Movimiento obrero argentino

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Marcha sindical en Argentina.

El movimiento obrero argentino tiene una larga y compleja historia de luchas. Fue iniciado poco después de la mitad del siglo XIX, tanto por la comunidad de obreros afroargentinos como por grupos socialistas y anarquistas llegados en la gran inmigración europea. En el curso del siglo XX desarrolló grandes y poderosos sindicatos de industria que pusieron a la clase obrera como protagonista de la historia argentina y al mismo tiempo fue objeto de grandes persecuciones y matanzas. Desde fines del siglo XX, la globalización ha afectado al movimiento obrero argentino e impulsado nuevas iniciativas y debates con el fin de reorganizarse para enfrentar los nuevos desafíos que enfrentan los trabajadores en el siglo XXI.

Índice

Del primer sindicato a la primera central[editar]

Contexto económico (1850-1930)[editar]

En la segunda mitad del siglo XIX Argentina contaba con 1,7 millones de habitantes y una sociedad básicamente rural. En el curso de unas pocas décadas el país transformará completamente su estructura económica, estableciendo un moderno sistema capitalista granero-ganadero exportador con destino a Europa, articulando un sistema de modernos frigoríficos, ferrocarriles y buques de altamar. El país se modernizará y crecerá rápidamente, Buenos Aires se volverá una de las ciudades más grandes del planeta, y Argentina será conocida como "el granero del mundo".

Para impulsar semejante crecimiento era necesario una gran cantidad de trabajadores. Entre 1857 y 1930 ingresaron 6,3 millones de trabajadores inmigrantes, mayoritariamente europeos.[1] La población argentina, que representaba el 0,12% de la población mundial en el siglo XIX, pasó a representar el 0,57% de la humanidad en el siglo XX.

Esos trabajadores llevaron a Argentina las ideas obreras que comenzaban a desarrollarse en Europa, fundamentalmente socialistas y anarquistas.

Los orígenes (1850-1887)[editar]

El primer paso en la organización del trabajo en la Argentina fue la creación de sociedades de socorros mutuos, o mutualidades. En 1857 se crea en Buenos Aires la primera organización obrera del país, la Sociedad Tipográfica Bonaerense. En 1858 grupos de inmigrantes organizan dos entidades que tendrán gran importancia: la Sociedad Española de Socorros Mutuos y Unione e Benevolenza.

En 1863 aparece el primer periódico obrero de América Latina: El Artesano, dirigido por el Bartolomé Victory y Suárez, un socialista utópico catalán, que al año siguiente publicará "El Comunismo", de Esteban Cabet, primer libro socialista/comunista publicado en América Latina.

En 1873 se produjo la primera crisis económica del nuevo sistema capitalista en formación. El presidente Avellaneda hizo un famoso discurso en el que se anticipaba el conflicto social por venir:

"Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y su sed, para responder a una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros".

Los estancieros ya habían creado en 1866, la Sociedad Rural Argentina (SRA), en tanto que los industriales crearán en 1875 el Club Industrial, que se configura en 1887 como Unión Industrial Argentina.

En 1878 se crea el primer sindicato argentino: la Unión Tipográfica, que al año siguiente (1879) declara la primera huelga, contra la reducción de salarios. La huelga sorprende y logra que se acepte lo exigido: se aumentan los salarios, se reduce la jornada a 12 horas y se excluye a los niños menores de doce años. Sin embargo, al poco tiempo, se reimplantan las viejas condiciones de trabajo y el sindicato desaparece.

En la década de 1880 se crean 21 sindicatos. Entre ellos se encuentran:

  • La Sociedad de Dependientes de Comercio (1880), origen del que será el poderoso Sindicato de Empleados de Comercio, que logra que la Municipalidad de Buenos Aires ponga en vigencia una vieja Ordenanza de 1857, que ordenaba cerrar los comercios en días domingo. Inmediatamente los comerciantes e industriales, unidos en el Club Industrial logran, con el apoyo de la prensa, frenar la medida y suspender su puesta en práctica.
  • La Fraternidad de Maquinistas y Fogoneros de Locomotoras (1887), sindicato estratégico que desarrollará una tarea fundamental en el desarrollo del movimiento obrero argentino.

El 90: un año clave[editar]

En 1888/1890 se produce la segunda crisis económica. Los salarios bajan abruptamente, la desocupación crece. En esos tres años se producen 36 huelgas, el triple de todas las producidas los 7 años anteriores.

La aparición de gran cantidad de sindicatos de oficio y la multiplicación de las huelgas llevó rápidamente a los primeros intentos de coordinación inter-sindical y ello implicaba acuerdos entre socialistas y anarquistas. El 3 de diciembre de 1888 se realizó la primera reunión de este tipo. En ella participan el famoso anarco-comunista italiano Errico Malatesta y Zacarías Rabassa por los anarquistas, y Joseph Winiger y August Kühn, por los socialistas.

En 1889 se funda en París la Segunda Internacional. En esa oportunidad el movimiento obrero argentino es representado en el Congreso de fundación por el destacado socialista alemán Wilhelm Liebknecht, a pedido del Club Vorwärts (en español "Vanguardia"), centro sindical fundado por los socialistas alemanes en Argentina.

1890 es un año clave para la historia argentina.

Siguiendo el mandato de la Segunda Internacional, el club socialista alemán Vorwärts, llama a una reunión intersindical para organizar el 1º de Mayo, "la Fiesta del Trabajo", por primera vez en la historia, convocando a los anarquistas. Se forma entonces un Comité Internacional Obrero para organizar el acto y difundir el manifiesto fundador de la Segunda Internacional. El socialista alemán Joseph Winiger será elegido como presidente.

El 1 de mayo de 1890 se realizó el acto en Buenos Aires (en el Prado Español), Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy, bajo la bandera de las "ocho horas de trabajo". El manifiesto aprobado en Buenos Aires expresaban:

"El pueblo trabajador de la Argentina, levanta por primera vez su potente voz compuesta de millares de desheredados, en demanda de la protección legislativa al trabajo y a los obreros... Unámonos al fin, levantemos en masa nuestra voz... Esta petición debe ser el primer paso eficaz en la unión de nuestras fuerzas".

El mitin obrero consideró que era necesario organizar una Federación Obrera, y aprobó un Petitorio de 12 puntos al Congreso Nacional, que firmaron 7.422 obreros, solicitando la sanción de una lista de "leyes protectoras de la clase obrera". Allí se encuentran sintetizadas las bases de lo que luego será el Derecho del Trabajo, también denominado derecho laboral, derecho obrero, o nuevo derecho de los trabajadores. Los anarquistas sin embargo, se oponían a luchar por una legislación laboral que consideraban puro reformismo.

El Petitorio Obrero del 1º de mayo de 1890 reclama al Congreso:

  1. Jornada de 8 horas
  2. Prohibición del trabajo de los menores de 14 años
  3. Abolición del trabajo nocturno, con excepción de las industrias que no lo permitan
  4. Prohibición del trabajo para la mujer cuya naturaleza afecte su salud
  5. Abolición del trabajo nocturno para mujeres y menores de 18
  6. Descanso no interrumpido para todos los trabajadores de 36 horas semanales
  7. Prohibición de trabajos y sistemas de fabricación perjudiciales para la salud
  8. Prohibición del trabajo a destajo o por subasta
  9. Inspección de los talleres y fábricas por delegados remunerados por el Estado
  10. Inspección sanitaria de las habitaciones, vigilancia sobre la fabricación y venta de bebidas y alimentos, castigando a los falsificadores
  11. Seguro obligatorio para los obreros contra los accidentes a cargo exclusivo de los empresarios y el Estado
  12. Creación de tribunales integrados por obreros y patronos, para la solución pronta y gratuita de los diferendos entre unos y otros.

El Congreso Nacional nunca considerará el Petitorio del 1º de Mayo, y habrá que esperar a que el socialista Alfredo Palacios sea elegido diputado en 1904 para que las leyes obreras comiencen a ser consideradas en el Parlamento.

Dos meses después, el 29 de junio de 1890, se crea la Federación de Trabajadores de la Región Argentina, primera central obrera de América Latina, con representantes de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Mendoza y Chascomús. Su órgano oficial será el periódico El Obrero que dirigía el socialista Germán Lallemant.

La constitución de esta central y la movilización del 1º de Mayo, colocaron al movimiento obrero argentino a la altura de los más importantes del mundo.

El auge del movimiento obrero coincide con, pero no participa en, la sangrienta Revolución del 90, organizada por la Unión Cívica, una heterogénea alianza que comenzaba a exigir reformas políticas democráticas. De este movimiento emergerán pocos años después la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, y el Partido Demócrata Progresista.

Los primeros y fallidos intentos de crear una central sindical: 1889-1904[editar]

La primera central obrera no pudo sostenerse y dos años después ya no existía. Otros tres intentos de establecer una central se realizaron durante la década de 1890, pero tampoco prosperaron. Un manifiesto del intento de 1894 daba cuenta del valor que aquellos primeros organizadores del movimiento obrero, le asignaban a la unidad de los trabajadores:

"La Federación Obrera es la unión de todas las colectividades trabajadoras, en un pacto solemne de solidaridad y mutuo apoyo, de manera que sean todas para una y una para todas en la lucha que deben emprender contra el capital".

Durante esta década se crearon cerca de 50 sindicatos que abarcaban casi todos los oficios. Las huelgas alcanzan el número de 9 en 1894, 19 en 1895 y 26 en 1896. En 1897 el obrero carpintero catalán Gregorio Inglán Lafarga crea La Protesta Humana, periódico anarquista de gran importancia en el movimiento obrero. Por aquel entonces el sindicato y la huelga eran considerados, básicamente como delitos. Los empleadores rechazaban tajantemente negociar con los sindicatos. un reglamento de la Unión de Fabricantes de Fideos, disponía:[2]

"6. Ninguna de las fábricas asociadas, admitirá reclamación que venga por la sociedad de obreros o por imposiciones en masa de sus operarios y solo atenderá reclamos hechos individualmente.
"8. Cuando se produjeran huelgas en las fábricas asociadas, se anotarán en secretaría los nombres de los huelguistas y por el término de 6 meses, ninguna fábrica podrá ocuparlos."

La última década del siglo XIX es un período de transición y organización de estructuras sindicales básicas. El movimiento obrero argentino aún estaba inmaduro para crear una verdadera central sindical capaz de coordinar nacionalmente la acción del trabajo. En esa misma década de 1890-1900, se crearon los dos grandes partidos populares de entonces: la Unión Cívica Radical (1891) y el Partido Socialista (1896).

En la próxima década la combinación de los reclamos laborales por parte del sindicalismo y las demandas democráticas por parte de los nuevos partidos políticos, abrirá el camino a las importantes reformas institucionales de la década de 1910. La más importante de ellas será la ley de sufragio universal.

De la FORA a la CGT[editar]

UGT, FORA y CORA (1900-1909)[editar]

En 1901 un grupo de sindicatos socialistas y anarquistas crean la Federación Obrera Argentina (FOA). En octubre de ese año en Rosario, se produjo la muerte del obrero Cosme Budislavich, primer mártir del movimiento obrero argentino. Sin embargo, la unidad entre socialistas y anarquistas no perduró. En 1903 los socialistas crean la Unión General de Trabajadores (UGT), y en 1904 los anarquistas constituyen la Federación Obrera Regional Argentina, la "FORA", que definirá claramente su tendencia anarco-sindicalista al año siguiente en el V Congreso (FORA del V Congreso). A partir de ese momento el movimiento obrero argentino tuvo siempre centrales de máxima conducción.

A pesar de la división entre socialistas y anarquistas, la unidad sindical será una preocupación permanente del movimiento obrero argentino. Todos los congresos sindicales registran en el primer lugar de los temarios el problema de la unidad. Los hechos mismos ponían en evidencia la importancia de la unidad de las centrales. De las 14 huelgas generales que declararon ambas centrales entre 1900 y 1914, solo tuvieron éxito las cuatro que fueron declaradas conjuntamente, en 1904, 1907, 1909 y 1910.

En 1907 fracasó el primer intento de unificar las centrales obreras. En esa oportunidad el destacado anarquista italiano Luis Fabbri, presente en Buenos Aires, criticó duramente la táctica de los anarquistas argentinos de identificar la federación y los sindicatos con la ideología anarquista:

No quisiera ser mal profeta, pero mucho temo que tarde o temprano, este error táctico, sea duramente pagado por nuestro movimiento en la República Argentina. (La organización sindical), para no ser dogmática o autoritaria, debe evitar toda afirmación que pueda dividir a la masa proletaria según especiales preocupaciones de partido... (Pone) moralmente en condiciones de inferioridad a los adversarios sólo porque están en minoría. Equivale decir a los obreros que no piensan como nosotros: ¡Idos![3]

En 1909, un segundo congreso de unificación tampoco logra su objetivo, pero en este último, la UGT socialista se disuelve y se forma la Confederación Obrera Regional Argentina (CORA). La CORA marca la aparición en Argentina de una nueva corriente sindical: el sindicalismo revolucionario, que, a diferencia de los socialistas y los anarquistas, reclamaba la desvinculación de los sindicatos de las corrientes y partidos políticos.

Por su parte, en esta década, varios sindicatos iniciaron procesos de unificación a nivel nacional. En 1902, 12 sindicatos de estibadores constituyen la Federación Nacional de Obreros Portuarios, y 7 sindicatos constituyen la Federación de Obreros Albañiles. Lo mismo sucede con la Federación de Obreros Agrícolas. Estas federaciones nacionales buscaban superar la debilidad evidente que demostraba la acción dispersa en sindicatos locales.

1904: el Partido Socialista y Derecho laboral[editar]

En 1904, sucede un hecho histórico muy especial. El gobierno conservador gobernante había decidido modificar el sistema electoral para establecer la elección de diputados por circunscripciones uninominales. Sucede entonces que, en el barrio de La Boca (Buenos Aires), que contaba con la mayor proporción de obreros del país, es elegido diputado nacional el candidato del Partido Socialista, Alfredo Palacios. Se trata de la primera vez en América. Palacios impulsará la sanción de una serie de leyes laborales que constituyen el inicio del Derecho del Trabajo Argentino. La primera de las leyes laborales será la Ley 4661 de descanso dominical (1905). Palacios fue el único parlamentario con preocupaciones sociales hasta 1912, cuando se sanciona la ley de voto secreto y universal. A partir de esa fecha ingresarán otros diputados socialistas y radicales que lograrán sancionar una cantidad considerable de leyes laborales, entre ellas: • Ley 9688 de Accidentes de Trabajo (1907) • Ley de prohibición del trabajo infantil • Prohibición del fósforo blanco

La huelga de inquilinos de 1907[editar]

A principios de siglo XX las condiciones de las viviendas de los trabajadores se había deteriorado gravemente. El censo municipal de 1904 registra que en Buenos Aires tiene un promedio de 11,5 personas por casa. Más del 10% de la población vivía en condiciones infrahumanas en los llamados conventillos.[4] La FORA y la UGT habían contemplado la situación.

En agosto de 1907, ante el aumento de los alquileres, los inquilinos se declararon en huelga y tomaron la decisión de no pagar. Se trató de un enorme movimiento en el que participaron más de 140.000 personas en 2.400 conventillos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca. La huelga duró tres meses y finalmente muchos propietarios aceptaron mantener los alquileres sin aumentos.[5]

La masacre del 1º de Mayo y la semana roja de 1909[editar]

El 1 de mayo de 1909 la FORA (anarquista) y el Partido Socialista convocan a actos separados. El acto de PS transcurre con normalidad, pero el acto de la FORA es severamente reprimido por la policía, bajo las órdenes del Coronel Ramón Falcón. Doce obreros murieron. En respuesta, la FORA y la UGT, con el apoyo del PS, llaman a la huelga general por tiempo indeterminado. La respuesta fue contundente: Buenos Aires y varias ciudades quedan completamente paralizadas durante una semana. El 4 de mayo se realiza el entierro de los muertos con una asistencia de 300.000 personas. Hablan el anarquista Juan Bianchi (FORA), el sindicalista Luis Lotito (UGT) y el socialista Alfredo Palacios (PS).

El día 8 de mayo la huelga sigue y el gobierno acepta negociar con el Comité de Huelga (FORA, UGT y PS), llegándose al siguiente acuerdo:

  1. Abolición del Código Municipal de Penalidades
  2. Libertad de todos los presos por causa de huelgas
  3. Reapertura de los locales obreros.

Por primera vez en la historia de las huelgas generales un gobierno pactó con los obreros.

Unidad y división sindical: dos FORAs[editar]

A comienzos de la década del 10 se crearon los dos primeros sindicatos de rama nacionales: la Federación Obrera Marítima (FOM) en 1910 y la Federación Obrera Ferrocarrilera (FOF) en 1912, rebautizada como Unión Ferroviaria en 1922. Los sindicatos por rama de industria recién comenzarían a generalizarse en la década del 30, con la creación de la Confederación General del Trabajo (CGT) y la generalización del fordismo.

En 1914, los sindicatos que integran la CORA deciden disolverla e incorporarse a la FORA, lográndose así la unidad del movimiento sindical en Argentina. Sin embargo, poco duró la misma, ya que al año siguiente los sindicatos anarquistas más radicales vuelven a separarse y adoptan también el nombre de FORA. Desde entonces la central que reúne a sindicalistas, socialistas y anarquistas (y a partir de 1918 también comunistas), será conocida con el nombre de FORA del IX Congreso, y la central anarquista, como FORA del V Congreso.

Evolución de la

FORA del IX Congreso[6]

(1915-1920)

Año Sindicatos Cotizaciones $
1915 51 20.521
1916 70 39.504
1917 199 143.928
1918 350 421.182
1919 530 488.549
1920 734 749.518

En 1919 la FORA contaba con 118.200 miembros, la mitad de los cuales cotizaba mensualmente y la otra mitad lo hacía al menos una vez al año.[7]

En el poder y la extensión geográfica que adquirió la FORA y con ella el sindicalismo en Argentina, hay que señalar el papel jugado por la FOM (Federación Obrera Marítima), primer sindicato de rama nacional creada en 1910,[8] que utilizaba los barcos como herramienta de difusión sindical y organización de los trabajadores de las distintas regiones del país.

Voto secreto, democracia y sindicalismo[editar]

Desde la Revolución del 90 la protesta política y social en Argentina fue creciente: el sindicalismo, la acción socialista parlamentaria, la huelga de inquilinos, la protesta anarquista, el accionar intransigente y revolucionario del radicalismo, la protesta de los chacareros (Grito de Alcorta, 1912).

Son expresiones de una sociedad civil que estaba reclamando cambios institucionales y mayor participación en los asuntos públicos. En un hecho histórico, en 1912 el gobierno conservador acepta promover la sanción de la ley del voto secreto, universal y obligatorio.

El voto secreto tuvo una gran importancia para liberar el voto de los peones rurales, cauitivo hasta allí de la voluntad de los estancieros. La siguiente frase, expresada por Carlos Rodríguez Larreta (ex canciller y gran estanciero) en 1912 es muy expresiva de la opinión de los sectores más conservadores ante la ley del voto secreto:

Si mi peón hubiera tenido la misma acción que yo para resolver los problemas económicos internacionales, o políticos del país, habríamos estado viviendo bajo un régimen absurdo. No ha sido así, gracias a Dios, porque yo he dirigido a mi peón. Pero el voto secreto lo independiza, al privarlo de una influencia saludable y legítima... Y lo malo es que, a menudo no tenemos un solo peón sino varios, y que algunos tienen muchos.

Debido a la ley de voto secreto los resultados electorales modifican completamente el signo que habían seguido los últimos 60 años. En 1916 es elegido presidente Hipólito Yrigoyen, de la UCR, que va a representar fundamentalmente a los sectores medios. Simultáneamente el socialismo obtuvo una gran representación en el Congreso, alcanzando a 20 diputados, algunos de ellos, por primera vez, dirigentes sindicales.

La legislación obrera recibió un impulso desconocido hasta entonces, sancionándose entre muchas otras leyes, la jornada de 8 horas.

A partir del gobierno radical de 1916 el Estado comenzó a actuar como árbitro en los conflictos laborales. La FORA del IX Congreso atenuó el rigor de sus huelgas y aumenta su actividad de negociación colectiva, aceptando el rol arbitral del Estado en la misma, a través del Departamento de Trabajo y la primera ley de "Inspección y policía del trabajo" 10.307.

Por otra parte a partir de la elección de un gobierno más reresentativo de la población, los sindicatos comenzaron a reclamar también mayor participación en la esfera política.

Ejemplo de esta nueva actitud es la declaración de los ferroviarios en huelga, en 1917, proponiendo asumir la dirección de los ferrocarriles. La declaración de la Federación Obrera Ferrocarrilera dice:

Ante la imposibilidad de llegar a una solución decorosa para los trabajadores que no están dispuestos a someterse a los accionistas extranjeros... declaramos que estamos dispuestos a asumir la explotación y dirección de los ferrocarriles en la seguridad de que, los obreros y empleados se colocarán en condiciones de recibir una justa compensación a sus esfuerzos productivos, que traería como consecuencia inmediata la normalización permanente del tránsito general y constituiría asimismo, la mejor garantía para el progreso del país.

Al terminar la década del 1920 los trabajadores ferroviarios crearon la Confraternidad Ferroviaria, adoptando un modelo de sindicato por rama de actividad, fuertemente centralizado y capaz de negociar con las grandes empresas y los gobiernos, y que habrá de ser el modelo clásico del sindicalismo argentino.

En sentido confluente, en 1920 el senador socialista Enrique del Valle Iberlucea, presentó un proyecto de ley creando un Consejo Económico del Trabajo, elegido democráticamente por los sindicatos, y con la función de ser el máximo organismo directivo de la vida económica nacional, planeando la nacionalización de los sectores clave, dirigiendo las empresas estatales, controlando la industria y la inmigración.

Sindicalización de los trabajadores rurales[editar]

A partir de 1918 las dos FORA comenzaron a establecer sólidas organizaciones sindicales entre los trabajadores rurales. En 1918 y 1919 se realizan las primeras huelgas en los obrajes forestales del norte de Santa Fe y Chaco (La Forestal), que fueron difundidos en la película Quebracho, y en las plantaciones de yerba mate de Corrientes y Misiones, donde el mensú era explotado en condiciones de esclavitud, y que ha sido retratado en la novela y película Las aguas bajan turbias.

Simultáneamente, en 1920 la FORA del IX Congreso celebró un Pacto de Solidaridad con la Federación Agraria Argentina, organización representativa de los chacareros, arrendatarios y pequeños agricultores, en constante lucha contra los grandes propietarios de tierras (Luna 1964, 219).

Creación de la OIT[editar]

En noviembre de 1919 se reunió en Washington la Conferencia Internacional que daría origen a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La OIT es un organismo tripartito gobernado por delegados de los gobiernos, los sindicatos y los empleadores, por lo que correspondía a la Argentina enviar a la organización sindical "más representativa" en nombre de los trabajadores argentinos.

El gobierno de Yrigoyen, en lugar de convocar a la FORA, indudablemente la central obrera más representativa del país, decide unilateralmente encargar al sindicato ferroviario La Fraternidad, la representación del movimiento sindical argentino en la conferencia de creación de la OIT. La Fraternidad era un sindicato autónomo de la FORA, con mejores relaciones con el gobierno radical y eligió a Américo Baliño, para esa responsabilidad y tuvo una buena participación en la Conferencia. El hecho generó un escándalo internacional, porque Léon Jouhaux, en nombre de la Federación Sindical Internacional cuestionó la falta de representatividad de La Fraternidad, y el delegado obrero argentino estuvo a punto de quedar fuera de la Conferencia. Finalmente, el delegado argentino fue aceptado, a pesar del voto en contra de los delegados obreros, porque los bloques de los gobiernos y los empleadores aceptaron su presencia. En el futuro el gobierno argentino consultará previamente con la FORA antes de designar al delegado obrero a la Conferencia anual de la OIT.

La Revolución rusa (1917)[editar]

En noviembre de 1917 se produce la Revolución rusa. Por primera vez se organiza un estado obrero, y lo hace bajo la ideología del comunismo.

Tendrá profundas consecuencias:

En Argentina el Partido Socialista sufre un fractura de la que emergerá el Partido Socialista Internacional, que luego cambiará su nombre a Partido Comunista de la Argentina. En el sindicalismo el comunismo se hará fuerte en el Sindicato de la Carne y en la Construcción, entre otros.

La Semana Trágica (1919)[editar]

En enero de 1919, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, sucede la Semana Trágica, uno de los hechos más importantes de la historia del movimiento obrero argentino y más violentos de la historia argentina. El hecho se desencadena a raíz de la muerte de un policía en el marco de una huelga en los Talleres Metalúrgicos Vasena, que es respondida con el asesinato de 4 huelguistas. La FORA declara entonces una huelga general. El conflicto escala en violencia hasta llegar a una situación de represión generalizada con el surgimiento de fuerzas parapoliciales que convirtieron a los barrios obreros en zona de guerra durante una semana. Se ha estimado en 800 los trabajadores muertos y más de 50.000 detenidos, en aquellas jornadas.

La Semana Trágica debe ser comprendida en un marco internacional en el que se acababa de producir la Revolución rusa (1917) y con ella la creación del primer estado comunista.

La Semana Trágica va a señalar el punto más alto y a su vez el inicio de la decadencia del modelo de lucha sindical conducido por la FORA. La década de 1920-1930 va a señalar las insuficiencias de un sindicalismo de confrontación revolucionario, fundado en sindicatos de oficio, y con un alto grado de fragmentación y división entre distintas corrientes sindicales.

La Patagonia Rebelde[editar]

La FORA había organizado en Río Gallegos (Santa Cruz) la Sociedad Obrera de Río Gallegos dirigida por el anarquista español, Antonio Soto, conocido como "el gallego" Soto. Santa Cruz es un centro de producción de lana con destino a la exportación, con grandes latifundios y frigoríficos ingleses.

Al año siguiente de la masacre de la Semana Trágica, en octubre de 1920, la policía de Santa Cruz detiene a los sindicalistas a cargo de la Sociedad Obrera, la mayoría de ellos inmigrantes, y pretende expulsarlos del país, aplicando la Ley de Residencia. La Sociedad Obrera declara entonces la huelga en toda la provincia por la libertad de los dirigentes sindicales. Obtenida la libertad el conflicto continúa por mejoras salariales y de condiciones de trabajo para los peones de campo. Se inicia una larga negociación con los terratenientes que termina fracasando por graves desavenencias entre anarquistas, sindicalistas, socialistas y comunistas. El gobierno de Hipólito Yrigoyen envía el ejército, al mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela (2 de enero de 1921) quien descabeza la huelga. El conflicto tiene un principio de solución a través de un laudo del gobernador Yza, que es aceptado por las partes y homologado por el Departamento de Trabajo de la Nación (22 de febrero de 1921).

La tragedia se desata cuando los terratenientes deciden desconocer el laudo argumentando la baja del precio de la lana (julio de 1922). Actúa la parapolicial Liga Patriótica. El 24 de octubre se allanan y clausuran los locales de la Federación Obrera de Río Gallegos, Puerto Deseado, San Julián, Puerto Santa Cruz y se detienen a los dirigentes obreros. Se declara la huelga general en Santa Cruz.

10 de noviembre. Vuelve Varela a Río Gallegos imponiendo "la pena de fusilamiento" contra los peones y obreros en huelga. El gobierno trasandino colabora con las fuerzas argentinas. El ejército perseguirá a los huelguistas, los irá atrapando y fusilando sumariamente. Total, unos 1500 obreros y líderes sindicales fusilados.

El 27 de enero de 1923, el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens, mata a Varela en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires.

Existe una película del director Héctor Olivera, titulada "La Patagonia Rebelde", que recrea aquella masacre.

USA y COA[editar]

En 1922 un nuevo intento de unidad fracasa. El resultado es la creación de una nueva central: la Unión Sindical Argentina (USA) y la desaparición de la FORA del X Congreso.

En 1926 se produce una nueva división y se crea la Confederación Obrera Argentina (COA), que adopta un principio de organización de gran importancia, y que la hacía diferir totalmente de la FORA y de la USA: adoptaba como forma básica de organización sindical la federación por rama de industria o de actividad; el sindicato de rama.

La organización sindical por sector industrial, cuyo ejemplo era la Confederación Ferroviaria apoyada en la Unión Ferroviaria, traerá consecuencias importantes para el movimiento obrero y las relaciones laborales. El sindicalismo ferroviario se volvería dominante desde la década de 1920 hasta la de 1940.

El sindicalismo argentino comenzaba a preparar grandes estructuras sindicales capaces de negociar con las grandes empresas, las organizaciones empresariales y el gobierno.

De 1930 a 1943[editar]

Contexto económico: un nuevo modelo productivo (1930-1991)[editar]

La crisis económica de 1929 y el golpe militar de 1930 abrirán la puerta a un cambio completo del modelo económico de Argentina, que tendrá consecuencias profundas para el movimiento obrero y el sistema de relaciones laborales. Básicamente, se preservó el latifundio y la producción agro-ganadera orientada a la exportación (Pacto Roca-Runciman), pero al mismo tiempo se estableció un modelo de sustitución de importaciones industriales que habrá de generar un extenso sector industrial con amplia utilización de mano de obra asalariada. Ambos sectores, el agro-exportador y el industrial sustitutivo, se desarrollaron en forma paralela con mímimas conexiones entre sí. El sistema económico finalmente requería de una considerable intervención del Estado, que derivará en la creación de importantes empresas públicas y agencias estatales de regulación económica (Junta Nacional de Granos, CAP, etc.).

Golpe militar y sindicalismo[editar]

El 6 de septiembre de 1930 se produce un golpe de estado cívico militar, encabezado por José Félix Uriburu, que derroca al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. Se inicia un período conocido en la historia argentina como Década Infame (1930-1943).

El golpe militar de 1930 es el primero de una larga secuela que establecerá un ciclo de golpes militares y violaciones de derechos humanos, interrumpidos por breves experiencias democráticas, que irán siendo cada vez más violentos. El ciclo golpe-elección recién se detendrá en 1983, luego de la derrota del último gobierno militar en la Guerra de Malvinas.


Al tiempo de ocurrir el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 las organizaciones obreras no estaban en favor ni en contra del gobierno de Yrigoyen: algunos sindicalistas lo apoyaban, la mayoría de los integrantes del movimiento obrero no veían una diferencia notable entre ese gobierno y el de los conservadores.[9] Una vez producido el golpe, la flamante Confederación General del Trabajo adoptó actitudes de complacencia frente al régimen militar. [10]

Aparece la CGT[editar]

Pocos días después del golpe militar, el 27 de septiembre de 1930, los trabajadores argentinos creaban la Confederación General del Trabajo (CGT). Sin embargo, habría que esperar aún 6 años para que la misma se organizara formalmente con su Congreso Constituyente desarrollado entre el 31 de marzo y el 2 de abril de 1936. Hasta entonces la CGT actuará mediante sencillos mecanismos de articulación sindical.

La creación de una central sindical unitaria es un objetivo permanente del movimiento obrero argentino desde sus mismos inicios. La iniciativa de crear la CGT parte de la FOPA (Federación Obrera Poligráfica Argentina), organización sindical en la que coexistían socialistas (Pedro Porcel), comunistas (Manuel Punyet Alberti) y sindicalistas (Sebastián Marotta).

La FOPA había emitido una declaración en 1927 en la que afirmaba:

:::"En estas circunstancias toda división constituye un verdadero crimen contra los intereses proletarios, en beneficio exclusivo de la clase capitalista"[11]

y convocaba a hacer:

" todos los esfuerzos para unir en un solo organismo nacional a todos los explotados por el régimen burgués y capitalista en la región argentina".

La USA (sindicalista) y la COA (socialistas) aceptan la fusión, en tanto que la FORA (anarquista) la rechaza. Por su parte los sindicalistas comunistas se oponen a los términos de la unidad sindical, y prefieren orientarse a la creación de sindicatos y una central claramente alineada con el comunismo. Un sector del socialismo (Pérez Leirós) también se opuso a la unidad, lo que llevará al retiro de La Fraternidad del proceso de unidad. Es la Confederación Ferroviara liderada por socialistas cercanos a los sindicalistas, la que presiona agresivamente y finalmente obtiene el consenso suficiente para crear la CGT.

El golpe de estado militar del 6 de septiembre de 1930, la inmediata ilegalización de la FORA y el comienzo de la represión al conjunto del movimiento obrero precipitaron la unidad.

El 27 de septiembre de 1930 se determina el nombre de la organización, tomado de su homónima francesa de tendencia sindicalista revolucionaria, y se elige a su primera conducción:

  • Secretario General: Luis Cerruti
  • Prosecretario: Alejandro Silvetti
  • Tesorero: Andrés Cabona
  • Protesorero: José Negri
  • Vocales: Abraham Resnik, Segundo Ortiz, José Milani, Luis González, Ceferino López, Antonio Melani.

En ese momento la CGT representaba 124.500 miembros (la COA aportaba 90.000 y la USA 14.000; poco después se suman los tranviarios con 10.000, telefónicos con 2.000 y ATE-estatales, con 7.500).

Cornblit dice sobre el tipo de sindicalismo que implicaba la creación de la CGT:

"Si algo caracteriza a esta CGT es su proclividad a conciliar y tratar con el gobierno. En términos actuales diríamos que está más cerca de una filosofía participacionista que conflictiva".[12]

La creación de la CGT es un acto de gran trascendencia en la vida política de Argentina, porque preparaba las condiciones para que la clase obrera argentina dejara de ser un actor marginal del proceso histórico, para convertirse en un protagonista decisivo.

La Ley 11.729 (contrato de trabajo en el sector servicios)[editar]

Uno de los hechos más destacados de la década fue la sanción de la Ley 11.729 de reformas al Código de Comercio, que estableció un avanzado sistema de relaciones laborales para los trabajadores del sector comercial y de servicios, y que constituyó el principal antecedente de la Ley de Contrato de Trabajo 20.744, sancionada 40 años después en 1974. La sanción de esta avanzada ley laboral se explica por alto nivel de unidad logrado por la alianza de la Confederación de Empleados de Comercio, la Unión de Cortadores de Confección, la Asociación Bancaria, la Asociación de Viajantes de Comercio y la Asociación de Empleados de Farmacia, que aunados en una Comisión Intersindical presidida por Ángel Borlenghi (socialista), logran la sanción de la ley en 1936, luego de 4 años de luchas y negociaciones.

El éxito que implicó la sanción de esta ley promoverá a Ángel Borlenghi al primer plano del movimiento sindical argentino, y a dirigir la CGT. A partir de 1945 Borlenghi adherirá al peronismo y será Ministro del Interior del gobierno de Perón, el segundo hombre en importancia.

Generalización del sindicato por rama[editar]

La CGT promovió fuertemente la organización sindical a partir de cada rama de producción. De este modo se modificó totalmente el panorama sindical. Los sindicatos aparecieron con un número menor y más cohesionados, a diferencia de la gran cantidad de organizaciones dispersas que caracterizaba hasta entonces al sindicalismo por oficio y por especialidad que era la base de la FORA. El número absoluto de sindicatos existentes disminuyó, pero se verificó un aumento de la potencia de la clase trabajadora como conjunto.

El surgimiento de la CGT venía a concretar en la Argentina esta transformación estructural del sindicalismo que estaba sucediendo a nivel mundial. El 70% de los sindicatos de la CGT estaban organizados por rama de industria o actividad.

El caso del sindicato de la construcción es útil para comprender el proceso. Los trabajadores de la construcción crearon un sindicato único en esa década. Antes estaban separados en 14 sindicatos distintos: pintores, albañiles, yeseros, parqueteros, marmolistas, escultores, modeladores, carpinteros, aserradores, colocadores de mosaicos, colocadores de vidrios, electricistas, calefaccionistas y picapedreros.

El 1 de mayo de 1936[editar]

En marzo de 1936 se desarrolla finalmente el demorado Congreso Constituyente de la CGT, elaborando sus estatutos definitivos. Allí se puntualizaron las fallas del sindicalismo argentino y su gravitación en el desarrollo nacional. La declaración emitida en aquella ocasión preanuncia con claridad el papel que el movimiento obrero argentino habría de desempeñar en los años siguientes:

Esta orientación estratégica de la actividad sindical hacia el Estado, de características fuertemente nacionalistas, para influir en el gobierno y la sociedad en su conjunto, constituirá la característica central del movimiento obrero argentino durante el resto del siglo XX.

La notable transformación que estaba produciendo el movimiento obrero argentino en la década del 30, se hará evidente en la organización del Acto del 1 de mayo de 1936. En un gesto sin precedentes, la CGT asume entonces la misión de unir alrededor suyo a los demás sectores populares, convocando a los partidos socialista, radical, demócrata progresista y comunista, y al movimiento estudiantil, a compartir el acto y la tribuna. El resultado fue una manifestación sin precedentes en la historia argentina, que convocó a más de 160.000 personas. En él, hablaron José Domenech (CGT), Arturo Frondizi (UCR), Lisandro de la Torre (PDP) y Mario Bravo (PS), y por primera vez en un 1 de mayo se entonó el himno nacional.

En su discurso frente a la multitud, el senador demócrata progresista Lisandro de la Torre, definía el sentido del acto diciendo:

"Este mitin formidable de ciudadanos libres se propone ratificar el repudio de la política gubernamental que ha endeudado la economía a los monopolios extranjeros".

Por su parte, y como cierre del acto, el senador socialista Mario Bravo, dijo:

"Como homenaje a la Nación entera y como explicación de la conjunción de fuerzas que aquí se realiza, ha sido ejecutado el himno nacional, porque el movimiento que se inicia en la fecha no puede tener otro destino que la defensa de la Nación, de sus intereses, sus riquezas y sus principios hoy alterados. La unión solidaria de las fuerzas aquí presentes, la reunión de hombres que han sido adversarios, es indispensable para impedir una nueva invasión inglesa. Pero para esta empresa no basta reunirse en la plaza o levantar el puño: es necesario crear fuerza, afianzar los sindicatos, crear los organismos de lucha eficientes".

La magnitud de la convocatoria política y social, estaba situando al movimiento obrero argentino, por primera vez, como protagonista de la historia argentina. La llamada historia "chica" del sindicalismo había crecido hasta mezclarse con la historia "grande" del país.

CGT Nº1 y CGT Nº2[editar]

En 1942 y que existió hasta 1943, cuando la CGT Nº2 es disuelta por el régimen militar entonces gobernante.

El 10 de marzo de 1942 se reunió el Comité Confederal Central de la CGT, con el fin de elegir las autoridades. Se presentan dos listas, que serán denominadas Nº1 y Nº2.

En el momento de la votación se produce un serio conflicto porque uno de los representantes sindicales cambia su voto, causando el triunfo de la Lista Nº1 por un solo voto, veintitrés votos contra veintidós. Ambas listas se atribuyeron el triunfo, llevando a una división de hecho de los sindicatos en dos grupos, ambos conducidos por dirigentes socialistas (José Domenech y Francisco Pérez Leirós). El Partido Socialista hizo gestiones para que el conflicto se resolviera, pero no tuvo éxito y ambos grupos se separaron en CGT Nº1 y CGT Nº2.

La CGT Nº1 fue conducida por José Domenech, como secretario general y la CGT Nº2 por Francisco Pérez Leirós, primero y Ángel Borlenghi, después.

Por lo tanto en ese momento co-existen en Argentina cuatro centrales sindicales: FORA (anarquista), USA (sindicalista revolucionaria), CGT Nº1 (socialistas y comunistas), CGT Nº2 (socialistas y comunistas).

El peronismo 1943-1955[editar]

El movimiento sindical y el surgimiento del peronismo (1943-1945)[editar]

La emergencia del peronismo a partir de 1943 va a reconfigurar completamente el movimiento obrero argentino. El peronismo es un hecho histórico complejo, consecuencia directa de las características inusuales en las que se ha desarrollado la Argentina (Godio et al; La anomalía argentina, 2006), en el que se combinarán el sindicalismo anterior a 1943 (anarquistas, socialistas, sindicalistas revolucionarios y comunistas) impulsado por la inmigración europea masiva, las nuevas migraciones internas del siglo XX, el industrialismo (sustitución de importaciones) desarrollado ampliamente a partir de 1930, el auge de las empresas estatales desarrolladas desde la década de 1920, y el "nacionalismo obrero" (Bailey, 1985) que venía evolucionando desde la década de 1910.

El 4 de junio de 1943 militares nacionalistas dirigidos por el General Arturo Rawson desplazan por medio de un golpe de estado al presidente Ramón S. Castillo, último presidente de la llamada "Década Infame" una línea de gobiernos acusados de corruptos y que habían impuesto el llamado fraude patriótico desde el golpe militar de 1930.

Periódico sindical apoyando a Perón.

El movimiento obrero se mostró inicialmente perplejo frente al golpe e indeciso sobre la posición que se debía adoptar. Estaba dividido en cuatro centrales (CGT Nº1, CGT Nº2, USA y FORA). Una de las primeras medidas del gobierno fue disolver la CGT Nº2 (dirigida por el socialista Francisco Pérez Leirós), los empleados de comercio de Borlenghi y los sindicatos comunistas (construcción, carne, etc.), acusándola de extremista. Ello llevó a varios de los sindicatos que la integraban a volver a la CGT Nº1 (secretario general José Domenech). Poco después el gobierno sancionó una legislación sobre sindicatos, que si bien cumplía algunas expectativas sindicales, al mismo tiempo permitía la intervención de los mismos por parte del Estado. Enseguida el gobierno militar hace uso de esa ley para intervenir los poderosos sindicatos ferroviarios y corazón de la CGT, la Unión Ferroviaria y La Fraternidad. En octubre una serie de huelgas fueron respondidas con el arresto de decenas de dirigentes obreros. Pronto resultó evidente que el gobierno militar estaba integrado por influyentes sectores anti-sindicales.

En esas condiciones algunos dirigentes sindicales socialistas, sindicalistas y algunos comunistas, encabezados por Ángel Borlenghi (socialista y secretario general de la poderosa Confederación General de Empleados de Comercio en la disuelta CGT Nº2 socialista), Francisco Pablo Capozzi (La Fraternidad), Juan A. Bramuglia (Unión Ferroviaria), entre otros, decidieron, aunque con reservas y desconfianza, emprender una estrategia de alianzas, con algunos sectores del gobierno militar que compartían los reclamos sindicales. Entre los militares estaban los jóvenes coroneles Juan D. Perón y Domingo A. Mercante.[13]

Los sindicalistas proponen a los militares crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la CGT y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. Poco después, la alianza entre sindicalistas y militares obtuvo que el gobierno militar designara a Perón como Director del Departamento de Trabajo, un cargo aparentemente sin valor alguno. Un mes después, consiguen elevar la jerarquía del organismo a Secretaría de Estado (2 de diciembre de 1943). Desde la Secretaría de Trabajo, Perón, con el apoyo de los sindicatos empieza a desarrollar gran parte del programa sindical histórico: se crearon los tribunales de trabajo; se sancionó el Decreto 33.302/43 extendiendo la indemnización por despido a todos los trabajadores; más de dos millones de personas fueron beneficiados con la jubilación; se sancionó el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista Profesional; se crea el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios; se prohíben las agencias privadas de colocaciones; se crean las Escuelas Técnicas dirigidas a obreros; en 1944 se firmaron 123 convenios colectivos de trabajo que alcanzaban a más de 1.400.000 obreros y empleados y en 1945 otros 347 para 2.186.868 trabajadores.

En ese marco los sindicatos comenzaron un período de de gran crecimiento, y lo que fue aún más decisivo, comenzaron a afiliar masivamente a los "nuevos" trabajadores, los que estaban migrando masivamente a la ciudad desde el interior del país, los llamados "morochos", "grasas" y "cabecitas negras" por las clases medias y altas, y los propios trabajadores "viejos" descendientes de la inmigración europea.

Poco después, algunos sindicatos que se habían mantenido alejados, la CGT Nº1, la USA y los gremios autónomos, comienzan a unificarse en torno de la Secretaría de Trabajo. Pero en sentido contrario, en septiembre de 1945, cuatro importantes sindicatos se separan de la CGT: La Fraternidad, la Unión Obrera Textil, la Confederación de Empleados de Comercio y el Sindicato del Calzado.

La alianza entre sindicatos y el grupo de jóvenes militares encabezados por Perón generó inmediatamente una fuerte oposición de los sectores conservadores políticos, económicos y militares, con apoyo de la embajada de Estados Unidos (Braden) que genera una alta polarización para 1945. Los hechos se sucedieron vertiginosamente. Comienzan a producirse manifestaciones masivas de sectores estudiantiles en contra de lo que denominan "la dictadura de las alpargatas".[14] Las manifestaciones obreras contestan: "alpargatas sí, libros no".

El 12 de julio de 1945 los sindicatos dirigidos por Borlenghi realizan un acto masivo el centro de la ciudad de Buenos Aires (en Diagonal Norte y Florida). Al finalizar, la multitud de trabajadores comienzan a corear el nombre de Perón y lo proclaman como candidato a presidente.[15] La manifestación obrera es respondida el 19 de septiembre por los sectores medios y altos con la Marcha de la Constitución y la Libertad, que reunió la extraordinaria cantidad de 200.000 personas, marchando del Congreso a los barrios de clase alta (Recoleta), donde apoyan al ex presidente Rawson que sale al balcón de su casa.[16]

Días después Rawson un planteo militar que fracasa pero abre el camino al conato militar del 9 de octubre de 1945 que exige la renuncia de Perón. El gobierno militar, para no caer, acepta. El 10 de octubre en el momento en que Perón deja el despacho, la CGT realiza un acto en su apoyo en la esquina de las calles Perú y Alsina. Perón se dirige entonces al acto y pronuncia un famoso discurso en el que detalla un avanzado programa de reivindicaciones laborales. (Luna,248/249;)

El Círculo Militar (Palacio Paz) se convierte entonces en el centro político de los sectores más conservadores y de los estudiantes. En un acto espontáneo se reclama el fusilamiento del Perón y se organiza una "partida" para realizar la misión. Las calles de la ciudad son ocupadas desorganizadamente por las clases medias que piden la cabeza de Perón.[17] El gobierno ordena la captura de los dirigentes sindicales que pasan a la clandestinidad. Perón es detenido por la Marina y confinado en la Isla Martín García.

La detención de Perón es recibida con júbilo por las clases medias y altas, y por el movimiento estudiantil, y organizan un acto masivo sin precedentes en la Plaza San Martín, frente al Círculo Militar. El país entre en un estado caótico y pre-revolucionario. En los días siguientes se anuncia en las fábricas que los convenios colectivos quedan sin efecto, y se despide a miles de delegados sindicales. El día 16 de octubre la quincena se cobra sin los adicionales de las leyes laborales sancionadas en los dos últimos años. La CGT convoca a una "huelga general revolucionaria" para el 18 de octubre.

Sin embargo los líderes sindicales locales no esperan y el día 17 de octubre de 1945 se produce la manifestación obrera más importante de la historia argentina. Cientos de miles de trabajadores, hombres y mujeres, de las zonas marginales, invadieron la ciudad reclamando la libertad de Perón. El gobierno militar llegó a cortar los puentes que separan la ciudad de las zonas fabriles (Avellaneda), pero la movilización fue indetenible y tomó por sorpresa a los sectores medios y altos de Buenos Aires. Se hizo famosa entonces la frase de un dirigente político radical unionista: "es un aluvión zoológico". La presión de la multitud obligó al gobierno militar a liberar a Perón esa noche. La propia multitud exigió que Perón saliera a uno de los balcones de la Casa Rosada, lo que finalmente hizo, por primera vez.

La movilización del 17 de octubre de 1945 obligó al gobierno militar a llamar a elecciones, que se realizaron cuatro meses después, resultando elegido presidente Juan D. Perón, con el apoyo del recientemente creado Partido Laborista por parte de un gran número de sindicatos.

El movimiento sindical y el gobierno peronista (1946-1955)[editar]

Disolución del Partido Laborista y auge de la CGT. El verticalismo[editar]

Poco después de las elecciones que le dieron el triunfo a Perón, los diferentes partidos que integraban la coalición que lo apoyó se disuelven para fusionarse en el Partido Justicialista. De ese modo desaparece el efímero Partido Laborista Argentino. Solo Cipriano Reyes, uno de los principales dirigentes del sindicato de la carne que jugó un papel decisivo en el 17 de octubre y el posterior triunfo electoral del peronismo, intenta mantener el Partido Laborista. Pero al enfrentarse con Perón queda aislado y finalmente es detenido, bajo la falsa acusación de haber intentado matar al presidente y su esposa y será condenado a 10 años de prisión.

El movimiento obrero fue considerado la columna vertebral del Partido Justicialista. La CGT unificada adquirió un enorme poder. Sus afiliados pasaron de 80.000 en 1943, a 1.500.000 en 1947 y 4.000.000 en 1955. La CGT participaba de las reuniones de gabinete. En el Parlamento, un tercio de los diputados correspondía a la rama sindical, que funcionaba como bloque. La nueva provincia del Chaco que tomó como nuevo nombre el de Presidente Perón se conformó como un Estado sindical. Y cuando en los años finales del gobierno peronista, se expropió al diario conservador opositor "La Prensa", el mismo fue entregado a la CGT. Se sancionó la Ley 14.250 (de Convenios Colectivos de Trabajo), ratificando el papel central de los sindicatos, al establecer la aplicación de los convenios colectivos a afiliados y no afiliados.

Los derechos de los trabajadores en la Constitución de 1949[editar]

En 1949 se sanciona una nueva constitución, sumamente discutida por la oposición al gobierno peronista, que será derogada por el golpe militar de 1955. Esa Constitución, conocida como Constitución de 1949, incorporó por primera vez los derechos del trabajador en el constitucionalismo argentino. Los mismos fueron incluidos en el art. 37, conocido como Decálogo del Trabajador, donde se detallaban 10 derechos laborales:

  1. Derecho de trabajar
  2. Derecho a una retribución justa
  3. Derecho a la capacitación
  4. Derecho a condiciones dignas de trabajo
  5. Derecho a la preservación de la salud
  6. Derecho al bienestar
  7. Derecho a la seguridad social
  8. Derecho a la protección de su familia
  9. Derecho al mejoramiento económico
  10. Derecho a la defensa de los intereses profesionales

Es importante notar que el derecho de huelga no se encuentra incluido en el decálogo y que durante el gobierno peronista muchos dirigentes opinaban que en un "gobierno popular" el derecho de huelga debía encontrarse restringido a casos extremos.

La distribución de la renta entre 1946 y 1955[editar]

Las leyes laborales y el incremento de los salarios impulsado por la negociación colectiva promovió una distribución del ingreso nacional más justa. "El componente salarial del ingreso nacional superó, por primera vez en la historia, a la retribución obtenida en concepto de ganancias, intereses y renta de la tierra. En 1948 aquel ascendía a 53% contra 47% de este, lo que se comparaba favorablemente con la situación imperante sólo un lustro atrás, cuando los trabajadores percibían 44,4% y los empresarios, capitalistas y rentistas recibían 55,6%".[18]

Huelga ferroviaria de 1950 y 1951[editar]

El 15 de noviembre de 1950 comenzó una huelga de los ferroviarios por reclamos salariales que finalizó con un «acuerdo de caballeros» entre huelguistas y funcionarios del Ministerio de Trabajo conforme al cual retornarían al trabajo el día 24 de noviembre, se les concedería un aumento salarial y se dejarían sin efecto las sanciones aplicadas a los huelguistas. Sin embargo, en la primera semana de diciembre las autoridades de la Unión Ferroviaria intervinieron ocho seccionales implicadas en la huelga, el gobierno dejó sin efecto el convenio arribado y despidió y encarceló a los líderes del movimiento de fuerza. Disconforme con las gestiones que había realizado el Secretario de Transportes, coronel Castro, Perón lo hizo renunciar el 16 de enero de 1951.

En enero de 1951 comenzó una nueva huelga que abarcó todas las líneas ferroviarias, con el objeto de reclamar la libertad de los dirigentes presos. El gobierno declaró ilegal el conflicto sin obtener el cese de la huelga. En un discurso pronunciado el 24 de enero Perón afirmó refiriéndose a los trabajadores ferroviarios: «El que vaya a trabajar, estará movilizado, y el que no vaya será procesado e irá a los cuarteles para ser juzgado por la justicia militar, de acuerdo con el código de justicia militar». Al día siguiente un decreto de Perón dispuso la movilización militar de los ferroviarios, que estuvo a cargo del Ejército. Cerca de dos mil trabajadores fueron detenidos y unos trescientos quedaron en prisión, produciéndose el retorno al trabajo de los huelguistas tres días después.[19]

La crisis económica de 1949 y el Congreso de la Producción de 1952[editar]

La estrategia distributiva del peronismo comenzó a declinar en 1949 y mostrar claros signos de agotamiento ya en 1952. Perón intenta abrir un camino de salida, llamando a un Congreso de la Productividad, tripartito, con el fin de acordar una estrategia de aumento de la productividad entre el gobierno, los sindicatos y los empresarios. Pero el predominio de las visiones sectoriales hicieron imposible alcanzar un consenso.

Bombardeo de Plaza de Mayo y golpe de estado[editar]

Con el gobierno peronista relativamente debilitado por 10 años de gobierno, la crisis económica, y la polarización social entre trabajadores por un lado, y sectores medios y altos, por el otro, el 16 de junio de 1955 se produce un acto de enorme violencia: aviones de la marina de guerra bombardean Plaza de Mayo, pleno centro de Buenos Aires, asesinando a cientos de personas, en su mayoría trabajadores de la CGT que se había movilizado en defensa del gobierno. La violencia política irá escalando en las próximas y una gran parte de los muertos pertenecerán al movimiento obrero. El 16 de septiembre de 1955 un golpe militar derroca al gobierno peronista.

1955-1966[editar]

Uno de los primeros actos del gobierno militar (Revolución Libertadora) es intervenir la CGT y los sindicatos sobre los que se apoyaba el peronismo. Se dispone la congelación de los salarios, se privatizan empresas, se desnacionalizaron los depósitos bancarios. La participación de los trabajadores en la renta nacional se derrumba en 1959, bajo la presidencia de Arturo Frondizi, alcanzando el nivel más bajo de los últimos 40 años.

En materia sindical, el gobierno militar impulsa una política para fragmentar, atomizar y debilitar al sindicalismo, con el fin de multiplicar y superponer sindicatos, uniones y federaciones. Toda una nueva generación de dirigentes sindicales aparece en el movimiento obrero, vinculado a la idea de “resistencia” a las políticas antiperonistas y anti-sindicales. Entre esa nueva camada de delegados de base jóvenes se destaca Augusto Timoteo Vandor, de la poderosa Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Intervenida la CGT, el movimiento obrero se divide en las 62 Organizaciones (peronista), los 32 Gremios Democráticos (antiperonistas) y el grupo de sindicatos independientes.

En 1957, en La Falda (Córdoba), la única regional de la CGT que pudo ser recuperada desde el golpe militar organiza un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la CGT, que aprueba el histórico Programa de La Falda. Allí se define mucho más ampliamente que en cualquier período anterior el rol del movimiento obrero. El Programa de La Falda debe ubicarse en la creciente corriente anti-imperialista que estaba constituyendo el llamado Tercer Mundo (Movimiento de Países No Alineados). Proponía:

• En lo económico: "El logro de la independencia económica e forma integral" (nacionalización de los sectores básicos, planificación de la economía, integración latinoamericana, defensa de las economías regionales, medidas que tiendan a una reforma agraria, desarrollo de la industria pesada, etc.)
• En lo social: Control obrero de la producción y distribución (elaboración y ejecución de un plan a través de las organizaciones sindicales; control popular de precios). Control obrero de las leyes sociales.
• En lo político:
1) "Elaboración de un plan político-económico-social de la realidad argentina que reconozca la preeminencia del movimiento obrero como fuerza fundamentalmente nacional, a través de su participación hegemónica en la confección y dirección del mismo".
2) "Fortalecimiento del Estado Nacional popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora es la única fuerza argentina que representa en sus intereses los anhelos del país mismo, a lo que se agrega su unidad de planteamientos, de lucha y fortaleza".
3) "Entendimiento integral con las naciones hermanas latinoamericanas".

En esos años, las luchas sindicales trascendieron el plano reivindicativo y adoptaron un claro objetivo antiimperialista. En esa línea, se encuentran la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre y la posterior huelga general y movilización contra su privatización; las huelgas ferroviarias contra el Plan Larkin, adoptado por el FMI; las movilizaciones en defensa de DINIE, la CADE, junto a los estudiantes en apoyo de la Universidad Estatal (Laica o libre), etc.

En este período se formó una nueva generación de dirigentes sindicales que comienza a unir las demandas económicas con los reclamos políticos. La organización sindical adquirió entonces, impulsada por su funcionamiento semilegal, un carácter más colectivo, democrático y descentralizado, con un fuerte dominio de la asamblea de delegados como órgano de conducción.

En 1962 las 62 Organizaciones aprueban el Programa de Huerta Grande. Este programa continuaba la línea del Programa de La Falda, y en 10 puntos propone la nacionalización de los sectores básicos de la economía, la expropiación de los latifundios, y la "planificación del esfuerzo argentino en función del interés nacional".

En 1963 la CGT fue normalizada. En el Congreso Normalizador se aprueba un plan de lucha titulado <<El cambio total de las estructuras>>, exigiendo una "real participación de los trabajadores en todos los órganos de conducción de la vida económica de la Nación, poniendo sus riquezas y recursos al servicio del pueblo".

En 1963 vuelve a acceder al poder político la UCR, con el apoyo de la clase media, a través del gobierno de Arturo Illia. La gran diferencia con el triunfo de Yrigoyen en 1916 es que en este oportunidad el triunfo radical fue posible por la proscripción del peronismo. Por ese motivo, y más allá de la honestidad y de algunas medidas reclamadas por los sectores populares, se trató de una experiencia corta y débil. Pese a todo, el gobierno de Illía decidió anular los contratos petroleros que permitían ganancias rentísticas a los monopolios petroleros, paralizar el programa económico del FMI, y controlar la producción de medicamentos con sentido social.

El gobierno radical tuvo una relación conflictiva con los trabajadores y si bien por primera vez desde 1955, el salario real dejó de descender, en febrero de 1966, y en medio de un fuerte enfrentamiento con el “Plan de Lucha” impulsado por la CGT, y caracterizado por cientos de tomas de empresas, el gobierno prohibió la actuación política de los sindicatos. La prohibición de actuar en política impide a los sindicatos unirse con los demás sectores sociales para asumir un protagonismo en la historia.

Revolución Argentina (1966-1973)[editar]

El 26 de junio de 1966, un golpe militar dirigido por el Gral. Juan Carlos Onganía derroca al debilitado gobierno de Illía, instaurando lo que autodenominara la «Revolución Argentina». Ya no se trataba, como en los golpes anteriores, de un gobierno militar provisional, sino de un régimen dictatorial definitivo, de tipo corporativo, reacio a la idea de democracia, que aspiraba a perdurar medio siglo. Se dictó un Estatuto Militar de rango superior a la Constitución, otorgando al Presidente Militar las facultades legislativas y ejecutivas.

El grado de violencia en el conflicto social y de desconocimiento de los derechos humanos establecerá un nuevo nivel de deterioro de las reglas de convivencia que llegará al paroxismo en la década siguiente. Durante este período fueron asesinados el secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Augusto Timoteo Vandor (1969), y el secretario general de la CGT, José Alonso (1970) en un marco de alta violencia política y asesinatos de alto impacto en la opinión pública.

Una gran parte de la dirigencia sindical simpatizó inicialmente con el nuevo gobierno militar y varios de ellos estuvieron presentes en el acto del juramento y asunción del cargo de Onganía. Ello no evitó que la dictadura interviniera los gremios más importantes (UOM, textiles, ferroviarios, etc.), encarcelara dirigentes sindicales, suprimiera el derecho de huelga estableciendo el arbitraje obligatorio y desarrollara políticas de fragmentación sindical.

Entre 1968 y 1970, la CGT se dividió en dos: CGT de los Argentinos, y CGT Azopardo. El mensaje del 1.º de mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos dice:

«...Nos pidieron que aguantáramos un invierno; hemos aguantado diez. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos... La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derecho de huelga anulado, gremios intervenidos, conquistas pisoteadas, personerías suspendidas, salarios congelados. El aplastamiento de la clase obrera va acompañado de la liquidación de la industria nacional, la entrega de todos los recursos, la sumisión a los organismos financieros internacionales...»
«La CGT de los Argentinos no se considera única actora en el proceso que vive el país, no puede abstenerse de recoger las aspiraciones legítimas de los otros sectores de la comunidad, ni de convocarlos a una gran empresa común». Por eso llama a «la unidad nacional» con los «empresarios nacionales», los «pequeños comerciantes e industriales», «los universitarios», «los artistas, intelectuales y estudiantes», «los militares» y «los religiosos de todas las creencias», «para combatir de frente al imperialismo, los monopolios y el hambre».

El mensaje se destaca porque introduce un nuevo discurso en el movimiento sindical argentino, señalando la necesidad de impulsar un proceso de «unidad nacional», y reconociendo la existencia y la legitimidad de otros actores sociales. El movimiento obrero se percibe entonces como desencadenante de un proceso mucho más amplio, mediante la incorporación de otros sectores sociales.

En 1969 se produce el Cordobazo. Iniciado el 29 de mayo como un «paro activo» conducido por el Secretario General de la CGT de los Argentinos de Córdoba, Miguel Ángel Correa del gremio de la madera y el sindicato de los mecánicos (SMATA) con Elpidio Torres, recibe inmediatamente la adhesión de estudiantes universitarios, jóvenes de los barrios y sectores de clase media. La manifestación se trasforma en ocupación de la ciudad, que queda sin luz por la acción del Sindicato de Luz y Fuerza. El ejército entra a la ciudad, sofocando el levantamiento al anochecer. Al día siguiente el Cordobazo se fortalece, por la huelga general que declaran las dos CGT, y que tiene una adhesión total.

El Cordobazo impulsó fuertemente una cultura contestataria en Argentina. Un aspecto de esa cultura, aunque teóricamente muy rudimentaria, dio prioridad a lo que se denominó la «democracia en las calles», mediante la lucha directa, no electoral sino de tipo insurreccional. La consigna «ni golpe ni elección, insurrección», expresaba aquella visión. Surge y se desarrolla una fuerte corriente clasista, que tiene su expresión avanzada en Córdoba (René Salamanca en SMATA, los sindicatos autónomos SITRAC-SITRAM, Agustín Tosco en Luz y Fuerza), con impacto en las ciudades industriales ubicadas sobre el Río Paraná (Villa Constitución, San Nicolás de los Arroyos, Zárate y Campana).

Esta modalidad de lucha abierta con el Cordobazo, se reiteró en los rosariazo, tucumanazo, mendozazo, viborazo, en Cipolletti, en Corrientes, etc.

En 1970 se reunifica la CGT, resultando elegido secretario general José Rucci, a quien asesinará la organización Montoneros en 1973.

«La práctica del sindicalismo peronista lo había conducido entre 1962-1972 a priorizar la formación de fuertes sindicatos capaces de incidir en el mercado de trabajo, financieramente poderosos. Para garantizar esta estrategia de supervivencia y fortaleza y construir la CGT «factor de poder», el sindicalismo peronista se volvió pragmático: «golpear y luego negociar» implicaba evitar enfrentamientos totales con los gobiernos «liberales», y mantener canales de relaciones positivas con militares, empresarios, etc.»[20]

El sindicalismo peronista quedó fuertemente influido por la doble experiencia oficialista-semicorporativa (1945-55) y de proscripción y persecución anti-sindical (1955-72). Particularmente exitosa resultó la técnica de «golpear y luego negociar» que impulsó Vandor. En esos años se afianza una «cultura pragmática» de supervivencia en el sindicalismo peronista.

1973-1976 (Peronismo)[editar]

El 25 de mayo de 1973 el peronismo vuelve al poder después de 18 años de proscripciones, al ganar las elecciones por amplio margen. Poco después el presidente Cámpora renuncia para dar paso a una nueva elección en la que Perón triunfa por el margen más amplio de la historia electoral argentina.

En este período se sancionó una avanzada Ley de Contrato de Trabajo (Ley 20.744) y una nueva Ley de Asociaciones Profesionales, que expresamente permitía la actuación política de los sindicatos. Conforme esta ley el Ministerio de Trabajo concede la personería gremial al sindicato más representativo de cada actividad, lo que conlleva la titularidad de ciertos derechos de los cuales los demás carecen, con lo cual desalienta la pluralidad sindical. Se reconoce también la participación de la CGT en la dirección de diversos organismos estatales, como la Dirección Nacional de Servicio de Empleo, el Instituto Nacional de Remuneraciones, la Comisión Nacional de Trabajo Rural, la Comisión Nacional de Precios y Salarios, la Comisión de Cooperación Económica, la Comisión Económica Consultiva, la Comisión de Emergencia Sanitaria, etc. Al mismo período corresponde la experiencia de autogestión de la empresa estatal de electricidad SEGBA.

Pero el período de 1973-76 se caracterizó por sobre todas las cosas por un nivel de división, enfrentamiento y violencia entre distintos sectores de la sociedad argentina, que hizo fracasar cada uno de los proyectos intentados, sobre todo a partir de la muerte de Perón. Luego de la muerte de Perón en 1974 y la asunción de la presidencia por su esposa María Estela Martínez de Perón los dirigentes sindicales peronistas incrementaron su poder político, lo que llevó a destacar el rol de las 62 Organizaciones. Pero, inversamente, relegó el papel de las estructuras sindicales y en particular de la CGT, debilitada a partir del asesinato de José Ignacio Rucci en 1973. Al mismo tiempo, se abandona la línea estratégica impulsada por Perón, fundada, socialmente en el Pacto Social entre empresarios (CGE) y trabajadores (CGT), y políticamente en el acuerdo PJ-UCR para impulsar un sólido sistema bipartidista.

En julio de 1975 el gobierno peronista decidió anular los nuevos convenios colectivos debido a que incluían importantes aumentos salariales para intentar compensar la cada vez más alta inflación desatada a partir de la muerte de Perón. La CGT respondió con un paro general de 48 horas y una gigantesca movilización a Plaza de Mayo que obligó al gobierno a homologar los convenios colectivos anulados. Este episodio conocido como "el rodrigazo" produjo la renuncia del ministro de Economía, Celestino Rodrigo y de López Rega, quien conducía clandestinamente el grupo parapolicial llamado la Triple A y selló la suerte del gobierno peronista. El golpe de estado ya se había puesto en marcha. El grupo de dirigentes sindicales de las 62 Organizaciones y peronistas moderados que se hicieron cargo del gobierno no tenía proyecto alguno. Los sindicatos se limitaron a tratar cada uno por su cuenta de lograr mejoras salariales para compensar la inflación incesante. En noviembre de 1975 los grandes grupos empresariales constituyeron la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales (APEGE) que impulso una "huelga patronal rural" (lock out) que paralizó las actividades rurales.

Los más importantes grupos empresariales fueron criticados por promover el desabastecimiento, el mercado negro, el acaparamiento, y demás formas de lo que se denominó entonces "subversión económica". Se planteó entonces la posibilidad de establecer sistemas de control de la producción y la distribución por parte de los trabajadores. En ese sentido, al momento del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, un proyecto del senador Pennisi, disponía el control de las 500 empresas líderes por parte de los sindicatos y ya había obtenido media sanción en la Cámara de Senadores, en tanto que el Ministerio de Economía había dictado las resoluciones 8011/75 y 8012/75 disponiendo la constitución de comités sectoriales que tendrían a su cargo la fiscalización de las empresas, pero que no llegaron a ser instrumentados.

También se había presentado un proyecto del ministro de economía de crear un Instituto Nacional de Remuneraciones, Productividad y Participación, que contemplaba la participación de los trabajadores en la gestión de la empresa orientada a vincular productividad y salarios. Los grupos empresariales rechazaron de plano el proyecto sosteniendo que era "sovietizante". A principios de marzo de 1976 los grandes grupos económicos declaran un paro general de actividades (lock out), en un contexto de "disolución del Estado" y poco días después se produce el golpe militar.

1976-1983 (Proceso de Reorganización Nacional)[editar]

El 24 de marzo de 1976 se produce el golpe de estado que derroca a la presidenta María Estela Martínez de Perón y da origen al «proceso» más oscuro de la historia argentina. Una nueva categoría represiva, el «desaparecido», entró de lleno a la historia mundial. Se estima que entre 15 000 y 30 000 personas «desaparecieron» entre 1976 y 1983, la gran mayoría trabajadores, dirigentes y activistas sindicales. El plan represivo estaba íntimamente ligado a un plan de reorganización económico-social dirigido por el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, al que siguieron Alemann, Dagnino Pastore, Wehbe y Sigaut.

El objetivo central del plan fue desmontar el Estado de Bienestar. Se instaló un sistema económico organizado alrededor de un sistema financiero de tipo especulativo. La deuda externa pasó de 7000 millones de dólares en 1976 a 66 000 millones de dólares en 1983. Los salarios pasaron de representar el 42 % del PBI en 1974 al 25 % en 1976 y al 19 % en 1981. Apareció la desocupación, que llegó hasta un 9 %, como fenómeno social, aunque aún no masivo, como será a partir de la década de los 90.

Uno de los objetivos declarados del régimen militar fue destruir el que se denominaba «poder sindical» y restablecer la «disciplina laboral». Así lo precisó con claridad el Ministro del Interior, general Harguindeguy:

«La unidad sindical atenta contra los principios liminares del Proceso.»[21]

En el mismo sentido, uno de los secretarios económicos, Juan Alemann, señalaba en 1983, que uno de los principales logros del gobierno militar había sido multiplicar la cantidad de sindicatos, llevándolos «de algo más de 500 en 1976 a más de 1500 en la actualidad».[22]

Casi todos los sindicatos fueron intervenidos. Se disolvió la CGT. Se obligó a los sindicatos a separarse de sus obras sociales. Se anuló la representación sindical en los organismos previsionales, bancarios y de seguridad social. La huelga fue penada criminalmente con 6 años de prisión para los trabajadores que simplemente participaran en una huelga y 10 años para los dirigentes sindicales que la organizaran. Se llegó hasta fusilar sumarísimamente a trabajadores en huelga:

«El Comando de la Zona I informa a la población que el 2 de noviembre, en horas de la noche, en las proximidades de Plaza Constitución, una patrulla de las fuerzas leales sorprendió a un activista que incitaba al cese de actividades y trataba de impedir la concurrencia al trabajo de algunos operarios, siendo abatido por el fuego. Se procura su identificación. Las fuerzas legales cumplieron con su misión impuesta tendiente a asegurar la libertad de trabajo.»[23]

Se anularon decenas de conquistas establecidas en la Ley de Contrato de Trabajo. Se dejaron sin efecto por ley decenas de convenios colectivos de trabajo. Se aplicó una ley de prescindibilidad por «razones subversivas» a millares de empleados públicos. Se congelaron los salarios con récords mundiales de inflación. Se indexaron los alquileres y los créditos hipotecarios. Se sancionó una nueva Ley de Asociaciones Profesionales que prohibía las centrales y las confederaciones, la actividad política de los sindicatos, y fomentaba los sindicatos por empresa.

El proceso de desindustrialización comenzó a producir la caída de los sectores de obreros industriales y el aumento de los trabajadores de servicios.

El movimiento obrero argentino opuso una considerable resistencia a la dictadura militar. Ya desde el primer mes se registran importantes huelgas sectoriales (como la de la electricidad, durante la cual fue secuestrado y desaparecido el Secretario General del gremio de Luz y Fuerza, Oscar Smith; de mecánicos, portuarios, ferroviarios, en la que fueron fusilados varios dirigentes sindicales) y en 1979 la primera huelga general, decretada por la Comisión de los 25. Para tener una idea comparativa de lo que ello implicaba en el gran campo de concentración en el que se habían convertido los países del Cono Sur, vale la pena tener en cuenta que en Uruguay, la primera huelga sectorial (colectivos y taxis) se produce en 1981, 9 años después del golpe y la primera huelga general en 1984, 11 años después del golpe. En tanto que en Chile la primera huelga sectorial y la primera huelga general se producen casi 10 años después del golpe militar de Pinochet.

Luego del golpe militar, con la CGT intervenida y luego disuelta, el movimiento obrero argentino se organiza en varios grupos, como la Comisión de los 25, la Comisión de Gestión y Trabajo, la Comisión de los 20 y otros. La Comisión de los 25 era reconocida por la CIOSL con representante del movimiento obrero argentino, provisoriamente.

Por esos años el movimiento obrero argentino empieza a aceptar la importancia de vincularse a los demás movimientos obreros del mundo. En 1975 la CGT se había afiliado a la CIOSL (Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres) de orientación socialdemócrata. El sindicalismo peronista siempre había sido muy reacio a impulsar las relaciones internacionales (con excepción de un fallido intento en la década de 1950, llamado ATLAS). Durante el régimen militar tanto la CIOSL, y las Federaciones Sindicales Internacionales (FSI) vinculadas a ella, como la CMT (Confederación Mundial del Trabajo) de orientación socialcristiana, desarrollaron una fuerte acción de solidaridad con el sindicalismo argentino, que se convirtió en un serio problema para la Junta Militar. Solo la FSM (Federación Sindical Mundial) que agrupaba a los sindicatos comunistas, se negó a criticar a la dictadura argentina, en línea con la posición de la Unión Soviética, de entonces, que vetaba sistemáticamente las condenas por violación de los derechos humanos en nuestro país.

En 1979 la Comisión de los 25 llama a la primera huelga general a la que se opone la CNT. En septiembre de 1979 se concreta una central única llamada CUTA (Central Única de los Trabajadores Argentinos), pero que duró menos de un año.

Mariposa de la CGT en la Marcha de San Cayetano, septiembre de 1981.

En 1981 la Comisión de los 25 crea la CGT, y llama a un nuevo paro general. En septiembre de 1981 una importante manifestación sindical de la CGT Brasil a la iglesia de San Cayetano se constituye en el primer reclamo masivo para terminar con la dictadura militar.

El 30 de marzo de 1982 la CGT Brasil convoca a una movilización a Plaza de Mayo que fue masiva y terminó con miles de detenidos. La Comisión de los 20 y la CNT forman la Intersectorial. Acorralada por la protesta social, la dictadura militar se embarca en la aventura y desastre de la Guerra de Malvinas, que arrastrará a las Fuerzas Armadas a un colapso institucional que se volverá estructural luego de que se hiciera público la violación masiva de derechos humanos durante «el Proceso» militar.

Luego de la Guerra de Malvinas, y con el régimen en retroceso las huelgas y las protestas se multiplicaron. Los grupos sindicales se dividen en dos: la CGT Brasil (Ubaldini) y la CGT Azopardo (Triaca).

El 22 de septiembre de 1982 la CGT Brasil convoca a una huelga general con movilización a plaza de Mayo bajo el lema «Paz, Pan, Trabajo», con alto acatamiento.

El 6 de diciembre de 1982 la CGT Azopardo realiza una huelga general que resultó en un paro total, y que se repitió el 28 de marzo de 1983.

El 16 de octubre de 1983, dos meses antes de que se establezca un régimen democrático estable en Argentina, se concreta la unidad de las centrales obreras, con la denominación de CGT, con una representación de casi 4 millones de trabajadores sindicalizados, el 56 % de los asalariados argentinos.

El 10 de diciembre de 1983, el presidente Alfonsín de la UCR, asume como presidente democrático, para convertirse en el primer presidente democrático en iniciar un proceso no interrumpido por un golpe militar de la historia argentina.

1983-1989 (Alfonsín)[editar]

Uno de los pilares del discurso de Alfonsín que lo llevó a la victoria en 1983 fue la denuncia de un supuesto "pacto sindical-militar". La denuncia estaba orientada a identificar al peronismo con el autoritarismo y a subsumir al sindicalismo en el peronismo. Siete días después de asumir el gobierno, Alfonsín declara un enfrentamiento abierto con los sindicatos, enviando al Congreso un proyecto de reforma sindical conocido como "Ley Mucci", con el objetivo de establecer mecanismos electorales en los sindicatos sin su participación, que terminará en un estrepitoso fracaso por falta de mayoría en el Senado.

El proyecto tuvo el efecto de unir rápidamente a todos los sectores sindicales, y establecer una lógica de confrontación entre el gobierno radical y los sindicatos, que se expresará en 13 huelgas generales, y será reconocido posteriormente por el propio Alfonsín, como uno de los mayores errores de su gobierno.[24] Por su parte el gobierno radical mantuvo en vigencia la ley sindical fascista dictada por la dictadura militar (Ley 22.105) severamente criticada por la OIT, y se opuso frontalmente a restablecer los mecanismos de negociación colectiva, con el fin de preservar en manos del Estado el poder de fijar los salarios. En los seis años del gobierno radical se realizaron casi cuatro mil huelgas sectoriales y de empresa (67% en el sector público) y 13 paros generales.

En 1984 se produce la toma de Ford por parte de sus obreros, encabezados por la Comisión Interna y el Cuerpo de Delegados de esa fábrica, dirigidos por el Partido Comunista Revolucionario. La toma alcanza su punto máximo con la puesta en marcha de la producción por parte de los obreros, en un hecho histórico. El gobierno alfonsinista, junto a la patronal estadounidense y al SMATA dirigido por José Rodríguez, trabaja para aislar la toma y ordena el desalojo enviando 3500 efectivos.

El 7 de noviembre de 1986 se produjo el esperado Congreso Normalizador de la CGT, el primero después de 1975. Participaron de él 1478 delegados, representando a 4 millones de trabajadores pertenecientes a 156 sindicatos. Los cambios producidos en Argentina y el mundo habían sido enormes, por lo tanto era de esperar un debate de análisis y balance de ese período y de los tiempos que se aproximaban. Sin embargo, el Congreso duró unas pocas horas y se limitó a consagrar a sus autoridades.

En 1987 Alfonsín cambia su táctica de confrontación con el movimiento obrero y ofrece el Ministerio de Trabajo a uno de los principales dirigentes sindicales del país, Carlos Alderete, secretario general de Luz y Fuerza. Como resultado de este acuerdo, se elabora una nueva Ley Sindical que fue aprobada en 1988 (Ley 23.551), con el apoyo unánime de todos los sindicatos y parlamentarios de todos los partidos políticos, pero fue cuestionada ante la OIT por la UIA, principal organización empresaria, de Argentina. Esta queja será continuada en los años 1990 por la CTA.

En 1989, en un proceso que sorprendió a la Humanidad, colapsó la Unión Soviética. El mismo año, se desató en Argentina un proceso hiperinflacionario, que la prensa económica denominará como "golpe de mercado", y lleva al gobierno de Alfonsín al colapso. El radicalismo pierde las elecciones presidenciales y Alfonsín debió entregar el gobierno a su sucesor, seis meses antes de la finalización de su mandato. Asume Carlos Menem.

1989-2001. Tres centrales: CGT, CTA, CGT "Rebelde"[editar]

Marco sociopolítico[editar]

Durante este lapso se produjeron profundos cambios en el mapa sindical que tienen su correspondiente relación con las mutaciones producidas en la estructura económica y la composición de los asalariados: emergencia del desempleo masivo y la subocupación, el trabajo "en negro", la disminución constante del número de obreros industriales, el aumento de los trabajadores ocupados en servicios y comercio, la tercerización, etc.

Adicionalmente Argentina vive un proceso de caída de la calidad de vida de los trabajadores que debe considerarse único en el mundo. Mientras que en la década de los años 1970, la pobreza era de 5%, al finalizar los años 1990 superará el 30% y llegará a su pico histórico en octubre de 2002, 57,5%. Algo similar ocurrió con la desocupación: un país que tuvo prácticamente pleno empleo durante décadas, superó el 18% de desocupación en 1995 y alcanzó su pico histórico de 31,1% en el segundo semestre de 2002.

De este modo, una parte sustancial de la fuerza laboral ha engrosado una capa social denominada los "nuevos pobres", que incluye también desocupados provenientes del cuentapropismo, pequeños empresarios, productores rurales, etc. Simultáneamente y de manera superpuesta, los procesos de privatización, desocupación y precarización, generaron un enorme y creciente sector social de "excluidos" privados de los derechos y obligaciones vinculados a la ciudadanía.

Menemismo y división de la CGT[editar]

Hasta la derrota electoral de la UCR en las elecciones presidenciales de 1989, si bien existían corrientes sindicales peronistas internas, la CGT conservó su unidad orgánica y su capacidad de liderar grandes huelgas nacionales.

A grandes líneas, en la CGT coexistían tres grandes agrupamientos:

  1. el sindicalismo de negociación,
  2. el sindicalismo confrontativo peronista ortodoxo,
  3. el sindicalismo peronista de perfil socialcristiano.

El acceso al poder de un gobierno peronista después de 13 años de persecución y oposición, abría grandes expectativas en todos los sectores sindicales, frente al histórico hecho de que el sindicalismo era considerado como columna vertebral del peronismo.

Sin embargo el gobierno de Carlos Menem modificó la tradicional relación del peronismo con los sindicatos, apartándolos de los centros de poder y emprendiendo una serie de reformas económicas y laborales, bajo el signo del Consenso de Washington, que impactarán negativamente sobre la situación del trabajo.

Esto producirá una crisis del sindicalismo peronista debido a que cada uno de los sectores que lo integraban emprenderán estrategias diferentes frente al menemismo.

  • El sindicalismo de negociación se dividirá en dos grupos:
* los sindicatos menemistas, que apoyaron sin vacilaciones la política gubernamental, lo que les permitirá, entre otras cosas, controlar el sistema de Obras Sociales.
* los sindicatos gordos, los grandes sindicatos, que ante el apoyo masivo de los trabajadores a Carlos Menem, desarrollaron una táctica de preservación, mostrando cierta autonomía frente al gobierno menemista, volcándose al desarrollo de relaciones de negociación colectiva con las grandes empresas, influenciando a sectores no alineados con el menemismo (especialmente Eduardo Duhalde) y conservando buenas relaciones con la oposición, especialmente con la UCR.
  • El sindicalismo de confrontación peronista ortodoxo, localizado centralmente en sectores industriales y del transporte privado, buscó obligar al menemismo a restablecer el rol privilegiado del sindicalismo en el interior del gobierno y aplicar una política económica nacionalista.
  • El sindicalismo peronista de perfil socialcristiano, cercano a la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), tomó una posición de oposición frontal al neoliberalismo y sostuvo una línea en la que se combinan el nacionalismo y latinoamericanismo, "economía social de mercado" y la propuesta de una economía de propiedad mixta, "solidaria y humanista".

Cada uno de estos sectores comenzó a actuar en forma independiente y a poco andar la CGT se fracturó.

El sindicalismo peronista de perfil socialcristiano, fundamentalmente apoyado en uno de los sindicatos públicos (ATE) y una de las federaciones de docentes (CTERA), en 1991 se separa de la CGT para crear el Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA) que se organiza en 1995 definitivamente como Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), conducida por el estatal Víctor de Gennaro. En la CTA confluirá también una considerable minoría trotskista y comunista, estimada en el 30% del total de sus miembros.

El sindicalismo de confrontación peronista ortodoxo, en 1994 crea un grupo autónomo dentro de la CGT, el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), y en 1997 se retiran de hecho de la CGT.

Mientras tanto la CGT Oficial pasó a ser controlada por los sindicatos gordos, en detrimento del sindicalismo menemista (Godio).

La acción sindical y la protesta social durante el menemismo[editar]

Hasta 1995 Carlos Menem cuenta con un gran apoyo de la población, fundamentalmente a partir del hecho de haber controlado la inflación; al principio de su gobierno, ese apoyo es más acentuado en los distritos obreros. Las clases medias de tradición antiperonista, también lo apoyan por sus medida económicas, pero hacia el final de su gobierno, desprestigiado con escándalos de corrupción, vuelven hacia una posición opositora.

La Mesa de Enlace, conformada por la CTA, el Movimiento de Trabajadores Argentinos y la Corriente Clasista y Combativa, desarrollan una serie de movilizaciones y huelgas generales expresando su oposición a las políticas económicas y las reformas de flexibilización laboral en curso.

En 1997 el menemismo es derrotado por la Alianza UCR-FREPASO. En las elecciones parlamentarias de 1997 se produjo un punto de inflexión en la relación del gobierno menemista y el conjunto del movimiento obrero. La CGT se sumó al MTA, la CTA y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), en las movilizaciones producidas en 1997 contra la política económica, que fueron radicalizando sus objetivos hasta convertirse en acciones colectivas de crítica al propio presidente Menem.

En 1997 se comienzan a evidenciar las dramáticas consecuencias sociales del abandono del Estado de Bienestar y del proceso de privatizaciones que produjo el cierre de refinerías, plantas y minas, del 90% de los ramales ferroviarios, al establecimientos de peajes, etc., afectando la supervivencia de ciudades enteras. El 12 de abril de 1997 cientos de trabajadores desocupados de la ciudad neuquina de Cutral-Co, en su gran mayoría ex obreros petroleros y de la construcción, surgen de la invisibilidad para formar piquetes y cortar con la ruta 17. En la represión muere Teresa Rodríguez. Poco después los piquetes reaparecen en Salta (Tartagal y Mosconi). Al mismo tiempo surgen los piquetes en el partido bonaerense de La Matanza. Fue entonces que aparecen los empleos transitorios bajo el nombre de planes "Trabajar".

Carpa Blanca docente, 1997.

También en el crucial año de 1997, la CTA organizó la "Carpa Blanca Docente", instalada frente al Congreso Nacional para exigir aumentos salariales y manifestar su oposición a la reforma educativa impulsada por el gobierno menemista. La "Carpa Blanca" se convertirá en un centro de convocatoria de rechazo a las políticas educativas y laborales del gobierno menemista, será un lugar de convocatoria amplia a los partidos de oposición, movimientos de derechos humanos, organizaciones estudiantiles y culturales, etc.

Los movimientos sindicales y sociales antigubernamentales fueron desde entonces constantes. En muchas ocasiones liderados por empleados y trabajadores del sector público provincial (empleados y obreros de los estados provinciales, municipios, trabajadores de la educación, etc.), coligados muchas veces con Seccionales de uniones sindicales o sindicatos locales del sector público, miembros de la CGT (como UPCN, COEMA) y miembros de la CTA (ATE, CTERA).

La CTA, que organiza principalmente a un sector de los empleados públicos y maestros, y tiene una menor inserción entre los trabajadores industriales y de las actividades terciarias privadas, compensó estas debilidades convocando, junto al MTA y la CCC, a diversas organizaciones representativas de la pequeña y mediana empresa, asociaciones de profesionales e intelectuales, la FUA y otras a Marchas Federales y otras formas de estructuración político-social. Logró también constituir en su interior uno de los precursores del movimiento de desocupados, la Federación de Tierra y Vivienda (FTV). Asimismo revitalizó la queja de 1988 de la Unión Industrial Argentina (UIA) en la OIT, para cuestionar la ley sindical y el modelo de sindicatos amparados por una personería sindical.

Las elecciones presidenciales de 1999, marcan la ruptura de la Mesa de Enlace. Tanto la CTA como el MTA participaron activamente en apoyar a La Alianza (UCR, FREPASO, PS, etc.) y la candidatura de Fernando de la Rúa contra la que presentaba el peronismo, representado por Eduardo Duhalde, mientras que la CCC tomó partido por la abstención, el voto en blanco o nulo, en la lucha por un Argentinazo.

La Alianza ganó las elecciones con un programa de centro-izquierda, pero continuó aplicando las políticas que caracterizaron al gobierno de Menem, inspiradas en el Consenso de Washington, con un protagonismo importante del Fondo Monetario Internacional. El punto culminante de esta evolución fue la asunción de Cavallo, padre de las transformaciones económicas del menemismo, como ministro de Economía de la Alianza en 2001. La recesión económica comenzada a fines de 1998, agravada por la convertibilidad del peso con el dólar, se irá agravando día tras día hasta explotar en 2001/2002.

En su primera semana en el gobierno La Alianza enfrentó una protesta de trabajadores estatales correntinos que cortaron el estratégico puente Resistencia - Corrientes, recurriendo a la Gendarmería para desalojarlo mediante una violenta represión que causó dos muertos.

El 16 de marzo de 2000, se produce la división institucional de la CGT en dos conducciones, que formaliza la separación del MTA. A partir de ese momento existe las denominadas CGT-oficial (Secretario General Rodolfo Daer), y CGT-disidente (Secretario General Hugo Moyano).

En mayo de 2000, tras otra violenta represión de la Gendarmería y la policía local, se produjo una sublevación de la población de Gral. Mosconi (Salta) destruyó y quemó las oficinas públicas. La CGT convoca la primera huelga general contra La Alianza el 5 de mayo, realizando la segunda el 9 de junio y la tercera los días 23 y 24 de noviembre.

En octubre de 2000 se realizó un paro patronal rural de 6 días organizada por la Federación Agraria, Coninagro y Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). En noviembre, una nueva acción de los piqueteros en Gral. Mosconi, fue reprimida por la policía causando la muerte de Aníbal Verón.

Ya en 2001, el 21 de marzo, se produce el cuarto paro general (convocada por la CGT disidente y con la adhesión de la CTA y la (Corriente Clasista y Combativa)), al tiempo que la Iglesia Católica comienza a impulsar el diálogo entre la dirigencia política, empresarial y sindical, dando origen a una secuencia de procesos de concertación y diálogo social, para intentar generar consensos fundamentales para salir de la crisis.

En abril se desató la crisis de la privatizada Aerolíneas Argentinas, con el despido de 250 y el anuncio de 1.350 más, que desencadenó una muy importante y exitosa lucha sindical que se en la que los sindicatos de las tres centrales y los autónomos actuaron con una estricta unidad. Después de que se dictara la conciliación obligatoria, los despedidos fueron reincorporados y la SEPI emplazó a los siete gremios involucrados en el conflicto a firmar un acuerdo para realizar un plan de ajuste con rebajas salariales y nuevas condiciones laborales.

En la primera mitad del 2001 continúan los piquetes en el cordón del Gran Buenos Aires, que tienen su punto máximo en el corte prolongado de La Matanza, cuando durante 18 días desocupados organizados en la (Corriente Clasista y Combativa) y el FTV se mantienen en la ruta logrando arrancar al gobierno importantes conquistas. Al mismo tiempo, se suceden los cortes de ruta en todo el país, y el 31 de julio se realiza la primera marcha de desocupados a Plaza de Mayo.

En agosto los piqueteros organizan cortes de ruta de dos días en dos semanas consecutivas, y la CTA declara un paro general en apoyo de los piqueteros. El 29 de agosto las dos CGT organizaron un multitudinario acto en Plaza de Mayo, actuando en forma conjunta por primera vez desde 1996.

El 12 de diciembre se realiza el paro nacional activo convocado por las dos CGT, que para muchos es el comienzo de las puebladas del 19 y 20 de diciembre. Los obreros de Terrabussi, Ford y Vollkswagen cortan la Ruta Panamericana junto a desocupados y jubilados de la CCC (Corriente Clasista y Combativa), en lo que fue el hecho más destacable de la jornada.

Movimiento obrero argentino y Mercosur[editar]

El Mercosur fue fundado en los años 1990 (Tratado de Asunción, 1991) inspirado en un modelo estrictamente comercial de la integración Consenso de Washington. Por esa razón, en sus inicios, la dimensión sociolaboral estuvo completamente ausente del MERCOSUR.

Sin embargo, y a partir de una notable agilidad demostrada por el sindicalismo se fueron creando una serie de organismos sociolaborales (OSL) que han ido conformando lo que puede denominarse el “modelo social MERCOSUR”, de rasgos profundamente originales.

En este proceso hay que destacar la acción de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS), y dentro de ella el papel desempeñado por la CGT argentina, la CUT brasileña, y el PIT-CNT uruguayo, sumándose posteriormente la CTA. Creada en los años 1980 con el fin de responder a las amenazas que emergían en contra de la democracia en la región, reapareció en los años 1990 para hacer frente al desafío del MERCOSUR, con una gran vitalidad.

Como resultado de la acción sindical en el Mercosur principalmente en el SGT 10 (Subgrupo de Trabajo 10), el MERCOSUR ha transformado su estructura orgánica original, mediante la creación de diversos organismos sociolaborales (OSL): el Foro Consultivo Económico Social (FCES), Las Comisión Sociolaboral (CSL), el Observatorio del Mercado de Trabajo (OMT). También hay que destacar las implicancias de la Declaración Sociolaboral (DSL) del MERCOSUR, sancionada con apoyo tripartito en 1998 a partir de una iniciativa sindical, que llevó a la creación de la CSL, ya mencionada.

Actualidad[editar]

En julio de 2008, el polémico sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, quien por falta de suficientes apoyos, no pudo conformar ni presentar una lista opositora a Hugo Moyano para la candidatura a Secretario General, fundó una agrupación política a la que denominó CGT Azul y Blanca, integrada por unos sesenta sindicatos, en general pequeños, sobre unos 2000 que tienen personería gremial. La agrupación pretendía ser considerada como una nueva central y anunció que solicitaría el reconocimiento del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. No fue considerada su incorporación, tampoco consiguió reconocimiento de la región latinoamericana como internacional

La creación de la agrupación, pretendió sin éxito ser una nueva central sindical a la que existen en el país (las otras dos son la CGTRA y la CTA). En general no se le conocen decisiones de envergadura ni ostenta una vida orgánica o periódica importante debido a que su criticado alineamiento con el Diputado De Narváez al que no se le reconoce origen peronista puso en dudas el futuro del emprendimiento.

Referencias[editar]

  1. Cornblit, 1969, p. 394.
  2. Robles, 1987.
  3. Marotta III, pag. 373-374
  4. Godio 2000, p. 173.
  5. Godio 2000, p. 174.
  6. Robles 1987
  7. Palacios 1960, p. 227.
  8. Godio, 231
  9. Hiroschi Matsushita: Movimiento Obrero Argentino 1930/1945. Sus proyecciones en los orígenes del peronismo pág.77/8. Ediciones Siglo XX Buenos Aires 1987 isbn 950-016-362-4
  10. Julio Godio: El movimiento obrero argentino (1930-1943) Socialismo, comunismo y nacionalismo obrero pág. 28. Editorial Legasa S.A. Buenos Aires 1989 isbn 950-600-139-I
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  12. Cornblit, Oscar «La opción conservadora en la política argentina», Desarrollo Económico, Vol. 14, Nº 56, 1975]
  13. Baily, 84; López, 401.
  14. López, 410.
  15. López, 412; Luna, 156.
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  17. Luna, op. cit.
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Bibliografía[editar]

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Enlaces externos[editar]