Caupolicán

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Caupolicán
Caupolicán.jpg
«Yo soy Caupolicán, que el hado mío
por tierra derrocó mi fundamento,
y quien del araucano señorío
tiene el mando absoluto y regimiento»

Canto XXXIV, La Araucana.
Toqui
Participó en Guerra de Arauco
Batalla de Lagunillas
Batalla de Millarapue
Batalla del fuerte de Cañete
Batalla de Antihuala

Caupolicán o Quepolicán[1] (del mapudungun, literalmente 'pedernal pulido')[2] fue un toqui mapuche que lideró la resistencia de su pueblo contra los conquistadores españoles que invadieron Chile durante el siglo XVI.

Biografía[editar]

Su principal esposa conocida fue Fresia, también denominada Güeden o Paca por otros autores.[3] Su principal hijo conocido fue Lemucaguin, también llamado como Caupolicán el Joven.

Primeros años[editar]

Luchó desde su juventud contra los conquistadores españoles logrando la libertad de su territorio. Fue elegido toqui (jefe militar) de los mapuches, siendo sucesor de Lautaro, aunque Alonso de Ercilla destaca su elección antes, siendo el candidato secreto de Colo Colo para la conducción de la guerra. Al parecer era miembro de una familia muy respetada en la sociedad mapuche, pues él y sus hermanos estaban siempre en el núcleo de jefes que planificaba los movimientos de guerra. De hecho, Gerónimo de Vivar lo señala en la Batalla de Millarapue:

«Al fin fue desbaratada aquel haz donde dio el capitán Rodrigo de Quiroga. Murieron ciento veinte indios, entre los cuales mataron siete principales y un hermano de Oteopolicán (caopolicán), que no era menos velicoso».

Gerónimo de Vivar

Además, sabemos de su hijo Lemucaguin.[4] El historiador posterior Juan Ignacio Molina dijo que el toqui en Quiapo era Caupolicán el más joven, hijo del toqui Caupolicán.[5] [6]

«Caupolicán era un varón de autoridad grave y severo, duro y decidido, firme para mantener sus opiniones y llevar a cabo sus empresas. Había nacido tuerto, y ese defecto, que daba a su cara un aspecto feroz y un poco tétrico, no era desmedro para su habilidad física...»

Fernando Alegría en su libro Lautaro, joven libertador de Arauco

Los mapuche son un pueblo que resistió estoica y bravamente la conquista española del sur de Chile. Junto con Lautaro fue uno de los conductores de los araucanos en las guerras del siglo XVI. Cooperó con Lautaro en la toma del fuerte Tucapel y en la batalla de Tucapel, donde es derrotado el ejército conquistador y muere Pedro de Valdivia. Su nombre es símbolo de la resistencia indígena, su vida y hechos son recogidos por Alonso de Ercilla —uno de los capitanes de García Hurtado de Mendoza y Manrique— en su obra épica La Araucana y Rubén Darío en Caupolicán.

Combate de Lagunillas[editar]

Monumento a la Araucanía (con Caupolicán como unos de los 5 personajes)

Después de la muerte de Lautaro, los mapuche quedaron sin un jefe digno que los guiara, eso se vio claramente en el Combate del Fuerte de San Luis que no pudo ser tomado, y en el de Lagunillas, el 5 de septiembre de 1557. En esta, una crecida fuerza de 12 000 mapuches al mando de varios toquis —entre ellos el cacique Lincoyán y Galvarino— que atacaron a una poderosa fuerza realista al mando de García Hurtado de Mendoza. Al pasar el río Biobío, proveniente de Concepción, García traía una fuerza de 600 soldados bien armados y unos 1500 yanaconas que fueron arremetidos por esta fuerza mapuche en unos cenagales, llamados Lagunillas.

El ataque fue desorganizado, y a pesar de la gran diferencia numérica los mapuche fueron derrotados en una brutal lucha cuerpo a cuerpo dejando en el campo cientos de muertos y heridos en su mayoría, y 150 prisioneros. Entre estos prisioneros estaba uno de los toquis: Galvarino. Ongolmo, haciendo gala de la misma común actitud, tan común entre los conquistadores españoles, así como de Pedro de Valdivia en la Batalla de Andalién, ordenó mutilar la mano derecha y las narices a los prisioneros como escarmiento. Galvarino colocó no solo su mano derecha para que fuera amputada, sino que, en un acto de increíble estoicismo, colocó la otra mano ante su verdugo y le fue amputada antes de ser soltado. Esta forma de escarmiento lograba enfurecer y endurecer aún más a los mapuches frente a los usurpadores de su territorio.

Elección de Caupolicán como toqui[editar]

Grabado de la estatua de Caupolicán, del escultor Nicanor Plaza.
Estatua retratando la elección de Caupolicán.

Después de estas derrotas mapuches se reunió un gran Consejo en la Sierra de Pilmaiquén, este Consejo tenía por objetivo unificar en un solo mando a las fuerzas mapuche, con la elección de un toqui. Caupolicán fue elegido por su gran fortaleza física y valentía, era de rostro severo y tuerto desde la niñez. Según cuentan las tradiciones, Caupolicán tuvo que demostrar su fuerza ante los caciques, entre los que se encontraba Tucapel y Rengo, presididos por Colo Colo, sosteniendo un grueso tronco de árbol sobre sus hombros durante dos días y dos noches sin desmayarse antes de ser elegido toqui; Caupolicán fue el vencedor entre otros candidatos tales como Paicaví, Lincoyán y Elicura. Alonso de Ercilla lo inmortalizaría en La Araucana:

«Con un desdén y muestra confiada, asiendo el tronco duro y nudoso, como si fuera vara delicada, se lo pone en el hombro poderoso: la gente enmudecía maravillada de ver el fuerte cuerpo tan nervoso.
El color de la Lincoya se le muda poniendo en su victoria mucha duda... El bárbaro sagaz despacio andaba, y a toda prisa entraba el claro día; El sol las largas sombras acortaba, más él nunca decrece en su porfía: al ocaso de la luz se retiraba, ni por eso flaqueza en el había; las estrellas se muestran claramente, y no muestra cansancio aquel valiente».

A fines del siglo XIX, el poeta nicaragüense Rubén Dario escribió «Caupolicán», uno de los sonetos aparecido en el libro Azul... (1888),[7] en cuya escena mitifica la mencionada gesta del héroe.

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

Batalla de Millarapue[editar]

Después de la victoria de las armas españolas en Lagunillas, García se internó en territorio hostil buscando una batalla decisiva. Las fuerzas realistas acamparon en Millarapue, al interior de la Araucanía, el 29 de noviembre. Los mapuches al mando de Caupolicán intentaron un ataque por sorpresa al campamento enemigo en la alborada del 30 de noviembre. Coincidió que ese día se celebraba entre los españoles el Día de San Andrés y el toque de una alegre diana de trompetas que los mapuches interpretaron como alarma, y creyéndose descubiertos, arruinó el ataque. El número de atacantes era 15 000, entre ellos venía Galvarino al frente, que se mostraba con su dos brazos cortados azuzando las pasiones de sus camaradas. La batalla fue brutal y fiera. La batalla de Millarapue duró desde la madrugada hasta las 14:00 horas del siguiente día, y Caupolicán la dirigió montado en un caballo blanco. Finalmente, los mapuches fueron envueltos por los flancos y la retaguardia y derrotados. Los españoles establecieron el fuerte de Cañete, no muy lejos de donde estuvo emplazado el de Tucapel.

La batalla del fuerte de Cañete[editar]

El 20 de enero de 1558 los españoles sufrieron un ataque en el fuerte-ciudad de Cañete, siendo rodeado y sitiado por más de 15 000 mapuches que establecieron un sitio al fuerte. La idea de Caupolicán era dejar morir de hambre a los sitiados. La situación se hizo muy crítica, ya que la salida a campo abierto era una derrota segura para las armas españolas; del mismo modo, un ataque directo al fuerte, con el contingente hispano bien armado, implicaba una gran cantidad de bajas araucanas. Un yanacona proespañol llamado Andresillo (nombre muy común, tal como Felipillo y otros terminado en -illo, dado a los yanaconas) se ofreció para atraer engañosamente al fuerte a los mapuches. El plan consistía en hacerse amigo de los atacantes, haciéndoles aparecer a Andresillo como desertor de los españoles, los mapuches creyeron en este personaje y éste les contó que la hora de la siesta era la mejor hora para atacar desprevenidamente a los españoles, él les abriría las puertas para que se produjera el ataque por sorpresa. Caupolicán hizo verificar la veracidad del argumento de Andresillo haciendo introducir un espía en el interior del fuerte. Alonso de Reinoso, capitán del fuerte ya había previsto la visita del espía y dio instrucciones para que todos se hicieran los dormidos. El 5 de febrero se fijó como fecha de ataque, Andresillo abrió las puertas del fuerte y se introdujó una masa de mapuches en forma silenciosa; cuando ya casi estaban todos en el interior del fuerte fueron recibidos por descargas de fusilería en forma alternada, que dejaron una gran mortandad entre los atacantes, que fugaron en desbandada; Caupolicán pudo escapar gracias a que aún no había llegado la caballería hispana a la zona de combate. Para cuando llegó la caballería aún se retiraban las tropas mapuches por los cerros y los españoles salieron en su persecución.

Muerte de Caupolicán[editar]

La captura de Caupolicán según Raymond Monvoisin

Mientras aún se retiraban los mapuches supervivientes, una avanzada al mando de Pedro de Avendaño llegó a Pilmaiquén, y en la Batalla de Antihuala (5 de febrero de 1558) capturó a Caupolicán, quien preparaba una contraofensiva. Según Ercilla, cuando era conducido por un piquete atado hacia el fuerte de Tucapel le salió al paso una mapuche iracunda, de nombre Fresia, con un bebé en brazos; era hijo del derrotado toqui. La mujer le enrostró el hecho de haberse dejado capturar vivo y le arañó el rostro dando alaridos de rabia, y en un ataque de furia cogió al infante de apenas un año y lo destrozó al lanzarlo sobre un peñasco. La marcha continuó en silencio su rumbo. Fue llevado ante el veterano Alonso de Reinoso, quien lo condenó a morir en la pica, una muerte terrible por empalamiento. Cristóbal de Arévalo, Alguacil de campo, fue el encargado de ejecutar la orden. Caupolicán fue subido y amarrado a una tarima que tenía una punta de madero cortado a forma de pica en el centro; Caupolicán, mostrando gran serenidad, miró soberbiamente a la multitud de españoles que lo contemplaban y dijo:

«Pues el hado y suerte mía me tienen esta suerte aparejada, vean que yo la pido, yo la quiero, que ningún mal hay grande y es postrero».

La Araucana

Dicho esto, alzó el pie derecho aun con las amarras puestas y dio una gran patada al verdugo, que rodó de la tarima; hecho esto, él mismo se sentó en la pica y, sin dar ninguna muestra de dolor, murió por perforación intestinal. Galvarino también había sido capturado y ahorcado. Luego de estos atroces episodios, y debido al prestigio familiar, Caupolicán el Joven, su hijo mayor, fue elegido líder militar, actuando en la batalla de Quiapo (noviembre de 1558).

La muerte de Caupolicán

Caupolicán, sin duda, fue un bravo guerrero, aunque no obtuvo ni las victorias ni poseía el genio militar de Lautaro; las hazañas de ambos fueron cantadas en el poema épico La Araucana, de Alonso de Ercilla. Rubén Darío también le dedicó un poema. Unos 40 años después se levantó un nuevo caudillaje mapuche entre los que se destacaría Pelantarú, Lientur y el mestizo Alejo. Actualmente, Caupolicán es reconocido por sus proezas, fuerza e inteligencia en todo Chile mediante el nombramiento de calles, teatros, parques y monumentos en su honor. Erróneamente se cree que la estatua de bronce ubicada en el cerro Santa Lucía de Santiago es un homenaje al toqui. Lo cierto es que se trata de una obra del escultor Nicanor Plaza, que la tradición popular chilena asoció con Caupolicán.

«Ha cambiado la historia para nosotros, claro. Los “libros oficiales” dicen que son otros los que la hicieron y la siguen haciendo por nuestros pueblos. Los héroes de esta historia, en un mundo “civilizado” en el que ya no debiera haberlos, son los invasores. Mas Caupolicán empalado, enfrentándolos, representa el suplicio de nuestro pasado, que entra ardiendo en nuestros corazones. Lautaro es el futuro que vislumbramos, detrás de la cortina del misterio y del compromiso, y que saldrá como la luz de nuestros ojos».

Elicura Chihuailaf

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

Notas[editar]

Referencias[editar]

  1. Caupolicán
  2. Diccionario Mapuche-Castellano
  3. Fuentes, Jordi; Cortes, Lía (1966). Diccionario Histórico de Chile. Santiago: Editorial del Pacífico. p. 175.
  4. Diego de Rosales, Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano, Tomo II, Capítulo XXI
  5. The Geographical, Natural, and Civil History of Chili By Don Juan Ignatius Molina, Longman, Hurst, Rees, and Orme, Paternoster-Row, London, 1809
  6. Historiador Joel Avilez Leiva, Valdivia y sus rivales en la Guerra de Arauco; a la Luz de Las Crónicas de la Conquista, p.15, Ensayo Histórico IPVC, La Serena, 2006
  7. http://www.vmorales.es/Comentarios/Modernismo/RUB%C9N_DARIO_caupolican.pdf

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Lautaro
Toqui (Jefe Militar)
1557 - 1558
Ancient mapuche flag.svg
Sucesor:
Caupolicán II