Éxodo rural

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Monumento a la madre del emigrante en San Sebastián de Garabandal.
Comarca de La Valdería, León, España. 1975.

El éxodo rural o éxodo campesino se refiere a la emigración, generalmente de gente joven (adolescentes y adultos jóvenes) del campo a la ciudad. Este proceso es muy antiguo y se aceleró con la Revolución industrial y, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se suele considerar como un tipo especial de migración porque en ella, no sólo se cambia de lugar de residencia, sino también de profesión, por motivos más que evidentes, dadas las diferencias geográficas tan grandes que existen entre las oportunidades, número y características de los diferentes tipos de empleo que existen en el campo, con relación a la ciudad.

La decisión de emigrar[editar]

Los seres humanos, lo mismo que sucede con la mayoría de las especies animales, se desplazan en la superficie terrestre, en unos movimientos (individuales o colectivos) que se denominan migraciones. La principal diferencia entre los seres humanos y las especies animales es que, en este caso, los motivos de las migraciones son instintivos (el instinto de conservación o supervivencia de la especie, el instinto de reproducción, la adaptación al medio, etc.) mientras que las migraciones en los seres humanos obedecen a una decisión razonada más o menos libre (o más o menos forzada), en la que el instinto, aunque también tiene su importancia, ocupa un lugar muy secundario. Esta idea puede dar pie a una subdivisión de las migraciones en dos tipos: espontáneas y forzadas. Lo que sucede es que no hay, por lo general, una clara delimitación entre ambas . Pero en el caso del éxodo rural es bastante sencillo de analizar. La bibliografía anglosajona de las ciencias sociales ha acuñado un término: "The push-pull theory" o "Teoría de la atracción - repulsión" que sirve para explicar, al menos de una manera sencilla, la génesis del éxodo campesino hacia los centros urbanos, como desplazamientos motivados por factores de rechazo en el medio rural y, como contrapartida, de atracción en el urbano. En los países subdesarrollados existe una amplia documentación en torno al tema del éxodo rural y del proceso creciente de crecimiento de las mayores ciudades. Puede citarse como ejemplo, la obra de Breese[1] que, aunque hace referencia a una época ya pasada, puede dar una sencilla idea de todos los mecanismos que generan dicho proceso.

Factores de rechazo en el medio rural[editar]

  • La carencia o escasez de fuentes de empleo: Este factor afecta en mayor grado a la población femenina, por lo que las mujeres tienden a predominar en el éxodo rural.
  • La escasez de instituciones de enseñanza: Además, hay que sumar las largas distancias que hay que cubrir para llegar a una escuela o colegio. Las dificultades en el transporte escolar son mucho más graves en el medio rural y, sobre todo, en los países subdesarrollados. Entre todas las instituciones educativas, son las de enseñanza secundaria y, desde luego, de la superior, las que resultan más escasas en el medio rural.
  • La escasez de servicios: Entre ellos hay que destacar a los servicios asistenciales, de comercio, de formación y asesoría técnica y muchos otros.
  • El desarrollo técnico de la agricultura: Este desarrollo técnico tiende a disminuir las necesidades del trabajo asalariado y como consecuencia de eso, da origen a un motivo adicional para emigrar.

El atractivo de las ciudades[editar]

La Finca Roja en Valencia, España constituye un conjunto de 378 viviendas para obreros construida en 1930 con un diseño de Enrique Viedma Vidal, con un patio interno de zonas comunes que incluian escuelas, parques y hasta un mercado. Los apartamentos, muy bien ventilados, constan de tres habitaciones, sala-comedor, cocina y baño. Una iniciativa que sirve de ejemplo de las atractivos de la ciudad sobre los de la vida rural en el siglo XX

Las ciudades ejercen un atractivo muy poderoso sobre la población rural. Muy a menudo, los campesinos de todo el mundo, quedan "deslumbrados" por la vida urbana, la cual se manifiesta en la oferta de todos aquellos elementos que suelen ser más difíciles de lograr en el campo.

  • En las ciudades existe una mayor diversidad de empleo, especialmente para el sexo femenino. En cambio, en el medio rural, casi no existen empleos fuera de las actividades relacionadas con las labores agropecuarias.
  • Existe también una mayor diversidad y disponibilidad de servicios. Los centros urbanos, sobre todo los más grandes, tienen un nivel superior al del medio rural en lo que a oferta de servicios se refiere (servicios asistenciales, educativos y culturales, transporte y comunicaciones, servicios informativos, recreacionales, etc).
  • Empleo poco cualificado. Muy a menudo, las ciudades necesitan mano de obra para aquellos empleos de escasas exigencias y de menor remuneración y estos empleos tienden a ser cubiertos por los inmigrantes del medio rural. Como señalaba Clyde V. Kiser[2] en 1967 al referirse a la inmigración en la América Latina:

En realidad, cuando los latinoamericanos piensan en la inmigración, no están pensando en obreros industriales. Piensan en trabajadores del campo y agricultores, porque estos son los que ellos desean. Como la gente de cualquier otra parte, desean que otros hagan lo que ellos mismos están poco dispuestos a hacer, en este caso, el trabajo duro de las grandes propiedades y el cultivo del campo en el interior del país.

Y esta idea se extiende, aún hoy, a situaciones similares en todo el mundo. Sólo que con la mayor facilidad de los medios de transporte y la disminución de la población rural a unos niveles muy exiguos, los puestos de trabajo de menores exigencias tienden a ser ocupados por inmigrantes, a veces ilegales y procedentes de países cada vez más alejados.

Las "leyes" de las migraciones[editar]

Fue E. G. Ravenstein el que primero habló de las "leyes" de las migraciones al analizar desde el punto de vista estadístico, los lugares de residencia de la población inglesa de dos censos consecutivos, a finales del siglo XIX. Desde luego, hablar de leyes en un análisis demográfico parece ser algo demasiado tajante, y por eso se indica entrecomillado el término. Esas leyes serían pues, una especie de estructuras o patrones, es decir, rasgos o características que pueden observarse mediante la comparación de los datos demográficos en los que se reflejan los cambios espaciales de la población. Sus conclusiones, que se aplican en su mayor parte al éxodo rural, fueron, en aquella ocasión,[3] [4] las siguientes:

  1. La mayoría de los migrantes procede de una corta distancia.
  2. Las mujeres emigran en mayor número que los hombres.
  3. Cuando la distancia es muy grande, predomina el sexo masculino. Los emigrantes del medio rural se dirigen, cuando realizan largos desplazamientos, únicamente a las ciudades más grandes.
  4. Si la distancia es bastante grande, tiene lugar una especie de migración por etapas. En esta migración por etapas, los lugares dejados vacantes al emigrar, pueden ser ocupados por migrantes de áreas más alejadas. La migración por etapas suele dirigirse a centros poblados progresivamente mayores.
  5. Las corrientes migratorias principales generan unas corrientes secundarias que suelen ser compensatorias, de menores proporciones y en sentido inverso.
  6. En el éxodo rural predomina la población joven (adolescentes y adultos jóvenes).
  7. Los nacidos en las ciudades son menos migrantes que los nacidos en el medio rural.

Consecuencias del éxodo rural[editar]

La iglésia de la aldea abandonada Novospasskoye, Óblast de Sarátov, Rusia

En el campo[editar]

  • Positivas: disminuye la presión de la población sobre los recursos (que después aumenta exponencialmente por parte de las ciudades), disminuye el desempleo y la miseria (precisamente las ideas desarrollistas están en la actualidad en declive, estudios recientes demuestran que el empobrecimiento y la miseria en la población es más acentuadas en las grandes ciudades que en los pueblos, tenemos que tomar el ecosistema rural como un medio de subsistencia, entonces es cuando sin las presiones del material capital se puede desarrollar una sociedad justa y equitativa). Se reciben las remesas de dinero enviadas por los emigrantes a sus familias. Mejoran las técnicas empleadas en las actividades agropecuarias, como una manera de contrarrestar los efectos de la emigración (la llamada revolución verde, maquinaria como tractores, utilización de pesticidas, plaguicidas e infinidad de productos que no solo tienen un alto coste medioambiental, sino también económico, además de utilizar para su funcionamiento o creación recursos no renovables como el petróleo).
  • Negativas: disminuye la vitalidad de la población (empobrecimiento demográfico, envejecimiento), desequilibrios en la composición de la población por edad y sexo, etc. En el éxodo rural emigran, precisamente, las personas con mayor afán de superación, cuya labor en el campo podría ser más positiva que la de los que permanecen en él. Se encarecen los costes de los servicios al disminuir el número de personas que reciben esos servicios. Al quedar la población de mayor edad, esta se va volviendo más reacia al cambio y no mira con buenos ojos las adaptaciones que tiene que hacer para acostumbrarse a una vida cotidiana cada vez más compleja. Tradicionalmente ha existido un intento por evitar o limitar el éxodo rural, tanto por parte de la población rural que desea retener los posibles emigrantes, especialmente del sexo femenino, como puede verse en el folclore de algunos países ([5] ), como de la población urbana, que mira con recelo la especie de invasión de forasteros procedentes del campo.

En la ciudad[editar]

  • Positivas: aumenta la tasa de vitalidad de la población, ya que en el éxodo rural predominan los jóvenes. Aportes de capital, ya que muchos campesinos venden sus propiedades para crear sus propias empresas industriales, artesanales o comerciales de pequeña escala en las ciudades.
  • Negativas: competencia con la población urbana en el mercado de trabajo. Competencia en los servicios que reciben los habitantes de las ciudades. Disminuye, al menos en un primer momento, el nivel de vida de la población urbana en su totalidad, ya que abarata los costes en el mercado laboral, debido a que los campesinos suelen recibir menores salarios que los nacidos en las ciudades. Aumenta la marginalidad de parte de la población, con todas las implicaciones que ello acarrea. Suelen aumentar los precios, no sólo por el mayor consumo, sino porque las remesas de los inmigrantes a sus lugares de origen generan una cierta inflación disfrazada.

La oposición ciudad - campo[editar]

La villa de Escamilla, en La Alcarria de Guadalajara disminuyó su población de 591 personas en 1960 a tan solo 40 habitantes en el 2005, debido al éxodo rural y al envejecimiento.

Las diferencias entre el medio rural y el urbano en una fecha relativamente reciente, no eran tan grandes como ahora. Ha sido el extraordinario desarrollo tecnológico y económico del último medio siglo (aproximadamente, a partir de la Segunda Guerra Mundial) el que ha creado una diferenciación creciente entre el campo y la ciudad. La situación actual es relativamente sencilla: en los países desarrollados, la antigua inmigración procedente del campo ha venido siendo sustituida por inmigrantes (muchas veces ilegales) procedentes de países subdesarrollados, teniendo en cuenta que el término subdesarrollo suele ser un concepto relativo, que surge de la percepción del nivel de vida que tiene el que va a emigrar y de las mejoras que podría llegar a tener al llegar a la ciudad.

La gran mayoría de los habitantes de las ciudades subestiman y hasta menosprecian a los campesinos y estos, por su parte, no se adaptan a la vida urbana: cuando llegan a una ciudad grande (probablemente invitados por algún hijo u otro familiar) no suelen permanecer mucho tiempo y al final prefieren irse a su aldea y vivir solos a tener que lidiar con un mundo tan distinto al que ellos conocieron hace muchos años. La solución al problema, desde luego, sería la de mejorar la calidad de vida de las pequeñas poblaciones empleando para ello, precisamente, ese desarrollo tecnológico que muchos de los habitantes del medio rural no suelen e incluso no quieren entender.

En muchos países desarrollados, se ha querido lograr un sistema de vida que toma lo mejor de los dos mundos, el rural y el urbano. En Inglaterra, por ejemplo, muchas personas que trabajan en las grandes ciudades viven en el campo y viajan diariamente para poder tener las ventajas de los dos entornos. En los Estados Unidos, el commuting, es decir, el traslado diario entre alguna urbanización o población en el medio rural (y suburbano, con mayor frecuencia) y las grandes ciudades viene a ser algo habitual e involucra a una cantidad creciente de personas.

En España, el abandono del campo ha creado una serie de problemas bastante complejos, tanto en el medio rural como en el urbano. En La Alcarria (provincia de Guadalajara), por ejemplo, esa despoblación fue la responsable, aunque tal vez en una pequeña parte, del pavoroso incendio que se produjo en el verano de 2005. Pero es muy difícil corregir este problema ya que, por ejemplo, dos actividades tradicionales de esta comarca de La Alcarria (el cultivo del espliego y la apicultura) se han venido abandonando por la competencia con otros países en un mundo muy globalizado. Además, es precisamente la despoblación la que ha creado una especie de círculo vicioso, ya que si se quisiera retomar de nuevo alguna de esas actividades (u otras) se necesitaría de una población que no existe debido a la emigración.

Para desarrollar esas regiones deprimidas por el éxodo rural, será necesario incorporar a los antiguos emigrantes, a través de políticas destinadas a una especie de rehabilitación del medio rural: fincas y huertos de fin de semana, casas vacacionales, viviendas de interés social, etc. Con el incremento de este tipo de solución, se adoptaría una medida que es muy popular en algunos países (Alemania, por ejemplo) y combatiría en cierto modo, el carácter espasmódico de la salida masiva de habitantes de las ciudades (el "éxodo urbano", como podríamos denominarlo), al hacerlo algo más estable y extendido en el tiempo ya que en España, lo mismo que se suele hacer en Italia con el Ferragosto, tanto con los movimientos de turistas extranjeros como de los nacionales, las épocas de vacaciones se vuelven bastante conflictivas por estos desplazamientos tan masivos de la población.

Éxodo campesino en Venezuela[editar]

En Venezuela se conoce el éxodo campesino o éxodo rural como la migración de los campesinos hacia los campos petroleros a mediados del siglo XX y a las ciudades hasta la actualidad, motivado esto a los cambios económicos ocurridos a partir de la segunda década del siglo XX, e incluso antes, cuando se pasó de una economía basada en rubros del campo a una economía petrolera. Ya las ciudades y pueblos petroleros no tienen el mismo atractivo para los campesinos que tenían hace tiempo, por el hecho de que la población rural ya no busca fuentes de empleo en la industria, sino en los servicios: de hecho, a escala mundial el sector servicios es el que concentra la mayor parte de la población activa.

La mayor consecuencia de esta migración es la desaparición de poblaciones rurales enteras en diversas zonas, las cuales quedaron abandonadas como pueblos fantasma. A ello se refiere Miguel Otero Silva en una de sus mejores obras: Casas muertas, ambientada en unos pueblos llaneros (Ortiz y Parapara de Ortiz), donde la emigración a las ciudades los convierte en despoblados [6] Y el folclore venezolano también ha producido páginas excelentes sobre la emigración de los pequeños pueblos, como "Mi nostalgia", en la voz de Lilia Vera y Pueblos Tristes, que también interpretó originalmente Lilia Vera.[7]

Venezuela pasó de ser un país eminentemente rural (en 1936, 66% de la población era rural) a un país altamente urbanizado, con 87% o más de la población residenciada en áreas urbanas, con Caracas, Maracaibo, Maracay, Valencia, Barquisimeto y Ciudad Guayana como las principales ciudades. Esta situación obedeció en un primer momento al desarrollo de la actividad petrolera, cuya exportación generó una gran cantidad de divisas que sirvieron para la inversión de recursos de capital (obras de infraestructura) en las ciudades más importantes, comenzando a incrementarse los flujos migratorios del campo a los centros urbanos. Aunque se trata de un texto de fines de los años 60 del siglo XX, la obra de Chi-Yi Chen Movimientos migratorios en Venezuela[8] resulta, tanto desde el punto de vista metodológico como del conceptual, una obra muy interesante para consultar el tema de la emigración rural en Venezuela.

Ya mucho antes, desde fines del siglo XIX, cuando comenzó a incrementarse la oposición ciudad - campo en Venezuela, se podía constatar un verdadero éxodo rural hacia las grandes ciudades del país, en especial hacia Caracas, de los obreros agropecuarios de los Llanos venezolanos, como refiere Fernando Calzadilla Valdés en su obra Por los Llanos de Apure:

Tampoco el llano se ha librado de la epidemia emigratoria hacia Caracas, éxodo lamentable, pesadamente caído sobre todo el ámbito del país, restándole a las provincias venezolanas elementos de vida interesantes para el desarrollo de su progreso en general, siendo todavía más de lamentarse la no sustitución de los emigrados por otros individuos listos a llenar las vacantes cuando menos; habiendo quedado por lo tanto totalmente fuera de actividad los oficios y profesiones desempeñados por los que se fueron. Fernando Calzadilla Valdés ([9] )

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. BREESE, G. La urbanización en los países de desarrollo reciente. México: UTEHA, 1968.
  2. KISER, Clyde V. Estudios de Demografía. Buenos Aires: Milbank Memorial Fund, 1967.
  3. RAVENSTEIN, E. G. (1885): "THE LAWS OF MIGRATION", en London: Journal of the Royal Statistical Society - vol. 48, nº. june, 1885, pp. 167 - 227.
  4. RAVENSTEIN, E. G. (1889): "THE LAWS OF MIGRATION", en London: Journal of the Royal Statistical Society - vol.. 52, nº. june, 1889, pp. 241 - 301
  5. Pedro Infante en La Casita [1]
  6. Miguel Otero Silva. Casas muertas. Caracas: Ediciones Monte Ávila, 1996 (la primera edición es de 1955) [2]
  7. Lilia Vera en Mi nostalgia [3]
  8. Chi-Yi Chen. Movimientos migratorios en Venezuela. Caracas: Corporación Venezolana de Fomento y The Population Council, 1968
  9. Fernando Calzadilla Valdés. Por los Llanos de Apure. Caracas: Ministerio de Educación Nacional, 1948, p. 8