-1953). Una propaganda antisemita similar en Polonia provocó la huida de sobrevivientes judíos polacos del país.[75]

Posteriormente a la guerra, el pogromo de Kielce y <<los acontecimientos de marzo de 1968>> en la Polonia comunista representaron incidentes antisemitas en Europa. La violencia anti-judía en la Polonia de la posguerra tiene los rumores de los libelos de sangre como tema común.[76] [77]

En el año 1965, el Papa Pablo VI promulgó un decreto papal de disolver el culto a Simón de Trento, el santuario erigido a este fue desmantelado.[78]

Situación actual[editar]

En marzo de 2008, un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos estableció que hubo un aumento de antisemitismo alrededor del mundo y que sigue persistiendo tanto la manifestación antisemita antigua como moderna.[79] Un reporte del año 2012 presentado por La Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de Estados Unidos, también ha observado un aumento continuo del antisemitismo en el mundo y estableció que la negación del holocausto y la oposición a la política israelí muchas veces son usadas para promover o justificar al evidente antisemitismo.[80]

Formas de antisemitismo[editar]

Algunas de las formas más persistentes del antisemitismo tradicional se basan en estereotipos, calumnias y mitos que han perdurado durante siglos, y que todavía dejan rastro en el lenguaje, en la cultura y en frases hechas. Otras, como el mito del dominio mundial, son formulaciones más modernas y plenamente vigentes. A continuación se citan algunas de las formas de antisemitismo más conocidas:

Mito del deicidio[editar]

El deicidio –el asesinato de Dios– es el mito antisemita más antiguo y el más importante, hasta la irrupción del actual mito sobre la dominación mundial. Su base está en una interpretación trinitaria de Mateo 27:15-25. En este pasaje los habitantes de Jerusalén liderados por el sumo Sacerdote Caifás le exigen a Pilatos que condene a Jesucristo. Según la doctrina de la trinidad, el matar a Jesús equivaldría a matar a Dios mismo hecho carne. El mito del deicidio fue invocado por vez primera por Melitón, obispo de Sardes, hacia el año 150: «Dios ha sido asesinado, el Rey de Israel fue muerto por una mano israelita.» Durante siglos, esto fue repetido, generación tras generación y, aunque nunca fue doctrina oficial de la Iglesia, estaba tan arraigado en los sermones cristianos que el Concilio Vaticano II, en 1965, tuvo que ocuparse de ello. En su declaración Nostra Aetate dispuso que «no puede ser imputado indistintamente ni a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. No se ha de señalar a los judíos como réprobos de Dios y malditos». Gracias al concilio y a las tajantes intervenciones papales (tanto Juan XXIII como Juan Pablo II se opusieron activamente al tradicional antisemitismo), pero también a la pérdida de centralidad de las disputas religiosas en las sociedades occidentales, el mito del deicidio está en franca retirada.

La traición de Judas[editar]

Judas Iscariote ha pasado a la tradición cristiana posterior como el traidor por antonomasia. La animadversión popular hacia el personaje se expresa fielmente en la quema, apedreamiento o linchamiento ritual de numerosos muñecos llamados Judas en Carnaval, Semana Santa, año nuevo u otras fiestas populares en distintas celebraciones de España e Hispanoamérica. Esta animadversión hacia Judas, y también hacia los sacerdotes judíos que contrataron sus servicios, fue desviada para que contribuyera al antisemitismo, facilitando la formación de un estereotipo negativo sobre el pueblo judío. A ello ayudó la semejanza entre el nombre de persona Judas y la palabra judío, término que deriva del nombre del reino de Judá (del hebreo יְהוּדָה, Yehudá, hijo de Jacob). La generalización tuvo éxito a pesar de que evidentemente Judas no era el único judío entre los apóstoles, de que los demás apóstoles judíos no traicionaron a Jesús y de que el propio Jesús fue judío.

Leyendas antisemitas[editar]

Leyendas con carácter antisemita, difundidas en tradiciones occidentales. Entre las más conocidas están la leyenda del judío errante y las leyendas sobre Judas.

Libelo de sangre[editar]

Básicamente, consiste en la acusación de que los judíos asesinan a no judíos (en especial cristianos, o bien niños, tanto propios como ajenos) con el fin de utilizar su sangre en la Pascua o en otros rituales. Hubo cientos de libelos basados en esta creencia, con nuevas variantes que se iban incorporando a lo largo de los siglos. Una primera versión está documentada en 1182 en Zaragoza (España) y acabó incluyéndose en El Código de las siete partidas (1263): «Hemos oído decir que en ciertos lugares durante el Viernes Santo los judíos secuestran niños y los colocan burlonamente en la cruz.» No eran simples leyendas para entretener a la audiencia: esos mitos ejercieron de desencadenantes de numerosas persecuciones, ensañamientos y crímenes. Las expulsiones de judíos iban precedidas de un clima hostil creado mediante esta clase de libelos.

A pesar de sus variantes, todos los libelos de sangre siguen un esquema parecido:

  1. Se encontraba un cadáver (habitualmente un niño y cerca de la Pascua cristiana).
  2. Los judíos eran acusados de haberlo asesinado y de usar su sangre con fines rituales (por ejemplo, para amasar el pan ácimo de la Pascua hebrea).
  3. Los principales rabinos eran torturados hasta que confesaban el supuesto crimen.
  4. El resultado era la expulsión de toda la comunidad judía de esa comarca, o directamente su exterminio.

Este mito ha estado tan arraigado en la cultura religiosa española, que es muy fácil seguir su rastro a través de numerosas iglesias que homenajean a niños supuestamente víctimas de los judíos. La literatura ofrece también numerosas muestras: desde el El niño inocente de La Guardia, de Lope de Vega hasta La rosa de pasión de Gustavo Adolfo Bécquer, ambos sobre el santo niño mártir de La Guardia, el libelo de sangre que precedió a la expulsión de los judíos de 1492.

Otro mito relacionado con el libelo de sangre es el de la «profanación de la hostia», que consistía en acusar a los judíos de robar las hostias de la sacristía con el fin de «atormentarlas» y reeditar el sufrimiento de la pasión y el deicidio. Solía tener igualmente consecuencias nefastas para los judíos en forma de persecuciones y matanzas. Un ejemplo es la celebración en Segovia de una supuesta profanación en 1415 que, se dice, provocó un terremoto y que se saldó con la confiscación de la sinagoga y la ejecución de los rabinos.

Mito del dominio mundial[editar]

Edición alemana del El judío internacional de Henry Ford.

Ya en 1807 el canónigo jesuita de la Catedral de Notre-Dame, Agustín Barruel, alertó al gobierno francés acerca de un supuesto complot judío internacional «que transformaría iglesias en sinagogas». No obstante, la plasmación más conocida de este mito son Los protocolos de los sabios de Sion, un libelo escrito en 1902 que, pese a que se sabe falso de forma fehaciente, sigue siendo reeditado sin descanso, especialmente en los países árabes. Hay otras variantes muy extendidas del mito del dominio mundial, como son la «conspiración judeomasónica» (utilizada de forma recurrente por el régimen franquista) o la del «lobby judío» (la pretensión de que «los judíos» son un ente homogéneo que actúa coordinadamente a nivel mundial), esta última especialmente vigente entre la izquierda política y, en general, entre los partidarios de las teorías de la conspiración.[81]

Antisemitismo actual[editar]

Durante al año 2013 hubo un aumento de reportes antisemitas mundial. La Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), publicó un estudio sobre la situación del antisemitismo.[82]

El estudio fue realizado en 8 países principales de Europa en los cuales viven el 90% de la población judía europea, aproximadamente un millón de judíos: Bélgica, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Letonia, Suecia y el Reino Unido—, que constituyen el 90% de la población judía total de la Unión. En la encuesta participaron casi 6,000 personas. Entre los principales resultados se puede ver que un 76% de los participantes siente que el antisemitismo empeoró en los últimos 5 años. Según los datos obtenidos en el estudio un 77% de los hechos de violencia verbal o físicas no son denunciados por la baja probabilidad de que tales denuncias sean tratadas. 38% de los judíos entrevistados dicen no salir a la calle con símbolos judíos tales como la Estrella de David. El 33% temen sufrir un ataque antisemita. El 25% sufrieron durante el último año por lo menos un insulto verbal y el 50% temen sufrir algún tipo de insulto o acoso a lo largo del siguiente año. Entre los países en los cuales se encuentra el mayor aumento de antisemitismo están Hungría, Francia, Bélgica, y Suecia.

El antisemitismo en Internet, también es un problema de los últimos años. 75% de los encuestados en el estudio FRA, ven al antisemitismo en sitios de internet tales como youtube, blogs y redes sociales entre otros. Esto es un problema latente en sus países y aumentó en los últimos 5 años.

Según el informe anual sobre denuncias de casos de antisemitismo publicado por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) en el 2013, el 40% de los ataques antisemitas fue por internet, pasando a ser la vía más utilizada, el 19% fueron en la calle y el 5% en el ámbito laboral. [83]

En el Internet, especialmente en las redes sociales, las falsas teorías antisemitas de conspiración tienen aún más lugar la difusión de. Por ejemplo, en Chile y en Argentina es común ver la difusión en distintas páginas de Internet del Plan Andinia, en el que consta la falsa idea antisemita de que los judíos tienen el plan de conquistar la Patagonia. En Venezuela fue común la difamación también por este medio, que Israel fue el culpable de la muerte de Hugo Chávez. Fuera de las redes sociales, cabe destacar la existencia de páginas de internet antisemitas muy populares que funcionan sin perturbación alguna.

A fines del 2013, se propagó en Francia y luego en otros países de Europa y del mundo en general, el Quenelle, gesto creado por Dieudonné M'bala M'bala (brazo extendido hacia abajo como un saludo nazi invertido y el otro brazo cruzado). Dicho gesto se propagó rápidamente a través del internet y principalmente en las redes sociales. Generalmente el gesto es hecho provocativamente en cercanías de judíos o lugares significativos para la religión judía: sinagogas, cementerios, y lugares de conmemoración del Holocausto. Tal gesto ha llegado inclusive al deporte cuando el futbolista de la liga inglesa Nicolas Anelka celebró uno de sus goles con la tal gesto generando una gran polémica.[84] [85]


Neoantisemitismo y controversias sobre el uso actual del término[editar]

En la actualidad, algunos críticos con las políticas del gobierno israelí denuncian que el término antisemitismo es a veces utilizado de forma impropia para tachar o deslegitimar a aquellos autores que critican las políticas de Israel. Esta es la opinión de autores como Alex Cokburn o el rabino David Saperstein (representante en Washington del Movimiento para la Reforma del Judaísmo),[86] entre otros:

Existen muchos argumentos, desde el punto de vista palestino, para considerar que Israel es de hecho un Estado terrorista. Aun así, si este no fuera el caso, tal aseveración no sería de por sí evidencia de antisemitismo. Únicamente si una pancarta dijese "Todos los judíos son terroristas", estaría Fox en lo correcto. El problema retórico es equiparar "Israel" o "el Estado de Israel" con "judíos", y argumentar que son sinónimos. Ergo, criticar a Israel es ser antisemita.

A. Cokburn, véase artículo en The Free Press.

Son ejemplos de esta utilización del término el que la BBC haya sido acusada por el gobierno israelí de antisemitismo por el hecho de realizar un documental sobre un terrorista kamikaze,[87] o que el economista estadounidense Paul Krugman (premio Nobel de Economía) haya sido acusado también de antisemitismo por un artículo que escribió en el New York Times.[88] En él, Krugman opinaba que los líderes de países árabes eran arrastrados a mantener un discurso antiisraelí y antiestadounidense debido al hecho que las políticas de estos países alimentan estos sentimientos en los países árabes.[89] Esta opinión provocó una avalancha de críticas hacia el autor, entre las cuales la de antisemitismo.[90]

Sin embargo, otros autores consideran que, aunque antisemitismo y antisionismo son conceptualmente distintos, el antisionismo es la forma políticamente correcta que adopta a menudo el antisemitismo.[91]

El profesor Edward Kaplan, de la Universidad de Yale, con la colaboración de Charles Small, efectuaron un estudio estadístico titulado "Anti Israel Sentiment predicts Antisemitism in Europe: a statistical study" publicado en el Journal of Conflict Resolution, donde mostró que la crítica a Israel está muy relacionada con sentimientos antisemitas.[92] Según el estudio de Kaplan y Small, un 56% de quienes tienen un sentimiento extremo contra Israel también resultaron ser antisemitas.

Por su parte, los defensores de Israel aceptan generalmente como perfectamente legítima la crítica a las políticas de Israel, siempre que sean como las que se efectúan a cualquier otro gobierno; pero, cuando se trata de una postura antiisraelí extrema (como negar de forma más o menos explícita el derecho a la existencia de dicho Estado, tal y como hace el antisionismo), lo consideran con frecuencia una forma moderna de antisemitismo (o judeofobia), nota Perednik:[93]

Aun cuando desde un punto de vista estrictamente teórico se podría ser antisionista y no judeofóbico, el antisionismo propone acciones que llevarían a la muerte de millones de judíos. Por ello en el mundo las dos expresiones de odio [a Israel y a los judíos] están íntimamente entrelazadas, como muchas veces revelan sus propios voceros.

Según Pilar Rahola, la crítica legítima a Israel que se acompaña de ciertas expresiones (banalización del Holocausto, minimización del terrorismo palestino, etc.), puede desembocar en antisemitismo.[94]

Debe recordarse, sin embargo, que también hay judíos antisionistas,[95] [96] [97] como es el caso de los Neturei Karta y otros grupos ultraortodoxos religiosos así como judíos seculares de izquierda.[98] Contrariamente, también existen sionistas que no son judíos como es el caso de los cristianos sionistas, musulmanes sionistas, etc.

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]