Huarpe

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Huarpes
Huarpe member.jpg
Miembro de la etnia huarpe millcayac
Idioma idiomas huarpes
Asentamientos importantes
1.º Región del Nuevo Cuyo (Flag of Argentina.svg Argentina).

Los huarpes o warpes eran un pueblo indígena de Cuyo, en la Argentina. Sus idiomas autóctonos eran el allentiac y el millcayac (ver idiomas huarpes).

Historia[editar]

Hacia el siglo XV se los encontraba en varias zonas de las provincias argentinas de San Luis, Mendoza y San Juan e incluso en el norte de la provincia de Neuquén. Habitaban entre el río Jáchal (al norte), hasta el río Diamante (al sur), y entre la cordillera de los Andes y el valle de Conlara (en San Luis).

Subgrupos[editar]

Distribución aproximada de lenguas en el extremo meridional de Sudamérica en tiempos de la Conquista. El allentiac y el millcayac constituyen las dos lenguas huarpes conocidas.

Se dividían en cuatro grandes grupos, correspondiendo cada uno a su situación geográfica y también a diferencias en el lenguaje:

  • huarpes alentiac (San Juan)
  • huarpes milcayac (norte de la provincia de Mendoza)
  • huarpes chiquillanes, también llamados «huarpes algarroberos»[cita requerida] en el sur de la provincia de Mendoza y
  • huarpes guanacache o huarpes huanacache, también llamados «huarpes laguneros»[cita requerida] (en el noreste de Mendoza y San Luis, en el centro y norte de Neuquén).

Hasta el siglo XVIII pueden haber sido huarpes las gentes que los mapuches llamaban pewen-che (pehuenches) y que hoy son una parcialidad mapuche, pero se desconoce la lengua que tenían estos «pehuenches antiguos». De ellos se sabe que durante el siglo XVIII avanzaron hacia el noreste, ubicándose en zonas que hoy corresponden a la mayor parte del territorio de la provincia de La Pampa y el sur de las provincias de Córdoba y San Luis formando allí la etnia muy mapuchizada de los ranqueles.

Canoa huarpe.

Sus viviendas podían ser de piedra o de barro y paja, según la zona donde habitaban. Eran sedentarios, dedicados a la cestería. Los huanacaches o «laguneros» llamaban la atención por sus cestas tejidas de un modo que eran impermeables y servianles así para transportar agua, además confeccionaban ―se puede entender como una variante de cestería― embarcaciones con las que navegaban por las hoy casi desaparecidas lagunas de Guanacache; esas naves eran bastante semejantes a los «caballitos de totora» que aún utilizan los urus para navegar el lago Titicaca (Bolivia-Perú). A esta peculiar cestería se añadía una buena alfarería. Eran pescadores y cazadores, cultivaban la papa[cita requerida] y el maíz de manera rudimentaria, aunque realizando canalizaciones como la que hiciera el cacique Guaymallén en el valle de Huentata (provincia de Mendoza). Recolectaban frutos, especialmente el del alpataco, una de las especies de algarrobo y otros vegetales.

Como otras etnias, los jefes eran polígamos y la calidad de jefe era hereditaria. Practicaban el «levirato» y el «sororato». El primero consiste en que al morir el marido, la viuda y los hijos pasan a depender del hermano menor del fallecido; el segundo, en que al casarse el varón, adquiere el derecho de casarse con las demás hermanas menores de la novia. Es conocido que los huarpes allentiak no seguían en general esta costumbre ―eran monogámicos―, con la única excepción del cacique, quien si tenía permitida la poligamia.

Creían en una divinidad central llamada Hunuc Huar, también adoraron al Sol, la Luna, los ríos, el rayo y los luceros (el planeta Venus). Cuando morían eran colocados decúbito dorsal (boca arriba) y con la cabeza dirigida hacia la cordillera, lugar donde moraba Hunuc Huar, su divinidad principal.

El imperio incaico hacia 1480 sometió el noroeste argentino. En su conquista sometieron a los huarpes de las actuales provincias de San Juan y a los del extremo norte de la actual provincia de Mendoza. Tal territorio era llamado Huentata por los huarpes, quienes se encontraron forzados a adoptar algunas de sus costumbres, tales la vestimenta y los cultivos de maíz y quinoa.

Desaparición[editar]

Desaparecieron como grupo étnico distintivo a mediados del siglo XVIII, entre otras causas, por la falta de inmunidad del organismo de los aborígenes contra las enfermedades de los europeos; al sistema de encomiendas impuesto por los españoles y por el cual enviaban a los indígenas cuyanos a trabajar a Chile donde sufrían malos tratos que causaron una importante mortandad. Hacia 1640 el territorio huarpe la distribución espacial de los indígenas en la región huarpe se había alterado, muchas zonas quedaron despobladas y los que no pretendían escapar de ser enviados a trabajar habían huido a zonas de difícil acceso. A finales del siglo XVI Santiago de Chile contaba con un número importante de huarpes.

El proceso de mestizaje se vio acrecentado porque generalmente las expediciones españolas de la corriente colonizadora del oeste, no llevaban mujeres. Esto hizo que muchos expedicionarios españoles entraran en relaciones amorosas con las mujeres aborígenes, pero usualmente como concubinas. Este no fue el caso del capitán Eugenio de Mallea, joven de 32 años que acompañó como segundo al mando al comandante Juan Jufré de Loaysa en la fundación de la ciudad de San Juan el 13 del junio de 1562. Mallea, en lo que parece haber sido el primer matrimonio entre un español y una indígena huarpe, contrajo matrimonio el 20 de mayo de 1562 con la hija de Anta Huarpe, cacique de Angaco. La joven se convirtió al cristianismo siendo bautizada como Teresa de Ascencio. Sin embargo, el matrimonio se hizo, por falta de sacerdote, de acuerdo a los usos indígenas, aunque fue posteriormente reconocido por la iglesia católica y la corona española.[1]

Descendientes actuales[editar]

En la actualidad existen en la zona de las desecadas Lagunas de Guanacache (o Huanacache), comunidades que pueden acreditar su filiación huarpe.[cita requerida] Fue allí donde en la segunda mitad de siglo XIX tuvo su centro la actividad de Santos Guayama considerado un «bandido», a quien se le atribuye linaje huarpe. También en la zona del Valle de Zonda es conocida la historia de una mujer bandida conocida como Martina Chapanay, a quien también se le atribuye linaje huárpido.

La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2004-2005, complementaria del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001, dio como resultado que se reconocen o descienden en primera generación del pueblo huarpe 12.710 personas en las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, de los cuales 2.610 residen en comunidades. Otros 1.136 se autorreconocieron en la Ciudad de Buenos Aires y en los 24 partidos del Gran Buenos Aires. En todo el país se autorreconocieron 14.633 huarpes, 2.620 viviendo en comunidades.[2]

Otros datos de interés[editar]

Por su contextura física y facial los huarpes son la base para una clasificación de ciertos grupos aborígenes sudamericanos, llamados huárpidos, de tallas bastante elevada y muchas veces barbados. Algunos han supuesto un origen australoide que pareciera inverosímil si la hipótesis Lovrich de una inmigración desde Australasia hace unos 15 000 años no hubiera sido posible. Migración que se habría producido caboteando las costas de la banquisa de hielo que durante la glaciación de Würm puede haber unido Tasmania con el Cono sur. Si esto es cierto, también se explicaría el enigma por el cual los primeros yacimientos arqueológicos de Sudamérica se encuentran en la Patagonia ―sitios Monte Verde y Los Toldos I―. Por otra parte, es casi seguro que la etnia huarpe es la que dejó los antiquísimos yacimientos llamados Morrillos de Ansilta. Varios antropólogos consideran a los henia y kamiare, vulgarmente llamados «comechingones», como un grupo muy diferenciado de los huarpes.

Idioma[editar]

A veces se considera que los dos idiomas huarpes ―el millcayac y el allentiac― son dos dialectos del mismo idioma. Según el jesuita Luis de Valdivia, el millcayac era la lengua que corría desde la ciudad de Mendoza hacia el sur; según él, se diferenciaba poco de la lengua puelche y la mayoría de los indígenas que vivían desde allí hasta "enfrente de las ciudades de Villarrica y Valdivia" la entendían. El allentiac se hablaba desde la ciudad de San Juan de la Frontera hacia el norte y la entendía la mayoría de los indios que había desde allí hasta "enfrente de la ciudad de Coquimbo".

Con el fin de evangelizar a los huarpes algunos sacerdotes aprendieron su lengua.

En Chile, sobre todo en la ciudad de Santiago, por la gran cantidad de huarpes que habían sido trasladados allí, la tarea fue facilitada por la obra del jesuita Luis de Valdivia quien a fines del siglo XVI escribió dos obras para ayudar al aprendizaje del idioma huarpe y su evangelización. Estas corresponden a una "Doctrina Christiana, Cathecismo, Confessionario, Arte y Vocabulario" en millcayac y allentiac, que según Valdivia eran las lenguas corrientes en las ciudades cuyanas de Mendoza y San Juan de la Frontera respectivamente.

  • Lunlunta, se especula que significa ‘piedra que cae’ o ‘ruido de aguas subterraneas’.

Algunos nombres de caciques huarpes proporcionan datos de la onomástica huarpe:

Angaco
Aucanamon
Azaguate
Cacheuta
Cautacalá
Chapanay
Coinincha
Corocorto
Cuco (luego se transformó en Uco).
Hallay
Huaquinchay
Huazihul
Llaucuma
Maulicao
Panquehua
Pasambay
Pismanta
Quilalibó
Talquenque
Tucuma
Turcupillán
Turinamon
Llancarcu

Referencias[editar]

  1. Gálvez, Lucía; en "Mujeres de la Conquista" (pp. 25 y 58, Ed. Planeta Argentina, año 1990).
  2. INDEC. Datos de la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas del Censo 2001.

Enlaces externos[editar]