Patagonia rebelde

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La Patagonia rebelde o la Patagonia trágica es el nombre que recibió la lucha protagonizada por los trabajadores anarcosindicalistas en rebelión de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, entre 1920 y 1921. Comenzó como una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, luego reprimida por el ejército al mando del teniente Héctor Benigno Varela, enviado por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen.[1] A su término, 1.500 obreros habían sido fusilados, convirtiéndose en una de la más injustas muestras de autoritarismo en democracia en la historia del país.[cita requerida]

Los acontecimientos[editar]

La FORA (Federación Obrera Regional Argentina) había organizado en Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz, la Sociedad Obrera de Río Gallegos[2] dirigida por el anarquista español, Antonio Soto, conocido como "el gallego" Soto. Santa Cruz era un centro de producción de lana con destino a la exportación, con grandes latifundios y frigoríficos ingleses. La baja demanda de los stocks de lana que estaban acumulados al finalizar la Primera Guerra Mundial, y la caída del precio de $9,74 a $3,08 regresando así al nivel normal de cotización en tiempos de paz, darán lugar a una crisis regional. Esta afectó a los estancieros y comerciantes, pero repercutió aun más sobre los trabajadores laneros y los peones rurales, que vivían en condiciones miserables. Con el fin de la Guerra, el precio de las exportaciones primarias patagónicas bajó. La jornada normal de los obreros de ese entonces era de 12 horas, la de los esquiladores y los arrieros rondaba las 16 horas; los salarios eran ínfimos, y frecuentemente eran pagados en bonos o en moneda extranjera que al cambiarla en los comercios era tomada por un valor menor. A esto se sumaba que el único día de descanso laboral era el domingo.

Frente del local de la Sociedad Obrera de Río Gallegos (1920)

Una huelga de protesta en septiembre de 1920 contra las arbitrariedades de la autoridad policial,[3] el boicot a tres comerciantes ligados a la Sociedad Rural y la detención de los dirigentes de la Sociedad Obrera, profundizó el enfrentamiento. Acudieron delegados de toda la provincia, que discutieron las medidas a exigir a la Sociedad Rural. En esta situación, los obreros congregados en la Sociedad Obrera de Río Gallegos presentaron a la patronal un pliego de reivindicaciones exigiendo un mejoramiento de las condiciones laborales.

Entre otras demandas, los obreros exigían que en recintos de 16 m² no durmieran más de tres hombres, que se entregase un paquete de velas a cada obrero mensualmente,[4] que no se trabajase los sábados, un mejoramiento de las raciones de alimentos, un sueldo mínimo mensual de 100 pesos y el reconocimiento de la Sociedad Obrera como el único representante legítimo de los trabajadores, aceptando el nombramiento de un delegado como intermediario entre las partes en conflicto. Este pliego fue rechazado por la organización que nucleaba a los estancieros, la Sociedad Rural. La respuesta de los trabajadores fue declarar la huelga general en toda Santa Cruz.

Primera huelga[editar]

El 1 de noviembre de 1920 se declara la huelga general. El 3 de noviembre intentan asesinar al dirigente Antonio Soto, pero logra escaparse. El 18 de noviembre en una asamblea en la Sociedad Obrera se hace una nueva propuesta en un 2° pliego a la Sociedad Rural, que será aceptada por un reducido grupo de estancieros el 2 de diciembre. En Puerto Deseado y en Puerto San Julián también se declara la huelga general, liderada por anarquistas, plegándose los ferroviarios y los empleados de La Anónima. El 17 de diciembre la policía asesina al huelguista Domingo F. Olmedo.

Gobernador Edelmiro Correa Falcón

La Sociedad Obrera, en una asamblea en que se discutían los pasos a seguir, radicaliza su posición al prevalecer la tendencia de la FORA del V Congreso (anarquista) sobre la de la FORA del IX Congreso (sindicalista). Antonio Soto viaja clandestinamente a Buenos Aires buscando apoyo y solidaridad en el Congreso de la FORA que se realizaba en esos días.

Los huelguistas continuaron tomando como rehenes a policías, estancieros y al personal administrativo de los establecimientos rurales, incautando las armas y los alimentos para el sustento de las columnas movilizadas. Hasta ese momento no habían ocurrido hechos de violencia graves, con excepción de los protagonizados por una banda anarquista liderada por Alfredo Fonte alias "El Toscano", que asaltaba estancias (el 2 de enero de 1921 "El Toscano" y su socio el "68" asaltaron la estancia "El Campamento").

En la región de Lago Argentino, los obreros se organizaron en columnas y marcharon por las estancias levantando a la peonada, movilizándose de un lugar a otro, para evitar las represalias policiales y dirigirse hacia Río Gallegos. El 4 de enero, al llegar al paraje denominado El Cerrito, la policía los atacó con armas de fuego. Como resultado del combate, hubo varios policías y obreros muertos y heridos. Este hecho fue manipulado por los periódicos que respondían a la Sociedad Rural, al gobernador Edelmiro Correa Falcón[5] y a Liga Patriótica Argentina, para pintar un cuadro de situación en el que la provincia entera había caído en manos del bandolerismo anarquista. Lo que se procura desde este sector era involucrar al gobierno nacional que presidía Hipólito Yrigoyen en la represión del movimiento obrero.

H.B.Varela en 1907

El 21 de enero los obreros toman la estancia La Anita, tomando de rehenes a sus dueños y al comisario Micheri; luego toman la estancia La Primavera. El 29 de enero llega el nuevo gobernador en reemplazo de Correa Falcón, el capitán Ángel Ignacio Yza, de extracción yrigoyenista. Su política será de tipo conciliadora, buscando arreglos pacíficos entre las partes. Mientras tanto, las tropas del Ejército comandadas por el teniente coronel Héctor Benigno Varela llegan a Puerto Santa Cruz el 2 de febrero y se trasladan de inmediato a Río Gallegos.

El gobernador Yza acuerda con Varela no recurrir a la represión y se entrevistan con los huelguistas en la estancia El Tero el 15 de febrero. Las condiciones eran deponer las armas y la liberación de los rehenes. A cambio se reconocían gran parte de las demandas de los trabajadores, aceptándose un convenio que los patrones habían propuesto a los obreros con fecha 30 de enero.[6] Al día siguiente se levanta la huelga, mientras se vivía un clima de triunfo en la Sociedad Obrera ("El Toscano" y su banda no aceptaron la mediación y se ocultaron en el interior de la provincia, llevándose consigo gran parte de las armas, para impedir que las requisaran). El conflicto llega a un principio de solución a través de un laudo del gobernador Yza, que es aceptado por las partes y homologado por el Departamento de Trabajo de la Nación (22 de febrero de 1921).

Luego del acuerdo con el gobernador Yza, las tropas de Varela retornan a Buenos Aires en mayo de 1921.[7] Lejos de cumplirse el acuerdo, la patronal comienza una serie de represalias contra los participantes de las huelgas en las estancias y en los puertos de Santa Cruz. Comenzaron a actuar las fuerzas policiales con refuerzos parapoliciales integrados por miembros de la Liga Patriótica del nacionalista Manuel Carlés.

Intermedio: profundización del conflicto[editar]

El grupo de estancieros, comerciantes y capitalistas patagónicos nucleados en la Sociedad Rural (y apoyados por la Liga Patriótica y algunos funcionarios policiales) abrió la ofensiva contra los otros grupos de intereses que se le enfrentaban: los obreros de la Sociedad Obrera y los radicales yrigoyenistas liderados por José María Borrero y el juez Ismael Viñas, formalmente nucleados alrededor de la figura del gobernador Yza. Este último grupo respondió a las acciones de los estancieros por medio de su periódico La Verdad, dirigido por Borrero, denunciando los contratos leoninos que el frigorífico norteamericano Swift hacía firmar a los obreros del gremio de la carne.[8]

El conflicto finalizó con el triunfo del frigorífico, ayudado indirectamente por Santiago Lázaro y Rogelio Lorenzo, sindicalistas de la FORA del IX Congreso enviados desde Buenos Aires y enfrentados con Antonio Soto por su estilo anarquista afín a la FORA del V Congreso. Desde su vocero La Organización Obrera la FORA sindicalista atacaba a la Sociedad Obrera de Río Gallegos de carácter anarcosindicalista, logrando que varios gremios se separaran (el primero fueron los trabajadores gráficos, y a continuación los choferes y mecánicos). Así, el sector obrero quedó dividido, acercándose el grupo de la FORA del IX al grupo yrigoyenista de Borrero y de Yza. Se inició una serie de ataques a la Sociedad Obrera, con la publicación de volantes por parte los dirigentes de la FORA sindicalista.

En mayo de 1921 los telegrafistas del correo de Río Gallegos en huelga, cambian la comisión y rompen con la Sociedad Obrera. El 10 de mayo en una asamblea realizada en el cine "Select" de Río Gallegos, el dirigente de la FORA sindicalista Rogelio Lorenzo y su "Sindicato autónomo de chauffeurs" ocuparon la sede de la Sociedad Obrera. Un grupo de gremialistas encabezados por Soto los expulsó violentamente del local.

Entierro del obrero Zacarías Gracián, mayo de 1921.

Si bien los dirigentes enviados desde Buenos Aires fueron estrepitosamente derrotados en asamblea, demostrando una nula capacidad de movilización, la Sociedad Obrera comenzó a dar algunas muestras de debilidad. A pesar de haber logrado unos triunfos parciales en boicots contra algunos comerciantes acaudalados, el gobernador Yza dejó de tenerlos como interlocutores válidos, reconociendo solamente a los de la FORA sindicalista.

La Sociedad Rural comenzó a mover sus influencias en Buenos Aires, y propició una campaña en los periódicos La Prensa, La Razón y La Nación para denunciar el peligro anarquista, el bandolerismo y la posibilidad de que el gobierno chileno, intentase apoderarse de la región de Santa Cruz. Paralelamente, propiciaron la inmigración de trabajadores "libres", es decir, rompehuelgas traídos desde otras regiones, que serán objeto de graves agresiones por parte de los obreros locales. El 29 de agosto de 1921 llegaron a Río Gallegos a bordo del vapor El Asturiano. El dirigente obrero, cocinero de profesión.[9] Rogelio Lorenzo, de la FORA sindicalista, intenta conformar un gremio autónomo de trabajadores rurales en el interior de la provincia, en especial en la zona de Lago Argentino, inundando con volantes la región. Por esa razón Soto viaja por toda la provincia de Santa Cruz, esclareciendo a los trabajadores rurales, arrieros, esquiladores, etc. sobre la naturaleza del conflicto y el incumplimiento del acuerdo con Yza por parte de la patronal, haciendo fracasar la maniobra de Lorenzo. La asamblea organizada por la FORA sindicalista el 2 de octubre, será un completo fiasco.

Durante el mes de octubre la situación llega a un punto de no retorno. Uno de los puntos conflictivos fue la actuación del grupo El Consejo Rojo, capitaneado por Alfredo Fonte alias "El Toscano", que comenzó a perpetrar asaltos, saqueos y toma de rehenes en las estancias de la provincia.[10] A principios de octubre se entrevistó con Antonio Soto para exponerle su plan: huelga general, asaltar las estancias y tomar rehenes, de forma sorpresiva y violenta. Soto se opuso, y sostuvo que había que hacer huelga o boicot solamente a aquellos estancieros que no hubieran cumplido con el pliego de condiciones y argumentó que era darle argumentos a la Sociedad Rural. Ambos rompieron relaciones por completo. "El Toscano" fue capturado el 8 de octubre, por el comisario Vera, paradójicamente, denunciado por los obreros.

Soto partió en campaña y recorrió los parajes de Barranca Blanca, El Tero, Mac Cormack, Tapi Aike, Fuentes del Coyle, Cancha Carrera, Primavera, San José, Laurita, Rospentek, Punta Alta, Glen Cross, Rincón de los Morros, Douglas, Bella Vista, Buitreras, Paso del Medio, Clark, etc. Si bien logró una adhesión aplastante entre los obreros rurales, la Sociedad Obrera había quedado sin apoyos externos: el juez Viñas afrontaba juicio político en Buenos Aires, José María Borrero estaba recluido y silencioso, los abogados Corminas, Cabral y Beherán tampoco aparecían a dar su apoyo, y el gobernador radical prefería a la FORA sindicalista como interlocutor.[11] Además la Sociedad Obrera había perdido fuerza en los puertos, que respondían a la FORA sindicalista. En Puerto Deseado los ferroviarios, y en Puerto San Julián y Puerto Santa Cruz los obreros estibadores y de playa, no apoyaron la huelga. El único apoyo era el de algunos anarquistas como Ramón Outerello, con excepción de Puerto San Julián, donde el dirigente era Albino Argüelles, socialista. El único apoyo en la costa provenía de Río Gallegos.

Segunda huelga[editar]

Obreros detenidos aguardan ser identificados

El 24 de octubre se allanaron y clausuraron los locales de la Federación Obrera de Río Gallegos, Puerto Deseado, San Julián, Puerto Santa Cruz y se arrestaron a los dirigentes obreros. Antonio Paris, secretario general de la Federación Obrera es detenido y torturado por la policía; luego será deportado junto con otros dirigentes obreros. Se declara la huelga general en Santa Cruz.[12] Antonio Soto, que estaba en la estancia Bella Vista, enarboló una bandera roja y negra del anarquismo, y comenzó a impulsar la huelga y toma de estancias. A comienzos de noviembre, Soto había levantado a los trabajadores de las estancias Buitreras, Alquinta, Rincón de los Morros, Glencross, La Esperanza y Bella Vista.

La policía inicia una apresurada ofensiva y detiene a los dirigentes que Soto envía a Río Gallegos: Mogilnitzky, Sambucetti y Severino Fernández son torturados y deportados en el vapor Vicente Fidel López, mientras que son detenidos y apaleados José Graña, Domingo Oyola, Restituto Álvarez y el dueño del bar donde se encontraban reunidos, Martín Tadich. La ola de detenciones de dirigentes en las ciudades costeras aisló al movimiento huelguístico, que siguió creciendo. Ramón Outerello logró evadirse de las autoridades en Puerto Santa Cruz, iniciando un accionar más agresivo que Antonio Soto, que no quería enfrentarse con el Ejército y el gobierno. Outerello comienza a organizar grandes columnas de obreros, y a tomar estancias, dirigiéndose a los puertos, para romper el aislamiento. En la estancia alemana Bremen, en Laguna Cifre, los huelguistas son atacados por los estancieros, con el resultado de dos obreros muertos y varios heridos.

Llegada de Varela[editar]

El presidente argentino Hipólito Yrigoyen decidió el envío de tropas del Regimiento 10° de Caballería, dividiéndola en 2 cuerpos. El principal era comandado por el jefe de la expedición, el teniente coronel Varela, y el segundo cuerpo era comandado por el capitán Elbio C. Anaya. Partieron el 4 de noviembre de 1921 en el transporte Guardia Nacional.

El 10 de noviembre Varela arribó a Río Gallegos. Allí fue informado por los miembros de la Sociedad Rural, las autoridades policiales y el gobierno local que

"...todo el orden se halla subvertido, que no existía la garantía individual, del domicilio, de la vida y de las haciendas que nuestra Constitución garante; que hombres levantados en armas contra la Patria amenazaban la estabilidad de las autoridades y abiertamente contra el Gobierno Nacional, destruyendo, incendiando, requisando caballos, víveres y toda clase de elementos...

Informe del tte. cnel. Varela[13]

Varela contaba con una tropa de 200 hombres bien pertrechados, mientras que los huelguistas rondaban los dos millares, pobremente armados. Si bien se discuten las razones que lo llevaron a hacerlo, por órdenes del Gobierno Nacional o guiado por su propio criterio, lo cierto es que Varela impuso la "pena de fusilamiento" contra los peones y obreros en huelga.[14] Contra lo que posteriormente argumentarán los autores de los fusilamientos para justificar su accionar, el gobierno chileno colaboró con las fuerzas argentinas cerrando la frontera para impedir el paso de los huelguistas y permitiendo a las tropas argentinas incursionar en territorio chileno para continuar su persecución.

Huelguistas apresados por las tropas de Varela.

El 11 de noviembre Varela con el tte.1° Schweizer y 12 soldados, partieron en dirección a El Cifre, Paso Ibáñez. Allí Varela ordenó el primer fusilamiento (cuando aún no había publicado su bando decretando la pena de muerte): el prisionero chileno Triviño Cárcamo. Luego retornó a Río Gallegos. El 12 de noviembre el capitán Viñas Ibarra con el subtte. Frugoni Miranda y 50 soldados de tropa partieron en dirección a Pari-Aike, Fuentes del Coyle, Primavera, Punta Alta, Cancha Carrera y Cordillera de los Baguales. El 14 de noviembre, en las cercanías de Punta Alta atacaron a un centenar de huelguistas con escasas armas de fuego, casi todos armados con cuchillos, matando a 5 huelguistas y tomando prisioneros unos 80, de los que habría fusilado a la mitad aproximadamente.[15]

Outerello y su columna de 400 huelguistas se dirigieron a Paso Ibáñez, que en esa época contaba con unos 800 habitantes, y ocupan el poblado. Llevaban consigo a numerosos policías, estancieros y administradores de estancia como rehenes, a los que alojaron en el cine local. Luego de resistir a las tropas de la marina con éxito, Outerello solicitó parlamentar con Varela, que arribó el 23 de noviembre. Los huelguistas demandaron la libertad de los compañeros presos y de los deportados, y el cumplimiento del pliego de condiciones que la patronal había firmado. Varela les respondió que debían rendirse incondicionalmente. Mientras los obreros deliberaban (Outerello era partidario de no rendirse y huyó a Cañadón León, Estancia Bella Vista), Varela los atacó en Río Chico rindiendo a una columna dirigida por Avendaño, a quien fusiló junto a decenas de huelguistas. Luego tendieron una emboscada al grupo de Outerello el 1 de diciembre, que resultó muerto junto a una decena de obreros; las tropas de Varela no sufrieron bajas.[16]

Las tropas dirigidas por el capitán Viñas Ibarra fueron en persecución de las columnas lideradas por Antonio Soto. El 2 de diciembre cruzaron el río Santa Cruz en bote con 20 hombres y más adelante, sorprendieron a un grupo de huelguistas, sometiéndolos en el paraje de "El Perro" donde son exterminados unos 20 obreros. En Cerro Negro las tropas de Viñas Ibarra recorrieron la región "limpiándola" de activistas, y fusilándolos en el lugar donde se los encontraba. Luego, avanzaron hacia la región de Lago Argentino por el camino de Cordillera de los Baguales. El 6 de diciembre en La Leona se entregaron voluntariamente unos 100 huelguistas, mientras que unos 80 siguieron a Soto a la estancia La Anita. Viñas Ibarra luego de alcanzarlos les exigió una rendición incondicional. Durante la noche discutieron en una asamblea, mientras las tropas se preparaban para el asalto: la asamblea votó por la rendición, contra la posición de los anarquistas, que no confiaban en el ejército. Los huelguistas envían dos delegados a pedir condiciones para la rendición, pero Viñas Ibarra los fusila en el acto. Finalmente llega la rendición incondicional. Según diversos testimonios la cifra de fusilados oscilaría entre 100 y 200. Antonio Soto, que era contrario a la rendición, huyó a caballo rumbo a Chile con 12 compañeros. El 9 de diciembre, el grupo de Soto cruza la frontera por la zona del cerro Centinela. Nunca será atrapado.[17] Entre el 12 y el 20 de diciembre Viñas Ibarra recorrió la región capturando y fusilando a los últimos huelguistas dispersos en la región.

Última fotografía de José Font, conocido como "Facón Grande"

La represión continuó desde la región de San Julián hasta Cañadón León. Las tropas de Anaya el 17 de diciembre desde estancia San José marcharon hacia el norte. Cerca del mediodía, luego de un tiroteo en Tapera de Casterán se tomaron numerosos prisioneros. Si bien los militares declararon que murió tan solo el dirigente Albino Argüelles y dos huelguistas, se fusiló un centenar de prisioneros.[18]

Final[editar]

La última y final columna de huelguistas que quedaba activa era la dirigida por José Font, más conocido como Facón Grande, en la zona de Puerto Deseado. Este dividió sus fuerzas en dos columnas, una de 300 hombres hacia el sur de Puerto Deseado, en Bahía Laura, y la otra liderada por "Facón Grande" hacia Pico Truncado. Ocuparon el poblado de Las Heras y dejaron a cargo al delegado Antonio Echevarría. El 18 de diciembre Varela envía un tren de exploración desde Puerto Deseado, que llega a Las Heras a cargo del subteniente Jonas. Retoma Las Heras sin resistencia y fusila a Echevarría y a otros dirigentes huelguistas. El 20 de diciembre Varela arribó a la estación Tehuelches informado sobre un campamento de huelguistas. Al llegar, se produce el único acto de resistencia al ejército en toda la campaña: en un tiroteo es herido el soldado Salvi y muerto el soldado Fischer. Entre los huelguistas hubo al menos tres muertos y varios heridos. Varela y su grupo tuvieron que retroceder hasta Jaramillo. Desde allí envía al gerente de La Anónima, Mario Mesa, a parlamentar con "Facón Grande", y les promete respetar la vida de todos y acceder a sus demandas si se rinden. Luego de una asamblea, los obreros deciden entregarse en la estación Tehuelches el 22 de diciembre. Contrariamente a lo prometido, Varela fusila a Facón Grande, a Leiva y al menos a medio centenar de obreros. Al exterminar al último grupo de huelguistas, las tropas del ejército se dedicaron a rastrillar toda la provincia de Santa Cruz en busca de los huelguistas dispersos. El ejército perseguirá a los huelguistas, los irá atrapando y fusilando sumariamente. La campaña finalizó el 10 de enero de 1922. En total, alrededor de 1500 obreros y huelguistas resultaron muertos.[19]

Repercusiones de los fusilamientos[editar]

El domingo 1 de enero de 1922 la Sociedad Rural festejó el Año Nuevo con un apoteótico homenaje al teniente coronel Varela en el Hotel Argentino. El 7 de enero arriba el vapor "Asturiano" a Río Gallegos, con Manuel Carlés a bordo, presidente de la Liga Patriótica, para rendir homenaje y condecorar a Varela y sus hombres. El día 11 de enero el diario La Unión publica una declaración de la Sociedad Rural anunciando la rebaja de todos los salarios en un tercio, es decir, un valor nominal inferior al de los salarios vigentes durante la primera huelga.[20] El único acto de repudio a las tropas represivas fue llevado a cabo por las 5 meretrices del prostíbulo La Catalana, que se negaron a atender a los estupefactos soldados, gritándoles "asesinos".[21]

Los periódicos anarquistas, principalmente La Antorcha y La Protesta, denunciaron la masacre de obreros prisiones y los fusilamientos sumarios en el mismo momento en que estaban ocurriendo. Llamaron a la solidaridad y a la huelga, pero las otras organizaciones obreras (la UGT y la FORA del IX) solo protestaron formalmente para no enfrentarse con el gobierno de Hipólito Yrigoyen. Solamente cuando se empezaron a conocer las proporciones de la matanza, se unieron a la prédica. Con excepción de los anarquistas, que publicarán testimonios, denuncias y listas de asesinados, los reclamos de los otros grupos políticos fueron entre tibios y formales.[22] Desde el gobierno no se hicieron honores a los vencedores, no se avaló oficialmente el accionar de las tropas y se tendió un manto de olvido sobre el asunto, por temor a las consecuencias políticas. Hubo algunos debates y denuncias en la Cámara de Diputados de la Nación desde el 1 de febrero de 1922, en que el diputado socialista Antonio De Tomaso aborda el tema en una sesión. Las denuncias y escándalos de los diputados socialistas son sistemáticamente desoídos y pocos meses después el asunto cae en el olvido.

Serie de venganzas[editar]

El 27 de enero de 1923 un obrero alemán de nombre Kurt Wilckens ultimó a Héctor Benigno Varela. Había intentado asesinar a Varela en otras oportunidades, pero Varela siempre aparecía acompañado por otras personas o por sus hijas, lo cual lo disuadía de realizar el atentado. Ese día Varela salió de su residencia sin compañías. Wilckens lo esperó a pocos metros de la entrada de su domicilio en la calle Fitz Roy n° 2461 del barrio de Palermo, de la ciudad de Buenos Aires, y al verlo salir le arrojó una bomba de percusión a los pies que hirió al militar. Luego le disparó cuatro balazos (cifra con la que Varela solía ordenar que asesinaran a sus víctimas) con su revolver Colt. Wilckens intentó huir, pero una esquirla de la bomba le había roto el peroné, impidiéndole la fuga. Al ser detenido por la policía dijo: "He vengado a mis hermanos".

Kurt Wilckens era un anarquista pacifista, abstemio y vegetariano que estaba profundamente indignado por el accionar de Varela, y que no poseía experiencia en atentados ni en el manejo de explosivos.[cita requerida] Declaró que su acto fue un hecho completamente individual, aunque indudablemente recibió ayuda de otros anarquistas.[cita requerida] Wilckens es saludado por todo el anarquismo de la Argentina, y las repercusiones de su atentado llegan hasta Alemania y Estados Unidos, país en el que había residido.

Titular de La Protesta

A los funerales de Varela asistieron el ministro de Guerra general Agustín P. Justo, el doctor Manuel Carlés, el presidente Marcelo T. de Alvear y el ex-presidente Hipólito Yrigoyen. Allí, un joven de la Liga Patriótica Argentina y ex policía de Santa Cruz, llamado Ernesto Pérez Millán Témperley profirió insultos y amenazas al periodismo.

Los fiscales pidieron 17 años de prisión para Wilckens. Estando en prisión se recuperó saludablemente y por su carácter dócil llegó a ser estimado por los internos y respetado por los funcionarios, recibiendo visitas y material de lectura con frecuencia. Fue entrevistado por periodistas, escribiendo algunos artículos para periódicos anarquistas.

"No fue venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. ¡ pero la venganza es indigna de un anarquista! El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencias; trabajemos para apresurar ese día."

Kurt Wilckens, carta del 21 de mayo de 1923).

El 15 de junio, Wilckens fue asesinado por Pérez Millán Témperley en su celda mientras dormía, de un balazo que le atravesó el pulmón izquierdo. Wilckens falleció al día siguiente. Su asesino, al ser detenido declaró: "Yo he sido subalterno y pariente del comandante Varela. Acabo de vengar su muerte". El titular del diario Crítica vendió más de medio millón de ejemplares, y el hecho despertó la indignación de los anarquistas y las organizaciones obreras. La FORA convocó a un paro general de protesta y una manifestación en Plaza Once dejó un saldo de 2 muertos, 17 heridos y 163 detenidos por parte de los manifestantes y un oficial muerto y tres policías heridos. La Unión Sindical Argentina, ex-FORA del IX, apoyó la huelga pero pronto levantó la medida.

Pérez Millán fue declarado demente gracias a sus influencias, e internado en el Hospicio Vieytes, donde llevó una vida tranquila, pero albergando resentimiento por sentirse abandonado por sus camaradas de la Liga Patriótica. En la mañana del 9 de noviembre de 1925 Pérez Millán es asesinado de un tiro por Esteban Lucich, un interno con antecedentes homicidas.[23] Debido a que Lucich no tendría una motivación manifiesta para cometer el hecho, los investigadores apuntan al profesor Germán Boris Wladimirovich, un anarquista de origen ruso, autor en 1919 del primer asalto con fines políticos en la Argentina. Sometido a un duro interrogatorio y golpiza, no admitirá su participación, para no comprometer a sus apoyos en el exterior. Debido a la tortura a la que es sometido Wladimirovich, muere unos meses después.

Filmografía[editar]

Fotograma del film La Patagonia Rebelde, de Héctor Olivera (Argentina, 1974)

La película de 1974 La Patagonia rebelde dirigida por Héctor Olivera y con guion de Osvaldo Bayer recrea aquella masacre. Fue censurada primero por el entonces presidente, Juan Domingo Perón, y luego finalmente fue aprobada el 12 de junio de ese año por decisión del mismo.[24] Después de la muerte de Perón, fue censurada nuevamente el 12 de octubre por el gobierno de Isabel Perón.[25] Sólo pudo ser exhibida con el regreso de la democracia formal en 1984.[26] [27] El film ganó el Oso de Plata en la Berlinale de 1974.

En 2006 se estrena el documental La vuelta de Osvaldo Bayer, dirigido por Eduardo Anguita. Este recrea - mediante la guía de Bayer - algunos pasajes de los hechos que aún hoy permanecen en la huella del paisaje y la memoria colectiva de la población patagónica, con algunos monumentos semidestruidos, murales de conmemoración, etc.

Literatura[editar]

En el cuento De cómo murió el chilote Otey Francisco Coloane relata un episodio ambientado en los días finales de la huelga. Mientras unos 850 obreros al mando de Facón Grande huyen hacia la cordillera del Paine y la frontera con Chile, otros 40 y entre ellos los chilotes Otey y Rivera, deciden morir por sus compañeros y quedarse atrincherados en un galpón de esquila para hacer que los hombres de Varela pierdan tiempo en combate. Durante la narración los personajes presentan versiones de las causas y los sucesos de la huelga y también reflexionan acerca de la discriminación que sufren los chilotes en la Patagonia.

También el libro de David Viñas, Los dueños de la tierra, relata los sucesos de la Patagonia rebelde, a través de la historia del mediador enviado por el gobierno radical para solucionar el conflicto de forma pacífica, antes de la intervención del ejército.

Pavel Oyarzún, novelista y poeta nacido en Punta Arenas, escribe la novela "El Paso del Diablo" (2004), en la que recoge la huida de los obreros huelguistas perseguidos por los soldados del Regimiento del 10 de Caballería.

Referencias[editar]

  1. http://www.portalplanetasedna.com.ar/irigoyen.htm
  2. La Sociedad Obrera de oficios varios fue fundada en Río Gallegos alrededor de [[1918], y contaba con una imprenta y una escuela. Publicaba el periódico 1° de Mayo. Enviaron delegados a todas las estancias y estabpor la policía (Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde, Tomo I. Ed. Booket, Buenos Aires, 2004).
  3. La Sociedad Obrera había pedido permiso para hacer un homenaje al pedagogo libertario Francisco Ferrer i Guardia al comisario Ritchie, que no lo autorizó y los obreros respondieron con una huelga de 48 horas. También el 19 de octubre, el gobernador Correa Falcón hizo apresar a los integrantes de una asamblea en el local de la Sociedad Obrera, lo cual fue respondido con un paro general.
  4. Los días en el invierno patagónico son muy cortos y los almacenes de los estancieros cobraban hasta 80 un paquete de velas que sólo costaba 5 centavos (Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde, Tomo I. Ed. Booket, Buenos Aires, 2004).
  5. La Sociedad Obrera había denunciado a Correa Falcón por ser gobernador interino y secretario gerente de la Sociedad Rural.
  6. El convenio decía lo siguiente:

    "Primero: Los suscriptos se obligan dentro de términos prudenciales que las circunstancias locales y regionales impongan, a las siguientes condiciones de mejoramiento económico y de higiene:

    a.- Las habitaciones de los obreros serán amplias y ventiladas reuniendo las mayores condiciones de higiene posibles; en cuanto a las cabinas, se entiende que éstas serán de madera con colchones de lana; b.- La luz de la sala común será por cuenta del patrón y también el fuego durante los meses de invierno; c.- Además del domingo, los obreros tendrán libre medio día en la semana; d.- La comida será sana, abundante y variada; e.- Cada estancia tendrá un botiquín de auxilio con sus instrucciones en idioma nacional; Segundo: a.- Los patrones se obligan a pagar a sus obreros un sueldo mínimo de cien pesos moneda nacional, alojamiento y comida, no rebajando ninguno de los sueldos que excedan actualmente esa suma; b.- Cuando el número de los obreros sea de 15 a 25, se pondrá un ayudante de cocina, y dos cuando el número de obreros sea de 25 a 40; excediendo de 40 obreros se pondrá un panadero; c.- Los ovejeros mensuales que tengan que conducir arreos de hacienda fuera de las respectivas estancias cobrarán 12 pesos moneda nacional diarios independientemente de sus sueldos y mientras conduzca el arreo;d.- Los campañistas mensuales percibirán 20 pesos moneda nacional por cada potro de amanse, fuera del sueldo que tuvieran asignado los carreteros percibirán la misma cantidad por cada novillo en las mismas condiciones. Cuarto: Los patrones se obligan y de hecho reconocen a las sociedades obreras legalmente constituidas: entiéndase que deberán gozar de personería jurídica. Los obreros podrán o no pertenecer a esas asociaciones pues sólo se tendrá en cuenta la buena conducta de cada uno. Quinto: Los obreros se obligan por su parte a levantar el paro actual de campo, volviendo al trabajo en sus respectivas faenas inmediatamente después de firmar este convenio.

    Río Gallegos, 30 de enero de 1921”
    .

    En Osvaldo bayer, La Patagonia rebelde, Tomo I. Booket, Buenos Aires, 2004.

  7. Tanto Osvaldo Bayer como Felipe Pigna relatan el siguiente episodio: "Cumplida su misión Varela y su regimiento, el 10 de caballería, se disponen a partir. Antes de embarcarse, a un estanciero le asaltó la duda sobre el mantenimiento de la paz social y le dijo a Varela: "Usted se va y esto comienza de nuevo" y Varela le contestó: "Si se levantan de nuevo volveré y fusilaré por decenas" (Sangrientas huelgas patagónicas. Felipe Pigna, Clarín, 12 de agosto de 2007).
  8. Los obreros de la Swift declararon la huelga, con el apoyo de la Sociedad Obrera. El titular del 11 de abril de 1921 del suplemento La Verdad decía: "Crímenes de lesa humanidad. La explotación del hombre por el hombre llevada al máximo grado de refinamiento." (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp.37).
  9. La conformación de la Sociedad Obrera quedó como sigue: secretario general: Antonio Paris; tesorero, José Graña; secretario de actas, Luis Sambuceti; vocales, Francisco Prazuta, Casimiro Alvare, Severino Fernández, Nicanor Cobi, Pedro Mongilnitzki, Fernando Ulacio, Carlos Ibáñez y Perfecto Rodríguez, además de cinco delegados del campo. (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp.108-109)
  10. La banda de "El Toscano estaba integrada por Ernesto Francisco Martín Reith, alemán de 26 años; Heerseen Dietrich, alemán de 26 años; Frank Cross, estadounidense, 37 años; Zacarías Caro, argentino de 32 años y Santiago Díaz, chileno de 22 años. Llevaban un brazalete rojo, como símbolo del socialismo (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp.118-121).
  11. Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp. 114-117.
  12. El volante repartido por la Sociedad Obrera decía:

    "HUELGA GENERAL

    En vista de que continúan los desmanes contra muchos compañeros, los cuales hemos hecho públicos en manifiestos anteriores: El Consejo Local en reunión efectuada con los delegados que la integran, la comisión del gremio Mar y Playa y los comités pro-presos y pro-huelga reconocidos, resolvieron:

    Decretar la huelga general desde hoy a las 15 horas (3 de la tarde) hasta mientras no sean puestos en libertad nuestros compañeros, debiendo por lo tanto tomar parte en ella todos los obreros de Mar y Playa, Chouffeurs (sic), Mecánicos y afines, Gastronómicos, Gráficos, Oficios Varios y todos los trabajadores de campo y Comercio en general.

    COMPAÑEROS: Crucémonos de brazos, tiremos nuestras herramientas de trabajo y que nadie se acobarde, pues es mejor continuar sufriendo hambre en común para conseguir nuestras justas reclamaciones que ir uno a uno a llenar los calabozos hechos para poner en salvo las rapiñas legalizadas de nuestros explotadores.

    EL COMITÉ PRO-HUELGA

    En Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp.145

  13. En Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, p. 160
  14. El bando de Varela era el siguiente:

    "Si ustedes aceptan someterse INCONDICIONALMENTE en este momento haciéndome entrega de los prisioneros, de todas las caballadas que tengan en su poder presentándoseme con sus armas, LES DARÉ TODA CLASE DE GARANTÍAS PARA USTEDES Y SUS FAMILIAS, comprometiéndome a hacerles justicia en las reclamaciones que tuvieran que hacer contra las autoridades como asimismo a arreglar la situación de vida para en delante de todos los trabajadores en general. Si dentro de 24 horas de recibida por ustedes la presente comunicación no recibo contestación de que ustedes aceptan el rendimiento incondicional de todos los huelguistas levantados en armas en el territorio de Santa Cruz, PROCEDERÉ:

    1° A someterlos por la fuerza ordenando a los oficiales del ejército que mandan las tropas a mis órdenes que los consideren como enemigos del país en que viven;

    2° Hacerlos responsables de la vida de cada una de las personas que en este momento mantienen ustedes por la fuerza, en forma de prisioneros, así como también de las desgracias que pudieran ocurrir en la población que ustedes ocupan y las que ocuparen en lo sucesivo;

    3° Toda persona que se encuentre con armas en la mano y no cuente con una autorización escrita, firmada por el suscripto, será castigada severamente;

    4° El que dispare un tiro contra las tropas será fusilado donde se lo encuentre;

    5° Si para someterlos se hace necesario el empleo de las armas por parte de las tropas, prevéngoles que de una vez iniciado el combate no habrá parlamento ni suspensión de hostilidades.

    Varela, teniente coronel, jefe C.10"

    En Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, p.210.

  15. Según el diario La Unión de Río Gallegos, en Fuentes de Coyle (donde Viñas Ibarra lleva prisioneros tomados en Laguna Salada y Punta Alta) hubo unos 100 muertos. Un exhaustivo estudio comparativo entre el contradictorio informe de Viñas Ibarra y las declaraciones de diversos testigos se encuentra en Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp. 167-194.
  16. Los informes de Varela y Anaya aducían muertos en combate, que en realidad fueron fusilamientos encubiertos. Los diversos testimonios oscilan entre 50 y 200 fusilados (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp. 214-238.
  17. Según el parte militar de Viñas Ibarra el resultado del encuentro fue de "siete muertos y muchos heridos que consiguieron perderse en la oscuridad de la noche" y que se tomaron "420 revoltosos prisioneros, cien estancieros, administradores, capataces y agentes, rescatados, 180 armas largas, 700 cuchillos." En realidad los prisioneros fueron seleccionados por Viñas Ibarra para ser fusilados. Edelmiro Correa Falcón, el mayor enemigo de los huelguistas confirmaba un número de 120 fusilados en La Anita (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, pp. 310-311 y 334-348.
  18. Entre los casos más impactantes está el del alamacenero Martense, fusilado porque los habrían escuchado inculparse mientras hablaba dormido (Osvaldo Bayer, La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre. Booket, Buenos Aires, 2004, p. 262.
  19. En Sangrientas huelgas patagónicas. Felipe Pigna, Clarín, 12 de agosto de 2007.
  20. Según el diario La Prensa del 25 de enero de 1922, al término de la huelga hubo una fuerte alza de precios: "San Julián, enero 24 – el destacamento de tropas de caballería que había quedado en Santa Cruz al mando del capitán Pedro E. Campos, tuvo que trasladarse a Rio Gallegos, debido a que en aquella localidad se hacía imposible la vida a causa del elevado precio alcanzado por los artículos de primera necesidad. El fenómeno que ha motivado esa traslación es común en toda la costa de la Patagonia; pero según los informes que me ha proporcionado el mencionado oficial, el costo de la vida en Santa Cruz ha llegado a límites increíbles."
  21. Osvaldo Bayer dedicó el último capítulo de La patagonia Rebelde, Tomo II-La masacre (Booket, Buenos Aires, 2004), a relatar este singular episodio.
  22. Las publicaciones que atacaron a Varela, además de todas las anarquistas, fueron el diario Crítica, La Vanguardia, La Montaña y La Internacional (Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde; tomo III Humilladdos y ofendidos. Booket, Buenos Aires, 2004).
  23. Según Felipe Pigna, "Pérez Millán leía una carta de su jefe en la Liga Patriótica y amigo personal, Manuel Carlés, mientras esperaba que Lucich le trajera el desayuno. Al rato entró el yugoslavo con el servicio. Cuando Millán tomó la bandeja, su sirviente extrajo un revolver de entre sus ropas y le dijo "esto te lo manda Wilckens" y le disparó certeramente en el pecho. Pérez Millán murió al día siguiente." En Sangrientas huelgas patagónicas diario Clarín, Buenos Aires, 12 de agosto de 2007.
  24. Magicas Ruinas
  25. Magicas Ruinas ibid.
  26. http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE85.pdf
  27. http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:xPa7uca85M8J:www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/peronismo_feinmann/CLASE85.pdf+la+patagonia+rebelde+se+reestrenó+en+1984&cd=2&hl=es&ct=clnk&gl=ar versión en HTML

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • "La Patagonia trágica". José María Borrero. (1928).
  • "La Patagonia rebelde" (tomo I: Los bandoleros). Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1972).
  • "La Patagonia rebelde" (tomo II: La masacre). Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1972).
  • "La Patagonia rebelde" (tomo III: Humillados y ofendidos). Osvaldo Bayer, Editorial Galerna, Buenos Aires, (1974).
  • "La Patagonia rebelde" (tomo IV: El vindicador). Osvaldo Bayer, Editorial Booket, Buenos Aires, (1997).

Enlaces externos[editar]