Reyes Católicos

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Los Reyes Católicos de Aragón y Castilla.
En la Concordia de Segovia de 1475 quedaron acordados los títulos y la heráldica que pertenecieron por igual a ambos esposos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, un caso inaudito en la historia de la emblemática de Europa.[1] En la imagen, un sello policromo con el escudo de 1491. Es un cuartelado; 1º y 4º, contracuartelado de Castilla y León; en el 2º y 3º, partido de Aragón y Sicilia. El conjunto es sostenido por un águila como soporte, nimbada y pasmada, también llamada de "San Juan".

Los Reyes Católicos fue la denominación que recibieron los esposos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, soberanos de la Corona de Castilla (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1516).

Los Reyes accedieron al trono de Castilla tras la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479) contra los partidarios de la princesa Juana la Beltraneja, hija del rey Enrique IV de Castilla. En 1479 Fernando heredó el trono de Aragón al morir su padre, el rey Juan II de Aragón. Isabel y Fernando reinaron juntos hasta la muerte de ella en 1504. Entonces Fernando quedó únicamente como rey de Aragón, pasando Castilla a su hija Juana, apodada "la Loca", y su marido Felipe I de Castilla, apodado "el Hermoso", duque de Borgoña y conde de Flandes. Sin embargo Fernando no renunció a controlar Castilla y, tras morir Felipe en 1506 y ser declarada Juana incapaz, consiguió ser nombrado regente del reino hasta su muerte en 1516.

La historiografía española considera el reinado de los Reyes Católicos como la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Con su enlace matrimonial se unieron provisionalmente, en la dinastía de los Trastámara, dos coronas: la Corona de Castilla y la Corona de Aragón dando nacimiento a la Monarquía Hispánica y, apoyados por las ciudades y la pequeña nobleza, establecieron una monarquía fuerte frente a las apetencias de poder de eclesiásticos y nobles. Con la conquista del Reino nazarí de Granada, del Reino de Navarra, de Canarias, de Melilla y de otras plazas africanas consiguieron la unión territorial bajo una sola corona de la totalidad de los territorios que hoy forman España —exceptuando Ceuta y Olivenza que entonces pertenecían a Portugal— que se caracterizó por ser personal, ya que se mantuvieron las soberanías, normas e instituciones propias de cada reino y corona.

Los Reyes establecieron una política exterior común marcada por los enlaces matrimoniales con varias familias reales de Europa que resultaron en la hegemonía de los Habsburgo durante los siglos XVI y XVII.

Por otra parte el descubrimiento de América, en 1492, modificó profundamente la historia mundial.

Matrimonio[editar]

La pareja se casó en el Palacio de los Vivero de Valladolid el 19 de octubre de 1469, ella con 18 años y él con 17, pasando su luna de miel en el Castillo de Fuensaldaña ubicado en la actual provincia de Valladolid.

Como eran primos segundos para que su matrimonio fuera reconocido por la Iglesia necesitaban una dispensa del papa, que sus partidarios solicitaron de manera insistente a Paulo II.[2] Como este se negó a otorgarla, utilizaron una bula falsa. Para algunos el autor de la falsificación fue Alfonso Carrillo de Acuña, arzobispo de Toledo,[3] mientras que otros sostienen que la debió redactar el legado pontificio Antonio Veneris.[4]

Política interior[editar]

Concordia de Segovia (15 de enero de 1475) por la que los príncipes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla acordaron las competencias para el futuro gobierno de sus reinos. Conservada en el Archivo General de Simancas (España).
Cuádruple ducado de (oro), en cuyo anverso se ubican los bustos afrontados de Fernando e Isabel, con un 4, que expresa el valor, rodeados por la frase en latín: FERNANDVS:ET:HELISABET:REX:ET:REGINA ('Fernando e Isabel Rey y Reina'). En el reverso figura un escudo con las armas de Castilla-León y Aragón-Sicilia, y Granada en punta, coronado y cobijado por el águila de San Juan, con un acueducto como marca de ceca y en rededor la leyenda: SVB:VMBRA:ALARVMTVARUM:PROT. (Sub umbra alarum tuarum protege nos, 'Bajo la sombra de tus alas, protégenos').[5]
Lucha por el trono[editar]

La Guerra de Sucesión Castellana fue el conflicto bélico que se extendió entre 1475 a 1479 en la que se disputaron la sucesión de la Corona de Castilla la hija del fallecido rey Enrique IV de Castilla, llamada Juana la Beltraneja o Juana de Trastámara y la hermanastra del monarca, Isabel.

La guerra fue un conflicto internacional ya que Isabel estaba casada con Fernando, heredero de la Corona de Aragón, mientras que Juana se había casado con el rey Alfonso V de Portugal. Por su parte Francia también intervino en el enfrentamiento, apoyando a Portugal para evitar que Aragón, su rival en Italia, se uniera a Castilla.

La batalla de Toro librada el 1 de marzo de 1476 fue, más que una victoria militar, un triunfo para el matrimonio de Isabel y Fernando que fue reconocido en las Cortes de Castilla de Madrigal de las Altas Torres llevadas a cabo entre abril y octubre de 1476 y su hija, la infanta Isabel de Aragón y Castilla jurada heredera de la corona de Castilla.[6]

Sin embargo, fue decisiva para los portugueses la batalla naval de Guinea de 1478, librada en el Océano Atlántico, y donde los lusitanos se impusieron a la flota castellana en la lucha por el acceso a las riquezas de Guinea que significaban los mercados de oro y de esclavos.

La guerra concluyó en 1479 con la firma del Tratado de Alcáçovas, por la que Isabel y Fernando fueron reconocidos como reyes de Castilla, perdiendo Juana todo derecho al trono y Portugal obtenía la hegemonía en el Atlántico, con la excepción de las islas Canarias.

Instituciones políticas[editar]

Dado que la unión de la Corona de Castilla y la Corona de Aragón era sólo dinástica, las instituciones de los reinos que las formaban, más el Reino de Navarra desde su anexión, mantuvieron sus instituciones y leyes propias.[7]

Corona de Castilla (Reinos de Castilla y León)[editar]

En los reinos de Castilla y de León, desde el siglo XIII, con Alfonso X, se había comenzado un proceso de concentración de poder en la Corona, en detrimento de la nobleza, con la creación de instituciones que otorgaban un mayor control sobre el territorio y un aumento de los ingresos fiscales. Esta transformación culminó con el reinado de Isabel y Fernando y la creación del Estado Moderno.

La principal institución de gobierno fue el Consejo Real, que se remodeló en las Cortes de Toledo de 1480, haciéndolo más estructurado y dividiéndolo en partes. Los reyes delegaron algunas decisiones en él y pronto se creó un Consejo de Aragón y un Consejo de Órdenes. Además, se les empezó a dar preferencia de entrada a los letrados frente a la nobleza.

Tras la conquista del reino nazarí de Granada se formó la Audiencia de Granada y se produjo un aumento en la hacienda castellana debido a los impuestos y a los señoríos procedentes del reparto del territorio conquistado.

Para controlar el bandolerismo en los caminos, y en general el hurto, se reinstauró, en 1476, la Santa Hermandad (precursora de la actual Guardia civil), que sería la primera policía estatal de Europa. Gracias a los impuestos que recaudaba esta institución, la Corona aumentó significativamente sus ingresos, con los que pudo gobernar más holgadamente y así prescindir de las Cortes.

Corona de Aragón[editar]

La Corona de Aragón, en cambio, apenas se modificó. Tenía un sistema de gobierno muy rígido en cada uno de los territorios que la componían (reino de Aragón, reino de Valencia, reino de Mallorca, reino de Cerdeña, reino de Sicilia, condado de Barcelona-principado de Cataluña, condado de Rosellón y condado de Cerdaña), con una serie de privilegios de la nobleza que limitaban mucho el poder del rey. Los ingresos se obtenían por aprobación de las Cortes de cada territorio, que eran prácticamente controladas por la nobleza y el clero. Con la asociación de la Corona al reino de Castilla, Fernando pudo contar con los ingresos fiscales castellanos (que eran mucho más abundantes) para no convocar las Cortes.

Mayor poder se dio a los lugartenientes de la zona y el establecimiento del sorteo electoral, que consistía en sacar de una bolsa un papel con el candidato propuesto. Esta innovación permaneció por 30 años más, cuando el rey murió quedando en el olvido.

En los municipios de señorío se instauraron los corregidores, la autoridad en el ámbito municipal, que existía en Castilla desde 1393.

Política religiosa[editar]

La Virgen de los Reyes Católicos, pintada entre 1491 y 1493. A la derecha de la Virgen María, el rey Fernando II de Aragón y el príncipe de Asturias, Juan de Aragón (con el inquisidor); a la izquierda, la reina Isabel I de Castilla, con la infanta Isabel. De pie, se hallan santo Tomás de Aquino, sosteniendo a la Iglesia, y santo Domingo de Guzmán, con un libro y una palma.

Junto al afán de los Reyes Católicos de extender su dominio a todos los reinos de la península Ibérica, su reinado se caracterizó por la unificación religiosa en torno al catolicismo.

El Papa Inocencio VIII concedió a los Reyes Católicos el derecho de Patronato sobre Granada y Canarias, lo que suponía el control del estado en los asuntos religiosos.

Una bula del Papa Sixto IV, en 1478, creó la Inquisición en Castilla para un control de la pureza de la fe. Ya que en Aragón existía desde 1248, de este modo la Inquisición española fue la única institución común para los dos reinos. Fue muy dura la etapa de fray Tomás de Torquemada como Inquisidor General.

En 1492 los Reyes decretaron la conversión forzosa al cristianismo de los judíos de sus reinos -llamándoselos "marranos"- y la expulsión o ejecución de los que se negasen. Diez años más tarde también obligaron a los musulmanes a convertirse al cristianismo —pasándose a llamarlos "moriscos"— o a abandonar España.

Instituyeron también una embajada permanente ante la Santa Sede.

Economía y sociedad[editar]

La base económica durante el reinado de los Reyes Católicos estaba en la agricultura, la ganadería lanar y la exportación de materias primas en Castilla. Para defender la riqueza que suponía la lana, los Reyes concedieron privilegios a la Mesta con la Ley de Defensa de las Cañadas de 1489, amenazadas por los agricultores. Se protegió a los artesanos por medio del comercio interno.

Social y económicamente favorecieron medianamente a la alta nobleza, en recompensa a la lealtad y que aportaron hombres y recursos económicos para hacer frente a los conflictos bélicos, y que aumentó su poder económico con los señoríos granadinos. Las Leyes de Toro, de 1505, fortalecieron la institución del Mayorazgo.

En Cataluña se solucionó el problema de los payeses de remensa con la Sentencia Arbitral de Guadalupe de 1486, que suprimió los malos usos y obligó a los campesinos a pagar nuevos impuestos.

Política exterior[editar]

La exitosa política exterior expansionista llevada a cabo por Fernando e Isabel fue posible gracias a una serie de factores:

  • La iniciativa diplomática del rey Fernando continuó la política tradicional de la Corona de Aragón, con sus intereses puestos en el mar Mediterráneo y en rivalidad con Francia, que sin embargo nunca había sido enemiga de Castilla.
  • La diplomacia del reino de Castilla estuvo orientada principalmente hacia el Océano Atlántico y su expansión ultramarina hacia el Nuevo Mundo.[8]
  • La eficiencia del ejército de la Corona al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán. Fernández de Córdoba reorganizó a las tropas militares sobre una nueva unidad de combate, el tercio, o tercios reales, que supuso la creación del primer ejército moderno dependiente de la corona, prescindiendo de las mesnadas de los nobles.[9]
  • El gran aporte de recursos económicos procedentes de la industria y del comercio de la lana y del trigo.[cita requerida]
  • La política matrimonial de los reyes.
  • En 1502 heredaron el título de Emperador y Autócrata de los Romanos.

Política matrimonial[editar]

La política matrimonial de los Reyes Católicos, consistente en casar a sus hijos con los de otros monarcas europeos, fue la que aplicaban comúnmente los gobernantes de finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna. En su caso se orientaron principalmente a la alianza con Portugal y a la creación de una coalición contra Francia.

Los casamientos de los hijos de los Reyes Católicos fueron los siguientes:

Conquista de Granada[editar]

Rendición de Granada, por Francisco Pradilla, uno de los especialistas en la pintura de historia propia de la segunda mitad del siglo XIX.

Una vez que Isabel y Fernando se afirmaron en el trono de Castilla, reanudaron la conquista del Reino nazarí de Granada, el último reducto musulmán de la península Ibérica, aprovechando que dicho reino se encontraba en una crisis dinástica entre el sultán Abu-l-Hasan «Alí Muley Hacén», su hijo Abu Abd-Alah, Mohámed XII «Boabdil» también llamado el Chico y Mohámed XIII «el Zagal», hermano del primero y tío del segundo.

La Guerra de Granada tuvo varias fases:

  • 1484 a 1487: La parte occidental del reino de Granada es conquistada por los castellano-aragoneses. Boabdil firmó un tratado con los Reyes, según el cual la entrega de Granada se canjearía a cambio que los Reyes le dieran un señorío en la zona oriental del reino.
  • 1488 a 1490: Empezó la conquista del oriente del reino nazarí. Se trasladó la base de operaciones a Murcia. Durante esta etapa se rindió "el Zagal".
  • 1490 a 1492: Se exigió a Boabdil la entrega de Granada. Al enterarse el pueblo granadino de lo pactado, opuso resistencia, que fue respondida por los ejércitos de los Reyes. Al final Boabdil entregó Granada tras unas negociaciones secretas.

La victoria de esta guerra significó:

  • La caída del último reino musulmán de la península Ibérica en poder de los cristianos, con lo cual culminó la Reconquista y aumentó el prestigio de los Reyes Católicos en la Europa cristiana.
  • La aparición de un ejército estructurado y profesional, independiente de la nobleza, formado por los tercios reales.
  • La aportación a la Corona de grandes recursos económicos.
  • El premio y apaciguamiento de ciertos sectores de la nobleza mediante el reparto de los territorios granadinos entre ellos.

Conquista de las islas Canarias[editar]

En 1402, el rey Enrique III de Castilla concedió a Jean de Bethencourt el privilegio feudal sobre el archipiélago, dando inicio a la conquista de las Islas Canarias hasta entonces habitadas por los Aborígenes canarios, entre ellos los guanche que poblaban la isla de Tenerife, pueblos de raíz bereber que vivía de forma independiente. Posteriormente la Corona de Castilla recuperó para sí el derecho de conquista sobre las islas que los señores feudales no habían podido ocupar, Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

En 1478 en el marco de la Guerra de Sucesión Castellana contra Portugal, los castellanos iniciaron la conquista de Gran Canaria. La soberanía del archipiélago canario le fue reconocida a Castilla por el Tratado de Alcáçovas de 1479, que limitó los territorios castellanos y portugueses.

En 1492 los Reyes conquistaron la isla de La Palma y el proceso de incorporación de las Islas Canarias se completó con la finalización de la conquista de Tenerife en 1496, en la llamada Paz de Los Realejos.

La conquista de Navarra[editar]

El Reino de Navarra estaba dividido a principios del siglo XVI en dos bandos: agramonteses y beamonteses, cada uno partidario de un rey distinto. En este enfrentamiento, los reyes de Navarra firmaron un tratado con el rey de Francia que puso en peligro a España. Debido a que los reyes de Navarra fomentaron ciertas doctrinas religiosas que disgustaron al Papa, se dictó una bula de excomunión contra ellos.

En 1512 Fernando el Católico pidió permiso a Navarra —aliada natural de Francia (en el ambiente de continua rivalidad entre Aragón y Francia)— para que las tropas españolas pasaran por Navarra para atacar a Francia. La respuesta negativa por parte del rey navarro fue motivo suficiente para que Fernando el Católico ordenara al duque de Alba la ocupación de Navarra, mandando así ayuda a sus partidarios —los beamonteses— y, en menos de un año, la parte del Reino de Navarra situada al sur de los Pirineos fue anexionada a la Corona de Castilla. Sólo se produjo cierta resistencia armada en algunos puntos del sur; Pamplona, la capital, cayó en tres días.

La expansión por el Mediterráneo: Italia[editar]

Una vez finalizada la conquista de Granada, el rey Carlos VIII de Francia firmó con el rey Fernando, en 1493, el tratado de Barcelona, mediante el cual la Corona de Aragón recuperó el Rosellón y la Cerdaña a cambio de su postura neutral ante un inminente ataque francés al reino de Nápoles, ubicado en el sur de Italia.

El ejército de Carlos VIII se desplazó al sur de la península italiana, destronando a Alfonso II, rey de Nápoles y pariente de Fernando el Católico. La situación de Francia en la península Itálica no gustó al Papa —el valenciano Alejandro VI— puesto que ponía en peligro los Estados Pontificios, por lo cual pidió ayuda al Rey Católico. Fernando no dudó en intervenir y, en poco tiempo, el ejército de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, expulsó a los franceses, recuperando su trono el rey napolitano.

En 1500 el nuevo rey de Francia Luis XII firmó con Fernando el Católico el tratado de Granada para ocupar conjuntamente el reino de Nápoles. Fernando accedió y el rey de Nápoles, a la sazón Federico I, fue destronado. Ambos ejércitos ocuparon la zona, pero las discrepancias empezaron a surgir y comenzó una lucha de guerrillas. Pese a la inferioridad numérica de su ejército, el Gran Capitán derrotó a los franceses y los expulsó de Italia. El Reino de Nápoles fue conquistado de nuevo e incluido en la Corona de Aragón.

Durante los últimos años del reinado de Fernando el Católico se reanudó la intervención de la Corona de Aragón en asuntos italianos. Fernando participó en la Liga de Cambrai de 1508, convocada por el Papa Julio II contra Venecia. Después de esta liga comenzaron a producirse roces entre el Pontífice y Francia. Por el auxilio que pide el Papa, Fernando rodeó Roma con sus tropas ante un posible ataque francés para destituir al Papa.

Expansión por el Norte de África[editar]

Tras la conquista de Granada, los Reyes Católicos decidieron iniciar la conquista del norte de África, con el argumento de la continuación de la Reconquista cristiana por la antigua provincia Mauritania Tingitana de la Hispania romana, y con los objetivos estratégicos de evitar que los reinos del norte de África emprendieran una reconquista de Granada y eliminar los focos de la piratería berberisca de la zona.

La conquista comenzó con la toma de Melilla por Pedro de Estopiñán en 1497 y siguió en 1505 con la toma de Mazalquivir. Posteriormente las tropas españolas ocuparon el Peñón de Vélez, Orán, Bugía, Argel, Túnez, La Goleta y Trípoli; con destacada participación militar del cardenal Cisneros, confesor de la reina Isabel y Arzobispo de Toledo, probablemente la tercera persona más poderosa en la España de su época. La conquista del norte de África se interrumpió en 1510 debido a la reanudación de las guerras en Italia y a que empezaba a revelarse más rentable dirigir los esfuerzos a la colonización de las Indias.

La expansión atlántica: América[editar]

Los cuatro viajes transatlánticos de Cristóbal Colón.

En 1486 el marino Cristóbal Colón ofreció a los Reyes Católicos un proyecto: viajar a las Indias hacia el oeste, en una nueva ruta por el Atlántico. Los informes científicos al respecto fueron muy poco favorables para Colón, y para la corona era cuestión prioritaria en esos momentos la conquista de Granada. Terminada ésta, los Reyes Católicos aceptaron su proyecto. Mediante las Capitulaciones de Santa Fe, del 17 de abril de 1492, se recogieron las negociaciones llevadas a cabo con Colón quien pactó con los reyes Isabel y Fernando su nombramiento como almirante, virrey y gobernador de los territorios por descubrir y la décima parte de todos los bienes obtenidos. El costo de la expedición fue estimado en 2.000.000 de maravedís, más el sueldo de Colón. En contra de la idea popular de que fue sufragado por «las joyas de Isabel la Católica», la mitad de dicho dinero lo prestó Luis de Santángeltesorero de la Corona de Aragón, de familia conversa— con fondos de la Santa Hermandad, la cuarta parte la aportó el mismo Colón —que a su vez los pidió prestados—, y la cantidad restante probablemente la derramaron banqueros y mercaderes residentes en Andalucía, entre los que estaban los hermanos Pinzón y Juan de la Cosa, interesados en dicho comercio.

El 3 de agosto de 1492 partió Colón del puerto de Palos de la Frontera con la nao Santa María —propiedad de Juan de la Cosa— y las carabelas la Pinta —propiedad de los hermanos Pinzón— y la Niña —propiedad de los hermanos Niño—,[10] con 120 tripulantes aproximadamente. El 12 de octubre llegaron a la isla de Guanahaní, en las Bahamas, y desde la que pasaron a Cuba y la Española, dando comienzo al Descubrimiento de América. El retorno de Martín Alonso Pinzón a Galicia y de Colón a Portugal desató una crisis diplomática entre el rey de Portugal y los Reyes Católicos que concluyó con la firma en 1494 del Tratado de Tordesillas para redistribuir la esfera de influencia territorial de cada país que se había fijado en el Tratado de Alcáçovas. Entre tanto los Reyes enviaron una segunda expedición mucho mayor a las tierras descubiertas, también capitaneada por Colón.

En las Indias, anexionadas al reino de Castilla, se instauraron los sistemas administrativos tradicionales del reino castellano. Se instituyó en Sevilla, en 1503, la Casa de Contratación, para monopolizar y controlar el comercio con América, Canarias y Berbería, impidiendo que cualquier otro puerto de España pudiese hacerlo. Se creó la Audiencia de Santo Domingo, en 1510 y, para la administración de los nuevos territorios, se creó un antecedente del Consejo de Indias que más tarde instituiría formalmente Carlos I, en 1523, organizándolo a semejanza del Consejo de Castilla.

Los reyes consiguieron del papa el Patronato de Indias, que les permitió controlar la Iglesia americana. Se instauraron además las encomiendas para evangelizar a los indios.

Sucesión[editar]

Regencia de Fernando el Católico (1508 a 1516)[editar]

La reina Isabel murió el 26 de noviembre de 1504, con lo que Fernando quedó viudo y sin derechos claros al trono castellano. Firmada la Concordia de Salamanca, en 1505, el gobierno fue conjunto entre su hija Juana, su esposo Felipe y el propio Fernando. Pero ante discordancias entre Felipe con Fernando y por la Concordia de Villafáfila, de 1506, éste último se retiró del poder de Castilla y regresó a Aragón. Así quedó reinando el matrimonio en Castilla. Sin embargo, esta situación no duró mucho, pues Felipe murió en 1506.[11] [12]

Tras la muerte de su marido, se declaró a la reina Juana incapacitada mental y se nombró regente al cardenal Cisneros, que junto a las Cortes pidió a Fernando que regresara para gobernar Castilla. Fernando regresó y ocupó en 1507 su segunda regencia formando dúo con Cisneros y gobernando ambos hasta que Carlos, hijo de Juana, alcanzase la mayoría de edad.

Durante la regencia de Fernando y Cisneros se incorporó Navarra al reino de Castilla y se produjo el nuevo matrimonio de Fernando con Germana de Foix, antes de cumplirse un año de la muerte de su anterior esposa, Isabel.

Los ataúdes de los Reyes Católicos ubicados en la Capilla Real de Granada.

Fernando el Católico murió en 1516 en Madrigalejo, Cáceres, antes de que Carlos I llegara al trono español. Así quedó como único regente en Castilla, Cisneros, que murió en el trayecto hacia Asturias para dar la bienvenida al nuevo rey, Carlos I de España. Paralelamente, en Aragón quedó como regente el arzobispo de Zaragoza, Alonso de Aragón, hasta la llegada de Carlos I de España.

Enterramiento[editar]

Los restos de los Reyes Católicos reposan en la Capilla Real de Granada, lugar escogido por ellos mismos y creado mediante Real Cédula de fecha 13 de septiembre de 1504.

Símbolos[editar]

Título de "Reyes Católicos"[editar]

El papa Inocencio VIII (1434-1492) habría sido el primero que impuso el nombre de "Reyes Católicos" a los esposos y reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, tras la toma de Granada ya que en su tumba, ubicada en el Vaticano y realizada por el escultor Antonio Pollaiuolo hay una inscripción en latín, en mármol, en donde aparecen redactadas junto a otras sentencias, la siguiente:[cita requerida]

REGI HISPANIARUM CATHOLICI NOMINE IMPOSITO

El papa Alejandro VI, en la bula Inter caetera llamó a los esposos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla "verdaderos reyes y príncipes católicos".

El papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) (1431-1503), sucesor en el papado de Inocencio VIII, expidió la bula Inter caetera, el 4 de mayo de 1494, que formó parte de las Bulas Alejandrinas, dirigiéndose a los reyes en los siguientes términos:

Entre todas las obras agradables a la Divina Magestad y deseables a nuestro corazón, esto es ciertamente lo principal; que la Fe Católica y la Religión Cristiana sea exaltada sobre todo en nuestros tiempos, y por donde quiera se amplíe y dilate, y se procure la salvación de las almas, y las naciones bárbaras sean sometidas y reducidas a la fe cristiana. De donde habiendo sido llamados por favor de la divina clemencia a esta sagrada cátedra de Pedro, aunque inmerecidamente; reconociendos como verdaderos reyes y príncipes católicos, según sabemos que siempre fuisteis, y lo demuestran vuestros preclaros hechos, conocidísimos ya en casi todo el orbe, y que no solamente lo deseáis, sino que lo practicais con todo empeño, reflexión y diligencia, sin perdonar ningún trabajo, ningún peligro, ni ningún gasto, hasta verter la propia sangre; y que a esto ha ya tiempo que habéis dedicado todo vuestro ánimo y todos los cuidados, como lo prueba la reconquista del Reino de Granada de la tiranía de los sarracenos, realizada por vosotros en estos días con tanta gloria del nombre de Dios; así digna y motivadamente juzgamos que os debemos conceder espontánea y favorablemente aquellas cosas por las cuales podáis proseguir semejante propósito, santo laudable y acepto al Dios inmortal, con ánimo cada día más fervoroso, para honor del mismo Dios y propagación del imperio cristiano. ... Por donde, habiendo considerado diligentemente todas las cosas y capitalmente la exaltación y propagación de la fe católica como corresponde a Reyes y Príncipes Católicos, decidisteis según costumbre de nuestros progenitores, ...

El título de "Reyes Católicos" fue nuevamente reconcido por el mismo papa Alejando VI a favor de los reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, en la bula Si convenit, expedida el 19 de diciembre de 1496.[13]

Dicha bula fue redactada tras un debate en el Colegio cardenalicio, realizado el 2 de diciembre de 1496, con el consejo directo de los tres cardenales quienes enumeraron los méritos de los dos reyes para que se les concediera un título que nadie había poseído: Oliverio Caraffa -de ápoles-, Francisco Piccolomini -de Siena-, y Jorge de Costa -de Lisboa- y en el que por primera vez recibieron el nombre de rey y reina de las Españas y en el que se barajaron y descartaron otros posibles títulos como defensores o protectores.

El papado fundamentó su concesión del título en seis causas fundamentales:

  • 1. Las virtudes personales que poseían ambos Reyes manifestadas en la unificación, pacificación y robustecimiento de sus reinos.
  • 2. La reconquista de Granada de manos del Islam.
  • 3. La expulsión de los judíos que no hubiesen aceptado o aceptasen el bautismo en 1492.
  • 4. Los esfuerzos realizados por ambos monarcas en intentar llevar adelante la cruzada contra los mahometanos.
  • 5. La liberación de los estados pontificios y del feudo papal del Reino de Nápoles invadidos por el rey Carlos VIII de Francia a quien se le había otorgado el título de "Cristianísimo".[14]
  • 6. La compensación a los dos Reyes por el título concedido al rey de Francia.

El papa León X, en la bula Pacificus et aeternum, de 1 de abril de 1517, concedió el mismo título de Rey Católico al rey Carlos, quedando incorporado al uso diplomático y de las cancillerías.

El título fue después heredado y conservado por sus sucesores. El rey Juan Carlos I de España utilizó hasta la sanción de la Constitución Española de 1978, la denominación de "Rey Católico".[cita requerida] En febrero de 1977, en la Embajada de España ante la Santa Sede, fue puesta una inscripción conmemorativa en latín refiriéndose a Ioannes Carolus I como Hispaniae Cath. Rex[cita requerida], lo que constituyó una adaptación del tratamiento que a lo largo de la historia el papado dio a los reyes de España desde Carlos I: Hispaniarum Rex Catholicus.

La actual Constitución Española reconoce al rey de España el uso de los títulos "que correspondan a la Corona",[15] por lo que según algunos también puede ser llamado Rey Católico o Su Católica Majestad o Catholicus Rex[cita requerida]. Sin embargo el rey Juan Carlos I, desde entonces, nunca utilizó estos títulos.

Título de "Reyes de las Españas"[editar]

El prólogo del Diario de Cristóbal Colón, conservado en una copia manuscrita de fray Bartolomé de las Casas, se dirigió a los monarcas Fernando e Isabel como "Rey y Reina de las Españas":

Porque cristianísimos y muy altos y muy excelente y muy poderosos Príncipes, Rey y Reina de las Españas y de las islas de la mar, Nuestro Señores, este presente año de 1492, después de Vuestras Altezas aver dado fin a la guerra de los moros ...

La bula papal Si convenit, de 1496, también nombró a los reyes, “rey y reina de las Españas ”.

Heráldica[editar]

Real de plata posterior a 1497 que muestra en el anverso el escudo de los Reyes Católicos y en el reverso el yugo y las flechas. Las leyendas dicen en latín "Fernando e Isabel / rey y reina de Castilla, León y Aragón".

Fernando tuvo como emblema personal un yugo, con una cuerda suelta y el mote heráldico «tanto monta», en referencia al nudo gordiano que estaba en una cuerda atada a un yugo. Según la leyenda, quien deshiciera el nudo gordiano podría conquistar Oriente. Alejandro Magno cortó el nudo con la espada y dijo: «Tanto monta cortar como desatar», frase que tomó Fernando como divisa, abreviada en el mote heráldico «tanto monta».

Isabel tomó como emblema el haz de flechas, que se representaba a veces atado, a veces suelto o con unas flechas paralelas en número variable. Cada una de estas divisas homenajeaba con su inicial al consorte: «F» de Fernando en las flechas de Isabel, e «Y» de la reina —Ysabel, con la grafía de la época— en el yugo fernandino.[16]

Por lo que respecta al soporte del águila de San Juan, fue utilizado primeramente por Isabel siendo aún princesa en 1473. En un escudo de ese año el águila que simboliza a Juan el Evangelista aparece nimbada y no coronada, sin duda debido a que aún no había sido coronada como reina de Castilla, suceso que tendría lugar en Segovia a fines de 1474. Posteriormente fue incorporada a las armas combinadas de ambos.[17] [18]

Filmografía[editar]

Cine[editar]

Año Película Director
1945 La carabela de la ilusión Benito Perojo
1948 Locura de amor Juan de Orduña
1951 Alba de América Juan de Orduña
1949 Christophe Colomb David MacDonald
1976 La espada negra Francisco Rovira Beleta
1982 Cristóbal Colón, de oficio... descubridor Mariano Ozores
1983 Juana la loca... de vez en cuando José Ramón Larraz
1992 1492: La conquista del paraíso Ridley Scott
1992 Cristóbal Colón: el descubrimiento John Glen
2000 Isabel of Castille: The Royal Diaries William Freud
2001 Juana la Loca Vicente Aranda
2006 La reina Isabel en persona Rafael Gordon

Series TV[editar]

Año Serie Productora
2004 Memoria de España RTVE
2012 Isabel Diagonal TV para RTVE

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Faustino Menéndez Pidal, "<<Tanto Monta>>, El escudo de los Reyes Católicos." en Isabel la Católica vista desde la Academia. Luis Suárez Fernández
  2. Luis Suárez Fernández. Los Reyes Católicos: La Conquista del trono, T1, 1989.
  3. Suárez Fernández, Luis (1985). Los Trastámara y los reyes Católicos. Gredos. ISBN 8424910141. , p.207
  4. Edwards, John (2001). La España de Los Reyes Católicos, 1474-1520. Editorial Critica. ISBN 8484322661. , p.25
  5. Faustino Menéndez Pidal de Navascués, «Tanto monta. El escudo de los Reyes Católicos», en Luis Suárez Fernández, Isabel la Católica vista desde la Academia, Real Academia de la Historia de España, (Estudios, 16), 2005, pág. 109. ISBN 978-84-95983-65-7
  6. Colmeiro, Manuel (1883). «22». Cortes de los antiguos reinos de León y de Castilla. Madrid: Impresores de la Real Casa. Consultado el 29 de mayo de 2012. 
  7. Tau Anzoátegui, Víctor - Martiré, Eduardo. Manual de historia de las instituciones argentinas. Buenos Aires. Macchi, 1996.
  8. Tau Anzoátegui, Víctor - Martiré, Eduardo. Manual de historia de las instituciones argentinas. Buenos Aires. Macchi, 1996.
  9. Crónicas del Gran Capitán (1908), por Antonio Rodríguez Villa.
  10. González Cruz, David (2012). Descubridores de América, Colón, los marinos y los puertos. SILEX EDICIONES. ISBN 9788477377399. 
  11. Jerónimo Zurita: Historia del rey Don Fernando el Católico. De las empresas, y ligas de Italia, libro VII, cap. VII.
  12. Luis Suárez Fernández, Análisis del testamento de Isabel la Católica. Testamento de la Señora Reyna Católica Doña Isabel, hecho en la villa de Medina del Campo, a doce de octubre del año 1504, texto en Wikisource.
  13. La bula curiosamente no aparece en los bularios impresos. Fue publicada recién en 1952 cf. E. REY, La Bula de Alejandro VI otorgando el título de «católicos» a Fernando e Isabel en: «Razón y Fe» 146 (1952) 59-75, 324-347; ibid. Reyes Católicos, en: DHEE III, 2083-84.
  14. http://mercaba.org/FICHAS/Documentos/estudiosiglesia_04-01reyescatolicos.htm
  15. Artículo 56.2: «Su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona».
  16. Menéndez Pidal de Navascués, Faustino, «Los Reyes Católicos», El escudo de España, Madrid, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía; Ediciones Hidalguia, 2004, pág. 207 y ss.; véase pág. 212. ISBN 978-84-88833-02-0
  17. VV. AA., Isabel la Católica en la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 2004. ISBN 9788495983541. Cfr. para el lema o mote pág. 73.
  18. Faustino Menéndez Pidal de Navascués, «"Tanto monta". El escudo de los Reyes Católicos», en Luis Suárez Fernández, Isabel la Católica vista desde la Academia, Real Academia de la Historia de España, (Estudios, 16), 2005, págs. 99-138. ISBN 9788495983657

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]