Inmigración italiana en Argentina

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Bandera de Italia Italianos en Argentina Bandera de Argentina
Italiani in Argentina (en italiano)
XXXIV Fiesta Nacional del Inmigrante - desfile - colectividad italiana.JPG
Colectividad italiana durante el desfile de inauguración de la XXXIV Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá, Misiones
Otros nombres Tanos, Ítalo-argentinos.
Regiones de origen Bandera de Italia Italia (especialmente del Noroeste italiano y el Mezzogiorno)
Población censal 691.481 (2012)[1]
Descendencia estimada Entre 20.000.000 y 30.000.000 aprox. (50% de la población argentina)[2] [3] [4] [5]
Idiomas Español rioplatense, italiano, dialectos italianos y lenguas minoritarias de Italia tales como el genovés y el napolitano[6] [3]
Religiones Predomina el Catolicismo
Migraciones relacionadas Pueblo italiano, Italianos en Uruguay, Italianos en Brasil, Italianos en Chile
Asentamientos y comunidades activas
1.º Bandera de Ciudad de Buenos Aires Ciudad de Buenos Aires y provincia de Bandera de Provincia de Buenos Aires Buenos Aires[7]
2.º Provincias de Bandera de Provincia de Córdoba (Argentina) Córdoba y Bandera de Provincia de Santa Fe Santa Fe[8]
3.º Bandera de Provincia de Mendoza Mendoza
ca. 40.000[9] hab.
4.º Resto de Argentina
Asociaciones civiles destacadas
1.º República de La Boca, Feditalia[10]
2.º Diversas federaciones regionales[10]
[editar datos en Wikidata]

La inmigración italiana en Argentina se refiere al movimiento migratorio más numeroso e importante que recibió la República Argentina. Se trata de la mayor comunidad europea en el país, incluso superando a la española.[2] [11] Unos tres millones de italianos llegaron a la nación austral, asentándose esencialmente en las regiones centrales del territorio argentino.

De 1814 a 1970 llegaron contingentes de inmigrantes de todas las regiones de Italia. Sin embargo, en el siglo XIX la mayoría de los italianos procedían de regiones del norte de Italia esencialmente de la Liguria, el Piamonte, la Lombardía y el Véneto, mientras que en el siglo XX, cuando el flujo migratorio alcanzó su pico máximo, estos inmigrantes provenían primordialmente del sur y centro italiano, principalmente de Calabria, Sicilia, la Campania, Apulia, los Abruzos y Molise.[12] [13] [14]

El asentamiento italiano en Argentina, junto con los españoles, formó la columna vertebral de la sociedad argentina actual. La cultura argentina tiene conexiones importantes en la cultura italiana en términos de idioma, costumbres y tradiciones. También existen en el país muchos apellidos italianos.[11] [15]

Comunidad italiana en Argentina[editar]

Casa de la colectividad italiana en Oberá.

La comunidad italiana en Argentina es una de las comunidades extranjeras más representativas del país desde el siglo XIX a la actualidad. Según estimaciones, aproximadamente el 50% de la población de Argentina, unos 27 millones, es de origen mayormente italiano.[2] [3] [4] [5] Número que podría subir a los mas de 30 millones considerando a los que tienen una parcial ascendencia italiana (74% de la población). La oleada grande de los inmigrantes comenzó en los años 1870, una tendencia que siguió hasta los años 1960. El efecto de la mudanza de los italianos al nuevo país fue muy fundamental para el establecimiento de la sociedad argentina como es compuesta hoy: hay influencias de la cultura italiana que son evidentes hasta en la actualidad.[11] Argentina es la nación, fuera de Italia, con mayor porcentaje de italianos y con máxima evidencia de su cultura italiana.[16] Aunque se estima que Brasil posee unos 33 millones de descendientes, más que Argentina.[2] [17]

Orígenes[editar]

Razones de origen[editar]

Emigrantes italianos llegados a la Argentina y su distribución regional[18]
Período Italia
noroccidental
Italia nororiental
y central
Italia meridional
e insular
Total
1880-1884 39,80% 16,80% 43,40% 106.953
1885-1889 35,30% 24,40% 40,30% 259.858
1890-1894 34,20% 20,70% 45,10% 151.249
1895-1899 32,30% 23,10% 44,60% 211.878
1900-1904 29,20% 19,60% 51,20% 232.746
1905-1909 26,90% 20,10% 53,00% 437.526
1910-1914 27,40% 18,20% 54,40% 355.913
1915-1919 32,30% 23,10% 44,60% 260.880
1920-1924 19,70% 17,40% 62,90% 306.928
1925-1929 14,40% 13,10% 72,50% 235.065

Las razones de la mudanza de tantos italianos al Nuevo Mundo fueron muchas. Los italianos empezaron en la segunda mitad del siglo XIX a emigrar no solamente hacia Argentina, sino a Brasil, los Estados Unidos, y otros países americanos.

Italia fue desmembrada después de la caída de Napoleón Bonaparte en 1815 (Congreso de Viena), cayendo parcialmente bajo el poder de Austria. Estaba dividida en siete estados independientes: el Reino de Cerdeña-Piamonte, el Reino Lombardo-Véneto, los ducados de Parma y Módena, el Gran Ducado de Toscana, el Reino de Nápoles o de las Dos Sicilias, y los Estados Pontificios.

En el movimiento nacionalista, se enfrentaron dos corrientes opuestas que luchaban por la unidad italiana: Mazzini, Garibaldi y "La Joven Italia" aspiraban a consolidar una república unitaria, mientras los federales querían imponer una federación de principados italianos encabezados por Carlos Alberto de Saboya y el Piamonte. Ese proceso fue conocido en la historia italiana como Risorgimento (el Resurgimiento). Sólo luego que Garibaldi apoyó la unidad italiana encabezada por Víctor Manuel II, hijo del anterior, pudo concretarse tal cuestión.

A pesar del éxito del proceso en encontrar su meta, las guerras del período y la desunión de la nueva entidad crearon inicialmente un trastorno social y económico en Italia (que estaba compuesta de estados relativamente ricos en el norte, como Reino de Cerdeña y Lombardía, y estados agrícolas pero muy pobres en el sur, como Sicilia y Nápoles). Aún más difícil de reconciliar fueron las diferencias entre los numerosos dialectos del idioma italiano en varias partes del país (había diez tan sólo en Sicilia).[19]

La Italia unida inicialmente no tuvo una infraestructura estatal capaz de resolver los problemas locales de los ciudadanos, y fue dominada por corrupción, desempleo, y desigualdad entre las clases sociales, una situación que existió (y continúa parcialmente existiendo en algunos sectores de la sociedad italiana) así que muchos italianos decidieron buscar oportunidades en otros países, usualmente en el Hemisferio Occidental.

Al otro lado del mundo, el gobierno argentino había ganado nuevos territorios en la Guerra de la Triple Alianza (1860-1870) contra Paraguay, que estaban despoblados. Para establecer la presencia de la nación en las nuevas fronteras, el estado argentino requería mano de obra barata para construir nuevos asentamientos, idealmente blancos que pudieron definir la tez europea del nuevo país. El gobierno, compuesto de personas de ascendencia ibérica no confió en los pueblos indios, dado que no tuvieron ninguna lealtad al concepto de un estado nacional del modelo europeo.

Llegada a Argentina[editar]

Inmigrantes llegados a la Argentina entre 1861 y 1920[20]
Período Total de inmigrantes Cantidad de italianos Porcentaje
1861–1870 159.570 113.554 71%
1871–1880 260.885 152.061 58%
1881–1890 841.122 493.885 59%
1891–1900 648.326 425.693 57%
1901–1910 1.764.103 796.190 45%
1911–1920 1.204.919 347.388 29%
1861-1920 3.798.925 2.270.525 59%
Una escultura en Resistencia en honor de los pioneros italianos.

Pequeños grupos de italianos comenzaron a emigrar a Argentina ya en la segunda mitad del siglo XVII.[11] Sin embargo, el flujo de la inmigración italiana a la Argentina se convirtió en un fenómeno de masas en los años 1870 a 1920 durante la gran ola de inmigración europea, con un pico entre los años 1900 y 1914, cuando alrededor del 50% del total de los llegados al país eran italianos.[20] Este flujo migratorio se mantuvo relativamente constante, con altibajos, hasta la década de 1960.[21]

La mayoría de los italianos que se mudaron hacia Argentina inicialmente fueron campesinos norteños, originarios de regiones como Piamonte, Liguria, Véneto, Friuli y Lombardía. Ellos se establecieron en regiones bastante pobladas del país como las provincias de Santa Fe, Córdoba, y Mendoza), adonde encontraban posibilidades laborales genuinas. La capital del Chaco, Resistencia fue el destino de muchos italianos después de 1878.[22] Ya entrado el siglo XX, debido a la industrialización en el norte, la mayor parte de los llegados eran del sur italiano, sobre todo Campania, Calabria y Sicilia.[10] Esto se debió por los problemas estructurales de la región y porque eran expulsados por las condiciones de pobreza.[15]

Las comunidades más grandes se establecieron en la provincia y especialmente en la ciudad de Buenos Aires, además en Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Tucumán y Santiago del Estero.[8] Otros sucesivamente llegaron a los países vecinos Uruguay y Brasil.

Fotografía de Frank George Carpenter.[23]

Los inmigrantes eran principalmente de sexo masculino, de entre 14 y 50 años de edad, y más del 50% de ellos sabían leer y escribir. En términos de ocupaciones, el 78,7% de la población activa eran trabajadores agrícolas o trabajadores no cualificados, 10,7% artesanos, mientras que sólo el 3,7% trabajaba en el comercio o como profesionales.[20]

En 1895 los ciudadanos italianos eran el 12.5% de la población argentina, pero en 1960 se habían reducido a casi el 5% del total y en 2008 eran 659.655.[8] [11] En 1914, solo la ciudad de Buenos Aires contaba con más de 300.000 habitantes nacidos en Italia, representando el 25% de la población total.[20] El fotógrafo estadounidense Frank George Carpenter incluye esta cita en la descripción de una de sus fotografías:

Buenos Aires es, con mucho, la ciudad más grande de habla española del mundo; que es más de tres veces el tamaño de Madrid, la ciudad más grande de España. Aún así, la mayor parte de sus habitantes son extranjeros. No más de una quinta parte de ellos han nacido en el país. Hay más italianos que los argentinos nativos en Buenos Aires.[23]

El gobierno de Italia promovía que sus ciudadanos participacen en los programas migratorios argentinos. El estado realizaba y entregaba publicaciones a los emigrantes para estimular el viaje e informarlos sobre el país de su llegada. Por ejemplo, "El Manual del Inmigrante Italiano", publicado en 1913, tenía consejos y advertencias sobre la Argentina. Bajo el subtítulo "Un consejo y una doble exigencia", se recomiendaba a los inmigrantes:[15]

¿Sabe quién hará conquistar a Italia el lugar que hoy no tiene entre las naciones que importan bienes a la Argentina? Usted, o mejor dicho: deberá ser usted y, con usted, sus compañeros. Entendámonos bien. Yo no me refiero aquí a los artículos de producción local, que están fuera de toda discusión. Me refiero a los artículos importados. Usted debe favorecer las importaciones de origen italiano; comprar solamente, cuando sea posible, nuestros artículos. La nacionalidad del negociante no cuenta para nada o cuenta bastante poco. Podrán ser ingleses, argentinos, españoles, etc. los que vendan quesos, aceite, conservas, algodón o telas italianas, como también podrán ser, y lo son, los comerciantes italianos que venden aceite español, telas y sombreros ingleses, quesos suizos y franceses, etc. Usted debe exigir al comerciante que lo surte productos importados de Italia. Y si, por la mejor calidad, debiera pagar un poquito más, no importa: valga el dicho 'quien más gasta, menos gasta'. Dígalo francamente, resueltamente: 'Yo quiero artículo de proveniencia italiana'. (...) Si así hicieran todos los súbditos de cualquier país, el artículo italiano bajaría de precio y, mientras favorece a su patria, se favorece usted mismo. Se puede mostrar el patriotismo no sólo con el valor en el campo de batalla. En la vida diaria, en la vida en paz, se demuestra de mil maneras hacia el propio país, cada uno en la medida y posibilidades de su propia fuerza.[15]

También en el manual se hacía referencia a la estafa denominada El cuento del tío.[15]

En 1980 los descendientes directos de italianos eran casi el 52% de los argentinos,[11] porcentaje que subía a casi el 70% si se agregaban los argentinos con lejana ascendencia italiana.

Hacia 2004, unos 15.880.000 argentinos decían tener orígenes italianos cuando la población del país era de 34,5 millones habitantes, lo que significa que conformaban el 46% de la población argentina. Ese mismo año unos 547.786 argentinos tenían ciudadanía italiana. Estos datos colocaron al país como el segundo de mayor cantidad de italianos y descendientes en el continente americano, detrás de Brasil, con cifras similares a países europeos como Francia y Suiza.[2]

Rango en el mundo[editar]

El historiador italiano Marcello De Cecco ha dicho:

Los italianos, como es sabido, son un pueblo de emigrantes. Durante muchos siglos, ellos se dispersaron a los cuatro rincones del mundo. No obstante solamente en dos países ellos se constituyen en una mayoría de la población: en Italia y en Argentina.[16]

Motivación de inmigración[editar]

Inmigrantes italianos en Argentina.
Antiguo Hotel de Inmigrantes, actual Museo de la Inmigración en el puerto de Buenos Aires.

Los italianos abandonaron su patria durante un periodo de casi un siglo en favor de Argentina, y las razones cambiaron con el tiempo:

Siglo XIX[editar]

La emigración italiana hacia Argentina (y las Américas) empezó en forma masiva por los años 1800, principalmente por tres razones: política, económica y demográfica.

  • Razones políticas: Antes de la unificación italiana bajo la corona sardo-piamontesa (1861), oleadas de exiliados emigraron hacia Argentina, forzados por los resultados adversos en el campo de batalla, en la larga y cruenta guerra civil que asoló Italia desde el motín de Nola (Nápoles, 1820) hasta la primera guerra de independencia (1848), cuando se produjo un reflujo de muchos refugiados que regresaron para continuar luchando contra los austríacos, y por la unidad de Italia. Luego de las derrotas de las repúblicas revolucionarias sobrevino un nuevo exilio, etapa que culminó en 1861 con la anhelada unidad de Italia alcanzada con Víctor Manuel II.
  • Razones económicas: Antes de la unificación tumultuosa de Italia en la segunda mitad del siglo, Italia tuvo dificultades de adaptación en relación a los cambios tecnológicos. Mientras que en Inglaterra y Alemania abrazaron las nuevas formas de industria, en Italia no pudieron competir con las potencias imperiales. De hecho, Italia solo empezó a expandirse fuera de la península itálica al fin del siglo, muy tarde en relación a Holanda, Gran Bretaña, y Francia que empezaron muchos siglos antes y manejaron sus colonias relativamente con aptitud. En adición a esto, Italia fue dominada por Napoleón hasta 1815: él dejó la península más pobre y atrasada que nunca. En los años siguientes el pueblo italiano sufrió hambres, epidemias de cólera, y aún en tiempos normales, las instituciones débiles de los estados locales. Aún dominada por élites feudales, los italianos pobres pagaron impuestos altos y dependieron de préstamos usurarios para subsistir. Muchos italianos se mudaron al extranjero con el objetivo original de ayudar a sus familias a devolver los préstamos. Cabe precisar que muchos artesanos, que perdieron el comercio debido a la industrialización, dejaron Italia para continuar en sus empleos anteriores en lugares que los necesitaban, como Sudamérica.
  • Razones demográficas: Después de la unificación de Italia, las mejoradas condiciones sanitarias -hechas por el nuevo gobierno unitario- crearon un abultado crecimiento demográfico de la población italiana. Entre 1861 y 1911 la mortalidad (especialmente infantil) disminuyó enormemente, mientras que la natalidad se mantuvo elevada a causa de la influencia católica que promovía los nacimientos. Esto conllevó un gran crecimiento de la población joven de Italia en esos 50 años, que desembocó en una emigración en masa que -no pudiendo ir hacia las recientemente creadas colonias italianas en África- se dirigió hacia las Américas (Argentina era una de las metas preferidas por tener un clima parecido al italiano).

Siglo XX[editar]

Aunque Italia salió vencedora de la Primera Guerra Mundial, sus deudas fueron enormes, y el país perdió mucho de su pequeña riqueza en la lucha para expandir sus fronteras. El desempleo de posguerra fue otra motivación para que los italianos viajaran al extranjero. El fascismo conquistó Etiopía en 1936 para trasladar ahí millones de italianos, pero en 1943 todo se derrumbó. El surgimiento del fascismo también provocó una rápida caída de la inmigración a la Argentina, con una ligera recuperación entre 1923 y 1927, que se detuvo durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.[24] Con las secuelas de dicha guerra, Italia fue aún más arruinada, con muchas ciudades destruidas como resultado de bombardeos y ocupaciones de los aliados o de los alemanes. El período 1946-1957 trajo otra ola masiva de 380.000 italianos a la Argentina.[25]

En toda Europa los problemas económicos siguieron a la guerra, con corrupción y disturbios sociales que plagaron el estado italiano. Aunque la emigración hacia los Estados Unidos era entonces muy pequeña debido a las cuotas y a la discriminación, los italianos todavía pudieron encontrar un nuevo hogar en Argentina y en otros países sudamericanos.

La recuperación sustancial permitida por el milagro económico italiano de los 1950 y 1960 hizo finalmente que la era de la diáspora italiana en el extranjero terminase, y en las décadas siguientes Italia se convirtió en un país receptora de inmigrantes.

Población italiana residente en Argentina[cita requerida]
Año Población extranjeros Población italianos  % italianos sobre extranjeros  % italianos sobre población total
1869 210.330 71.403 33,9 3,8
1895 1.006.838 492.636 48,9 12,2
1914 2.391.171 942.209 39,4 11,9
1947 2.435.927 786.207 32,3 4,9
1960 2.604.447 878.298 33,7 4,4
1970 2.210.400 637.050 28,8 2,7

Siglo XXI: Una inmigración que no cesa[editar]

Aunque Argentina recibió el nuevo siglo atravesando algunas dificultades económicas, la inmigración italiana no cesó. Una nueva corriente de italianos comenzaría a crecer, especialmente a partir del año 2010 como consecuencia de la crisis económica que en ese momento le toca afrontar Europa, sobre todo los países de Europa del Sur, entre ellos encontrándose Italia. Cabe destacar que dentro de esta nueva corriente inmigratoria proveniente del país itálico se encuentran también argentinos (en su mayoría descendientes de italianos) que habían abandonado Argentina durante la crisis económica de 2001. William Swing, director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), ha señalado al diario uruguayo «El País» en el año 2013 que la mayoría de los italianos eligen el Cono Sur como destino principal para emigrar en Latinoamérica, destacándose Argentina.[26]

Pese a la nueva corriente de inmigrantes, hacia 2012 se estimaba que unos 69.000 italianos habían abandonado Argentina.[27]

Tratamiento de los inmigrantes y descendientes[editar]

Jóvenes de la comunidad italiana en Oberá.
Cartel de la Asociación italiana de Trelew, en la provincia del Chubut.

Con la inmigración italiana se crearon los ítalo-argentinos, o sea, los descendientes -nacidos en Argentina- de estos emigrantes italianos.

En relación a la experiencia italiana en otras partes del mundo, como en los Estados Unidos, los italo-argentinos no sufrieron de sentimientos anticatólicos o racistas. La católica sociedad en Argentina saludó a los nuevos colonos de la misma fe con que pudieron forjar Argentina. Los italo-argentinos se integraron en general mejor en la sociedad que los germano-argentinos debido a la semejanza entre los idiomas castellano e italiano, si bien eso no significa que fueron más exitosos.

A pesar de eso, hubo casos extremos en los que los italo-argentinos sufrieron de xenofobia, como en el juicio del anarquista Severino di Giovanni en 1931.[28] El juicio de Giovanni motivó algunos sentimientos anti-italianos, aunque puede verse más como un acto de maltrato estatal en Argentina.

En la actualidad es común, tanto en Argentina como en Uruguay, utilizar el gentilicio «tano» para referirse a los italianos y sus descendientes. El término proviene de la aféresis fonética de napolitano (originario de Nápoles), ya que la mayoría de los italianos que llegaron al Río de la Plata entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX provenían de dicha ciudad.[29] [30] [31]

Ítalo-argentinos en la política[editar]

Juan José Castelli
Arturo Umberto Illia

En el Río de la Plata, los exiliados italianos generalmente mazzinianos, prefirieron formar batallones especiales de connacionales, confluyendo su gestación con las hazañas americanas del revolucionario José Garibaldi, bajo cuya dirección o influjo actuaron.

Primero integraron la "Legión Italiana de Buenos Aires", comandada por el Coronel Silvino Olivieri que tuvo brillante actuación durante el sitio de la ciudad de Buenos Aires por obra del coronel Hilario Lagos, desde diciembre de 1852 hasta julio de 1853. Luego, el mismo Olivieri comandó la "Legión Agrícola Militar" a principios de 1856, cuyo objetivo era fundar una colonia próxima a Bahía Blanca, flanqueando posiciones importantes de los indios. Este proyecto fracasó a fines de setiembre de ese año, al producirse un motín de los legionarios contra su jefe, teniendo como resultado su asesinato, junto al de varios de sus allegados.

Arturo Frondizi

Luego, la anterior se convirtió en "Legión Militar" (1857), comandada por el coronel Antonio Susini, luego por Juan Bautista Charlone, participando en varias expediciones contra los pueblos originarios del continente.

Más tarde, otras legiones, engrosadas por nuevos elementos italianos que iban arribando al país, combatieron en la guerra del Paraguay (1865-1870), e incluso en la Campaña del Desierto (1879), batalla final contra los pueblos originarios, comandada por el Gral. Julio A. Roca.

Entre muchos otros legionarios italianos podemos mencionar a Francisco Anzani, Mariano Barilari, Felipe Caronti, Silvino Olivieri, Eduardo Clerici, Carlos Imperiale, José Murature, Juan Bautista Charlone, Luis Cabassa, Antonio Susini, Pietro Sagari, Daniel Cerri, Nicolás Levalle, Juan Penna, Giuseppe Guerrino Greni, Romano Pezzuti Pilloni, y muchos otros. Con ellos también vinieron ideólogos mazzinianos como Gaetano Pezzi, Juan Bautista Cuneo y otros.

Manuel Belgrano
Héctor Cámpora
Mauricio Macri

Desde los comienzos de la gran inmigración (1870), la presencia de una enorme masa extranjera produjo problemas políticos y sociales especiales. En muchos momentos pareció que la inmigración, en vez de crear una población culta, adaptada al proceso de formación de un país moderno, se convertiría en la base de soluciones violentas. La ola de violencia que afectó al movimiento obrero europeo hacia la última década del siglo pasado, fue trasvasada hacia América.

Conocidos líderes anarquistas y socialistas cruzaron el océano, y encontraron condiciones para continuar su lucha: José Ingenieros, Alberto Ghiraldo, Enrico Ferri, Severino Di Giovanni, Folco Testena, Enrico Malatesta, Pietro Gori, Miguel Arcángel Roscigna, Francesco Momo, Ángel Careghini, y otros.

La reacción nacionalista no tardó en llegar, combatiendo el peligro de ser inundados por la corriente de ultramar, que muchas veces era portadora de ideologías extremistas, socialistas o anarquistas. Un resultado de ello serían la "Ley de Residencia" (1902), y la Ley de Seguridad Social (1910).

Los mazzinianos de las primeras oleadas de inmigrantes políticos, generalmente simpatizaron con la causa de la oligarquía terrateniente e incipiente burguesía en sus luchas por el poder local, mientras que socialistas y anarquistas alentaron e integraron las luchas de los sectores populares y la clase trabajadora contra el poder de los primeros.

Los anarquistas predominaron en el movimiento obrero hasta 1910, luego comenzaron a declinar, aunque tuvieron gran actividad durante la Semana Trágica en 1919 y las huelgas de la Patagonia en 1921.

Una indicación del éxito de la gente ítalo-argentina en el país fue la ascensión de muchos de sus hijos a la cumbre del poder. El primer ejemplo fue Manuel Belgrano (1770-1820), creador de la Bandera Nacional, y luego los presidentesEduardo Lonardi (de facto), Arturo Frondizi, José María Guido (de facto), Arturo Umberto Illia, Héctor J. Cámpora, Roberto Eduardo Viola (de facto), Leopoldo Galtieri (de facto) y Reynaldo Bignone (de facto) fueron descendientes de tales inmigrantes. También otros políticos como Juan Domingo Perón, Ángel Borlenghi, Antonio Cafiero, Italo Argentino Luder, Domingo Cavallo, Roberto Lavagna, Mauricio Macri, Jesús Cataldo Cariglino, Gabriela Michetti, Jorge Macri, Sergio Massa, Carolina Scotto, Eduardo Acastello, Héctor Baldassi y Juan Schiaretti, entre otros. La familia Tessio de Santa Fe había producido algunos políticos influyentes, como el gobernador Aldo Tessio y su hija Griselda.

Juan Domingo Peron, presidente de Argentina en tres ocasiones, decía que tenía un bisabuelo italiano venido de Cerdeña. En dicha isla existe una leyenda, documentada en varios libros y artículos de periódicos italianos, que afirma que Perón era de origen sardo. Según los habitantes del pueblo de Marmoiada, Perón (con el nombre de Giovanni Piras) había emigrado a la provincia del Chubut a los 17 años en 1909.[32] [33] [34] [35]

Ítalo-argentinos en la agricultura[editar]

La Argentina iniciaría a partir de los años 1870 una creciente exportación de granos al exterior. En 1872, la mayor extensión sembrada era la de maíz y alfalfa, mientras que el trigo sólo cubría dos terceras partes del área dedicada al primero.

El desarrollo de la producción de trigo y lino en el veinteño sucesivo se concentraría, como la mayor parte de la producción agrícola, en la provincia de Santa Fe, donde se había desarrollado una pequeña propiedad campesina dedicada a las actividades agrícolas, gracias a la intervención protectora del gobierno provincial.

Hasta casi fines de siglo hubo una creciente inmigración de campesinos italianos del sector nor-occidental, principalmente piamonteses y lombardos, que vinieron con la esperanza de convertirse en propietarios de tierras en las colonias agrícolas y vieron colmadas sus expectativas, porque la tierra en los primeros tiempos podía adquirirse a muy bajo costo sino gratuitamente debido a las pautas de política colonizadora oficial.

Las condiciones en las que arribaron fueron similares en todos los casos, siendo enormes las promesas de los empresarios de tierras, aunque en la práctica generalmente los contratos no cubrían las expectativas.

El inmigrante tenía que enfrentar una situación radicalmente nueva respecto a Italia, adaptarse al clima y sus contingencias, al tipo de terreno, a las dimensiones más amplias de su chacra.

Muchas veces tuvo que vivir en zonas prácticamente desérticas y expuesto al peligro de los malones, reduciéndose su vida social al encuentro con sus compatriotas en el almacén, los días de fiesta en la iglesia o en los bailes organizados en las chacras al final de la cosecha.

Generalmente había dos categorías de peones agrícolas: el soltero y el casado. Este último, ofrecía además de su trabajo, también el de su mujer.El peón soltero difícilmente trabajaba todo el año. Empezaba su trabajo con el arado y terminaba con la siembra; el colono no mantenía más que la mano de obra necesaria luego de la roturación de su campo. Los salarios entonces bajaban, para elevarse nuevamente con la cosecha y la trilla.

Otra forma de contrato era la del tantero, cuya retribución estaba constituida del producto neto de una superficie de 8 o 10 hectáreas, calculado según el rendimiento medio de toda la chacra. Una familia de tanteros podía fácilmente ganar el producto de unas 14 o 16 hectáreas. El patrón debía proporcionar los alimentos a peones y tanteros, los cuales debían a su vez procurarse o fabricarse cama y muebles.

En la provincia de Santa Fe era usual que el propietario proporcionara al mediero un terreno libre de gastos e impuestos, habitación, animales y materiales necesarios para su disfrute. El mediero, a su vez, al expirar el contrato debía restituir todo en buen estado. Recibía las semillas, pero debía pagar la mitad. Los gastos de roturación y la compra de las bolsas también eran proporcionales. También estaban a su cargo el salario y alimento de sus peones, hasta el final de la cosecha.

El producto cosechado generalmente se dividía en partes iguales entre el mediero y el propietario. Los contratos duraban unos dos o tres años. Este sistema generalmente era productivo cuando era practicado por familias numerosas, cuyos miembros podían suplantar el trabajo de peones contratados.

El mediero trabajador y ahorrativo, podía al cabo de algunos años, convertirse en colono por cuenta propia, arrendando terrenos de gran extensión para su cultivo y beneficio.

Entre tantos agricultores y colonizadores, puede recordarse a Ángel Angeloni, José Balbiani, Juan Benvenuto, Juan Boitano, Luis Bonazzola, Cesar Comolli, Domingo Borea, Carlos Bossetti, Marcos Briolini, Primo Capraro, entre muchos otros.

Ítalo-argentinos en el comercio y la industria[editar]

Durante la gran inmigración del último cuarto del siglo XIX se puede señalar la existencia de un muy importante contingente de italianos dedicado al comercio y actividades afines. Si bien es innegable que la masiva llegada de inmigrantes produjo la expansión del mercado interno, las cifras que permitirían comprobarlo no existen o son contradictorias. La negligencia parte de las autoridades nacionales o municipales, que en los censos oficiales no deslindaron adecuadamente por nacionalidades las cifras de extranjeros. La mayoría de datos que puede encontrarse pertenecen a la ciudad de Buenos Aires, plaza que pronto adquirió una importancia desproporcionada respecto al resto del país, tanto por la cantidad de italianos instalados en ella cuanto por el volumen de su comercio.

En 1872, un periódico inglés editado en Buenos Aires, afirmaba:

Se puede decir lo que sea sobre la emigración italiana, pero es ella la que está edificando Buenos Aires, desarrollando los recursos nacionales y explorando las principales industrias. (...) A cada paso encontramos italianos; y su utilidad está fuera de discusión y su suceso es proverbial; si los italianos nos lustran los zapatos y están prestos a hacer servicios manuales en cualquier parte, fabrican también palacios y casas, equipan nuestros barcos de cabotaje, trabajan en nuestros saladeros y construyen vías férreas (...) mientras en las más altas esferas del comercio encontramos importadores y exportadores, propietarios de buques y banqueros italianos.

En 1884, gracias a la iniciativa de un selecto grupo de hombre de negocios italianos residentes en Argentina se fundó la Cámara de Comercio y Artes (Cámara de Comercio Italiana de Buenos Aires), con el objeto de promover los intercambios comerciales con Italia, sin desdeñar su participación en las más importantes manifestaciones de la colectividad. Comenzó a funcionar con 150 contribuyentes y durante muchos años llevó una existencia que se afirmaría en la vida económica de la colectividad, conquistando la simpatía de la mayoría de los comerciantes e industriales italianos.

En 1895, el comercio italiano era no sólo el más importante de Buenos Aires, sino inclusive más importante que todos los comercios de plaza juntos. Un censo señalaba en ese año, que el comercio interno italiano había llegado a límites increíbles tanto en Buenos Aires como en Santa Fe, donde los italianos fundaban bancos, sociedades de seguros, establecimientos de exportación de frutos del país, etc.

En cuanto a la evolución del comercio exterior entre Argentina e Italia, fue paralelo al aumento de la inmigración italiana en el país. Casi inexistente en 1870, comenzó a crecer paulatinamente caracterizándose por el mayor peso de las importaciones italianas debido al aumento de la demanda de parte de los inmigrados de ese origen. En 1884, año de la fundación de la Cámara de Comercio Italiana en Buenos Aires, Italia ocupó el 8° puesto entre los países importadores a Argentina, y el 7° entre los que recibían importaciones.

Como las importaciones crecieran de manera sostenida, en 1895, en momentos de firmarse el Tratado de Comercio Italo-argentino que estipulaba la cláusula de "nación más favorecida", Italia ocupaba el 2° puesto después de Gran Bretaña entre los países importadores, lugar que pronto resignaría para ubicarse en 3° ó 4° puesto por muchos años.

En 1906, la cámara enviaba al gobierno italiano una documentada relación de sus actividades, poniendo de relieve que el intercambio comercial ítalo-argentino casi se había duplicado en el último quinquenio. Italia figuraba en el 3º puesto entre los países importadores, y en el 7º de los exportadores. Las razones del bajo monto de las exportaciones argentinas a Italia residían en que ésta compraba algunos productos agrícolas a sus países vecinos, y la carne argentina era rechazada con elevados derechos aduaneros.

Recién en los primeros años de la década de 1920 los derechos aduaneros que pesaban sobre las carnes argentinas fueron rebajados, dando inicio al ingreso masivo de éstas en el mercado de consumo italiano, permitiendo inclusive que por primera vez las exportaciones argentinas a Italia superaran a las importaciones de ese origen en nuestro medio.

Entre los innumerables comerciantes italianos, podemos mencionar a Giuseppe Lamberti, Andrea Berardi, Vittorio Piselli, Paolo Fassina, José Arena, Ángel Borghi, Alfonso y Bernardo Taglioretti, Enrique Milanese, Camilo Salomone, Francisco Caputo, Carlos Tosa, Bartolomé Ferrando, Ferdinando Bancora, José Assandri, Bernardo Pianca, Abbondio Cavadini, Eugenio Piccolini, Agostino Giordano, Stefano Garré, José Modarelli, Carlos y Pablo Panizza, Pompeyo Pusterla, Carlos Pusterla, Agostino Zanatta, Riccardo Monio, Francisco y Tomás Ambrosetti, Antonio Balbiani, José Brancalini, Luis Bazzi, Juan Martinotti, Juan Bonazzola, Héctor Brenta, Vicente Camporini, José Catelli, Antonio Culacciatti, Domingo Corti, José Francioli, Ausonio Franzoni, Jeremia José Galli, Carlos Lucioni, José Ghirimoldi, Marcos Briolini, Virginio Trincavelli, Santiago Zappa, Luis Testoni, Camilo Varni, Benedicto Sartorelli, Ernesto Brusafferri, Juan Cereseto, Juan Della Cella, Luigi Moltedo, David Gianelli, José Repossi, Pascual Marini, Beniamino Petrocelli, Esteban Morchio, Francisco Garimaldi, Pedro Busso, Pietro Bernasconi, Juan Parma, Francisco Questa, Miguel Ponziano, Jacobo Bartolini, Pascual Antola, Jacobo y Federico del Canto, Francisco Aicardi, Juan Mai, Emanuel Pinasco, José y Juan Bautista Repetto, Aquiles De Micheli, Eduardo Bergamo, Decio Francini, Vincenzo Moglia, Luis Macinasco, Juan Mondelli, Luis Leidi, Ángel Giannone, Juan y Abbondio Tacchi, Eduardo Della Rosa, José Cerini, José Mauri, Pedro Mazzola, Carlos Missaglia, Ángel Molteni, José Padova, Ángel Passerini, Luis Petracchi, Biaggio Nocetto, José Caliani, Lorenzo Chichizola, José y Agustín Trabucco, José Oliveri, Martino Ponisio, Emilio Benvenuto Martelli, Ettore Berri, Pedro Peroni, Francisco Cremonti, y muchos otros.

El rápido surgimiento de industrias en Argentina, estuvo desde el comienzo vinculado al creciente mercado de consumo interno y la expansión de la agricultura extensiva. El trigo precisaba de molinos harineros, fábricas de pan y de pastas; el maíz de destilerías; la falta de cultivo de olivos hacía necesario reemplazar su aceite por los destilados de la semilla del girasol, lino y maíz; los bosques precisaban de aserraderos, fábricas de muebles, toneles, embarcaciones, etc.; la leche precisaba de plantas elaboradoras de manteca, yogur, crema y caseína; igual que los numerosos frutales que comenzaron a cultivarse; la caña de azúcar, la alfalfa, el lino, etc. Pronto se hizo necesario desarrollar y acrecentar la navegación de los ríos, la electricidad, los puentes, caminos y otras obras de infraestructura.

Desde el comienzo de la gran inmigración el primado de las industrias cayó bajo el poder de los italianos, aunque en su gran mayoría fueran de regiones norteñas, cuyas bases de desarrollo favorecían un tipo de inmigración con más alto nivel de especialización. Ellos fueron protagonistas de una experiencia única en Argentina. Portadores de la ideología del "volere é potere" (querer es poder) y ejemplos de las virtudes del "self help" (ayudarse a sí mismos), constituyeron auténticos "capitanes de la industria", siendo mayoritaria su proveniencia regional del sector nor-occidental: Lombardía (34,6 %), Piamonte (18,3 %) y Liguria (18,3 %). Muchos de ellos habían llegado a América sin dinero y con escasa preparación, pero gracias a su incansable trabajo, ahorro y esfuerzo personal llegaron a acumular el primer capital de su empresa. Una base importante para este despegue lo representó el ahorro constante y el llamado a trabajar de parientes italianos

Muchos insumos industriales fueron importados al principio de Italia y otros países, aunque prontamente se intentó comenzar a fabricarlos aquí, con el objeto de mejorarlos y suplantarlos. Se innovó vastamente e inventó nuevos insumos. Fueron abarcados todos los ramos de la industria primaria, especialmente alimentaria, construcción, textiles, vestido y tocado, incluyendo destilerías, licorerías, panificación, pastas, dulces, fábricas de hielo y soda, arroz y almidón, sombrererías, hilados de lana y algodón, camiserías, etc. También se establecieron industrias metalúrgicas y metalmecánicas, abarcando tejidos de hierro, aparejos eléctricos, establecimientos mecánicos, cocinas, camas de hierro, balanzas, cadenas, repuestos para el agro y la construcción, etc.

Torcuato Di Tella

De ese modo, en 1906 los industriales italianos eran propietarios del 56,60 % de los establecimientos mecánicos, del 46,30 % de las sombrererías, algodoneras, camiserías, del 57 % de las industrias alimentarias y del 78,60 % de la industria de la construcción de la ciudad de Buenos Aires.

Entre los innumerables industriales italianos, podemos mencionar a Carlo Zamboni, Pedro Vasena, Eugenio Cardini, F. Chientelassa, Antonio Rezzonico, José Cima, G. Dellachá, Lorenzo Piazza, Juan Massa, Giovanni Giol, Angelo Furlotti, A. Zanotti, V. Moglia, F. Pasquali, Santos Luppi, Hermenegildo Pini, Egidio Colonelli, G. Rossi, Pietro Griffero, F. Togneri, G. Aloisi, Z. Marioni, A. Albonico, D. de Grossi, A. Gnello, Antonio Tomba, Felipe Balzarini, P. Ciarlotti, Pablo Maspero, Torcuato Di Tella, Enrique Dell'Acqua, Umberto Terrabusi, Tomás Grimoldi, Bautista Testoni, Stefano Ortelli, José Ferrarini, Antonio Nerviani, Arturo Dacomo, Ambrosio Tognoni, Pedro Campi, Víctor Fontana, Luis Antonio Fasoli, Agustín Casartelli, Santiago Favali, José Erba, Enrique Luraschi, Pablo Denti, Roberto Figini, José Cuneo, José De Giacomi, Carlos Catelli, Guido Bonacina, José Tagliaretti, Juan Tronconi, Eugenio Travella, Atilio Stoppani, Juan Spreafico, Carlos Pirovano, Pascual Raimondi, Eugenio Mattaldi, Pedro Merlini, José Ottonello, Constantino Devoto, Francisco Macri,[36] y muchos otros.

Ítalo-argentinos en la ciencia y tecnología[editar]

Florentino Ameghino

Arribaron en distintos momentos naturalistas, paleontólogos, geógrafos, geólogos como Pedro Scalabrini, Joaquín Frenguelli, Giacomo Bove, Florentino Ameghino, José Anesi, Clemente Onelli, Santiago Pozzi, Marcos de Marchi, Carlos Spegazzini, y otros.

José Ingenieros

En Sociología y Antropología, entre otros descollaron José Ingenieros, José Imbelloni, Gino Germani. José Ingenieros, nació en Palermo, Italia, bautizado como Giuseppe Ingegneri, fue un político socialista, médico y filósofo italo-argentino.

Tempranamente en 1865, cuando bajo el rectorado en la Universidad de Buenos Aires del Dr. Juan María Gutiérrez, se aprobó la idea de crear una facultad de ingeniería, se pensó en contratar profesores especializados en Italia, encargándose para tal cometido al Dr. Pablo Mantegazza. Gracias a su contratación, llegaron Bernardino Speluzzi, Emilio Rossetti, Pelegrino Ströbel, y otros. En Ingeniería, también descollaron Cesar Cipolletti, Pompeyo Moneta, Felipe Caronti, Elías Tornú, Domingo Petrarca, Pedro Albertelli, Benigno Benigni, Luis Luiggi, Felipe Bonoli, Juan Carosio y otros.

Vittorio Meano

En Arquitectura, entre otros descollaron Pedro y Baltasar Fossatti, Santiago Danuzzio, Giovan Battista Arnaldi, Nicola y José Canale, Mario Geminiani, Juan Antonio Buschiazzo, Virgilio Cestari, Bruno Arenati, Luis Gamba, Ernesto Vespignani, Francesco Gianotti, Mario Palanti. Vittorio Meano, nacido en Susa, fue un arquitecto que diseñó el Palacio del Congreso de la Nación Argentina y el palacio legislativo de Uruguay. Francesco Tamburini, nacido en Italia, fue responsable de la construcción de la Casa Rosada, estuvo en el proyecto inicial del Teatro Colón de Buenos Aires y también diseñó el Teatro del Libertador General San Martín de Córdoba y la cárcel penitenciaria. Marino de Teana, naciò en Basilicata, fue un escultor y arquitecto que trabajó principalmente en Francia y fue definido por Le Monde como "un filósofo del espacio".

También arribaron numerosos constructores, que colaboraron en la erección de obras edilicias de envergadura, como José Agustoni, Ángel Albónico, Angel Riva, Gino Aloisi, Felipe Balzarini, Juan Barassi, José Bernasconi, Pablo y Soave Besana, Carlos Biondi, Francisco Bollini, Nicolás Canale, Italo Cervini, y otros.

Ítalo-argentinos en las letras y la cultura[editar]

Susana Calandrelli, escritora

La cantidad de italianos que irradiaron su cultura en estas latitudes en todos los campos fue innumerable.

Sarmiento invita a numerosos intelectuales italianos con la finalidad de mejorar la educación nacional, así fue como se incorpora a la vida cultural de los argentinos Matías Calandrelli (1845-1919), periodista, escritor, gramático, músico y filólogo, autor de numerosas obras entre las que se destaca el Diccionario filológico comparado de la lengua castellana publicado en 1880. Como anécdota se sabe que Matías Calandrelli compuso un himno llamado Dios y Patria (1905) y que había encargado la música a Puccini durante su estancia en Buenos Aires.[37] Matías Calandrelli, fue el abuelo de la reconocida escritora Susana Calandrelli[38] y del célebre caricaturista Lino Palacio Calandrelli.

Dhialma Tiberti, poeta

Otros reconocidos miembros de esta familia dejaron su marca en la cultura argentina: Como Matías C. (h) Calandrelli (médico, autor de tratados y poeta), Matías A. Calandrelli (Médico, Militar, Músico), Alcides Calandrelli (jurisconsulto), Jorge Calandrelli (músico), Elsa Calandrelli (música y folcklorista), Nieves Calandrelli (poeta), descienden de esta misma familia otras personalidades de la cultura como la pintora Patricia Sicardi Calandrelli y el músico Ignacio Sicardi. Otras personalidades reconocidas en el ámbito de la cultura fueron:Josefina Passadori, científica geográfa y escritora como así también su sobrina, la poeta: Dhialma Tiberti.

En Letras y Filosofía entre otros descollaron Gustavo Milelli, Giuseppe Tarnassi, Gherardo Marone, Roberto F. Giusti, Basilio Cittadini, Clemente Ricci, Salvatore Bucca, Rodolfo Mondolfo, Coriolano Alberini, Folco Testena, Alfonsina Storni, Enzo Aloisi, Pio Ambrogetti, Gino Arias, Cesar Battistessa, Domingo Vicente Caranci, José Ceppi, Orestes Ciattino, Elías Castelnuovo, Leonidas Barletta, Roberto Mariani, Alberto Vacarezza, Enrique y Armando Santos Discepolo, y otros.

En Plástica, entre otros descollaron Ignacio Manzoni, Baldassare Verazzi, Edoardo De Martino, Giuseppe Aguyari, Reinaldo Giudici, Emilio Pettoruti, Lino Enea Spilimbergo, Alberto M. Rossi, Emilio Caraffa, Eliseo Fausto Coppini, Ángel Alghisi, Galiano Benardinelli, Luis Borraro, Juan Cingolani, Santiago Caccia, Víctor Cúnsolo, Alfredo Lazzari, José Arduino, Ángel Guido, Garibaldi Affani, Pedro Tenti, Pablo Tosto, Francisco Caferatta, Alberto M. Rossi, Alfredo Bosco, Ángel Della Valle, Augusto Ballerini, Pío Collivadino, Faustino Brughetti, Eduardo Schiaffino, Juan Del Prete, Aldo Papparella, Víctor de Pol, Luis Fontana, Troiano Troiani, Dante Ortolani, y otros.

En Música, entre otros descollaron Juan Grazioso Panizza, Clementino del Ponte, Pietro Melani, Gaetano Gaito, Edmundo Piazzini, Olga Agnini, Adelina Agostinelli, Francesca Aimo, José Arena, Cayetano Bagnati, Rafael Baldassarri, Bruno Bandini, Héctor Bellucci, Franca Boni, Julio César Brera, Emilio Capizzano, Luis Castellazzi, Ferruccio Cattelani, Cesar Corbellini, Ángel Pastore, Pascual Romano, Lorenzo Spena, Concepto Alessi, Franco Paolantonio, Arturo Berutti, y otros.

Ítalo-argentinos en la religión[editar]

Al igual que en Italia, los italianos viviendo en otras partes del mundo profesan en su gran mayoría el catolicismo romano. En Argentina, los italianos han tenido mucha participación en la evangelización y en las obras de caridad dirigidas por la Santa Sede.

Entre los muchos sacerdotes que llegaron a la Argentina, de todas las órdenes religiosas, los primeros notables que pueden mencionarse son los constructores jesuitas, quienes a través de las numerosas iglesias barrocas que quedaron de testimonio todavía hoy recordamos, entre ellos José Brasanelli, Angel Camilo Petragrassa, Juan Bautista Prímoli y Andrés Bianchi.

También arribaron numerosos misioneros, que muchas veces arriesgaron sus vidas en peligrosas misiones en territorios ocupados por indígenas seminómadas, o en tierras inhóspitas, entre ellos Nicolás Mascardi, Juan Aceto, Enrique Adamo, Domingo Anselmo, Carlos Baruffaldi, José Beauvoir, Ángel Bernasconi, Pedro Bonacina, Mayorino Borgatello, Francisco Bibolini, Ángel Buodo, Juan Cagliero, José Cataldino, José Fagnano, Marcos Donati, Hermes Constanzi y otros.

Otros simplemente fueron sacerdotes regulares que desempeñaron distintas tareas y dejaron un recuerdo imborrable en la comunidad, como Serafin Balestra, José Alumni, Antonino Belli, Alberto María De Agostini, Luis Botta, Manuel Bruzzone, José Cassani, Benjamín Cenci, Pablo Lantelme, Luis Giorgi, Juan Bautista Scalabrini, Eugenio Nardoni, Romualdo Ferrando, Cirilo Ostilo, Daniel Urbani, José Zaninetti, Juan B. Raineri, Plácido Sargenti, Mario Pantaleo, Luis Soli, Isidoro Anselmi y Federico Da Genova, Ernesto Vespignani, Rafael Gobelli, monseñores Miguel de Andrea, Antonio Caggiano, Raúl Francisco Primatesta, Antonio Quarracino, la beata María Ludovica De Angelis, el beato Artémides Zatti, Luigi Orione, el fundador de los cottolengos que llevan su nombre en Argentina, hoy santificado por el iglesia católica, y muchos otros.

El 13 de marzo de 2013 fue electo el primer Sumo Pontífice latinoamericano de la historia, el hasta entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, quien es conocido desde entonces como Papa Francisco. Bergoglio es de ascendencia italiana (materna y paterna), concretamente piamontesa (paterna) y ligure (materna).

Ítalo-argentinos en el espectáculo[editar]

Luis Alberto Spinetta
Gustavo Cerati

En el circo, el varieté, el canto, el teatro y el cine argentino desde la familia Podestá en adelante, hubo numerosos descendientes de italianos que hicieron un importante aporte al espectáculo argentino, entre los que puede mencionarse a Francisco Petrone, Ángel Magaña, Elías Alippi, Pedro Quartucci, Mario Soffici, Luis Cesar Amadori, Lucas Demare, Luis Sandrini, Malvina Pastorino, Sebastián Chiola, Carlos Rinaldi, Hugo Fregonese, Florencio Parravicini, Federico Luppi, Oscar Ferrigno, Rodolfo Bebán, Gabriela Gili, Luis Brandoni, Pepe Biondi, Marta Bianchi, Tulio Demicheli, Hugo del Carril, Ángel Mentasti, Pierina Dealessi, José Marrone, Héctor Alterio, Pepe Soriano, Roberto Cossa, Guillermo Battaglia, Jorge Petraglia y otros. Susana Rivara de Milderman, añadió nuevas dimensiones al trabajo del actor, a través de lo corporal.

Tita Merello

En el Rock y la música popular se encuentran Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati —que fue líder y vocalista de la banda Soda Stereo—, Litto Nebbia y Leon Gieco, entre los más destacados. En la música orquestada y en el piano están Virtú Maragno, Florindo Sassone, Pepe Motta, Lito Vitale, Raúl di Blasio, el guitarrista y compositor Guillermo Barbieri entre otros.

En el tango brillaron Carlos Di Sarli, Atilio Stampone, Luis Stazo, Aníbal Troilo, Carlos Marcucci, Juan Ignacio Maglio, Juan Bautista Massa, Homero Manzi, Juan de Dios Filiberto, Armando Discepolo y Enrique Santos Discepolo, Enrique Mario Francini, Carlos Figari, Juan D’Arienzo, Raúl Garello, Alfredo Gobbi, Vicente Scaramuzza, Azucena Maizani, Tita Merello, Astor Piazzolla, Norberto Aroldi, Rodolfo Biagi, Agustín Bardi, Feliciano Brunelli, Antonino Cipolla, Pascual Contursi, Lucio Demare, y muchos otros.

Ignacio Corsini fue importante cantautor de tango, nacido en Italia. Gino Renni es un actor italiano radicado en la Argentina, nacido en Calabria (Italia) el 7 de junio de 1943, llegó a la Argentina en 1967 y realizó su primera película en 1968. Trabajó en varias telenovelas y realizó muchas películas y novelas gráficas para adultos. A su vez, el actor y conductor de televisión Rodolfo Ranni llegó de niño a la Argentina en 1947, después de haber nacido en Italia.[39] Otras celebridades nacidas en Italia son el cantante de protesta Piero De Benedictis conocido como Piero (inmigró de muy pequeño con sus padres en 1948),[40] el actor Gianni Lunadei (en 1950),[41] y el músico de rock Kay Galiffi (1950), miembro original de la banda Los Gatos,[42] y Luca Prodan líder de la banda de rock y reagge Sumo.[43]

Ítalo-argentinos en los deportes[editar]

Los ítalo-argentinos y descendientes se han destacado enormemente en los deportes tanto jugadores como entrenadores y han puesto el nombre de Argentina en lo alto. Han sobresalido sobre todo en fútbol, baloncesto y box.

Lionel Messi

En el fútbol se han destacado: Lionel Messi —considerado el mejor futbolista de la época actual—, Gabriel Batistuta —máximo goleador de la selección argentina—, Claudio Caniggia, Javier Mascherano, Fabricio Coloccini, Ezequiel Lavezzi, Roberto Abbondanzieri, Mauro Camoranesi, Javier Zanetti, Esteban Cambiasso, Diego Milito, Gabriel Milito, Daniel Passarella, Alberto Tarantini, Daniel Bertoni, Pedro Pasculli, Óscar Ruggeri, Leandro Romagnoli, Alfio Basile, Cesar Menotti, Carlos Bilardo, Alejandro Sabella, Carlos Bianchi, Miguel Ángel Brindisi, Orestes Corbatta y el gran Alfredo Di Stéfano nacionalizado español. Es curioso el caso de los "oriundos" Luis Monti y Raimondo Orsi finalistas de la Copa del Mundo con Argentina en 1930 y luego campeones con Italia en 1934.

Manu Ginóbili

En el baloncesto se han destacado jugadores como: Emanuel Ginóbili, Luis Scola, Pablo Prigioni, Facundo Campazzo, Andrés Nocioni y Nicolás Laprovittola.

En el boxeo se destacaron, el campeón mundial Welter Nicolino Locche, quién ganó el título en Tokio, Japón en 1968. También Juan Martin Coggi tricampeón mundial Welter (primer título en 1987 en Italia) y el padre del boxeo argentino Luis Ángel Firpo.

También hubo destacados en otros deportes. Gabriela Sabatini es descendiente de italianos y considerada una de las mejores tenistas sudamericanas de todos los tiempos. Juan Manuel Fangio fue hijo de inmigrantes y automovilista, considerado uno de los mejores pilotos del automovilismo mundial de todos los tiempos, en particular por ser quíntuple y segundo campeón de Fórmula 1.[44]

Cultura[editar]

Colectividad italiana en la Fiesta del Inmigrante en Oberá.

Idioma italiano en Argentina[editar]

De acuerdo con Ethnologue, Argentina cuenta con más de 1.500.000 de hablantes de italiano, por lo que es el segundo idioma más hablado en el país.[45] [3] A pesar de las grandes cantidades de inmigrantes italianos en el país, la lengua italiana en realidad nunca se arraigó del todo en la Argentina, en parte porque en el momento en que la gran mayoría de los italianos sólo hablaban su dialecto italiano local y no el italiano unificado estándar. Esto impidió cualquier ampliación del uso de la lengua italiana como lengua principal en la Argentina. La similitud de los dialectos italianos con el español también permitió a los inmigrantes a asimilarse, mediante el uso de la lengua española, con relativa facilidad.

La inmigración italiana de la segunda mitad del siglo XIX a principios del siglo XX tuvo un impacto duradero y significativo en la entonación del español vernáculo de la Argentina. La investigación preliminar ha demostrado que el español rioplatense, y en particular el hablado en la ciudad de Buenos Aires, tiene patrones de entonación que se asemejan a las de los dialectos italianos (especialmente el napolitano), y difieren notablemente de los modelos de otras formas del español.[6] Esto se correlaciona bien con los patrones de inmigración ya que Argentina, y particularmente Buenos Aires, tuvieron un gran número de colonos italianos desde el siglo XIX. De acuerdo con un estudio realizado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, y publicada en Bilingüismo: Lenguaje y Cognición (ISSN 1366-7289).[46] Los investigadores señalan que este es un fenómeno relativamente reciente, que comenzó a principios del siglo XX con la ola principal de la inmigración proveniente del sur de Italia. Antes de esto, el acento porteño era más similar al de España, especialmente al de Andalucía.[47]

Además, la variante rioplatense del español posee numerosos italianismos.[48] [49]

Lunfardo[editar]

Desfile de Italia en la inauguración de la XXXV Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá, Misiones.

El lunfardo es una jerga originada y desarrollada en la ciudad de Buenos Aires y su conurbano; que se extendió a otras ciudades cercanas como Rosario (en la provincia de Santa Fe) y Montevideo (en Uruguay.[50] [51] La palabra deriva de lombardo, idioma hablado principalmente en Lombardía (región ubicada en el norte de Italia).[52] Los sonidos del lunfardo se nutren principalmente de las lenguas de Italia, especialmente las septentrionales, debido a que en Buenos Aires, la colonia italiana es muy extensa y ha dejado en la onomasiología y terminología una extensa herencia léxica. Además, el lunfardo ha tomado palabras, giros, o modos de hablar, propios (préstamos) de diversos idiomas como el francés, el portugués, un poco de inglés, y a través de la herencia gaucha del quechua.

Según un estudio sobre el elemento lingüístico en el tango, realizado por el Coloque Internacional Sur de Toulouse (Oración occitana que al español castellano se traduce: Coloquio Internacional Sur [de] Toulouse),[53] realizado sobre una muestra de 2000 tangos, se han clasificado los préstamos según su origen: en una única lista se encuentran los italianismos y pan-italiamos (es decir las palabras comunes a varias lenguas de Italia) que resultaron ser 38% del total. Los genovesismos y otros septentrionalismos, que han resultado ser 24%, han sido agrupados juntos, ya sea porque la mayor parte de italianismo de este grupo procede del genovés -o zeneize (ligur), o porque varias palabras son, a la vez, genovesas, piamontesas, lombardas y hasta vénetas, siendo difícil a menudo establecer si el vehículo ha sido el genovés u otro dialecto septentrional. Las palabras tomadas de dialectos meridionales, que son el 11%, se agruparon todas en un mismo grupo de meridionalismos, ya que a veces es arduo establecer si proceden del napolitano, del calabrés, del siciliano o de otras hablas locales, dada su afinidad. Por último, las voces de procedencia jergal que representan una porción considerable dentro del conjunto: son 24%.

  • Ejemplos de palabras procedentes del italiano y de otras lenguas de Italia
  • Bacán: persona muy adinerada, elegante y amistosa. Proviene del genovés bacàn que significa patrón.
  • Engrupir: engañar. Del genovés gróppo: nudo, atado, envoltorio, posiblemente por irradiación semántica de los demás italianismos del lunfardo que, del significado originario de paquete, ha pasado a significar estafa, engaño.
  • Parlar: hablar. Del italiano parlare.
  • Manyar: comer. Del italiano mangiare.
  • Mina: mujer. Del italiano femmina.
  • Laburar: trabajar. Del italiano lavorare.
  • Fiaca: pereza. Del italiano fiacco, que significa débil.
  • Chapar: besar. Del dialecto del norte italiano ciapar que significa tomar.
  • Buonyorno: buen día. Del italiano buon giorno.

Cocoliche[editar]

El cocoliche es una jerga de tipo pidgin del español mezclado con diversos dialectos italianos del siglo XIX e inicios del siglo XX del norte y del sur de Italia hablada por los inmigrantes italianos. Puede definirse como una variedad mixta de castellano y de dialectos italianos cuyo uso era casi exclusivamente oral. Las formas lexicales italianas se alternaban con las castellanas merced a la gran proximidad filogenética entre los idiomas de la Península Ibérica y la Península Itálica.[54]

Gastronomía italiana en Argentina[editar]

Como todas las naciones en que viven muchos descendientes de italianos, la cocina de Argentina posee muchas influencias de la vieja patria, si bien hay varios platos que son originales de los italianos en Argentina, principalmente en Buenos Aires, a diferencia de los importados de Italia.[55]

La base tiene que ver con lo italiano, pero eso lo transforman los gallegos, que son los que estarán detrás de los mostradores. Después hay un montón de nacionalidades, habrá turcos, algún toque francés, pero ahí se produce la gran transformación, eso sí, con el agregado de la carne.

Miguel Angel Mojo.[55]

Pizza[editar]

Pizza sobre fainá.

La pizza es una de las comidas más conocidas en el mundo entero, y quizá la más famosa de origen italiano. La pizza argentina es más semejante al calzone que las pizzas más conocidas. Los tipos varían de pizza por metro (cocido en el horno en forma rectangular y tamaño lateral en vez de radial), pizza a la parrilla (cocida en una parrilla y no en un horno) pizza canchera y pizza rellena. La pizza argentina es supuestamente más similar a la forma napolitana que a la siciliana.[55]

Los italianos creen que lo nuestro es pornográfico. Para ellos una pizza pesa cien gramos; para nosotros, con eso no come nadie.

Miguel Angel Mojo.[55]

Fainá[editar]

Fainá es un tipo de pan hecho con harina de garbanzo, y tiene sus raíces en el norte de Italia (en la región Liguria). Un plato popular en pizzerías argentinas es de moscato (vino moscatel), pizza, y fainá, lo que es un vaso de vino con un triángulo de pizza sobre uno de fainá. En Italia pizza y fainá nunca son comidos juntos.

Pasta[editar]

Un plato de ñoquis de ricotta con queso.

Aún más prevalente en la dieta argentina son las pastas, entre ellas tallarines fettuccine, ravioli, gnocchi (escrito en castellano ñoquis), y cannelloni (canelones). Es costumbre en algunos países latinoamericanos comer la pasta ñoquis el 29 de cada mes poniendo dinero debajo del plato, en tributo a San Pedro y San Marcos, santos patronos de Venecia.[56] Esta costumbre era común ya que los ñoquis llevan ingredientes económicos (harina, papa, agua) y al fin del mes, muchos inmigrantes y trabajadores en general estaban cortos de dinero. Hacían entonces un pedido a San Pedro y San Marcos para que proveyera dinero, que llegaba con el pago del salario mensual, como es costumbre en el país.

Los sorrentinos también son pastas comunes en Argentina, pero no son de origen italiano. Se llaman así porque en un restaurante que se llamaba "Sorrento" en la Ciudad de Buenos Aires, y fueron creados por la idea de hacer ravioles más grandes.[55]

Por lo general en Argentina las pastas se cocinan, sirven y consumen de la forma local, llamada all'uso-nostro, una frase de origen italiano.

Al mismo tiempo, es común que la pasta sea consumida junto con el pan blanco ("pan francés"), lo cual es inusual en Italia. Esto puede explicarse por el bajo precio del pan y el hecho de que las pastas argentinas tienden a unirse con una gran cantidad de salsa tuco (suco italiano), y acompañado de estofado o guiso. Con menos frecuencia, las pastas se comen con un apósito de pesto, salsa verde basada en la albahaca, o salsa blanca.

Milanesa[editar]

Milanesa napolitana con papas fritas.

La milanesa, cuyo nombre deriva de la cotoletta alla milanese original de Milán, es ampliamente consumida en Argentina. Fue traída al país por los inmigrantes de Europa Central. Un plato común de esta variedad es la milanesa napolitana (el nombre proviene de un antiguo restaurante en Buenos Aires, "Nápoli"). La milanesa napolitana es una innovación de Argentina a pesar de su nombre y que consiste en una carne empanada con queso, tomate y en algunos casos especiales, jamón en la parte superior de la carne.[55]

Quesos[editar]

La fugazza, un plato de pan con queso de origen genovés, está hecha en Argentina con queso solamente como en Recco (Génova), ya que la fugazza con queso es típico de dicho pueblo. Un invento argentino es la fugazzeta rellena.[55]

El sardo argentino de leche de vaca fue creado como imitación del pecorino sardo, proveniente de Cerdeña y hecho con leche de oveja.[57]

El Queso Provolone Hilado Argentino (provoleta) es netamente argentino. Originado por la necesidad de unificar hábitos alimentarios argentino-italianos, propició la idea de introducir un producto típicamente italiano como el queso provolone, en el asado criollo. Su inventor fue Natalio Alba que emigró de Calabria. Es una tradición rioplatense comer un pequeño disco de provoleta asado de la carne a la parrilla. El queso es sazonado con chimichurri (mezcla de especias y aceite de hierbas) y generalmente se sirve con pan tostado y se lo acompaña con un vino argentino como el Malbec.[58]

El reggianito fue inventado por inmigrantes italianos llegados luego de la Primera Guerra Mundial que querían hacer algo para recordar a su nativo Parmigiano Reggiano. El nombre es un diminutivo español de reggiano, y se refiere al hecho de que el queso se produce en pequeñas ruedas de unos 6,8 kilos de peso, en lugar de los grandes tambores de parmesano. Es utilizado principalmente como queso de rallar en las pastas.[59]

Otros[editar]

Pasta frola casera de membrillo.

La Pasta Frola es una receta típica argentina fuertemente influenciada por la cocina del sur de Italia, también conocido como Pasta Frolla en Italia. Consiste en una base de pasta mantecosa con un relleno hecho de dulce de membrillo, mermelada de batata o dulce de leche y rematado con tiras delgadas de la misma pastelería, formando un patrón cuadrado. Es una tradición argentina de comer pastafrola con mate en la tarde. El plato es también muy popular en Paraguay y Uruguay. La receta italiana tradicional no se prepara con celosía como lo es en Argentina, pero con una tapa perforada con moldes en formas de corazón o de flores.[60]

La variante argentina de helados (en italiano: gelato) es particularmente popular en los postres argentinos. Su textura cremosa se ​​debe a la gran proporción de crema, y los sabores van desde el chocolate clásico con almendras al argentino dulce de leche, pasando por varios tipos de frutas.

En la Argentina se come el mejor helado de América del Sur gracias a la tradición italiana.

Alessandro Racca (maestro pastelero).[61]

Véase también[editar]

El Ballet "Il Giardino d'Italia" en el escenario mayor durante la XXXV Fiesta Nacional del Inmigrante en Oberá, Misiones.

Referencias[editar]

  1. «Statistiche relative all'elenco aggiornato dei cittadini italiani residenti all'estero» (en italiano). Ministerio del Interior de Italia (31 de diciembre de 2012).
  2. a b c d e «Diáspora italiana en cifras» (en italiano) (PDF) págs. 2. Fondazione Migrantes. Consultado el 28 de agosto de 2009.
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