Revolución Argentina

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Generales Juan Carlos Onganía, Marcelo Levingston y Alejandro Lanusse, los tres dictadores sucesivos de la "Revolución Argentina" que ocuparon de facto el cargo de Presidente de la Nación Argentina.

Revolución Argentina es el nombre con el que se autodenominó la dictadura militar que derrocó al presidente radical Arturo Illia, mediante un golpe de Estado llevado a cabo el 28 de junio de 1966. La Revolución argentina no se presentó a sí misma como "provisional", como en todos los golpes anteriores, sino que pretendió establecerse como un nuevo sistema dictatorial de tipo permanente, posteriormente denominado Estado burocrático autoritario (EBA).

La alta conflictividad política y social generada durante la Revolución argentina y las luchas entre los diversos sectores militares produjeron dos golpes internos, sucediéndose en el poder tres dictadores militares: Juan Carlos Onganía (1966-1970), Roberto Marcelo Levingston (1970-1971) y Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973). Acosada por una insurrección popular creciente y generalizada, la dictadura organizó una salida electoral con participación del peronismo (aunque impidiendo la candidatura de Juan Domingo Perón), en 1973, en la que triunfó precisamente el candidato peronista Héctor J. Cámpora, con el 49,53% de los votos, quien a su vez renunció para permitir nuevas elecciones libres, en las que triunfaría Perón con el 62% de los votos.

El golpe[editar]

Arturo Illia abandonando la Casa de Gobierno luego de su derrocamiento. (Foto publicada por la Revista Gente).

El gobierno de Illia fue blanco de las críticas de muchos sectores, incluido el periodismo, que recurrió a la imagen de una tortuga para caracterizar la gestión del Presidente como timorata y falta de energía. Simultáneamente se resaltaba la personalidad de los militares, especialmente del general Juan Carlos Onganía, contraponiéndolo con la imagen de los políticos, alentándolos a intervenir como "salvaguarda de la Patria". El 28 de junio de 1966, la junta militar integrada por el teniente general Pascual Pistarini, el almirante Benigno Ignacio Varela y el brigadier general Adolfo Teodoro Álvarez, designan a Juan Carlos Onganía como presidente de la Nación Argentina. El mismo Juan Domingo Perón aplaudió el golpe desde Madrid, subrayando que el golpe de estado era "la única salida para acabar con el régimen corrupto que imperó en Argentina en los últimos tres años".[1]

Planificación[editar]

Finalmente para entonces, Estados Unidos, en el marco de la Guerra Fría, ya comenzaba a mover abiertamente la guerra sucia y la instalación de dictaduras militares permanentes en América Latina, impulsadas desde la Escuela de las Américas instalada en Panamá, dentro de la llamada "doctrina de seguridad nacional". Como primer paso de ese camino, las Fuerzas Armadas habían instalado en 1964 un gobierno militar permanente en Brasil al revocar al presidente João Goulart (Jango).

La confección del golpe que luego llevaría al poder a Onganía corrió por cuenta del Comandante del Primer Cuerpo del Ejército y posterior titular del Ejército, General de División Julio Alsogaray, con la anuencia del por entonces Comandante en Jefe del Ejército Argentino Teniente General Pascual Pistarini.

Causas[editar]

Las filas castrenses adherían a la doctrina de seguridad nacional, por medio de la cual las Fuerzas Armadas argentinas aseguraban defender valores nacionales de la agresión marxista, en forma de guerrilla y que se volvía xenofóbica mundialmente. De esta manera empezó la conspiración para tomar el poder y llevar el fin del incipiente comunismo.[2]

El gobierno de Arturo Illia debió afrontar la debilidad derivada de haber sido elegido en elecciones en las que el peronismo estuvo proscripto, por lo que una gran parte del electorado votó en blanco en un 19,72% y ganó por minoría. Si bien tenía la mayoría en el Senado, en Diputados era inferior.[3]

La falta de reconocimiento de legitimidad al gobierno de Illia por parte de los simpatizantes peronistas se vio agravada por un plan de lucha del movimiento obrero, afectado por la decisión del gobierno de sancionar modificaciones a la legislación sindical sin consultar a los sindicatos y tratar de dividirlo internamente para debilitar su monopolio de poder. Esto erosionó el frágil orden constitucional.[4]

En el año 1965 el gobierno convocó a elecciones legislativas eliminando todas las restricciones que pesaban sobre el peronismo en la etapa previa. En un intento de lograr legitimidad y poder la UCRP, mediante el aprovechamiento de la escisión que sufría el peronismo con Augusto Vandor, se propuso ganarle al peronismo para constituirse en el partido más fuerte. El peronismo presentó sus propias listas de candidatos y triunfó ampliamente en las elecciones con 3.278.434 votos contra 2.734.970 de la Unión Cívica Radical del Pueblo. El triunfo del peronismo agitó la situación interna de las Fuerzas Armadas. El descontento militar se combinó con una fuerte campaña de desprestigio, impulsada por sectores económicos conservadores que criticaban duramente ciertas políticas del gobierno radical, como la Ley de Medicamentos (Ley Oñativia), la política petrolera y cierta autonomía respecto a la posición de los Estados Unidos en política internacional.[4]

Existía fuerte apoyo al golpe desde sectores de la ciudadanía como la prensa conservadora, que hizo ver a su gestión de lenta e ineficiente y llegando a caricatutizarlo como una tortuga; un poder económico irritado por las medidas en los medicamentos y contratos petroleros; una mayoría de partidos políticos en oposición, excepto el radicalismo, el comunismo y los socialistas. También pesaba un considerable sector del movimiento sindical. Ante la presión de todas estas fuerzas sobre el gobierno, consiguieron debilitarlo y derrumbarlo en la opinión pública. El general «azul» empezó a verse como la «única vía para garantizar orden y autoridad». Toda esta coalición confió en el ejército para la "modernización y organización del país".[5]

Consumación[editar]

El 28 de junio de 1966 a partir de la hora 3.15 a.m. se produjo el golpe militar en medio de la indiferencia de la ciudadanía. El general Alsogaray se presentó a las 5 de ese día en el despacho presidencial e "invitó a retirarse" al Presidente. Éste se negó inicialmente, pero a las 19:20, al ver el despacho invadido por efectivos policiales con pistolas lanzagases y rodeada la Casa Rosada por las tropas, Illia optó por abandonar el sitio. Al día siguiente asumió Onganía.

Las cúpulas militares[editar]

Entre los años 1966 y 1973 hubo tres cúpulas militares sucesivas, integradas por los titulares.

Primera Cúpula Militar (1966-1968)[editar]
Segunda Cúpula Militar (1968-1972)[editar]
Tercera Cúpula Militar (1972-1973)[editar]

El Estado burocrático autoritario de 1966 a 1973[editar]

Durante estos años el país se rigió por el Estatuto de la Revolución Argentina, colocado al mismo nivel jurídico que la Constitución Nacional. Se eliminaba así la división de poderes tal como estaba prevista en la Constitución: Los poderes ejecutivos y legislativo se concentraban en el presidente. Este estaba facultado a nombrar gobernadores, los que a su vez ejercían poder ejecutivo y legislativo. Además los nuevos jueces designados para la Corte Suprema debían jurar priorizando sus disposiciones por sobre la Constitución. Bajo la premisa del control autoritario, la Junta se auto-designó poderes constituyentes.[6]

Las expectativas de un prolongado gobierno de los militares golpistas estaban reflejadas en una de sus más repetidas consignas: «la Revolución argentina tiene objetivos, pero no plazos». Se prohibieron los partidos políticos, así como todo tipo de participación política por parte de la ciudadanía; rigió en forma casi permanente el estado de sitio y se vieron cortados derechos civiles, sociales y políticos.

Objetivos de la revolución[editar]

Debían plasmarse transitando 3 tiempos para así lograr la estabilidad y eliminar el enemigo comunista:

  • Tiempo económico: buscaría destrabar el desarrollo industrial, facilitando la acumulación de los sectores modernos. Estos al disminuir los costos operativos, constituirían un aparato productivo más eficiente, acabando la inflación y recurrentes ciclos depresivos.
  • Tiempo social: una vez alcanzado el primero se buscaría redistribuir la riqueza, superando el carácter regresivo e inevitable de la etapa anterior y eliminando conflictos sociales.
  • Tiempo político: en última instancia del plan se llegaría a la apertura democrática para la sociedad en el marco de un incógnito sistema institucional distinto al vigente hasta 1966 sin antinomias de peronistas vs antiperonistas.

El gobierno de Onganía (1966-1970)[editar]

Tres gestiones se repartieron en este período. La primera fue conocida como el Onganiato, presidida por el general Juan Carlos Onganía, cabeza del golpe y representante de la vieja facción azul del Ejército. Onganía gobernó desde junio de 1966 a junio de 1970, cuando tuvo que entregar el poder debilitado por el Cordobazo y la marcha de la economía.

Su gobierno se caracterizó por un inicial período de estabilidad y crecimiento económico del 5% acompañado por una baja inflación, que fue alcanzado gracias al plan económico impulsado por Adalbert Krieger Vasena. Este plan se valía de una gran cantidad de medidas económicas tendientes a liberar los mercados y facilitar el camino para la llegada de importantes inversiones extranjeras. Sin embargo, fueron suprimidos los derechos gremiales y reprimidas las huelgas y actividades obreras. Del mismo modo el gobierno de Onganía fue caracterizado por una marcada intolerancia hacia las universidades argentinas, consideradas desde el gobierno como cunas de la subversión y el comunismo, llegándose a censurar las actividades de los centros de estudiantes. Una de las acciones más famosas de su presidencia se conoció como la Noche de los bastones largos, ocurrida el 29 de julio de 1966, operativo en el cual fuerzas policiales irrumpieron en las universidades desalojando tanto a profesores como alumnos; lo que provocó que numerosos docentes, intelectuales e investigadores de las universidades nacionales se exiliaran del país.

En junio de 1970 el presidente militar Onganía fue reemplazado por la Junta de Comandantes en Jefe de las tres fuerzas armadas, designando en su lugar al general Roberto Marcelo Levingston, un desconocido militar de inteligencia que por entonces desempeñaba ignotas funciones en los Estados Unidos, y quién gobernó hasta marzo de 1971.

El gobierno de Levingston (1970-1971)[editar]

El general Levingston expresaba a un sector nacionalista-desarrollista de las Fuerzas Armadas apoyado por los radicales intransigentes, que designó al economista radical Aldo Ferrer como Ministro de Economía. Presionado a convocar a elecciones por los partidos políticos que comenzaban a reorganizarse en La Hora del Pueblo se produjo un golpe interno mediante el cual Levingston fue derrocado por el propio Comandante en Jefe del Ejército y hombre fuerte de la Revolución argentina, el general Alejandro Agustín Lanusse.

El gobierno de Lanusse (1971-1973)[editar]

Este nuevo presidente de facto gobernó desde marzo de 1971 a mayo de 1973, y al igual que sus predecesores, su período de gobierno fue visto asimismo con gran antipatía y rechazo de parte de la población. Pese a ello su gestión se caracterizó por una gran inversión en importantes obras de infraestructura nacional (rutas, puentes, represas, etc.).

En un clima de creciente inestabilidad política en el que ocurrieron hechos de sangre como la Masacre de Trelew, se profundizó el accionar de organizaciones armadas clandestinas tales como el Ejército Revolucionario del Pueblo, Montoneros, Fuerzas Armadas Revolucionarias, y ante la creciente presión tanto de los simpatizantes peronistas como del propio Perón desde su exilio en Madrid.

Lanusse preparó el terreno para la vuelta de un gobierno civil, e intentó formar una suerte de peronismo sin Perón en su frustrado proyecto político, al cual denominó el Gran Acuerdo Nacional (GAN). Para ello designó como Ministro del Interior a Arturo Mor Roig, un destacado miembro de la Unión Cívica Radical que contó con el apoyo de los partidos políticos a través de La Hora del Pueblo.

Entre los militares y economistas había temor por las amenazas de que el orden económico y social podría verse afectado. Se temió la convergencia entre las isurrecciones urbanas y el accionar de la guerrilla. Frente a este escenario Perón parecía el único político capaz de encauzar la rebelión y pacificar los ánimos. Pasó a ser la salvación de Argentina ante la conmoción social.[7]

La salida electoral y su fin[editar]

En 1972 el gobierno militar convocó a elecciones generales ante las exigencias de los ilegalizados partidos políticos, ya durante el gobierno de Levingston, habían confeccionado y consensuado por su parte el documento La Hora del Pueblo donde se proponía la salida electoral sin proscripciones.[8]

Lanusse, ante las peligrosas tensiones emergidas a partir de 1969, debió optar entre una dictadura de imprevisibles consecuencias y una salida electoral. Levantó la proscripción al Partido Justicialista, desafío al líder a regresar al país para no ser proscripto en 1973, pero la mantuvo sobre Juan Domingo Perón, al elevar la cantidad de años de residencia necesarios para ser electo Presidente, requisito que Perón no cumplía por haber estado exiliado 18 años en España. En un agónico intento por causar la derrota de Perón reformó el sistema de balotaje. Según los cálculos militares el peronismo no iba alcanzar la mayoría en la 1º vuelta y sería derrotado en la 2º por una alianza de fuerzas políticas.[9]

En las elecciones resultó electo con el 49,6% Héctor José Cámpora, candidato del Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI), coalición encabezada por el Partido Justicialista bajo la tutela del propio Perón, junto a otros partidos menores y ocasionales aliados políticos. El eslogan de campaña que lo hizo triunfar era: «Cámpora al Gobierno, Perón al poder».[10]

Fracasaba así la aventura militar que intentó perpetuarse en el poder, no obstante sería recordada como la 2ª dictadura más larga y más dura de la historia argentina. La experiencia militar de tipo «permanente» que se intentó imponer había comprobado que no era posible gobernar con falta de legitimidad y sin consenso de las masas populares.[7]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Diario El Mundo (Buenos Aires) (13.429). Miércoles 29 de junio de 1966. 
  2. Vigat, cap. 8, p. 195
  3. Rapoport, cap. 6, p. 428
  4. a b Rapoport, cap. 6, pp. 428 y 429
  5. Vigat, cap. 8, pp. 195 y 196
  6. Rapoport, cap. 6, p. 513
  7. a b Rapoport, cap. 6, p. 516
  8. Vigat, cap. 8, p. 200
  9. Rapoport, cap. 6, p. 517
  10. Vigat, cap. 8, pp. 202 y 203

Bibliografía[editar]

  • Mariana Vigat (2007). Compendio de Historia Argentina. Ediciones Libertador. 
  • Mario Rapoport (2005). Historia económica, política y social de la Argentina (1890 - 2003). Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-742-338-9. 

Bibliografía adicional[editar]

  • Wikisource contiene obras originales de o sobre Acta de la Revolución Argentina.Wikisource
  • Luna, Félix (1972). Argentina: de Perón a Lanusse (1943-1973). Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-49-0627-3. 
  • Lanusse, Alejandro Agustín (1977). Mi testimonio. Buenos Aires: Laserre. ISBN 950-742-338-9. 
  • García Lupo, Rogelio (1971). Mercenarios y Monopolios en la Argentina -de Onganía a Lanusse- (1971). Buenos Aires: Achával Solo. 
  • Selser, Gregorio (1973). El Onganiato. C. Samonta Editor.