Guerras civiles argentinas
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La República Argentina estuvo sometida a una serie de guerras civiles durante gran parte del siglo XIX, a través de las cuales se definió la forma de gobierno que regiría al país.
El período de las guerras civiles argentinas se extendió desde 1814 hasta 1880. En la primera de esas fechas se registró la aparición del partido federal como opción al centralismo heredado de la administración colonial. En 1880, una vez logrado un acuerdo general en base a la economía liberal y aperturista, la organización federal del gobierno y la Constitución Argentina de 1853, se decidió la federalización de la ciudad de Buenos Aires como capital de la República Argentina.
Habitualmente se menciona la ambición de los caudillos provinciales como principal causa de las guerras civiles. Pero, si bien es posible que algunos hayan tenido la habilidad de conducir masas de soldados a la guerra por el solo interés de su jefe, generalmente el apoyo a un líder debe ser interpretado como la identificación con las ideas de éste, a sus intereses de grupo, o la pertenencia a un grupo al que se supone que ese líder favorece.
Entre las cuestiones que se dirimieron por medio de guerras civiles, las más importantes estuvieron ligadas a la preeminencia de la capital, Buenos Aires, o de distintas alianzas de provincias, el establecimiento del liberalismo o del conservadurismo como forma de gobierno, la apertura comercial o el proteccionismo y la organización constitucional que definiera todas estas cuestiones.
Hubo también enfrentamientos entre dos o tres provincias, en las que las causas pudieron ser las anteriores, pero a las que se les agregaron la pretensión de los gobiernos de una de inmiscuirse en los asuntos de otra y, más tempranamente, por la secesión de algunos distritos para erigirse en provincias autónomas.
Por último, hubo varias guerras civiles internas de las provincias, en que la participación de fuerzas foráneas fue escasa o nula. En éstas, a veces se dirimieron cuestiones ideológicas, pero — más frecuentemente — se trató de luchas de poder entre facciones.
[editar] Guerras civiles y revoluciones
En la tradición histórica occidental, se denomina guerra civil a cualquier enfrentamiento bélico armado que se desarrolla en un mismo país, enfrentándose entre sí personas de un mismo lugar, defendiendo dos ideologías o intereses distintos. En estas conflagraciones intervienen también a veces fuerzas extranjeras, ayudando o colaborando con los distintos bandos de la misma.
Muchas veces, en las guerras civiles participan fuerzas militares no regulares, formadas u organizadas por personas de la población civil. En el caso argentino, la diferencia entre fuerzas regulares e irregulares se diluyó mucho con el paso del tiempo.[1]
Los límites entre los conceptos de “revolución” y “guerra civil”, suelen confundirse. En general, se llaman revoluciones a enfrentamientos de corta duración — horas o días — y que se desarrollan en un punto determinado, generalmente una misma ciudad. Las guerras civiles, por el contrario, se desarrollan a lo largo de un territorio más o menos extenso, con operaciones bélicas en distintos puntos, generalmente a campo abierto, y duran considerablemente más tiempo.
Al menos en la Argentina, las distancias entre las ciudades obligaron a los ejércitos al desplazamiento durante semanas de una a otra ciudad; fue por ello que las operaciones de guerra duraron, como mínimo, varias semanas. Algunas de las guerras civiles que asolaron la Argentina llegaron a durar varios años, con alineaciones permanentes de los contendientes. Por ejemplo, la guerra de Santa Fe contra el Directorio duró cerca de cinco años, bien que con diversas interrupciones. La campaña de Lavalle contra Rosas duró casi tres años, sin ninguna interrupción ni tregua.
[editar] Antecedentes
Antes de que se iniciaran las guerras civiles propiamente dichas, hubo varios enfrentamientos internos de cada provincia. Algunos de ellos, como una revuelta contra el gobernador de Jujuy,[2] o el intento de deponer el teniente de gobernador de San Juan, tuvieron lugar a fines del siglo XVIII.[3] Pero, en general, todos estos conflictos estuvieron siempre moderados por la común dependencia del gobierno real, al que siempre se podía acudir para zanjar diferencias.
El enfrentamiento civil más grave que ocurrió en los últimos años del régimen colonial fue la revolución del 1 de enero de 1809, dirigida por Martín de Álzaga contra el virrey Santiago de Liniers, con la intención de instalar una junta de gobierno local. Fue sofocada el mismo día, al precio de unos pocos muertos y varios heridos.[4]
Durante los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo, los problemas internos quedaron enmascarados por la guerra contra el enemigo común, es decir, los realistas. Durante varios años, sólo se destacaron algunos motines y revueltas locales, que se saldaron en general sin lamentar muertes. La excepción más notable la constituye el Motín de las Trenzas de fines de 1811, en Buenos Aires, que fue violentamente reprimido y se saldó con el fusilamiento de sus cabecillas.[5]
Hubo también una revolución en San Juan, dirigida por Francisco Laprida. Y, finalmente, la revolución de octubre de 1812, que reemplazó al Primer Triunvirato por el segundo. Pero fueron casos aislados, más calificables como revoluciones que como guerras civiles.
[editar] La revolución federal en el litoral
[editar] Enfrentamiento de Artigas con el Directorio
El caudillo José Artigas, de la Banda Oriental participó en el sitio de Montevideo de 1811, el cual condujo a la unificación de la llamada Provincia Oriental. Pero cuando éste fue levantado, se negó a aceptarlo y llevó a los habitantes de esa provincia al llamado Éxodo oriental. Al reiniciarse el sitio, al año siguiente, hubo serios conflictos entre los jefes porteños y Artigas.[6]
Estos conflictos se agravaron cuando el Segundo Triunvirato convocó a la Asamblea del año XIII, al cual los diputados orientales viajaron con instrucciones de reclamar la independencia absoluta de España y organizar el estado en forma federal. La Asamblea, dominada por la Logia Lautaro, grupo dirigido por Alvear, rechazó a los diputados.
El 20 de enero de 1814, Artigas abandonó el sitio, seguido por sus hombres, iniciando las guerras civiles argentinas. Poco después se rebeló la actual provincia de Entre Ríos, siguiendo a Artigas, y tras el combate de El Espinillo obtuvo la autonomía. También la provincia de Misiones y la de Corrientes se incorporaron al federalismo. Una breve recuperación de Corrientes, por parte de Genaro Perugorría, terminó con la derrota y ejecución del mismo.
La guerra se trasladó a la Banda Oriental, donde el general Alvear derrotó a Fernando Otorgués, y Manuel Dorrego venció al propio Artigas en la Marmarajá. Pero tras la victoria federal en la batalla de Guayabos o de Arerunguá del 10 de enero de 1815, toda la provincia quedó en manos federales. El nuevo Director Supremo, Alvear, entregó Montevideo a los federales y otorgó la independencia a la Banda Oriental; pero la oferta fue rechazada.
En marzo de ese año estalló una revolución federal en Santa Fe, que llevó al gobierno al estanciero Francisco Candioti. En respuesta, Alvear lanzó en su contra una invasión, pero el jefe de la misma, Ignacio Álvarez Thomas, se rebeló contra su autoridad, pactó con los federales y derrocó al Director. En su lugar fue electo el general José Rondeau, que estaba en campaña hacia el Alto Perú, por lo que el mismo Álvarez Thomas fue nombrado su delegado. La Asamblea y la Logia fueron disueltas y fue convocado el que sería el Congreso de Tucumán.
Pero, faltando a su promesas de paz, Álvarez Thomas invadió la provincia de Santa Fe y la sometió a su autoridad a mediados de 1815.
[editar] El federalismo en el Interior
La incorporación de la provincia de Córdoba al federalismo fue incruenta: bastó una amenaza de Artigas para que el gobernador Francisco Ortiz de Ocampo renunciara y en su lugar fuese electo José Javier Díaz, el 29 de marzo. Díaz se reconocía aliado de Artigas, pero no rompió con el Directorio y envió sus diputados al Congreso de Tucumán.[7]
El cabildo de La Rioja — jurisdicción dependiente de la de Córdoba — se negó a reconocer la autoridad de Díaz. Pese a un breve intento de los partidarios de éste de dominar esa provincia, ésta permaneció controlada por el Directorio.
La provincia de Salta logró su autonomía provincial mediante una sublevación dirigida por el coronel Martín Miguel de Güemes, jefe de las partidas de gauchos que defendían la frontera norte del país. Éste se hizo elegir gobernador por el cabildo local el 6 de mayo de 1815: era la primera vez que las autoridades de Salta eran elegidas en la propia provincia. Pero no sólo se rebeló contra la autoridad de Rondeau, sino que también se apoderó de armamento del Ejército del Norte e impidió pasar refuerzos para el mismo, convencido de que sus jefes tenían orden de deponerlo.
Después de su derrota en la batalla de Sipe-Sipe, Rondeau retrocedió hacia Salta, ocupó la ciudad y declaró traidor a Güemes. Éste se limitó a retirarse y hacerse perseguir, esquivándolo continuamente y privándolo de víveres. De esa forma, Rondeau se vio obligado a firmar con Güemes el Tratado de los Cerrillos, en que lo reconocía como gobernador de Salta y le encargaba la defensa de la frontera.
Esto le costaría a Rondeau el cargo de Director Supremo, y la derrota de Sipe Sipe causaría meses más tarde su relevo del comando del Ejército del Norte, siendo reemplazado por Manuel Belgrano.
Güemes nunca acordó ninguna alianza con Artigas, pero su autoridad era autónoma. Tácitamente se le concedió a Güemes lo que los porteños nunca quisieron ceder a Artigas: el Ejército nacional era un aliado que prestaba su ayuda como auxiliar del ejército salteño.
Hubo también dos revoluciones federales en Santiago del Estero, dirigidas por el coronel Juan Francisco Borges. Se oponía, en particular, a que su provincia dependiera de la de Tucumán; dado que allí se reuniría el Congreso, no esperaba nada del mismo. El 4 de septiembre de 1815 se autotituló gobernador y logró dominar la ciudad. Pero fue vencido y capturado apenas cuatro días después.
Huyó y regresó a su provincia, donde volvió a sublevarse el 10 de diciembre de 1816, proclamando la autonomía provincial y la alianza con Artigas. Pero, nuevamente derrotado, fue fusilado el primer día de 1817.
Si el acceso del federalismo al poder en Córdoba había sido pacífico, su caída demandó enfrentamientos armados: el jefe de las milicias de la ciudad, Juan Pablo Bulnes, se sublevó contra Díaz, acusándolo de connivencia con el Directorio. Lo derrotó y lo obligó a renunciar, pero en su lugar asumió el gobernador nombrado por el Director Supremo, Ambrosio Funes. Las relaciones de éste con Bulnes eran especialmente complicadas, ya que era su suegro. Una segunda sublevación de Bulnes, del 26 de enero de 1817, fue también sofocada por la reacción del gobierno nacional. En marzo de ese año asumía como gobernador el salteño Manuel Antonio Castro, nombrado por el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. La Rioja volvió a la obediencia del gobierno directorial de Córdoba.
Pero, en el interior de la provincia, permanecieron insurrectos varios caudillos federales, entre los que se destacó Felipe Álvarez, de Fraile Muerto, manteniendo la insurrección federal en el sur. Esto motivó el envío de una división del Ejército del Norte, al mando del coronel Juan Bautista Bustos.
[editar] La Liga de los Pueblos Libres
A principios de 1816, las milicias urbanas y rurales de Santa Fe se sublevaron, eligiendo gobernador a Mariano Vera el 31 de marzo. Álvarez Thomas lanzó en su contra una nueva invasión, pero el jefe de su vanguardia pactó con Vera y se retiró, causando la renuncia del Director Sustituto, que fue reemplazado por Antonio González Balcarce y poco después por Juan Martín de Pueyrredón. Éste exigió el sometimiento de Santa Fe; su propuesta fue rechazada, y las provincias del Litoral no estuvieron representadas en la Declaración de la Independencia de Argentina.
Pueyrredón lanzó una cuarta invasión sobre Santa Fe, que alcanzó a ocupar la ciudad durante 25 días antes de ser expulsada. Curiosamente, durante el año 1817 no hubo nuevas hostilidades.
En la Banda Oriental, Artigas pudo llevar adelante un gobierno progresista y democrático. Hizo profundas reformas sociales y repartió entre los pobres las tierras, el ganado y los bienes muebles de los emigrados.
Pero, a mediados de 1816, con la excusa de algunas correrías — reales o supuestas — de gauchos en el sur del Brasil, el rey de Portugal inició la invasión Luso-Brasileña a la Provincia Oriental. Pueyrredón no hizo nada por defender a la provincia invadida, y llegó a pactar con el jefe invasor. A mediados de 1817, los portugueses lograron capturar Montevideo; Artigas y sus fuerzas resistieron aún tres años más en el interior de la provincia, luchando decenas de combates.
En 1818 hubo nuevas ofensivas directoriales: la Segunda guerra entre el Directorio y Artigas en Entre Ríos constó de tres ofensivas desde el río Paraná sobre esa provincia, con apoyo de algunos caudillos menores. Pero el nuevo jefe de los federales de esa provincia, Francisco Ramírez, los venció con llamativa facilidad. No era el gobernador, sino el comandante de Concepción del Uruguay, subordinado de Artigas, pero controlaba la situación militar de Entre Ríos y organizaba sus montoneras en forma eficaz.
Por su parte, la provincia de Corrientes se vio sacudida por desavenencias entre los mismos federales, solucionadas por la ocupación de la capital por cacique guaraní Andrés Guazurary, ahijado de Artigas y el marino irlandés Pedro Campbell.
El gobernador santafesino Mariano Vera fue derrocado por los partidarios más exaltados de Artigas en julio de 1818. Como éstos no lograron formar un gobierno, el coronel Estanislao López, jefe de las milicias rurales, ocupó la ciudad el 23 de julio y se nombró a sí mismo gobernador. Más tarde sería electo por el cabildo y tendría un enorme apoyo popular.
En respuesta, Pueyrredón envió a finales de 1818 un ejército de 5.000 hombres al mando de Juan Ramón Balcarce.[8] Balcarce logró ocupar fugazmente la capital provincial, pero se vio obligado a retroceder, saqueando la provincia. Simultáneamente avanzó la columna del Ejército del Norte comandada por el coronel Bustos para tomar entre dos fuegos a López, pero éste lo atacó en Fraile Muerto y lo dejó sin caballos. A continuación obligó a Balcarce a evacuar Rosario. En venganza, Balcarce incendió Rosario.
Poco después, el general Viamonte intentaba una nueva invasión, pero López repitió su estrategia: atacó a Bustos en La Herradura y, como no logró vencerlo, lo obligó a retroceder avanzando hacia Córdoba. Luego giró hacia el sur y se presentó frente a las fuerzas de Viamonte en Coronda, obligándolo a retirarse nuevamente a Rosario, donde ambos acordaron una tregua que duraría unos ocho meses.
[editar] La Anarquía del Año XX
[editar] Se inicia la anarquía
En junio de 1819, el Congreso eligió como Director Supremo al general Rondeau. Éste pidió ayuda a los portugueses para combatir a los federales y ordenó a San Martín regresar con su ejército desde Chile para atacar Santa Fe, pero éste desobedeció abiertamente. En cambio, el Ejército del Norte, comandado por Francisco Fernández de la Cruz, se dirigió hacia el sur. Pero el general Bustos dirigió el llamado motín de Arequito, por el que el Ejército del Norte se negó a continuar la guerra civil.[9] A continuación regresó a Córdoba, donde el gobernador Castro fue reemplazado por José Javier Díaz. Poco después hubo elecciones, por las cuales fue electo gobernador Juan Bautista Bustos; parte del primer federalismo cordobés pasó a la oposición.[10]
Antes de estos hechos, el 11 de noviembre de 1819, había sido derrocado el gobernador tucumano, reemplazado por el general Bernabé Aráoz. Casi simultáneamente con el motín de Arequito, estalló en San Juan una rebelión de las tropas del Ejército de los Andes, que inició un proceso de caos político que llevó a la disolución de la provincia de Cuyo.
A fines de enero, Francisco Ramírez y Estanislao López invadieron la provincia de Buenos Aires, derrotando a Rondeau en la Batalla de Cepeda. Ésta causó la disolución del Congreso y la renuncia de Rondeau.
En su lugar, fue electo gobernador de la provincia Manuel de Sarratea, que firmó con los líderes federales el Tratado del Pilar. Por éste, cada provincia asumía su soberanía en forma absoluta, dejaba de existir un gobierno nacional, y se llamaba a un congreso a reunirse en San Lorenzo para sancionar una constitución y formar un gobierno, naturalmente federal. Por una cláusula secreta se acordaba la entrega de armamento a los ejércitos federales.
Unos días antes de la batalla de Cepeda, el 29 de enero, Artigas había sido derrotado en la batalla de Tacuarembó y había evacuado la Banda Oriental hacia Corrientes. Por eso, Ramírez y López y no firmaron el Tratado como sus subordinados, sino como gobernadores autónomos.
Los generales Soler y Balcarce derrocaron a Sarratea, colocando al segundo como gobernador. Pero los caudillos federales lo forzaron a dimitir una semana después. López y Ramírez a sus provincias, y en su ausencia, se sucedieron como gobernadores Sarratea, Alvear y Ramos Mejía.
[editar] Nuevas guerras en el Litoral
Artigas no aceptó el Tratado del Pilar, que lo dejaba de lado y posponía indefinidamente la recuperación de su provincia, acusando a Ramírez de traición. La invasión de Artigas a Entre Ríos, inició la Guerra entre Artigas y Ramírez: tras algunos triunfos de parte de Artigas, Ramírez lo derrotó en una serie increíble de victorias, persiguiéndolo hacia el norte. Finalmente, el fundador del federalismo argentino fue obligado a asilarse en Paraguay, alejándose para siempre de la política.
Por su parte, Estanislao López, acompañado de Alvear y del general chileno José Miguel Carrera, volvió a invadir Buenos Aires al frente de 1.200 hombres. El general Soler se hizo elegir gobernador y partió a enfrentarlo, pero fue completamente derrotado en la Cañada de la Cruz, el 28 de junio de 1820.
Soler renunció al gobierno, para el cual fue nombrado Manuel Dorrego, que también salió a campaña contra López. Tuvo un poco más de suerte que su antecesor, ya que logró derrotar a las fuerzas de Alvear y Carrera en San Nicolás de los Arroyos y luego al mismo López en Pavón. Pero, abandonado por los jefes de las milicias rurales porteñas – Martín Rodríguez y Juan Manuel de Rosas – fue obligado a retroceder por las estrategias guerrilleras del gobernador santafesino. El 2 de septiembre, éste lo derrotó completamente en la sangrienta batalla de Gamonal.
Poco después era electo gobernador Martín Rodríguez. Éste debió vencer una breve revolución dirigida por el coronel Manuel Pagola, cosa que logró con ayuda de Rosas.
Mientras tanto, el general Carrera se unió a los caciques ranqueles en el saqueo de algunos pueblos de la provincia, para reunir así medios de volver a Chile. Allí pensaba derrocar a O'Higgions. Insólitamente, el gobernador Rodríguez respondió a esos ataques lanzando una campaña contra los indios del sur de la provincia, que nada tenían que ver, y que causó una sangrienta serie de represalias de parte de los indígenas. De regreso de su campaña al sur, Rodríguez y Estanislao López firmaron el 24 de noviembre el Tratado de Benegas, en que medió el gobernador Bustos. Por el mismo se acordaba la reunión de un Congreso Federal en Córdoba, y una fuerte indemnización de Buenos Aires a Santa Fe, encargando su provisión a Rosas.
[editar] Campañas finales de Ramírez y Carrera
El 29 de septiembre de 1820, después de expulsar a Artigas, Ramírez había fundado la República de Entre Ríos[11] Indignado por haber sido dejado de lado por el Tratado de Benegas, Ramírez decidió invadir la provincia de Buenos Aires; Santa Fe era aliada de ésta, de modo que la invadió en primer lugar. Cruzó el río Paraná y se estacionó en Coronda, esperando allí que se le uniera el coronel Mansilla. Pero éste decidió traicionarlo para no atacar su provincia, y se retiró de vuelta a Entre Ríos.[12]
D todos modos, Ramírez derrotó – dos veces en unos días – al coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, al servicio de Buenos Aires. López incorporó los restos de su fuerza a las santafesinas, con las cuales derrotó a Ramírez el 26 de mayo, obligándolo a huir con menos de 300 hombres hacia Córdoba.
Mientras tanto, Carrera había invadido Córdoba, derrotando al gobernador Bustos en Chaján. De allí pasó a San Luis, donde logró un rápido triunfo, pero retrocedió hacia el sur de Córdoba para unirse a Ramírez y al caudillo local Felipe Álvarez. Atacaron a Bustos en Cruz Alta, pero no pudieron derrotarlo, de modo que se separaron: Ramírez intentaría volver a Entre Ríos por el Chaco y Carrera a Chile.
Sobre la costa del río Tercero, Ramírez se unió al general Carrera, y juntos atacaron al gobernador cordobés Bustos en Cruz Alta. Pero éste se había atrincherado eficazmente, y no pudieron sacarlo de su posición defensiva.
El entrerriano intentó pasar entre las fuerzas cordobesas y santafesinas que lo perseguían, pero fue derrotado el 10 de julio en la batalla de Río Seco, cerca de Villa de María y de San Francisco del Chañar, y ultimado en la huida. La cabeza de Ramírez fue llevada a López, que la hizo embalsamar para exhibirla en una jaula.
Por su parte, Carrera derrotó al general Bruno Morón en Río Cuarto e invadió San Luis. Después pasó a Mendoza, pero fue derrotado por el coronel José Albino Gutiérrez, en la batalla de Punta del Médano. Fue fusilado en Mendoza el 4 de septiembre de 1821, acompañado por Felipe Álvarez.
[editar] La paz en el Litoral
El gobernador delegado de Ramírez era su medio hermano Ricardo López Jordán (padre), pero fue derrocado por el coronel Mansilla el 23 de septiembre de 1821. López Jordán fue vencido un mes más tarde y obligado a expatriarse en Paysandú.[13] La República fue dada por desaparecida.
El 22 de enero de 1823 se firmó el Tratado del Cuadrilátero entre Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, en el cual, por presión del ministro porteño Bernardino Rivadavia, se dejaba sin efecto el congreso federal de Córdoba, que ya estaba reunido. El gobierno de Mansilla fue casi una intervención porteña en Entre Ríos; los partidarios de López Jordán hicieron un último intento de rebelión en Concepción del Uruguay en mayo de 1822, pero fueron derrotados. Desde entonces, si bien Entre Ríos no obtuvo estabilidad política, al menos se mantuvo en paz por varios años, tanto a lo largo del gobierno de Mansilla, como durante el de su sucesor, Juan León Solas.
También Corrientes se separó de la fenecida República de Entre Ríos, y se mantuvo en paz durante los gobiernos de Juan José Fernández Blanco y Pedro Ferré.
La provincia de Santa Fe, la más castigada por la guerra civil hasta entonces, pudo disfrutar de una década de paz.
[editar] Caos en Cuyo y La Rioja
La revolución iniciada en San Juan por Mendizábal había desembocado en un absoluto caos. El Batallón de Cazadores marchó hacia Mendoza, dirigido por el coronel Del Corro, pero fue derrotado por una avanzada dirigida por el general Rudecindo Alvarado. De todos modos, esto causó la renuncia del gobernador Toribio de Luzuriaga. En San Luis, el cabildo depuso en forma pacífica a Vicente Dupuy, reemplazándolo por José Santos Ortiz, que gobernó casi toda esa década.
En La Rioja, al saberse de la disolución del Directorio, el 1ro de marzo de 1820 había asumido el gobierno el general Francisco Ortiz de Ocampo, que expulsó a los miembros de la familia Dávila. Semanas más tarde, la provincia era invadida por Del Corro, que fue derrotado cerca de Patquía. El vencedor ocupó La Rioja, pero fue expulsado al poco tiempo por el comandante del Departamento de la Sierra de los Llanos, Facundo Quiroga, al frente de una división de 80 hombres. Fue la primera victoria del famoso caudillo. La mayor parte de las tropas de Del Corro fue incorporada al ejército provincial riojano y participarían en las siguientes guerras civiles como "Auxiliares de los Andes". Todavía Del Corro logró reunir un pequeño grupo con el que pretendió cruzar la provincia de Tucumán, pero fue vencido por las fuerzas del gobernador Aráoz.
El coronel Nicolás Dávila asumió el gobierno riojano y gobernó en paz por dos años. Hacia el final de su gobierno se enfrentó con la legislatura, que llamó en su ayuda a Quiroga. Éste derrotó a Dávila en la batalla de El Puesto y fue electo gobernador. Renunciaría tres meses después, y desde entonces gobernó la provincia de hecho, desde el cargo de comandante de armas.
En Córdoba, una revolución contra Bustos, dirigida por el futuro general José María Paz fue vencida en una escaramuza. El mismo Paz parece haberla fracasar por su desprecio a las montoneras que participaban en ella.
[editar] La República de Tucumán y su disolución
Poco después de la revolución que lo había llevado al poder, Bernabé Aráoz proclamó la República de Tucumán, a la que dio una constitución.[14] Pero ésta no fue aceptada en Santiago del Estero, cuyo cabildo llamó en su defensa al jefe de la frontera del Chaco, coronel Juan Felipe Ibarra, que fue electo gobernador el 31 de marzo y declaró formalmente la autonomía de la provincia. Aráoz protestó, discutió y lanzó amenazas, pero recién el 27 de abril del año siguiente — con ocho meses de atraso — envió una expedición a ocupar Santiago del Estero; ésta fue derrotada por Ibarra.
El caudillo santiagueño había ayudado a llegar hasta Salta al coronel Alejandro Heredia, al frente de algo menos de la mitad del Ejército del Norte, con lo que se ganó el apoyo de Güemes. Éste intentaba lanzar una nueva campaña al Alto Perú, para lo que contaba con sus gauchos y los hombres que había traído Heredia. Pero el gobernador tucumano se negó a entregarle las armas del Ejército del Norte tomadas en noviembre de 1819. En respuesta, Güemes atacó a Aráoz:
Fuerzas salteñas ocuparon Catamarca, mientras Heredia e Ibarra marcharon sobre Tucumán. En la batalla de Rincón de Marlopa, del 3 de abril de 1821, los tucumanos bajo el mando del coronel Abraham González derrotaron completamente a los salteños y santiagueños. En ese momento, Güemes se enteró de que había sido depuesto por una revolución de las clases altas en Salta. Regresó a su ciudad y retomó el gobierno sin problemas.
Aráoz logró recuperar también Catamarca; pero el 5 de junio, por medio del Tratado de Vinará, reconocía la autonomía de Santiago del Estero.
El 25 de febrero de 1821, también Catamarca declaró su autonomía. Tras un turbulento y breve gobierno de Nicolás Avellaneda y Tula,[15] asumió el gobierno el líder federal Eusebio Gregorio Ruzo. Algunos de los jefes adictos a Avellaneda, como Manuel Gutiérrez, debieron pasar un tiempo en el exilio bajo la protección de Aráoz.
[editar] Muerte de Güemes y anarquía en Tucumán
Unos días después del Tratado de Vinará, la última invasión de los realistas lograba ocupar Salta y causar la muerte de Güemes, pero fueron expulsados unas semanas más tarde. Asumió el mando el partido que había sido oposito de Güemes,[16] que nombró gobernador a José Antonio Fernández Cornejo.
El 22 de septiembre, los miembros de la “Patria Vieja” — es decir, el partido que siempre había sido leal a Güemes — derrocaron a Cornejo por medio de una sangrienta revolución. En su lugar colocaron al general José Ignacio Gorriti, que hizo un gobierno de unión: nombró al federal Pablo Latorre comandante de armas, y a Fernández Cornejo de teniente de gobernador de Jujuy. De todos modos tuvo que vencer una revolución en su contra en diciembre.
En Tucumán, Aráoz fue derrocado el 28 de agosto de 1821 por sus propios oficiales dirigidos por el general Abraham González, que asumió el gobierno con apoyo del cabildo. Logró mantenerse en el poder unos meses, pero fue derrocado por una violenta revolución el 8 de enero de 1822. En su lugar fue electo Javier López, líder de las milicias urbanas.[17] De allí en adelante, la provincia fue sacudida por una seguidilla de revoluciones, batallas y saqueos que llevaron alternativamente al gobierno a Bernabé Aráoz, a su primo Diego Aráoz, a Javier López y a Nicolás Laguna.[18] Con el paso del tiempo se formaron dos partidos: el de López y el de Aráoz, cada uno decidido a vencer completamente al otro.
Tras un largo gobierno – casi un año – de Bernabé Aráoz, Javier López logró expulsarlo el 5 de agosto de 1823 hacia Salta, donde no tenía aliados. Allí siguió conspirando, pero fue arrestado y enviado a Tucumán por orden del gobernador Arenales. Fue fusilado en Trancas el 24 de marzo de 1824. Con esto quedó sellada en Tucumán la paz, que duraría casi dos años.
[editar] Consecuencias de las primeras guerras civiles
Como consecuencias de estas primeras y largas guerras civiles, que duraron casi diez años, se pueden mencionar:
- La caída del gobierno del Directorio.
- La autonomía de las provincias argentinas, que ya no dependerían de la de Buenos Aires.
- La igualación, al menos teórica, de los derechos de autogobierno de los pueblos de cada una de estas provincias.
- La autonomía nominal de la Provincia Oriental; ésta no podía ser aplicada, porque se encontraba invadida por Portugal. Cuando fuera nuevamente aplicada, por medio de la Guerra del Brasil y los tratados que le dieron fin, se convertiría en la Independencia absoluta de la República Oriental del Uruguay.
- El régimen federal de gobierno para toda la Argentina. Éste sería ignorado aún unos años por los unitarios, pero finalmente prevalecería.
Pero éstas fueron sólo las primeras guerras civiles argentinas. La definitiva configuración política de la Argentina obligaría a las provincias a combatir entre sí durante otros sesenta años, hasta la pacificación definitiva en 1880.
[editar] Guerra entre Quiroga y Lamadrid
[editar] El Congreso de Buenos Aires y los primeros problemas en el interior
En 1824 se reunió en Buenos Aires el Congreso, firmemente controlado por los porteños. Su misión era sancionar una constitución, pero la campaña de los Treinta y Tres Orientales en la Banda Oriental, que dio inicio a la Guerra del Brasil, obligó a crear un ejército nacional. Para financiarlo y dirigirlo, el mismo Congreso creó el cargo de Presidente de la República Argentina, para el que fue electo el líder del partido unitario, Bernardino Rivadavia. No sólo se dedicó organizar la guerra del Brasil, sino que también tomó decisiones sobre asuntos que, hasta entonces, habían sido privativos de cada provincia.
A poco de iniciado su gobierno, Rivadavia disolvió el gobierno de la provincia de Buenos Aires, perdiendo con ello el apoyo de los estancieros porteños. Además profundizó las medidas que había tomado durante el gobierno de Martín Rodríguez, incluyendo una moderada tolerancia religiosa y el firme control sobre la iglesia católica local. En los círculos conservadores del interior del país, estas medidas fueron interpretadas como "herejías".
Los primeros problemas en el interior comenzaron en la provincia de San Juan, donde el gobernador Salvador María del Carril intentó imitar las reformas de Rivadavia. Fue derrocado por una revolución dirigida por clérigos en julio de 1825 y obligado a huir a Mendoza. Allí logró el apoyo del gobernador unitario Juan de Dios Correas, que había llegado al poder poco antes, por medio de una revolución dirigida por su pariente poítico Juan Lavalle. Éste envió una expedición que, al mando del coronel José Félix Aldao — que sería en el futuro uno de los más destacados caudillos federales — derrotó a los rebeldes en septiembre de 1825, devolviendo el gobierno a los unitarios.
En Catamarca, hacia el final del gobierno de Ruzo hubo un serio enfrentamiento entre dos comandantes que aspiraban al gobierno: Manuel Antonio Gutiérrez y Marcos Antonio Figueroa. La legislatura decidió conservar la paz ante todo, y — con la garantía del comandante riojano Facundo Quiroga — logró un arreglo entre los contendientes, por el que Gutiérrez fue electo gobernador en julio de 1825. Su gobierno era dirigido por el hacendado Miguel Díaz de la Peña — unitario y partidario de Rivadavia — que lo convenció de eliminar de la legislatura a los opositores federales.[19]
[editar] Comienzo de una guerra civil
A principios de 1826 apareció en Catamarca el coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid, enviado por Rivadavia a reunir el contingente militar que debía participar en la Guerra del Brasil. Gutiérrez lo convenció de volver a Tucumán, donde derrocó a Javier López, que había hecho fusilar a su tío Bernabé Aráoz. López estaba en el sur de la provincia, y a su regreso fue derrotado por Lamadrid en la batalla de Rincón de Marlopa, en las afueras de la capital. En Catamarca, Figueroa y Facundo Quiroga derrocaron a Gutiérrez. Éste llamó en su ayuda a Lamadrid, que regresó a Catamarca y derrotó a Figueroa en agosto de 1826.
Facundo Quiroga tenía varias razones simultáneas para lanzarse a la guerra: en primer lugar, era el principal accionista de una empresa que explotaba las minas del Cerro de Famatina, pero el presidente Rivadavia era el gestor de una empresa rival, a la cual adjudicó — en su carácter de presidente de la República — los derechos exclusivos sobre los mismos yacimientos. También estaba muy alarmado por los avances anticlericales del gobierno de Rivadavia, y contra las pretensión del Congreso de imponer por la fuerza la constitución unitaria de 1826.
Por su parte, Rivadavia financió al ejército de Lamadrid, a quien encargó eliminar la resistencia de los jefes federales del norte, Facundo Quiroga, Juan Bautista Bustos y Felipe Ibarra. La traición de Gutiérrez le dio la razón final para lanzarse al ataque. En octubre de 1826 invadió Catamarca y repuso a Figueroa en el gobierno. Como Lamadrid saliera en su defensa, lo derrotó en la batalla de El Tala, del 27 de octubre, en el límite norte de Catamarca. Éste fue dado por muerto, y Quiroga ocupó la capital de la provincia, abandonándola a los pocos días.[20]
Poco tiempo después, Facundo regresó hacia su provincia, adelantándose a la orden de Rivadavia de atacarlo desde el sur. El coronel Aldao desarmó a los unitarios mendocinos, ayudando al general Juan Rege Corvalán a asumir el gobierno de esa provincia. Simultáneamente, Quiroga invadió San Juan, donde la legislatura decidió no combatirlo y nombró gobernador a un pariente suyo.
[editar] Segunda campaña de Quiroga
Mientras tanto, en Tucumán, Lamadrid había salvado su vida y recuperado el gobierno. Para vengarse de los federales, envió al coronel Francisco Bedoya a invadir Santiago del Estero. Pero el gobernador Ibarra lo dejó ocupar la capital y lo sitió, dejándolo sin víveres y obligándolo a retirarse una semana más tarde. Por su parte, en Catamarca, Gutiérrez volvió a ocupar el gobierno. Poco tiempo después, el gobernador salteño Arenales fue derrocado por el coronel Francisco Gorriti, que unos días más tarde derrotó en Chicoana a Bedoya, que resultó muerto. El 8 de febrero de 1827, Arenales huyó hacia Bolivia y Gorriti volvió a asumir el gobierno provincial.
Lamadrid invadió Santiago del Estero, derrotando a Ibarra; pero igualmente debió abandonar la provincia, e Ibarra volvió al gobierno acompañado por Facundo Quiroga. Desde allí, los federales ocuparon Catamarca y marcharon sobre Tucumán. Quiroga derrotó por segunda vez a Lamadrid en la batalla de Rincón de Valladares, cerca de la capital de la provincia, el 6 de julio de 1827. Lamadrid huyó a Bolivia, mientras el riojano ocupaba la ciudad y la sometía al pago de fuertes reparaciones de guerra. Al dejar la provincia, asumió el gobierno el federal Nicolás Laguna.
A fines de 1827, todas las provincias estaban en manos de miembros del partido federal — después de la renuncia de Rivadavia, gobernaba la provincia de Buenos Aires Manuel Dorrego — excepto la provincia de Salta.
[editar] Guerra entre unitarios y federales: 1828-1831
[editar] La revolución de Lavalle y su fracaso
Pese al éxito de la campaña terrestre durante la Guerra del Brasil, el bloque marítimo llevó a un desafortunado tratado de paz firmado por el enviado de Rivadavia, que le costó a éste el puesto y al Congreso su desaparición. Buenos Aires reconquistó su autonomía provincial y fue electo gobernador Manuel Dorrego, que se entendió con los dirigentes federales del interior, los cuales le delegaron la responsabilidad por el ejército en campaña y las relaciones exteriores. En reemplazo del Congreso, se reunió en Santa Fe una "Convención Nacional" para sentar las bases constitucionales del país.
Pero Dorrego, debido a la falta de fondos y la presión inglesa, se vio obligado a firmar una que incluía la independencia de la Provincia Oriental como República Oriental del Uruguay. Los oficiales del ejército, sintiéndose ultrajados, decidieron deponer a Dorrego. El general Juan Lavalle llevó de regreso la mitad del ejército a Buenos Aires, y el 1 de diciembre de 1828 derrocó a Dorrego, haciéndose elegir gobernador por una reunión de sus partidarios.
Pero Dorrego se retiró al sur de la provincia, donde contaba con el apoyo de las milicias rurales del coronel Juan Manuel de Rosas. Hasta allí fue a buscarlo Lavalle, que lo derrotó en la batalla de Navarro y pocos días después, instigado por sus aliados unitarios, ordenó su fusilamiento. Rosas se trasladó a la provincia de Santa Fe, cuyo gobernador, Estanislao López, se puso al frente de una campaña para deponer a Lavalle.
En el interior de la provincia de Buenos Aires se formaron montoneras federales, que fueron perseguidas por los coroneles Isidoro Suárez, Federico Rauch — que fue derrotado y ejecutado — y Ramón Bernabé Estomba, que enloqueció. Poco después, Lavalle apoyó la invasión del general José María Paz a Córdoba.
Lavalle invadió Santa Fe, pero López lo desgastó sin combatirlo y lo obligó a retroceder hacia el sur, derrotándolo — junto con Rosas — en la batalla de Puente de Márquez.
Rosas sitió a Lavalle dentro de la ciudad de Buenos Aires, obligándolo a negociar con él. El resultado fue la Convención de Cañuelas, por la que se llamaba a elecciones, en las que debía presentarse solamente una lista "de unión". Pero algunos unitarios hicieron fracasar las elecciones y el sitio fue restablecido. Lavalle firmó con Rosas el Pacto de Barracas, por el que fue electo gobernador el general Juan José Viamonte. Éste convocó a la legislatura disuelta por Lavalle, que el 8 de diciembre eligió gobernador a Juan Manuel de Rosas. Le concedió a éste, además, "todas las facultades ordinarias y extraordinarias que crea necesarias, hasta la reunión de una nueva legislatura.
Comenzaba la llamada "época de Rosas".
[editar] Invasión de Paz a Córdoba
Después del fusilamiento de Dorrego, el general José María Paz invadió la provincia de Córdoba al frente de unos 1.000 hombres. Allí gobernaba aún el general Bustos, su compañero en el motín de Arequito y su enemigo del año 1821. Éste abandonó la capital ante su avance y se fortificó en San Roque, a las puertas de las Sierras de Córdoba. Pidió ayuda a Facundo Quiroga y, para ganar tiempo, nombró a Paz gobernador interino e inició tratativas con él.
Pero Paz se le adelantó y lo derrotó el 22 de abril de 1829 en la batalla de San Roque. Regresó a la capital y se hizo elegir gobernador titular por una alianza de antiguos unitarios y viejos autonomistas de la época de José Javier Díaz. Pero los comandantes del norte y el oeste de la provincia se negaron a reconocerlo como gobernador.
Se comunicó con los gobernadores de Javier López, de Tucumán, y José Ignacio Gorriti, de Salta. El primero se trasladó hasta Córdoba con una división, mientras el segundo invadió Catamarca y La Rioja. En ausencia de Quiroga, ocuparía la capital de esa provincia.
Bustos se refugió en la provincia de La Rioja y regresó un mes más tarde como segundo en el ejército de Quiroga. Éste se trasladó hacia el Valle de Traslasierra y de allí hacia el sur, para incorporar las fuerzas puntanas y mendocinas que comandaba el general Aldao. Esto engañó a Paz, que abandonó la capital marchando hacia el sur. Quiroga apareció frente a la ciudad y la ocupó; pero, para no ensangrentar su población, slaió de allí para enfrentar a Paz en la batalla de La Tablada, el 22 de junio. La batalla terminó con una completa victoria de Paz. Pero, para su sorpresa, Quiroga reunió a sus hombres y lo volvió a atacar a la madrugada siguiente; de todos modos, fue nuevamente derrotado. Paz recuperó la capital provincial, donde el coronel Román Deheza ordenó fusilar decenas de prisioneros.
Quiroga retrocedió a La Rioja, donde reprimió duramente a quienes habían apoyado la invasión de Gorriti.
Paz envió partidas militares al mando de Pedernera, Lamadrid y Pringles a "pacificar" el oeste y el norte de la provincia, donde sus oficiales cometieron toda clase de excesos y atropellos.Hubo una breve revolución unitaria en San Luis, pero fue rápidamente sofocada. También en Mendoza hubo una reacción del partido unitario, por la que el coronel Juan Agustín Moyano nombró gobernador al general Rudecindo Alvarado, ex colaborador de San Martín. Pero fue derrotado en la la batalla del Pilar por Aldao, que regresaba de Córdoba y fusiló a los vencidos en represalia por el asesinato de su hermano. Sólo Alvarado salvó su vida.
Facundo Quiroga reunió nuevamente y avanzó hacia Córdoba dividiendo su ejército en dos columnas: la más adelantada invadió la provincia desde el sur, pero la otra se retrasó defendiendo Catamarca. Por ello fue derrotado el 25 de febrero de 1830 en la batalla de Oncativo, también llamada de Laguna Larga. Quiroga huyó a Buenos Aires y Aldao fue capturado.
[editar] La Liga del Interior y el Pacto Federal
Entonces Paz envió divisiones de su ejército a las provincias que habían apoyado a Quiroga: a Mendoza envió al coronel José Videla Castillo, que se hizo nombrar gobernador. En Catamarca, San Juan y San Luis, varios jefes federales secundarios fueron arrollados por el rápido avance unitario. El gobernador riojano, general Villafañe, debió huir a Chile. Paz envió a esa provincia al general Lamadrid, que se dedicó a saquear violentamente la provincia. Incluso obligó a la madre de Facundo a barrer la plaza de la ciudad. También Santiago del Estero fue dominada por el general Deheza, pero éste nunca logró afirmarse en el gobierno.
Una vez cambiados los gobiernos enemigos por otros adictos, Paz convocó a sus representantes, con los que firmó un tratado general, la llamada Liga del Interior. Ésta proclamaba la fracasada Constitución Argentina de 1826, de corte netamente unitario, y nombraba a Paz "Jefe Supremo Militar"; las provincias quedaban completamente sometidas a su autoridad.
El general Lavalle había emigrado a Uruguay, desde donde regresó para derrocar al gobernador santafesino con la ayuda de López Jordán. Si bien éste logró capturar la capital de la provincia, lo hizo en nombre de los federales, por lo que Lavalle lo abandonó; López Jordán duró apenas un mes en el gobierno. En marzo de 1831 lo volvieron a intentar, pero fracasaron aún más estrepitosamente.
Las Cuatro provincias federales — Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes — firmaron el Pacto Federal, por el que se declaró la guerra a la Liga del Interior.[21]
[editar] Victoria federal
La dirección de la guerra quedó en manos de Estanislao López, que avanzó con sus tropas hacia la frontera de Córdoba, apoyando las rebeliones de los hermanos Reynafé en el norte de esa provincia. Rosas envió en su ayuda al ejército porteño, al mando del general Juan Ramón Balcarce.
El general Quiroga regresó a la lucha al frente de las tropas que le dio Rosas: 450 delincuentes de las cárceles. Con ellos avanzó hacia el sur de Córdoba.
A principios de 1831, el coronel Ángel Pacheco derrotó en la batalla de Fraile Muerto al coronel Pedernera. La mayoría los derrotados eran federales incorporados a la fuerza, que fueron incorporados al ejército de Quiroga. Con ese refuerzo, Quiroga ocupó la villa de Río Cuarto tras varios días de sitio, avanzó sobre San Luis y derrotó en dos batallas al coronel Pringles[22] A los pocos días entró en Mendoza, donde el 22 de marzo de 1831 derrotó al gobernador Videla Castillo en la batalla de Rodeo de Chacón. Debió dirigir la batalla desde el pescante de una diligencia, ya que el reuma no le permitía montar.
Quiroga se aseguró la elección de federales en los gobiernos de las provincias cuyanas, y apoyó la rebelión de Tomás Brizuela en La Rioja. De regreso a Mendoza, vengó el asesinato del general Villafañe, mandando fusilar veintiséis prisioneros. [23]
Mientras tanto, el general Paz confiaba en restablecer la situación en una gran batalla. Mientras se adelantaba para obligar a López a presentar combate, fue capturado por un tiro de boleadoras y llevado prisionero a Santa Fe.
Lamadrid asumió el mando del ejército y ordenó la retirada a su provincia, Tucumán, donde nombró "Supremo Jefe Militar" al general Alvarado, gobernador de Salta. Pero éste tenía sus propios federales para enfrentar y no le envió ayuda. Después de una complicada campaña en Catamarca, Quiroga derroto por tercera vez a Lamadrid en la batalla de La Ciudadela, del 4 de noviembre de 1831.[24] Lamadrid y la mayor parte de sus oficiales huyeron a refugiarse en Bolivia.
El gobierno cordobés pasó a las manos del comandante miliciano José Vicente Reinafé, partidario de Estanislao López. López también logró colocar como gobernador de Entre Ríos a Pascual Echagüe, su ministro hasta entonces, que llevó la paz a una provincia muy inestable.
En Tucumán fue electo gobernador el federal Alejandro Heredia, y Alvarado prometió entregarle el poder al caudillo salteño Pablo Latorre; de todos modos, éste debió derrotar a sus enemigos en la batalla de Cerrillos, en febrero de 1832, para ocupar el gobierno.
Todo el país estaba, por primera vez, en manos de gobernantes federales.
[editar] Conflictos entre federales en la década del 30
[editar] Fracaso del proyecto de constitución federal
La victoria total del Partido Federal significaba la primera oportunidad histórica para éste de organizar la Argentina a su manera. Si las provincias lograban ponerse de acuerdo, simplemente debían sancionar una constitución enteramente federal y organizar su gobierno.
Las influencias políticas predominantes eran las de Facundo Quiroga, con decisiva influencia en las provincias cuyanas, y el noroeste, Estanislao López, en las de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, y con gran influencia en Corrientes y Santiago del Estero, y Rosas, en Buenos Aires.
En Santa Fe se reunió la "Comisión Representativa" de diputados de todas las provincias, y todas ellas suscribieron el Pacto Federal. Pero Rosas – convencido de que las provincias debían organizarse internamente antes de sancionar una organización nacional, y deseoso de conservar la preeminencia económica de Buenos Aires a través del control de su Aduana – trató de convencer a los demás gobernadores y diputados de su posición. Aprovechó las rivalidades entre Quiroga y López para indisponer a los gobiernos provinciales unos con otros: una imprudente carta del diputado correntino Manuel Leiva le dio la oportunidad para retirar los diputados porteños de la Comisión. Su ejemplo fue seguido por casi todas las provincias.[25]
La organización constitucional fue aplazada indefinidamente, y toda la organización que el país conservó fue la mera delegación de las relaciones exteriores en el gobernador porteño.
[editar] La Revolución de los Restauradores
El primer gobierno de Rosas terminó el 17 de diciembre de 1831. En su lugar fue electo el general Juan Ramón Balcarce, héroe de la Guerra de Independencia, mientras Rosas organizaba una Campaña al Desierto, para debilitar las fuerzas de los indígenas del sur y, en lo posible, ganar tierras.
Balcarce aprovechó su ausencia para debilitar el control de Rosas y sus partidarios sobre el partido federal porteño y sobre el gobierno, reemplazándolo con federales moderados, a quienes los rosistas llamaban "lomos negros". En respuesta, los partidarios de Rosas organizaron la llamada "Revolución de los Restauradores", sitiando durante varios días a Balcarce dentro de la capital. La esposa de Rosas dirigía las acciones de agitación de las clases pobres de la población y organizaba la Sociedad Popular Restauradora y su brazo armado, la Mazorca. La mayor parte del ejército se unió a los sublevados, y el propio Rosas se pronunció por ellos.[26]
Balcarce renunció el 4 de noviembre de 1833. Su sucesor fue el general Juan José Viamonte, bajo cuyo gobierno la Mazorca atacó a los partidarios del gobierno depuesto. El partido federal no sólo no volvió a tolerar disidencias externas, sino que consideró como traición cualquier gesto de autonomía frente a Rosas. Muchos de los lomos negros más destacados emigraron a Montevideo; se unirían a los unitarios en su lucha contra Rosas a fines de esa década.
Viamonte renunció al año siguiente y, tras varias renuncias de Rosas a asumir el gobierno, fue electo Manuel Vicente Maza, el amigo del Restaurador, en carácter de interino.
[editar] Revolución y represión en Córdoba
Facundo Quiroga, que se consideraba injustamente desplazado de la influencia a que se creía con derecho en Córdoba, decidió apoyar a los opositores del gobernador de esa provincia. En septiembre de 1832, el comandante José Manuel Salas, junto con Juan Pablo Bulnes, Claudio María Arredondo - el yerno del fallecido ex gobernador Bustos - y los hijos de éste, se lanzó a la revolución contra los hermanos Reinafé. Fueron vencidos en un combate en las cercanías de la capital cordobesa.
Poco después de la campaña al desierto de 1833, el general José Ruiz Huidobro, comandante de la columna del centro, dirigió una nueva revolución contra los hermanos Reynafé: a mediados de junio, el coronel Del Castillo, comandante de la frontera sur de la provincia, marchó hacia la capital; también se les unió Arredondo, en el este de la provincia, y Ramón Bustos en el norte.
Pero la rápida reacción de Francisco Reinafé, jefe de las milicias del norte de la provincia, más la negativa de los comandantes del Río Tercero, Manuel López, y del Río Segundo, Camilo Isleño, desbarataron el plan. Del Castillo fue derrotado en una escaramuza en las afueras de Córdoba. El coronel Isleño cruzó rápidamente la sierra y alcanzó a los fugitivos en Yacanto, donde los derrotó completamente y tomó prisioneros a sus dirigentes. Serían fusilados poco después, con la única excepción de Arredondo. En el norte, también fue derrotado Ramón Bustos.
El general Ruiz Huidobro fue llevado a Buenos Aires, donde fue enjuiciado. Los hermanos Reynafé quedaron muy resentidos contra Quiroga – que estaba evidentemente detrás de todas estas conspiraciones – y se propusieron librarse de él en la primera oportunidad.
[editar] Guerra en el norte: la autonomía de Jujuy y el crimen de Barranca Yaco
A fines de 1832, el comandante Manuel Puch, partidario de los hermanos Gorriti, dirigió una sublevación en Salta. El gobernador Pablo Latorre debió huir, pero una semana más tarde, derrotó a Puch en la batalla de Pulares.
En agosto de 1833, el coronel Pablo Alemán, colaborador hasta entonces en el gobierno de Latorre, dirigió otra revolución en su contra. Fracasó y se refugió en Tucumán, bajo la protección del gobernador Alejandro Heredia. Aunque Latorre reclamó la entrega de Alemán, Heredia se negó a entregar a su amigo.
A mediados de 1834, Heredia intervino activamente en la política catamarqueña, apoyando al comandante Felipe Figueroa contra el gobernador, y logrando que Manuel Navarro ocupara su lugar.
En Tucumán, el dirigente unitario Ángel López – sobrino del general Javier López –intentó derrocar a Heredia. Fracasó y huyó a Salta. El gobernador salteño se vengó de la revolución de Alemán, ayudando a Ángel López y a su tío Javier a intentar una invasión a Tucumán. Pero éstos fracasaron y huyeron a Bolivia. Heredia reclamó por los gastos causados a su provincia por la invasión de los López, y avanzó hasta el límite con Salta, exigiendo la renuncia del gobernador Latorre. Éste pidió al gobernador porteño que intercediera entre ellos, pero la respuesta tardaría demasiado.
Ese momento de debilidad de Latorre fue aprovechado por la ciudad de San Salvador de Jujuy y su jurisdicción, que aún eran una dependencia de la de Salta. En noviembre de 1834, los dirigentes unitarios de esa provincia se pronunciaron por la autonomía en un cabildo abierto. El teniente de gobernador José María Fascio se unió a ellos y se hizo nombrar gobernador de la nueva provincia.
Entonces Heredia reclamó a Latorre que reconociera la autonomía jujeña, mientras enviaba a su hermano Felipe Heredia y a Alemán a invadir Salta.[27]
Latorre abandonó la capital provincial, y el gobernador delegado lo depuso. Pero las fuerzas militares estaban aún en sus manos, y con ellas enfrentó la invasión de Fascio desde el norte en la batalla de Castañares. El coronel Mariano Santibáñez fingió pasarse a las filas de Latorre y logró capturarlo. Los salteños se dispersaron.
Un grupo de dirigentes unitarios salteños depuso a Latorre y eligió en su lugar al anciano coronel José Antonio Fernández Cornejo, que reconoció la autonomía jujeña. Fascio regresó a Jujuy, dejando una pequeña escolta en Salta, al mando de Santibáñez, que unos días más tarde hizo asesinar a Latorre en su celda.
Latorre había pedido la intercesión Maza, el gobernador porteño, que envió al general Facundo Quiroga como mediador. Cuando Quiroga llegó a Santiago del Estero, se enteró de la derrota y muerte de Latorre. Desde allí ayudó a Heredia a colocar en el gobierno de Jujuy a Pablo Alemán, y en el de Salta a su hermano Felipe Heredia.
De regreso hacia el sur, y a poco de ingresar en la provincia de Córdoba, fue asesinado en el apartado paraje de Barranca Yaco por una partida comandada por el capitán Santos Pérez, enviado por los hermanos Reynafé.
La noticia del crimen conmovió a todo el país: Rosas fue llamado de urgencia a asumir el gobierno porteño y se le concedió la "suma del poder público", es decir, la dictadura más absoluta. No obstante, la legislatura siguió funcionando.
Los Reynafé intentaron responsabilizar al santiagueño Ibarra por la muerte de Quiroga, pero pronto quedó claro que eran ellos los responsables.
Poco después terminó el período de gobierno de José Vicente Reinafé, y en su lugar fue electo primeramente Pedro Nolasco Rodríguez, que intentó proteger a los Reynafé. Pero renunció ante la evidencia de su participación en el crimen; su sucesor, Sixto Casanova, arrestó a Santos Pérez y a los hermanos Reynafé que encontró. Poco después fue derrotado en el norte de la provincia Francisco Reynafé, que había logrado armar una montonera.
El 17 de noviembre, el comandante del Río Tercero, Manuel López, ingresó a la capital provincial y se hizo elegir gobernador. Envió a los hermanos Reynafé a Buenos Aires, para ser juzgados. Francisco, que había logrado huir, sería el único de los Reynafé que se salvaría de ser juzgado y ejecutado.
[editar] Herencia de Quiroga y hegemonía de Heredia en el norte
Poco tiempo después de la muerte de Quiroga, fue descubierta una conspiración en Mendoza, por la cual fue ejecutado el coronel Lorenzo Barcala. Era el protegido del ministro de gobierno de San Juan, y el general Aldao reclamó su entrega.
En una insólita reacción, el gobernador Martín Yanzón invadió con un pequeño ejército la provincia de La Rioja, con ayuda del comandante Ángel Vicente Peñaloza. Contaba con lograr una sorpresa, pero el general Tomás Brizuela lo derrotó en la batalla de Pango. Brizuela invadió San Juan, obligando a Yanzón a huir a Chile. En su lugar fue electo gobernador Nazario Benavídez, protegido de Rosas, que llegaría a ser un destacado caudillo durante más de 20 años. Meses después, también Brizuela asumía como gobernador de La Rioja.
A mediados de 1835, Javier López y su sobrino Ángel invadieron Salta desde el norte; cruzaron los Valles Calchaquíes y lograron ingresar en la provincia de Tucumán. Heredia los derrotó y ordenó su fusilamiento, " porque no he encontrado un punto seguro en la tierra para que en lo sucesivo no continúen haciendo males."
Una vez librado de los López, el caudillo tucumano invadió Catamarca, acusando a su gobierno de connivencia con ellos. Derrotó al comandante de armas catamarqueño Felipe Figueroa en la batalla de Chiflón, y en lugar de Navarro fue electo gobernador Fernando Villa