Bombardeo de la Plaza de Mayo

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Bombardeo de Plaza de Mayo
Plaza-Mayo-bombardeo-1955.JPG
Lugar Buenos Aires,
Argentina
Blanco(s) Presidente Juan D. Perón
Fecha 16 de junio de 1955 (hace 59 años)
Tipo de ataque bombardeo aéreo, ametrallamiento aéreo
Arma(s) bombas arrojadas por aviones de la aviación naval, munición de 7,62 y 20 mm
Muertos 364[1]
Heridos Más de 700[2]
Perpetrador(es) militares y civiles antiperonistas
Motivo Intento de golpe de Estado

El Bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo y simultáneo ametrallamiento aéreo, cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Ese día un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentó asesinarlo y llevar adelante un golpe de estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron con munición aérea de 30 mm, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, ubicada a su vera, el edificio de la CGT (Confederación General del Trabajo) y el edificio que en aquella época servía como residencia presidencial, causando la muerte de 364 personas[1] [3] y más de 700 heridos, siendo, irónicamente, el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (contra los propios argentinos).[4]

Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ubicado a 200 m de la Casa Rosada por lo cual no estaba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. El desprecio por la vida de las personas y la violencia con la cual se ejecutó el hecho, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, hace que se lo vincule con el terrorismo de Estado, aparecido años después en el país.[5]

En la década de 2000 se abrió una causa judicial orientada a investigar si se trató de un delito de lesa humanidad. En febrero de 2008, el juez Claudio Bonadío entendió que ese episodio no fue un delito de lesa humanidad porque no había sido un asesinato en masa por parte del Estado, sino un intento no estatal para asesinar al presidente.[4]

Antecedentes[editar]

Esquema de la Casa Rosada y las bombas caídas ese día.

El 24 de febrero de 1946 se realizaron elecciones en las que Juan Domingo Perón resultó elegido presidente de la Nación Argentina con el 52 % de los votos. El primer Gobierno de Perón se desarrolló con una fuerte oposición antiperonista, formada y organizada incluso antes de las elecciones, en la que se combinaban intereses británicos y estadounidenses en la región, confrontaciones de tipo racial y social,[6] ―particularmente contra el poder que los sindicatos alcanzaron en ese período―, y cuestionamientos sobre la legitimidad democrática del peronismo.

En 1951 se produjo un primer intento fallido de golpe de estado por parte de ramas conservadoras del Ejército, con apoyo de algunos sectores civiles. Ese mismo año se realizaron las elecciones presidenciales en las que Perón volvió a ganar, ampliando su apoyo hasta alcanzar un 62,49%.[7]

El 15 de abril de 1953 un grupo comando antiperonista realizó un atentado terrorista contra una manifestación sindical organizada por la CGT en la Plaza de Mayo. Dejó como saldo 5 trabajadores muertos y 95 heridos.[8] [9] Ese mismo día se incendiaron locales de los partidos radical, socialista y demócrata y el Jockey Club y se apresaron y torturaron varios personajes políticos supuestamente relacionados con el grupo comando.

El bombardeo en la Plaza de Mayo.

Luego del fracasado golpe de 1951, algunos militares habían permanecido en estado de conspiración latente.[10]

A fines de 1954 el conflicto entre el gobierno y la Iglesia ―por la ley de Divorcio y la posible quita de subsidios y pago de sueldos a la curia― dio nuevo impulso a los golpistas. Dentro de los conspiradores había oficiales del Ejército de alta graduación como el general Eduardo Lonardi, que estaba en situación de retiro y el general Pedro Eugenio Aramburu, que en razón de su destino no tenía mando de tropas.[11] Ambos oficiales serían los que, trabajando en paralelo y con ciertas rivalidades internas, realizarían exitosamente el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955.

Para el 23 de abril de 1955, los conspiradores lograron contar con el apoyo del general de brigada José León Bengoa, quien como comandante de la Tercera División de Infantería con asiento en Paraná (Entre Ríos) tenía tropas a su mando[11] y del coronel Eduardo Señorans, jefe de personal del Estado Mayor General del Ejército con asiento en el Ministerio de Ejército, a una cuadra de la Casa de Gobierno.[10]

Entre los integrantes de la Marina de Guerra, Perón tenía escaso apoyo.

Los oficiales de la Marina tendían a identificarse, en su gran mayoría, con las clases sociales que Perón denunciaba sin cesar como la oligarquía y miraban con mal disimulada hostilidad sus programas sociales, así como su persona misma.

Robert Potash[10]

En 1951 hubo oficiales navales vinculados al intento de Menéndez, pero el Servicio de Inteligencia de la Marina no colaboró para detectarlos. Luego de los hechos de violencia de 1953 se reactivó la conspiración e incluso se elaboraron dentro de la Marina varios planes que bajo la apariencia de ejercicios de guerra tenían como finalidad prepararse para una futura revolución en la que participara en especial la Base Puerto Belgrano y la flota de mar.[10] Cuando a comienzos de 1955 la tensión había crecido, los conspiradores buscaron un oficial superior que encabezara el levantamiento y finalmente consiguieron que aceptara tal cometido el contralmirante de infantería de marina Samuel Toranzo Calderón.

En ese punto los conspiradores contactaron con los generales Lonardi y Aramburu y, finalmente, con el general José León Bengoa. No obstante estos apoyos militares no fue mucho lo que pudieron cosechar dentro de los partidos políticos pues si bien los nacionalista-católicos (de derecha) y el Partido Socialista de Argentina (de izquierda) acordaban el derrocamiento de Perón poco más compartían en común. Los conspiradores no parecen haber definido ningún acuerdo sobre el programa que seguirían una vez consumado el derrocamiento fuera de establecer un régimen encabezado por una Junta cívico-militar formada también por los civiles Miguel Ángel Zavala Ortiz (Unión Cívica Radical, Américo Ghioldi (Partido Socialista) y Adolfo Vicchi (Partido Demócrata Nacional, de tendencia conservadora). También participaron los nacionalistas católicos Mario Amadeo y Luis María de Pablo Pardo.

Los golpistas encontraron propicio para sus fines la disputa mantenida entre el gobierno y la Iglesia, que no solo logró aumentar la tensión entre el mismo y la oposición sino que además estaba generando resistencia dentro de sus propias filas. Perón impulsaba la convocatoria a una convención constituyente que decidiera la separación de la Iglesia y el Estado.

Hay muchos que desean que la Iglesia sea independiente del Estado; otros, que la Iglesia esté en el Estado, como actualmente. Lo justo es esperar la elección y que la mayoría del pueblo sea la que decida, y no decidir por la violencia.

Perón[12]

En el marco de esta campaña se produciría la Procesión del Corpus Christi inicialmente prevista y autorizada para el jueves 9 de junio, la Iglesia decidió retrasarla dos días ―con la idea de reunir más participantes― pero el Ministro del Interior le comunicó que no podía autorizarla como festividad religiosa para la nueva fecha, por lo cual la ceremonia de ese día debería ser realizada exclusivamente dentro de la Catedral.

El 11 de junio se produjo la gran movilización opositora que reunió 250.000 manifestantes, desplazándose desde la zona de la Catedral a la zona del Congreso Nacional. Las crónicas de la época reseñan que los activistas católicos dañaron placas conmemorativas a la figura de Eva Perón (la líder popular fallecida de cáncer dos años antes, a quien los peronistas consideraban una santa y mártir de los pobres). En el mástil del Congreso arriaron la bandera argentina e izaron una bandera del Vaticano (blanca y amarilla). La Policía Federal denunció que la bandera argentina fue quemada durante la procesión. Al día siguiente se publicaría en los diarios la fotografía de Perón y Ángel Borlenghi (ministro del Interior) mirando los restos de la bandera quemada.

Poco después, sin embargo, Héctor Giliberti (subinspector de la Policía Federal) le confesó a su hermano (el capitán de corbeta José María Giliberti) que la bandera había sido quemada por sus compañeros de la policía, y ratificó luego sus dichos al declarar en el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. También lo confirmaron los policías Juan Laperchia e Isidoro Ferrari, por lo cual el organismo solicitó a Perón la separación del jefe de policía y la detención del ministro del Interior Ángel Borlenghi. Pero al día siguiente de esa comunicación, Borlenghi salió del país hacia Montevideo.[13]

Meses después, una vez depuesto el Gobierno y en el transcurso de las investigaciones para acumular evidencias contra Perón, el propio contraalmirante Alberto Tessaire ―quien había sido vicepresidente de Perón, pero se había pasado al bando golpista― afirmó que la acción se había ejecutado no solo con la autorización de Perón sino bajo su inspiración.[14]

Esto incrementó las tensiones, luego de que grupos que simpatizaban con Perón chocaran con los grupos opositores y clericales. Finalmente, el 13 de junio Perón expulsó del país a los monseñores Tato y Novoa, figuras del movimiento clerical, y un día después, en un mensaje a la multitud reunida en la Plaza del Congreso, expresó:

Desagraviar nuestra bandera en nuestros días tiene para mí el más profundo significado. Las banderas tienen, según las patrias y las comunidades que representan, el reflejo del espíritu de un tiempo y de una época. Nuestra bandera [...] no debió ser agraviada por los hombres.

Perón[15]

El gobierno organizó un acto de desagravio a la bandera nacional, que se realizaría tres días después, el jueves 16 de junio de 1955. El ministro de Aeronáutica, brigadier mayor Juan Ignacio de San Martín, dispuso que la aviación testimoniara su adhesión al presidente de la República, desagraviando a la vez la memoria del general José de San Martín. Para esto decidió que una formación de aviones sobrevolaría la Catedral de Buenos Aires, donde descansan los restos del Libertador. El anuncio del desfile reunió en Plaza de Mayo a un numeroso público. Se trataba de un acto cívico-militar en solidaridad con el gobierno frente a los embates de la oposición.[16]

Los servicios de información[editar]

Mientras ocurrían estos hechos el contralmirante Toranzo Calderón fue advertido por el Servicio de Inteligencias Navales de que su implicancia personal en el movimiento revolucionario había sido descubierta por el Servicio de Informaciones de la Fuerza Aérea (organismo que simpatizaba con Perón) por lo cual, ante el temor de ser arrestado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo, decidió apresurar una acción militar contundente.[17]

La noche del 15 de junio de 1955 el ministro de Ejército general Franklin Lucero fue informado por su ayudante de que se produciría una rebelión en las primeras horas del día siguiente pero no le dio crédito a la noticia ni la informó a Perón.[18] Según el escritor Daniel Cichero, el gobierno posiblemente tenía conocimiento del levantamiento por otras fuentes, pero no intentó desactivar el golpe.[19]

Plan de la acción rebelde[editar]

El plan consistía en aprovechar un vuelo-homenaje de desagravio a la bandera nacional que despegaría a las 8 de la mañana, y bombardear la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra con el objetivo de eliminar a Perón o provocar un duro golpe psicológico contra su administración.[11]

Las unidades que participarían eran: las aeronaves de la base naval de Punta Indio, otras aeronaves de la VII Brigada Aérea de Morón (Fuerza Aérea), unos 700 efectivos de infantería de marina y varios grupos de civlies armados.[20] Ese día el contraalmirante Samuel Toranzo Calderón puso en conocimiento del plan a su superior inmediato, vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien se plegó al movimiento y al mediodía se contactó con el ministro de Marina, Aníbal Olivieri, quien calificó el plan como «una locura».[21] Tras todos esos acontecimientos, cerca de las tres de la tarde Olivieri sufrió una descompensación y debió ser internado en el hospital naval.[22] También el 15 un auto fue enviado con urgencia a Entre Ríos, para contactar al conjurado general Bengoa y avisarle que al día siguiente debía rebelarse. Pero, llegado el 15 a la noche, el mensajero descubrió que Bengoa había viajado esa mañana a Buenos Aires.[23] Dado el súbito desencadenamiento de los hechos, había poco planeamiento sobre de la sublevación de las bases. Por ejemplo, Agustín Héctor de la Vega, responsable de sublevar la base de Morón, supo el miércoles 15 a la noche que el alzamiento se realizaría al día siguiente.[24] Esa misma noche el capitán Noriega, responsable por la base de Punta Indio, recibió un informe meteorológico que anunciaba pésimas condiciones para el día siguiente, pero no tenía ya la posibilidad de cambiar nada.[25]

Tropas del Batallón de Infantería de Marina 4 (BIM4) al mando del vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien pocas horas antes había sido enterado y se había plegado a la sedición, avanzarían desde la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires para tomar la Casa de Gobierno, con el apoyo armado de grupos civiles apostados en la Plaza. Se había previsto la toma de la emisora de Radio Mitre y de la central de Teléfonos del Estado para difundir una proclama revolucionaria redactada por Miguel Ángel Zavala Ortiz. Se había previsto movilizar las unidades navales de la Marina de Guerra. Los revolucionarios contaban también con recibir apoyo ―una vez iniciados los hechos― por parte de otros sectores del Ejército y de la oposición que no habían sido consultados.

Los participantes en el bombardeo (como el entonces teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly) afirmaron posteriormente que el objetivo no era matar al presidente de la Nación sino «quebrarlo en su fortaleza de mando».[11]

Cristo Vence[editar]

Muchos de los aviones que participaron en el bombardeo de Plaza de Mayo habían sido pintados con el signo de "Cristo Vence", una cruz dibujada dentro de una letra V. Tras el exilio de Perón, sus partidarios modificaron este símbolo: agregándole un arco curvo al sector superior derecho de la cruz, se formaba el signo de "Perón Vuelve" (o según otros "Perón Vence", "Perón Vive", "Perón Viene").

El ataque[editar]

Tapa de la revista Ahora, del año 1964, donde se revisan los trágicos acontecimientos de 1955.

En horas de la mañana del 16 de junio el vicealmirante Gargiulo arengó a sus hombres del Batallón de Infantería de Marina 4, quienes no estaban al corriente de la acción que se les pediría emprender, para que actuaran por la Patria y por su comandante, enviando luego a la tropa para que tomara la Casa Rosada. A los pocos minutos se les ordenó regresar: el despegue de los rebeldes de Punta Indio (estipulado para las 8 de la mañana) se había retrasado hasta las 10:45 por la niebla matinal, y el plan requería la coordinación con el ataque aéreo. La Flota de Mar tampoco pudo salir de Puerto Belgrano por falta de coordinación y por supuestos problemas técnicos en las calderas de sus buques.

A las 8 de la mañana Perón fue informado de los movimientos militares por el ministro de guerra general Franklin Lucero, quien le pidió que abandonase la Casa de Gobierno pues podría ser objeto de un ataque, por lo que Perón se trasladó entonces a la sede de ese Ministerio.[26]

El bombardeo y ametrallamiento[editar]

Mujer con su pierna destrozada por el ataque de los aviones.

A las 12:40, la escuadra de treinta y cuatro aviones de la Marina de Guerra argentina que había estado sobrevolando la ciudad desde hacía bastante tiempo (22 North American AT-6, 5 Beechcraft AT-11, 3 hidroaviones de patrulla y rescate Catalina), iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo.[27]

La sorpresa del ataque hizo que el mismo cayera sobre la población, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros. Un trolebús repleto de niños recibió una bomba de lleno, muriendo todos sus ocupantes.

Este ataque a la población civil de su propio país fue el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (hubo un segundo bautismo el 1 de mayo de 1982, en la guerra de las Malvinas). Y también fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que los repelieron. Se arrojaron 9.500 kg de bombas, y miles de balas 7,62 y 20 mm; causando la muerte a 364 personas y heridas a más de 700.[28] [27] Según una versión, como los confabulados no consiguieron bombas de alto poder explosivo emplearon contra la ciudad abierta bombas de fragmentación de 50 kg de trotil,[29] provocando rápidamente cientos de víctimas y daños materiales, en tanto otra versión sostiene que se usaron bombas comunes de demolición.[30] Un estimado teórico indica que el peso total de las bombas arrojadas pudo ser de 13,8 toneladas.[31]

Fue el cuarto bombardeo sobre Buenos Aires; el primero en ocasión de las Invasiones inglesas de 1806 y 1807, el segundo en ocasión del Combate de Los Pozos (1826) y el tercero cuando se produjo la Revolución del Parque (1890).

Las evacuaciones médicas se iniciaron de inmediato, algunas incluso entre los bombardeos aéreos y fueron realizadas por los habitantes que se encontraban en las inmediaciones. Esto provocó que algunos más cayeran heridos o muertos.

Combates en la urbe[editar]

La Plaza de Mayo, ubicada frente a la Casa Rosada, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, lugar de los bombardeos que mataron e hirieron a los civiles que se encontraban en el lugar.

Desde el interior de la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra comenzó a organizarse la resistencia armada. Las tropas rebeldes del Batallón 4 fueron transportadas presurosamente en camiones a primeras horas de la tarde y desplegadas en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, pero fueron repelidos desde el interior por efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo y desde el exterior por tropas del Ejército que marchaban desde el sector del Ministerio de Hacienda bajo el mando del general Lucero. Las tropas leales fueron acompañadas por simpatizantes peronistas que empuñaron las armas.

A las 13:12 minutos el dirigente sindical Héctor Hugo Di Pietro que se encontraba a cargo de la CGT por ausencia del Secretario General habló por la cadena nacional de radiodifusión y llamó a todos los trabajadores de la Capital Federal y Gran Buenos Aires a concentrarse inmediatamente, pero sin violencias, en los alrededores de la CGT para defender a su líder. Por otra parte, delegados sindicales estaban movilizando obreros desde las fábricas de los alrededores de Buenos Aires hacia el Centro de la ciudad[31]

Perón le ordenó a su ayudante el mayor Cialceta que le comunicara a Di Pietro que no debía concurrir un solo hombre a la Plaza de Mayo, que ése era un enfrentamiento entre soldados. El historiador Joseph Page dice, citando como fuente un informe de la Embajada de Estados Unidos, que esta orden se dio a las 16:00 horas.[31]

Los civiles convocados por la CGT y por los dirigentes de la Alianza Libertadora Nacionalista se concentraron en el sector noroeste de la plaza, y desde el Ministerio de Guerra también se hacía fuego contra los rebeldes.

El Batallón 4 se replegó en desorden hasta el Ministerio de Marina (a poca distancia de la Casa de Gobierno) combatiendo por las calles, quedando los rebeldes allí cercados junto con su líder Samuel Toranzo Calderón y el Ministro de Marina Aníbal Olivieri, plegado este último al golpe por un sorpresivo acto de «identificación moral» con los rebeldes: abandonó su internación en el hospital naval y, desde su llegada al Ministerio de Marina, tomó el mando de las operaciones.[32] Los comandos civiles rebeldes entraron en acción bajo el mando de Zavala Ortiz, hostigando a los leales, enfrentándose con la policía y disparando como francotiradores desde los techos del edificio del Banco Nación (hoy, del Banco Central). Otros grupos de civiles rebeldes ocuparon diversas radios para difundir una proclama revolucionaria.[33] Durante la tarde, desde el sector del Correo Central, tropas adicionales del Batallón 4 de infantería de Marina intentaron perforar el cerco establecido por los leales sobre el Ministerio de Marina.

Una bomba cayó sobre la convocatoria a las 13:30 y mató a Armando Fernández, de la Asociación de Trabajadores Jaboneros, Perfumistas y afines. Su cuerpo entró en la morgue de La Matanza horas más tarde.[1]

La lucha en el aire[editar]

Un avión Gloster Meteor en la plaza Fuerzas Armadas, en la ciudad de Junín (provincia de Buenos Aires).

Mientras se acentuaban los tiroteos en el centro porteño, el mando leal ordenó a la Base Aérea Militar de la Fuerza Aérea en Morón el despegue de interceptores a reacción. Los pilotos se encontraban entonces en acaloradas discusiones sobre si debían adherirse o no al movimiento revolucionario. Rápidamente se hizo al aire una escuadrilla de cuatro Gloster Meteor leales al gobierno. Si bien no pudieron llegar a tiempo para impedir el bombardeo, lograron interceptar una escuadrilla naval rebelde que se retiraba de la zona.

La escuadrilla de interceptores Meteor leales estaba formada por:

  • primer teniente Juan García (volando el Meteor I-039), al mando
  • primer teniente Mario Olezza (Meteor I-077),
  • primer teniente Osvaldo Rosito (Meteor I-090) y
  • teniente Ernesto Adradas (Meteor I-063).

Las máquinas rebeldes AT-6 Texan eran piloteadas por:

  • teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly (en el Texan 0342/3-A-29) y
  • guardamarina Armando Román (en el Texan 0352/3-A-23).

El combate se produjo a baja altura sobre el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery y el Río de la Plata. El Texan del rebelde Armando Román cayó bajo los cañones de 20 mm de Adradas. Román pudo saltar en paracaídas (cayendo al río) y Adradas logró el primer derribo de la Fuerza Aérea y el primer derribo de un reactor en el continente americano. Fue el «bautismo de fuego» de la Fuerza Aérea Argentina, que volvería a actuar contra guerrilleros en Tucumán, en 1975, y en el Atlántico Sur, en 1982, contra las fuerzas británicas durante la Guerra de las Malvinas.

La Base Aérea de Morón cayó entonces por poco tiempo en manos rebeldes, con lo que estos pudieron hacerse con 4 Meteors.[34] Los hicieron despegar para continuar ametrallando la zona de Plaza de Mayo en apoyo a los rebeldes emplazados en la zona del Ministerio de Marina, extendiendo sus acciones hasta las 17:20.[35] Los aviones de la fuerza aérea, junto a todos los de la marina, realizaron ese segundo ataque a la Casa Rosada cuando el resto del alzamiento estaba al borde del fracaso: todos los rebeldes estaban en el ministerio de Marina, rodeados por fuerzas muy superiores.[36] El Presidente Perón quedó visiblemente impactado al ver que efectivos de la Fuerza Aérea, que él había creado, se alzaban en su contra.[37] Al no contar con bombas, uno de estos aviadores empleó su tanque de combustible auxiliar como si fuese una bomba incendiaria, que cayó sobre los automóviles que se encontraban en el estacionamiento de la Casa de Gobierno.[38]

Retirada y rendición[editar]

Durante el ataque fue alcanzada por disparos y bombas la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo Nacional.

Ante el fracaso del combate en tierra y tras sufrir dos derribos por las baterías antiaéreas montadas en la zona, los aviadores rebeldes recibieron la orden de huir a territorio uruguayo, pidiendo asilo. Miguel Ángel Zavala Ortiz logró llegar en avión a Uruguay junto con otros 50 conspiradores. Algunos aparatos no llegaron a aterrizar en el territorio uruguayo por el excesivo consumo de combustible invertido en los ametrallamientos, por lo que sus pilotos debieron descender forzosamente al Río de la Plata o en campos de la zona de Carmelo (Uruguay).

Treinta aviones rebeldes se dirigieron al aeropuerto de Carrasco (Uruguay), para buscar refugio en el vecino país. Iba con ellos Zavala Ortiz. «En el camino ametrallaron todo lo que se movía en la Plaza de Mayo».[39]

Hasta que la autodenominada Revolución Libertadora derrocara a Perón ―el ― los sediciosos fugados siguieron exiliados en territorio uruguayo.

En un mensaje radial emitido a las 17:15, Perón afirmó:

La situación está totalmente dominada. El Ministerio de Marina, donde estaba el comando revolucionario, se ha entregado y está ocupado, y los culpables, detenidos. [...] Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión.

Juan Domingo Perón[40]

Tras el duro combate terrestre, que incluyó un incidente de falsa rendición por parte de los rebeldes, estos decidieron entregar el Ministerio de Marina a las unidades del Ejército. A las 3 de la mañana del 17 de junio se comunicó a los líderes del alzamiento, Olivieri, Gargiulo y Toranzo Calderón, que serían juzgados bajo ley marcial, y se les ofreció a cada uno un arma para terminar con sus vidas. Olivieri y Toranzo rechazaron esta invitación para hacerse cargo plenamente de sus actos ante la corte, pero el vicealmirante Benjamín Gargiulo tomó otra decisión. A las 5:45, apenas antes amanecer, se oyó un disparo en su oficina.[41]

Consecuencias[editar]

Fachada exterior del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, en donde aún se preservan huellas de impactos de munición aérea (de 7,62 mm)

La noche del 16 de junio de 1955, como represalia al asesinato de varios centenares de civiles, simpatizantes peronistas ―en el conocimiento de la estrecha relación entre la cúpula eclesiástica y los sediciosos que provocaron el atentado terrorista― incendiaron la Curia Metropolitana, las basílicas de Santo Domingo y San Francisco, junto con otras ocho iglesias, sin que los policías y bomberos presentes hicieran nada por impedirlo.

Según una investigación realizada después del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, el vicepresidente Alberto Tessaire afirmó que un informe entregado al gobierno ―que habría sido preparado por los servicios de informaciones―, en la noche en que se produjo el ataque a los templos hubo tres grupos organizados que ―partiendo del Ministerio de Salud Pública, del Servicio de Informaciones y del local del Partido Peronista― se dirigieron separadamente a las iglesias atacadas. Este último grupo, integrado por unas 65 personas, fue el que inició el ataque a la Curia y la Catedral y habría estado bajo la responsabilidad del vicepresidente Tessaire. El grupo que salió del Ministerio de Salud Pública atacó las iglesias de Santo Domingo, San Ignacio, San Francisco y La Merced y el proveniente del Servicio de Informaciones se dirigió a la de San Nicolás y el Socorro.[42]

Si bien se decretó estado de sitio, Perón intentó una política de reconciliación con los sectores opositores, abandonando su política de confrontación e intentando calmar mediante llamamientos por radio a la clase trabajadora.

El bombardeo-ametrallamiento es uno de los antecedentes directos del levantamiento cívico-militar que se produciría tres meses después, logrando deponer el 16 de septiembre de 1955 al presidente Perón e instaurándose la autodenominada Revolución Libertadora.

Si bien los cabecillas de la masacre temieron recibir la pena de muerte por «traición a la Patria», la pena más dura fue impuesta contra Toranzo Calderón (condenado a cadena perpetua). Los militares que se asilaron en Uruguay fueron dados de baja por el cargo de rebelión. Pero tres meses después ―tras el golpe de Estado (del 16 de septiembre de 1955)― fueron reintegrados por los nuevos mandos.

El Batallón de Infantería de Marina 4 fue disuelto y la Marina de Guerra fue despojada de su poder de fuego (se les quitaron las espoletas para sus cañones navales de grueso calibre) y militares involucrados o simpatizantes solicitaron la baja al jefe de la fuerza. El resto de los culpables no fueron juzgados.

Claras huellas de los impactos de bala producto del ametrallamiento aéreo de los sediciosos se aprecian aún hoy en el revestimiento de granito de la fachada del Ministerio de Economía de la Nación, en el lado sur de la Plaza de Mayo.

Monumento a las Víctimas del Bombardeo de Plaza de Mayo, titulado De los cielos los vieron llegar, de la escultora Nora Patrich, en Casa Rosada.

Un testimonio fílmico del ataque sobre Plaza de Mayo[editar]

El 27 de mayo de 2007, se dio a conocer una película de medio metraje con 25 minutos de duración, en 16 mm con sonido óptico, Safety, filmada por un equipo cinematográfico francés. El equipo de filmación se encontraba en la capital argentina (Buenos Aires), tomando imágenes que no guardaban relación con este acontecimiento.[43] La película nunca fue estrenada ni en la Argentina ni en Francia, y contiene imágenes inéditas del bombardeo de Plaza de Mayo y permaneció oculta hasta que el periodista argentino Roberto Di Chiara logró descubrirla y recuperar con ella un testimonio de gran valor histórico.

Véase también[editar]

Fuentes[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c Gaggero, Jorge (2006): «Cuando un no golpista era “traidor a la patria”», artículo en el diario Página/12 (de Buenos Aires) del 19 de junio de 2006. Consultado el 21 de febrero de 2009.
  2. «A 54 años del día en que bombardearon al pueblo reunido en la Plaza de Mayo», artículo en el diario El Argentino (de La Plata) del 16 de junio de 2009. Consultado el 16 de junio de 2009.
  3. «La Plaza de Mayo tuvo 308 muertos», artículo en el diario Crítica Digital del 17 de junio de 2009. Consultado el 17 de junio de 2009.
  4. a b «Para la Justicia no es delito de lesa humanidad», artículo en el diario La Nación (de Buenos Aires) del 29 de febrero de 2008. Consultado el 21 de agosto de 2011.
  5. «Celebran resarcimiento a sobrevivientes del bombardeo», artículo en la revista Parlamentario (Buenos Aires), del 5 de diciembre de 2008.
  6. El peronismo fue fuertemente crítico de lo que denominaba «la oligarquía», término utilizado para referirse a la clase alta y media antiperonista, en tanto que algunos antiperonistas denominaban a las clases trabajadores como «cabecitas negras», un término de naturaleza racista.
  7. «La consigna “Braden o Perón”», artículo en el sitio web Todo Argentina del 16 de febrero de 2009.
  8. Brion, Daniel (2009): «Fusilados en junio de 1956, la generación de una causa», artículo en PDF en el sitio web Todo Argentina del 16 de febrero de 2009.
  9. Sierra, Eduardo (2007): «El 15 de abril del ’53», artículo en el Diario Libre (de San Juan) del año 2007. Consultado el 22 de febrero de 2009.
  10. a b c d Potash, Robert A. (1980): El ejército y la política en la Argentina (1945-1962). De Perón a Frondizi (págs. 250 y siguientes). Buenos Aires: Sudamericana, 2.ª edición, en español, 1980.
  11. a b c d Verbitsky, Horacio (2005): «Escarmientos», artículo en el diario Página/12 (Buenos Aires) del 19 de junio de 2005. Consultado el 22 de febrero de 2009.
  12. Perón, Juan Domingo (1955): Sobre la relación de la Iglesia con los hechos del día 16 de junio de 1955. Buenos Aires: Docencia, 17 de junio de 1955.
  13. Gambini, Hugo (2001): Historia del peronismo, volumen II, pág. 261. Buenos Aires: Planeta, 2001. ISBB 950-49-0226-X (obra completa); 950-49-0784-9 (tomo II).
  14. Artículo en el diario Clarín (Buenos Aires) del 5 de octubre de 1955. Citado en Hugo Gambini: Historia del peronismo (volumen II). Buenos Aires: Planeta, 2001. ISBN 950-49-0784-9.
  15. Arenga del presidente Perón ante la multitud reunida en la Plaza del Congreso, el 14 de junio de 1955.
  16. Cháves, Gonzalo (2003): La masacre de Plaza de Mayo. Buenos Aires: De la Campana, 1.ª edición, 2003. ISBN 87-9125-41-X. 32 págs.
  17. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 151 y 152.
  18. Lucero, Franklin (1959): El precio de la lealtad. Buenos Aires: Propulsión, 1959, pág. 275.
  19. Cichero, Daniel (2005): Bombas sobre Buenos Aires. Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 2005. ISBN 950-15-2347-0, pág. 58.
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  21. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 160.
  22. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 161.
  23. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 162.
  24. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 158.
  25. Ruiz Moreno, Isidoro (2013): La revolución del 55. Buenos Aires: Claridad, cuarta edición, 2013. ISBN 978-950-620-336-8, págs. 159.
  26. Cichero, Daniel: Bombas sobre Buenos Aires. Buenos Aires: Javier Vergara, 2005. ISBN 950-15-2347-0, pág. 73 y 74.
  27. a b Dandan, Alejandra (2006): «Los muertos de la Plaza», artículo en el diario Página/12 (Buenos Aires) del 10 de diciembre de 2006. Consultado el 21 de febrero de 2009.
  28. «La Presidenta inaugurará un monumento en recordación de los caídos», artículo en el diario Página/12 del 16 de junio de 2008. Consultado el 21 de febrero de 2009.
  29. Material de las bombas, según uno de los perpetradores, en «Más testimonios del bombardeo», en el sitio web Coronados de Gloria.
  30. Cichero, Daniel: Bombas sobre Buenos Aires. Buenos Aires: Javier Vergara, 2005. ISBN 950-15-2347-0, pág. 83.
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  33. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 207
  34. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, páginas 201 a 204
  35. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, páginas 244 a 246
  36. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, páginas 249 y 250
  37. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, páginas 257 y 258
  38. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 258
  39. Perdía, Roberto: La otra historia (pp. 22). Buenos Aires: Grupo Ágora, 1997.
  40. Perón, Juan Domingo: Obras completas (tomo 19, págs. 221-222). Buenos Aires: Docencia.
  41. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, páginas 280 a 282
  42. Gambini, Hugo (2001): Historia del peronismo (volumen II). Buenos Aires: Planeta, 2001. ISBN 950-49-0784-9.
  43. «La revolución contra Perón por los franceses», artículo de Rita de Grandis en el sitio web Cinépatas, del año 2000. Consultado el 21 de febrero de 2009.

Bibliografía[editar]

  • Chaves, Gonzalo (2003). La masacre de Plaza de Mayo. Buenos Aires: De la Campana. ISBN 987-9125-41-X. 
  • Cichero, Daniel (2005). Bombas sobre Buenos Aires. Gestación y desarrollo del bombardeo aéreo sobre Plaza de Mayo. Buenos Aires: Vergara. ISBN 950-15-2347-0. 
  • Ferla, Salvador (1972). Mártires y verdugos. Buenos Aires: Revelación. ISBN 978-950-754-215-2. 
  • Linder, Franco (2006). Cooke, el heredero maldito de Perón. Buenos Aires: Sudamericana. ISBN 950-07-2745-5. 
  • Levenson, Gregorio y Ernesto Jauretche: Héroes, historias de la Argentina revolucionaria. Buenos Aires: Colihue, 1998. ISBN 950-581-817-3
  • Perdía, Roberto Cirilo (1997). La otra historia. Buenos Aires: Grupo Ágora. 

Documentales y películas[editar]

  • A cielo abierto, documental de Pablo Torello.
  • El día que bombardearon Buenos Aires, documental de Marcelo Goyeneche.
  • Maten a Perón, documental de Fernando Musante.
  • Perón, sinfonía del sentimiento, el filme de Leonardo Favio.

Enlaces externos[editar]