Noé

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Noé
נֹחַ
Νώε
Französischer Meister um 1675 001.jpg
Noé según "El maestro francés"(Französischer Meister). Magyar Szépművészeti Múzeum, Budapest. c.1675.
Patriarca
Padres Lamec
Hijos Sem, Cam y Jafet
Venerado en Judaísmo
Cristianismo
Islam
Bahaísmo

Noé (hebreo: נֹחַ Noaẖ, griego: Νώε Nóe, latín: Noe) fue, en la perspectiva cristiana, junto con su esposa, sus tres hijos Sem, Cam y Jafet y sus esposas, uno de los ocho supervivientes del gran diluvio creado por Dios para destruir a los descendientes pecaminosos de Adán y Eva, de acuerdo con el Tanaj y la Biblia.[1] Dios también le dio instrucciones para que construyera un arca grande hecha de madera de gofer que sirvió para albergar a él y a su familia, así como para todas las especies de animales, durante el diluvio.[2] También es considerado por las religiones abrahámicas como el padre de la humanidad a través de los descendientes de sus tres hijos.[3] [4]

Antecedentes del relato de Noé[editar]

Aunque este es el relato más conocido en Occidente, existen otras antiguas narraciones anteriores a la bíblica con historias de diluvios:

En la mitología mesopotámica, Gilgamesh, antiguo rey sumerio, se encuentra con Utnapishtim, una persona que sobrevive al diluvio. Noé sería una especie de Utnapishtim. Además, relatos similares de un gran diluvio en las creencias de los antiguos sumerios, chinos y babilonios. Como sucede con el relato de Gilgamesh, es posible que ambas historias narren un hecho común real. La similitud entre ambos relatos demuestra que los judíos conocían el mito de Utnapishtim o de Ziusudra cuando escribieron la Biblia.

Origen[editar]

Según el relato del Génesis -la principal fuente de referencia sobre este personaje- Noé fue el único varón hallado justo de toda la generación contemporánea a él, puesto que los demás, estaban sumidos en el pecado y por su culpa la tierra "se hallaba llena de violencia". Noé fue hijo de Lamec, pero no hay que confundir a este Lamec, descendiente del tercer hijo de Adán, Set, con el Lamec descendiente de Caín el cual por un asesinato tendría que ser vengado "setenta veces siete". Lamec le llamó Noé ('descanso' en hebreo).

Este Lamec, a su vez, fue hijo de Matusalén, conocido por ser el ser humano que muere con más edad de los citados en toda la Biblia (969 años); el cual es hijo a su vez de Enoc, quien, según una tradición posterior, profetizó sobre la llegada del juicio divino y escribió sus visiones. (véase Libro de Enoc)

Noé fue padre, así mismo, de Sem, Cam y Jafet, de los cuales, según la Biblia y el Corán, se repobló toda la tierra[5] .

El Diluvio Universal[editar]

"Yavé vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal. Se arrepintió, pues, de haber creado al hombre, y se afligió su corazón. Dijo: "Borraré de la superficie de la tierra a esta humanidad que he creado, y lo mismo haré con los animales, los reptiles y las aves, pues me pesa haberlos creado." Noé, sin embargo, se había ganado el cariño de Yavé".[6]

Dios, hastiado de la perversión humana, le dijo a Noé:

""He decidido acabar con todos los seres vivos, pues la tierra está llena de violencia por culpa de ellos, y los voy a suprimir de la tierra. En cuanto a ti, construye un arca de madera de ciprés; en el arca dispondrás celditas, y la recubrirás con brea por dentro y por fuera. La construirás de la siguiente manera: tendrá ciento cincuenta metros de largo, veinticinco metros de ancho y quince metros de alto. Le pondrás un techo, dejando medio metro entre la parte superior de los costados y el techo. Pondrás la puerta del arca en un costado y harás un primer piso, un segundo y un tercero. Por mi parte voy a mandar el diluvio, o sea, las aguas sobre la tierra, para acabar con todo ser que tiene aliento y vida bajo el cielo; todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo voy a firmar mi pacto, y entrarás en el arca tú y tu esposa, tus hijos y las esposas de tus hijos contigo. Meterás en el arca una pareja de todo ser viviente, o sea de todos los animales para que puedan sobrevivir contigo; tomarás macho y hembra".[7]

Según la interpretación cristiana posterior, Noé también fue predicador de justicia a sus contemporáneos, pero éstos no hicieron caso. [8] [9] Hay un misterioso plazo de tiempo mencionado en el Génesis que ha sido interpretado de diversas formas, unos como una reducción del promedio de vida de los seres humanos, y otros como el plazo hasta que se desatara el diluvio:

"Y dijo Dios : No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años".[10]

El diluvio comenzó en el año 600 de la vida de Noé, según el calendario judío "en el segundo mes, en el día diecisiete del mes" (aproximadamente inicios de noviembre en nuestro calendario) y tuvo una duración de cuarenta días con sus noches respectivas, durante los cuales toda la Tierra llegó a estar bajo las aguas, destruyendo todo rastro de vida humana y animal, excepto los animales que, junto con Noé y su familia, subieron al arca.

Luego de amainar el diluvio Noé soltó un cuervo, para saber si las aguas se estaban retirando, el cual estuvo yendo y volviendo. También envió una paloma pero ésta, al ver que no tenía donde posarse, regresó al arca.[11]

Siete días después volvió a enviar la paloma, la cual regresó trayendo una rama de olivo en el pico, dando a entender a Noé que la vida renacía en la tierra y que el suelo seco había emergido. Noé entonces esperó otros siete días y volvió a soltar a la paloma, la cual ya no regresó.[12]

En el año 601 de la vida de Noé la Tierra se secó y, no obstante su deseo por abandonar el arca, Noé y su familia esperaron un mes más, hasta que Yahvé les ordenó salir.

Maldición de Canaán[editar]

Después del Diluvio, el Génesis dice que Noé comenzó a labrar la tierra y nos lo muestra plantando una viña, de cuyo vino se embriaga, Cam ve "la desnudez" de su padre y se ríe de Él (algunos sabios del Talmud piensan que no solo se rió de él, también abuso de él), el cual al saberlo pronuncia una maldición en contra del hijo de éste, Canaán, del cual profetiza que llegará a ser esclavo de Sem y Jafet, maldición que, según algunos traductores, se cumple cuando Israel (de origen Semítico) somete a los Cananeos, si bien permite que algunos, como los habitantes de Gabaón, continúen con vida a cambio de ser siervos. Posteriormente, el propio Israel, incluyendo a los descendientes de los cananeos supervivientes, llegan a ser siervos de pueblos que nacieron de Jafet, cumpliendo así la profecía de Noé. [13]

Después de esto, se nos informa que Noé murió trecientos cincuenta años después del diluvio, a la edad de novecientos cincuenta años. No se informa ni del lugar ni de su tumba.

Por generaciones intérpretes racistas han sostenido que esta maldición sobre los cananeos implicaba una maldición sobre los africanos de piel oscura. Los clérigos Roberto Jamieson, A. R. Fausset y David Brown dicen en su comentario de la Biblia: “Maldito sea Canaán [Génesis 9:25] - Esta maldición se ha cumplido en la destrucción de los cananeos, la degradación de Egipto, y la esclavitud de los africanos, todos descendientes de Cam”. (Comentario exegético y explicativo de la Biblia. Tomo I: El Antiguo Testamento.) Pero en ningún lugar de la Biblia se enseña que Dios maldijese a la mal llamada "raza negra". La Biblia señala que los africanos descendieron de Cus, otro hijo de Cam, no de Canaán.

El personaje Noé[editar]

La figura de Noé, sea lo que fuere de sus remotos orígenes, representa en los diversos niveles de la Escritura el tipo del hombre justo que se libra del castigo y se beneficia de la salvación. En medio de la iniquidad que destruye al mundo, emerge como principio de una humanidad nueva y viene a ser así una prefiguración de Cristo.

1. Las tradiciones del Génesis. Si la explicación popular relaciona el nombre de Noé (Noah) con el verbo Naham ("consolar"), es quizá por alusión al viñador Noé (Gén 9,20), cuyo vino consuela a los hombres de su penoso trabajo (5, 29). En realidad, la consolación de Noé viene de las palabras por las que Dios, después del diluvio, se compromete a no maldecir ya a la Tierra (Gén 8, 21). A pesar de la benevolencia divina, el hombre puede todavía fallar, como un Noé embriagado, padre de un Cam de malas costumbres (Gen 9, 20-25). A través de Cam se condena a Canaán: sus cultos licenciosos, asociados a la embriaguez, se oponían a la vigilancia, cuyo modelo debía ser Noé. Noé, en tanto que héroe del diluvio, aparece como el justo por excelencia. Gracias a su justicia logra escapar de la ruina de un mundo condenado, y reconciliar con Dios a la Tierra y a sus habitantes. La tradición sacerdotal vio en esta reconciliación una alianza de amplitud universal (Gen 9), extendida al conjunto de los descendientes de Noé (cf Gen 9,1; 10,32).

2. Los profetas y los sabios acentúan diversamente el valor ejemplar de los rasgos de Noé. Si bien éste aparece como un testigo de una responsabilidad estrictamente personal delante del juicio (Ez 14, 14), sin embargo, su alianza con Dios, es la prenda de una misericordia paciente (Is 54, 9s). Más allá de los juicios temporarios, habrá siempre un resto, al que se preservará para garantizar la continuación del designio de salvación. Noé es el tipo de este resto (Eclo 44,17), que constituye el pueblo justo y estará finalmente representado en la sola persona del Mesías. El justo salvará al mundo como Noé en tiempos del diluvio cuando “la esperanza del universo se refugió en un frágil esquife… y dejó en el mundo el germen de una generación nueva” (Sab 14, 6; cf 10, 4s).

3. En el Nuevo Testamento es Noé, según el evangelio, un modelo de vigilancia; contrariamente a sus compañeros despreocupados, vivió en la espera de un juicio de Dios (Mt 24, 37ss p). Todavía más claramente, la Carta a los hebreos lo presenta como el testigo de la fe frente a la incredulidad; el justo que creyó con la sola garantía de la palabra de Dios (Heb 11,7). En las Cartas de Pedro aparece Noé bajo aspectos nuevos. No sólo es justo en sí mismo, sino también heraldo de la justicia divina que anuncia a los hombres la inminencia del juicio (2Pe 2,5; cf. 3,5). Este juicio sólo pesa sobre el mundo malo. Noé emerge de él como el tipo del hombre salvado en Cristo, puesto que la salvación que le es otorgada prefigura la salvación por las aguas del bautismo (1Pe 3,20s).

Los hijos de Noé[editar]

Los hijos de Noé fueron los progenitores de una nueva humanidad. Con todo, no fue ésta una humanidad moralmente renovada. Babel vendría a demostrarlo. La inclinación del corazón humano seguiría siendo hacia el pecado. Pese a esto, Dios continuaría obrando en el curso de la historia para la realización de su plan redentor. El capítulo 10 del Libro del Génesis pone ante nosotros una expansión de la raza humana con una clara dirección hacia el fenómeno inverso: la concentración.

La llamada tabla de las naciones hallará su continuidad en la genealogía que nos conduce a Abraham (11:10-26). Al analizar dicha tabla, debemos notar que no todos los nombres corresponden exclusivamente a individuos. Algunos son indicativos de tribus o pueblos, hecho que vuelve a aparecer repetidas veces en el Antiguo Testamento: Jacob (o Israel), Edom, Moab, etc., son nombres de individuos y de naciones. Probablemente algunos se refieren sólo a pueblos, como parece desprenderse de la forma plural o dual de los mismos (Kittim, Dodanim -4-, Mizraim -6-), mientras que otros pueden incluir a personas y a ciudades (Assur -11- y Sidón -15-). El catálogo no es completo, no pretende serlo. Su finalidad es mostrar que la nueva humanidad desciende de los hijos de Noé y que, por consiguiente, constituye una inmensa familia que ha ido creciendo y diversificándose. Si algún concepto se destaca en este pasaje es el de universalidad. Esta lista de pueblos debe examinarse teniendo en cuenta no sólo su origen común, sino también su destino, pues a todos los pueblos y naciones llegaría la oferta de salvación mediante el Evangelio. En palabras de Delitzch: "La idea del pueblo de Dios implica que se ha de mirar a todas las naciones como participantes futuras de la misma salvación, y que han de ser abrazadas con un interés de amor esperanzado, hasta entonces inaudito en el mundo antiguo" {José M. Martínez.}

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Génesis 6:18
  2. Génesis 6:14
  3. Génesis 9:19
  4. Tabari, Volume I: Prophets and Patriarchs, 222
  5. Génesis 10:1
  6. Génesis 6:6-7 La Biblia Latinoamericana (1995)
  7. Génesis 6:3
  8. 1 Pedro 2:5
  9. Mateo 24:38, 39
  10. Génesis 6:3
  11. Génesis 8:7-9
  12. Génesis 8:10-11
  13. Génesis 9:20-27

Enlaces externos[editar]