Ideología

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Ideologías enfrentadas: Ronald Reagan da un discurso flanqueado por banderas frente al muro de Berlín, 1987. La puerta de Brandeburgo, a su vez, nos recuerda el uso del Arte para justificar la construcción del Estado, como en este caso Prusia-Alemania

Una ideología es un conjunto de ideas relacionadas entre sí.

Una ideología es el conjunto de ideas sobre la realidad, sistema general o sistemas existentes en la práctica de la sociedad respecto a lo económico, lo social, lo científico-tecnológico, lo político, lo cultural, lo moral, lo religioso, etc. y que pretenden la conservación del sistema (ideologías conservadoras), su transformación (que puede ser radical y súbita, revolucionaria, o paulatina –ideologías reformistas–), o la restauración de un sistema previamente existente (ideologías reaccionarias).

Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La primera proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad, vista desde un determinado ángulo, creencias, preconceptos o bases intelectuales, a partir del cual se analiza y enjuicia (crítica), habitualmente comparándolo con un sistema alternativo, real o ideal. El segundo tiene como objetivo acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido.

Las ideologías caracterizan a diversos grupos, sean un grupo social, una institución, o un movimiento político, social, religioso o cultural.

El concepto de ideología es semejante, pero se diferencia del de cosmovisión (Weltanschauung) en que éste se proyecta a una civilización o cultura entera (cosa que también puede decirse del concepto de ideología dominante) o se restringe a un individuo (limitación que difícilmente podría aplicarse a los raramente usados conceptos de ideología particular o individual).

Origen del término[editar]

El término ideología fue formulado por Destutt de Tracy (Mémoire sur la faculté de penser, 1796), y originalmente denominaba la ciencia que estudia las ideas, su carácter, origen y las leyes que las rigen, así como las relaciones con los signos que las expresan.

Medio siglo más tarde, el concepto se dota de un contenido epistemológico por Karl Marx, para quien la ideología es el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción, relacionando los conocimientos prácticos necesarios para la vida con el sistema de relaciones sociales; la relación con la realidad es tan importante como mantener esas relaciones sociales, y en los sistemas sociales en los que se da alguna clase de explotación, evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión. En su célebre prologo a su libro Contribución a la crítica de la economía política Marx dice:

[...]El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.[1]

Sociología e ideología[editar]

Hablamos de ideología cuando una idea o conjunto de ideas determinadas interpretadoras de lo real son consideradas como verdaderas y son ampliamente compartidas conscientemente por un grupo social en una sociedad determinada.

Tales ideas se convierten en un rasgo fuertemente identitario, de forma similar a la religión, la nación, la clase social, el sexo, partido político, club social, etc. y se forman tanto en grupos pequeños y cerrados como las sectas o grupos mayores y abiertos como partidarios de un equipo de fútbol...

Exteriormente se ha asociado con mayor fuerza a la política, donde el clientelismo de los partidos impone unos intereses estrechos y cerrados. En su desarrollo lleva a que el comportamiento individual pueda derivar en una continuada falsa creencia, en un falso pensamiento y de ahí a una falsa práctica social. Además interiormente, los miembros del grupo ideológico admiten o no que determinado individuo pertenezca al grupo según comparta o no ciertos presupuestos comunes de pensamientos básicos.

La ideología interviene y justifica dirigiendo los actos personales o colectivos de los grupos o clases sociales, a cuyos intereses sirve. Pretende explicar la realidad de una forma asumible y tranquilizadora, pero sin criticismo, funcionando sólo por consignas y lemas.

Ahora bien lo que ocasiona son falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales. Por ello suelen acabar produciendo una separación entre las ideas y su práctica en la realidad, difícilmente asumible.

Del estudio de la ideología se encarga la Sociología del conocimiento, cuyo presupuesto básico es la tendencia humana a falsear la realidad en función del interés. Sigue el interés propio en las maneras de ver el mundo en el grupo social al que se pertenece; maneras que varían socialmente de un grupo humano a otro y dentro de sectores diferentes de la misma sociedad.

Interviene sobre el interés personal y cohesiona el grupo donde se asienta, porque construye una identidad ficticia como forma de vivir y valorar una realidad construida al margen de ella misma. De ahí que en la mayoría de los casos lleve a una superposición de discursos según el grado de realidad y a la construcción de utopías.

En el terreno político, y en casos extremos, acarrea la mentira repetida, la mendacidad. En general se observa que fácilmente se pasa por un interés desmedido, centrado en la falsa conciencia, hacia la imagen o forma de la idea de la vida interpretada solamente en función de esas ideas, en definitiva, hacia una ideología que tiende al totalitarismo.

El origen de las ideologías[editar]

El origen de la mayoría de las ideologías se encuentra en una corriente filosófica cuando asume una versión muy simplificada y distorsionada, por falsa creencia, de la filosofía original. En este sentido se produce, de forma general, un carácter insincero, cuando un pensamiento original se convierte en «....ismo» (Platón, platonismo; Marx, marxismo; pensamiento capitalista, capitalismo; etc.).

Su origen se sitúa en el interés personal, de acuerdo con las necesidades que sustentan socialmente un determinado pensamiento. Se separa y disocia de la realidad, porque la manipula en forma de propio interés.

Los primeros filósofos que estudiaron la «ideología», los psicologistas franceses (Condillac, Cabanis, Destutt de Tracy), situaron esa necesidad en el «yo interior», interpretado de diversas formas (psicologismo y psicofisiologismo). El sujeto se opone a lo exterior, que se da como suceso, puesto que requiere la reflexión individual. Estos filósofos franceses pretendían estructurar una teoría sobre el materialismo primitivo de las sensaciones y de ahí su derivación en emociones, pasiones y sentimientos. De manera que del hecho, del suceso o del acontecimiento exteriores se pasa psicológicamente a la manera interior de captar las cosas y apreciar estas categorías de la psicología personal.

Más tarde el compromiso político de filósofos sociales (socialistas utópicos, Saint-Simon, Fourier, Proudhon) situó el interés en las necesidades de la vida social. El vuelco que protagonizó al extenderse al ámbito de la sociedad fue considerable. Del interés del individuo se pasó al interés del grupo. Esto provocó que se acuñase el calificativo de «doctrinarios» para referirse a los «ideólogos» en su enfrentamiento con el poder, lo que confirió a la palabra un sentido peyorativo que a día de hoy no ha perdido.

Después del psicologismo de los franceses, se pasó, primeramente, a las formas filosóficas propias y, posteriormente, a las relaciones económicas. El sentido más elaborado de ideología, en el primer sentido, es el de Hegel y, en el segundo, de Marx.

Se consideró la ideología como una «escisión de la conciencia», que produce la alienación, bien sea ésta considerada como meramente dialéctica del pensamiento, en el idealismo de (Hegel) o dialéctica material en el materialismo de (Marx).

En el siglo XX, la ideología es considerada como problema de comunicación social. Para los frankfurtianos, de manera especial para Habermas, la ideología expresa la violencia de la dominación que distorsiona la comunicación. Este habla de la relación entre el conocimiento y el interés. Esto produce una distorsión que es consecuencia de una razón instrumental, como conocimiento interesado, y que es la responsable de la ciencia y la tecnología falsas como ejes de la dominación social. Es pues necesaria una hermenéutica de la emancipación y liberación. De la misma forma, Marcuse subraya este hecho en el seno de las clases sociales, en particular políticamente dentro de los partidos y sindicatos.

Karl Mannheim y Max Scheler enmarcan la ideología en el marco de la sociología del saber. El saber enmarcado dentro de la dominación política genera tal cúmulo de intereses que configura la cosmovisión de los grupos sociales. No hay posiblidad de escapar a una ideología bien construida. Todo gira a su alrededor. Mannheim distingue entre ideología parcial, de tipo psicológico, e ideología total, de tipo social.

Sartre, por su parte, introduce una idea de «ideología» completamente diferente. Para Sartre la ideología es fruto de un pensador «creador», capaz de generar un modo de ver la realidad.[2]

Por otro lado, Willard van Orman Quine trata la relación entre los objetos exteriores, de ahí fuera, y los sujetos interiores, de ahí dentro. En otros términos, liga la ideología a un modo razonado de considerar la ontología.[3]

A finales del siglo pasado, sin embargo, se entra en una época de infravaloración de lo ideológico, de la mano de las ideologías conservadoras, de forma que algunos han proclamado el ocaso de los ídolos, como "El fin de las ideologías".[4] incluso proclamado el triunfo del pensamiento único y el "Fin de la Historia" o el "Choque de civilizaciones.[5]

La ideología como falsa creencia debe estudiarse en términos de su lógica degradada, más que en la filosofía de la que se deriva. Sin embargo, es difícil comprender cuándo y en qué términos una filosofía pasa a ser ideología. Max Weber afirma que las filosofías se seleccionan primero para ser ideologías después, pero no explica, cuándo, cómo y por qué. Lo que sí podemos asegurar es que existe una relación dialéctica, es decir de discurso, entre ideas y necesidades sociales, y que ambas son indispensables para configurar una ideología. Así nace el interés y las necesidades sentidas por el cuerpo social (o un grupo de éste); no obstante pueden fracasar por no tener ideas claras que lo sustenten. Al igual que hay ideas que pueden pasar inadvertidas por no ser relevantes para las necesidades sociales, se requiere una falsa creencia aparentemente útil para que sea ideología.

Marx, en su Crítica de la Filosofía del Derecho en Hegel, señala lo siguiente:

...Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem; y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo...

Marx. Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Anales franco alemanes. 1970. Barcelona. Ed. Martínez-Roca, p 103

Concepto marxista de ideología[editar]

Tal como el materialismo histórico define el concepto, la ideología forma parte de la superestructura, junto con el sistema político, la religión, el arte y el campo jurídico. Según la interpretación clásica, está determinada por las condiciones materiales de las relaciones de producción o estructura económica y social y el reflejo que produce es denominado "falsa conciencia".

El papel de la ideología, según esa concepción marxista de la historia, es actuar de lubricante para mantener fluidas las relaciones sociales, proporcionando el mínimo consenso social necesario mediante la justificación del predominio de las clases dominantes y del poder político.

Entre los marxistas que se han dedicado al estudio de la ideología, o han hecho comentarios significativos sobre el tema, están Marx y Engels, Lukács, Althusser, Gramsci, Theodor Adorno y, más recientemente, Slavoj Zizek.

Pese a que comúnmente suele hablarse de una teoría de la ideología homogénea del marxismo, ligada al esquema base-superestructura, existen numerosas variaciones teóricas que tratan este tema. Algunos analistas de la teoría de la ideología marxista, por ejemplo Terry Eagleton, han llegado a afirmar que en los escritos del propio Marx existen teorías diferentes sobre el punto.

Durante la etapa estalinista de la URSS, el marxismo quedó reducido al materialismo dialéctico (o diamat) y a la llamada concepción materialista de la historia. Dichas doctrinas, codificadas y poco cuestionables, eran enseñadas académicamente, con una sección incluso en la Academia de Ciencias. Para los marxistas occidentales, y especialmente para los historiadores de orientación no ortodoxa, que suele llamarse marxiana, sobre todo en Francia e Inglaterra (más o menos ligados a la renovación historiográfica de mediados del siglo XX que supuso la Escuela de Annales), es imposible explicar la historia de un modo tan determinista. Desde ese punto de vista, suelen encontrarse en la historiografía interpretaciones de la ideología en el sentido que la inadecuación de la ideología dominante a nuevas condiciones o el surgimiento de ideologías alternativas que entran en competencia con ella, produce una crisis ideológica. Así suele admitirse que, aunque desde un punto de vista marxista clásico suene herético, cuando una ideología dominante no cumple eficazmente su función hace aumentar la tensión social (lucha de clases) que contribuye a la crisis de un modo de producción y su transición al siguiente.

La ideología como crítica totalitaria[editar]

El contemporáneo filósofo político australiano Kenneth Minogue se dedicó a observar la noción marxista de ideología en su obra La teoría pura de la ideología. Para el autor el marxismo:

  • Presupone por ideología un conjunto de ideas funcionales de un individuo que dan justificación y validez universal a sus intereses.
  • Intereses entendidos principalmente como la preservación de sus medios económicos de subsistencia una vez adoptados; excluyendo de esta categoría su uso o los fines de consumo, que volverían a los intereses socialmente teleológicos e infraestructuralmente culturales.
  • Los intereses en estas reducidas "condiciones materiales de existencia" estarían pretederminados tecnológicamente por la particular relación social del individuo con su ubicación en la división del trabajo, cuya forma no sería modificable ni elegible, esto es: sus fines serían necesarios en vez de libres.
  • Estos intereses tienen la característica de no ser comunes (salvo con miembros de la misma clase) y contrarios con las otras clases en forma intrínseca, ya que su naturaleza es la de participar en una relación orgánica dual de opresores-oprimidos.[6]

Minogue plantea inmediatamente una versión inversa a esta poniendo de cabeza sus premisas básicas:

  • Las verdaderas ideologías son pseudo-revelaciones que reducen toda la realidad a la existencia de grupos y géneros con predeterminados intereses opuestos.
  • Intereses que encarnarían en sí mismos un sistema de opresión (que incluye la opresión de unas ideas funcionales por otras).
  • Requieren interpretar ciegamente el concepto de liberación como eliminación de dichas clases de intereses opuestos.
  • Y el trato pragmático-revolucionario de todo pensamiento funcional como sistemas de ideas (como ideologías) basadas en falsas racionalizaciones (siendo la verdad incognoscible salvo en la realización de la lucha revolucionaria).
Dos poderes ideológicos

Las características de esta noción de ideología como "dogma crítico" se destacan particularmente en el marxismo, y todas tendrían como particular característica su tendencia a degenerar en "sociologismos" y "psicologismos" autocontradictorios (teorías conspirativas en las cuales las formas de organización social no serían necesidades históricas que generarían a los grupos sociales dominantes y sus "ideologías", sino a la inversa serían elites las que crearían la sociedad con una ideología que haría posible su poder; idea esta última que el epistemólogo Karl Popper ya había denunciado como parte de un marxismo vulgarizado y malinterpretado).[7]

También la comunidad de intereses entre grupos no sólo es arbitraria (clases sociales, géneros, razas), sino que la misma visión ideológica de la sociedad es en realidad la sociedad ideológica que esta genera, ya que aunque presuma combatir un sistema de opresión donde sus elementos son orgánicamente funcionales, dicha opresión dependería sólo de su ocultamiento (cuando en realidad tal ocultamiento requeriría de una opresión preexistente) y no sería realmente funcional en tanto no fuera planificada (planificación que la ideología sí necesita generar).

Es por esto que la comunidad de intereses interindividuales que presume el revolucionario ideológico es una ficción útil (el leninismo habría sincerado este hecho al afirmar que "los burgueses compiten para vender la soga con la que los van a ahorcar"), pero termina siendo una realidad forzada cuando la ideología llega al poder. Minogue vuelve así, contra las propias doctrinas sistémico-clasistas (que tratan de "ideológico" a todo pensamiento), la acusación de reificación ideológica en nuevos términos, particularmente al marxismo la generación y dependencia para con sus propios intereses revolucionarios en una opresiva sociedad sin clases.

La tesis de Minogue fue de gran influencia a fines del siglo XX en los círculos políticos e intelectuales más cercanos al pensamiento demoliberal, conservador y neoconservador, por haber dado sistematicidad a la dialéctica de las democracias liberales occidentales en su confrontación con las democracias populares marxistas a lo largo de la Guerra Fría.

El siglo de las ideologías[editar]

Denominar al siglo XX como siglo de las ideologías es una expresión acuñada por el filósofo Jean Pierre Faye en 1998.[8] El término ideología, reservado en el siglo XIX al debate intelectual , se convierte en el siglo XX en el vehículo de grandes movimientos sociales y de pensamiento, sobre el soporte de grandes masas que son adoctrinadas por los nuevos medios de comunicación, la propaganda, la violencia y la represión.

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En el periodo de entreguerras las ideologías políticas enfrentadas son fascismo y comunismo fundamentalmente, aunque del siglo XIX hayan sobrevivido el liberalismo en su versión democrática (frente al que ambos se definen), el conservadurismo, el socialismo democrático, el anarquismo y los nacionalismos. Feminismo, pacifismo, ecologismo y los movimientos por la igualdad racial y el reconocimiento de la identidad sexual son ideologías no estrictamente políticas, con fuerte vocación transformadora de la sociedad.[9] El mundo religioso parece estar ausente de la mayor parte de las nuevas visiones del mundo (en alemán Weltanschauung) hasta el final del siglo XX, cuando André Malraux profetizó poco antes de morir (1976): el siglo XXI será religioso o no será.[10] Es pronto para confirmarlo, pero desde entonces el cristianismo integrista, tanto católico como protestante y el fundamentalismo islámico se han renovado (personalizados en Juan Pablo II, Ronald Reagan y el Ayatollah Khomeini) y han encontrado acomodo en la justificación ideológica de todo tipo de intereses, tanto en los países desarrollados (donde va más allá del interclasismo de la Democracia cristiana de posguerra) como en los subdesarrollados (donde sustituye al tercermundismo dominante en el periodo de la descolonización o a la teología de la liberación de los años 1970). Lo mismo ocurre con el nacionalismo hindú.[11] El europeísmo o movimiento europeo ha entrado en una clara crisis ideológica de la que es síntoma la incapacidad de definición de los valores y las fronteras continentales en los debates reformistas que rodean el Tratado de Lisboa dentro de la Unión Europea.

El pensamiento débil[editar]

Por otra parte, desde las décadas de 1980 y 1990, el concepto de ideología sufre una devaluación por su inadecuación a nuevos paradigmas intelectuales emergentes, como el deconstructivismo (Jacques Derrida), o lo más genéricamente llamado postmodernidad, que proponen un pensamiento débil (Gianni Vattimo), en cierto modo una ideología flexible y acomodable a las situaciones de cambio desconcertante que ocurren en el periodo de final de siglo y milenio (especialmente la caída del muro de Berlín). En ese contexto cultural se entiende la formulación del concepto de la tercera vía (Anthony Giddens), una adaptación a la globalización y el liberalismo económico triunfante desde posiciones socialdemócratas (el laborismo británico de Tony Blair o incluso la presidencia de Bill Clinton) que en la práctica es una aproximación a muchas concepciones del conservadurismo.

Uso peyorativo del término[editar]

En muchas ocasiones se usa el concepto ideología para desprestigiar a un sistema de pensamiento o concepción del mundo (o incluso a un autor o un texto, diciendo de ellos que están ideologizados). A diferencia de una más neutral toma de posición que exprese el punto de vista presente de una persona o un grupo, ante una situación nueva, después de haber evaluado las distintas opciones existentes. Este uso peyorativo de ideología la entiende como un discurso que

  • posee un conjunto de soluciones preestablecidas para los problemas que quisiera superar.
  • es dogmática, produciendo en el enfrentamiento partidista (posiciones políticas o religiosas).
  • se acompaña del proselitismo y, en grados extremos, del adoctrinamiento.

Dogmatismo de las ideologías[editar]

Las ideologías ven el mundo como algo estático. Es por este hecho que cualquier ideología se ve a sí misma como la depositaria de las ideas que pueden resolver cualquier problema de la sociedad, ya sea presente o futuro.

Esto convierte a la ideología en un dogmatismo, pues se cierra a las ideas de los demás como posible fuente de soluciones a los problemas que se plantean en el día a día, siendo ella la explicación total y última; lo que algunos llaman explicación feroz.[12]

Ideologías camino al totalitarismo[editar]

Según lo señalado en el párrafo anterior, en casos extremos, una ideología puede llevar a negar la posibilidad de disentir, dando por verdad irrefutable sus postulados.

Llegados a considerar la ideología como verdad irrefutable, se abre el camino al totalitarismo, bien sea de tipo político o religioso (Teocracia).

Cualquiera que disienta pasa a ser un problema para la sociedad, o el grupo, pues va contra la verdad dogmática que proclama la ideología. Tal es el gravísimo problema que plantean los disidentes, las facciones,[13] y sobre todo las sectas.

Bibliografía[editar]

  • Capdevilla, Néstor. El concepto de ideología. Buenos Aires: Nueva Visión. 2006.
  • Caruso, Sergio, La galassia ideologica. Per un approccio storico-problematico ai significati di "ideologia". Sassari: Dessì 1979.
  • Eagleton, T. Ideología: Una introducción. Barcelona: Paidós. 10. C. Geertz. 2000.
  • Gandler, Stefan. El discreto encanto de la modernidad. Ideologías contemporáneas y su crítica. México: Siglo XXI. 2013.
  • Horkheimer, Max. La función de las ideologías. Taurus.
  • Laclau, Ernesto. Política e ideología en la teoría marxista. Siglo XXI.
  • Lenk, Kurt. El concepto de ideología. Amorrortu.
  • Massun, Ignacio Las ideologías en el Siglo XXI. Buenos Aires: Métodos""Editorial Métodos" 2007.
  • Minogue, Kenneth. La teoría pura de la ideología. Grupo Editor Latinoamericano. 1988
  • Quintanilla, Miguel A. Ideología y ciencia. Fernando Torres.
  • Therborn, Göran. La ideología del poder y el poder de la ideología. Siglo XXI.
  • Zizek, S. Ideología: Un mapa de la cuestión.
  • Macradis, Roy C. y Hulliung, Mark L. Las ideologías políticas contemporáneas. Alianza Editorial 1998.
  • Quine, W. (2002). Desde un punto de vista lógico. Paidós. Bueno Aires. ISBN 84-493-1297-3. 
  • Ferrater Mora, J. (1984). Diccionario de Filosofía (4 tomos). Barcelona. Alianza Diccionarios. ISBN 84-206-5299-7. 

Referencias[editar]

  1. Ver el texto completo en en el artículo Marxismo
  2. Critique de la raison dialectique, I, 1960, págs. 15 y ss.
  3. "Notes on the Theory of Reference", en From a Logical Point of View, 1935, pag. 131.
  4. Bell, D.(1960) The End of Ideology: On the Exhaustion of Political Ideas in the Fifties
  5. Huntington, 1998.
  6. Kenneth Minogue, La teoría pura de la ideología, GEL, 1988, pp. 11-20
  7. Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, 1992, pp. 280-286 y pp. 381-391
  8. Faye, Jean Pierre. El siglo de las ideologías. Traducción de Juan Carlos García-Borrón. Barcelona: Ediciones del Serbal (Colección "La Estrella Polar", 13), 1998. 192 p. ISBN 84-7628-254-0)
  9. Eric Hobsbawm Historia del siglo XX; Antonio Fernández Historia Contemporánea; Miguel Artola y Manuel Pérez Ledesma Historia Contemporánea.
  10. Frase de atribución discutida, pero afirmada por testigos presenciales (Carlos Floria entrevista en Criterio, diciembre de 1996).
  11. Las denuncias del fundamentalismo islámico de V. S. Naipaul reciben a su vez críticas de otros ilustres escritores que le acusan de fundamentalista hindú (Salman Rushdie, de origen hindú-musulmán y de cultura británico-laica, quien a su vez fue objeto de una fatua por parte de Jomeini). Artículo sobre la polémica en La Nación, 6 de junio de 2008.
  12. Véase explicación
  13. Es muy notable el especial odio que se genera entre las facciones que surgen dentro de una misma ideología, a veces superior al rechazo de la ideología contraria]]

Véase también[editar]