Populismo

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Populismo es un término de gran ambigüedad, ampliamente utilizado, aunque no recogido en el DRAE,[1] que sí recoge "populista" con el significado de "perteneciente o relativo al pueblo"[2] (idénticamente a la primera acepción de "popular"[3] -ambas palabras proceden de la latina popŭlus, ‘pueblo’-) indicando como ejemplo la expresión "Partido populista", que en realidad no es de uso común en castellano, aunque sí en francés (Parti populiste -Francia, 2005-)[4] y en inglés (Populist Party -Estados Unidos, de 1891 a 1908-).[5] En cambio, el mismo diccionario sí recoge "popularismo" (definido como "tendencia o afición a lo popular en formas de vida, arte, literatura, etc.",[6] lo que también se designa con los términos "casticismo" o "folclorismo").

El uso de los términos "populismo" y "populista" se hace habitualmente en contextos políticos y de forma peyorativa, sin que del término se desprenda una evidente identificación ideológica (dentro del esquema o espectro político izquierda-derecha), sino más bien con procedimientos políticos (demagogia)[7] y con rasgos como la simplificación dicotómica, el anti-elitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización, el liderazgo carismático, la imprevisibilidad u oportunismo, etc.[8] [9]

Significados de populismo[editar]

"Populismo" se usa para designar a la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado[10] como defensor de los intereses de la generalidad de una población[11] a través del estatismo, el intervencionismo[12] y la seguridad social[13] con el fin de lograr la justicia social[14] y el Estado de bienestar.[15]

En sentido general, sectores socialistas y comunistas han utilizado el término "populista" para definir a los gobiernos que, aún favoreciendo a los "sectores populares" (principalmente a la clase obrera), no pretenden terminar con el sistema capitalista. Desde un punto de vista opuesto, los sectores conservadores han utilizado el término "populista" para definir a los gobiernos que presentan los intereses de las clases económicamente más altas (grandes grupos económicos, etc.) como separados y contrarios a los de las más bajas consideradas como una mayoría permanente con intereses homogéneos autoevidentes que no requerirían así del pluralismo político, destruyendo la posibilidad del disenso político y del crecimiento económico por vías privadas.

Los populistas se presentan a sí mismos como una representatividad diferente a la clásica: la democracia estaría encarnada en un movimiento político que demuestre representar aquellos intereses de las clases populares en términos de redistribución pública, sin las limitaciones clásicas y poliárquicas de la democracia liberal, vistas como una imposición oligárquica de una minoría económica a la clase política.

Populismo en sentido negativo[editar]

El populismo con una significación peyorativa, que es la principalmente usada, es el uso de "medidas de gobierno populares", destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características anti-institucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

De acuerdo con esta significación, algunos movimientos populistas darían a amplias capas de la población beneficios limitados o soluciones a corto plazo que no ponen en peligro el orden social vigente ni le otorgan a los ciudadanos capacidades reales de autodeterminación, sino que sirven para elevar o mantener la popularidad de los dirigentes del movimiento (caudillos) reforzando su poder. En estos casos, a pesar del discurso contra ellos, los sectores económicos estratégicos (industriales, bancarios, etc.) y los intereses eclesiásticos y militares mantienen vigente su poder, habiendo un mero cambio de manos dentro de estos grupos. O sea, la desigualdad de clases y la tergiversación del estado democrático como institución que capta recursos de la ciudadanía para redistribuirlos entre los poderosos, continúa a pesar de la retórica populista.

Los discursos oficiales de estos regímenes y movimientos deben ser digeribles y del buen agrado de la población en general (para darle seguridad y satisfacción) por lo que no apelan a ideologías definidas, e incluso pueden tener tintes más o menos conservadores y hasta reaccionarios, pero siempre carismáticos. Se diferencia de la demagogia porque se refiere no sólo a discursos, sino también a acciones. Así, se le puede entender como una táctica de uso limitado, o bien como una forma permanente de hacer política y permanecer en el poder distinta a la partitocracia usual de las democracias contemporáneas. De hecho, usualmente los líderes y/o movimientos populistas surgen al margen de, y contra, los partidos considerados tradicionales--y parte de su atractivo reside en su rechazo a los partidos políticos por considerarlos elementos consustanciales a la sociedad estratificada y a la co-optación del Estado en manos de los poderosos cuyos intereses son opuestos al "pueblo". Después de todo, si el pueblo es un solo sujeto colectivo--el único sujeto colectivo legítimo de la democracia según los movimientos populistas--no debería estar dividido por ideologías integradas en partidos distintos, sino que debería ser capaz de unirse en torno a reclamos fundamentales que aseguren su bienestar, desechando como asuntos secundarios o innecesarios aquellos que son esenciales para las identidades partidistas.

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de los Estados Unidos[16] han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la "nueva izquierda" de los 2000. En el caso europeo de los 2010, la crítica principal es a la hegemonía y dominio de los intereses políticos alemanes y el sector financiero global.

La crisis de la representación política es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo. Para completar el cuadro de situación es preciso introducir otro factor: una "crisis en las alturas" a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternatia y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representacción y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establishment partidario para movilizarla contra un enemigo cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico -"la oligarquía", "la plutocracia", "los extranjeros"- siempre remite a quienes son construidos como responsables del malestar social y político que experimenta "el pueblo". En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extra-institucional.[17]

Populismo en sentido positivo[editar]

Varios movimientos socio-políticos a través de la historia mundial moderna han pretendido que "el pueblo", es decir, los agricultores y campesinos, los obreros, los pequeños empresarios, el bajo clero, las clases profesionales (médicos, maestros, profesores, contables, ingenieros, empleados públicos, etc.), sea quien ostente el poder en los estados democráticos, en contra así de las élites o clases dominantes [18] . Estos movimientos populistas se han basado en las ideas políticas de la cultura autóctona sin necesariamente reivindicar el nacionalismo, y oponiéndose siempre al imperialismo. Ejemplos de este tipo han sido el populismo ruso y el populismo norteamericano del siglo XIX (éste último llamado también productivismo); el cantonalismo español; el agrarismo mexicano; y los carbonarios italianos. Pueden estar influenciados (o no) por una o varias ideologías o proyectos políticos definidos, sin embargo normalmente no se adhieren a ellos de forma explícita.

En su crítica de la novela Todos los hombres del rey, del premio Pulitzer Robert Penn Warren, Estéban Hernández hace un interesante análisis de la relación entre populismo y aristocracia. Hernández sostiene que, mientras en los países menos desarrollados, el populismo va de la mano con la lucha contra el hambre, en los países más desarrollados el populismo se relaciona con la centralización del poder, el aumento de impuestos y la supeditación del mundo empresarial a la política, tal como fue planteado por Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos con el New Deal. Hernández señala que el "populismo" definiría una alternativa a la aristocracia, mucho más probable que el comunismo, y que por esa razón ha sido (y es) denostado por los sectores conservadores.[19]

Factio popularium en la antigua Roma[editar]

En el período de la última república romana, aparecieron una serie de líderes llamados populares (o factio popularium, 'partido de los del pueblo') que se opusieron a la aristocracia tradicional conservadora y apostaron por el uso de las asambleas del pueblo para sacar adelante iniciativas populares destinadas a la mejor distribución de la tierra, el alivio de las deudas de los más pobres y la mayor participación democrática del grueso de la población. Entre sus líderes están varios de los Gracos, Publio Clodio Pulcro, Marco Livio Druso el Tribuno, Sulpicio Rufo, Catilina, Cayo Mario o Julio César.

Este grupo (factio) contó con la oposición acérrima del partido aristocrático de los optimates encabezado por Cicerón, que usó su poder político y su retórica para eliminar el poder político (y a veces la vida) de los líderes de los populares.

Populismo a partir del siglo XX[editar]

Populismo en América Latina[editar]

En América Latina los primeros ejemplos de gobiernos considerados populistas fueron Lázaro Cárdenas en México, José María Velasco Ibarra en Ecuador, Juan Domingo Perón en Argentina,[20] el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Rafael Ángel Calderón Guardia en Costa Rica[21] [22] , Luis Muñoz Marín en Puerto Rico, y Getúlio Vargas en Brasil.[23]

En esta línea de crítica política, han sido cuestionados como populistas, tanto gobiernos de derecha como de izquierda: los primeros identificados con el sistema capitalista y el liderazgo de los Estados Unidos, y los segundos identificados con posiciones nacionalistas y una posición desligada de los Estados Unidos.[cita requerida]

En 2006, el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quien realizara en su país reformas desrregulatorias, en un artículo titulado "El populismo amenaza con regresar a América latina", sostiene que entre los elementos que hacen que un gobierno no sea populista, se encuentran tener «políticas públicas prudentes y sensatas», así como un mayor acercamiento a Estados Unidos.

Francisco Panizza ofrece una lectura del populismo como un espejo de la democracia cuyo punto de discusión central es la posibilidad de poner al pueblo en un lugar de realidad objetiva. El populismo no es posible sin la artículación retórica de un pueblo "construido" en tanto actor social colectivo pero abstracto. En estos procesos los líderes no sólo hablan en nombre del pueblo, sino que recurren al sentido de emergencia para introducir políticas que de otra forma serían rechazadas.[24]

Por su parte, Ernesto Laclau afirma que el populismo es la mejor forma de organización política pues da mayor lugar y representatividad a clases que hasta el momento estaban relegadas.[25] No obstante, algunos especialistas post-marxistas como Maximiliano. E Korstanje sugieren que si bien el populismo permite una mayor participación política, esa participación es a costo de un proceso de des-inversión. El riesgo y el interés resguardan al orden capitalista. Cuando un orden populista introduce cambios de base en la distribución, el capital es repatriado hacia otros países generando un aceleramiento en la desinversión. Como resultado, el estado debe intervenir en la mayoría de las instituciones democráticas, afectando seriamente la gobernabilidad. Según el estudioso, el populismo paradójicamente sienta las bases para el gobierno totalitario pues incapacitado para crear confianza en los mercados, y en la búsqueda de legitimidad necesaria para funcionar, debe intervenir en los otros poderes republicanos. La dictadura nace como mecanismo político empleado para que las elites mantengan su legitimidad.[26]

Populismo en Estados Unidos[editar]

Mientras que tanto el New Deal de Franklin Delano Roosevelt como "La Nueva Frontera" de John F. Kennedy han sido considerados iniciativas del populismo progresista, históricamente, la BBC ha calificado el gobierno del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, como «populismo conservador»,[27]

En 2007, Paul Krugman, ganador del Premio Nobel de Economía en 2008, sostuvo que los Estados Unidos precisaban un «contragolpe populista» (populist backlash) para revertir el aumento de la desigualdad social.[28]

En Estados Unidos, al igual que en América Latina, se ha recurrido al término "populismo" para calificar las características de los candidatos tanto de derecha como de izquierda. En la campaña para las elecciones presidenciales de 2008, tanto Hillary Clinton como Obama, han sido calificados de populistas.[29] Por su parte, el presidente George W. Bush, también ha sido considerado como populista.[30]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Álex Grijelmo, El populismo está fuera del diccionario - Difícil papeleta para la Academia si desease resumir un concepto que daría para un tratado, El País, 28 de julio de 2014, recogido en Fundéu.
  2. «populista», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=populista 
  3. «popular», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=popular 
  4. www.parti-populiste.info, fuente citada en fr:Parti populiste (France)
  5. "Populist Party". New International Encyclopedia. 1905. Fuente citada en en:People's Party (United States)
  6. «popularismo», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=popularismo 
  7. Ralf Dahrendorf, El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak : discursos y artículos, Katz Editores, 2006, pg. 304: "Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice “populismo” se adentra en un terreno difícil ... En todo caso, el concepto de populismo es peyorativo. ... Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos".
  8. José Álvarez Junco, Virtudes y peligros del populismo, El País, 11 de noviembre de 2014: El populismo no es, la verdad, fácil de definir. Muy frecuentemente se usa en sentido denigratorio, atribuyéndolo a fenómenos que, como mínimo, carecen de contenido serio. Una politóloga propuso, hace años, el abandono del término, por indefinible. ... Lo primero indiscutible es que los movimientos o personajes políticos a quienes se llama “populistas” basan su discurso en la dicotomía Pueblo / Anti-pueblo. ... [El pueblo] representa el súmmum de las virtudes ... el anti-pueblo, es la causa de todos los males; y puede tomar cuerpo, según los populismos, en entes internos o externos: la oligarquía, la plutocracia, los extranjeros, el clero, los judíos, la monarquía…; en el discurso dominante hoy, en España, sería la “casta política” o “el régimen del 78”, a quienes se oponen “los ciudadanos” o “la gente (decente)” ... Un segundo rasgo común a los populismos es la ausencia de programas concretos. ... Tercer rasgo: en su discurso dominan los llamamientos emocionales dominan sobre los planteamientos racionales. Apelan a la acción, la juventud, la moralidad, la audacia, la honradez. ... “menos palabras y más acción” ... no se trata de hacer pensar a sus oyentes sino de movilizarlos ... Cuarto... el gobierno del pueblo [democracia] como “gobierno para el pueblo”, sistema político cuyo objetivo es establecer la igualdad social, favorecer a los más débiles. ... es típico de cualquier populismo la formación de redes clientelares ... la existencia de un líder dotado de cualidades redentoristas ... El anti-elitismo populista comporta una importante dosis de anti-intelectualismo y anti-tecnicismo. Más que un rasgo modernizador, este elemento clave parece un resto del mesianismo religioso o del paternalismo monárquico del Antiguo Régimen. ... todos los populismos prosperan en un contexto institucional muy deteriorado, en el que los partidos tradicionales y los cauces legales de participación política, por corrupción o por falta de representatividad, están desprestigiados hasta niveles escandalosos. ... Quieren gobernar, quieren el poder. Y cuando llegan a él, les molestan las cortapisas: no son de su agrado ni la división y el control mutuo entre poderes, propio de las democracias liberales, ni la existencia de una oposición crítica ni el que su mandato se termine a fecha fija. Su lógica es, la verdad, impecable: si el poder es ahora del pueblo, ¿por qué limitarlo? ¿quién y en nombre de qué puede oponerse a la voluntad del pueblo? Es decir, que su vínculo privilegiado con el pueblo exige eliminar todo límite a su capacidad de acción. Lo cual abre un peligroso camino hacia la tiranía. Por otra parte, al no establecer ni reconocer normas, tienden a recurrir a la acción directa, lo que suele significar prácticas coactivas contra los discrepantes. ... Es imposible, en resumen, saber adónde puede llevar un movimiento de este tipo: su carencia de programa le permite seguir cualquier línea política. Aunque sin citarlo por su nombre, el artículo se refiere en varias ocasiones a Podemos, el movimiento político español que es etiquetado por sus adversarios como "populista" (desde su aparición en las elecciones europeas de 2014). Pone como ejemplos de populismo en la historia de España a Alejandro Lerroux, José Antonio Primo de Rivera y José María Ruiz Mateos, y fuera de España, a la derecha xenófoba francesa, británica u holandesa; en América Latina, al eje chavista venezolano, ecuatoriano o boliviano ... [y] al peronismo, siempre el mejor ejemplo.
  9. En términos económicos, y refiriéndose al siglo XX, se ha definido el concepto Macroeconomía del populismo (Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, conferencia celebrada en el Banco Interamericano de Desarrollo en Mayo de 1990 - [1]): un tipo de comportamiento recurrente de parte de los Estados latinoamericanos que sirve para explicar una "inestabilidad macroeconómica"... y se define por "los episodios inflacionarios, las crisis en las balanzas de pagos y los penosos esfuerzos de estabilización". ... "han intentado resolver los problemas de la desigualdad del ingreso mediante el uso de políticas macroeconómicas demasiado expansivas". ... Las causas de tales recaídas son "los efectos devastadores de la Gran Depresión, las vastas desigualdades del ingreso, una confianza ingenua en la capacidad de los gobiernos para sanar todos los males sociales y económicos, y las ideas de la CEPAL en los años 50" (Eduardo Devés, El pensamiento latinoamericano en el siglo XX, pg. 120, los entrecomillados son las citas literales de Dornbushc y Edwards).
  10. Alejandro Groppo, Ernesto Laclau (2009). «Los dos príncipes: Juan D. Perón y Getulio Vargas, un estudio comparado del populismo latinoamericano». Consultado el 24 de marzo de 2014.
  11. Centro Mundial de Investigación para la Paz (2009). «El giro republicano: bases conceptuales del déficit democrático de América Latina». Ediciones Trilce. Consultado el 24 de marzo de 2014.
  12. Octavio Rodríguez (1993). «La teoría del subdesarrollo de la CEPAL». Siglo XXI. Consultado el 24 de marzo de 2014.
  13. Slavoj Zizek, Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis (2010). «Lenin reactivado: Hacia una política de la verdad». Ediciones AKAL. Consultado el 24 de marzo de 2014.
  14. Eugeniusz Górski (1994). «Dependencia y originalidad de la filosofía en Latinoamérica y en la Europa del Este». UNAM. Consultado el 24 de marzo de 2014.
  15. Julio Aibar, Daniel Vázquez (2008). «Política y sociedad en México: entre el desencuentro y la ruptura». FLACSO. Consultado el 24 de marzo de 2014.
  16. «El populismo amenaza con regresar a América latina», en Diario Clarín de Buenos Aires, 18 de junio de 2006, Henrique Cardoso, Fernando (2006)
  17. Torre, Juan Carlos citado por Sarlo, Betriz. "La audacia y el cálculo". Sudamericana. Buenos Aires. 2011. p. 145. ISBN 978-950-07-3504-9.
  18. El verdadero rostro del populismo, por Larry Gambone
  19. Hernández, Estéban. "Populismo y aristocracia", en El Confidencial, 4 de noviembre de 2006.
  20. Cohen, Roger. Cry for Me, Argentina. The New York Times. 27 de febrero de 2014. El surgimiento del peronismo en Argentina fue una "filosofía política propia, mezcla extraña de nacionalismo, romanticismo, fascismo, socialismo, pasado, futuro, militarismo, erotismo, fantasía, lloriqueo, irresponsabilidad y represión". http://www.nytimes.com/2014/02/28/opinion/28iht-edcohen28.html?ref=rogercohen&_r=0
  21. http://acontracorriente.chass.ncsu.edu/index.php/acontracorriente/article/view/769#.U2dYEVeIrLc
  22. http://www.buenastareas.com/ensayos/Reg%C3%ADmenes-Populistas/26577053.html
  23. LANNI, Octavio. La formación del Estado populista en América Latina. México. Ediciones Era. 1980, Río Negro, 9 de diciembre de 2007.
  24. Panizza, F. 2009. El Populismo como espejo de la democracia. Buenos Aires, FCE.
  25. Laclau, E. (2005) La Razón Populista.Buenos Aires, FCE.
  26. Korstanje, M. 2013 Democracia y Autoritarismo, la razón populista. Nómadas: revista crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Número 13. (PP. 549-559) Especial monográfico sobre América Latina. Universidad Complutense de Madrid. ISSN 1578-6730.
  27. BBC. "El Partido Demócrata", BBC, 20 de octubre de 2000.
  28. Krugman, Paul (2007). "The consciense of a Liberal", The New York Times, 18 de septiembre de 2007.
  29. A.C. "La carrera hacia la Casa Blanca: Hillary Clinton y Obama recurren al populismo ante unas primarias clave", Diario El País de España, 20 de febrero de 2008.
  30. Musse Torres, José (2004). "El populismo de Bush", Analística de Venezuela, 12 de enero de 2004.

Bibliografía adicional[editar]

  • Enkvist, Inger (2008). Iconos latinoamericanos. 9 mitos del populismo del siglo XX. Ciudadela. ISBN 978-84-96836-45-7. 

Enlaces externos[editar]