Mestizaje en América

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De español e india produce mestizo (autor desconocido). Una representación de mestizos en una «pintura de castas» de la era colonial.

Se llama mestizaje al encuentro biológico y cultural de etnias diferentes, en el que éstas se mezclan, dando nacimiento a nuevas etnias y nuevos fenotipos. El mestizaje en América se dio debido a la colonización española y portuguesa en este continente. En los primeros tiempos, ilegitimidad y mestizaje llegaron a ser categorías equivalentes. Este mestizaje generó un sistema de castas en las colonias. En 1549, Carlos V prohibió que mulatos, mestizos y cualquier hijo ilegítimo pudiera acceder a cualquier cargo municipal, posición pública o repartimiento en las Indias. No tener sangre pura española era signo de inferioridad, y cuanto más «sangre» española, mayor era la jerarquía social del individuo; incluso para tener acceso a la educación superior había que presentar un examen de «pureza de sangre».

Definición[editar]

Según las ciencias biológicas todos los seres humanos somos mestizos. Según las ciencias sociales se consideran mestizas las poblaciones que han combinado sus distintas culturas.[1]

Según el Diccionario de la Real Academia española de 1822, «mestizo» es un adjetivo o sustantivo que se aplica a la persona o animal nacido de padre y madre de diferentes castas, en especial el hijo de español e india (no de española con indio).[2]

A partir de 1899 ya se utiliza el concepto de «razas» en vez de «castas». En 1869 ya lo define como el hijo del europeo u hombre blanco y de india. En 1884 sigue esa definición[3] y en 1947, por ejemplo, «mestizar», significa corromper o adulterar las castas por el ayuntamiento o cópula de individuos que no pertenecen a una misma casta. «Mestizo» ya se define también como hijo de blanca con indio. En 1992 el mestizaje ya es definido como una mezcla de culturas diferentes y para la última versión «mestizar» se define como mezclar y no como corromper, y el «mestizaje» es una mezcla de culturas distintas, que da origen a una nueva.[4]

El concepto de mestizaje es una construcción ideológica del siglo XIX que se basa en el presupuesto teórico de que existirían «razas puras», algo que contradice el paradigma científico dominante en las ciencias biológicas en el siglo XXI que sostiene que existe una sola «raza humana».[1]

La idea de mestizaje como mezcla de razas parte también del supuesto de que habría habido en América una raza única a la cual se habrían unido los europeos, cuando entre los pueblos originarios había, cuando llegaron los colonizadores, una variedad muy grande de pueblos, etnias, culturas y lenguas completamente distintas, como el quechua, charrúa, guaraní, aimara, tupíes, quiché, náhuatl, naya, mapundungun, yuracaré, acateco, achí, chicomuselteco, chon, chol, sumo, yuruna, cacaopera, matagalpa, tzotzil, chibchenses, ye-tupí-caribe, totozoqueano, tehuelche, mapuche, mataco, ramarama y tantos otros. La historia genética de los indígenas de América muestra ancestros desde Siberia hasta Europa o Asia.

Los imaginarios que se fueron construyendo con respecto a la percepción del indio americano como «salvaje» y a la tierra americana habitada por los pueblos originarios como «desierto por conquistar» invisibilizando a los sujetos conquistados o vencidos es cada vez más objeto de estudio entre los historiadores y demuestran que el mestizaje, la plurietnicidad y la interculturalidad no son fenómenos recientes.[5]

Según el historiador Claudio Esteva Fabregat «el concepto de indio designa a los individuos descendientes de linajes indígenas o nativos de la América precolombina, que son, por tanto, racialmente distintos de los caucasoides y de los negroides», lo cual incluye etnias de orígenes muy diversos, tanto sea genético como culturas muy distintas.[6]

Por lo que la mezcla entre blanco e india no es una sola sino que difiere según las zonas y las tribus nativas en América. Sin embargo, el concepto de mestizaje como metáfora se sostiene en Latinoamérica donde numerosos intelectuales lo han incorporado como algo característico de ese continente, como el mexicano José Vasconcelos, quien hablaba de una «nueva raza cósmica latinoamericana».[1]

Historia[editar]

Río de la Plata.

Según el historiador hispanista inglés Hugh Thomas:

El mestizaje fue la mayor obra de arte lograda por los españoles en el Nuevo Mundo, una mezcla de lo europeo y lo indio. A aquellos que piensen que se trata de una afirmación obvia les pediría que consideren cuán raro fue este estado de cosas entre los anglosajones y los indios de Norteamérica. Existen razones obvias para dicha rareza, por supuesto -y no es la menor la ausencia de una sociedad urbana entre los indios norteamericanos-, pero no tenía por qué haber constituido una barrera tan grande como resultó.[7]

Las mujeres indígenes fueron el principal vehículo del mestizaje a través de los hijos que tuvieron con los españoles recién llegados de Europa.[8] [9] [10] [11] [12]

Michel de Cúneo, uno de los primeros hombres ya que llegó con los viajes de Colón, escribió:

Mientras estaba en la barca, hice cautiva a una hermosísima mujer caribe, que el susodicho Almirante me regaló, y después que la hube llevado a mi camarote, y estando ella desnuda según es su costumbre, sentí deseos de holgar con ella. Quise cumplir mi deseo pero ella no lo consintió y me dio tal trato con sus uñas que hubiera preferido no haber empezado nunca. Pero al ver esto (y para contártelo todo hasta el final), tomé una cuerda y le di de azotes, después de los cuales echó grandes gritos, tales que no hubieras podido creer tus oídos. Finalmente llegamos a estar tan de acuerdo que puedo decirte que parecía haber sido criada en una escuela de rameras.[13]

Cuando apenas llegaron los colonizadores tomaban a las mujeres de los pueblos originarios.[8] [9] [10] [11] [12]

El clérigo Martín González, escribía en 1566:

Querer contar e anumerar las indias que al presente cada uno tiene, es imposible, pero paréceme que hay cristianos que tienen a ochenta e a cien indias, entre las cuales no puede ser sin que haya madres y hijas, hermanas e primas; lo cual, al parecer, es visto que ha de ser de gran conciencia.[9]

El hecho clave para la aparición de la población mestiza fue la escasa presencia de mujeres blancas en los primeros años de la conquista de América.[14] A pesar de que, al menos desde el tercer viaje de Cristóbal Colón (1498), ya hubiera algunas mujeres españolas en las nuevas tierras y de que estas estuvieran presentes en algunas expediciones como la de Hernán Cortés a México (1519-1521), la de Pedro de Mendoza al Río de la Plata (1536) o la de Pedro de Valdivia a Chile (1541), su número no era representativo y, en la mayoría de los casos, las empresas de exploración y conquista fueron exclusivamente masculinas.[9]

Según el historiador Luis Ernesto Ayala Benítez, entre los factores históricos fundamentales que propiciaron el mestizaje, se pueden citar, en primer lugar «la falta de mujeres españolas en los primeros tiempos de la conquista», sumado a «la existencia de factores de prestigio y posición favorables a la unión de la mujer india con el español» y « el número reducido de familias de origen asentadas en suelo americano durante las primeras fases del poblamiento hispánico, o ibérico en general, de aquel continente».[10]

Según Garciadiego la baja extracción de los conquistadores emigrantes sumado al hecho de que eran muy pocas las mujeres españolas existentes en Indias fue lo que influyó grandemente en el fenómeno del mestizaje.[15] [16]

Esta escasez de mujeres europeas durante los primeros años de la conquista, hizo que los conquistadores españoles generaran, con las mujeres indias nativas de cada zona, a través del rapto, la violación y el amancebamiento, una nueva población mestiza.[11] [17]

Aunque hubo casos en los que los españoles se casaban con indias, en la mayoría de las ocasiones se ponía en práctica una costumbre herencia de un hábito practicado desde la Edad Media en España: la barraganía. El hombre se hacía responsable de la barragana y de los hijos habidos con ella, pero la mujer no podría gozar de los derechos propios de una esposa (como el de la herencia).[18]

Según el historiador Alberto M. Salas:[9]

Entendemos que en el mestizaje no hubo mayor responsa­bilidad ni una notoria generosidad racial, insinuada por algunos autores. Fue un hecho natural, incontenible en aquellas circuns­tancias. En cuanto a los prejuicios raciales debemos señalar que durante el proceso de la Conquista y luego durante el inmedia­to de la colonización y asentamiento del dominio, los españoles habitualmente no se casaban con las indias, sino con las españo­las que acudían a la riqueza de las tierras. Se pueden catalogar matri­monios mixtos, pero no son habituales, y casi siempre muy inte­resados. Las ciudades, como dice Fernández de Oviedo, se ennoblecían con los matrimonios con las mujeres blancas, con las casas de piedra, con los grandes palacios que se construyeron en México y en Lima. La generalidad de las uniones de españoles con indias son amancebamientos, más o menos perdurables, y la mayor parte de los mestizos son, en consecuencia, ilegítimos, cir­cunstancia que los disminuye notablemente, los sume en una masa común y anónima, en la que incidieron poderosamente otros ele­mentos raciales

Según el historiador Jesús Bustamente:

El proceso de conquista y los primeros años de la colonia se caracterizaron por una situación sociológica muy especial. El escaso porcentaje de mujeres blancas, unido a la propia situación de un grupo victorioso dominando sobre una amplia masa poblacional nativa, favoreció lógicamente la existencia de una altísima proporción de relaciones «no legítimas» (a pesar de los esfuerzos de la Corona por evitarlo). Aunque esta situación fuera coyuntural, lo cierto es que parece haber sido decisiva en la generación de unas pautas de comportamiento que modelaron las relaciones sexuales y sociales y la estructura familiar a lo largo de la colonia.

Las relaciones «libres», estables o temporales, de blancos con mujeres indígenas, se siguieron manteniendo como norma aceptada incluso cuando, a finales del siglo XVI, se equilibró el porcentaje de mujeres de origen europeo dentro del grupo dominante. Ello afectó a la estructura familiar, ya que junto al núcleo «legítimo» pervivieron otro u otros núcleos no legitimados, pero relativamente estables. La situación se complicó por la práctica del «reconocimiento »de los hijos naturales, ampliamente desarrollada desde los primeros años de la conquista.

Estos hábitos no sólo favorecieron el mestizaje, sino el desarrollo de una sociedad de «castas» en el sentido hispánico. La fuerte jerarquía establecida entre los diferentes grupos, puros o mezlados, que en teoría venía a coincidir con la jerarquización social, favoreció paradójicamente las uniones entre los distintos grupos, contribuyendo al propio tiempo a extender las relaciones ilegítimas.[19]
Gonzalo Guerrero, considerado el Padre del mestizaje, se supone que fue el primero en tener descendencia con los indígenas del Nuevo Mundo.

Los varones blancos eran los que se mestizaban con mujeres indias, mestizas, negras y mulatas en uniones casuales, generalmente en relaciones de amo-esclava o amo-sirvienta.[8]

Indias del Río de la Plata.
Mujer Arowak de Surinam, de John Gabriel Stedman.
«La cautiva», fragmento de La vuelta del malón (1892), de Ángel della Valle (1852-1903).

Los hijos e hijas que los conquistadores tenían con las mujeres indias fueron creando lo que se denominó una nueva «casta»: para la india significaba un ascenso social. En cambio, para la mujer española, mezclarse con el indio significaba una fuerte deshonra, por eso, cuando las cautivas blancas eran rescatadas preferían volver a vivir con los indios y sus hijos mestizos.[20] [9]

Con la llegada de más mujeres europeas la situación cambia pero no tanto. Según la historiadora Cristina Iglesia:

Las mujeres blancas escasean en América y, sobre todo, en el Río de la Plata. Algunas pocas cruzarán el océano para restaurar el orden blanco pero sólo contados españoles podrán tener acceso a una esposa blanca. En estos casos, la india sólo cambiará de lugar y seguirá siendo concubina del señor en las zonas más oscuras del hogar español. La mezcla es ya un proceso irreversible.[21]

Según el historiador Alberto M. Salas:

En oposición a la conducta del hombre, que en Indias aban­dona muchas inhibiciones y se olvida de la mujer e hijos que dejó en España, la mujer española actuó en el sentido absolu­tamente inverso. Voluntariamente no se mezcló con el indio por­que ello suponía su desprestigio social y el desprestigio de sus hijos, que saltaban hacia atrás en la escala de valores de aque­lla sociedad naciente. Es posible que hayan existido relaciones voluntarias y hasta algunos matrimonios, pero resulta eviden­te que el mestizaje lo realizó el varón español, como gesto voluntario. Si la mujer española participó en esta mezcla de razas fue de manera involuntaria, forzada, como la presa apetecida de las indiadas que asolaron las ciudades del sur de Chile.[22]

Jerarquías sociales[editar]

Castas[editar]

La sociedad novohispana era una sociedad racista, multiétnica, multilingüe y estructurada según una fuerte jerarquía de «castas sociales».

La clase dominante estaba formada por los blancos que incluía a los españoles peninsulares y a sus hijos, los llamados «criollos», aunque también relegados en comparación con los peninsulares. Sin embargo, algunos mestizos podían ser tenidos por blancos puros si accedían a tener fortuna y podían acceder a una posición económica y social privilegiada.[10]

Existía una rivalidad entre los españoles peninsulares - los encomenderos, los nobles, los altos funcionarios de la Corona y los altos dignatarios eclesiásticos - y los criollos, o españoles nacidos en América, quienes tenían menos derechos y estaban relegados a un papel secundario en la administración. Esto generará un fuerte resentimiento de los hijos crriollos hacia los padres españoles:

Entre los motivos de las revoluciones americanas del siglo XIX encontramos el malestar de los criollos y mestizos gobernados por funcionarios reales, que en muchos casos poseían un nivel cultural e intelectual inferior al de los nacidos en América, y que disfrutaban de prerrogativas que discriminaban a los otros.[23]

En esa sociedad de «castas», ser descendiente de indios era considerado una degradación dado que los españoles consideraban a la cultura indígena como inferior, por lo que los problemas de identidad de los mestizos se relacionaban prioritariamente con el hecho de haber crecido despreciando la cultura indígena influenciados por lo que decían los blancos. Además los mestizos provenían de uniones ilegales o libres, lo que les otorgaba el estigma de un origen vergonzoso. Los indios eran la primera fuerza de recursos pero los mestizos eran la segunda fuerza de trabajo explotada.[10]

El mestizaje entre personas de diferentes etnias y culturas dio lugar a denominaciones basadas en los orígenes de cada individuo. La variedad de mestizajes desarrolló una sociedad de castas jerárquicas en las que había blancos, negros, mulatos, mestizos, y otras mezclas. En muy pocos años los hombres europeos crearon una América mestiza e ilegítima, algo que ha caracterizado la población hispanoamericana durante los siglos venideros.[11]

Ilegitimidad y mestizaje[editar]

En América latina el mestizaje se convirtió en un importante vehículo de aculturación y, con mucha frecuencia, coincidieron el cruzamiento racial y la fusión cultural.[12]

La ley española prohibía el matrimonio entre un funcionario español peninsular en ejercicio y una criolla; es decir, mujer blanca nacida en América de descendiente de españoles. Esto no impedía que se efectuaran uniones de hecho entre mujeres criollas y funcionarios españoles.[24]

Desde el comienzo de la conquista, la Corona restringió los permisos de matrimonio para que sus súbditos no se casaran con las indias ni con ningún grupo étnico diferente a los europeos, pero con el tiempo no tuvo más remedio que tolerar, a su pesar, las uniones mixtas interraciales libres.[8]

Según el historiador Enrique Otte, en una carta de Andrés García desde México a su sobrino Pedro Guinón en Colmenar Viejo fechada el 10 de febrero de 1571 escribía:

“Caséme en esta tierra con una mujer muy a mi voluntad. Y aunque allá os parezerá cosa reçia en aberme casado con hindia, acá no se pierde honrra ninguna, porque es una nación la de los hindios tenida en mucho.”[25]

Las uniones matrimoniales legítimas sancionadas por el credo católico existían se realizaban preferentemente entre personas del mismo grupo étnico por lo que el sustrato de la ilegitimidad marcará definitivamente a los hijos nacidos de las uniones extramatrimoniales interraciales. En Lima, por ejemplo, durante los siglos XVII y XVIII, el 91,2 % de los matrimonios legítimos fueron entre personas del mismo grupo étnico. En 1778 se prohibieron las uniones entre miembros de distintos grupos étnicos a no ser que contaran con el consentimiento paterno.[8]

Mestizo llegó a ser sinónimo de ilegítimo.[12]

Entre los matrimonios legítimos mixtos lo más frecuente era encontrar mezclas entre negro-mulato, indio-mestizo y mulato-mestizo pero no con blancos. Los miembros de la elite española, en especial los hacendados y encomenderos, contraían matrimonio mediante el rito católico cuando se casaban entre ellos y para lograr alianzas económicas importantes. Los indios se casaban entre ellos por influencia de la Iglesia.[8]

Los negros esclavos, que llegaron desde el siglo XVI, cuando trabajaban en el campo y en la agricultura, con el tiempo terminaron absorbidos por el mundo mestizo, perdiendo su distinción étnica al mezclarse con éstos y pasaron a formar parte de la «casta» de los mestizos.[10]

Los hombres europeos tenían muchos hijos con sus concubinas. Incluso practicaban la poligamia, algo prohibido en el Viejo continente, pero que en el Nuevo Continente era usual. Cada español podía poseer tantas indias como pudiera mantener.

Esto afectó completamente la estructura familiar tanto de los europeos como de los indígenas. Junto al núcleo «legítimo», es decir, la esposa blanca y sus hijos, convivía el núcleo «no legítimo», es decir, la manceba india y sus hijos naturales. A veces el señor reconocía a estos hijos naturales, lo cual traía muchas complicaciones.[24]

También hubo casos en los que el español reconocía sus hijos ilegítimos, como el de Hernán Cortés y Malintzin o La Malinche. Ella era una princesa painala hija del cacique de los Painala y fue regalada como esclava a Hernán Cortés el 15 de marzo de 1519 por el cacique Tabscoob luego de la derrota en la Batalla de Centla. La bautizó y le cambió su nombre a «Marina» y luego de tener un hijo con ella se la regalá a su vez a Alonso Hernández Portocarrero, uno de sus capitanes. Cortés posteriormente, en Orizaba, casó a Malintzin con un hidalgo, Juan Jaramillo, de quien se sabe que ella tuvo otra hija, María Jaramillo.[26] [27]

El hijo primogénito ilegítimo de ambos fue Martín Cortés, un mestizo reconocido por su padre que tuvo que ser legitimado especialmente en 1529 por una bula del Papa Clemente VII. Viajó a España con su padre, recibió una educación de primer nivel y llegó a ser Caballero de la Orden de Santiago, el estatus más alto que se podía alcanzar en España. También fue paje de Felipe II. Por otra parte, Hernán Cortés tuvo otra hija mestiza llamada Leonor Cortés Moctezuma, su madre fue Isabel Moctezuma (Tecuichpo), quien fuera hija favorita del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

Otro caso es el de Domingo Martínez de Irala, quien escribía en su testamento:

Digo y declaro y confieso que yo tengo y Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas e hijos que son: Diego Mar­tínez de Yrala y Antonio de Yrala y doña Ginebra Martínez de Yrala mis hijos y de María, mi criada, hija de Pedro de Mendo­za, indio principal que fue desta tierra; y doña Marina de Yrala, hija de Juana mi criada; y doña Isabel de Yrala, hija de Águeda mi criada; y doña Úrsula de Yrala, hija de Leonor mi criada; y Mar­tín Pérez de Yrala, hijo de Escolástica mi criada, e Ana de Yrala, hija de Marina mi criada; y María, hija de Beatriz, criada de Diego de Villalpando, y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos y hijas y por tales he casado a la ley y a bendición según lo man­da la Santa Madre Iglesia: a la dicha doña Marina con Francisco de Vergara, y dicha doña Isabel con el capitán Gonzalo de Men­doza; y a la dicha doña Ginebra con Pedro de Segura; y a la dicha doña Úrsula con Alonso Riquel de Guzmán, a los cuales he dado sus dotes conforme a lo que he podido.[9]

Las esposas blancas no tuvieron más remedio que aceptar esta situación de hecho, algo que se mantiene, en algunas zonas de Latinoamérica, hasta el momento: la casa grande y la casa chica.

Las relaciones sexuales ilegítimas entre súbditos de condición social superior y mujeres de condición social inferior fue un hábito tan difundido que llegó incluso a afectar a los sacerdotes y comisarios del Santo Oficio. La ley prohibía el matrimonio entre un funcionario español peninsular y una criolla, es decir, mujer blanca nacida en América de padres españoles. En estos casos era común la convivencia y una vez terminado el período de servicio en la administración pública contraían matrimonio.[24]

Las uniones ilegítimas, incluso con mujeres blancas, a pesar de la Iglesia, no eran tan mal vistas como en España. Los hábitos resultaban mucho más laxos que en el viejo continente. El problema lo tenían sus hijos, en especial si no habían sido reconocidos, algo que sucedía, en general, con los mestizos y no con los blancos.

En aquella época la ilegitimidad y el mestizaje eran categorías equivalentes y la ilegitimidad era inseparable de la mezcla racial. Debido a los prejuicios raciales, los españoles peninsulares no se casaban, usualmente, con las indias por lo que los hijos nacidos de ambos, que poseían una identidad racial mixta, eran generalmente ilegítimos.[28]

A fines del siglo XVIII, en la provincia de Nicaragua, por ejemplo, la mitad de la población ya era mestiza, mientras que la otra mitad se dividía entre un muy reducido número de europeos y una mayoría de indios que, sin embargo, no lograban superar el número de mestizos.[10]

A pesar de que más de la mitad de la población era ilegítima, la ilegitimidad era vista por la Iglesia como una infamia, una mancha o un defecto. Tanto el derecho canónico como el derecho civil discriminaban a los niños nacidos ilegítimos, quienes no podían ser ordenados curas o asumir cargos en la burocracia real o en el gobierno municipal. También se les prohibía ejercer profesiones liberales, como médicos, escribanos o abogados. Hasta 1784 les estuvo prohibido ser comerciantes o artesanos.[29]

A las poblaciones rurales de mestizos les costaba ser aceptadas legalmente como «ciudades», «pueblos» o «villas», ya que la legislación vigente para la fundación de pueblos obligaba a la Corona a darles tierras comunales a las nuevas poblaciones. Los mestizos tenían que pasar por difíciles y larguísimos procedimientos para poder lograr el estatuto legal de pueblo. Esa fue una de las razones por las cuales empezaron a reclamar sus raíces paternas hispanas adoptando el idioma, la religión, la cultura y las costumbres de los blancos.[10]

A los mestizos también se les prohibía tener cabalgadura porque estaba reservada solamente para los caballeros. Para tener acceso a la educación superior había que presentar un examen de «pureza de sangre», algo similar a los estatutos de limpieza de sangre. Además sin esta pureza de sangre, los mestizos no podían, legalmente, acceder a los cargos públicos.[30]

En 1549 una orden real de la corona española prohibió a los mestizos tuvieran «indios de servicio». Luego se les prohibió ser sacerdotes.[14]

El color de la sangre[editar]

Al comienzo de la conquista los españoles despreciaban a los indios tanto como los indios a los españoles. Según el historiador Jorge Basadre:

Por su ignorancia del cristianismo, de la escritura, del dinero, del hierro, de la rueda, de la pólvora, de la monogamia, de muchas plantas y animales, los indios aparecieron como bárbaros ante los españoles. Por su destrucción de andenes, caminos, terrazas, templos, ciudades, graneros y tributos, por su rapiña, su crueldad, su lascivia y hasta su superioridad guerrera, los españoles aparecieron como bárbaros ante los indios.[31]

Con el tiempo, para cualquier súbdito de los territorios americanos lo «natural» era una estratificación social definida en relación con la ascendencia española, es decir, cuanto más directa la genealogía con el conquistador, cuanto más «sangre» española, mayor era la jerarquía social.[29]

Entre los españoles peninsulares resultaba más fuerte el sentido del linaje, el culto del honor y la conciencia genealógica que entre los indios.[8]

Si tener sangre limpia en España significaba no tener mezcla de sangre mora o judía, en América equivalía a no tener mezcla de sangre india o negra, ya que tenerla era denigrante. Para mantener el linaje, las señoritas de buena familia debían casarse con funcionarios reales o con comerciantes peninsulares.[32]

La «pureza de la sangre» importaba tanto como en España demostrar no ser descendiente de nuevos cristianos. No tener sangre pura española era signo de inferioridad. En 1549 Carlos V prohibió que mulatos, mestizos y cualquier hijo ilegítimo pudiera acceder a ningún cargo municipal, posición pública o repartimiento en las Indias. En 1600 Felipe III ordenó realizar una investigación en Perú porque llegó a oídos de la corona que había mestizos en posiciones públicas. En 1621 la corona española prohibió que mestizos o mulatos pudieran ser escribanos, clara prueba de que ya había algunos de ellos letrados.[29]

Según la historiadora Nara Milanich:[28]

Un componente importante de la visión del temprano mundo ibérico moderno era la noción de la limpieza de sangre. Tener sangre «pura» implicaba que el propio linaje estaba libre de «contaminación» por judíos, moros, gente de filiación ilegítima y en el contexto del Nuevo Mundo, africanos e indígenas. Por lo tanto, limpieza de sangre implicaba que los miembros de un linaje poseían ciertas cualidades étnicas y raciales, una determinada herencia religiosa y un estatus de nacimiento distinguido. Y como el honor del propio linaje, en gran medida determinaba el honor propio, la limpieza de sangre era un componente crucial del estatus individual. El conocimiento y habilidad para probar los antecedentes propios, eran, por lo tanto, fundamentales. En suma, al menos en el discurso oficial, la ilegitimidad estaba relacionada con licencia sexual, mezcla racial, orígenes inciertos y por extensión, una falta de honor personal.

Mestizaje en América del Norte[editar]

Mestizaje en Canadá[editar]

El mestizaje comenzó con la fundación de la Nueva Francia. Los tratantes de pieles empleaban a los mestizos fundamentalmente como canoneros. La Compañía de la Bahía de Hudson explotaba a los indios de los pueblos originarios pero no los expulsaron ni intentaron cambiar su estilo de vida. Muchos inmigrantes se casaron con mujeres indias. Estos mestizos entre pueblos originarios y franceses se opusieron al avance de los ingleses pero perdieron todas las batallas y ya en el siglo XIX perdieron su autonomía a manos de los colones ingleses.[33]

En 1497 hubo un intento de exploración del territorio canadiense cuando el navegante italiano Giovanni Caboto (Juan Caboto) exploró la costa atlántica de América del Norte al servicio de Inglaterra. En 1534, Jacques Cartier hizo lo mismo en nombre de Francia.[34]

En 1524, el navegante italiano Giovanni da Verrazzano exploró la costa oriental y llamó al nuevo territorio Francesca, en honor al rey Francisco I de Francia. En 1534, Jacques Cartier levantó una cruz en la península de Gaspesia y reclamó las tierras en nombre de Francisco I. Sin embargo, en un principio Francia no estaba interesada en respaldar la reivindicación mediante asentamientos. Barcos de pesca franceses continuaron cruzando el Atlántico hasta el río San Lorenzo, estableciendo alianzas con tribus indias que fueron de notable importancia una vez que Francia comenzó a ocupar la tierra. Los comerciantes franceses se percataron de que la región del río San Lorenzo producía pieles, en especial pieles de castor que eran difíciles de encontrar en Europa, ya que el castor europeo estaba cerca de la extinción. La Corona francesa decidió colonizar el territorio para asegurar y extender su influencia en América. Los vastos territorios que pasaron a ser conocidos como Acadia y Canadá estaban habitados por pueblos nómadas amerindios y también había asentamientos de hurones e iroqueses. Las tierras estaban llenas de riquezas naturales por explotar que atrajeron la atención de los europeos. Hacia 1580, las compañías francesas se habían establecido y se habían fletado barcos para llevar pieles a Europa. La interacción entre nativos y europeos en este primer periodo es desconocida en gran medida, debido a la falta de documentos históricos. Hacia mediados del siglo XVII la penetración francesa era bastante modesta (el Censo de población de Nueva Francia de 1666 arrojaba una población de 3 215 habitantes[35] ). Debido a estos fracasos, en 1663 el rey Luis XIV decidió tomar cartas en el asunto y la colonización de América quedó bajo estricto control de la Corona francesa. A partir de entonces se dio un increíble impulso a la colonización. Los colonos franceses que poblaban la provincia francesa del Canadá provenían principalmente de las antiguas provincias de Francia de Aunis, Bretaña, Normandía, Poitou, Saintonge y del País Vasco francés.[36]

Los ingleses establecieron puestos de pesca avanzada en Terranova alrededor del año 1610 y establecieron las Trece Colonias al sur.[37] Una serie de cuatro guerras intercoloniales se desataron entre 1689 y 1763.[38] En 1713, la parte continental de Nueva Escocia quedó bajo dominio británico con el Tratado de Utrecht. Cuando terminó la Guerra Franco-india en 1763, con la firma del Tratado de París Francia cedió Canadá y la mayor parte de Nueva Francia a Gran Bretaña.[39]

En Canadá existe una «tarjeta de identidad mestiza» que es un documento que da el derecho a subvenciones y becas. En 2013 la Corte Suprema de Canadá falló a favor de la comunidad de los Mestizos de la Rivière Rouge en Manitoba y declaró que la Corona no cumplió con sus obligaciones de concederles miles de kilómetros de tierras que les había prometido en los 1870.[40]

Mestizaje en los Estados Unidos[editar]

Mestizaje en Argentina[editar]

En las guerras de 1680 se permitía a los criollos, es decir, los hijos de españoles nacidos en América, alistarse como soldados siempre y cuando no fueran mestizos o mulatos de ningún tipo.[41]

En el imaginario social del siglo XIX había 61 colores diferentes de piel que tenían su nombre correspondiente. 23 colores correspondían a la mezclas entre español e india, 21 a la mezcla entre español y negra - entre española y negro era impensable -, 14 a la mezcla entre negros e indias, y a eso deben sumarse el supuesto blanco puro, negro puro e indio puro.

Había blancos, negros, mulatos, zambos, indios, trigueños, pardos, cholos, chinos, barnizo, puchuelo, tresalbo, torna atrás, tente en el aire, galfarro, salto atrás, castizo cuatrialbo, coyote, coyote mestizo, chamizo, zamabayo, lobo, cambujo, jarocho, gíbaro, ahí te estás, barcino y otros.[42]

Mestizaje en Bolivia[editar]

La problemática indígena es inseparable de la existencia de Bolivia.[43]

En el siglo XVIII muchos caciques se vieron obligados a mestizarse para poder conservar su estatus. En Bolivia, el mestizo estaba exento del tributo que la Corona de España imponía a los indígenas y estaba bajo la protección jurídica de la misma. Durante el siglo XIX apareció la posibilidad de movilidad social y económica de los mestizos. Pero durante la revolución de 1952 se reivindicaron las ideas de oposición al mestizaje como posibilidad de unificación nacional. A principios del siglo XX aparecieron en Bolivia novelas sobre cholos, que condenaban el mestizaje, por un lado como causa del “retraso” y la explotación de los indígenas, y por el otro como causa de la degeneración de familias criollas que realizaban alianzas matrimoniales con personas de origen cholo como una forma de recuperar patrimonio después de que, durante el siglo XX, individuos mestizos cholos pudieran emerger como una burguesía comercial.[44]

Durante los siglos XIX y XX la intención política era intentar «mejorar la raza» atrayendo inmigrantes europeos. En cambio, para el movimiento nacionalista de la década de los '40 y los '50 el mestizaje era la manera de arribar a la unión nacional. Por eso levantaron la bandera del mestizaje como razón de ser de la bolivianidad. Eso es lo que muchos autores bolivianos llamaron el «espejismo del mestizaje».[43] [45]

Mestizaje en Brasil[editar]

A Redenção de Cam (1895): Abuela negra, madre mulata, esposo e hijo blancos; esta pintura sintetiza una realidad en el blanqueamiento de la piel de la población brasilera (cuadro de Modesto Brocos y Gomes).

Pocos países en el mundo pasaron por un mestizaje tan intenso como Brasil.[46]

Los portugueses ya trajeron a Brasil varios siglos de integración genética y cultural entre grupos europeos, y ejemplo de ello son los pueblos celta, romano, germánico, y lusitano. A pesar de que los portugueses básicamente son un grupo europeo, siete siglos de convivencia con moros del norte de África así como con judíos, dejaron por cierto en ellos un importante legado genético y cultural. Y en Brasil, una parte importante de los colonizadores portugueses se mezcló con indios y con africanos, dando lugar a un proceso que resultó muy importante para la formación del futuro nuevo país en suelo americano.

Al citado y a otros procesos, se sumó luego una fuerte inmigración desde otras regiones de Europa. Desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, Brasil recibió cerca de 5 millones de inmigrantes europeos, en su mayoría portugueses, italianos, españoles, y alemanes. La suma de estos procesos dio por resultado la actual composición de la población brasilera. En 2008, 48% de la población de Brasil se consideraba blanca, 44% se identificaba como parda, y 7% se consideraba negra.[47]

Los indios brasileños no presentan relevantes diferencias genéticas entre si, pues serían todos descendientes del primer grupo de cazadores asiáticos que llegaron a América, hace 60 mil años atrás.[48] Pero en lo cultural, los aborígenes brasileros constituían una diversidad de naciones con lenguas y costumbres distintas. La llegada de los primeros portugueses, en su mayoría hombres, culminó en relaciones esporádicas y de concubinato con las indias. Y el 4 de abril de 1755, D. José, rey de Portugal, firmó un decreto autorizando el mestizaje de portugueses con indios.[49]

Los africanos esclavizados en Brasil pertenecían a muchas diferentes etnias, aunque la mayor parte eran bantúes, originarios de Angola, Congo, y Mozambique. De todas maneras, en lugares como Bahía predominaron esclavos de Nigeria, Daomé, y Costa da Mina, especialmente durante el siglo XVIII. Algunos esclavos islámicos habían sido alfabetizados en árabe, trayendo así a Brasil un rico y variado aporte cultural.

A fines del siglo XIX, el gobierno brasilero liberó a los esclavos, aunque sin darles adecuada asistencia social, y por varios motivos, incluyendo la necesidad de mano de obra y el deseo de «blanquear» a la población nacional, durante al menos un siglo se estimuló muy especialmente la inmigración europea. Había entre los gobernantes de Brasil de la época, la idea de que si inmigrantes europeos se casaban con pardos y negros, el resultado sería un paulatino «emblanquecimiento» de la población brasilera. La conocida pintura A Redenção de Cam,[50] obra hecha en 1895 por Modesto Brocos y Gómez, sintetiza la idea corriente de esa época: A través del mestizaje con europeos, los brasileros se volverían de piel cada vez más blanca.

Mestizaje en Chile[editar]

Mestizaje en Costa Rica[editar]

Mestizaje en Cuba[editar]

Mestizaje en Ecuador[editar]

Mestizaje en El Salvador[editar]

Mestizaje en Guatemala[editar]

Mestizaje en Honduras[editar]

Mestizaje en México[editar]

Mestizaje en Nicaragua[editar]

Mestizaje en Panamá[editar]

Mestizaje en Paraguay[editar]

Mestizaje en Perú[editar]

Mestizaje en Uruguay[editar]

El mestizaje forma parte indisoluble del proceso histórico de conformación de la identidad latinoamericana. En el Uruguay los españoles e italianos llegaron en su mayoría durante los siglos XIX y XX.[51] En Uruguay se dio una mezcla entre blancos europeos, indios y africanos muy especial. En la zona que queda al norte del río Negro los descendientes de pobladores de origen afroamericano y los descendientes de pobladores de origen indígena son mayor cantidad que los que habitan en los departamentos del Sur. En Artigas y Rivera, la población afrodescendiente constituye entre el 15% y el 25%.[52] [53] [54] [55] [56]

Mestizaje en Venezuela[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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  6. Claudio Esteva Fábregat (1988). El mestizaje en Iberoamérica. Alhambra. ISBN 978-842-051-678-3. 
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  51. El mestizaje en Uruguay
  52. Cada vez más uruguayos se consideran afrodescendientes, mestizos o indígenas
  53. EL NACIMIENTO DEL URUGUAY MODERNO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX
  54. Mestizaje, Sangre y Matrimonio en territorios de la actual Argentina y Uruguay Siglos XVII-XX
  55. El carácter mestizo del Uruguay
  56. Multiculturalismo, Mestizaje y Nacionalidad. Un estudio comparado sobre Brasil, Bolivia y Perú