Abderramán I

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Abderramán I
Abdul al Rahman I.jpg
Nacimiento 731
Damasco
Fallecimiento Córdoba
Creencias religiosas Islam
Familia nobiliaria sin etiquetar
Hijos
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Estatua de Abderramán I en la localidad granadina de Almuñécar.

Abd Ar-Rahman ibn Mu'awiya ibn Hisham ibn Abd al-Malik (en árabe, عبدالرحمن بن معاوية بن هشام بن عبد الملك), conocido como Abderramán I o Abd al-Rahmán I al-Dājil (الداخل, ‘el que entra’ o ‘el inmigrado’) (Damasco, marzo de 731 - Córdoba, 788) fue un príncipe de la dinastía omeya, en el año 756, que tras diversos azares del destino se convirtió en el primer emir independiente de Córdoba, fundando allí la dinastía Umawi.[1]

Su madre era bereber de la tribu Nafza,[2] lo que le sirvió para escapar a Cabilia, en el norte de África, al triunfar la Revolución abásida.

La situación interna del emirato no permitió a Abderramán I dirigir las habituales aceifas (razias musulmanas) a los territorios cristianos del norte. Su reinado de treinta y dos años transcurrió entre luchas internas para sofocar la resistencia del anterior emir, Yusuf al-Fihrí, y de sus hijos, los sirios partidarios de los abasíes y de los bereberes asentados en la península Ibérica.

Se le conocía también como al-Dakhil (‘el Inmigrante’), Saqr Quraish (‘el Halcón de los Quraysh’) y el «Halcón de al-Ándalus». Variaciones de escritura de su nombre incluyen «Abd ar-Rahman I», «Abdul Rahman I» y «Abderraman I».[cita requerida]

Vida[editar]

Infancia y juventud[editar]

Mezquita de dinastía omeya en Damasco destronados en 750 por los abásidas.

Nieto de Hisham ibn Abd al-Malik, el décimo califa omeya, e hijo del príncipe Mu'awiya ibn Hisham y de una concubina esclava cristiana berebere de la tribu Nafza,[3] [4] [5] Abderramán nació en un monasterio en la periferia de Damasco. Cuando el califa Marwan II fue derrotado y asesinado en el año 750 en Egipto y se instauró la nueva dinastía de los abasíes, el joven omeya tenía menos de veinte años. El nuevo califa, Abu-al-´Abbas, temeroso de que los omeyas pudieran amenazar el derecho al trono de su familia por la influencia que aún poseían, invitó a sus rivales a la ciudad palestina de Abú Futrus, donde se llevó a cabo un banquete en el que se masacró a los omeyas asistentes (25 de julio de 750).[6] Los únicos sobrevivientes de la masacre fueron Abd ar-Rahman, su hermano Yahya, su hijo de cuatro años Sulayman, sus hermanas y un liberto de origen griego, Badr, quienes haciéndose pasar por refugiados huyeron de Damasco a una aldea, donde fueron perseguidos por los soldados de Abbas. Abd ar-Rahman, su hermano y su liberto tuvieron que escapar al desierto en busca de las tribus beduinas, dejando a sus hermanas y a su hijo.[7]

Detalle de las naves de la Mezquita de Córdoba, correspondientes a la zona construida por Abderramán I.

[8] Los omeyas, quienes fueron perseguidos por sus enemigos, los abásidas, llegaron hasta al río Éufrates. Abd ar-Rahman y su liberto, Badr, cruzaron nadando a la otra orilla, pero Yahya no alcanzó a cruzar, por lo que fue capturado y decapitado.[9] Tras presenciar el asesinato de Yahya, ambos fugitivos huyeron a Palestina, Siria y después hacia norte de África, el refugio común para aquellos que querían escapar de los abásidas.[8]

Durante el cambio de dinastía, la región Omeya había caído en manos de caciques locales, antiguos emires o tenientes de los califas omeyas; de los cuales buscaban independencia pero no fueron apoyados.[8] Después de un tiempo, Abderramán descubrió que su vida estaba amenazada, huyó aún más lejos en dirección hacia el oeste y se refugió entre las tribus bereberes de Mauritania (en la tribu de los nafzas a la que pertenecía su madre) pero estos terminaron por expulsarlo.[8] En sus viajes le acompañaban Badr y algunos pocos fieles de la dinastía Omeya.[10] En medio de estos peligros mantuvo sus ánimos gracias a su confianza en una de las profecía de su tío abuelo Maslama, según la cual él restablecería la fortuna de su familia.[10]

Llegada a la península[editar]

Abderramán llegó a Ceuta en el año 755, después de que el joven atravesó todo el norte de África en compañía de su leal vasallo Badr. Desde allí envió a un agente a la península Ibérica para buscar los apoyos de otros clientes de la familia, descendientes de los conquistadores en la península, quienes eran numerosos en la provincia de Elvira, actualmente Granada.[10]

El país estaba en un estado de confusión debido al débil liderazgo del Emir Yusef o Yusuf, una simple marioneta en manos de una facción, quien estaba dividido por las tensiones tribales entre árabes y bereberes a causa de los conflictos raciales entre ellos.[8] Esto dio a Abderramán la oportunidad que no había encontrado en África. Gracias a la invitación de sus partidarios, Abderramán llegó a la costa sexitana de Almuñécar, en septiembre del año 755.[10] Ya instalado en el castillo de Turrush, apoyado por los mozárabes de la fortaleza, reclutó un pequeño ejército con el cual pudo alcanzar el poder. Ahí fue proclamado gobernante por sus partidarios leales a la dinastía Omeya y por los opositores a Yusef.[10] En aquel momento, Yusef no pudo hacerle frente porque se encontraba auxiliando en Zaragoza, sitiada por los rebeldes.[10] Yusef volvió al sur inmediatamente, pero sus tropas habían sufrido fuertes pérdidas en el norte.[10]

En marzo del año 756, Abderramán entró a Sevilla, que para ese tiempo ya dominaba las provincias de Elvira, Sidona y Rayya.[11] Entró con sus tropas, compuestas por sirios, yemeníes y bereberes, quienes avanzaron por el valle del Guadalquivir, mientras Yusef partió de Córdoba hacia Sevilla, pero al notar el avance de su enemigo volvió a la capital. Ambos ejércitos terminaron por encontrarse en las orillas opuestas del río, el cual estaba con las aguas crecidas, por lo que era imposible cruzarlo.[11] Ambas fuerzas marcharon paralelamente hasta el paraje de Al-Musara, a las afueras de Córdoba.[11] [12]

Iniciaron negociaciones y Yusef ofreció a una de sus hijas en matrimonio y dotes de tierras.[10] El 13 de marzo, Abderramán, consciente del cansancio de sus tropas y el buen estado de las adversarias, les propuso a sus hombres aceptar la paz o luchar; sus soldados optaron por la última opción.[11] Viendo que el río había bajado su caudal, Abderramán fingió aceptar la propuesta de Yusef, quien le envió animales para alimentar a sus tropas, pero al anochecer, el ejército omeya cruzó el río sin ser visto.[11] En ese momento las tropas omeyas alcanzaban los 2.000 jinetes y 3.000 infantes,[13] quienes en su mayoría eran mercenarios.[14]

Al amanecer, ambas fuerzas se prepararon para la batalla decisiva. Armado sólo con un arco, el futuro Emir era casi el único que montaba un buen caballo de guerra, e iba rodeado de sus hombres más leales. No tenía bandera, por lo que improvisó una con un turbante verde y una lanza (el turbante y la lanza se convirtieron en la bandera de los omeyas españoles).[10] De igual modo, Yusef ordenó a sus hombres que se prepararan de la misma manera.[11] [11]

La caballería de los árabes omeyas, compuesta por esclavos y bereberes, atacó el centro y la derecha de la tropa de Yusef. En la batalla se produjo un combate singular entre Jalid Sudi, jefe de su caballería y criado de Yused, y Habid ibn Adb al-Malik, jefe de la caballería omeya.[11]

Durante la batalla, los yemeníes temían la huida de Abd al-Rahman en caso de un revés en el combate, porque él iba montado a caballo. Abd al-Rahman, al haber escuchado los rumores, llamó a Abu Sabbah Yahya al-Yashubi y le pidió su mula, lo cual tranquilizó los ánimos de los yemeníes.[11]

Finalmente los jinetes omeyas y los sirios lanzaron un ataque al centro de la fuerza enemiga, matando a tres comandantes de infantería; dos de ellos eran hijos de Yusef y el otro de Al-Sumayl ibn Hatim. Ambos escaparon dando por perdida la batalla y dejaron sola el ala izquierda, la cual resistió hasta bien entrado el día; sin embargo sus comandantes fueron asesinados.[11]

Conseguida la victoria, Abd al-Rahman entró a Córdoba y se dirigió al Alcázar, de donde expulsó a unos soldados que se le habían adelantado y estaban saqueando el palacio. Los yemeníes, enfadados de no haber logrado su propósito, se dirigieron con Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, quien les propuso asesinar Abd al-Rahman con el fin de recuperar el poder nuevamente, propuesta que los yemeníes rechazaron.[11]

Emirato[editar]

Río Guadalquivir cerca de Córdoba, ciudad donde Abd ar-Rahman I se proclamó emir independiente.

Tras la victoria, Abderramán, se proclamó emir independiente de Al-Ándalus en Archidona el 16 de marzo y los abásidas de Bagdad perdieron este territorio.[10] Poco después, entró triunfante a Córdoba con su espléndido caballo blanco, el día del 'Aid al-Kabir (conmemoración del sacrificio de Abraham). Inmediatamente después liberó de la esclavitud a una visigoda conversa al Islam, a la que desposó y fue la madre de Hisham I.

Para asegurar su supremacía sobre las demás facciones en disputa, Abderramán procuró la creación de un ejército profesional de 40.000 efectivos[13] con el fin de asegurar la lealtad de sus hombres, él mismo los entrenaba y elegía a sus oficiales.[15] Incluía a cristianos,hispanos, francos, eslavos, bereberes, mamelucos[16] y gente de todas las clases sociales, incluso esclavos, quienes recibían una paga permanente.[17] Sin embargo, la mayoría de sus tropas eran mercenarios[17] que se reclutaban en el norte de África.[18] Estas tropas, sobre todo los antiguos esclavos, eran consideradas más leales al no estar involucradas en las luchas de poder internas que sucedían en el emirato, como lo eran sus originales unidades formadas por los poco fiables sirios, yemeníes, colonos originalmente árabes y bereberes, y de las que al comienzo de su reinado el emir dependió excesivamente.[19]

El largo reinado de 32 años transcurrió en una lucha para obtener orden entre sus anárquicos árabes y bereberes, quienes nunca habían pretendido tener un maestro, y se resistían a su mandato, por lo que Abdarramán se fue haciendo cada vez más estricto.[15] Por un lado, yemeníes y qaysíes se aliaron con los abasíes; por el otro, la revuelta más peligrosa fue la ocasionada por los beréberes incluidos por el jarichismo. El jefe del jarichismo, Al-Wahid, se consideraba asimismo descendiente del profeta y se mantuvo insumiso, utilizando la táctica de guerrilla durante 10 años, llegando a dominar la región situada entre las cuencas del Tajo y del Guadiana.[20]

Yusef escapó a Toledo, donde armó un nuevo ejército y atacó la capital en compañía de su hijo, pero la abandonaron al saber del regreso del Emir.[21] El otro jefe rebelde, Al-Sumayl, escapó a Jaén y se apoyó en Yusef pero ambos se vieron forzados a pedir la amnistía a causa de la última derrota. El Emir aceptó a cambio de conservar a dos de los hijos de Yusef como rehenes. Ambos jefes regresaron a Córdoba derrotados entre el año 756 y 757.[21] Yusuf, con un ejército de 20.000 hombres provenientes de Toledo, Alicante y Mérida,[22] marchó a Sevilla donde fue rechazado por los gobernadores locales. Después regresó a Toledo, donde gobernaba su primo Hixam ibn Urwa, quien le dio refugio hasta que Yusef fue asesinado por sus soldados en el año 759.

En el año 761, Abderramán sitió Toledo, en el cual se encontraba el sometimiento de Hixam, donde logró un pacto, pero este se rebeló nuevamente el siguiente año por lo que uno de sus hijos, quien fue entregado como rehén, murió decapitado y su cabeza fue lanzada por encima de los muros de la ciudad.[15] En el año 764, Badr junto a Tamman ibn Alqama al-Thaqifi asediaron la ciudad, llegando a un acuerdo en el cual una facción de la ciudad entregó a Hixam y a sus comandantes, quienes fueron llevados a Córdoba donde se les crucificó públicamente.[15] [21]

En el año 763, los Abásidas enviaron un jefe árabe llamado Al-`Ala ibn Mugaith al-Yashubi al-Hadrami (conocido como Al Ala ibn Mugit) en compañía de hombres y con instrucciones para fraguar una rebelión en contra del Emir. En Beja (actual Portugal), Abderramán se preparó para resistir el ataque de Al-'Ala en la fortaleza de Carmona. Mandó a Badr a la entrada de la ciudad para que estableciera un campamento con el apoyo de la gente. Mientras los abásidas se distraían y se dispersaban intentando entrar en la ciudad, Abderramán atacó con su caballería oculta en las cercanías a los jefes enemigos, los cuales terminaron muertos y sus cabezas fueron enviadas (llenas con sal y alcanfor) al gobernador de Túnez con sus nombres etiquetados en sus orejas.[15]

En el año 766, la revuelta partió de Niebla. El caudillo al frente en esa ocasión fue un Yahsubí de la región, Sa'id al-Matari. La insurrección se extendió a Sevilla y la mayoría de los Yemeníes del Oeste participaron en ella, pero cuando el emir omeya marchó sobre Sevilla, Sa'id fue asesinado durante el ataque.

Aquel mismo año, el gobernador de Sevilla, Abu Sabbah al-Yahsubí, fue asesinado por el propio emir. El asesinato de Abu Sabbah provocó odio entre los consanguíneos de este caudillo, quienes eran poderosos en toda la parte occidental de la península, en Beja y Niebla.

Durante las constantes rebeliones, Abderramán cortó miles de cabezas para imponer su dominio y sus principales enemigos fueron los bereberes, quienes lo veían como cualquier otro árabe conquistador.[15] [nota 1] Los bereberes habían participado en la conquista de la península pero recibieron las peores tierras, se dedicaron en zonas montañosas al pastoreo además de que no tenían los mismos derechos que los árabes.[15] En el año 768, el jefe de los bereberes, Shaqya ibn Abd al-Walid al-Fatimi (también conocido como Saqyà al-Miknasi), se rebeló en la provincia de Cuenca y se proclamó Imán y descendiente de Fátima. Desde su refugio en las montañas lanzó varios ataques en el interior de la actual España hasta el año 777 cuando fue asesinado por sus partidarios y su cabeza fue enviada al Emir como prueba de su sometimiento.[15] Con esto el omeya expandió su dominio hasta el norte, sometiendo el valle del Ebro llegando hasta los Pirineos.[15]

En 777 desembarcó en la costa murciana Tudmir del agitador árabe al-Siqlabi, enviado por la corte de Bagdad.[21] De inmediato se movió a Barcelona, entró en contacto con el gobernador independiente de Zaragoza, Suleyman ibn Yaqzan al-Arabi, y con Abu-l-Aswad Muhammad, hijo de Yusuf, con quienes sublevo la ciudad.[21]

Ese año el primer intento de someter Zaragoza fracasó, el ejército se dispersó y su comandante fue capturado. A pesar de que los gobernantes de la ciudad eran fuertemente independientes, esperaban una nueva ofensiva y enviaron una embajada a Paderborn, donde se reunieron con Carlomagno, único monarca capaz de enfrentar al emir[15] y asegurar su independencia del centralismo del emir en comparación con el feudalismo del rey franco.[23]

En el año 778, dos ejércitos francos cruzaron los Pirineos, pero Barcelona, a la que habían pedido ayuda, negó su apoyo. Al llegar a su objetivo se unieron y se produjo la batalla de Roncesvalles.[23] A finales del año 779, Abderramán conquistó Zaragoza y después el valle del río Ebro.[23] En cuanto a al-Siqlabi, huyó a Valencia donde fue perseguido por un ejército del Emir que terminó por quemarle sus naves. Fue asesinado por uno de sus mercenarios y su cabeza fue enviada a Abderramán entre los años 778 y 779.[21]

También hizo frente a los reinos cristianos, exigiendo tributo al reino Astúr-leonés, el cual se vio obligado a pagarle al imperio omeya.

Sublevaciones yemeníes[editar]

Abderramán I también luchó contra los árabes yemeníes o kalbíes. Sus aliados, al no ver recompensado su apoyo como esperaban y sin poder ejercer algún cargo de mando sobre el soberano, tomaron parte en conjuras contra su régimen.

Los califas abasíes de Bagdad sirvieron de apoyo espiritual a muchas de estas revueltas contra el príncipe superviviente de la dinastía proscrita y a veces las fomentaban con ayuda directa. En el año 763, el jefe árabe al Ala ibn Mugit se levantó contra el emir en el distrito de Beja (sur de Portugal), enarbolando la bandera negra de los califas abbasíes. Provisto de dinero e instrucciones por el califa Abu Yafar al Mansur, desembarcó en Andalus con la promesa de obtener el gobierno del país si lograba destronar al usurpador omeya. Esto le atrajo partidarios, especialmente yemeníes; el emir omeya llegó a estar sitiado en Carmona, pero una afortunada salida le dio la victoria. Ala Ibn apereció en el combate, así como destacados jefes de la insurrección. Las cabezas de todos ellos fueron embalsamadas y metidas en un saco junto con el diploma de la investidura y la bandera negra abbasí.[24]

Los yemeníes también se sublevaron en Niebla (Huelva) al mando del jefe Said al-Matari al-Yashubi, quién se apoderó de Sevilla y se hizo fuerte de nuevo en Qalat Raawac (Alcalá de Guadaira), donde fue sitiado por el emir.[21] Said al-Matari murió en una de las salidas que hicieron los rebeldes para tratar de romper el cerco. Sus tropas tuvieron que pedir la rendición después de una enconada lucha.[21] Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, el influyente jefe yemení, quien propuso la muerte del emir tras la batalla de Al-Musara; de quien se dice que estuvo involucrado en la rebelión, fue invitado a la capital como forma de reconciliación donde se le asesinó en el año (766).[21]

La siguiente rebelión, entre los años 772 y 774, duro un poco más.[21] Mientras Abd al-Rahman I estaba sitiando el castillo de Xabatrán, donde se hallaba refugiado el rebelde bereber Shaqya (diciembre de 772), recibío un mensaje de su hijo Suleymán, quien era gobernador de Córdoba, en el que se le anunciaba la sublevación de los sevillanos al mando de un tal Abd al-Gaffar al-Yashubi, primo del asesinado Abu Sabbah Yahya al-Yashubi, y de Hayat ibn Mulatis con apoyo de los yemeníes locales.[21]

El Emir volvió a su capital pero al ver el tamaño de las fuerzas rebeldes envió a su primo, Abd al-Malik ibn Umar al-Marwaní, al frente de sus tropas, quedando él mismo en retaguardia dispuesto a socorrerle.[21] Al-Marwaní envió a su hijo Umayya a explorar el lugar, y en el momento que se encontró con tropas sublevadas huyó, por lo que fue castigado y decapitado a manos de su propio padre.[21] Tras el asesinato de Umayya, al-Marwaní arengó a sus hombres y atacó a los rebeldes destrozándolos. Como premio por su valor, Abderramán casó a su hijo Hixam con la hija de su primo y le entregó tierras y títulos hereditarios.[21]

El 20 de noviembre de 773, Abderramán entró a Sevilla y ordenó la ejecución de los partidarios de la rebelión. Este hecho le acarreó tal odio entre los árabes que el emir tuvo que comprar esclavos, es decir, mamelucos, para su ejército, pues aquellos no quisieron entrar a formar parte de sus filas como antes.[21]

Los dos jefes yemeníes de la rebelión pudieron escapar, pero el emir los persiguió hasta la vertiente sur de Sierra Morena, donde gracias a una estratagema de su primo les derrotó en el wadi Qais (río Bembézar) en el año 774.[21]

Las guerras civiles árabes y las sublevaciones beréberes finalizan prácticamente durante el reinado de Abd al-Rahmán I, pero la paz se vio turbada por motines y revueltas de carácter social entre la población del Arrabal de Córdoba y entre los muladíes de las ciudades fronterizas de Mérida, Toledo y Zaragoza.[25]

Organización del emirato[editar]

Su territorio estuvo bien organizado gracias a la eficacia de sus ministros y gobernadores en las siete provincias del emirato, conformadas por caldíes, jueces de las ciudades y el consejo coránico que procuraban la integración de los diferentes grupos religiosos bajo las leyes de Mahoma, como la de los muladíes (cristianos conversos), mozárabes (cristianos que pagaban tributo extra por permanecer en territorio musulmán) y los judíos, plenamente integrados. Abderramán siempre tuvo 4 ó 5 asesores que le aconsejaban en cada decisión difícil, entre los cuales se encontraba su antiguo vasallo Badr, al que nombró jefe del ejército, y con el que guardaba una cierta amistad.

Ordenó que no se rezase jamás por los abasidas de Bagdad y fue proclamado príncipe de los creyentes. En las monedas no se hacía ninguna mención a Bagdad y tan solo reflejaban el año en curso y el nombre de Al-Ándalus. Fomentó los cultivos e introdujo la palmera en la península Ibérica. Según la tradición, todas las palmeras de España descienden de una palmera que plantó Abderramán I con sus propias manos en el jardín de su palacio de Córdoba.[cita requerida]

Mezquita de Córdoba[editar]

En el año 785, utilizó el material de una basílica visigoda dedicada a San Vicente para iniciar la construcción de la mezquita de Córdoba, que quedaría para la posteridad como símbolo del esplendor de la España musulmana.[23] Durante sus últimos años, inició un proceso de construcciones masivas para justificar su poder frente a los ojos de la comunidad pues ya estaba asegurado por la derrota de los hijos de Yusef, Abu-l-Aswad Muhammad y Qasim ibn Yusuf, quienes se habían rebelado en Toledo con 6.000 hombres a su mando.[26] Abderramán los venció personalmente en batalla el 11 de septiembre de ese año.[21]

Los cristianos unitarios, quienes eran los propietarios de dicha iglesia, vieron con buenos ojos la construcción de la mezquita. Para ellos nada cambiaba pues, convertidos al Islam, experimentaban hacia Jesús la misma idea que tenían de él que cuando eran cristianos. Los unitarios no creían en Jesús como dios, ni creían en la trinidad, es más, esperaban la llegada de un profeta, quien anunciado por Jesús, completaría y reforzaría su mensaje.[cita requerida]

Dinastía omeya[editar]

Entre los años 779 y 780, los omeyas Abd al-Salam ibn Yazid y el sobrino del emir, Ubayd Allah ibn Aan, intentaron derrocarlo del poder y pagaron el intento con su vida.[21]

Tiempo después, en el año 783, su sobrino, al-Mugira, hijo de su hermano Walid, junto con un hijo del famoso Al-Sumayl ibn Hatim llamado Hudhayl ibn Al-Sumayl, fraguaron otra conspiración que también pagaron con su vida.[21]

También su fiel liberto Badr fue insolente con su señor y cayó en desgracia, siendo temporalmente desterrado a una plaza fronteriza en el año 772. Años más tarde se reconcilió con el emir y recuperó los bienes confiscados y las prerrogativas pasadas.[21]

Tuvo tres hijos legítimos que pretendían sucederle, Suleimán, Hisham y Almondzir. Abderramán tomó la decisión de elegir el sucesor siguiendo una antigua tradición oriental. Escogió a Hisham, por ser el más parecido a él tanto en carácter como físicamente, a quien dejo un inmenso legado.

Nunca perdió ninguna batalla y en sus últimos años, Abderramán tuvo que lidiar con una sucesión de conspiraciones en el palacio, las cuales reprimió enérgicamente. Estableció un estado musulmán unificado que logró detener el avance cristiano por varios siglos y evitó el colapso del control islámico en la península.[23] Fundó la dinastía que aseguró el control omeya de España hasta 1031.[23]

Después de sofocar la rebelión de los moriscos en el siglo XVI, es posible que fueran a establecerse en la región de Valencia algunos descendientes omeyas que quedaron y que hubieran sido obligados a cristianizarse o a salir deportados desde el puerto de Alicante en 1609.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. http://books.google.es/books?id=4xVdTetFSPcC&pg=PA33&lpg=PA33&dq=abul+jatar+andalus&source=bl&ots=NS-ug2Gklu&sig=NcgRHCldJOmGO8XShhww42erhDI&hl=en&sa=X&ei=m1iOUbSUC9Hb7AbBsYHICw&redir_esc=y#v=onepage&q=abul%20jatar%20andalus&f=false, pg 33
  2. http://referenceworks.brillonline.com/entries/encyclopaedia-of-islam-2/nafza-SIM_5747?s.num=6
  3. Foundation for Medieval Genealogy: Moorish spain
  4. Paul Lunde, Islamic Seville, January/February 1993 print edition of Saudi Aramco World, p. 20-31
  5. André Clot, L'Espagne Musulmane, p.40, Ed.Perrin, 2004, ISBN 2-262-02301-8
  6. Ni media palabra: Piedra y color: Año 844 d.C: los vikingos saquean Sevilla (parte I)
  7. Ahmed ibn Muhammad al-Maqqari. The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, pág. 96.
  8. a b c d e Abderramán I 1/5
  9. Ahmed ibn Muhammad al-Maqqari. The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, pág. 60.
  10. a b c d e f g h i j Abderramán I 2/5
  11. a b c d e f g h i j k Batalla de Al-Musara (756)
  12. http://www.andalupedia.es/p_termino_detalle.php?id_ter=16936
  13. a b Servicio Histórico Militar de España, 1984: 43.
  14. Arabia S. Bernini, 1992: 290
  15. a b c d e f g h i j Abderramán I 3/5
  16. Ejércitos Emiratos
  17. a b Antonio Domínguez Ortiz, 2008: 59
  18. Chris Wickham, 2009: 172
  19. David Levering Lewis, 2009:344
  20. http://www.filosofia.tk/soloapuntes/pnhistoria/cuarto/hmed/med01.htm
  21. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s Abd al-Rahman ibn Muawiya al-Dajil (756-788)
  22. Florentino Pérez-Embid, 1962: 7
  23. a b c d e f Abderramán I 4/5
  24. http://www.nubeluz.es/independientes.html
  25. http://www.filosofia.tk/soloapuntes/pnhistoria/cuarto/hmed/med01.htm
  26. Miguel Lafuente Alcántara, 1844: 116

Notas[editar]

  1. El origen del conflicto entre los colonos árabes y bereberes tras la conquista de la península. Estos últimos consideraron que habían recibido las peores tierras repartidas como botín tras las campañas (Lewis, 2009: 344), el cual era el método de pago a los soldados musulmanes hasta la introducción del pago de un sueldo por Abderramán I (Domínguez Ortiz, 2008: 59). A la larga este conflicto provocó que muchos de ellos emigraran al Magreb durante la segunda mitad del siglo VIII dejando despobladas varias regiones, pero que fueron repobladas luego por cristianos que habían migrado antes al norte de los valles del Duero y del Ebro tras la batalla de Guadalete (Lewis, 2009: 344).

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Bibliografía[editar]

  • Miguel Lafuente Alcántara (1844). Historia de Granada: comprendiendo la de sus cuatro provincias Almería, Jaén, Granada y Málaga, desde remotos tiempos hasta nuestros días. Volumen II. Librería de Sans, Granada.
  • Florentino Pérez-Embid (1962). Enciclopedia de la cultura española. Volumen I. Editora Nacional.
  • Servicio Histórico Militar (1984). Historia del ejército español. Volumen II. Gráficas Becefe.
  • Arabia S. Bernini (1992). Enciclopedia hispánica: Macropedia. Volumen IV. Encyclopaedia Britannica Publishers, ISBN 978-0-85229-532-8.
  • Antonio Domínguez Ortiz (2008) [2000]. España, tres milenios de historia. Marcial Pons Historia, Madrid, ISBN 978-84-96467-51-4.
  • Chris Wickham (2009) [2005]. Una historia nueva de la Alta Edad Media. Europa y el mundo mediterráneo. 400-800. Editorial Crítica, Barcelona, ISBN 978-84-7423-614-9.
  • David Levering Lewis (2009) [2008]. El Crisol de Dios. El Islam y el nacimiento de Europa (570-1215). Editorial Paidós, Barcelona, ISBN 978-84-493-2233-4.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Marwan II (Finalización del Califato omeya)
Yûsuf al-Fihrî (Finalización del Valiato de al-Ándalus)
Emir de Córdoba
756 - 788
Sucesor:
Hisham I