Historia de la industria en la Argentina

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Historia de la industria en la Argentina
Presidente Hipólito Yrigoyen, fue el primer presidente en realizar obras para la industrialización del país.
Presidente Hipólito Yrigoyen, fue el primer presidente en realizar obras para la industrialización del país.
Presidente Juan Domingo Perón, hizo varias obras para la industria militar nacional.
Presidente Juan Domingo Perón, hizo varias obras para la industria militar nacional.
Presidente Arturo Frondizi, terminó varias obras que había comenzado Perón y fortaleció las industrias.
Presidente Arturo Frondizi, terminó varias obras que había comenzado Perón y fortaleció las industrias.

Los comienzos de la historia de la industria en la Argentina se remontan a la expansión económica de la generación del 80, aunque en esa época el modelo agroexportador establecía la venta de granos e importación de productos, lo que significó que pocas industrias se establezcan o crezcan. Sin embargo se comenzaron a crear algunas fábricas, sobre todo aquellas destinadas a producir productos para el mercado interno, generalmente alimentos. Pero ningún producto de fabricación industrial llegaba a ser exportado, no se llegaban a hacer manufacturas muy complejas. No hasta la llegada de Hipólito Yrigoyen, cuando se establecen una mayor cantidad de establecimientos industriales. Cuando Yrigoyen vuelve al poder, lo derrocan al poco tiempo, desde una década, conocida como la década infame, el país se recupera económicamente, se instalan varios establecimientos industriales alrededor de la capital federal, se produce también una emigración del interior al actual Gran Buenos Aires. El siguiente periodo fundamental en la industria fue el gobierno de Juan Domingo Perón, se crearon varias fábricas de equipamientos militares, y también se radicaron varias industrias pesadas (como las automotrices). Pero como esas industrias surgieron a través de subsidios del estado con el objetivo de producir productos que se exportaban, se formaron industrias nacionales fuertes en los sectores de la industria pesada, pero eran débiles a la hora de competir con las extranjeras. Después de malas cosechas agrícolas, el país entró en crisis. Durante el gobierno de Arturo Frondizi se radicaron una mayor cantidad de industrias, a través de la política de los capitales extranjeros, además se forjó el abastecimiento de materias primas como petróleo (industrias petroquímicas y combustibles), acero (industrias pesadas). Pero además, se había cubierto aquella demanda de automotores que existía en Argentina, logrando responder a esa demanda con automotores de fabricación nacional, objetivo anhelado desde el gobierno de Perón.

Tras la vuelta de Perón en 1973, se realizaron nuevas obras para la industria, y entre 1973 a 1974 se registró la máxima producción histórica en el sector industrial, pero esta cayó a consecuencia de la crisis del petróleo de 1973. Los sucesivos conflictos vinculados con los movimientos insurgentes de estudiantes y obreros, sumado al terrorismo de Estado, aplicado por la Alianza Anticomunista Argentina terminaron por debilitar la economía de la Argentina; estos hechos provocaron un nuevo golpe de estado en 1976. Este gobierno de facto no continuó los proyectos industriales anteriores y, además, empezó a restringir o a eliminar beneficios de promoción industrial y subsidios, y abrió el mercado externo sin restricciones, destruyendo la industria argentina.[1]

Debido a malas políticas de la dictadura que ocasionaron la destrucción de gran parte del aparato productivo, se produjo un crecimiento del 600 % de la deuda externa, en 1981 se inició un largo período de ajuste, signado por la deuda y la creciente inflación. En esta década la actividad industrial se vio envuelta en ciclos intensos de altibajos en su producción. El siguiente gobierno democrático de Raúl Alfonsín tuvo que enfrentar la debilidad económica del país; lo hizo mediante el Plan Austral, el cual funcionó por poco tiempo, la inflación se disparó violentamente hacia la hiperinflación. El gobierno de Carlos Menem, a causa la política de convertibilidad y apertura económica, redujo drásticamente la rentabilidad empresaria, provocando una fuerte caída de la industria nacional, se cerraron o privatizaron las pocas industrias y empresas que quedaban bajo poder del estado, como las privatizaciones de Aerolíneas Argentinas en 1990 o de YPF en 1992. El modelo neoliberal llegaría a su fin con la crisis del 2001, una de las mayores de la historia argentina.

Hoy en día la estructura industrial argentina crece con ciertos altibajos como consecuencia de crisis internacionales. Es una de las mayores economías industriales de Sudamérica. Sin embargo se encuentra lejos de la estructura industrial de la década de 1960.

Pocas industrias durante la organización del Estado argentino[editar]

Julio Argentino Roca presidente de Argentina en dos oportunidades, fue el impulsor del modelo agroexportador.

La industria argentina empezó en el seno de una comunidad rica a fines del siglo XIX, cuando la pampa húmeda sirvió como una gran generadora de divisas, basándose en el modelo agroexportador, el cual consistía en la venta de grandes cantidades de materias primas, sobre todo las más requeridas en el exterior, como la carne y diversos cereales, que superaba el consumo interno. Los países ricos pagaban grandes precios por estos productos, lo cual permitía satisfacer las demandas de productos manufacturados con estos ingresos, importándolos. Por estas políticas existían muy pocos establecimientos industriales, ya que todas las manufacturas se compraban.

En el año 1830 se producen reformas en los sistemas productivos de la mano de inmigrantes europeos, los cuales aportaban conocimientos técnicos a esta primitiva sociedad argentina. Las fábricas en esos años en la Argentina correspondían solo a emprendimientos artesanales proveedores del mercado interno: panaderías, fábricas de fideos, jabones, licores y cervezas, se producían más que nada alimentos, pero no se exportaba nada, además era todas manufacturas básicas.

Crisis del 1890[editar]

La crisis de 1890 provocó algunos alzamientos en contra del gobierno de Miguel Ángel Juárez Celman, este renunció faltando dos años para terminar su gestión.

En un determinado momento, los precios de aquellas materias primas que se producían en Argentina, bajaron, ya que otros países comenzaron a producirlas en mayor cantidad, y a menor costo. Argentina perdió su ventaja relativa en la venta de granos y carnes, lo que desembocó en una aguda crisis económica en 1890. Se produjeron algunos alzamientos civiles en la Ciudad de Buenos Aires con la intención de derrocar al gobierno de turno, aunque no lo lograron, el presidente Miguel Ángel Juárez Celman renunció.

Tras la renuncia de Celman, asumió el vicepresidente Carlos Pellegrini, quien ya había manifestado ideas industriales cuando fue periodista del diario La Prensa; en donde su tesis de graduación El derecho electoral cuestionaba el modelo agroexportador que mantenía el país, en cambio, él apuntaba a un modelo más industrializado. Puso como condición para asumir el cargo, que un grupo de banqueros, estancieros y comerciantes argentinos suscriban un empréstito de quince millones de pesos para hacer frente a los vencimientos externos. Todo ese capital se logró juntar; una vez reunido, se inaugura la gestión con medidas de ajuste y austeridad, se nacionalizaron las obras sanitarias privatizadas antes por Celman, se creó el Banco de la Nación Argentina y la Caja de Conversión para dar confianza a los inversores.[2]

En el siguiente fragmento de un discurso de Pellegrini se ve su tendencia a la industrialización:

Si el libre cambio desarrolla la industria que ha adquirido cierto vigor y le permite alcanzar todo el esplendor posible, el libre cambio mata la industria naciente. La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con solo estas industrias. Las industrias que las han llevado al máximum de poder son las industrias fabril, y la industria fabril es la primera en mérito y la última que se alcanza, porque ella es la más alta expresión del progreso industrial.

Fragmento de un discurso parlamentario por Carlos Pellegrini.[2]

La solución a este problema consistió en realizar un cambio del modelo económico del país, y pasar del sistema agrario un sistema más industrial, alentando la producción de nuevos bienes y creando mayor riqueza, imitando los planes de desarrollo de otros países.

Cambio del modelo económico[editar]

Así los primeros pasos industriales fueron por los saladeros, los cuales procesaban y exportaban carne y cueros. Estos fueron instalados a partir de 1810 en las zonas más urbanas del país, como en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Los elementos y métodos de procesamiento eran simples y rudimentarios en sus comienzos.

Con el desarrollo del ferrocarril se buscó desarrollar el trasporte argentino, imitando lo sucedido con la industria siderúrgica en el Reino Unido. Esto originó un mejoramiento del sector agrario argentino y un desarrollo del sector metalúrgico británico, dado que se compraban locomotoras, rieles y equipos a fábricas de este origen. Se creó una de las redes ferroviarias más extensas del mundo.

El presidente Carlos Pellegrini tuvo la tarea de encontrar una solución a la crisis de 1890, logró salir de ella, aplicando medidas de austeridad, creó el Banco de la Nación Argentina para una mayor organización de las divisas. Fue uno de los primeros precursores -probablemente el primero- de ideas industrialistas en la Argentina.[2]

El gobierno buscó generar la expansión ferroviaria invirtiendo directamente en la construcción de ferrocarriles (ferrocarril del Oeste) y equipándolos con rieles y material rodante de fabricación nacional, mientras tanto, los elementos ferroviarios eran traídos de Inglaterra. Se dio el comienzo de las primeras industrias siderúrgicas argentinas.

El rubro textil también se expandía, se instaló en Buenos Aires en 1885 la Fábrica Argentina de Alpargatas, compuesta de capitales nacionales e ingleses, pero con mayoría de este último, también a través de la asociación entre el fabricante de calzado Juan Echegaray, con el productor de máquinas y telas Roberto Fraser. Asombraba por su tecnología y capacidad, dando ocupación en sus primeros años a quinientos treinta operarios. Por su tamaño, esta empresa dominaba la actividad en la Argentina, primero en la fabricación de alpargatas y luego en otros productos en que fue diversificándose. Para 1928 la fábrica tenía una capacidad de unos setenta mil m2.[3]

A fines de 1864, el estadounidense Melville Sewell Bagley lanzó la Hesperidina, un aperitivo que se presentó como la cura a muchos problemas digestivos, corrientes en esa época. Así fue el inicio de una empresa que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de las más importantes y tradicionales del rubro alimenticio de Argentina y un referente indiscutido en galletas. Al muy poco tiempo del lanzamiento de este novedoso producto, la Hesperidina, era un éxito. Doce años más tarde, se creó por ley, a instancias del mismísimo Bagley, la Oficina Nacional de Patentes y Marcas de Argentina. Como ofrenda por su acción, el 27 de octubre de 1876 se le concedió la patente número uno a su invento, la Hesperidina. Así surgió la empresa Bagley, productora de galletas y galletitas.[4]

Un censo de 1887 de la ciudad de Buenos Aires afirma que existen unos cuatro mil doscientos establecimientos de los cuales solo quinientos sesenta tenían fuerza motriz (indicador esencial de la producción fabril), el resto eran manufacturas o artesanías menores. La fuerza motriz instalada en estos quinientos sesenta establecimientos era de seis mil HP en total. Se destacaban la fábrica de alpargatas, los talleres del arsenal militar y La Estela, dedicada a la producción de aceite. Esta última abastecía un tercio del consumo interno de aceites.

Se fundó el 7 de febrero de 1887 mediante la agrupación de dos entidades la Unión Industrial Argentina, contando con 877 socios.[5]

En 1889 se instala una nueva planta textil, La Primitiva. Se dedicaba a la fabricación de sacos de vestir y lonas impermeables. En 1892 el informe del ministro del interior señalaba 296 nuevas fábricas, las cuales sumaban unos doce mil puestos de trabajo.

Aproximadamente a comienzos del 1899, Otto Bemberg fundó la Brasserie et Cervecerie Quilmes, que desplazó a Bieckert en el liderazgo del mercado de cervezas. La instalación de esta planta impulsó al fabricante de vidrio León Rigolleau a instalar una nueva fábrica cerca de esa planta de producción de cervezas, para así proveerla de botellas. El primer chopp se manufacturó el 31 de octubre y se comenzó a producir cien mil litros diarios.[6]

En 1908 se fundó la Compañía Azucarera Ledesma, tres años después Enrique Wollmann y Carlos Delcassé adquieren el total de las acciones de la azucarera.[7]

La famosa empresa argentina Siam Di Tella surgió en 1911, dedicada al área metalmecánica, desarrolló una máquina para amasar pan en el preciso momento en que se suprimió el trabajo manual del amasado de pan. Esto le ofrecía un mercado estimado de setecientos máquinas en Buenos Aires y aproximadamente cinco mil en el país, las cuales eran dimensiones adecuadas para el rápido crecimiento del negocio que vio Torcuato Di Tella. Pronto comenzó a vender entre cien y doscientos máquinas por año, algunas se exportaron a Brasil.

En 1912 un joven llamado Felipe Fort de doce años de edad, con solo una bolsa de cacao y una piedra para refinarlo, fundó la empresa argentina Felfort, actualmente en funcionamiento, y una de las líderes en el mercado de chocolates y golosinas.[8]

El censo nacional del año 1914 registró cuarenta y ocho mil establecimientos en todo el país con más de cuatrocientos mil trabajadores. La potencia instalada asciende a doscientos setenta mil HP. A esa cifra se le debe agregar los cuatrocientos mil HP instalados en las usinas de electricidad y en servicios públicos.

Industria durante la "era dorada de la democracia"[editar]

Durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se creó YPF, surgieron los primeros sindicatos, y se radicaron las primeras grandes industrias.

En 1916 se produjeron las primeras elecciones, las cuales se realizan bajo un gran cambio en el sistema electoral, implementándose el voto secreto, universal y obligatorio, siendo elegido Hipólito Yrigoyen como nuevo presidente de Argentina. Durante su presidencia surgen los primeros sindicatos que se reprodujeron por todo el país, presionando cada vez más al gobierno para cambiar las formas de trabajo, como también para reducir la jornada laboral. Caso de ejemplo claro de ello, fue la lucha protagonizada por los trabajadores de la Provincia de Santa Cruz denominada Patagonia rebelde.

En el rubro metalúrgico surgieron las empresas Tamet y La Cantábrica, la primera nació como un pequeño taller y siguió creciendo hasta convertirse en la mayor empresa metalúrgica de América del Sur en la década de 1920. En estos momentos el parque automotor era de 48.000 unidades, un promedio de 187 habitantes por automóvil.[9] También se destacaban la fabrica de sanitarios (existente hoy en día) Ferrum, tres fábricas de bolsas de arpillera y la Compañía General de Fósforos. La empresa CATE (de capitales alemanes), dominó el mercado de generación de energía eléctrica de la ciudad de Buenos Aires en pocos años.

Crisis de la Primera Guerra Mundial[editar]

Cuando aparece la Primera Guerra Mundial, se dio origen a un profundo cambio del modelo industrial. Los países beligerantes era aquellos que mantenían comercio con Argentina, ellos no podían exportar, o en su defectos, sus exportaciones eran más costosas. Las consecuencias inmediatas tendieron a reducir el comercio exterior, ofreciendo una protección especial a la industria local. Esa ventaja no podía utilizarse en toda su amplitud por la necesidad de importar equipos productivos. Esta dependencia se relevó como uno de los problemas para el desarrollo industrial.

Vuelta a la paz económica[editar]

El 12 de octubre de 1922 asumió el doctor Marcelo Torcuato de Alvear, su periodo de gobierno justo coincidió con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo cual permitió mejorar la economía y las finanzas, sin mayores problemas. Durante el periodo de Alvear, el PIB aumentó llegando a superar al de Canadá (2,65 %), Estados Unidos (2,16 %) y Australia (1,64 %). Estos números significaban la edad de oro de la economía argentina, alcanzando su punto máximo en el sexto puesto PIB mundial en 1928, cuando Alvear dejó el gobierno.[10]

El General de División Enrique Mosconi, primer presidente de YPF.

La economía argentina alcanza durante su gobierno la situación más próspera que jamás haya tenido en su historia, debido principalmente a un favorable frente externo, con la reactivación posterior a la Primera Guerra Mundial. En este período, el gobierno de Alvear se centró en las políticas agroexportadoras, en carnes y cereales, hubo un gran crecimiento en las áreas sembradas con cereales. En 1923 se crea el primer frigorífico nacional (el cual más tarde se lo llamó Frigorífico Lisandro de la Torre), fue hecho con la intención de acabar con los manejos que existían en los frigoríficos estadounidenses.[11] [12]

Existía una necesidad de satisfacer la demanda de productos para la defensa nacional, y al no existir en Argentina industrias privadas que pudiera cumplimentarla, provocó que en 1923, se planeara la creación de un conjunto de fábricas militares. La opinión pública recibió con beneplácito esta idea, dada que la misma evidenciaba el propósito de realizar el abastecimiento de material de guerra sobre la base de un potencial industrial propio, que liberara al país de la dependencia del exterior, y otorgara suficiente libertad de acción en caso de emergencia nacional bélica.[13]

El presidente Marcelo Torcuato de Alvear fue el responsable de uno de los periodos más pacíficos y prósperos de la historia argentina.

En 1925 Carlos Ballester consigue la licencia para poder radicar en Argentina la marca Hispano Suiza. El trato es importar vehículos en primera etapa, para después fabricarlos en el país. Pocos años antes, Ballester junto a su socio Eugenio Molina, habían instalado una planta para la producción de armas automáticas. A fin de poder hacer actividades industriales conjuntamente, ambos construyen en Campichuelo al 250, barrio de Caballito, una planta de cinco mil m2, con equipamientos con la más alta tecnología de aquella época. Así se establece la sociedad Hispano Argentina Fábrica de Automóviles S.A. (HAFDASA), destinada a la producción de automotores y motores Hispano Suiza, también fabricaban piezas y repuestos para esta y otras marcas de todo tipo de automotores. Entre los modelos fabricados se destaca el H6 uno de los más famosos y avanzados de su tiempo. Contaba con árbol de levas en culata y un poderoso sistema de frenos con cuatro tambores y servofreno, cuya patente fue aplicada por famosas marcas europeas como Rolls Royce. Se estima que se construyeron unas doscientas unidades de la versión local. En 1933, salen de la planta los primeros motores nafteros destinados fundamentalmente a equipar vehículos de transporte de cargas y de pasajeros de diversas marcas.[14] Se calculó que en el año 1928 el número de automóviles de Argentina era superior al de Francia.[15]

En 1926 hubo una profunda crisis en la industria azucarera tucumana, lo que desemboco a los cañeros (amparados por la Federación Agraria Argentina), a una huelga, a la que se sumaron los obreros de los ingenios, que incluyó el asalto de trenes de carga, cañaverales e instalaciones industriales. Al año siguiente, Alvear intervino a través de un laudo, que estableció un precio promedio de venta de la caña al ingenio, e instituyó un organismo provincial para resolver los conflictos de allí en adelante. El resultado fue apreciado como abiertamente favorable para los cañeros. Durante sus giras políticas en la década de 1930, esta política la tomaría como ejemplo de justicia social.[12]

En octubre del año 1927 se construye la Fábrica de aviones de Córdoba, esta fue la primera empresa de alta tecnología en Argentina.[11] En este año muere el ingeniero Enrique Wollmann, presidente de la empresa jujeña Ledesma, asume la presidencia el ingeniero Herminio Arrieta, por esta época se producen 28 916 toneladas de azúcar.[7]

Industrialización por sustitución de importaciones[editar]

Cuando Yrigoyen vuelve a ganar las elecciones en 1928 lo derrocan a los dos años, ese periodo a partir de su derrocamiento se la llamó década infame. En ese momento el parque automotor era de 435 822 unidades, a un promedio de 27,6 habitantes por automotor. En la Argentina de 1930 los ingresos del Estado se habían desequilibrado debido a la brusca caída de la recaudación de impuestos a la aduana, ya que no ingresaban productos importados.[9] La ausencia de créditos internacionales, la falta de de medios por parte del Estado para afrontar los gastos y obligaciones, generó que las importaciones disminuyeran. Pese a este negativo panorama, sería en este momento en donde la economía comenzara a despegar.[16]

A existir una ausencia de importaciones existía una demanda de ciertos productos de consumo que no se cubría, lo que llevó a un crecimiento de la actividad industrial. Dicho crecimiento fue tan grande que alcanzó a ocupar espacio de las importaciones dejado por los productos extranjeros. Esto sucedió porque existía una amplia disponibilidad de mano de obra barata y de capitales, muchos de los cuales se habían acumulado gracias al exitoso sector agro, pero como este se encontraba también en crisis, esos capitales se orientaron en levantar industrias, casos fueron Bunge y Born que instaló la textil Grafa y otras empresas como Torquist y Leng Roberts.

Al principio la repercusión negativa de la Segunda Guerra Mundial había cerrado los mercados a la Argentina pero más tarde estos mercados se abrieron, como fue el caso del rubro textil, que además produjo el despegue de la actividad algodonera en el Chaco. Con esta nueva política industrial se tuvo que llevar a las plantas de producción existentes a su máxima capacidad, y se exigió lavar la lana producida en el país, ya que hasta entonces se exportaba sucia, lo cual aportaba menos ingresos y traía mayores costos de fletes. Sin embargo el avance de esta industria se detuvo posteriormente a esta guerra, dado a que los países europeos protegieron sus industrias con aranceles. En un principio el crecimiento de la industria no era apoyado por el Estado, el mismo se encontraba más preocupado alentando la producción agraria. Como la actividad había crecido considerablemente el gobierno hizo un censo industrial en 1935: en Argentina existían 40 606 establecimientos industriales, los cuales en total albergan a 590 000 trabajadores, para así orientarse en una política de apoyo industrial. En el citado año, por primera vez en la historia del país, la producción industrial fue mayor a la agrícola.[17]

Por febrero de 1933 se construye la filial en Argentina de la fábrica de los prestigiosos instrumentos de escritura Pelikan, cuando en un principio estos productos eran importados ahora los mismos eran fabricados en Argentina, bajo los mismos estándares y normas de calidad que en la planta alemana.[18]

En 1935 se instala la fábrica de lámparas incandescentes OSRAM del químico vienés Carl Auer von Welsbach en la ciudad de Buenos Aires, en la calle Luca.[19] Por junio de ese año se instala la empresa Philips orientada también en la fabricación de lámparas incandescentes, para más tarde comenzar a producir electrodomésticos surtidos. Para 1938 esta empresa se comenzó a expandir por toda la Argentina, por grandes centros urbanos como Rosario, Tucumán, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca, Concordia e incluso la ciudad petrolera de Comodoro Rivadavia. La línea de receptores de radio llega a la decena de modelos, en ese año nace FAPESA (Fabrica Argentina de Productos Eléctricos), canalizando la actividad fabril mientras Philips se encarga de la comercialización.[20]

El 9 de octubre de 1941 se creó la Dirección Nacional de Fabricaciones Militares. En el año 1944 se creó el Banco de Crédito Industrial para dar créditos a los sectores industriales. Pero interferencias políticas obligaron al Banco a dar los créditos a las empresas argentinas más tradicionales.

Evolución de la industria
Año Establecimientos
industriales
Número de
trabajadores
1935 40 606 590 000
1937 49 375 730 000
1938 Sin datos 760 000
1939 53 927 785 000
1940 Sin datos 813 000
1941 57 978 913 000
1942 60 500 955 000
1943 65 000 980 000
Fuente: P. Cantón, J. L. Moreno y A. Ciria. (1972) La democracia constitucional y su crisis. Buenos Aires, Paidós.

Hacia la industrialización[editar]

El general Juan Domingo Perón recién asumiendo la presidencia: en su gobierno se crearon varias fábricas de equipamientos militares, y también se radicaron algunas industrias. Esas industrias surgieron a través de subsidios del Estado.

En 1946 asumió la presidencia el general Juan Domingo Perón. Durante su gobierno se realizaron importantes obras para la industrialización del país. El gobierno subsidió a molinos harineros, refinerías de aceites, fábricas y plantas de quebracho que eran sectores envejecidos y tradicionales. Apenas dos años después de asumir el gobierno Perón intervino todas las empresas del Grupo Bemberg, eso incluyó nacionalizar Palermo como Cervecería Palermo Empresa Nacional.[6] [21] Durante la gestión de Perón se crearon varias fábricas de equipamientos militares, y también se radicaron varias industrias pesadas como las automotrices, entre otras. Pero como esas industrias surgieron a través de subsidios del estado, se crearon industrias nacionales débiles y más a la hora de competir con las extrajeras con el objetivo de abastecer al mercado interno argentino.

Entre 1947 y 1949 se firmaron contratos con el Reino Unido para regular el comercio bilateral, Argentina lograba con ellos una cuota para carne a cambio de comprar bienes británicos. A partir de 1948 las liquidaciones, quiebras y cierres de plantas de distintos rubros tradicionales se hicieron frecuentes.

En el año 1952 la empresa argentina Siam Di Tella comenzó la producción de motonetas, que despertó una enorme demanda latente por este artículo. De esta forma comenzó fabricando el 20 % de las motonetas en el país, e importando el 80 % restante, a la espera de instalar el resto del equipo y maquinaria necesario. Muy poco después en 1953 se empieza a fabricar las motocicletas Puma.

Se firmó en 1953 la ley n.º 14.122 que trataba de regular los flujos de fondos esperados y de otorgar garantías jurídicas a sus propietarios; su principal objetivo era atraer empresas a la producción metal mecánica en Córdoba en asociación con la Fábrica Militar de Aviones. Se logró la privatización de la fábrica de tractores que FMA estaba instalando, quedando a cargo de la multinacional Fiat, antigua proveedora de la FMA. También en Córdoba se instaló una fábrica de automóviles denominada Industrias Kaiser Argentina. Ambas empresas obtuvieron créditos generosos de parte del Banco Industrial, garantías de reserva del mercado interno e instalaciones, equipos y personal calificado, logrando así beneficios desde el primer año de actividad. Estos fueron los mayores frutos de expansión industrial asociada con el capital externo, creando el primer y mayor polo metal mecánico del país hasta el momento.

La empresa argentina Siam se expandió mayormente debido sus ventas exitosas en productos como las motonetas, ventiladores y otros electrodomésticos, que demandaba con avidez la sociedad local. Su capacidad industrial le permitió iniciar en 1948 la producción de heladeras a un ritmo de 11 000 anuales, para alcanzar las 70 000 unidades diez años más tarde.

Fábrica Militar de Aviones, Córdoba, 1950.

Desde mediados de la década de 1930 en Argentina se había iniciado un amplio proceso de industrialización, básicamente con eje en Buenos Aires y las industrias textil y de la alimentación. Para mediados de la década de 1940 el sector industrial comenzó a expandirse hacia la industria metalmecánica, de la mano de grandes emprendimientos siderúrgicos, como Altos Hornos Zapla y el desarrollo de centrales de energía hidroeléctrica, como las que se instalaron en Córdoba, desde la gobernación de Amadeo Sabattini.

A comienzos de la década de 1950 era evidente que la industria argentina desarrollada sobre la base de la sustitución de importaciones tenía serios problemas en el sector de la industria pesada, en particular la producción de automotores.[22] Mientras que en 1950 se habían importado solo 3000 automotores, en 1951 la cantidad saltó a 20 000. Ante esta situación el presidente Juan Domingo Perón se reunió con representantes de industrias automotrices extranjeras, expresándoles el interés del país en contar con fábricas de producción de automóviles. Los empresarios sin embargo, consideraron que la Argentina no estaba todavía preparada para ello y que era conveniente seguir importando elementos para proceder a su armado en el país, y tal vez pensar en la fabricación nacional de algunas piezas.

Una motoneta Siambretta modelo 1948.

En la década de 1950 precisamente en la ciudad de Córdoba, comenzaron a instalarse grandes fábricas metalmecánicas, para la producción de motores, automotores, locomotoras y aviones. Entre ellas se encuentran la fábrica Fiat (1955), IKA (Industrias Kaiser Argentina 1955) y la transformación de la Fábrica Militar de Aviones en IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) y luego en DINFIA (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas).

La iniciativa de instalar un polo automotriz en Córdoba provino del entonces Ministro de Aeronáutica, el Brigadier Juan Ignacio San Martín quien se había desempeñado como gobernador de Córdoba de 1949 a 1951, y había profundizado las políticas industrialistas que esa provincia venía impulsando desde mediados de la década de 1930. Ante el fracaso de la posibilidad de radicar empresas automotrices internacionales, el Brigadier San Martín le propuso al presidente Perón:

"Señor, si usted me permite, yo le voy a fabricar automóviles en el país".

Brigadier San Martín[23]

A raíz de ello se creó primero en Córdoba la Fábrica de Motores y Automotores luego llamada de Automóviles hasta que nace IAME, sobre la base de todos los bienes hasta entonces afectados al Instituto Aerotécnico de Córdoba. Sus fábricas eran diez: de Aviones de motores de reacción, instrumentos y equipos, paracaídas, hélices y accesorios, máquinas y herramientas, automóviles, tractores y motocicletas.[24]

La transformación económica de Córdoba impactó fuertemente en la composición demográfica de la ciudad y a partir de ese momento se convirtió en uno de los principales centros industriales del país, como también se transformó en una de las ciudades más pobladas de la Argentina.[25] [26]

El IAME fue creado para promover la fabricación de aeronaves y automóviles en 1951.

La etapa del IAME tiene un gran éxito que se ve detenido con el derrocamiento en 1955 del gobierno constitucional del General Perón a manos de la llamada Revolución Libertadora. Juan Ignacio San Martín es desplazado de su cargo por el nuevo gobierno, y se muda a los Estados Unidos, donde fallece en 1966.

Entre las aeronaves producidas se encontraban el Pulqui II, la cual tuvo su primer vuelo el 17 de junio de 1950. Alcanzaba una velocidad de 1040 km/h, con un techo de 15 100 m, se fabricaron cinco prototipos. Surgieron luego en la historia del IAME aviones como el Huanquero, Pandora, Constancia, Mentor, Querandí, Ranquel, Morane Saulnier, Guaraní II, Tehuelche, Urubú, Mamboretá, Pucará, Pampa, Cessna 150, Cessna 182 y Cessna 188.

También se fabricaron algunos automotores, son los siguientes: Sedan Institec, Rural Institec, Camioncito Institec, Rural Gauchita, Rastrojero Willys, Gran Sport (sin capota), Furgoncito Institec, Rastrojero Diésel, Sedan Graciela, Automóvil Sport 1954 con capota desmontable, Sport V8, Automóvil Sedan GW, Sport 1955 capota fija, Sport 1955, Gran Sport V8, Cupe Gran Sport, Rural R63, Pick Up Cabure, Taxi T63, Chata acoplado y Ómnibus Savien.

Sin embargo la industrialización en este periodo se desarrollaba a través de subsidios a las empresas, lo que producía industrias grandes, pero débiles al mercado exterior, es más, en algunos casos las industrias no fueron capaces de abastecer el mercado interno, fue el caso de la explotación de petróleo, la siderurgia, la automotriz y otras ramas industriales proveedoras de materias primas. Argentina debía importar estas materias primas, gastando grandes cantidades de sus divisas en importaciones de estos productos que se podrían producir en el país.

La obra siderúrgica del general Savio[editar]

El General Manuel Savio enciende por primera vez el Alto Horno de Zapla, que produjo su primera fundición inicial de arrabio el 11 de octubre de 1945.

El general Manuel Savio fue un gran promotor de la ley del Plan Siderúrgico Argentino, su principal preocupación y actividad estuvo orientada a desarrollar la industria pesada en el país. En esa dirección creó la Escuela Superior Técnica en 1930.[13]

Durante la presidencia de Roberto Ortiz, Savio fue el autor de la ley n.º 12.709 de 1941, de creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares de la que fue designado director. En esa función creó Altos Hornos Zapla, en Jujuy, aprovechando los yacimientos ferríferos allí presentes. Bajo su dirección el 11 de octubre de 1945 ya en la presidencia de Edelmiro Farrell se realizó la primera colada de arrabio.[27]

Desde Fabricaciones Militares impulsó la industria química pesada, creando las plantas químicas de Río Tercero, José de la Quintana y Tucumán. Estableció un permanente intercambio científico y tecnológico con las empresas mecánicas; impulsó la minería bajo la regla de que la demanda interna debía ser satisfecha con recursos mineros nacionales.[27]

La ley n.º 12.987 y su modificatoria ley n.º 15.801 conocida como "ley Savio" (en homenaje a su creador), fue sancionada por el Congreso de la Nación el 13 de junio de 1947, y aprueba el Plan Siderúrgico Argentino y la constitución de la empresa SOMISA. Sus principales finalidades fueron producir acero en el país, suministrar acero a la industria nacional de transformación y terminado, y finalmente asegurar la evolución y el ulterior afianzamiento de la industria siderúrgica argentina, para manejar buena parte del comercio exterior nacional. Vendía carne y cereales y compraba diversos materiales en el extranjero, como por ejemplo materias primas como combustibles y metales.[13]

El General Savio siempre decía del acero:

"El acero más caro es el que se compra".

General Manuel Savio.

Hacia la Argentina moderna[editar]

El presidente Arturo Frondizi en casi cuatro años de gobierno logró el autoabastecimiento de materias primas, y fortalecer las industrias del país.

En 1958 asumió un nuevo presidente constitucional con muchas ideas nacionalistas sobre la industrialización nacional, ese era Arturo Frondizi, en este gobierno se siguió la política de los capitales extranjeros, pero no la de subsidios. Durante este gobierno se le reintegra a la familia Bemberg todas sus empresas antes intervenidas durante el peronismo, y aprovechando la revolución en publicidad que produce el televisor, a partir del 1960 se comienzan a lanzar propagandas orientadas para los jóvenes, con ritmo, música y personajes propios.[6] Gracias a la ley de Restitución Patrimonial es devuelta al Grupo Bemberg la empresa Palermo, renombrada como Cervecería Palermo SAIC.[21] Las medidas principales fueron las leyes de inversiones extranjeras, de promoción industrial y los contratos petroleros, tuvo éxito al coincidir con la etapa de gran expansión transnacional que tuvieron las empresas estadounidenses en aquella época.[28] [29]

Entre 1958 y 1963 se llegó a alcanzar el máximo histórico de las inversiones extranjeras en Argentina: alrededor del 23 % del total del período entre 1912 a 1975. Las ramas industriales privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de sustitución de importaciones fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química, la metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no eléctricas. Las inversiones se orientaron hacia el aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un mercado interno protegido.[30] [31] [32]

Pero a causa de las inversiones realizadas en los años 1958 y 1959 (algunas de ellas emergentes) la inflación aumentó a pasos agigantados, a tal punto que a principio de 1959 llegó al 113 %. Para combatir la inflación el gobierno lanzó un incremento salarial del 60 %, ya con el aviso de que gran parte de este incremento sería absorbido por el crecimiento de la inflación. Pero gracias a la explotación petrolera y al incremento de la producción, la inflación bajó de nuevo en 1960.[33] [34] [34]

Al llegar el gobierno de Frondizi existía una grave situación petrolera en Argentina: había un consumo de quince millones de toneladas de petróleo, pero en el país sólo se producían cinco millones, por lo tanto debía importar diez millones de toneladas para llegar a abastecer de petróleo el país. Todo esto representaba el valor de una tercera parte del producto de las exportaciones. Una de las primeras metas del gobierno de Frondizi fue la de producir todo aquello que se importaba. La explotación de petróleo y su autoabastecimiento fue uno de los primeros logros: las reservas de petróleo aumentaron casi en un 50 %, pasó de trescientos noventa millones a quinientos noventa millones de toneladas de reservas en todo el país y también se quintuplicó la producción de gas. Gracias a la construcción de gasoductos y otras infraestructuras, se comenzó a vender gas licuado en garrafas, se llevó gas directamente a los hogares mediante la implementación de cañerías, se reemplazó así a los combustible sólidos y líquidos que antes se usaban para calefacción y cocina.

En 1958 se firmaron contratos con empresas petroleras estadounidenses que operarían por cuenta de YPF, con el propósito de lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos y no comprarlos. Gracias a esto en tres años de gestión se logró un aumento del 150 % en la producción de petróleo y gas natural en Argentina. Por primera vez en la historia, en el país se logró el autoabastecimiento de petróleo y Argentina pasó de ser importador a ser exportador de petróleo.[30] [31] Los nuevos contratos petroleros se sumaron en conjunto doscientos millones de dólares. Gracias a estos contratos, en cuatro años la producción de petróleo se triplicó. Por estas acciones, en septiembre los gremios de trabajadores petroleros declararon una huelga general, en repudio a los contratos petroleros. El presidente decretó el estado de sitio, poniendo presos a peronistas sindicalistas; de hecho, se rompió el Pacto Frondizi-Perón.[35]

Con el fin de promover la industrialización acelerada del país, alentó el ingreso del capital industrial extranjero. Profundizó en la política petrolera de apertura al capital extranjero, impulsada por Perón desde 1952.[36]

Ensamblaje del automotor Kaiser Carabela, ejemplo del auge de la industria automotriz durante la época de Frondizi.

La expansión siderúrgica se logró a pesar de los obstáculos de la Dirección de Fabricaciones Militares, que se oponía a la intervención del capital privado. Durante esos años la inversión extranjera se multiplicó por diez, como también se duplicó la inversión interna lográndose así un gran reequipamiento industrial. Y tal como lo había anticipado Frondizi las divisas que antes se gastaban en la importación de combustibles y otras materias primas, ahora se destinaron a la compra de equipos industriales, modernizando la industria y la infraestructura básica. Hubo una inversión de 140 000 000 de dólares en industria petroquímica entre 1959 y 1961.[37] La industria se modernizó en 1960 y 1961 por un valor de mil millones de dólares en máquinas y equipamientos importados.[30] [32]

También hubo un pequeño progreso en el sector agro, a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, que impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[30] [37]

El crecimiento de la industria automotriz se dio gracias a la sanción de las leyes n.º 14.780 y 14.781 de Inversiones y Promoción Industrial. El Poder Ejecutivo Nacional sancionó también en 1959 el decreto n.º 3.693 llamado Régimen de Promoción de la Industria Automotriz. Igualmente, se presentaron veintitrés proyectos de radicación automotriz. En él se fijaron las normas de funcionamiento de las fábricas existentes, y también de aquellas en vías de desarrollo, con la idea de reglamentar la creciente participación de elementos en la producción en materia de automotores. Se establecieron numerosas industrias multinacionales (de las cuales algunas continuarían funcionando en 2010), pero también se fundaron algunas argentinas, como la Siam Di Tella Automotores. Su primer automotor producido fue el Siam Di Tella 1500, también cabe destacar el crecimiento de la producción de la empresa Siam, un ejemplo fue el salto en la producción de lavarropas, pasó de dos mil unidades año a treinta y ocho mil unidades en 1958. Se fabricaron mil unidades de este automotor en seis meses. Antes, Argentina debía importar automóviles para poder abastecer el mercado automotriz interno, pero luego, con todos estos logros de producción automotriz, se pudo abastecer ella misma en el mercado de automóviles nacional.[38] Otro ejemplo de los resultados de estas leyes, fue la producción automotriz por IKA, pasó de 33 000 unidades en 1959, a un salto de 200 000 en 1965, superando las expectativas más amplias sobre su evolución.

Laminador continuo de chapas en caliente, modelo único en Sudamérica en ese momento.

El 25 de julio de 1960 se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos, sobre el río Paraná, para la producción de acero, albergando 12 000 puestos de trabajo. Este alto horno se había empezado a construir en la época de Perón, pero con su derrocamiento, los militares no la habían terminado (se demoró diez años su finalización).[39] Con este alto horno se produjo un total de 248 500 toneladas de acero en 1958, y cuatro años después, en 1962, se triplicó la producción, pasando a 643 400 toneladas. También creció un 1270 % la producción de arrabio: pasó de 29 000 a 397 000 toneladas anuales, dando así un gran crecimiento a la industria siderúrgica argentina.[40] [41] Se construyó también un laminador continuo de chapas en caliente, modelo único en Sudamérica en ese momento. Con estas obras (y otras no tan destacables), se dio un gran impulso a la petroquímica, a la industria automotriz y la siderurgia en Argentina.[36] [42]

El alto horno SOMISA se finalizó durante este periodo, con este alto horno y mejores inversiones se logró triplicar la producción de acero crudo, en cuatro años.

Con este crecimiento en la siderurgia, la industria automotriz produjo en 1961 137 000 automóviles y camiones, dándole trabajo a un total de 150 000 obreros, y ahorrando unos doscientos cincuenta millones de dólares que antes su utilizaban en importaciones de automotores.[39] [40] Se aumentó la producción: en 1958 se fabricaron 10 000 tractores, y tres años después, las unidades llegaron a 25 000.[40] La red vial creció en 10 000 kilómetros. Hubo un aumentó en la producción industrial de un 10 %. Se inauguró la planta de SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina).[36] Las ramas industriales pertenecientes al papel, la celulosa y la química, también mantuvieron el interés del gobierno, ya que su crecimiento significaba el reemplazó de las importaciones de esos productos.

Se radicaron varias empresas automotrices en el país (extrajeras y nacionales), en el primer año de gobierno se radicaron la Dinborg, Citroën y Alcre, en el año 1959 De Carlo, A y L de Caroli, Deutz Argentina, Dinarg, Isard, Peugeot, Renault y Siam Di Tella Automotores Sociedad Anónima, en el año 1960; Auto Union, Auto Ar, Bambi y Goliath Hansa Sociedad Anónima, además de las nuevas empresas que llegaron, hubo algunas fábricas que ampliaron sus plantas industriales, una de ellas fue la Fiat en el año 1959[43] y General Motors en el mismo año.[44]

La petroquímica se concentró en unos pocos proyectos basados en diversas ventajas ofrecidas por el sector público y en especial por precios bajos de los insumos que utilizaban, provistos por empresas estatales. Surgieron PASA y Duperial en la provincia de Santa Fe, Indupa en Cinco Saltos e Ipako en el gran Buenos Aires.

La expansión de esta época tendía a satisfacer la demanda latente. A partir de allí la oferta se esos bienes se estancaba, limitada por el lento aumento del consumo y la gradual reposición del stock en uso. En 1957 se alcanzó la máxima producción de estufas y lavarropas; en 1959, la de máquinas de coser; en 1960 la de bicicletas y motonetas; en 1961, la de televisiones.

Illia y gobiernos militares posteriores[editar]

El presidente Arturo Illia durante un discurso.

Más tarde el 12 de octubre de 1963 asume el gobierno Arturo Umberto Illia, en las elecciones el voto en blanco había alcanzado la segunda mayoría.

Entre los primeros años de la década de 1960, la fábrica nacional Siam Di Tella comienza la producción de pick up, la Siam Di Tella Argenta.

El 15 de junio de 1964, el presidente Arturo Illia sancionó la ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previo a la constitución del Consejo del Salario, integrado por representantes del Gobierno, los empresarios y los sindicatos. Entre los objetivos del proyecto figuraba la necesidad de "evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra", "asegurar un ingreso mínimo adecuado" y "mejorar los salarios de los trabajadores más pobres". Con los mismos objetivos, se promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.

Las industrias se siguieron radicando y produciendo, así el desempleo y la pobreza bajaron aún más, aunque cabe destacar que en estas épocas la pobreza en Argentina era bastante baja con respecto a la actualidad (década de 2000).

Durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, en 1964 la fabrica Fiat exporta autopartes a Chile, destinadas a la fabricación de automóviles, Citroën hace lo mismo para Uruguay y España. En 1966 comienza a producirse el famoso Torino por Industrias Kaiser Argentina.[38] Se fundó la fábrica de papel Ledesma, en el año 1967, que utiliza la fibra de caña como insumo. Se producen 21 700 toneladas de papel y 178 458 toneladas de azúcar.[7]

Producción de automotores expresado en unidades
Años Particulares Comerciales Total
1957 13 273 15 617 28 890
1959 24 792 7 665 32 457
1960 49 519 38 743 88 262
1961 84 501 49 917 134 418
1962 93 873 34 695 128 568
1963 79 478 26 342 105 820
1964 119 005 47 382 166 387
1965 141 114 55 640 196 754
Fuente: Rapoport, Mario. (2000) Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000). Buenos Aires. Página 586. Enlace.

Vuelta del régimen industrial justicialista[editar]

Juan Domingo Perón sale al palco a ver a la gente en plaza de mayo victorioso (se encuentra vestido de civil).

Luego de varios acontecimientos históricos, como el renunciamiento del presidente Héctor Campora y la masacre de Ezeiza (entre otros), asumió al gobierno el 12 de octubre de 1973 y por tercera vez el general Juan Domingo Perón, volviendo a ejercer el poder después de casi veinte años de exilio. Desde su partida en 1955, el país había crecido industrialmente, pero los conflictos violentos entre comandos civiles como también la violencia por parte de la represión produjo una Argentina muy inestable.

En ese año se realizaron políticas de exportaciones industriales, para ello se firmaron varios acuerdos de comercio con varios países. El Banco Central les pagaba en pesos a los exportadores locales y les vendía a créditos (en dólares) a los compradores externos. Así creció el envío de manufacturas. Sin embargo las exportaciones no habían crecido tanto como se esperaba, y la demanda local absorbió la producción de las plantas, las cuales se encontraban saturadas para 1974.

Entre 1973 a 1974 se registro la máxima producción histórica en el sector, esto recién se repitió en 1980. En 1974 la Peugeot alcanzó la producción de su unidad número 100 000, de su modelo Peugeot 404.[38]

El gobierno Argentino comenzó a trabajar en la manera de crear nuevas empresas. No se trató de impulsar las industrias existentes, sino de crear nuevas en aquellas ramas en donde se notaba la necesidad de tener producción local. Ese campo elegido fue la de los insumos básicos, como la del hierro primario y acero, aluminio, petroquímica, celulosa, papel para diario, etc.

El 1 de julio de 1974 bajo circunstancias jamás esclarecidas, falleció Perón, entre conflictos sindicales, sociales, y ante la división de su partido. En su lugar asume la vicepresidente María Estela Martínez de Perón. Con Isabelita los conflictos violentos alcanzan un punto insostenible.Plantilla:Sin referencia

La crisis de 1975 provocó en la caída de los mercados argentinos, y el paro de las exportaciones, aunque todavía quedaban algunas pequeñas ventas al exterior. Sin embargo el brusco cambio de exportaciones repercute en una crisis, y en una inflación insostenible que se disparo sin control.

La desindustrialización de la década de 1970[editar]

En esa época Argentina vivía tiempos muy intrincados, la violencia política y el terrorismo de Estado era algo cada vez más grave. Estos conflictos llevaron a debilitar la economía del país, sumado al golpe de estado militar de 1976, tuvo como consecuencia un gran cambio de orientación en la economía, que terminó con el régimen productivo anterior. Este periodo junto al liberalismo de la década de 1990 son considerados como los mayores destructores de la industria argentina, llegando prácticamente a desmontarla. La persistencia de las elevadas tasas de interés sufridas desde el año 1975 y la desmedida apertura a las importaciones fueron cambiando la economía argentina. Estos factores junto con los cambios en la demanda local tomaron de sorpresa a la industria y lentamente, cobraron su precio. Algunas de las firmas de las empresas más endeudadas, optaron por la venta de activos fijos para pagar sus compromisos, reducir algunos costos y achicar estructuras, aunque bajó su infraestructura, lograron sobrevivir.

Sin embargo no todas las empresas se vieron afectadas por el cambio del nuevo mercado financiero, unas pocas se vieron beneficiadas, sea porque disponían de un mercado positivo o porque podían tomar créditos a bajo interés en el exterior, para represtarlo a tasas elevadas en el mercado local.

El 24 de marzo de 1976 los militares desplazaron a un presidente María Estela Martínez de Perón y usurparon el poder. Así la primera junta que gobernó fueron los militares Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.[45] Los efectos de este nuevo proceso fueron dilapidarios para la economía argentina, se incrementó la deuda externa y comenzó una creciente fuga de capitales. Lo que terminó destruyendo la industria nacional, fueron las importaciones de países que manufacturaban cosas a muy bajos precios, la industria local era incapaz de competir con las producciones baratas del exterior.[1]

El Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz lanzó un plan económico que desindustrializó al país, este problema se puede apreciar hoy en día en Argentina, con la falta de industria y elevada pobreza.[1]

El presidente de facto Jorge Rafael Videla nombró como Ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz. Su tarea consistió en trabajar para detener la creciente inflación y aumentar las inversiones extranjeras. Se prohibieron las huelgas y se declaró el estado de sitio durante todo el proceso. La libertad de comercio que impuso con la idea de incrementar la competencia de la industria nacional con la extrajera, tuvo efectos muy negativos. Martínez de Hoz anunció su plan económico el 2 de abril de 1976, las medidas que implementaba este plan fueron la congelación de los sueldos, quedaban bajo el control del gobierno. Esta nueva política provocó que el ingreso de los trabajadores cayera un 40 % en su periodo como ministro de economía.[45]

Muchas industrias y empresas se retiraron de Argentina, un ejemplo fue el retiro de la General Motors en 1978, el cese de la producción de Citroën Argentina un año después y el cierre IME S.A. el 11 de abril del año 1980,[38] Martínez de Hoz cerró esta planta industrial mediante el decreto 1448/80, en el momento del cierre, la empresa contaba con setenta proveedores, cien concesionarias en el país y más de tres mil trabajadores.[46]

En 1979 se constituyó la fábrica Zanon propiedad del empresario italiano Luigi Zanon, destinada a la producción de cerámicas.[47]

El sistema financiero argentino comenzó a ser muy difícil de dominar, en 1979 los precios minoristas aumentaron un 139,7 %, y lo que fue peor, el consumo había disminuido. Estos cambios bruscos en la economía perjudico a muchas empresas industriales, que no pudieron tolerar estas políticas económicas. A fines de 1980 unas veintitrés entidades financieras había presentado la quiebra (casi todos bancos cooperativos o provinciales). Ante estas situaciones, Martínez de Hoz realizó una brusca devaluación del dólar, fue de un 10 % con respecto al dólar estadounidense.[45]

Martínez de Hoz decidió deshacerse de la empresa Siam Di Tella puesto que esta empresa se encontraba con una grandísima deuda con el Estado. Para ello el gobierno dividió la Siam para venderla, pero su deuda era tan grande que no se logró vender. Muy poco antes de terminar su gestión, manda a vender la Siam "sea como sea", pero se hacía cada vez más complicado, debido al deterioro funcional que tenía, además se encontraba con un déficit impagable.[48]

Fue durante esta etapa de desindustrialización cuando apareció la soja, el área de cultivo de esta oleaginosa creció notablemente. A partir de este momento el cultivo de soja fue aumentando hasta ser un factor fundamental en la industria argentina, convirtiéndose en el país número uno en productor de aceite de soja, siendo además uno de los elementos de mayor producción de divisas. La soja también tiene una importante estructura industrial en el área de alimentos balanceados y harinas.[49]

Regreso de la democracia[editar]

Después de siete años de dictadura la junta militar llamó a elecciones para finales de 1983, los ciudadanos volvieron a votar, la última vez que había habido elecciones fue diez años antes. Ganó Raúl Alfonsín por la UCR. En este mismo año las fábricas de Ford y Renault producen su primer millón en Argentina, en 1986 Ford Motor Argentina, alcanza a vender su unidad número un millón quinientos mil, de las cuales 1 078 171 eran de fabricación nacional. Ford Motor Argentina y Volkswagen Argentina se fusionaron en 1987, para gestar la Autolatina.[38]

El nuevo presidente tuvo que encarar el desmembramiento económico que el proceso había generado, también tuvo que darle una solución rápida a la inflación, cuando la misma era de un 20 % mensual, con una deuda externa de 45 000 millones de dólares, dos tercios de esta deuda fue en consecuencia de los préstamos a grupos privados. La desocupación ascendió al 7 %, se lanzó el Plan Alimentario Nacional (PAN), para cubrir aquellas necesidades alimenticias básicas.[50]

El 14 de junio Alfonsín y Sourrouille anunciaron por televisión el Plan Austral, este plan consistió en crear una nueva moneda el Austral (que equivalía a mil pesos argentinos), control de los precios, productos y tarifas de servicios públicos y congelamiento de salarios. En un principio el Plan Austral funciono muy bien, en octubre la inflación solo alcanzó el 2 %, algo que en comparación con los gobiernos anteriores, era una buena cifra.[50]

Durante el periodo de la década de 1980 la actividad industrial tuvo varios altibajos, estos se agravaban a medida que se repetían, su producto cayó entre 1981 y 1982, se pudo recuperar un poco con el nuevo gobierno entre 1983 y 1984, pero volvió a caer a comienzos de 1985. Fue el Plan Austral que le volvió a darle un poco de impulso, pero solo hasta 1987, que enfrentó una nueva caída en 1988, y un derrumbe entre 1989 y 1990, antes de una nueva recuperación y un cambio de gobierno.

En 1987 Mercedes-Benz Argentina revolucionó el trasporte público, al diseñar y lanzar una nueva línea de colectivos con frente totalmente recto y motor trasero, denominados "OH". Se celebra la fabricación del colectivo cincuenta mil en su planta de González Catán, provincia de Buenos Aires. La aceptación de este nuevo ómnibus en el mercado de colectivos urbanos es tan grande que le permite alcanzar el 93 %.[51]

Liberalismo de la década de 1990[editar]

El recién electo presidente Carlos Menem en 1989, su presidencia duró hasta el año 1999, sus políticas económicas fueron lapidarias para la industria argentina.

En medio de conflictos sociales y una gran crisis inflacionaria, el candidato peronista Carlos Menem ganó las elecciones a la presidencia de la nación. Así el nuevo Presidente puso en marcha aquello que académicos, economistas, funcionarios estadounidenses, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional establecieron a comienzos de 1989 en el Consenso de Washington. Este documento tenía diez puntos que expresaban las necesidades y las opciones del mundo hacia el siglo XXI: disciplina fiscal, prioridad del gasto público en educación y salud, reforma tributaria, tasas de interés positivas determinadas por el mercado, tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberales, mayor apertura a la inversión extranjera, privatización de empresas públicas y estatales, des-regulación y protección de la propiedad privada. También se dispuso que se otorgaría ayuda financiera a aquellos países endeudados que adoptaran las políticas sugeridas por el Consenso.[52]

Se desreguló la economía, reduciendo cupos y aranceles, se estableció la libertad de precios. Con el aumento de impuestos como los del Valor Agregado y Ganancias se aumentó la recaudación fiscal. Aun así, a pesar de dicho aumento y de los ingresos económicos que trajeron las privatizaciones, la situación económica se mantenía convulsionada y a fines de 1989 se produjo una segunda hiperinflación.

Durante la gestión de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía, se sancionó la Ley de Convertibilidad. Esta norma consistía en que el Banco Central estaba obligado a respaldar la moneda argentina con las reservas, de tal forma que un dólar estadounidense equivaliera a un Peso convertible. Esas nuevas políticas lograron una estabilidad económica con una baja inflación, este paisaje económico logró atraer algunas inversiones extranjeras, produciendo un crecimiento del PBI, pero por el otro lado, el PBI industrial bajaba, y la economía se primarizaba. La estabilidad económica generó un ambiente en la población argentina de bienestar, pero disminuía la capacidad de mano de obra, a causa de esto, se cerraron muchas fábricas y establecimientos industriales, las industrias también quebraban a causa de los baratos productos que se importaban de China.

La deuda externa se multiplicó de cuarenta y cinco mil millones que había dejado el gobierno de Raúl Alfonsín, a ciento cuarenta mil millones, esta deuda fue producto del pago del déficit fiscal.[53] Otra razón del aumento de la deuda fueron las crisis de México, Rusia y Brasil, éstas produjeron un incremento del riesgo país, ello desembocó en que Argentina tenga que tomar créditos a tasas muy costosas, los intereses así, subieron en dos puntos del PBI, equivalente a seis mil millones de dólares anuales. El aumento del desempleo se debió cubrir con subsidios -llamados planes Trabajar-, aumento de la asistencia social y de otros programas sociales. Cinco años antes de la crisis, esto solo significó 5 500 millones de dólares del crédito internacional.[54]

En algunos casos las privatizaciones a los servicios públicos produjeron mejoras en el servicio, como la electricidad y telefonía, pero no por mucho tiempo. Sin embargo, en otras áreas el impacto fue destructivo, como fue el caso de los ferrocarriles. Las privatizaciones trajeron cuarenta mil millones de dólares al tesoro nacional.[54]

Cuando más se acercaba el final del segundo mandato de Menem, más se deterioraba la situación económica del país, y se hacia más insostenible. Un ejemplo de ello fue la oleada de quiebres de empresas, se habló de un total de ciento veinte mil fábricas que cerraron sus puertas, debido a la poca convertibilidad por el peso sobre-valuado, del 1995 al 2000 cerraron unas novecientas fábricas de zapatos, a causa del agotado modelo liberalista.[54]

Crisis de 2001[editar]

El presidente durante la crisis, Fernando De la Rua, renunció en el 2001, debido a la situación insostenible.

El candidato por la UCR Fernando De la Rua ganó las elecciones de 1999, y asumió la conducción de un país con una economía muy deteriorada, en su primer año de gobierno terminaba con una caída de 3,4 puntos del PBI, a comparación del año anterior.[55]

En plenos comienzos del 2000, la famosa fábrica de lámparas incandescentes Philips, cierra sus puertas. Mucha gente piensa que esta empresa cerró por los efectos previos a la crisis, sin embargo esto es falso: la empresa se fue de Argentina para recortar gastos, ya que Philips (internacionalmente), tenía problemas económicos y se vio en la necesidad de recortar gastos.[56]

Gráfico que muestra el crecimiento acumulado (azul), la evolución del PPA (rosado) y el PBI en verde. Notase que estos tres valores comenzaron a caer violentamente a causa de la crisis de 2001, y empezaron a crecer en el 2002.

El desempleo, producto de la desindustrialización del gobierno anterior produjo un desempleo del 19 %, las fábricas siguieron cerrado, y las empresas siguieron quebrando, a causa de la economía debilitada.[57]

A partir de diciembre de 2001 la actividad industrial cayo. En Tierra del Fuego, la producción de electrodomésticos fue solo de seiscientos diez artefactos, cuando el peor año había sido el 2000 con 19 115 artefactos. En los primeros seis meses del 2002, la producción de artefactos de televisión cayó 89 % con respecto al igual periodo del año anterior, la producción de videocaseteras fue del 94 %, la de microondas del 84 %, auto-radios del 73 %. En casi todo el año de 2003, casi ninguna empresa producía en Ushuaia, en Río Grande funcionaban unas pocas fábricas, pero con escasos empleados y bajos sueldos.[58] Cerraron muchas fábricas con una antigüedad de más de cien años, como la empresa elaboradora de alfajores Balcarce.[59]

Periodo de recuperación económica[editar]

En enero de 2002 asume interinamente Eduardo Duhalde, quien logró sobrellevar la crisis. Cuando la crisis y la recesión terminaron, algunas industrias comenzaron a re-florecer, el PBI industrial aumentó un 1 %, comprendiendo el periodo posterior a la crisis al 2007. En 2008, siete años después de la crisis, solo los productores agropecuarios, los de construcción y empresas proveedoras de servicios de luz, gas y agua, pudieron aumentar su contribución a la generación de riqueza, estas industrias representan el conjunto -en 2008- de 14,8 % del PBI en pesos constantes de 1993.[60]

En el período que comprende la gestión de Néstor Kirchner (2003-2007), la industria argentina creció a un promedio anual del 10,3 % en términos del Índice de Volumen Físico (IVF), acompañando la dinámica de la economía en su conjunto. La persistencia del avance del sector manufacturero constituye una característica que sobresale en relación a otros períodos de crecimiento industrial, teniendo en cuenta el mal desempeño en la industria de las tres décadas anteriores.[61]

Se introdujo en 2006 el régimen de importación temporaria de soja, el cual establecía la compra de granos de soja proveniente de países limítrofes. Esta medida fue necesaria ya que la capacidad de las fábricas creció, debido a las grandes inversiones que realizaron.[62] Sin embargo en 2009 se derogó el régimen, lo que provocó que el procesamiento de la soja disminuya un 14%.[63]

Se produjo un fenómeno muy particular en época postcrisis, las fábricas recuperadas. Este hecho ocurre cuando se cierra una fábrica y es re-abierta por los trabajadores, volviéndose a poner en funcionamiento a "pulmón", sin ninguna ayuda de ninguna empresa o del gobierno. Muchas fábricas se pusieron de nuevo en marcha, en numerosos casos, estas fábricas intentaron ser desalojadas por la policía.[64] En el marco de la crisis del 2001, cerró la fábrica de baldosas Zanon. Poco más tarde, por abril de 2002 la fábrica fue ocupada por sus obreros, pese a la gran presión que ejerció la policía sobre los trabajadores que ocuparon el recinto. Pero los obreros lograron quedarse con la empresa, gracias al apoyo barrial que recibieron. En la actualidad la fábrica tiene cuatrocientos obreros.[47] Otro caso fue cuando a mediados de 2009, la fábrica Fortunato Arrufat S.A. se transformó en Arrufat Vivise, y fue ocupada por casi treinta trabajadores desde enero de ese mismo año. La fábrica tuvo que comprar un generador de electricidad, debido a la burocracia que representaba pedirle a la empresa de electricidad que instalen un medidor. Por medio de un préstamo de veinte mil pesos (para comprar materia prima y el generador), en una semana vendieron un total de mil quinientos kilos de chocolate, y lograron cancelar su deuda.[65]

Efectos de la crisis mundial de 2008[editar]

Poco después que Cristina Kirchner asumiera como presidente de Argentina, estallo la crisis del 2007. La crisis produjo la caída de varios tipos de producciones industriales.[66]

En el año 2008 estalla una crisis mundial, originaria en los Estados Unidos, en la época de esta crisis se encontraba de presidente Cristina Kirchner. Entre las principales causas de la crisis estuvieron los altos precios de las materias primas, la sobre-valorización del producto, una previa crisis alimentaria mundial, una elevada inflación planetaria y la amenaza de una recesión en todo el mundo, así como una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados.[67]

Según los datos oficiales en 2009 el crecimiento del PBI Interno fue del 0,9 %.[68] y la inflación, según mediciones privadas, fue del 15 %,[69] pero según los datos oficiales fue de 7,7 %, aunque los índices del INDEC son cuestionados.[70]

La fiebre de la soja en Argentina produjo el crecimiento de las empresas que se dedican a hacer productos derivados de ella, no obstante, también produjo el decrecimiento de otras empresas que no pudieron competir contra la rentabilidad de la soja.

2008 en adelante[editar]

Durante el periodo de 2000 al 2010 las empresas extranjeras crecieron notablemente, en comparación a las nacionales. Este fenómeno se dio a través de la compra por parte de empresas extranjeras de fábricas nacionales o parte de ellas. Ejemplos fueron las ventas de Fortabat, Pérez Companc, Bulgheroni y Bemberg. Según el diario La Nación estas ventas se produjeron a causa del riesgo país que existe en la Argentina.[71] [72] Precisamente, los índices elaborados por el banco de inversión J.P. Morgan, en enero de 2011 el riesgo país se ubicó en el nivel más bajo desde febrero de 2008.[73] En el 2000, entre las quinientas empresas más grande del país, existían 182 nacionales y 318 extranjeras; en el 2008, existían 162 nacionales y 338 extranjeras, según datos del INDEC. A lo largo de la década de 2000 muchas empresas de minería, aceites, cereales, y otras con relación al sector agro, experimentaron un gran crecimiento. En cambio, las empresas metalmecánicas, petroquímicas y tecnológicas (sobre todo las privatizadas en los años 90) sufrieron una retracción.[71] Según una lista de las mil empresas líderes elaborado por la revista Mercado: la minera Alumbrera, subió del puesto 94 al 30; el ingenio Ledesma (productor de papel y productos derivados de la caña del azúcar) del 159 al 90; la semillera oleaginosa Moreno del 200 al 61; y Aceitera General Deheza del 43 al 12.[71]

A través de la empresa estatal INVAP provee a otros países sistemas para reactores nucleares y tecnología para el sector aeroespacial (especialmente mediante el diseño, construcción y operación de satélites).[74]

En los últimos quince años, las exportaciones argentinas se multiplicaron por más de cuatro veces, solo entre 2002 y 2006 crecieron cerca del 80%.[75]

En 2010 el sector con mayor crecimiento fue la industria automotriz, con un aumento del 48,2 %, llegándose a fabricar 724 023 unidades, la industria argentina de automotores alcanzó un nuevo récord.[38] [76] Además, durante el 2010 se vendieron 662 591 automóviles, lo que significo un aumentó en la venta de un 8,5 % con respecto al 2008.[77] También fue récord la producción de calzado: en el 2010 se produjeron ciento cinco millones de pares, cuando en el 2009 se habían fabricado noventa y cinco millones,[78] [79] la industria textil: llegó a crecer un 9 % en 2009 y un 16 % en el 2010.[80] Durante el año 2011 la producción automotriz llegó a 828 771 unidades, siendo el sexto país en mayor incremento de producción de vehículos motorizados.[81]

En cambio, la industria frigorífica registro en 2010 4437 despidos, cerraron entre veinte y veinticinco plantas y veintiocho empresas por la escasez de hacienda.[82] [83] Se redujo de cuarenta y nueve millones de cabezas de ganado a cincuenta y ocho millones. Se generó suba de precios, la faena se redujo un 22 % en el primer semestre de 2010 (respecto al periodo de 2009) y el consumo de carne bovina 17 %.[84] La exportación de carne retrocedio de 335 258 toneladas en 2009 a 133 188 toneladas en 2010,y a una disminución de divisas de mil doscientas millones de dólares a 690 000 dólares.[85] En 2013 el consumo interno de carne vacuna se ubicó como el segundo más elevado desde 1960. El consumo por habitante mostró subió en mayo 7,3 % en comparación al mismo mes del año pasado.[82]

El período 2003-2012 se destaca por el avance de la producción de vehículos, de minerales no metálicos, de los insumos de la construcción, y de metalmecánica, la industria automotriz registró en los años 1990 una baja promedio del 0,3 % anual, mientras que en la última década creció al 17 % anual. Por su parte, la metalmecánica (sin autos) que cayó un 5,9 % promedio durante el período la convertibilidad (1990/2001), mientras que tuvo un incremento del 7,5 % entre 2003 y 2012. Del mismo modo, los insumos para la construcción pasaron de una suba anual promedio del 2,9 % en los años 1990 a un crecimiento del 6,9 % en los últimos diez años. En el caso del rubro textil, se revirtió una baja promedio anual del 0,1 % en los años de la convertibilidad, y creció 3,8 % en los últimos años. Otros rubros que mejoraron entre la convertibilidad y la última década fueron la producción de papel y cartón, que pasó de un crecimiento anual promedio del 1,8 % al 3 %; la de caucho y plástico, del 2 al 5,2 %; y la de edición e impresión, del 2,5 % al 6 por ciento.[86]

Para el año 2010 la producción industrial creció un 9,7 %, principalmente impulsada por la expansión del 40,6 % en la industria automotriz. El incremento de la venta por unidades en diciembre de 2010, favoreció el aumento del 34,4 % en la facturación, que alcanzó un total de 7 443,9 millones de pesos.[87]

La industria farmaceútica en la última década, incrementó su producción un 228 % (a un promedio anual de 14 %); mientras que el nivel de empleo creció un 45 %. Entre 2003 y 2012 las exportaciones aumentaron 217 % (a un promedio interanual de 14 %). Durante ese período, el sector creó más de 12 %415 nuevos puestos de trabajo en la industria farmacéutica.[88]

Según un informe de la Asociación de Motovehículos Mottos. En abril de 2013, se vendieron 62 863 motos contra las 48 431 de abril de 2012. Al observar la participación de motos argentinas, el 70 % en 2012 superó al 66 % de 2011; 56 %, en 2010, y 59 % en 2009. En 2012 hubo una sustitución de importaciones por $247 millones, y exportaciones por $115 millones.[89] El primer cuatrimestre cerro con números históricos para los patentamientos de motos, se produjeron 253.885, por encima del anterior récord de 251.676 en 2011.[90]

Las divisas producidas por la venta de soja durante el segundo semestre de 2011, son mayores que en Brasil, pese a que la producción local sea menor. La principal diferencia entre ambas naciones radica en que el 70 % de la cosecha sojera se utiliza para hacer productos agroindustriales, como harinas y aceites.[91]

El gobierno argentino por medio de la resolución n.º 45 fijo un freno a las importaciones de artículos electrónicos, motocicletas, productos metalúrgicos, hilados y tejidos, tornillos, bicicletas, automóviles y autopartes, según el Gobierno, la medida se aplica en aquellas áreas donde la industria local esta en condiciones de satisfacer esa demanda.[92] La fábrica Fiat en Córdoba tuvo problemas para ingresar autopartes para el armado de vehículos.[93] Pero la medida fue perjudicial para algunos sectores industriales, ya que para manufacturar, el sistema industrial argentino depende de muchos productos que son importados, al cerrarse las importaciones, ciertas producciones decrecieron. La fábrica Fiat en Córdoba tuvo problemas al no poder ingresar autopartes para el armado de vehículos.[94] A si mismo el frigorífico Carnes Pampeanas de La Pampa cerró sus puertas y despidió a 295 empleados, por que su principal fuente de ingresos también eran las exportaciones.[95] También como consecuencia a la política de traba de importaciones, las exportaciones a Brasil cayeron, la empresa aceitunera Nucete cesanteó temporalmente a quinientos empleados porque no pueden exportar al Brasil.[96] Se llegó a un acuerdo en el que Brasil se comprometió a dejar ingresar los cargamentos.[97] [98] Hacía mayo de 2013 la producción de autos creció un 32 por ciento, mientras que las exportaciones aumentaron un 73 por ciento.[99]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]