Magnicidio

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Se considera magnicidio al asesinato u homicidio de una persona importante, usualmente una figura política. El magnicida suele tener una motivación ideológica o política, y la intención de provocar una crisis política o eliminar un adversario que considera un obstáculo para llevar a cabo sus planes.

Grabado de la época que muestra el atentado de 1867 contra el Zar Alejandro II

La figura del magnicidio ha sido históricamente la más penada en los diferentes Estados a lo largo de la historia penal. Puede estar tratado como agravante del asesinato, o como un tipo propio. En general, exige que se produzca la muerte de una o más personas determinadas en función de su cargo y se reúnan los tipos de asesinato u homicidio en la comisión del delito.

En algunos Estados la figura queda reducida a la muerte del jefe de Estado. En otros es más amplia, pues incluye al presidente del Gobierno o primer ministro, a los presidentes del Parlamento o Congreso y a la familia de los jefes de Estado, cuando el sistema es una monarquía. En este último caso, se incluye la muerte de los sucesores o herederos directos de la Corona.

El término se ha utilizado también para nombrar los asesinatos de renombrados dirigentes políticos y religiosos, como por ejemplo al asesinato del presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, el ex vicepresidente de Paraguay, José Luís María Argaña, los candidatos presidenciales colombianos Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán o el líder hindú Gandhi.

El asesinato político como estrategia de acción y comunicación[editar]

La radicalización de los movimientos sociales de distinto signo en la era contemporánea, y la sustitución de la negociación y la vía política por la violencia directa o sistemática como forma de acceder y conservar el poder o desgastarlo (terrorismo revolucionario, pistolerismo, grupos paramilitares, etcétera) supone que haya una larga lista de atentados indiscriminados, sindicalistas asesinados a manos de sicarios de la patronal o mediante la represión policial o militar, la ley de fugas o juicios sumarísimos. Figuras anónimas o con menos lustre en los libros de historia. El magnicidio en sentido estricto tampoco abarca las ejecuciones o consejos de guerra, sino tan solo el asesinato a traición, el complot solitario o la trama que se oculta, la cual siempre puede relacionarse con una motivación política encarnada en la figura, de gran relevancia, elegida como víctima. Suele usarse el término violencia política.

En la estrategia revolucionaria, a partir del siglo XIX, el asesinato de figuras clave del sistema forma parte de la línea llamada propaganda por el hecho, junto con las bombas en lugares concurridos. La difusión del mensaje político tenía que generar un eco capaz de conmover al cuerpo social. Es otra derivación de pensamiento de Lenin de que la guerra o la violencia como partera de la historia", usada desde ideologías de renovación radical, como el fascismo o los grupos guerrilleros.

Los magnicidas[editar]

El victimario o magnicida no tiene un único perfil. El asesino de los archiduques de Austria en Sarajevo era un patriota serbio.

El asesino de Trotsky era un agente entrenado para matar que cumplía órdenes de Stalin. Los asesinos de Rabin y de Sadat eran fanáticos religiosos.

"El único rasgo común a todos ellos es el hecho de que están seguros de que cumplen con una misión cuyos beneficios justifican el sacrificio".[1] Estudiando cada caso, podremos encontrar desde el que actúa en solitario o en pequeño grupo, hasta el complot en el que se coaligan intereses de diferentes grupos de poder, grupos terroristas separatistas o de ideología extremista. Desde el punto de vista psicoanalítico se relaciona el magnicidio con el complejo de Edipo, a cumpliendo el rey o presidente el papel del padre.[cita requerida]

Gandhi, que tenía una percepción realista del peligro de morir violentamente, aporta una reflexión sobre la naturaleza del asesino:

Es fácil disparar, lanzar una bomba contra un hombre en la oscuridad, pero es difícil ponerse frente a frente de día y desafiarlo. Uno puede estar dispuesto a usar secretamente la violencia contra un hombre que tiene poder, pero acobardarse en su presencia. La violencia puede exigir cierto valor físico, pero no tiene valor moral. Y puede implicar que uno puede temer a su adversario, pero no a la muerte misma. Para mí la no violencia, en cambio, requiere mucho más valor que el manejo de la espada.

Gandhi

Tipos de magnicidios[editar]

Se pueden establecer varias clasificaciones para los magnicidios, por ejemplo distinguiendo entre los planeados, fallidos y los exitosos.[cita requerida]

Según el nivel de desarrollo:

Por otro lado, se podrían agrupar alrededor del contexto histórico en el que se producen, aunque se presentan algunas dificultades para establecer una clara distinción de períodos. Si se puede señalar el origen, en la segunda parte del siglo XIX, del ascenso de la acción directa, como forma de la vía revolucionaria, en el anarquismo violento y de corte nihilista.

Quizá la más común sea según la naturaleza pública de la víctima:

Los asesinatos o intentos sobre famosos de la cultura mediática (artistas, músicos, comunicadores, deportistas, etc.) no entrarían en esta categoría, al no representar ningún nada en el Gobierno y vida política. Descartaríamos entonces los casos de Andy Warhol en 1968 o la tenista Mónica Seles en 1993.

Ficción y recreaciones sobre magnicidios[editar]

Existe un significativo número de recreaciones en la ficción narrativa literaria y cinematográfica basadas en asesinatos históricos de grandes dirigentes políticos y figuras de relevancia pública. Algunas ofrecen el suficiente rigor histórico para ser una fuente interesante para conocer los hechos y el contexto, mientras que también encontramos otras que inventan magnicidios o intentos para personajes ficticios o históricos.

En primer lugar podríamos destacar el cine y la televisión, que sigue o reconstruye con voluntad de fidelidad y sentido de lo verosímil, algunos magnicidios destacados:

Por otra parte, la libertad de la ficción se usa libremente alrededor de un hecho real concreto o construyendo un magnicidio hipotético o, sin reparos, totalmente fantástico. Por ejemplo las novelas "El caso Kurílov", de Irène Némirovsky, "El agente secreto" de Joseph Conrad, El hombre de San Petersburgo de Ken Follett y "Doctor Guillotina", de Lom Herbert (Novela), o la obra de teatro de Peter Weiss "Marat/Sade".

Bibliografía[editar]

  • Donnelley, Paul (2008). Assassins and Assassinations: History's Most Famous Plots. New Holland Publishers. ISBN 978-1-84537-940-7. 
  • Narbona, Francisco; De la Vega, Enrique (1982). De Prim a Carrero Blanco: cien años de magnicidios en España, 1870-1973. Barcelona: Planeta. ISBN. 
  • Sierra, Julio A.: Grandes asesinatos del siglo XX, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2003
  • Mang Palacios, José Luis (1994). El poder y la muerte: magnicidios mexicanos del siglo XX. Editorial Diana. ISBN 978-968-13-2690-6. 

Notas[editar]

  1. [Grandes asesinatos del Siglo XX Julio Sierra]
  2. [Podría acogerse a esta categoría el llamamiento genérico al asesinato en venganza por ofensas, como en el caso de los dibujantes de las caricaturas de Mahoma del diario danés Jyllands-Posten, o Salman Rushdie al publicar "Versos satánicos", o del escritor italiano Saviano por su retrato de la Mafia napolitana en "Gomorra"]

Véase también[editar]