Sentido común

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La expresión sentido común describe las creencias o proposiciones que se alimentan por la sociedad (familia, clan, pueblo, nación o entera humanidad).

Definiciones[editar]

Para Trout y Rivkin, el sentido común es «una facultad que posee la generalidad de las personas, para juzgar razonablemente las cosas». Yagosesky lo define como «la capacidad natural de grupos y comunidades, para operar desde un código simbólico compartido, que les permite percibir la realidad, o asignarle un sentido a personas, objetos o situaciones, que resulta obvio para el común de los integrantes de esa comunidad». Yash, Hipat Roses e Imeld lo definen como «el don provisto para saber distinguir todo lo que nos rodea: el bien, el mal, la razón y la ignorancia..».[1]

Controversia Universalismo - Contextualismo[editar]

Para Reid los principios del sentido común "son universales y fijos, no sujetos a crítica o renovación". En cambio Popper reconoce que los contenidos del sentido común "sí están sujetos a cuestionamiento y cambio". Por su parte, Vico señala "la dependencia del sentido común a sus contextos culturales específicos".[2]

Doctrina clásica[editar]

Sin depender de un conocimiento esotérico, investigación o estudio, el sentido común es el primero de los sentidos internos. Según la doctrina clásica con respecto a éstos, que los clasifica en sentido común, imaginación, memoria y estimativa-cogitativa en el hombre. El sentido común no es el «buen sentido», «común» a todos los hombres, es decir, la inteligencia en su actividad espontánea, o la razón en el sentido cartesiano de poder distinguir lo verdadero de lo falso. Aunque sea una acepción corriente, esta asimilación supone un cambio de significación con respecto a la doctrina clásica, que configura el sentido común como un sentido, una función del conocimiento sensible: su objeto no es abstracto y, por tanto, no es una función intelectual.

Naturaleza y funciones[editar]

Delimitado así el sentido común podemos pasar a examinar su naturaleza y sus funciones con más detalle. Como todos los sentidos es una potencia pasiva, es decir, que no opera hasta que no es excitado por el objeto. La información en su estado puramente termodinámico, hace perder recursos al objeto que pierde su discretismo ante el observador. El objeto como tal no se transforma al conocerlo, sino que lo enfoca y lo delimita en su campo de acción. Las propiedades no observadas sencillamente pasan desapercibidas, ejerciendo una influencia discreta entre ambos objetos, cuyas propiedades irán emergiendo en función de si el objeto es capaz de irse adaptado a la interacción dinámica con dicho objeto. Por 'abrirse' una vía de comunicación, el objeto aparenta ser a nuestro sentir lo ideal para la consecución del objetivo. Se irá alejando, o no, de ese estado ideal en función se vayan conociendo el resto de propiedades. Por ello, cuando un acontecimiento sucede en el universo... ¿Qué orden ha seguido? ¿Causa - efecto? ¿O quizá porque el efecto es el ideal, se persigue la causa?. Este principio hace replantearse si de verdad existe una línea del tiempo predominante en el universo objetiva, o es más bien orquestada por los elementos que interacciónan, quedando sujeta a los estados de energía de cada sistema interactuante, siendo las propiedades internas de estos sistemas un elemento más capaz de modificar dicho flujo temporal al adoptar posiciones o roles adaptados a las previsiones.[3]

Hay que señalar que según un sentido está más alejado del objeto, y según sus funciones vayan siendo más complejas, su capacidad de «error» es mayor. Así, el sentido común puede «equivocarse» más que los sentidos externos. Pero su objeto lo capta más «abstractamente» y, por tanto, de modo más perfecto.

Naturaleza[editar]

Dentro de la dinámica metabólica del cerebro, los sentidos internos que desencadenan la dinámica con el medio, sensaciones menos elaboradas y más simples, generan una cascada de pulsos neuronales, los cuales solo llegan aquellos de los que requieren nuestra atención por que así se nos ha educado, porque está en peligro la vida o damos importancia relevante a cierta parte del medio en el que nos desenvolvemos. Dada la estrecha conexión e interdependencia dentro de la que actúan los sentidos, el sentido común cumple una función clave: por una parte unifica y regula la multiplicidad sensorial de los sentidos externos; y, por otra, sirve de enlace entre éstos y los sentidos internos.

El conocimiento que proporciona los sentidos menos desarrollados y elaborados tienen por objeto una cosa distinta del sentido común; su objeto son las sensaciones de los demás sentidos externos aunque no en el mismo plano que ellos, ya que su función no versa sobre los objetos exteriores sino sobre nuestra sensación de los objetos. Viene a ser como la raíz y principio de la sensibilidad externa, radix et principium sensuum externorum.

  • El sentido no capta los sensibles comunes, pues éstos son objetos exteriores, captados por los sentidos externos con su propio objeto, mientras el sentido común es un sentido interno.
  • El sentido común no tiene una función de «reflexión».

Para reflexionar tenemos la capacidad de recordar, valorar y establecer una acción con conocimiento, o sea a conciencia. Pues el sentido común es un conocimiento más dentro de nuestra dinámica en el medio.

Funciones[editar]

Las funciones que tradicionalmente se le atribuyen son:

  • Conocer las diferentes cualidades captadas por los sentidos externos y establecer una comparación entre dichas cualidades.
  • Conocer los actos u operaciones de los sentidos externos.
  • Según Barbado,[4] realiza una función más: distinguir los objetos reales de las imágenes fantásticas; se apoya Barbado para asignarle esta función en algunos textos de S. Tomás, textos cuya relación con el sentido común ha sido poco estudiada.[5]

Un punto a determinar con precisión es si deduce especie expresa -como el resto de los sentidos internos-, o sólo especie impresa -como los sentidos externos-; los textos clásicos dejan abiertos interrogantes a este respecto.

  • «El sentido común es la potencia por la que se tiene la sensación de cualquier sensación externa, cosa muy distinta de la potencia por la que se tiene la «idea» de cualquier sensación. Dicho de otra manera: el sentido común no entiende, sino que siente las sensaciones externas».[6] El objeto del conocimiento es conocido fragmentariamente por el sujeto en el conocimiento inmediato. Efectivamente el «contacto inmediato» con el objeto se realiza a través de los sentidos externos, pero éstos sólo captan cada uno un aspecto de dicho objeto; el ojo no oye, ni el oído siente la dureza. La primera unificación de estas cualidades captadas se debe llevar a cabo (es lo que hace el sentido común) a través de una comparación entre ellas, que permite, a su vez, diferenciarlas... Pero esta comparación o diferenciación implica ya una referencia marcada a la unidad del sujeto que siente (debe haber algo que unifique), y por eso se dice que el sentido común «ilumina» el acto del sentido externo y lo hace «consciente» (de ahí el nombre que se le da al sentido común de conciencia sensible). El sentido común, pues, utiliza a los sentidos externos como «instrumentos» de los que se sirve para cumplir su función más eminente en orden al conocimiento del objeto.
  • Nosotros conocemos nuestras sensaciones. «No sólo sentimos el objeto, sino que sabemos que lo sentimos. Ahora bien, un sentido no puede reflexionar sobre sí mismo, porque es orgánico. El ojo ve los colores, pero no puede ver su visión de los colores.[7] Así, pues, hay que admitir una función de conocimiento distinta que tiene por objeto los actos directos del conocimiento sensible, y esto lo hace el sentido común».[8]

Pero el sentido común no sólo es activo por estas funciones, sino -y esto es muy importante- porque regula la «atención sensorial», mediante la cual el sujeto dirige el oído, la vista, etc., hacia el estímulo, para sentirlo mejor.

Interacción social[editar]

Como ejemplo en dinámica social, se puede escoger la dinámica existente en los centros de trabajo, entre los diferentes departamentos de la misma. Los más peculiares suelen ser el departamento de informática y el resto de los departamentos:

Ejemplo dinámico[editar]

  • Planteamiento inicial: tenemos una empresa con 2000 trabajadores, de los cuales 150 son operarios de campo y el resto es de oficina. La empresa cuenta con tecnología suficiente como para permitir al personal técnico de campo fichar desde el primero de los clientes a atender. A los trabajadores de oficina se les permite un entorno virtual de usuario, en donde se les suministra un escritorio remoto, carpetas compartidas y un área privada, así como el rincón del empleado, en donde se les informa de las posibilidades de promoción para su puesto de trabajo, reserva de vacaciones, solicitud de días libres y toda la gestión que realiza un departamento de RRHH.
  • Dinámica en ejecución: mantener toda la infraestructura tecnológica requiere de suficiente personal capacitado para permitir una tolerancia a fallos con un margen mínimo de caída en la producción lo más próximo a cero (servidores redundantes, servidores de backups replicados y distribuidos, un área dedicada a la maquinaria tecnológica con las normas de seguridad contra incendios, aislamiento de ruidos, aislamientos contra estática, filtros de aire especiales, temperaturas ambientes controladas por climatizadores de sensibilidad especial, y un largo etcétera). Las incidencias que ocasiona este medio son especiales y distintas de las que generan el resto de departamentos que dependen de todo este entramado. Se puede decir que es el talón de aquiles de la corporación. El sentir común de este medio se define por el conocimiento medio general de las personas que lo mantienen: personas con ingenierías técnicas superiores, medias, técnicos superiores y técnicos medios. Todos ellos comparten conocimientos y se genera una sinergia producto del beneficio de la socialización en la dinámica de grupo. Ser el centro neurálgico permite conocer las tendencias generales de los usuarios y las quejas que reportan. El usuario suele confundir entre almacenamiento local y almacenamiento en red, el usuario puede agotar su cuota de espacio en el disco de red por almacenar las descargas que realiza de internet es dicho espacio, las normas de seguridad hacen responsable al usuario de la información almacenada en el espacio local, lo almacenado en remoto debe cumplir ciertos criterios que justifiquen la carga del servidor corporativo, el uso del ancho de banda debe cumplir con los criterios del puesto de trabajo del empleado y demás particularidades que tratan de concienciar al usuario que si respeta esas normas, las incidencias en los servidores corporativos se reducirán notablemente.
  • Incidencia del usuario1: el PC de este usuario tiene un fallo en el sistema por haber saturado el disco duro, con lo que el sistema es incapaz de usar el espacio del disco duro parte de la memoria virtual del sistema. A su vez, la memoria ram es escasa, por lo que los constantes reinicios producen que el registro del sistema se corrompa. El usuario ignora todo esto (no está obligado a conocerlo) por lo que produce un sentir común a todos los usuarios que se comporten ante su PC de forma similar a como lo ha hecho este usuario. El soporte atiende la incidencia, desahoga el espacio en disco y regenera el sistema tal cual se le instaló en su primer día. El usuario recibe el PC, la primera de las quejas: ¡¿dónde está toooooda la información?!. ¡¡¡Hombre, es de sentido común que si vas a meter mano a un disco duro que no es el tuyo, le hagas una copia de seguridad!!!
  • Respuesta del SAT: «Tenemos 500 casos como el suyo, las políticas dictan que debe asegurar la información que reside en su pc, y la información que almacene en el servidor debe de cumplir cierto perfil. Nuestra buena voluntad nos hace ir más allá e intentar reparar el ordenador de la forma menos violenta posible, no obstante, hacer copias de los datos personales del pc del usuario, sería usar unos recursos de los cuales no nos lo justifican. Entiendo su sentir, y además no le puedo pedir que usted entienda el mio, porque yo soy informático pero también usuario, usted es solo usuario. Lamento no poder ofrecerle una explicación que le satisfaga, es una cuestión de procedimientos, no de gusto personal. Hable con mi jefe si así lo desea.»

Se observa que el sentir común del gremio de los informáticos los hace distintos al resto de los gremios de usuarios. A su vez, el sentir común de cada departamento de usuarios marcará el rasgo distintivo: Lenguaje usado, expresiones comunes, manías y manerismos.

Lo común[editar]

Los mismos sistemas naturales que han interactuado para formar el sentimiento compartido entre los dos gremios descritos con anterioridad, son los que funcionan en cada ser humano, formando una serie de resortes predecibles (áreas metabólicas del cerebro) que dan resultados dependientes de las conciencias de las personas que procesan la información; convirtiéndolo en una ciencia social incapaz de establecer patrones de comportamientos más allá de la especulación y la estadística, con algún que otro postulado holista que puede parecer innovador, pero que no marca la pauta como elemento repetitivo de laboratorio. Ello solo lo hace válido en ciencias políticas y económicas.

Notas y referencias[editar]

  1. «Definiciones del sentido común».
  2. González de Luna, E. (2004) Filosofía del sentido común: Thomas Reid y Karl Popper. UNAM
  3. Reducción del objetivo orquestado. Postulado Penrose/Hameroff
  4. o. c. en bibl., 1, 723
  5. cfr. Sum. Th. 1 q84 a8 ad2; De Malo q3 a3 ad9
  6. A. Millán Puelles, o. c. en bibl., 346
  7. cfr. S. Tomás, Contra gentes, 11,65
  8. R. Vernaux, o. c. en bibl., 66

Bibliografía[editar]

  • Alvira Domínguez, R., «Sentido común», Gran Enciclopedia Rialp, http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=5920&cat=filosofia 
  • Barbado, M. (1946-48). Estudios de psicología experimental. Madrid. 
  • Brennan, R. E. (1969). Psicología general (4ª edición). 
  • Fabro, C. (1966). Percezione e pensiero (2ª edición). Brescia. 
  • Millán Puelles, A. (1972). Fundamentos de filosofía (8ª edición). 
  • Vernaux, R. (1971). Filosofía del hombre (3ª edición). 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]