Castilla

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Castilla
Región histórica de España
Bandera de Castilla
Bandera

Escudo de Castilla
Escudo

Coordenadas: 42°21′00″N 3°49′00″O / 42.35, -3.81666667


Coordenadas: 42°21′00″N 3°49′00″O / 42.35, -3.81666667
Entidad Región histórica
 • País Bandera de España España
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Castilla es el nombre de una región histórica española de límites difusos, resultado de la evolución del primitivo y reducido Condado de Castilla (siglos IX a XI), pasando por el Reino de Castilla (siglos XI a XIII), la extensa Corona de Castilla (siglos XIII a XIX), las regiones de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva (siglos XIX a XX), y diversas autonomías que así se autodefinen en sus estatutos (a partir de finales del siglo XX).

El origen del Condado de Castilla es un pequeño territorio situado al norte de la provincia de Burgos, conocido como el Área Paterniani.

Siendo geográfica, cultural y políticamente diversas las interpretaciones sobre la realidad castellana desde antiguo (de manera acentuada a partir del último cuarto del siglo XX), casi todas las versiones coincidien en situar Castilla sobre el área de la Meseta Central ibérica, con añadidos o sustracciones territoriales, según quien argumente.

Castilla es conocida por ser la cuna del idioma español o castellano.

Etimología[editar]

Castilla (nombrada en los primeros documentos en castellano antiguo como Castella o Castiella) significa, según su etimología, «tierra de castillos». Los historiadores árabes la denominaban Qashtāla[1] قشتالة y su nombre aparece justificado como tierra sembrada de castillos. El término vendría del latín castellum, diminutivo éste a su vez del término castrum, castro, fortificación de la Iberia prerromana.

Se considera que el nombre de Castilla nació testimonialmente el 15 de septiembre del 800 en el hoy desaparecido monasterio de Emeterio de Taranco de Mena (Burgos) situado en esta localidad. El nombre de Castilla aparece en un documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos, incluido en el Becerro Galicano del monasterio de san Millán de la Cogolla (La Rioja) y dice así:

Ego Vitulus abba, quamuis indignus omnium seruorum dei seruus, una cum cogermano meo Erbigio presbytero, cum domnos et patronos meos sanctos Emeteri et Celedoni, cuius basilica extirpe manibus nostris construximus ego Vitulus abba et frater meus Erbigius in loco qui dicitur Taranco in territorio mainense, et sancti Martini, quem sub subbicionem Mene manibus nostris fundauimus ipsam basilicam in ciuitate de area patriniani IN TERRITORIO CASTELLE et sancti Stefani, cuius basilicam manibus nostris fundauimus in loco qui dicitur Burcenia in territorio Mainense [...][2]

En el mismo libro aparece otro documento fundacional fechado el 4 de julio de 852, por el que se dispone la construcción del cenobio de san Martín de Herrán:

Facta scriptura sub era octogessima nonagessima, tertia feria, quarto nonas iulias, regnante Rodericus comite in CASTELLA.[3]

La Castilla a la que se alude en estas fuentes se refiere al territorio que se extiende desde la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica hasta las localidades de Mena, Losa, Sotoscueva, Brañosera, Aguilar de Campoo, Tedeja, Puentelarrá y Valpuesta. Posteriormente, bajo la misma denominación se incluirá a toda la Bardulia altomedieval, como se refleja en la Historia Silense o en la Crónica de Alfonso III:

[...] Bardulies qui nunc uocitatur Castella [...][4]
Bardulia, a la que ahora llamaremos Castilla

El territorio donde nació la primigenia Castilla (norte de la provincia de Burgos y parte de las adyacentes de Palencia, Álava y Cantabria) era denominada Bardulia. A partir del siglo IX será cuando se empieza a extender el uso del término "Castilla".

Algunas fuentes hablan de la existencia de una "Castilia" que sería la capital de la cora de Elvira en pleno Al Ándalus de la que procederían los repobladores y fundadores de la Castilla castellana entre los siglos VIII al XI.[5]

Sin embargo, la misma fuente obvia la posibilidad de un origen simultáneo en ambos lugares.[5] De hecho, la palabra Castilla presenta similitudes fonéticas con el vocablo godo Gutthiuda[6] (la nación de los godos). Castilla podría ser la corrupción fonética de Gutthiuda utilizada por los hispanorromanos y, por tanto, de origen anterior a la invasión musulmana.

Distribución geográfica[editar]

Mapa de la división territorial de España en 1833 (regiones). Las regiones carecían de cualquier tipo de competencias u órganos comunes a las provincias que agrupaban, teniendo un carácter meramente clasificatorio según criterios históricos y culturales, sin pretensiones de operatividad administrativa.

En la actualidad son dos las comunidades autónomas españolas nominalmente castellanas, ya que mantienen el topónimo en su propia denominación oficial: Castilla y León y Castilla-La Mancha. Una tercera, la Comunidad de Madrid es considerada castellana también, enclaustramiento geográfico aparte, por los propios planteamientos de su Estatuto de Autonomía, habiéndose originado su proceso autonómico más en expresión del interés estatal que por desafección popular a la castellanidad del territorio.[7]

Tras un milenio de existencia, con muy diferentes fronteras, extensiones y consideraciones geográficas, Castilla fue considerada durante 150 años (desde la división territorial por provincias del estado a cargo del andaluz Javier de Burgos de 1833, hasta el actual ordenamiento autonómico de España, 1979-1983), como compuesta por las antiguas regiones del "Reino de Castilla" y del "Reino de Toledo". El "Reino de Castilla" comprendía las tierras de la Merindad Mayor de Castilla y el territorio concejil de las villas castellanas del norte del Sistema Central; es decir, las provincias de Cantabria, Burgos, La Rioja, Palencia, la mayor parte de Valladolid a excepción de la mitad norte de la Tierra de Campos y de la zona al oeste del río Valderaduey, Soria y Ávila, así como la parte de la provincia de León al este del río Cea, la parte del País Vasco al oeste de los ríos Bayas y Nervión y aquellas zonas de Salamanca y Cáceres que pertenecieron a los concejos de Ávila y Béjar; más tarde a toda esta zona se le empezó a conocer con el nombre de Castilla la Vieja. Por su parte el "Reino de Toledo" quedaba integrado por las tierras del antiguo Arzobispado de Toledo y del Obispado de Cuenca; es decir, la actual Comunidad de Madrid y las provincias de Guadalajara, Cuenca, Ciudad Real y la mayor parte de la de Toledo, así como la parte de la provincia de Cáceres situada al este de los ríos Viejas e Ibor y la comarca pacense de La Siberia y la actual comarca valenciana de Requena-Utiel. Asimismo eran considerados parte del "Reino de Toledo" la mayor parte de la provincia de Albacete sin las comarcas de Hellín, Almansa y la Sierra del Segura, pues aunque pertenecía al obispado de Cartagena había sido reconquistada y repoblada desde la vecina Cuenca y conserva usos y costumbres castellanos. A partir del siglo XVI comienzan a aparecer los primeros mapas donde se emplea la denominación de Castilla la Nueva en lugar de Reino de Toledo). Según esta visión decimonónica, puramente clasificatoria ya que la región castellana así definida no tenía ningún tipo de competencia u órgano administrativo o jurisdiccional común a las provincias que agrupaba, Castilla estaba compuesta por las siguientes provincias de España (de norte a sur):

Atendiendo a criterios históricos antes mencionados, otros autores incluyen también la comarca de Requena-Utiel, actualmente dentro de Valencia (a la que se unió en 1855, proveniente de la provincia de Cuenca), la de los Llanos de Villena, también en la Comunidad Valenciana, o la de Plasencia (actualmente en Cáceres).

Otros autores, como Anselmo Carretero o Manuel González Herrero, eliminan de la órbita castellana:

  • Liébana.
  • La parte occidental de las provincias de Valladolid y Palencia, territorios disputados -en el medievo- entre los reinos de León y de Castilla (si bien incorporados definitivamente a Castilla por Alfonso VIII).
  • Las provincias de Toledo y Ciudad Real, por haber pertenecido al Reino de Toledo, y en las que se aplicaba el derecho visigótico, ajeno a la tradición legal de Castilla, basada en la costumbre. No obstante, hay que señalar que estos autores ignoran el hecho de que las leyes del Fuero Juzgo sólo eran de aplicación a los habitantes mozárabes de esos territorios, no a los repobladores de origen castellano. Éstos disponían de un fuero propio, en el caso de Toledo, o se regían por el Fuero de Cuenca, los de Ciudad Real.

Mapas históricos[editar]

Uso del término e implicaciones políticas[editar]

Desde ciertos movimientos políticos nacionalistas como el Partido Castellano, independentistas como Izquierda Castellana o culturales como la plataforma Ahora Castilla, se aboga por la unión política de la Castilla total, entendiendo esta como la suma de las diecisiete provincias de las comunidades autónomas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Cantabria y Comunidad de Madrid, junto con la comarca de Requena-Utiel, administrativamente valenciana desde el siglo XIX. Aún así, hay asociaciones como Asociación Socio-Cultural Castilla o grupos de redes sociales que no incluyen a las provincias leonesas (Zamora, Salamanca y León) como castellanas Castilla14

Existe diversidad de opiniones sobre los territorios a incluir en Castilla. Hay una clara oposición a dicha inclusión sobre todo en las comunidades uniprovinciales surgidas a partir de las antiguas Castilla la nueva y Castilla la vieja, que cuentan con un regionalismo propio muy implantado.

Bandera reinvindicativa del castellanismo de izquierdas (nacionalista o independentista).

En Cantabria no existe actualmente ninguna fuerza política o agrupación que defienda la integración en Castilla. El Partido Regionalista de Cantabria se opone a dicha integración. Existieron algunos movimientos proclives a la unión con Castilla como las ya desaparecidas Asociación Cantabria en Castilla (ACECA), colectivo procastellanista activo en Cantabria durante el proceso autonómico, y su heredera Asociación para la Integración de Cantabria en Castilla y León (AICC), activa en el primer lustro del siglo XXI. De esta última surgió el partido La Unión, que incorporó en su primer programa electoral la cooperación y colaboración con Castilla y León como región complementaria. Postura que terminó abandonando y apostando por una autonomía cántabra con recentralización de ciertas compentencias y colaboración con las comunidades autónomas vecinas.[8]

En La Rioja, el Partido Riojano, de tendencia regionalista, no se plantea la integración del territorio riojano en la órbita castellana.

Al margen del castellanismo, existen partidos castellanoleonesistas que defienden la actual autonomía de Castilla y León; es el caso de Unidad Regionalista de Castilla y León. De igual manera, hay partidos regionalistas en Castilla-La Mancha que defienden dicha autonomía, como el Partido Regionalista Manchego o el desaparecido Partido Regionalista de Castilla-La Mancha. Mención aparte merecen partidos regionalistas de ámbito provincial, como por ejemplo Iniciativa por el Desarrollo de Soria, el Partido Regionalista de Guadalajara o Independientes por Cuenca

Los partidos de ideología leonesista se oponen -por lo común- a planteamientos de integración con Castilla, negando la supuesta castellanidad de las provincias de León, Zamora y Salamanca (a las que denominan País Leonés), y pretenden para el trío provincial la secesión autonómica, basándose -en cuanto a historiografía política diferenciada- en la fortísima personalidad del territorio en la Alta Edad Media, del que -políticamente- surgió la propia Castilla, además del siglo y medio de existencia de la Región de León, entre 1833 y 1983, ente -como todos los de esa centuria y media- meramente nominal y administrativo si bien con gran personalidad propia.

Por su parte, los carreteristas defienden que las provincias que forman parte de las actuales comunidades autónomas de Castilla y León, y de Castilla-La Mancha, deben formar comunidades autónomas uniprovinciales, estableciendo -posteriormente- relaciones con el resto de provincias castellanas. De esta manera, se considera que se respeta mejor la tradición de descentralización de Castilla, usando una unidad territorial mucho mayor que las pre-decimonónicas, pero que ha tenido una feliz implantación desde 1833 en este territorio.

En todo caso, los partidos políticos castellanistas tienen -a principios del siglo XXI- una representación testimonial. Tras numerosos estudios sociológicos y estadísticos, los resultados de identificación regional/nacional del pueblo castellano con Castilla son siempre residuales frente al sentimiento identitario español.

Geografía física[editar]

Paisaje típico de la meseta.

Relieve[editar]

Situada en el centro de la península Ibérica, aunque sus fronteras han variado con el tiempo, Castilla ocupa prácticamente la totalidad de la Meseta Central, con las excepciones de ciertas comarcas burgalesas y sorianas que orográficamente forman parte del Valle del Ebro. Las antiguas divisiones de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva se adscribían casi enteramente con la submeseta norte y la submeseta sur, respectivamente. La meseta está delimitada orográficamente por el Macizo Galaico y los Montes de León al noroeste, la Cordillera Cantábrica al norte, los Montes Vascos y el Sistema Ibérico al noreste y Sierra Morena al sur, dividiéndola en las dos submesetas el Sistema Central de este a oeste, y siendo surcada en igual dirección por los Montes de Toledo en la submeseta sur.

Hidrografía[editar]

Por Castilla trascurren -en la mayoría de su longitud- dos de los ríos más importantes de la península Ibérica: el río Tajo (1008 km) y el río Duero (897 km), y con un recorrido menos significativo, los otros dos grandes ríos peninsulares, el río Guadiana (778 km) y el río Ebro (930 km). Los tres primeros desembocan en el océano Atlántico, vertiente básica y mayoritaria de la hidrografía castellana, y el último en el mar Mediterráneo. Otros ríos destacables de la región son el Pisuerga, el Tormes, Águeda, el Jarama, el Guadarrama, el Alberche, Guadiela, Cigüela, el Záncara, el Jabalón, el Júcar o el Segura.

La Mancha es una región de fuertes contrastes térmicos propios de la estepa mediterránea. En la foto, molinos de viento en Consuegra.
Debido al clima, el cultivo predominante es de secano.
Tierras de secano con grandes llanuras.

Las lagunas y lagos no son muy abundantes; se pueden mencionar la Laguna Grande, en los Picos de Urbión, la Laguna Grande en Gredos, las Lagunas de Ruidera y los humedales de Las Tablas de Daimiel, ambos en el sur del territorio (provincia de Ciudad Real)..

En cuanto a los embalses, Castilla es la región de España con más agua embalsada, con los de Almendra y de Santa Teresa en el Duero, de El Atazar, los de Entrepeñas y de Buendía en la cuenca del río Tajo. Mención aparte merece el cada vez más contestado -desde ámbitos castellanos- Trasvase Tajo-Segura, que deriva caudal desde la cabecera del más largo río ibérico hasta la cuenca del Segura.

Clima[editar]

El clima de Castilla tiende a ser mediterráneo con un marcado carácter continental. Denominado mediterráneo continentalizado.

Es parecido al clima mediterráneo típico pero con características de climas continentales, de temperaturas más extremas. Este clima no recibe la influencia del mar, por lo que las temperaturas son mucho más extremas, con inviernos largos y fríos, con temperaturas medias de 4 °C en enero, siendo frecuente que las temperaturas bajen de los 0 °C, produciéndose heladas en las noches despejadas de nubes y nevadas esporádicas, y veranos cortos y calurosos, superando con gran frecuencia los 30 °C, alcanzándose esporádicamente más de 35 °C, pero con los tres o cuatro meses de aridez estival característicos del clima mediterráneo.

La elevada altitud de la Meseta y sus montañas acentúa el contraste entre las temperaturas del invierno y el verano, así como las del día y la noche.

La pluviosidad, es escasa, acentuándose en las tierras más bajas. Debido a las barreras montañosas que circundan la mayoría del territorio de Castilla, especialmente la Cordillera Cantábrica al norte, los vientos marítimos quedan frenados, deteniendo de ese modo las precipitaciones. Debido a eso, las lluvias caen de una manera muy desigual en el territorio castellano. Mientras que en el centro de la cuenca del Duero y la región manchega se registra una media anual de entre 400 y 600 mm, en las vertientes de la Sierra de Gredos, la Serranía de Cuenca o en las estribaciones de la cordillera cantábrica las precipitaciones llegan a los 1000 o 1.500 mm al año.

Las zonas montañosas de la región tienen clima de montaña, con temperaturas frías o muy frías en invierno y suaves en verano. Aquí las precipitaciones son abundantes: pueden superar los 1.500 mm al año y son en forma de nieve durante el invierno y parte de la primavera.

En el norte de la actual Castilla y León, en las estribaciones de la cordillera Cantábrica, se aprecia también un ligero clima atlántico, de suaves inviernos y veranos templados, mientras que en las zonas menos elevadas de la misma sierra, el terreno muestra las características típicas de las regiones atlánticas de montaña, con inviernos muy fríos.

Historia de Castilla[editar]

Ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar el 24 de abril de 1521, en el marco de la Guerra de las Comunidades de Castilla.

La primera mención de Castilla fue el 15 de septiembre del año 800, en un documento apócrifo del hoy desaparecido monasterio de San Emeterio de Taranco de Mena, situado en el valle de Mena, en el norte de la actual provincia de Burgos. El nombre de Castilla aparece en el documento notarial por el que el abad Vitulo donaba unos terrenos. En ese documento aparece escrito «Bardulia quae nunc vocatur Castella» (Bardulia que ahora es llamada Castilla)[9] . También hay que tener en cuenta la antiquísima documentación del obispado de Valpuesta, monasterio de la provincia de Burgos (804-1087), donde en sus viejos cartularios comienzan a redactarse palabras en el naciente romance castellano (futuro idioma castellano o español). La creencia popular dice que el nombre de Castilla proviene de la gran cantidad de castillos o fortalezas que había en estas tierras; sin embargo, el nombre puede tener otro origen.

Años más tarde se consolidaría como entidad política autónoma, aunque permaneciendo como condado vasallo del Reino de León. Esta tierra estaba habitada mayoritariamente por habitantes de origen cántabro y vasco con un dialecto romance propio, el castellano.

En el año 960 el condado de Castilla se independizó de facto de León con el conde Fernán González, siendo el primer rey de Castilla Fernando I. En el año 1037 muere Bermudo III, rey de León, en la batalla de Tamarón, mientras luchaba contra su cuñado, Fernando I. Al morir en 1037 sin descendencia Bermudo III, su cuñado consideró que era el sucesor y, por lo tanto, pasó a regir ambos reinos, si bien actualmente diversos autores rebaten que Fernando I creara el reino de Castilla. En el año 1054 Fernando I luchó contra su hermano, García Sánchez III de Nájera, rey de Navarra, en la Batalla de Atapuerca, muriendo también el monarca navarro y anexionándose entre otras la comarca de los montes de Oca, cerca de la ciudad de Burgos.

A la muerte de Fernando I, ocurrida en 1065, los reinos son repartidos entre sus hijos, siendo para Sancho II el de Castilla y para Alfonso VI el de León. Sancho II es asesinado en 1072 y su hermano accede al trono de Castilla (siglos después los románticos inventaron el famoso juramento que tomó El Cid a Alfonso VI en Santa Gadea de Burgos, basado en la inocencia o no del monarca leonés acerca del asesinato de su hermano). El que la misma persona rigiera en ambos reinos es un hecho que se mantendría durante varias generaciones. A su muerte le sucedió en el trono su hija, Urraca. Esta se casó, en segundas nupcias, con Alfonso I de Aragón, pero al no lograr regir ambos reinos, y debido a los grandes enfrentamientos de clases entre ellos, Alfonso I repudió a Urraca en 1114, lo que agudizó los enfrentamientios. Si bien el papa Pascual II anuló el matrimonio anteriormente, ellos siguieron juntos hasta esa fecha. Urraca, condesa de Galicia también tuvo que enfrentarse a su hijo el Rey Alfonso VII de Galicia, para hacer valer sus derechos sobre ese reino. Dos años después Alfonso VII es coronado también rey de León como Alfonso VII, fruto de su primer matrimonio. Alfonso VII consiguió anexionarse tierras de los reinos de Navarra y Aragón (debido a la debilidad de estos reinos causados por su secesión a la muerte de Alfonso I de Aragón). Renuncia a su derecho a la conquista de la costa mediterránea a favor de la nueva unión de Aragón con el Condado de Barcelona (Petronila y Ramón Berenguer IV).

En su testamento vuelve a la tradición real de distintos monarcas para cada reino. Fernando II será rey de León, y Sancho III, rey de Castilla

En 1217 Fernando III el Santo recibió de su madre Berenguela el Reino de Castilla y de su padre Alfonso IX en 1230 el de León. Asimismo, aprovechó el declive del imperio almohade para conquistar el valle del Guadalquivir mientras que su hijo Alfonso tomaba el Reino de Murcia. Las Cortes de León y Castilla se fundieron, momento el que se considera que surge la Corona de Castilla, formada por los reinos de Castilla, León, Toledo y el resto de reinos taifas y señoríos conquistados a los árabes. Estos reinos conservaron instituciones y legislación diferenciadas. Por ejemplo, en los reinos de Galicia, León y Toledo se aplicaba un derecho de raíz romano-visigótica, diferente a la legislación basada principalmente en la costumbre que existía en el Reino de Castilla.

La Corona de Castilla a lo largo de la historia

En 1520 tuvo lugar la Guerra de las Comunidades de Castilla, que fue el levantamiento armado de los denominados comuneros, acaecido en la Corona de Castilla desde el año 1520 hasta 1522, es decir, a comienzos del reinado de Carlos I. Las ciudades protagonistas fueron las del interior castellano, situándose a la cabeza de las mismas las de Toledo y Valladolid. Su carácter ha sido objeto de agitado debate historiográfico, con posturas y enfoques contradictorios. Así, algunos estudiosos califican la Guerra de las Comunidades como una revuelta antiseñorial; otros, como una de las primeras revoluciones burguesas de la Era Moderna, y otra postura defiende que se trató más bien de un movimiento antifiscal y particularista, de índole medievalizante.

Las demandas fiscales, coincidentes con la salida del rey para la elección imperial en Alemania (Cortes de Santiago y La Coruña de 1520), produjeron una serie de revueltas urbanas que se coordinaron e institucionalizaron. Tras prácticamente un año de rebelión, se habían reorganizado los partidarios del emperador (particularmente la alta nobleza y los territorios periféricos castellanos, como Andalucía) y las tropas imperiales asestaron un golpe casi definitivo a las comuneras en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Allí mismo, al día siguiente, se decapitó a los líderes comuneros (Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado). El ejército comunero quedaba descompuesto. Solamente Toledo mantuvo viva su rebeldía, hasta su rendición definitiva en febrero de 1522.

Las consecuencias fundamentales de la Guerra de las Comunidades fueron la pérdida de la élite política de las ciudades castellanas, en el plano de la represión real; y en las rentas del Estado. El poder real se veía obligado a indemnizar a aquellos que perdieron bienes o sufrieron daños en sus posesiones durante la revuelta. Las mayores indemnizaciones correspondían al Almirante de Castilla, por los daños sufridos en Torrelobatón y los gastos ocasionados en la defensa de Medina de Rioseco. Le seguían el Condestable y el obispo de Segovia.

La forma de pago de estas indemnizaciones se solucionó mediante un impuesto especial para toda la población de cada una de las ciudades comuneras. Estos impuestos mermaron las economías locales de las ciudades durante un periodo aproximado de veinte años, debido a la subida de precios. De igual modo, la industria textil del centro de Castilla perdió todas sus oportunidades de convertirse en una industria dinámica.

Después hubo otros conflictos como la Guerra de la Independencia Española contra Francia (1808-1814), la Invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823 (que fue la más rápida y la menos cruenta de todas las guerras) y por último la Guerra Civil Española (1936-1939).

Durante los años 50 y 60 del siglo XX , el desarrollismo franquista se produce un doble éxodo. Del campo a las ciudades con cierta industrialización (Madrid, Valladolid, Burgos, Santander, Albacete...) y del interior peninsular a las costas.

La región histórica experimenta un gran desarrollo económico entre el periodo 1998-2007 debido a la burbuja inmobiliaria en España y luego sufre la Crisis económica de 2008-2013.

Patrimonio[editar]

Catedral de Burgos, ejemplo de los múltiples monumentos que son Patrimonio de la Humanidad en Castilla.
Casas colgadas,en la ciudad castellana de Cuenca, declarada Patrimonio de la Humanidad.
El río bordea Toledo (España), mediante el meandro conocido como Torno del Tajo.

La zona de Castilla es altamente rica en patrimonio cultural. Destacan evidentemente los castillos que le dan nombre a esta región, pero también todo tipo de conjuntos históricos, fortalezas, iglesias, jardines o palacios entre otros. Muchos de ellos se encuentran protegidos bajo la forma de Bien de Interés Cultural.

Tras la Guerra de Sucesión Española (1700-1715), el vencedor, el rey Borbón Felipe V, emite los Decretos de Nueva Planta en 1715. Con estos documentos se cambió la organización territorial de los Reinos Hispánicos y se abolió el derecho público, las instituciones propias y todo tipo de fueros y normas tanto de la Corona de Castilla como de la Corona de Aragón. Con ello buscaba la unificación politico-jurídica de todos sus dominios.

Actualmente en las comunidades autodefinidas como castellanas hay 15 monumentos que están considerados como Patrimonio de la Humanidad, son:

Etnografía[editar]

Glosa más extensa del Códice Emilianense.

Idioma[editar]

El idioma propio del territorio castellano es el castellano, lengua romance del grupo ibérico, idioma que tuvo aquí su lugar de nacimiento.

El castellano se originó como un dialecto del latín en las zonas limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, convirtiéndose en el principal idioma popular del Reino de Castilla (el idioma oficial era el latín).

El dialecto castellano primigenio se originó en el condado medieval de Castilla (sur de Cantabria y norte de Burgos), con influencias vascas y germano-visigóticas. Los textos más antiguos que se conocen en castellano son las Glosas Emilianenses, escritas por monjes vascones tal y como lo demuestran las anotaciones en euskera en los márgenes, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), localidad considerada centro medieval de cultura. Aunque actualmente los estudios indican que estos textos no están escritos en castellano, sino en una variedad del idioma Navarroaragonés que llaman dialecto Riojano precastellano. Con el detalle de que cuando se redactaron esta región estaba en poder del Reino de Navarra y no del de Castilla, dicha lengua era hablada en la zona junto con el euskera.[10]

Se extendió al sur de la península gracias a la Reconquista y a los demás reinos peninsulares mediante las sucesivas unificaciones dinásticas (unión con León y Galicia con Fernando III de Castilla, introducción de dinastía castellana Trastámara en la Corona de Aragón y posterior unión con los Reyes Católicos). Si bien el motivo más importante de su expansión por la península Ibérica fue, más allá de las conquistas y uniones de los reinos, y de leyes absolutistas que imponían el castellano a otras lenguas locales, como los Decretos de Nueva Planta, fue la prominente posición política y económica de, primero el Reino de Castilla y posteriormente de la Corona de Castilla en el entorno peninsular, con el prestigio cultural que ello conllevó.

En el siglo XV, durante el proceso de unificación española de sus reinos, Antonio de Nebrija publica en Salamanca su Grammatica. Es el primer tratado de gramática de la lengua castellana, y también primero de una lengua vulgar europea. La colonización y conquista de América llevada a cabo simultáneamente expandió el idioma por la mayor parte del continente americano.

Villalón de Campos, Provincia de Valladolid, ejemplo de pueblo típico de la castilla rural.

Hoy en día es la segunda lengua nativa del mundo por número de habitantes, es oficial en 21 países y es hablado por cerca de medio millardo de personas en todo el mundo.

Dialectos[editar]

Dentro de Castilla, la propia lengua castellana tiene varios dialectos, entre ellos el dialecto castellano septentrional o dialecto castellano en la mayor parte del área que va desde el límite con Cantabria por el norte a Cuenca en el sur; el dialecto manchego en las provincias de Albacete, Ciudad Real, Toledo, la mayor parte de Cuenca y partes de la Comunidad Valenciana (Utiel y Requena) en la Comunidad de Madrid; el dialecto madrileño propio de la ciudad de Madrid, nacido bajo el crisol de todas las hablas de España que ha sido durante siglos la capital.

Dulzaina.
Martinico,duende de la mitología castellana

Folclore[editar]

Castilla posee un rico conjunto de creencias, costumbres y artesanías tradicionales propias. Cuenta dentro del desarrollo de su folclore con gran cantidad de instrumentos típicos, como son la dulzaina castellana, el arrabel o huesera, la bandurria, la pandereta, la zambomba, el laúd y la guitarra y las castañuelas, éstos dos últimos comunes a la mayor parte del folclore español. También se caracteriza por usar como instrumentos musicales útiles de la vida diaria, como los cántaros o las botellas de Anís. En algunas regiones también se suelen tañer gaitas y rabeles.

Entre sus canciones destacan las canciones de trabajo, nacidas al son del monótono trabajo de sus labradores, los cantos de ronda o simplemente Rondas, canciones festivas entonadas por los jóvenes del lugar, los Mayos, canciones típica de su fiesta homónima. También son muy populares los Villancicos en Navidad, las jotas, seguidillas, fandangos, que acompañan a sus respectivos bailes, y los romances musicados. También son muy abundantes las canciones religiosas, en especial en Semana Santa, reflejo de la tradicional religiosidad de la población castellana.

Mitos y leyendas[editar]

Dentro del folclore castellano también hay espacio para los mitos y leyendas, muchas veces, escasamente conocidos. Seres fantásticos como el Duende Castellano, la Mano Negra, el , el Diablo Cojuelo o el Oricuerno y leyendas como las de la Sierra de Guadarrama son ejemplos de este acervo cultural.

Danzas[editar]

Entre las danzas castellanas hay dos que sobresalen entre las demás: la jota castellana y las Seguidillas.

La jota castellana (tanto de las actuales regiones castellana y leonesa como de la castellano-manchega) se suele acompañar con guitarras, bandurrias, laúdes, dulzaina y tamboril. Todo mientras la pareja de bailarines danza manteniendo las manos encima de la cabeza, ocasionalmente acompañandos de castañuelas. La jota castellana, se baila con los característicos pasos saltados, un poco picada, y es más sobria y menos movida y airosa que la de Aragón. La música va frecuentemente acompañada por canciones que reciben el nombre de coplas. Éstas a veces tratan del amor, de las bodas (en las que se daban consejos y alabanzas a los novios), de la vida o de su religiosidad, pero casi siempre se caracterizan por su picaresca y gran sentido del humor. La jota manchega, típica del lugar, tiene como característica propia que tiene rasgos de ronda. A muchas jotas manchegas se las conoce por «Jota del Mantecado», ya que era frecuente cantarlas y bailarlas en fechas cercanas a la Navidad, aunque también se bailaban en otras fechas señaladas.

Pareja bailando Chotis.

Las seguidillas, más comunes en las provincias de la antigua Castilla la Nueva, esto es, en las actuales Castilla-La Mancha y Comunidad de Madrid, son canciones de ritmo ternario y movimiento animado, con acompañamiento de castañuelas, guitarras, bandurrias, laúd, almirez y botella de anís con llave, aunque también se tocan con la dulzaina y el tamboril. En compás de 3/4, está distribuida habitualmente en estrofas de cuatro versos alternativos de siete y cinco sílabas con asonancia en los pares, seguidas de estribillos de tres versos de cinco sílabas el primero y tercero y de siete el segundo. El contenido de sus letras suele ser de tema amoroso, pero también las hay de temática pícara o jocosa. Sus variantes manchegas se realizan con ritmo muy vivo, componiéndose su coreografía de un preludio instrumental e interludio (llamados falsetas) entre cada estrofa.

Otras danzas destacadas son las danzas de palos o paloteos, muy distribuidas por toda Europa y de orígenes ancestrales. Solía ser bailado en la festividad del Corpus Christi: este carácter ha permanecido muy arraigado en la región Castellano-Manchega. Por el contrario en la zona de Castilla la Vieja los paloteos han pasado a representarse más en la festividad del Santo Patrón o a la Virgen del lugar, aunque según parece, en siglos pasados también se realizaron en día del Corpus.

El fandango, danza ejecutada por una pareja, de movimiento vivo es otra danza tradicional castellana. El compás ternario, los versos octosílabos y el frecuente empleo de castañuelas marcan un estrecho parentesco con la jota.

También merece especial atención por sus popularidad, aún hoy en día, del Chotis madrileño, música y baile con origen en Bohemia bailado al son de un organillo y con la pareja cara a cara, baile durante el cual la mujer gira alrededor del hombre, que gira sobre su propio eje.

Mesa para jugar a la Rana.

Otros bailes a mencionar son el Rondón y las Torrás.

Deportes tradicionales[editar]

Los más importantes son el boleo, la calva, el chito, la rana, el lanzamiento de barra castellana, la corta de troncos, la pelota y la monterilla entre otros.


Gastronomía[editar]

El queso manchego es de los alimentos castellanos más conocidos nacional e internacionalmente.

Para hablar de gastronomía castellana es necesario olvidar en ciertos casos la división territorial en comunidades autónomas y referirse a la antigua, en la que Castilla tenía dos partes: al norte y al sur del Sistema Central.

Castilla y León tuvo de antiguo los asados de cordero y de cochinillo, la morcilla de Burgos, los judiones de La Granja, las humildes y deliciosas sopas de ajo, los excelentes vinos de la Ribera del Duero, los blancos de Rueda, los claretes de Cigales y el vino de Cebreros.

Castilla-La Mancha presume del pisto, el morteruelo, el gazpacho manchego, que no es como el andaluz, más conocido, sino un guiso caliente de caza y verdura con tortas de pan ázimo; y también del queso manchego, que en realidad es queso castellano en general, pero elaborado aquí con especial finura. Entre los vinos destacan los de La Mancha (aunque suele creerse lo contrario, son blancos) y Valdepeñas (tintos).

En Madrid no todo es el cocido madrileño; también callos, huevos estrellados, bocadillo de calamares, asado al estilo castellano y las famosas gallinejas y entresijos de las fiestas de la capital. Los vinos de Madrid de Navalcarnero, Aranjuez y Arganda, aunque olvidados durante muchos años, ya han recuperado su prestigio. Entre los postres madrileños destacan los conocidos y extendidos churros con chocolate.

En definitiva, se entiende como gastronomía de Castilla aquellas tradiciones culinarias propias de las regiones culturalmente castellanas, compuestas por las distintas comunidades autónomas de Castilla-La Mancha, Madrid y la parte propiamente "castellana" de la actual Castilla y León.


Símbolos[editar]

Kingdom of Castile Arms (no crowned).svg

En el reinado de Alfonso VIII se comenzó a emplear un castillo de oro, aclarado de azur y mazonado de sable, en campo de gules, como símbolo del Reino de Castilla, en escudos y pendones.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • González Arce, José Damián; El color como atributo simbólico del poder (Castilla en la baja Edad Media). Cuadernos de arte e iconografía, ISSN 0214-2821, Tomo 6, Nº. 11, 1993, págs. 103-108[11]
  • El condado de Castilla (711-1038): La historia frente a la leyenda (2 vols.), de Martínez Díez, Gonzalo. Ediciones de historia, S.A. Marcial Pons.- 912 pags.- ISBN 978-84-95379-94-8 1ª ed.2005 Madrid.

Referencias[editar]

  1. Fanjul, Serafín (2004). «Alandalus y la novela histórica». La quimera de al-Andalus. Siglo XXI de España Editores. p. 271. ISBN 9788432311505. 
  2. Luciano Serrano, Cartulario de san Millán de la Cogolla, Centro de Estudios Históricos, Madrid, 1930
  3. Gonzalo Martínez Díez, El Condado de Castilla (711-1038): la Historia frente a la leyenda (Vol. I), ISBN 84-95379-95-3, págs. 135 y ss.
  4. Crónica Rotense, en el Instituto de Historia del Centro Superior de Investigaciones Científicas[1]
  5. a b García Duarte, Francisco. «La Castilla granadina en la génesis de la Castilla burgalesa y el castellano» (en español) (HTML). Consultado el 08/10/2013. «Otro dato contrastado es la existencia de una Castilla, anterior a la de Burgos e incluso confundida durante tiempo con ésta por algunos historiadores [...]. Se trata de Castilla, capital de la Cora de Elvira, llamada luego Elvira.[...] Cabe deducir que la segunda Castilla [la burgalesa] nace como consecuencia de la llegada de gentes provenientes de la primera [la granadina] dentro del marco general del fenómeno de repoblación que se da a lo largo de los siglos VIII al XI en toda la zona norte de la península.».
  6. Wolfram, Herwig. History of the Goths. University of California Press, 1990. pág.91 "Though Gutthiuda means etymologically nothing other than "Gothic people," in the fourth century it designated not a community of descent but the territory ruled by the Tervingian-Taifalian tribal confederation."
  7. "En efecto, la negativa de las provincias castellano-manchegas a la integración de Madrid en su región, su falta de entidad regional histórica, su existencia como Área Metropolitana y , el ser la Villa de Madrid la capital del Estado significaron que la provincia madrileña partiese de cero en el camino de su autonomía, sin trámites intermedios, sin régimen preautonómico". "La falta de entidad regional histórica de Madrid, hizo preciso acudir a la vía del artículo 144, apartado a) de la Norma Fundamental: "Las Cortes Generales, mediante ley orgánica, podrán por motivos de interés nacional: a)Autorizar la constitución de una Comunidad Autónoma cuando su ámbito territorial no supere el de una provincia y no reúna las condiciones del apartado 1 del artículo 143." Blanca Cid. Directora de Gestión Parlamentaria de la Asamblea de la Comunidad de Madrid. (2003. Actualizado 2007.). «[http http://narros.congreso.es/constitucion/estatutos/sinopsis.jsp?com=74 Sinopsis del Estatuto de la Comunidad de Madrid]» (en español). Consultado el 26-12-2009.
  8. [2], Congreso Extraordinario 27 octubre 2012. Proyecto de Ponencia ideológica de La Unión.
  9. Moreno Fernández, Francisco (2005). «Los reinos cristianos y su vecindario lingüístico, pg.79». Historia social de las lenguas de España. Editorial Arie. p. 287. ISBN 9788434482630. 
  10. Riojano precastellano
  11. Para su descarga

Enlaces externos[editar]