Población negra en Argentina

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Vendedores africanos en Buenos Aires

La población negra en Argentina, procedente de la trata de esclavos durante los siglos de la dominación española del Virreinato del Río de la Plata, ha contado con un papel importante en la historia argentina. Llegó a conformar más de la mitad de la población de algunas provincias durante los siglos XVIII y XIX, y ejerció un profundo impacto sobre la cultura nacional, aunque disminuyó marcadamente en número a lo largo del siglo XIX.

A mediados del siglo XIX comenzó una gran ola de inmigración en Argentina fomentada por la Constitución de 1853, la cual contribuyó en gran medida al crecimiento poblacional en Argentina, después de todo, fue en efecto Argentina el segundo país en el mundo que recibió la mayor cantidad de inmigrantes, con 6.6 millones, debajo solamente de los EEUU con 27 millones, y por encima de países como Canadá, Brasil, Australia, etc.[1] [2] Dicho argumento se sostendría en una "invisibilización" de los afro-argentinos por cruza interracial con los inmigrantes europeos.

Otra causa de disminución de la población afroargentina fue la elevada tasa de mortalidad de sus comunidades, su aparente desaparición fue más el resultado de una representación historiográfica que los daba por exterminados que una realidad empírica.

Del 6 al 13 de abril de 2005 se realizó la Prueba Piloto de Afrodescendientes en los barrios de Monserrat, en Buenos Aires, y en Santa Rosa de Lima, en Santa Fe, verificándose que el 3 % de la población sabe que tiene antepasados provenientes del África negra. Esto respalda al estudio del Centro de Genética de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que estimó en un 4,3 % el porcentaje de habitantes de Buenos Aires y del conurbano que tiene marcadores genéticos africanos.[3] [4]

A comienzos del siglo XX llegaron inmigrantes africanos oriundos de Cabo Verde; pero estos no lo hicieron como esclavos o empujados por las guerras. Eran expertos marineros y pescadores. Se calculó que vivirían en el país más de 10 000 caboverdianos y sus descendientes.[5]

De acuerdo a los datos suministrados por el último Censo Nacional, en 2010 la población afrodescendiente de Argentina ascendía a 149.493 personas (0,4% del total). De este total unos 137.583 eran Afro-argentinos (el 92%), y los restantes 11.960 (8%) provenían de otros países, en su mayoría americanos.[6]

Introducción y origen de negros durante la colonia[editar]

Esclavitud de Debret. Las potencias europeas impusieron en las colonias americanas un sistema esclavista que tuvo su origen en el transporte hacia estas de decenas de miles de personas secuestradas en el África subsahariana.

Como parte del proceso de conquista, el régimen económico de las colonias europeas en América desarrolló distintas formas de explotación forzada del trabajo de los nativos. Sin embargo, la relativamente baja densidad poblacional de algunos de los territorios americanos, la resistencia opuesta por algunos grupos aborígenes a la aculturación y sobre todo la elevada tasa de mortandad que el sometimiento, el tipo de trabajo y las enfermedades introducidas por los europeos provocó en la población nativa, llevaron a complementar la mano de obra que estos proporcionaban con esclavos procedentes del África subsahariana.

Hasta bien entrado el siglo XIX, la explotación minera y la agricultura constituyeron el grueso de la actividad económica en América. Buena parte de este trabajo fue llevado a cabo por mano de obra en régimen de esclavitud o similar. Los africanos ofrecían a los conquistadores la ventaja de haber estado ya expuestos, por su proximidad geográfica, a las enfermedades europeas, y a la vez estar adaptados al clima tropical de las colonias. El ingreso de esclavos africanos comenzó en las colonias del Río de la Plata en 1588, aunque estos primeros arribos fueron en gran parte obra del contrabando, y el tráfico prosperó a través del puerto de Buenos Aires cuando se concedió a los británicos el privilegio de ingresar una cuota de esclavos a través de éste. Los reyes de España celebraban, para proveer esclavos a las Indias Orientales, contratos de asiento con diversas compañías, principalmente portuguesas y españolas. En 1713 Inglaterra, victoriosa en la Guerra de Sucesión Española, ejerció el monopolio de este comercio. El último asiento se pactó con la Real Compañía de Filipinas en 1787. Hasta la prohibición de 1784 los negros eran medidos y luego marcados con hierro.

En cuanto a su procedencia antes del siglo XVI habían llegado esclavos en números relativamente reducidos a partir de las islas de Cabo Verde, pero la mayoría de los africanos que se introdujeron a la Argentina procedían de los territorios de la actual Angola, la República Democrática del Congo, Guinea y la República del Congo, pertenecientes al grupo étnico que habla la familia de lenguas bantúes. De los grupos yoruba y ewé, que fueron llevados en grandes números al Brasil, la inmigración fue más reducida.

Se calculó que 60 000 000 de africanos fueron enviados a América, de los cuales sólo llegaron con vida 12 000 000, que en América del Sur ingresaron fundamentalmente a través de los puertos de Buenos Aires, Montevideo, Valparaíso y Río de Janeiro.[7]

Los esclavos se destinaron a las labores de agricultura, ganadería, el trabajo doméstico y en menor medida la artesanía. En las zonas urbanas, muchos esclavos desarrollaban labores de artesanía para la venta, cuyos réditos percibían sus patrones. Los barrios porteños de San Telmo y Montserrat alojaron a gran cantidad de los mismos, aunque la mayor parte fue a dar al interior. El censo llevado a cabo por Juan José de Vértiz y Salcedo en 1778 arrojó resultados muy elevados en las provincias de mayor producción agrícola: el 54 % en la provincia de Santiago del Estero, el 52 % en la provincia de Catamarca, el 46 % en la provincia de Salta, el 44 % en la provincia de Córdoba, el 42 % en la provincia de Tucumán, el 24 % en la provincia de Mendoza, el 20 % en la provincia de La Rioja, el 16 % en la provincia de San Juan, el 13 % en la provincia de Jujuy, el 9 % en la provincia de San Luis.[7] En otras provincias constituían una parte importante de la población. Uno de los barrios bajos de la ciudad de Corrientes lleva hasta hoy el nombre de «Camba Cuá» —del guaraní kamba kua, 'cueva de los negros'.

En cuanto a la ciudad de Buenos Aires el mismo censo cifró en 15 719 la cantidad de españoles, 1288 la de mestizos e indios, y de 7268 la de mulatos y negros; en 1810 se contabilizaron 22 793 blancos, 9615 negros y mulatos, y sólo 150 indígenas. La zona más densamente poblada de negros estaba situada en el barrio de Montserrat, también llamado Barrio del Tambor, a pocas cuadras del actual Congreso de la Nación.

Las naciones[editar]

Los negros y sus descendientes no pudieron olvidar, como era lógico, sus antiguas costumbres, sus creencias y su lenguaje, vale decir su cultura originaria, sino después de muchas generaciones mientras se iban mestizando y adaptando al suelo argentino. Las leyes rioplatenses aceptaron con limitaciones la reedición de costumbres tan diferentes, especialmente los cánticos y las danzas desenfrenadas que aturdían y hasta aterrorizaban a los vecinos considerados "decentes" del Buenos Aires colonial.

Muchas veces tales danzas fueron duramente censuradas por las autoridades, prohibidas o aisladas en reductos o lugares propios que los negros llegaron a adquirir en propiedad: humildes ranchos de paja y adobe, el "cuarto de tierra" llamado tambo o candombe donde los negros organizados en naciones según su procedencia, con sus propias autoridades se reunían periódicamente para danzar y cantar al ritmo de sus instrumentos. Solían agruparse en sociedades a las que llamaban «naciones», algunas de ellas fueron Conga (de morenos), Cabunda, Africana argentina, Mozambique etc.[8]

Las sedes de ellas tenían en común ser lugares abiertos aplanados artificialmente y arenados para el baile; y otros cerrados con espacio interior libre. En algunos casos las salas eran alfombradas y encortinadas gracias al desprendimiento de algún amo. La nación tenía su rey y reina, (que en realidad eran elegidos democráticamente y no tenían corte) y contaban con un trono que se levantaba en el mejor lugar de la sala, con su bandera, que cada nación la tenía. También había un estrado o al menos una tarima, que entre otras cosas era utilizado para recibir a los grandes dignatarios, como Juan Manuel de Rosas, esposa e hija, como se los ve en un cuadro de Martín Boneo. En la sede se efectuaban tertulias y bailes.

A su vez las sociedades de negros se aglomeraban en los barrios, como el del Mondongo o el del Tambor. El primero fue uno de los más importantes en Buenos Aires y se componía de 16 manzanas, en el barrio de Monserrat. Su nombre provino del hecho de que consumían grandes cantidades del mismo, que vendían los vendedores al grito de ¡Mondongo, mondongo!. En cuanto al nombre Tambor, de la segunda, era muy común que siempre algún pueblo tuviera una nación con ese nombre, pues era su instrumento favorito para sus bailes y canciones.

A veces los esclavos eran comprados por los particulares directamente en el exterior por medio de un comisionado. Por ejemplo, una carta enviada desde Río de Janeiro decía:

Muy señor mío: por la goleta Ávila remito a usted la negrita que me encargó comprar aquí. Tiene unos trece o catorce años, ha nacido en el Congo, y se llama María. Hago constar que he recibido los quinientos pesos, importe de la compra. Saluda a ud. Su afmo. y S.S.

[9]

Los negros en la formación de la Argentina[editar]

Estatua "La esclavitud" de Francisco Cafferata, en Buenos Aires.

A pesar de su reducción a la esclavitud, testimonios de la época sostienen en que en Buenos Aires y Montevideo los esclavos eran tratados con menos crueldad que en otras partes. José Antonio Wilde, en Buenos Aires desde 70 años atrás (1810-1880) decía que:

"los esclavos habían sido tratados con verdadero cariño por sus amos, no habiendo punto de comparación con el trato dado en otras colonias."

Ello no le impedía reconocer sin embargo que:

"las amas atormentaban más o menos a esta fracción desventurada del género humana (y que) estaban entre nosotros por lo general muy mal vestidos."

La misma opinión en cuanto al mejor trato nos dejaron en sus testimonios los extranjeros que venían. Por ejemplo, Alexander Gillespie, capitán del ejército británico durante las invasiones inglesas, escribió en sus memorias que lo sorprendió lo bien que se los trataba en contraste con nuestros plantadores y los de América del Sur, y proseguía:

"Estos infelices desterrados de su país, así que son comprados en Buenos Aires, el primer cuidado del amo es instruir a su esclavo en el lenguaje nativo del lugar, y lo mismo en los principios generales y el credo de su fe"...."Los amos, en cuanto pude observar, eran igualmente atentos a su moral doméstica. Todas las mañanas antes de que el ama fuese a misa, congregaba a las negras en círculo sobre el suelo, jóvenes y viejas, dándoles trabajo de aguja y tejido, de acuerdo con sus capacidades. Todos parecían joviales y no dudo que la reprensión también penetraba en su círculo. Antes y después de la comida, así como en la cena, uno de estos últimos se presentaba para pedir la bendición y dar las gracias, lo que se les enseñaba a considerar como deberes prominentes y siempre los cumplían con solemnidad".

Memorias de Alexander Gillespie, Capitán del Ejército Británico[10]

En 1801 las milicias de soldados negros y mulatos libres, existentes en Buenos Aires desde muy antiguo, fueron regladas y disciplinadas, estableciéndose compañías en Buenos Aires, Montevideo y Asunción. Luego de la invasión británica de 1806 esas milicias porteñas constituyeron el Batallón de Castas junto a soldados indígenas, segregados por compañías de mulatos, pardos y naturales. Parte de esos soldados fueron trasladados al Cuerpo de Castas de Artillería. Un Cuerpo de Esclavos fue también formado para defender Buenos Aires en caso extremo, pero no se les entregó armas. Luego de la Revolución de Mayo el Batallón de Castas formó el Regimiento de Pardos y Morenos que participó en todas las campañas de la Guerra de la Independencia de la Argentina.

Durante los días de las Invasiones Inglesas se originó un levantamiento de esclavos negros en Buenos Aires alentados por el auge del abolicionismo de la esclavitud en Inglaterra. Creían que la expedición inglesa llegaba principalmente para darles su independencia. Pero el general inglés, William Carr Beresford, no miró con simpatía este movimiento: el vocero de los porteños criollos, Juan Martín de Pueyrredón (que días después reorganizara la reconquista), argumentando que la ruina amenazaba al país si no se suprimía la ilusión de los esclavos, le reclamó medidas en favor de sus haciendas y en consecuencia Beresford emitió un bando en el que ordenaba que se le hiciera entender a los esclavos que su condición de tales no variaría (“se los atajó a tiempo”, escribiría Pueyrredón en julio de 1806 en carta a su suegro en Cádiz). Esta medida contribuiría a la derrota de los ingleses, porque impulsó a los esclavos a combatir contra ellos.

Tras la derrota de los ingleses el Cabildo de Buenos Aires declaró como principal objetivo ver modo de desterrar la esclavitud de nuestro suelo. Entonces se premió el valeroso comportamiento de los negros con manumisiones por sorteo o elección, aunque los manumitidos fueron pocos en comparación con todos los que integraron los batallones.

Posteriormente al gobierno surgido de la revolución de mayo de 1810, en forma creciente debió recurrirse a la leva forzosa de esclavos, puesto que los amos rehusaban cederlos por la mora existente en las indemnizaciones establecidas por el Estado para resarcirlos de su pérdida. Se abandonaron las manumisiones por sorteo o elección, y se decretó la libertad de los esclavos que sirvieran un número determinado de años (generalmente cinco) en los ejércitos patriotas.

La diferenciación que siguió existiendo hizo que los negros y sus variadas cruzas (pardos, mulatos, morenos, etc.) fueran ubicados en el regimiento de castas, cuyo componente nunca superó la tercera parte de las tropas combatientes en los ejércitos patriotas.

Otras variadas cuestiones fueron síntomas de diferenciación social:

  • Los integrantes del regimiento de castas ( indios, negros)cobraron un sueldo equivalente a la mitad del que cobraban los regimientos integrados por criollos y españoles.
  • Sólo sirvieron en la infantería y artillería, puesto que la caballería desde antiguo llevaba aparejada un síntoma de distinción social y debía ser integrada por sectores socialmente pudientes.
  • No pudieron tener cargos en la oficialidad de los regimientos.

Sin embargo, algunas de estas cuestiones fueron superadas gracias a los esfuerzos individuales de pro-hombres de nuestra independencia y al ideario general de la revolución de mayo de 1810, lo que generó una legislación crecientemente democrática que colaboró a mejorar su posición en la escala social:

  • A partir de 1811 los cuerpos de pardos y morenos fueron tenidos por cuerpos veteranos, y desde 1812/13 como cuerpos profesionales.
  • Gracias a la moción de Juan José Castelli, desde 1811 los oficiales de castas pudieron añadir el gentilicio "don" a sus nombres, como sinónimo de distinción y reconocimiento.

Un Gobierno que se cimenta sobre las bases de la virtud, ha de ser franco en distinguirla sólo con respecto al sujeto que la profesa, y sin relación a la clase y condición precisa con que se halla. Yo estoy muy cierto, porque me lo han informado y lo he observado que las compañías de castas en el ejército que mando y dirijo se señalan en las acciones y emulan a las demás.

El Capitán de los morenos es muy recomendable por sus virtudes sociales. Puede suceder que convenga manejar el resorte del honor hasta el caso en que se asemejen a un hombre fundido de nuevo en el crisol de la educación e ilustración. ¿No pudiera declararse cuando lo exija la oportunidad el uso del don a uno de castas o la calidad de distinguido si es soldado vendiéndose aquel título en la cámara por menos valor que una acción virtuosa?

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Cuartel general de Tupiza, 11 de noviembre de 1810. Dr. Juan José Castelli[11]

De cualquier modo, en 1812 a Bernardo de Monteagudo se le impidió asumir como miembro del Primer Triunvirato, debido a su "dudosa filiación materna", aludiendo a sus antepasados africanos; paradójicamente uno de los impugnantes fue Bernardino Rivadavia, también descendiente de africanos.[12] La Asamblea del Año XIII, el primer cuerpo constituyente de la Argentina, decretó la libertad de vientres, pero no reconoció el derecho a la libertad de los esclavos existentes. A modo de ejemplo, en el diario El Centinela, del domingo 8 de septiembre de 1822 puede leerse:

Se desea comprar algunos esclavos que entiendan de campo, ó que sepan andar á caballo. El que quiera venderlos ocurra á la tienda de D. Miguel Ochagovia, quien dará razón del comprador.[13]

Sin embargo, fue gracias al general José de San Martín que a partir de 1816 comenzaron a ocupar cargos en la oficialidad de los ejércitos patriotas.

...es doloroso ver a un cuerpo de la mejor gente en desorganización por la notabilísima falta de cabos y sargentos. No pueden sacarse estos empleados de entre ellos mismos por haber una orden prohibitiva; menos de los blancos, pues no los hay aún para el completo de los regimientos de color. (...) Entre los esclavos hay muchos de más que regular educación para su esfera, que saben escribir, y poseen un genio capaz de las mejores instrucciones. Abriéndose la puerta a sus ascensos, se empeñarán eficazmente a adquirirlos, cumpliendo mejor los deberes de su clase. Razones políticas y muy fuertes influyeron acaso para esta prohibición; pero, o no las distingo, o a lo menos ha cesado su influjo. Si he de hablar francamente, no puedo concebir que la Nación se perjudique porque la esclavatura pueda ascender más allá del destino del soldado. (...) Yo espero que el supremo gobierno se digne habilitar los esclavos para la opción a los empleos, sirviéndose vuestra señoría elevar mi solicitud, la que se contrae a sólo cabos y sargentos. Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Cuartel general de Mendoza, octubre 14 de 1816. Gral. José de San Martín.[14]

Y el diario El Tiempo, del viernes 5 de septiembre de 1828, tiene este aviso:

Se vende una criada joven de 23 a 24 años, sin vicios ni enfermedades, sabe lavar, planchar y cocinar, en cantidad de 280 pesos de plata, ó su equivalente en moneda corriente. Calle Europa n°69.[13]

Muchos de ellos formaron parte de las milicias y tropas irregulares que más tarde conformarían el Ejército Argentino, siempre en escuadrones segregados. Podían sí, si no estaban conformes con su amo, solicitar ser vendidos e incluso buscar ellos mismos un comprador.

Hasta la abolición de la esclavitud en 1853, la Ley de Rescate obligaba a los propietarios de esclavos a ceder el 40% de los mismos para prestar servicio militar. Los que desempeñasen cinco años completos de servicio obtendrían la libertad, pero rara vez fue ese el caso.

Los ejércitos de la independencia reclutaron a gran cantidad de los esclavos que existían en los territorios conquistados a los realistas, ofreciéndoles a cambio la libertad. Muchos de ellos integraron el Batallón Nº8, que formó parte de la línea de choque en la batalla de Chacabuco donde registraron gran cantidad de bajas.

Bajo el gobierno de Rosas[editar]

Fue el advenimiento de Juan Manuel de Rosas al poder (1829-1852), la época que marcó la mayor participación e influencia de los negros en la sociedad porteña. Fueron uno de los principales puntales de su régimen, debido a su predilección por las clases bajas de la sociedad. Lograron un status más elevado, a la par que una notoria utilización política. Con todo la actitud de Rosas fue contradictoria respecto a la misma esclavitud, fomentándola o permitiéndola en parte de su mandato, para finalmente abolir la trata de esclavos en 1840.

Las numerosas publicaciones de la época señalaron la demagógica o democrática actitud de Rosas, según se viera, hacia los negros. Su presencia constante en los candombes, junto a miembros de su familia; el agasajarlos y ser endiosado por ellos; el invitarlos a su propia casa y alternar con ellos; las publicaciones remedando el lenguaje de los negros, que habrían tenido como objetivo mantener viva o acrecentar su adhesión a la causa federal, etc.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas la población negra de Buenos Aires llegó al 30%. De esa época data la celebración de los carnavales en su forma americana, y el desarrollo de ritmos como el candombe y la milonga que pasarían a formar parte integral del folclore de Argentina. De Rosas se cuenta su gran aprecio por la población negra, y su frecuente asistencia a los candombes. Muchos de los gauchos que desarrollaron tareas en el campo en esa época eran afroargentinos.

Los negros fueron puntal de sus ejércitos y de su imperio por el terror, incluyendo que algunas veces su comportamiento les produjera no sólo respeto sino incluso temor. Los negros correspondieron mayoritariamente con fidelidad a su líder, aunque indudablemente hubo excepciones. Generalmente después de una traición o deserción se calificaba un tanto despectivamente de "mulatos" a los que apoyaban o se pasaban a los unitarios, cuestión que se atribuiría a la emulación de esos sectores respecto de la clase pudiente unitaria.

Las publicaciones unitarias destacaron el rol de espías que los negros que servían en las casas pudientes desempeñaban. La descripción literaria ha enriquecido con páginas impactantes la guerra silenciosa entablada por las clases inferiores contra las clases superiores. Personajes tenebrosos como María Josefa Ezcurra, cuñada del Restaurador, y su séquito de espías negros en la Amalia de José Mármol, son difícilmente olvidables y no parecen estar demasiado alejados de la realidad histórica en la cual se inspiró.[cita requerida] Fue ese rol atribuido a la gente de color el que generó un temor y un odio nunca superado por la clase pudiente unitaria.[15]

La época de Rosas fue contradictoria, llena de excesos, de situaciones límite producto de la vigorosa personalidad de ese líder y de la guerra civil entablada entre unitarios y federales. La época del rojo punzó, del puñal de la Mazorca, de los candombes y carnavales africanos desenfrenados. La utilización de negros en los ejércitos fue paralela en ambos bandos enfrentados, aunque seguramente lograron mayor preeminencia en la causa federal, donde hubo algunos casos individuales de negros ubicados en cargos importantes. Social y políticamente, aparece como más democrática la actitud federal hacia los negros, aunque teñida con ribetes fuertemente demagógicos.

Los unitarios sostuvieron una actitud más marcadamente etnocéntrica, mientras que los federales instrumentaron una mayor participación y fueron más permisivos, aunque ello no habría redundado en un notorio mejoramiento de la situación socio-económica de los negros, ni en su definitiva liberación de la condición de esclavos,[16] aunque en 1837 Rosas sancionara una ley que prohibía en forma expresa la compra venta de esclavos en territorio nacional, y en 1840 hiciera pública su declaración de la abolición total del tráfico de esclavos por el Río de la Plata en todas sus formas.[17]

Plena libertad[editar]

La Constitución Nacional de 1853 abolió la esclavitud, pero legalmente recién con la reforma de la Constitución en 1860 la abolición quedó completa al establecerse la libertad de esclavos de extranjeros introducidos por sus amos al territorio argentino.

Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1868-1874) suceden los dos hechos a los que la historia tradicional asigna haber causado la muerte en masa de los afroargentinos: la Guerra del Paraguay (1864-1870) y la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires (1871).

Uno de los pasajes fundamentales del Martín Fierro, escrito en 1872 y considerado el libro nacional de la Argentina, consiste en dos encuentros del protagonista con gauchos negros: al primero lo asesina con evidente desdén racista en la primera parte del libro, y con el otro, que resulta ser hijo del primero, varios años después, sostiene una famosa payada.

El novelista Martínez Zuviria (conocido como Hugo Wast) publicó, en 1904 "Alegre", la única novela de la literatura argentina que tiene como protagonista y como héroe a un inmigrante africano en situación de esclavitud. Martínez Zuviría escribió esta novela entre los años 1902 y 1904, durante la Presidencia de Julio Argentino Roca, cuando se imponía la idea europeizante de los gobiernos conservadores que pretendía negarle a los afro-argentinos una parte de la identidad nacional. Alegre es una novela muy influida por el libro abolicionista La cabaña del tío Tom que desató la guerra civil en Estados Unidos al ser censurado por considerar a un negro africano como héroe. Alegre es el nombre del protagonista: un joven africano de piel negra que realiza inmumerables hazañas y tiene un corazón sensible y altruista.

Después de abolirse la esclavitud los afroargentinos vivieron en condiciones miserables y discriminados. De los catorce colegios existentes en Buenos Aires en 1857 solo dos admitían niños negros, a pesar de que el 15% de los alumnos de ese año eran de color.[18] Similarmente, en 1829, en Córdoba sólo podían ingresar a los colegios secundarios dos afros por año; y a la universidad sólo tuvieron acceso en 1853.[19]

Los afroargentinos comenzaron a publicar periódicos y a organizarse para la defensa común. Uno de los periódicos, “El Unionista”, publicó en 1877 una declaración de igualdad de derechos y de justicia para todas las personas sin importar el color de la piel. En uno de sus números decía:

...la Constitución es letra muerta y abundan los condes y marqueses; los cuales, siguiendo el antiguo y odioso régimen colonial pretenden tratar a sus subordinados como esclavos; sin comprender que entre los hombres que humillan hay muchos que ocultan bajo su tosco ropaje una inteligencia superior a la del mismo que ultraja.

Otros periódicos fueron La raza africana, o sea el demócrata negro y El proletario (ambos de 1858). Hacia 1880 en la ciudad existían alrededor de veinte periódicos de esta índole.

También incursionaron en la política. Por ejemplo, José M. Morales, activo coronel mitrista, llegó a ser diputado provincial, constituyente y luego senador provincial en 1880, mientras que el coronel Domingo Sosa llegó a ser diputado en dos oportunidades y constituyente provincial en 1854.

¿Qué sucedió con la población afroargentina?[editar]

Acuarela de José Ignacio Garmendia. A la cruenta Guerra del Paraguay (1865-1870) se le ha atribuido la drástica disminución de la población afroargentina.

Tradicionalmente se ha afirmado que la población negra en la Argentina disminuyó desde comienzos del siglo XIX hasta prácticamente desaparecer. Sin embargo, el censo piloto realizado en dos barrios argentinos en 2005 sobre conocimiento de antepasados provenientes del África negra verificó que un 3 % de la población sabe que desciende de africanos.

Teniendo en cuenta que la inmigración europea explicaba más de la mitad del crecimiento de la población argentina en 1960, algunos investigadores sostienen que antes que disminución lo que hubo fue un proceso de "invisibilización" de la población afroargentina y sus raíces culturales.[20] Para principios del siglo XX, el 30% de la población argentina era inmigrante, y de orígenes (entre otros) italianos, españoles, alemanes, o eslavos. Después de todo, fue en efecto Argentina el segundo país en el mundo que recibió la mayor cantidad de inmigrantes, con 6.6 millones, debajo solamente de los EEUU con 27 millones, y por encima de países como Canadá, Brasil, Australia, etc.)[1] [2]

Las teorías que sostienen el genocidio, así como la disminución de la población, utilizan argumentos similares, pero se diferencian por la atribución de intencionalidad que la primera atribuye a las clases dirigentes. Entre las causas expresadas se destacan:

  • las numerosas bajas causadas por las contiendas: los negros formaron parte de manera desproporcionada del ejército argentino en la cruenta y larga Guerra del Paraguay (1865-1870), en la que las pérdidas de vidas por ambas partes fueron elevadas. La historiografía oficial sostiene que esta circunstancia produjo la desaparición de la población negra, mientras que la que sostiene el genocidio sostiene que el reclutamiento desproporcionado fue intencional.[cita requerida]
  • las epidemias, en especial la de fiebre amarilla de 1871.
  • la emigración, en particular al Uruguay, donde la población negra había sido históricamente más numerosa y contaba con un clima político más favorable;
  • la inmigración masiva procedente de Europa entre 1850 y 1950, fomentada por la Constitución Nacional de 1853,[21] que multiplicaría rápidamente la población del país. Los inmigrantes europeos habrían desplazado real y simbólicamente a los negros, siguiendo el proyecto de la clase dirigente de europeización de la Argentina.

Algunos de los escasos investigadores de la situación de los afroargentinos el finalizar el siglo XIX, han sostenido que su supuesto desplazamiento por parte de los inmigrantes europeos no resulta compatible con el hecho de la alta tasa de masculinidad de estos últimos. Por el contrario, ese dato sugiere fuertemente un alto grado de mestizaje entre europeos y afroargentinas.

También hay que tener en cuenta que los inmigrantes europeos no se radicaron masivamente en las provincias norteñas, donde la población negra era predominante.

En 1887 el porcentaje oficial de población negra fue computado en un 1,8 % del total. A partir de ese momento no será registrada en los censos. La posición del Estado volvió a hacerse explícita al realizarse el Censo Nacional de 1895 cuando sus responsables afirmaron:

No tardará en quedar la población unificada por completo formando una nueva y hermosa raza blanca.[22]

A partir de entonces y durante casi un siglo, en la Argentina prácticamente no se realizaron estudios referidos a los afroargentinos.

A partir de la década de 1930 comenzaron a producirse grandes migraciones internas de trabajadores campesinos hacia Buenos Aires y otros centros urbanos buscando integrarse como obreros fabriles en el proceso de industrialización abierto entonces. A partir de la década de 1940 su presencia se hizo multitudinaria y fueron llamados despectivamente por amplios sectores de clase media y alta, cabecitas negras.

Recién en las últimas décadas han comenzado a aparecer investigaciones tanto históricas como sociológicas orientadas a la población negra, con resultados que han sido recibidos con sorpresa, y en algunos casos rechazo, por amplios sectores.

Los mecanismos de invisibilización y discriminación física y cultural de los afroargentinos tuvieron una manifestación pública en 2002, cuando una funcionaria de migraciones denunció erróneamente a una ciudadana argentina por falsificación del pasaporte, argumentando que "no podía ser argentina y negra".[23]

En los últimos años se han multiplicado los estudios, actividades y organizaciones relacionadas con la población afroargentina. El resultado general indica una presencia tanto física como cultural mucho mayor que la que se suponía oficialmente.

Influencia cultural[editar]

El tango, música afrorioplatense.

Es posible que el efecto más duradero del influjo negro en la Argentina haya sido el tango,[24] que cobra parte de sus características de las festividades y ceremonias que los esclavos desarrollaban en los llamados tangós, las casas de reunión en que se agrupaban con permisos de sus amos. Se considera que también la milonga campera, la milonga ciudadana (como danza), el malambo y la chacarera se nutren de su influencia, así como la payada, pero aún faltan estudios fehacientes que establezcan la influencia negra. Amén del ficticio moreno del Martín Fierro, fueron famosos los payadores Gabino Ezeiza (1858-1916), payador y poeta,[25] e Higinio Cazón. El pianista y compositor Rosendo Mendizábal (1868-1913), compositor y músico de tango,[26] autor de El entrerriano (1897), era negro, así como Carlos Posadas (1874-1918), compositor de tango,[27] Enrique Maciel (1897-1962), guitarrista, bandoneonista y compositor (autor de la música del vals La pulpera de Santa Lucía), Horacio Salgán (compositor, director de orquesta y pianista), Cayetano Silva, nacido en San Carlos (Uruguay) y autor de la música marcha San Lorenzo, y Zenón Rolón (1856-1902), compositor académico quien escribió numerosa música académica, como la Gran marcha fúnebre que en 1880 se ejecutó en honor al Libertador José de San Martín al ser repatriados sus restos. El historiador Juan Álvarez, mediante el principio comparativo melorítmico de la escuela de Berlín, estableció (más que posibles) filiaciones afro en estilos musicales como el tango, la milonga bonaerense, el caramba y el marote.[28]

El habla coloquial del idioma español en la Argentina aduce muchos términos negroafricanos, por ejemplo mucama, bochinche, dengue, mondongo, quilombo, marote, catinga, tamango, mandinga, candombe y milonga, empleándose muchos de ellos en el lunfardo.[29] Asimismo, la población afroargentina del tronco colonial mantiene por tradición oral en su habla coloquial y la letra de sus cantos otros términos africanos que no permearon al lunfardo, como "kalunga" para "cementerio", "mundele" para persona blanca (en sentido despectivo) y cused, para "aquel/lla". En lo religioso, además de las festividades de carnaval, se encuentran veneraciones a san Benito y san Baltazar, el rey mago negro, éste aún venerado popularmente en gran parte de la provincia de Corrientes, este del Chaco, este de Formosa y norte de Santa Fe.[30]

Sin embargo, el racismo sigue siendo importante. Los términos negro, negrita, morocho y cabecita negra —dirigidos hacia personas de otra clase social, pero con un fuerte contenido semántico vinculado a la etnia— siguen siendo utilizados, aunque sus víctimas a menudo son personas de origen amerindio e incluso de origen europeo.[31]

Poemas de afroargentinos[editar]

Yo me llamo Juana Peña
y tengo por vanidad,
Que sepan todos que soy
Negrita muy federal.
(...) Negrita que en los tambores
Ocupo el primer lugar,
y que todos me abren cancha
Cuando yo salgo a bailar.
(...) Pero ya que me ha chiflado
Por meterme a gacetera,
He de hacer ver que aunque negra,
Soy patriota verdadera.
Por la Patria somos libres,
Y esta heroica gratitud,
Nos impone el deber santo
de darle vida y salud.
La Patria se ve amagada
De unos pocos aspirantes,
Que queren sacrificarla
Por salir ellos avantes.
Opongamos a su intento
Nuestros pechos por muralla,
Y reunidos los negritos,
Corramos luego a salvarla.
(...) Yo por desgracia no tengo
Hijos, padre, ni marido,
a quien poderles decir,
que sigan este partido.
Pero tengo a mis paisanos,
Los negritos Defensores,
Que escucharán con cuidado
Estas fundadas razones.
(...) Patriotas son y de fibra,
De entusiasmo y de valor,
Defensores de las Leyes,
y de su Restaurador.
Solo por D. Juan Manuel
Han de morir y matar,
Y después por los demás,
Mandame mi general.
Mandame mi general,
Le han de decir al traidor
que los quiera hacer pelear
Contra su Restaurador.
Mandame mi general
Se lo dice Juana Peña,
Mandame mi general
Esa Negrita porteña."
Periódico La Negrita, N° 1, Buenos Aires, 21 de julio de 1833.[32]


En medio de mi pueblo estoy aislado,
porque donde mi cuna se meció
con ímpetu arrojada de su lado,
una raza de parias ha quedado
y a aquella raza pertenezco yo.
Y ni patria tenemos, si existe,
de su seno nos supo conscribir;
las cargas sean para un hombre triste.
Y si un solo derecho nos asiste,
ha de ser el derecho de morir.
(1869) Horacio Mendizábal, poeta afroporteño.


Ah maldito, maldito mil veces
seas blanco sin fe, tu cruel memoria
es eterno baldón para tu historia.
(1878) Casildo Thompson, poeta afroporteño.


Ya no hay negros botelleros,
ni tampoco changador,
ni negro que vende fruta,
mucho menos pescador;
porque esos napolitanos
hasta pasteleros son
y ya nos quieren quitar
el oficio de blanqueador.
Ya no hay sirviente de mi color
porque bachichas toditos son;
dentro de poco ¡Jesús por Dios!
bailarán zemba[nota 1] con el tambor.
Anónimo, probablemente de fines del siglo XIX.[33]

Categorías raciales del período colonial[editar]

Durante la colonia, las autoridades españolas calificaron como distintas "variedades" de "cruzas" aquellas derivadas de la unión de personas negras africanas con personas de otros orígenes étnicos. Los nombres utilizados fueron:

  • Mulato: (proviene del término “mula”): cruza de negro/a con blanco/a.
  • Tercerón: cruza de blanco/a con mulato/a.
  • Cuarterón: cruza de blanco/a con tercerón/ona.
  • Quinterón: cruza de blanco/a con cuarterón/ona.
  • Zambo: cruza de negro/a con aborigen.
  • Zambo prieto: que tenía fuerte color negro.
  • Salto atrás: cuando un hijo era más negro que sus padres.

Socialmente, poseer una "cruza" en el árbol genealógico era una mácula. Estas clasificaciones, al igual que otras frecuentes en la cultura colonial, como "mestizo" o cholo, se utilizaban para estigmatizar a las personas e impedir su ascenso social. En algunos casos, conocidas personalidades históricas se encontraron en esta situación, como Bernardo de Monteagudo y Bernardino Rivadavia, los que fueron calificados de "mulatos".

Inmigraciones posteriores al siglo XIX[editar]

Inmigrantes de Cabo Verde[editar]

Entre 12 000 y 15 000 descendientes de inmigrantes provenientes Cabo Verde viven en la Argentina; de ellos, unos 300 son nacidos en ese país africano.

Esta inmigración comenzó a fines del siglo XIX y se hizo relevante a partir de la década del 20. Los períodos de mayor afluencia fueron entre 1927 y 1933, y el tercero, después de 1946.[34] Estas inmigraciones se debieron principalmente a sequías en el país africano que originaron hambrunas y numerosas muertes.

Eran expertos marineros y pescadores, razón por la cual la mayoría se estableció en lugares con puertos, como Rosario, Buenos Aires, San Nicolás de los Arroyos, Campana, Bahía Blanca, Ensenada y Dock Sud. El 95 % de ellos consiguió empleo en la Marina de Guerra, en la Marina Mercante, en la Flota Fluvial Argentina, en YPF, en los astilleros o en ELMA.[34]

Expulsados de África[editar]

En Buenos Aires

En el popularmente llamado Barrio del Once hay muchos africanos que han venido escapando de la miseria de sus países, en especial senegaleses. Según la «Agencia para Refugiados en Buenos Aires», piden asilo, consiguen una visa para Brasil, y luego viajan a la Argentina, en algunos casos viajando como polizones en los barcos. Cuando se les niega el permiso de residencia, permanecen en el país sin un estatus legal y se convierten en blanco de la red de tráfico de personas. Los domingos, una parte de la comunidad senegalesa se junta para comer platos típicos de su país. Algunos locales ya tienen recetas de platos africanos.[35]

En Rosario

Durante el siglo XXI, africanos que escapan de sus países de origen por ser explotados, perseguidos por guerras, o por razones religiosas, ideológicas o políticas, arriban como polizones al país, en especial al puerto de Rosario, provincia de Santa Fe. Aunque las cifras son exiguas se incrementan año a año: en 2008 arribaron buscando refugio 70 personas, contra unas 40 del año anterior, pero sólo 10 permanecieron, el resto fue repatriado. Muchos son menores de edad.[36]

Suelen subirse a los barcos sin saber adonde se dirigen, o creyendo que van a algún país desarrollado del hemisferio norte. Provienen de Nigeria, Costa de Marfil, y Guinea.[36]

El primer africano que inició esta nueva inmigración llegó a la ciudad de Rosario con 12 años en 2004. Fue adoptado por una familia, pero la mayoría no tuvo la misma suerte. Muchos de los niños han sido alojados en hogares transitorios y muchos adultos viven en habitaciones rentadas y ganan dinero como vendedores ambulantes. Algunos formaron familia y se establecieron; otros se convirtieron en delincuentes.[36]

Dominicanas[editar]

A comienzos de la década del 90 y hasta la crisis económica del 2001, como resultado de una política de conversión peso-dólar, existió una corriente migratoria de países pobres que venía al país a trabajar para ganar salarios altos medidos en dólares y volverse a su país de origen con mucho dinero ganado. Comenzaron entonces a llegar mujeres dominicanas de ascendencia africana, muchas de ellas para ejercer la prostitución ya sea en forma voluntaria, o por haber caído en alguna red de trata de personas.[37]

Una segunda ola de inmigrantes de esta clase se inició en 2008: las peticiones de dominicanas para radicarse en el país pasaron de 663 en 2007 a 1168 en 2008 según estadísticas de la Dirección de Migraciones. Las autoridades dispusieron controles con el fin de descubrir a "falsas turistas" y combatir a las mafias que las traían. Fue así como en abril de 2009 unas 166 dominicanas fueron rechazadas y retornadas a su país.[37] [38]

Racismo en la Argentina relacionado con el tono de piel[editar]

En la Argentina, al igual que en los demás países de América, el racismo relacionado con el tono de la piel o el origen africano de las personas se remonta a los tiempos de la dominación colonial. En el régimen de castas impuesto por España, los descendientes de personas provenientes del África negra ocupaban un lugar aún más bajo que los descendientes de personas pertenecientes a los pueblos originarios.

El racismo colonial pasó en cierta medida a la cultura argentina, como lo muestran ciertas frases incluidas en la literatura nacional. Durante mediados del siglo XIX, eran comunes los duelos a muerte entre gauchos mestizos y afroargentinos. En la literatura argentina, se representaron estas disputas con tinte racista en un famoso pasaje del libro de José Hernández, el Martín Fierro (La ida), publicado en 1870, en el que el personaje principal se bate a duelo con un gaucho negro luego de insultar a su novia e insultarlo con el siguiente verso:

A los blancos hizo Dios,
a los mulatos San Pedro,
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno. (cap. 7)

Varios años después, en 1878 Hernández publica la segunda parte de su famoso libro, en el que Fierro sostiene una famosa payada en la que debate temas filosóficos (como la vida, la creación, la existencia, etc.) con otro gaucho negro que resulta ser el hijo del anterior y único personaje alfabetizado del famoso libro. Demostrando la evolución del personaje y probablemente de la sociedad argentina en procesos de recibir a millones de inmigrantes europeos, en esta oportunidad Martín Fierro evita el duelo cuando este parecía inevitable.

La invisibilización deliberada de los afroargentinos y su cultura, ha sido una manifestación notable del racismo en la Argentina, relacionado con el tono de la piel o los orígenes africanos.

El 9 de octubre de 2006, se creó el Foro de Afrodescendientes y Africanos en la Argentina, con el objetivo de promover el pluralismo social y cultural y la lucha contra la discriminación de esa población. En ese acto, la presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), María José Lubertino, reconoció la invisibilización de los afroargentinos con la siguientes palabras:

Los afros en la Argentina han sido invisibilizados y hoy siguen invisibles. Este es el resultado de un proceso de diáspora producido por el esclavismo y su transformación en servidumbre... La actual estratificación social los ubica en la pobreza.[39]

Un tipo especial de discriminación se ha generalizado desde mediados del siglo XX utilizando términos despectivos como "cabecitas negras", "negros", "negritas", "negrada", y que están relacionados fundamentalmente con trabajadores de clases bajas. En muchos casos, se han "racializado las relaciones sociales",[40] y simplemente se utiliza el término "negro", para denominar de forma despectiva al trabajador o trabajadora, sin relación alguna con el color de su piel. En las relaciones laborales es de uso habitual entre las personas que poseen cargos de importancia en empresas en manejo de personal, referirse a los trabajadores como "los negros". También en la vida política quedan vestigios racistas; la oligarquía que derrocó al peronismo en 1955 se refería a los peronistas como "negros", dado que en su mayoría eran de extracción humilde y clase trabajadora. El mote perdura hasta hoy.

En esta manifestación particular del racismo en la Argentina, se ha unificado en el término "negro" o "negra", la discriminación de personas pertenecientes a los pueblos originarios, como asimismo la de migrantes latinoamericanos y sus descendientes, y la dirigida contra los afroargentinos.

Una manifestación de este racismo actual se encuentra en las canciones empleadas por las hinchadas de fútbol, en las que la discriminación por etnia o nacionalidad es conspicua; en una de ellas, particularmente famosa, se "acusa" a los hinchas de Boca Juniors de ser "negros sucios de Bolivia y Paraguay".[41] [42]

Notas[editar]

  1. zemba o charanda: danza religiosa afroargentina que en la actualidad sólo se practica en la capilla de san Baltazar de la localidad de Empedrado (Corrientes), durante la fiesta de su día, 6 de enero. Su nombre original es zemba. Antaño también estuvo vigente en otras partes de Argentina, como en Buenos Aires. No confundir con la zamba, otro género danzario argentino, pero secular.

Referencias[editar]

  1. a b [1]
  2. a b [2]
  3. Stubbs, Josefina y Hiska N. Reyes (Eds.) Más allá de los promedios: Afrodescendientes en América Latina: Resultados de la Prueba Piloto de Captación en la Argentina. Buenos Aires: Universidad Nacional de Tres de Febrero. 2006.
  4. Carnese, Francisco R., Sergio A. Avena, Alicia S. Goicoechea et al.“Análisis antropogenético de los aportes indígena y africano en muestras hospi-talarias de la Ciudad de Buenos Aires”. Revista Argentina de Antropología Biológica 3: 79-99. Buenos Aires: Asociación de Antropología Biológica de la República Argentina. 2001.
  5. [3] Fotorreportaje: Cabo Verde, en Buenos Aires Diario Clarín 12/08/2009
  6. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010. Capítulo 11, página 293.
  7. a b Gomes, Miriam Victoria (2006). «La presencia negroafricana en la Argentina: pasado y permanencia». Boletín Digital de la Biblioteca del Congreso, Nº 9.
  8. José Luis Lanuza, Morenada, Emece Ed., Bs. As., 1946.
  9. citado en Crónica Histórica Argentina, Tomo I, (1968) Editorial CODEX p.180.
  10. citado en Crónica Histórica Argentina, Tomo I, (1968) Editorial CODEX p. 20.
  11. José Oscar Frigerio, Con sangre de negros se edificó nuestra independencia, Todo es Historia, N° 250, Bs. As., abril de 1988.
  12. Chumbita, Hugo (2004). Hijos del País, Buenos Aires: Emecé, pag. 93.
  13. a b Karina Bonifatti (2010). Madres de Próceres, partos que hicieron historia. Ediciones B. ISBN 978-987-627-186-8.  La autora manifiesta haber consultado el periódico en la Biblioteca Nacional de la Argentina.
  14. José Oscar Frigerio, Con sangre de negros se edificó nuestra independencia, Todo es Historia, N° 250, Bs. As., abril de 1988.
  15. José Mármol, Amalia, Espasa Calpe Argentina, Colección Austral, Buenos Aires, 1951
  16. José Oscar Frigerio, Condiciones sociales que vivió la comunidad negra en Argentina, y estrategias que elaboró para enfrentar la marginación, inédito, Bs. As., 1998; José Luis Lanuza, Morenada, Emece Ed., Bs. As., 1946; Carlos Ibarguren, Juan Manuel de Rosas: Su vida, su tiempo, su drama, Librería La Facultad, Bs. As., 1930
  17. Arzac A.G., La esclavitud en la Argentina, p31
  18. Diario Clarín, 9 de diciembre de 1995
  19. Buenos Aires Negra, pág 168, Daniel Schávelzon
  20. Presencia negra y mecanismos de invisibilización, Miriam Gómez, Jornadas de Patrimonio Cultural Afroargentino, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2006
  21. La Constitución Nacional de 1853 establecía en el artículo 25: "El Gobierno federal fomentará la inmigración europea".
  22. Segundo Censo Nacional 1895, pág 48
  23. Una mujer denunció que la discriminaron por ser negra, Clarín, 24 de agosto de 2002
  24. La Historia Negra del Tango.
  25. Di Santo, Víctor (1999), “Gabino, la voz del pueblo”, en Todo es Historia, nº 387, Buenos Aires, p. 20.22.
  26. Gobello, José (2002). Mujeres y hombres que hicieron el tango pág. 167. Buenos Aires. Centro Editor de Cultura Argentina. ISBN 950-898-081-8. http://estatico.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/museos/dg_museos/pdf/gardel/historianegra.pdf
  27. Pinsón, Néstor y Bruno Cespi, 2004, Carlos Posadas. http://www.todotango.com/spanish/Creadores/cposadas.asp.
  28. Álvarez, Juan (1908). Orígenes de la Música Argentina (en castellano -español-). s/ed. 
  29. http://www.revistaquilombo.com.ar/documentos/ciriobantuismos.pdf
  30. http://www.revistaquilombo.com.ar/documentos/cirioresonancias.pdf
  31. En las actuales relaciones laborales argentinas, es habitual calificar en forma despectiva al personal como "los negros", concepto que abarca tanto a los trabajadores de piel oscura como a los de piel clara
  32. Luis Soler Cañas, Negros, gauchos y compadres en el cancionero de la Federación (1830-1848), Ed. Theoria, Bs. As., 1958.
  33. Homogeneidad y nación, p.138
  34. a b Caboverdianos: vientos de cambio, Revista del diario La Nación, 03/12/2009
  35. LE MONDE. ESPECIAL. (11 de octubre de 2009). Diario Clarín. http://www.clarin.com/diario/2009/10/21/sociedad/s-02023496.htm. Consultado el 11 de octubre de 2009. 
  36. a b c Los expulsados de la tierra africana, Por Evelyn Arach, Diario Página 12, 29/12/2008
  37. a b Argentina redobla el combate contra las mafias de trata de dominicanas 29/04/2009, Mujeres españolas en Argentina
  38. Dominicanas, víctimas de la trata, 18/04/2009 editorial del Diario Clarín
  39. Lanzamiento del Foro de Afrodescendientes y Africanos en la Argentina en la Plaza Dorrego. Diario Clarín, 10 de octubre de 2006.
  40. Margulis,1998:79 y ss
  41. Libertad de circulación de los trabajadores en el Mercosur (OIT, 2004)
  42. Gándara, Lelia Mabel. (1997) "Las voces del fútbol. Análisis del discurso y cantos de cancha". Literatura y Lingüística, 10, pp. 43 66. ISSN 0716-5811

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

  • Frigerio, José Oscar (abril de 1988). Con sangre de negros se edificó nuestra independencia. Buenos Aires: Todo es Historia, Nº 250. 
  • Gomes, Miriam Victoria (1970). «La presencia negroafricana en la Argentina. Pasado y permanencia». Historia Integral Argentina, tomo V: De la Independencia a la Anarquía. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 
  • González Arzac, Alberto (1974). La esclavitud en la Argentina. Polémica. 
  • Lanuza, José Luis (1967). Morenada: una historia de la raza africana en el Río de la Plata. Buenos Aires:Schapire. 
  • Ruchansky, Emilio (2006). «¿Negros en Buenos Aires?». Adital Documentación (24 de julio de 2006). [4] Consultada el 15 de julio de 2006. 
  • Schávelzon, Daniel (1999). Buenos Aires negra, arqueología histórica de una ciudad silenciada. Emecé. ISBN 950-04-2459-2. 
  • Wilde, José Antonio. Buenos Aires desde setenta años atrás. [5].