Parábola del trigo y la cizaña

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Parábola del trigo y la cizaña, de Abraham Bloemaert.

La parábola del trigo y la cizaña, también conocida como parábola de la cizaña o parábola de la mala hierba, es una de las parábolas de Jesús de Nazaret, recogida en el libro de Mateo del Nuevo Testamento y también encontrada en el evangelio apócrifo de Tomás.

Encontrada en Mateo 13, 24-30; es la decimosegunda parábola narrada en el nuevo testamento.

Narración[editar]

"pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo.".

El texto de la parábola, según aparece en la Biblia cristiana, es el siguiente:

Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero».

Mateo 13, 24-30[1] (Reina-Valera 1960).

La versión de esta parábola según el evangelio apócrifo de Tomás es la siguiente:

Dijo Jesús: "El Reino del Padre se parece a un hombre que tenía una buena semilla. Vino de noche su enemigo y sembró cizaña entre la buena semilla. Este hombre no consintió que ellos, los jornaleros, arrancasen la cizaña, sino que les dijo: No sea que vayáis a escardar la cizaña y con ella arranquéis el trigo; ya aparecerán las matas de cizaña el día de la siega, entonces se las arrancará y se las quemará".

Tomás 57.[2]

Interpretación[editar]

Satán esparciendo semillas, de Felicien Rops.

La explicación de esta parábola la da también Jesús, según aparece en la Biblia cristiana:

Respondiendo Él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga».

Mateo 13, 37-43[3] (Reina-Valera1960).

Hay que tomar en cuenta que la cizaña es bien parecida al trigo durante las primeras fases de crecimiento.[4] también, la ley romana de entonces prohibía sembrar cizaña entre el trigo de alguna persona,[4] [5] lo cual sugiere que la historia es realista.[6]

Referencias[editar]

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