Explicación

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Explicación (del latín “explicatio”: acción de desplegar o desenvolver) etimológicamente viene a significar el hecho de 'desplegar' lo que estaba doblado (plegado, implicado) y oculto en su interior, que no es visible o perceptible la razón, haciendo comprensible lo que en un primer momento no lo sería.

La explicación es el subsiguiente a la comprensión que hace posible la justificación de una creencia.

La explicación es el proceso cognoscitivo mediante el cual hacemos patente el contenido o sentido de algo, que puede ser:

La explicación suele referirse al hecho de “dar razón”, es decir, hacer patente el qué, por qué, para qué, y el cómo de las cosas y de los sucesos del mundo.


La realidad se manifiesta al conocimiento humano como un proceso, en el que aparecen ciertas unidades, como sucesos o cosas implicadas unas en otras[1] cuyo conjunto forman el mundo, o un determinado aspecto o conjunto del mismo.

Explicación del nombre del DDT

Explicar un suceso o una cosa es poder expresar mediante el lenguaje, los conceptos, causas, descripciones, génesis o leyes (respecto a leyes naturales o leyes positivas en su caso), que lo engloba coherentemente como elemento perteneciente a un conjunto a partir de la atribución de una determinada propiedad o conjunto de propiedades a dicho objeto o suceso.

Dicho en pocas palabras: Explicar es englobar dicho suceso o cosa dentro de un conjunto general, aplicable a toda una clase natural de objetos o sucesos.[2]

Dicho conjunto debe estar previamente definido y ser más conocido o aceptado como válido por todos los interlocutores. Se trata de una inclusión lógica, no meramente lingüística, que implica asimismo una validez reconocida por una comunidad competente.

Suele considerarse la respuesta a las preguntas: ¿qué es esto? ¿por qué esto es así? ¿por qué sucede esto? ¿Para qué? ¿Cómo?. Tradicionalmente se ha interpretado como reducir un fenómeno a sus causas.

La explicación debe estar determinada como concepto, discurso, ley, génesis, causa, o descripción, de forma que siempre que se dieran las mismas condiciones se espera que se producirán los mismos efectos (en el terreno de los hechos, cuando se trata de sucesión hechos), o las mismas explicaciones (cuando se trate de comprensión de significados de conceptos o discursos), para cualquier observador humano en iguales circunstancias.[3]

El conocimiento de la explicación debe permitir predecir, y en su caso reproducir, los sucesos o el contenido de los discursos respecto al mismo objeto de referencia, lo que vendría a constituir de alguna forma un «dominio sobre la naturaleza»,[4] y la perfección del conocimiento como verdad.[5]

La explicación perfecta supone la posibilidad de obtener un conocimiento objetivo, es decir la misma forma para cualquiera que afrontara las mismas experiencias o realizara las mismas operaciones y entendiera correctamente el mismo discurso o concepto. Tal es la base común sobre la que asentamos la racionalidad humana y la posibilidad de un lenguaje común.

Que el ideal de la explicación así descrita pueda ser realizado o no, así como los posibles métodos mediante los cuales pudiera realizarse, es la cuestión que trata el contenido del presente artículo.

El concepto de explicación a lo largo de la historia[editar]

El comienzo de la filosofía surge de la idea de que las cosas suceden por necesidad, es decir, sujetas a leyes. Supone la superación de las explicaciones basadas, de forma próxima o en último término, en la atribución de los sucesos y las cosas al azar, al Destino o al arbitrio de acciones divinas o mágicas.

Los primeros filósofos, presocráticos, buscaron directamente teorías explicativas; Platón es el primero que se plantea una explicación en sentido sistemático y una epistemología conectada con la misma.

Pero es Aristóteles quien fundamenta la explicación por medio de las causas; lo que da lugar a varias causas y explicaciones.[6]

En la Antigüedad y la Alta Edad Media, de la mano del Cristianismo, predominó el sentido platónico de la explicación sobre el mundo. En la Baja Edad Media, tras la recuperación del pensamiento aristotélico, a partir del siglo XI, se consolidó un nuevo modo de explicación en la medida en que Santo Tomás, mediante la distinción entre ser de esencia y ser de existencia[7] justificaba que el mundo, además de creado, sobre todo era contingente; con independencia de que pudiera ser eterno o no eterno, pero no necesariamente eterno como pensaba Aristóteles, cuya explicación teleológica Santo Tomás remite, en último término, a Dios.

Tras un largo proceso de depuración de la tradición antigua y escolástica respecto al sentido del valor cognoscitivo de la experiencia, en la Edad Moderna se impone un nuevo modo de valoración de la experiencia así como un nuevo método de explicación científica. Las explicaciones meramente especulativas mágico-mítico-religiosas de tipo cualitativo, dejan paso a unas explicaciones basadas en la medida de cantidades y en el experimento. Nace así lo que se ha venido a llamar la explicación científica: La Ciencia Moderna.

Este modo de explicación científico ha sido predominante hasta mediados del siglo XX en que dicho modelo de explicación ha sido puesto en crisis sobre su propio fundamento.

Hoy, más que un rechazo o sustitución de la explicación científico-técnica, se considera un nuevo concepto de verdad, el posmodernismo.[8] Se suponen nuevas formas de valorar los métodos e interpretar los discursos y el lenguaje con los que la verdad, en su sentido epistemológico y en su sentido pragmático, es expresada. En definitiva, es la hermenéutica y el sentido pragmático del lenguaje lo que constituyen la manifestación del saber.

Lo que esta enorme crisis de valores[9] está afirmando es el fin definitivo de ese tipo modelo de análisis lineal, autoritario. La di­chosa posmodernidad ha demos­trado ser muy correosa. Su deba­te apuntaba que la filosofía y la ciencia social tendían a difuminarse en relato, perdiendo su teleológica aspiración de objetivi­dad. Por contra, se enfatizan aho­ra los modelos en red, arbores­centes, sin conclusiones claras y con planteamientos más débiles, provisionales, aproximativos, no jerárquicos, con predominio de praxis alternativas frente a los discursos cerrados y machistas. Ser relato no quiere decir no ser nada. Lo único que sucede es que su sistema de validación y aceptación es discursivo y, por definición, democrático. No hay verdad sino verdades. Y por supuesto, incluyen valoraciones éti­cas y ejemplos positivos, hasta heroicos, no basados en ciencia objetiva sino en historia, en tradi­ciones incorporadas. Por ejem­plo, como diría Richard Rorty, la democracia es mejor para articu­lar la convivencia racional, para la solución de conflictos en incor­poración del cambio.

José Tono Martínez. El País. Opinión. 19 de febrero de 2009

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El explicacionismo[editar]

Se entiende por tal la doctrina que considera que lo que justifica una explicación, entendida como inferencia ampliativa o nueva creencia fundada en la evidencia, viene dado por un movimiento doxástico[10] que amplía la coherencia explicativa del conjunto de las creencias que, como evidencias, uno tiene.

Los padres de esta forma de entender son Peirce, Dewey, Quine y Sellars. Pero es Harman con La inferencia a la mejor explicación, 1965 quien instaura la teoría como tal.

Se entiende como inferencia el paso de unos datos a una hipótesis; y por mejor al conjunto del ejercicio de ciertas virtudes pragmáticas como: la simplicidad, poder explicativo y fecundidad.

En este sentido suelen distinguirse tres formas de explicación:

  • Débil: la inferencia explicativa pretende justificar epistémicamente una conclusión concreta y particular.
  • Fuerte: considera que la inferencia explicativa puede justificarse intrínsecamente, sin tener que derivarla de otra inferencia ampliativa tomada como básica.[11]
  • Feroz: Añade a lo anterior que ninguna otra forma de inferencia ampliativa es básica; todas son derivadas de la inferencia explicativa considerada. Es la idea de «explicación perfecta» como sistema perfecto.[12]

Esta última es ampliamente discutida y poco sostenible dentro de lo que hemos llamado el pensamiento actual.[13]

Razón y explicación[editar]

La necesidad de explicación surge a partir de la afirmación de la ignorancia. Así lo entendió Aristóteles en un famosísimo texto:

Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por el estupor; al principio, estupefactos ante los fenómenos sorprendentes más comunes; luego avanzando poco a poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la luna y los relativos al sol, las estrellas y a la generación del universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia, (por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo, pues el mito se compone de elementos que dejan estupefacto). De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en busca del conocimiento, y no por ninguna utilidad.

Aristóteles, Metafísica, 982, b.11-32(sin subrayar en el original)

Y de la misma forma Zubiri expresa:

Precisamente porque la ignorancia es un modo de intelección afirmativa, el hombre tiene que ir aprendiendo a ignorar. Sólo así puede crear nuevas simples aprehensiones que en su hora pueden conducir desde la ignorancia a otros modos de intelección afirmativa. El acceso a la ignorancia, al margen y por encima de la nesciencia, es un duro movimiento intelectivo.

Zubiri. Inteligencia y logos, pág. 187 (sin subrayar en el original)

Nadie duda de que la fuente primaria del conocimiento es la experiencia. Sobre ella junto con la memoria configuramos nuestros aprendizajes individuales y sociales (imitación, educación, tradición y costumbres, con especial relevancia del lenguaje) que configuran las primeras evidencias sobre el mundo sobre las que instalamos y construimos nuestro modo de vivir en el mundo interpretado como la realidad.

Como dice Aristóteles, surge un problema cuando algún suceso, alguna observación, alguna experiencia, nos produce admiración porque no entra dentro de lo previsto por nuestras creencias. Es decir, no lo comprendemos, lo que equivale a: es inexplicable.

Quien no se plantea un problema es porque cualquier cosa que se oponga a sus creencias no entra dentro del campo de su conciencia como una afirmación de ignorancia. La necesidad de explicación es por eso la afirmación de ignorancia: No comprendo esto → No puedo explicar esto. Lo que pone en marcha la necesidad de explicación.

Desde siempre se considera que este hecho es específico de la razón humana. Pero conviene aclarar que nos referimos a una explicación teórica.

La naturaleza ha dotado a los seres vivos de una acumulación de experiencias y aprendizajes técnicos que no necesitan de explicación teórica, porque suponen un éxito en la acción; tales son las creencias como evidencias que equivalen a una explicación. En este sentido los animales y todos los mecanismos de supervivencia y adaptación al medio, incluido en el caso del hombre su adaptación al medio cultural y social en el que vive, no urgen de explicación. Sólo el hombre cuando intenta justificar las implicaciones de unas cosas con otras es capaz de admirar y preguntarse al reconocer su ignorancia y buscar una respuesta capaz de ser expresada por el lenguaje. Tal es el sentido de las explicaciones imaginativas, míticas, mágicas o religiosas, que toda tradición cultural produce; precedentes de la explicación científica que, sometida a unas normas y controles de la comunidad, lo validan como creencia[14] de un valor especial en tanto que reconocida por la comunidad como ciencia.

Ya es tradicional en la consideración del origen del pensamiento teórico situar el origen de la filosofía como crítica al mito oponiendo explicación mítica ↔ explicación racional.

Explicación científica[editar]

El mundo como totalidad de un orden implicado[editar]

Aquí se explica «Cómo subir un peso con poco esfuerzo»

El mundo como totalidad aparece como un «orden implicado»[15] en el que estamos nosotros mismos como un suceso o cosa más; un proceso en el que aparecen ciertas unidades dotadas de cierta independencia, que llamamos sucesos o cosas.

El mundo se manifiesta a través de los sucesos cuya explicación racional es lo que entendemos como Ciencia.

Tal concepto de Ciencia es el que se consolida a partir de la Edad Moderna, cuyo principal momento es la aparición de la obra de Newton, Philosohpiae Naturalis Principia mathematica, en 1687.

A partir de este momento se entiende por explicación la interpretación de los datos observacionales de la experiencia (fenómenos) como consecuencias determinadas de la existencia de una ley o conjunto de leyes, unificadas en una teoría.

La Teoría de la Gravitación Universal fue admirable por su éxito en la aplicación técnica y explicación teórica de innumerables fenómenos de la naturaleza y es el fundamento de lo que se ha dado en llamar Física clásica, convertida de esta forma, por su precisión matemática, en modelo perfecto o ideal de la ciencia, durante mucho tiempo.

Pero la diversidad de campos en los que el conocimiento se ha ido desarrollando; la diversidad de métodos de investigación y modelos de interpretación de fenómenos; la observación de fenómenos nuevos a través de nuevas técnicas de observación plantean la necesidad de teorías más complejas así como la diversidad de formas legales que exceden el marco teórico de lo que se ha entendido por explicación científica como reducción de un fenómeno a sus causas.

La justificación explicativa ha ido tomando así formas diversas.

Explicación y comprensión[editar]

Ya Leibniz, contemporáneo de Newton, señalaba una diferencia conceptual en los modos de tratar diversos conocimientos. Por eso hizo una distinción entre explicación y comprensión, justificada en los conocimientos relativos a la fe, como conocimientos que podían ser explicados, pero no comprendidos[16]

Esta distinción cobró toda su importancia con el pensamiento de Dilthey al separar el conocimiento científico en dos ámbitos claramente diferenciados: las Ciencias de la Naturaleza y las Ciencias del espíritu, reservando para estas últimas el concepto de comprensión.

Explicación y descripción[editar]

Newton negaba el fundamento hipotético de su ciencia, («hypotheses non fingo»), pues para Newton el espacio y tiempo absoluto como constantes de la naturaleza y por tanto de la ciencia, provenían de la consideración de que ambos constituían el sensorium Dei.[17]

Pero el carácter universal y necesario de las leyes nunca podrán ser objeto de experiencia directa humana. En realidad, por más que Newton lo negara, la argumentación lógica que subyace a este modelo inicial de explicación científica considera la ley general o teoría como una hipótesis que se valida mediante los experimentos.

Sobre la base de que la experiencia confirma o verifica las teorías haciéndolas verdaderas, se piensa[18] que la ciencia tiene un fundamento inductivo[19] y que la verdad se establece a partir de los experimentos, de la experiencia, y las leyes generales formulan las condiciones en que actúan las causas que producen el fenómeno.

El argumento deviene así: Dadas las leyes generales (o teoría, que engloba varias leyes) A, B, C; y las condiciones fenoménicas, h, i, j,... se producirán los fenómenos s, t, v... como demuestran los experimentos 1,2,3,....n que lo confirman. Lo que hipotéticamente equivale al argumento:

Si se dan las condiciones, como causas, se producen los fenómenos previstos por la teoría que establece la ley general, como efectos.

Fundamento de una concepción determinista de la ciencia que, en su caso extremo,[20] pretende una explicación mecánica, mecanicismo, que considera la realidad formada por partículas (masas) que se mueven en un espacio y tiempo absolutos y cuyos choques conforme a las leyes establecidas por Newton, producen los fenómenos de la experiencia.

Tal era la interpretación que se tuvo del método resolutivo-compositivo utilizado por Galileo[21] y que, vino a constituir el que durante mucho tiempo se consideró modelo lógico del método científico con el nombre de método hipotético-deductivo.

Pero el concepto mismo de fenómeno, a partir de la filosofía empirista y kantiana, pone en cuestión el carácter objetivo y necesario de la condición legal de la explicación científica, por no aceptar la idea de causa como realidad objetiva.[22]

Por ello el positivismo de tradición empirista, interpretó que las leyes científicas no constituían una auténtica explicación por causas, sino solamente una descripción de la sucesión de fenómenos interpretados de forma general. No dan razón del por qué se producen; sino del cómo se producen.

Durante el siglo XVIII y XIX los éxitos indiscutibles de las Ciencias de la Naturaleza, en especial la Física, y sus aplicaciones técnicas no cuestionaron a fondo la lógica del método; bien fuera entendida la ciencia como descriptiva, en sentido fenomenalista, o explicativa, en sentido realista.

Pero los planteamientos lógico-matemáticos de finales del siglo XIX y primer tercio del XX; la insuficiencia teórica de lo que había sido considerado el fundamento de la ciencia Física,[23] plantearon el tema de la explicación científica en un contexto completamente nuevo a lo largo del siglo XX.[24]

El problema de la contrastación: verificación, corroboración y falsación[editar]

El experimento, como expresión de la experiencia objetiva y repetible, había sido considerada la prueba y demostración palpable de la verdad de la ley o teoría general de donde la experiencia, ya no experimento, podía ser no solo racionalmente deducida, sino públicamente repetida. Tal era el postulado y creencia del cientificismo del siglo XIX.

En esto concordaban tanto los racionalistas, para quienes la explicación científica establecía una explicación real y por tanto causal, como los fenomenistas positivistas para quienes las leyes describen adecuadamente el fenómeno.

En este sentido, si alguna teoría científica había probado su validez y, por tanto, su verdad en la ciencia, así como su utilidad en el dominio de la Naturaleza, era la teoría de la Gravitación Universal, fundamento de la Física clásica, soporte sobre el que el gran progreso científico-técnico del XVIII y XIX se había sustentado.

La crisis expuesta en el parágrafo anterior supuso la necesidad de entender de una nueva forma el valor del experimento como contrastación de una teoría científica y los resultados de la misma.

Entendemos por constrastación el sometimiento de una teoría, hipótesis o ley general a la prueba del experimento.

Supone que el experimento hace verdaderos los enunciados de la teoría que, de este modo, adquieren validez científica. Equivale a dar por suficiente la inducción de la verdad general confirmada por la experiencia entendida en términos realistas explicadas en términos causales.[25]

  • La contrastación positiva o exitosa como corroboración.

Otros consideraron que el experimento corrobora la verdad de los enunciados de la teoría al ser la experiencia del caso concreto resultado de la frecuencia estadística y por tanto inductiva de el fenómeno o suceso más probable, probabilismo. Las leyes científicas son ahora interpretadas en un componente lógico-formal como leyes probabilísticas; la constancia de su predicción es debida a la frecuencia estadística de la interacción de los grandes números,[26] más que a un determinismo rígido de la naturaleza. Las leyes son producto de un proceso inductivo que describen de forma general e inductiva la sucesión de los fenómenos, pero no determinan a la manera causal. La fundamentación básica reside en la «Teoría probabilística»[27]

La anterior disparidad de criterios sirve de fundamento para una tercera postura.

El éxito del experimento no hace verdaderos los enunciados de la teoría. Pero su fracaso sí que los hace falsos.

Parte de la crítica al fundamento lógico que subyace en el proceso de justificación de la ley general.

Según Popper la inducción nunca podrá dar lugar a una verdad de tipo general. En el fondo de las posturas anteriores subyace un argumento deductivo como aplicación de la falacia del consecuente.[28] Pero la falsación refuta e invalida la hipótesis, ley o teoría, de forma lógicamente válida con fundamento en el modus tollens.

-oo0oo-

Las leyes y teorías no constituyen una explicación definitiva, ni causal ni descriptiva.

Son verdades provisionales en su ámbito de explicación, mientras no exista una teoría explicativa mejor; mientras no haya otra que haga falsas las anteriores. Tal es el fundamento del progreso histórico de la ciencia, marcado siempre dentro de los límites o demarcación de la experiencia posible.

La ciencia no produce verdades válidas de una vez por todas sino teorías provisionales en determinados contextos de experiencia que interpretan ámbitos de experiencia concretos en un lenguaje formalizado, a ser posible el matemático.

La investigación consiste en la ampliación de ámbitos de experiencias (o determinaciones teóricas de experiencias posibles) que hagan falsas las teorías anteriores.

La historia y sociología de la ciencia como mostró Kühn en su Estructura de las revoluciones científicas muestra que la investigación científica normal se desenvuelve dentro de determinados paradigmas cuya superación constituye el marco de nuevos avances en el progreso de la ciencia.

Dicho de otro modo:

La ciencia avanza no haciendo y descubriendo verdades, sino echando abajo leyes y teorías y generando programas de investigación[29] en ámbitos teóricos de nivel explicativo más amplio.

Justificaciones de la explicación científica[30] [editar]

  • Para Popper y los filósofos más realistas:
explicar por causas un proceso significa poder derivar de forma provisional pero deductivamente a partir de leyes y condiciones factuales determinadas (llamadas causas), una proposición que describe tal proceso, dentro de un marco de experiencia determinado.

Las leyes o teorías, como hipótesis entendidas como leyes naturales, junto con unas condiciones válidas[31] propias del caso concreto, determinan el proceso, que de este modo puede ser pronosticado como consecuencia de la acción de unas causas.

  • Autores más empiristas como Feigl consideran la explicación como:
una derivación inductivo-deductiva o (en niveles superiores) hipotético-deductiva de proposiciones más específicas (últimamente descriptivas) a partir de supuestos más generales (leyes, hipótesis, postulados teóricos) en conjunción con otras proposiciones descriptivas (y frecuentemente junto con definiciones).

En este tipo de justificación la explicación es considerada fundamentalmente descriptiva.

  • Hempel y Oppenheim han expuesto un esquema que ha tenido enorme difusión e influencia:
Toda explicación consta de dos partes: explanandum, que describe el fenómeno que deberá ser explicado, y el explanans o conjunto de enunciados que da cuenta del fenómeno.
El explanans está compuesto de dos conjuntos de enunciados:
C_1, C_2, C_3... como conjunto de condiciones específicas,
L_1, L_2, L_3... como enunciados de leyes generales.
A estos enunciados se le aplican:
1.—Condiciones lógicas:
  • R1: El explanandum debe ser una consecuencia lógica del explanans.
  • R2: El explanans debe contener leyes generales y éstas deben efectivamente ser requeridas para la derivación del explanandum.
  • R3: El explanans debe poseer contenido empírico, es decir, debe ser capaz de prueba experimental como condición de R1.
2.—Condiciones empíricas:
  • R4: Las sentencias que forman el explanans han de ser verdaderas.

Con esto se evitaría, según Hempel, que una teoría pudiera ser considerada en un momento como verdadera y tener que pronunciarse en un futuro acerca de su falsedad.

  • Braithwaite considera que la explicación consiste en:
Un orden jerárquico y coherente de leyes generales que reúnen cierto número de hechos y los explican. Si bien estas leyes explicativas, a su vez, están ordenadas según un orden superior de leyes de leyes y así sucesivamente en órdenes cada vez más generales.

Según esto se hace posible que leyes muy generales puedan ser consideradas explicativas y no meramente especulativas, como tendían a pensar los positivistas.

  • Ernest Nagel Considera que hay cuatro tipos de explicaciones científicas:
  • Las que siguen un modelo deductivo
  • Las que siguen un modelo probabilístico
  • Las explicaciones funcionales o teleológicas
  • Las explicaciones genéticas

Conclusión

El conjunto de todas las explicaciones, descriptivas o causales, así como la comprensión científica pueden dar lugar a explicaciones científicamente válidas.

El hecho de que algunas explicaciones no sean deductivas no significa que no sean auténticas explicaciones. Aun las ciencias que más se acercan a los métodos deductivos, como la Física teórica, siguen necesitando de enunciados singulares por medio de los cuales se establecen condiciones iniciales de un sistema.

En cualquier caso, las explicaciones científicas por su método de investigación; por sus medios de divulgación y por la exigencia de aprobación de la comunidad de expertos y, finalmente, por su eficacia en el dominio y previsión de los hechos, es la explicación que más garantía puede ofrecer de poder acercarse a la verdad objetiva, aunque sea, como sostiene Popper de forma asintótica.

Otras formas de explicación[editar]

  • Explicaciones imaginativas
  • Explicaciones religiosas
  • Explicaciones mágicas o míticas

Notas y referencias[editar]

  1. Bohm, D. La totalidad y el orden implicado. 1988. Barcelona, Ed. Kairós
  2. Comprender, es también "abarcar", "abrazar", "incluir" y "clasificar" mediante un concepto. España comprende las provincias de Barcelona, Sevilla, etc...; Ser animal comprende a todos los seres que....
  3. Las condiciones hacen referencia a la realidad de la naturaleza, o identidad del discurso; las circunstancias se refieren a la realidad subjetiva del individuo observador de las cosas o los hechos, o individuo lector o auditor del discurso
  4. Ideal de la ciencia moderna tal como lo concibió Francis Bacon
  5. Tal ha sido tradicionalmente el Ideal especulativo de la ciencia antigua y medieval, valorada precisamente por su inutilidad; como objeto ideal de la contemplación de la verdad; la técnica era actividad propia de los artesanos o esclavos, mientras que la ciencia era la actividad propia de los hombres libres. Así lo expresa Aristóteles, Metafísica, 982,b.11-32. Véase Lógica empírica
  6. Las cuatro tipos de causalidad aristotélica: formal, material, eficiente y final
  7. Tomándola de Avicena
  8. Lyotard: La condición posmoderna; Xavier Rubert de Ventós: De la modernidad
  9. Referidos al valor explicativo y sobre todo predictivo de la ciencia
  10. «Virtudes doxásticas». Entrada de la Enciclopedia Oxford de Filosofía
  11. Por ejemplo: la teoría de la Gravitación Universal de Newton, como física clásica, puede remitirse a la teoría de la Relatividad o la Teoría cuántica, pero mantiene su coherencia y consistencia como una unidad de teoría explicativa propia, en un ámbito propio. Es al pretender ampliar su capacidad de inferencia fuera de ese ámbito cuando la teoría, como tal, necesita la derivación a partir de otra tomada como básica; en este caso la Teoría de la Relatividad
  12. Tendencia que suelen tener ciertas explicaciones que dan cuenta definitiva y última de cualquier problema a partir de las evidencias que generan ciertas creencias como son las religiosas, ideológicas, mágicas, astrológicas, etc. o evidencias basadas en identidades culturales basadas en una tradición cultural o en un idioma.
  13. La Verdad global como sistema exige un «metasistema» que lo justifique. La calificación de verdadero es metalingüística. Véase Alfred Tarski; Teorema de Gödel.
  14. Hoy no se piensa en la verdad científica como «la Verdad»
  15. Tal es el título de la obra de Dvid Bohm, en su exposición física del mundo
  16. Theodicée. « Discours prél.», § 5. Actualmente diríamos que podemos comprenderlos pero no explicarlos, pues comprendemos el sentido, pero renunciamos a su justificación lógico-causal por considerar dicho contenido fuera del ámbito de la explicación científica
  17. Así describe su método en su Óptica: "hacer experimentos y observaciones y en derivar conclusiones generales de las mismas mediante inducción y no admitir objeciones contra las conclusiones excepto las que proceden de experimentos o de ciertas otras verdades". Ferrater Mora, J. op. cit. Y en el tercer libro de los Principia: "mediante las proposiciones matemáticamente demostradas en los libros anteriores, derivamos de los fenómenos celestes las fuerzas de gravedad mediante las cuales los cuerpos tienden hacia el Sol y los demás planetas". CFerrater Mora, J. op. cit. Observación y deducción. Newton no consideró que en medio de ambas cosas existe una interpretación que hace posible la deducción.
  18. Y es un argumento que se utiliza frecuentemente
  19. Es decir que partiendo de la experiencia de los casos concretos se puede llegar a la afirmación de una verdad de tipo general
  20. Por ejemplo Descartes, Laplace y en general los físicos hasta bien entrado el siglo XX, al menos respecto a los seres materiales
  21. En Lógica empírica se analiza lógicamente su modo de estudiar el movimiento de caída de los graves
  22. Para los realistas la causalidad tiene como real la acción e interacción de las sustancias entendidas asimismo como realidades. Los empiristas no aceptan la sustancia como realidad sino solo como noción de una relación de ideas, entendidas como fenómenos. Las sustancias se reducen a fenómenos de la experiencia y la causalidad a una sucesión de fenómenos enlazados en la conciencia subjetiva de forma constante. Percibimos la sucesión de fenómenos pero no la causalidad. Como dice Hume: percibimos el agua puesta al fuego y luego que el agua se caliente. A la asociación del hecho de poner el agua en el fuego con el hecho de que el agua se caliente lo consideramos como causa, pero no es más que la descripción de una sucesión de fenómenos. La causa no es objeto de experiencia. Kant, por su parte, considera que la causa es una categoría subjetiva, un concepto] a priori del entendimiento y, por tanto, también es subjetivo y sólo aplicable a los fenómenos de la experiencia
  23. La Física de Newton, convertida ahora en Física Clásica y englobada como un caso especial de la Teoría de la Relatividad como teoría básica
  24. La Teoría de la Relatividad y la Física cuántica; las paradojas lógicas y la demostración de la imposibilidad de un sistema completo, Teorema de Gödel; el principio de incertidumbre de Heisenberg, pusieron definitivamente en cuestión el fundamento lógico de la explicación científica
  25. La postura más extrema de este modo de entender la ciencia fue el positivismo lógico que llegó a concebir un lenguaje lógico-matemático como figura del mundo. Schlick, Russell y el primer Wittgenstein fueron sus máximos exponentes; pero poco tiempo duró esta postura debido a las dificultades de poder definir las unidades mínimas o elementales de observación, así como las paradojas lógicas que ellos mismos formularon
  26. Se considera que los fenómenos son el resultado de procesos sometidos a la variable estocástica y por lo tanto son un resultado de frecuencia estadística
  27. Rudolf Carnap y el Círculo de Viena
  28. Véase lógica empírica
  29. Imre Lakatos
  30. Conclusiones de «explicación», Diccionario de filosofía, op. cit.
  31. Es decir, verdaderas en el sentido de «públicamente reconocidas» en la experiencia

Bibliografía[editar]

  • Bohm, D. (1988). La totalidad y el orden implicado. ISBN 84-7245-178-X. Barcelona. Ed. Paidós
  • Lyotard, J. F. (1984). La condición posmoderna. ISBN 84-376-0466-4. Madrid. Cátedra
  • Achinstein, P. (1989). La naturaleza de la explicación. México. Fondo de Cultura Económica
  • Ferrater Mora, J. (1984). Diccionario de filosofía (4 tomos). ISBN 84-206-5299-7. Madrid Alianza Editorial
  • Honderich, T. (editor). (2001). Enciclopedia Oxford de Filosofía. ISBN 84-309-3699-8. Madrid. Anaya
  • Popper, K. (1977). La lógica de la investigación científica. Tecnos
  • Lakatos, I. (1983). La metodología de los programas de investigación científica. Madrid. Alienza. ISBN 84-206-2349-0
  • Hempel, C. G. (1979). La explicación científica: estudios sobre la filosofía de la ciencia. B. Aires. Paidós
  • Harman G. (1965). "The Inference to the Best Explanation". The Philosophical Review 74, pp. 88–95
  • Harman G. H. (1986). Change in View: Principles of Reasoning. MIT press
  • Hanson, N. R. (1977). Observación y explicación: guía de la filosofía de la ciencia: Patrones del descubrimiento. Investigación de las bases conceptuales de la ciencia. Madrid. Alianza.
  • Rubert de Ventós, X. (1980). De la modernidad. ISBN 84-297-1669-6. Barcelona. Edicions 62.
  • Bunge, M. (1975). Teoría y realidad. ISBN 84-344-0725-6. Barcelona. Ariel.
  • Nagel, E. (2006). La estructura de la ciencia. ISBN 84-493-1870-X. Barcelona. Paidós.


Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]