Democracia cristiana

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Democracia cristiana es una ideología política que busca aplicar los principios del cristianismo (a menudo el catolicismo en particular) a las políticas públicas. Esta ideología surgió en el siglo XIX en Europa, y continúa teniendo una fuerte influencia en Europa y Latinoamérica.

Características[editar]

Militantes del COPEI participando en una marcha a favor de la campaña de Eduin Pirela a la alcaldía de Lagunillas, Zulia.
Propaganda electoral de Konrad Adenauer de 1957.

En la práctica política, la Democracia Cristiana es considerada de derecha en asuntos sociales, morales y culturales. La Democracia Cristiana no tiene su origen en el socialismo ni relación alguna con la Internacional, sino en la Doctrina social de la Iglesia. Aunque en muchas ocasiones la democracia cristiana ha aceptado el liberalismo, y comparte la idea de la reducción de impuestos con la intervención estatal, con el fin de acabar con la injusticia social; en general los principios que han regido su matriz se derivan de la idea del Estado del bienestar. Por esa razón es frecuente encontrar partidos democristianos en la centro-derecha. La Democracia Cristiana suele sobresalir por su marcado conservadurismo lo que la distingue del progresismo; y su notoria inclinación estatista lo que también la separa del liberalismo económico.

Para la Iglesia católica, la Democracia Cristiana ha existido desde los fines del siglo XIX, cuando el Papa León XIII escribió la encíclica Rerum novarum, una respuesta al socialismo y a los nuevos sindicatos en la cual el Vaticano reconoció las privaciones del trabajador y se dispuso a aliviarlas.

La Iglesia católica aclaró su posición al respecto en la Quadragesimo Anno, una encíclica hecho por el Papa Pío XI en 1931. Aunque hay muchas formas de democracia cristiana, generalmente están de acuerdo en ciertas materias. Su idea del Estado no corresponde a la de los liberales: debe ser descentralizado y estar compuesto de varios conjuntos, pero debe tener una capacidad indiscutible. Los demócrata cristianos creen que la sociedad debe ser responsable de la economía, pero no discuten los principios del capitalismo, creen que debe haber un capitalismo con rostro humano, lo que lo diferencia de la socialdemocracia. La democracia cristiana se parece más al socialismo cristiano en que cree que el deber del Estado es cuidar de sus ciudadanos.

Los democristianos generalmente siguen la posición del Vaticano en temas morales. Sin embargo, la mayoría de ellos ha aceptado el divorcio y el gobierno secular.

Los partidos democristianos suelen decir que son de "inspiración cristiana", en buena parte por influencia maritainiana. Incluso al calificar de cristiana la democracia parece subrayarse esta idea. Dentro de las filas del propio social-cristianismo la cuestión del nombre ya ha sido muy debatida. Y de hecho algunos de estos grupos políticos han desechado la etiqueta por cuanto compromete y responsabiliza a los miembros en esta cuestión.

La democracia cristiana ha sido más prominente en Italia, Alemania, Países Bajos y América Latina, destacándose Chile, Venezuela y República Dominicana. El primero ha tenido tres presidentes democristianos: Eduardo Frei Montalva (1964-1970), Patricio Aylwin (1990-1994) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000); el segundo dos: Rafael Caldera y Luis Herrera Campins; y en República Dominicana Joaquín Balaguer por varios periodos.

En América Central después de años de dictaduras y gobiernos autoritarios algunos de los primeros presidentes civiles electos fueron demócrata cristianos: José Napoleón Duarte (El Salvador, 1984-1989), Marco Vinicio Cerezo Arévalo (Guatemala, 1986-1990). En Costa Rica, han sido electos presidentes por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) Rafael Ángel Calderón Fournier (1990-1994), Miguel Ángel Rodríguez Echeverría (1998 - 2002) y Abel Pacheco de la Espriella (2002 - 2006).

En México y Paraguay países donde un solo partido político fue hegemónico por décadas; el PRI por 70 años en el primero y el Partido Colorado por sesenta en el segundo, fueron partidos demócrata cristianos los primeros en romper con esa larga hegemonía; en México con el triunfo de Vicente Fox proveniente del Partido Acción Nacional y en Paraguay con la victoria de Fernando Lugo del Partido Demócrata Cristiano en coalición con otros partidos políticos. El PAN además dio otro presidente posterior a México; Felipe Calderón.

Puntos de vista políticos[editar]

Como con cualquier ideología política, la democracia cristiana ha tenido manifestaciones diferentes a través del tiempo y en distintos países; hay dos amplias ideologías que son llamadas democracia cristiana.

Como generalización, se puede decir que los partidos democristianos en Europa tienden a ser moderadamente conservadores, y en varios casos se presentan como el principal partido conservador en sus respectivos países (por ejemplo en Alemania, España, y Bélgica). Estas generalizaciones, sin embargo, deben ser diferenciadas por la consideración de que la democracia cristiana no encaja precisamente en las categorías usuales del pensamiento político, sino que más bien incluye elementos comunes a otras ideologías políticas:

Conservadurismo Liberalismo Socialismo
En común Valores morales tradicionales (contrarios al aborto y a favor de la familia tradicional), oposición a la secularización, una visión del desarrollo evolucionario (como opuesto a revolucionario) de la sociedad, un énfasis en la ley y el orden, y rechazo al comunismo. Un énfasis en los derechos humanos y la iniciativa individual. Un énfasis en la comunidad, solidaridad social, el humanismo, el apoyo al Estado del bienestar, y por alguna regulación del mercado.
En contra Abierto al cambio (por ejemplo, en la estructura de la sociedad) y no necesariamente con apoyo al statu quo social. Un rechazo al secularismo, y énfasis en el hecho de que el individuo es parte de una comunidad y tiene deberes para con ella. La mayoría de los demócratas cristianos europeos apoyan una economía de mercado y no adhieren a la doctrina de la lucha de clases. Esto no necesariamente se ve en algunos partidos democristianos de América Latina, con su influencia de la Teología de la Liberación.


Los democristianos son por lo general conservadores en lo social, y como tales, mantienen una posición relativamente escéptica respecto a temas como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque algunos partidos demócrata cristianos han aceptado la legalización limitada de ambos. Es común que los partidos democristianos tiendan a marcar la herencia cristiana de su país, y afirmar posiciones éticas explícitamente cristianas, antes que adoptar una visión más liberal o secular.

En asuntos económicos, los demócratas cristianos no suelen desafiar al capitalismo como sistema económico, a diferencia de su repudio explícito al comunismo y similares ideologías,[1] aunque sí ven a la economía como algo al servicio de la humanidad. El deber del estado con respecto a la sociedad es de real importancia para los democristianos, algunos ven a este deber como meramente para crear las condiciones para que la sociedad civil florezca por fuera de las fronteras del estado, mientras que otros lo ven como un deber más directo del estado con los ciudadanos. En décadas recientes, algunos partidos demócrata cristianos en Europa han adoptado políticas consistentes con un punto de vista liberal en lo económico, mientras que otros demócrata cristianos por momentos parecen mantener visiones similares del socialismo cristiano.

En algunos países latinoamericanos los partidos democristianos suelen ser posicionados a la derecha del espectro político, entre otras cosas, por sus posturas económicas neoliberales y conservadoras casos de México, Costa Rica y Ecuador, mientras en otras naciones se les ubica a la izquierda con posiciones mucho más progresistas o que forman parte de coaliciones junto a partidos socialistas casos de Chile, Uruguay, Paraguay y Guatemala.

Historia[editar]

Primera grabación cinematográfica de un Sumo Pontífice, el papa León XIII, en 1896.
Falange Nacional fundada en 1935, posteriormente en 1957 se convierte en la Partido Demócrata Cristiano de Chile.
Foto de familia en cumbre del 2011 del Partido Popular Europeo.

El cristianismo, históricamente, había tenido una intervención directa en lo político, con distintos planteamientos desde el debate que arranca con San Agustín. Sin embargo, ante la nueva sociedad que surge de las revoluciones industriales, no había realizado un planteamiento específico.

Fue a finales del siglo XIX cuando surgieron en el norte de Francia, y en zonas de Bélgica y Holanda los primeros grupos que se autodenominaron demócrata cristianos. Esta fórmula de sindicalismo confesional representó un choque con el catolicismo tradicional, lo que obligó a la intervención del Vaticano. El Papa, León XIII, con la encíclica Graves de Communi rechazó el sindicalismo que implicaba la lucha de clases.

A principios del siglo XX, en Italia, el político católico Sturzo fundó el Partido Popular Italiano, una formación que se definía como democristiana. El Vaticano, que seguía tutelando la participación de los católicos en la vida pública, estableció como límite los pactos o acuerdos con los partidos considerados ateos.

La democracia cristiana siguió creciendo, no sólo en Europa Occidental, sino también en países de América latina, como Chile. Tras la Segunda Guerra Mundial, y concretamente en la década de los 60, tras el Concilio Vaticano II, el Vaticano dejó de tutelar directamente a la democracia cristiana, que basa sus actuaciones alrededor del humanismo cristiano.

Las bases doctrinales de la democracia cristiana las podemos encontrar en la obra de Tomás de Aquino, quien establecía los tres planos del mundo. En el vértice superior, está la ley eterna, o ley divina. De este derecho divino deriva la ley natural, que es el conjunto de normas éticas aprehendidas racionalmente por el hombre. En un tercer plano se sitúa la ley humana, que es el conjunto de normas para la organización de la sociedad. Estos tres planos, según Tomás de Aquino deben estar en armonía y no debe haber contradicciones entre ellos, para que se genere lo que llamó como civitas.

Este planteamiento, para el tiempo presente, se actualiza con la doctrina social de la Iglesia, que se construye sobre todo con las encíclicas de León XIII. En la Libertas Praestantissimum defiende la libertad del hombre pero rechaza al liberalismo porque éste no asume la autoridad divina. La más importante para la doctrina social de la iglesia es la Rerum novarum (1891), en la que se reconoce la situación de miseria en la que vivían muchos trabajadores como resultado del afán de enriquecimiento que produce el liberalismo capitalista. Pero la alternativa no podía ser el socialismo por dos motivos: porque era ateo y porque era colectivista, y atentaba por tanto a la propiedad privada que se consideraba esencial para el mantenimiento con dignidad de la familia.

La solución que propone es una alternativa pactista, que parte de la idea de que tanto empresarios como trabajadores, son todos hijos de Yahvé, y por lo tanto deben ceder en sus aspiraciones para llegar a un acuerdo entre ellos. Otro aporte innovador de la Rerum novarum es que anticipa la llegada del Estado del bienestar, cuando plantea la intervención del Estado para atenuar las situaciones de injusticia social e incidir en el reparto de la riqueza.

Otra innovación importante es la que encontramos en la encíclica de Pío XI, Quadragesimo Anno (1931). En esta encíclica se alientan las vías cooperativas en las empresas donde trabajadores y empresarios participan tanto en la gestión como en los beneficios.

En la segunda mitad del siglo XX, y coincidiendo con la progresiva emancipación de la tutela vaticana de la democracia cristiana, esta corriente ideológica ha ido consolidándose y extendiéndose. La Internacional Demócrata Cristiana (IDC), agrupa a un centenar de partidos, fundamentalmente europeos y latinoamericanos.

El más antiguo de España es el PNV (Partido Nacionalista Vasco), que es centenario, pero actualmente es un partido aconfesional y progresista en temas sociales, y la UDC (Unió Democràtica de Catalunya), que acaba de cumplir 75 años. En el año 1990, la antigua Alianza Popular (AP), en su refundación,con el nuevo nombre de Partido Popular, abandonó la adscripción conservadora para integrarse en el ámbito de la democracia cristiana. En el inicio del siglo XXI, esta internacional, y a iniciativa de los españoles, ha asumido una doble denominación, y también se llama Internacional Demócrata de Centro, para ampliar la presencia de partidos que tenían reparos hacia las denominaciones religiosas.

La democracia cristiana es actualmente una corriente que ha experimentado una evolución paralela a la que tuvo la socialdemocracia. Si ésta es interclasista, la democracia cristiana se dirige a un electorado no exclusivamente religioso.

Relacionados[editar]

El partido político que actualmente gobierna en Turquía, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) se puede describir como democracia islámica.

En Pakistán la Liga Musulmana de Pakistán (N) ha obtenido en varias ocasiones el gobierno del país y es un partido que también aduce defender la democracia islámica, conservador sin ser islamista, es por lo general considerado un partido moderado de centroderecha.

En Túnez el Partido del Renacimiento se proclama demócrata islámico y asegura seguir el ejemplo del Partido de la Justicia y el Desarrollo de Turquía, aunque sus detractores lo tachan de islamista.

El partido político japones Nuevo Kōmeitō, puede ser descrito como partido demócrata budista.

El partido político tailandes Partido Puea Thai, puede ser descrito como partido demócrata budista.

El partido monárquico camboyano FUNCINPEC es miembro de la Internacional Demócrata de Centro.

En Chile además del partido demócrata cristiano, existe el partido izquierda cristiana que es una separación del partido demócrata cristiano de Chile, este partido abiertamente es de izquierda y plantea el socialismo desde un punto de vista cristiano, además sigue la teología de la liberación.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Moos, M. (1945) ‘Don Luigi Sturzo – Christian Democrat’, American Political Science Review, 39(2), pp. 269-292, p. 269

Enlaces externos[editar]