Populismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Populismo es un término de gran ambigüedad, ampliamente utilizado, aunque no recogido en el Diccionario de la lengua española,[1] que sí recoge «populista» con el significado de «perteneciente o relativo al pueblo»[2] —idénticamente a la primera acepción de «popular»[3] (ambas palabras proceden de la latina popŭlus, ‘pueblo’)― indicando como ejemplo la expresión «partido populista», que en realidad no es de uso común en castellano, aunque sí en francés (Parti populiste, Francia, 2005)[4] y en inglés (Populist Party, Estados Unidos, de 1891 a 1908).[5] En cambio, el mismo diccionario sí recoge «popularismo» (definido como ‘tendencia o afición a lo popular en formas de vida, arte, literatura, etc.’,[6] lo que también se designa con los términos «casticismo» o «folclorismo»). Posiblemente el primer movimiento político con esa denominación fue el narodnik (como adjetivo, naródnichestvo como sustantivo) ruso del siglo XIX.[7]

El uso de los términos «populismo» y «populista» se hace habitualmente en contextos políticos y de manera peyorativa, sin que del término se desprenda una evidente identificación ideológica (dentro del esquema o espectro político izquierda-derecha), sino más bien con procedimientos políticos (demagogia o "estilo plebeyo").[8] También se ha aplicado en contextos religiosos para calificar a la teología de la liberación[9] y a la teología del pueblo.[10] [11]

Populistas a la derecha, populistas a la izquierda. Quien dice «populismo» se adentra en un terreno difícil... En todo caso, el concepto de populismo es peyorativo.... Hablamos entonces de demagogia, y la demagogia tiene un gran repertorio de métodos.

Ralf Dahrendorf,[12]

El populismo tiene ciertos rasgos característicos, como la simplificación dicotómica, el antielitismo (propuestas de igualdad social o que pretendan favorecer a los más débiles), el predominio de los planteamientos emocionales sobre los racionales, la movilización social, el liderazgo carismático, la imprevisibilidad económica, el oportunismo, etc.[13] [14]

Una parte importante de los estudios latinoamericanos cuestiona el uso eurocéntrico y universalizador del término «populista», cuando se aplica a corrientes políticas latinoamericanas, obviando el estudio puntual y las circunstancias históricas particulares de las mismas.[15] [16] [17]

Significados de populismo[editar]

«Populismo» se usa para designar a la corriente ideológica que sostiene la reivindicación del rol del Estado[18] como defensor de los intereses de la generalidad de una población[19] a través del estatismo, el intervencionismo[20] y la seguridad social[21] con el fin de lograr la justicia social[22] y el Estado de bienestar.[23]

Populismo en sentido negativo[editar]

El populismo con una «significación peyorativa» ―que es la principalmente usada―, es el uso de «medidas de gobierno populares», destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si esta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Sin embargo, a pesar de las características antinstitucionales que pueda tener, su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas (en muchos casos los movimientos populistas planean evitarlo) sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

En sentido general, sectores socialistas y comunistas han utilizado el término «populista» para definir a los Gobiernos que ―aun favoreciendo a los «sectores populares» (principalmente a la clase obrera)― no pretenden terminar con el sistema capitalista.[24]

Tanto la economía keynesiana, como una posición crítica de la política exterior de Estados Unidos[25] han sido prácticas sustanciales del populismo latinoamericano, tanto de los años 1930-1950, como la más reciente ola de la «nueva izquierda» de los 2000. En el caso europeo de los 2010, la crítica principal es a la hegemonía y dominio de los intereses políticos alemanes y el sector financiero global.

La crisis de la representación política es una condición necesaria pero no una condición suficiente del populismo. Para completar el cuadro de situación es preciso introducir otro factor: una «crisis en las alturas» a través de la que emerge y gana protagonismo un liderazgo que se postula eficazmente como un liderazgo alternativo y ajeno a la clase política existente. Es él quien, en definitiva, explota las virtualidades de la crisis de representación y lo hace articulando las demandas insatisfechas, el resentimiento político, los sentimientos de marginación, con un discurso que los unifica y llama al rescate de la soberanía popular expropiada por el establecimiento partidario para movilizarla contra un enemigo cuyo perfil concreto si bien varía según el momento histórico ―«la oligarquía», «la plutocracia», «los extranjeros»― siempre remite a quienes son construidos como responsables del malestar social y político que experimenta «el pueblo». En su versión más completa, el populismo comporta entonces una operación de sutura de la crisis de representación por medio de un cambio en los términos del discurso, la constitución de nuevas identidades y el reordenamiento del espacio político con la introducción de una escisión extrainstitucional.[26]

Desde un punto de vista opuesto, los sectores conservadores han utilizado el término «populista» para definir a los gobiernos que presentan los intereses de las clases económicamente más altas (grandes grupos económicos, etc.) como separados y contrarios a los de las más bajas consideradas como una mayoría permanente con intereses homogéneos autoevidentes que no requerirían así del pluralismo político, destruyendo la posibilidad del disenso político y del crecimiento económico por vías privadas.[cita requerida]

Populismo en sentido positivo[editar]

Varios movimientos sociopolíticos a través de la historia mundial moderna han pretendido que «el pueblo» ―es decir, los agricultores y campesinos, los obreros, los pequeños empresarios, el bajo clero, las clases profesionales (médicos, maestros, profesores, contables, ingenieros, empleados públicos, etc.)― sea quien ostente el poder en los estados democráticos, en contra así de las élites o clases dominantes.[27]

Estos movimientos populistas se han basado en las ideas políticas de la cultura autóctona sin necesariamente reivindicar el nacionalismo, y oponiéndose siempre al imperialismo. Ejemplos de este tipo han sido el populismo ruso y el populismo estadounidense del siglo XIX (este último llamado también «productivismo»); el cantonalismo español; el agrarismo mexicano; y los carbonarios italianos. Pueden estar influenciados (o no) por una o varias ideologías o proyectos políticos definidos, sin embargo normalmente no se adhieren a ellos de forma explícita.

En su crítica de la novela Todos los hombres del rey, del premio Pulitzer Robert Penn Warren, Esteban Hernández hace un interesante análisis de la relación entre populismo y aristocracia. Hernández sostiene que ―mientras en los países menos desarrollados, el populismo va de la mano con la lucha contra el hambre, el aumento de impuestos a los ricos, y la supeditación del mundo empresarial a la política, tal como fue planteado por Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos con el New Deal― en los países más desarrollados el populismo se relaciona con la centralización del poder y el aumento de impuestos a los más pobres. Hernández señala que, en esos países, el populismo definiría una alternativa a la aristocracia mucho más probable que el comunismo, y que por esa razón ha sido (y es) denostado por los sectores conservadores.[28]

También se considera que un Gobierno populista es aquel que no promueve un mayor acercamiento a Estados Unidos.[25]

Factio popularium en la antigua Roma[editar]

En el período de la última república romana, aparecieron una serie de líderes llamados populares (o factio popularium, ‘partido de los del pueblo’) que se opusieron a la aristocracia tradicional conservadora y apostaron por el uso de las asambleas del pueblo para sacar adelante iniciativas populares destinadas a la mejor distribución de la tierra, el alivio de las deudas de los más pobres y la mayor participación democrática del grueso de la población. Entre sus líderes están varios de los Gracos, Publio Clodio Pulcro, Marco Livio Druso el Tribuno, Sulpicio Rufo, Catilina, Cayo Mario o Julio César.

Este grupo (factio) contó con la oposición acérrima del partido aristocrático de los optimates encabezado por Cicerón, que usó su poder político y su retórica para eliminar el poder político (y a veces la vida) de los líderes de los populares.

Populismo a partir del siglo XX[editar]

Populismo en América Latina[editar]

En América Latina existen varios ejemplos de gobiernos que con sus diversos matices y características temporales y espaciales han sido tildados de «populistas» por sus opositores:

En esta línea de crítica política, han sido cuestionados como «populistas» tanto gobiernos de derecha como de izquierda: los primeros identificados con el sistema capitalista y el liderazgo de los Estados Unidos, y los segundos identificados con posiciones nacionalistas y una posición desligada de los Estados Unidos.[25] En 2006, el expresidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, quien realizara en su país reformas neoliberales, en un artículo titulado «El populismo amenaza con regresar a América Latina», sostiene que entre los elementos que hacen que un gobierno no sea populista, se encuentran tener «políticas públicas prudentes y sensatas», así como un mayor acercamiento a Estados Unidos.[25]

Francisco Panizza ofrece una lectura del populismo como un espejo de la democracia cuyo punto de discusión central es la posibilidad de poner al pueblo en un lugar de realidad objetiva. El populismo no es posible sin la artículación retórica de un pueblo «construido» en tanto actor social colectivo pero abstracto. En estos procesos los líderes no solo hablan en nombre del pueblo, sino que recurren al sentido de emergencia para introducir políticas que de otra manera serían rechazadas.[51]

Por su parte, Ernesto Laclau (1935-2014) afirmaba que el populismo es la mejor forma de organización política pues da mayor lugar y representatividad a clases que hasta el momento estaban relegadas.[52]

No obstante, algunos especialistas posmarxistas como Maximiliano Korstanje sugieren que si bien el populismo permite una mayor participación política, esa participación es a costo de un proceso de desinversión. El riesgo y el interés resguardan al orden capitalista. Cuando un orden populista introduce cambios de base en la distribución de la riqueza, el capital es repatriado hacia otros países, lo que genera desinversión. Como resultado, el Estado debe intervenir en la mayoría de las instituciones democráticas, afectando seriamente la gobernabilidad. Según Korstanje, el populismo paradójicamente sienta las bases para el gobierno totalitario pues ―incapacitado para crear confianza en los mercados internacionales, y en la búsqueda de legitimidad necesaria para funcionar―, debe intervenir en los otros poderes republicanos. La dictadura nace como mecanismo político empleado para que las elites mantengan su legitimidad.[53]

Ernesto Laclau afirma que el populismo es, de las formas republicanas, la mejor posible debido a que permite la participación de mayores grupos sociales en la pugna de poder y recursos. El populismo no deja de ser una mera expresión de la política que enriquece la vida democrática. El scholar introduce un neologismo, la razón populista para ayudar a comprender su relación con el aparato ideológico del estado.[54]

Populismo en Estados Unidos[editar]

El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt y la Nueva Frontera del presidente John F. Kennedy han sido considerados iniciativas del «populismo progresista». En cambio, la BBC ha calificado el gobierno del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, como «populismo conservador»,[55]

En 2007, Paul Krugman ―ganador del Premio Nobel de Economía en 2008― sostuvo que Estados Unidos precisaba un «contragolpe populista» (populist backlash) para revertir el aumento de la desigualdad social.[56]

En Estados Unidos, al igual que en América Latina, se recurre al término «populismo» para descalificar las características de los candidatos opositores tanto de derecha como de izquierda. En la campaña para las elecciones presidenciales de 2008, el diario El País (de España) calificó negativamente como «populistas» tanto a Hillary Clinton como a Obama.[57] Por su parte, el presidente George W. Bush también ha sido considerado como populista.[58]

Populismo en el Cristianismo[editar]

En el Cristianismo han sido calificadas como populistas la teología de la liberación en general[9] y la teología del pueblo, una corriente teológica surgida en Argentina perteneciente a la teología de la liberación, de considerable influencia en el pensamiento del papa Francisco.[10] [11]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Grijelmo, Álex (2014): «El populismo está fuera del diccionario - Difícil papeleta para la Academia si desease resumir un concepto que daría para un tratado», artículo del 28 de julio de 2014 en el diario El País (Madrid), republicado en el sitio web Fundéu.
  2. «populista», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=populista .
  3. «popular», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=popular .
  4. Parti-populiste.info, fuente citada en el artículo Parti populiste (France), en la Wikipedia en francés.
  5. «Populist Party», artículo en inglés en la New International Encyclopedia, 1905. Fuente citada en People's Party (United States) en la Wikipedia en inglés.
  6. «popularismo», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/srv/search?key=popularismo .
  7. Francesc de Carreras, Populismo contra democracia - No son dos sistemas de gobierno distintos, sino dos formas de Estado diferentes, El País, 9 de abril de 2015: "... el término populismo ha sido usado con distintos significados en diferentes contextos históricos y geográficos, algo que no es casual. ¿Hay alguna semejanza entre el populismo de los narodniquis rusos del siglo XIX con el fascismo y el nazismo, del anarquismo con el peronismo, del jacobinismo con el nacionalismo, de Pablo Iglesias con Artur Mas? Sin duda la hay, a pesar de tener contenidos tan diferenciados. Lo común a todo populismo no es una ideología substancial —derechas o izquierdas, por ejemplo— sino una estrategia para acceder y conservar el poder, lo cual le permite cobijar ideologías muy distintas, siempre que coincidan en que la causa de todos los males es una y sólo una, sea el zar o el rey, la propiedad, la religión, la oligarquía financiera, las élites políticas o la opresión nacional. Siempre debe ser una causa simple, emocionalmente sencilla de entender y racionalmente difícil de explicar con buenos argumentos."
  8. "... la geografía izquierda-derecha no funciona; ... ese estilo plebeyo que algunos han definido como populismo de izquierdas es clave para construir los elementos agregadores para que se produzca un cambio político" (Pablo Iglesias, entrevista en El Mundo, 17 de mayo de 2015). Slavoj Zizek, Contra la tentación populista:

    Para la élite tecnocrática-liberal, el populismo es inherentemente proto-fascista, la pérdida de la razón política ... el estallido de ciegas pasiones utópicas. La réplica más fácil a esta desconfianza sería proponer que el populismo es inherentemente neutral: una clase de dispositivo trascendental-formal que puede incorporarse a diferentes compromisos políticos. Esta opinión fue elaborada en detalle por Ernesto Laclau. Para Laclau, en un curioso caso de auto-referencia, la misma lógica de la articulación hegemónica se aplica también a la oposición conceptual entre populismo y política: "populismo" es el lacaniano objeto a de la política, la figura particular que permanece en la dimensión universal de lo político... Hegel proporcionó un término para este solapamiento de lo universal con parte de su propio contenido particular: "determinación oposicional" (gegensaetzliche Bestimmung) como el punto en el que el genio universal se encuentra a sí mismo entre su especie particular. El populismo no es un movimiento político específico, sino el arte político más puro: la inflexión del esacio social que puede afectar a cualquier contenido político. Sus elementos son puramente formales, "trascendentales", no ónticos: el populismo ocurre cuando una serie de demandas "democráticas" particulares (mejor sanidad y seguridad social, menores impuestos, oposición a la guerra, etc. etc.) se encadena en una serie de equivalencias, y este encadenamiento produce al "pueblo" como el sujeto político universal. Lo que caracteriza al populismo no es el contenido óntico de estas demandas, sino el mero hecho formal de que, a través de su encadenamiento, el "pueblo" emerge como sujeto político, y toda lucha o antagonismo particular aparece como una parte de una lucha antagonística global entre "nosotros" (el pueblo) y "ellos". De nuevo, el contenido de "nosotros" y "ellos" no se prescribe con anterioridad sino, precisamente, en el curso de la lucha por la hegemonía: incluso elementos ideológicos como el racismo brutal y el antisemitismo pueden encadenarse en una serie populista de equivalencia, en la forma en que el "ellos" se construye.

  9. a b Górski, Eugeniusz (1994). Dependencia y originalidad de la filosofía en Latinoamérica y en la Europa del Este. México: UNAM. p. 162. ISBN 9683639232. 
  10. a b Beltramo Álvarez, Andrés (14 de marzo de 2014). «Papa Francisco: ¿teología del pueblo o populista?». Vatican Insider. La Stampa. Consultado el 28 de abril de 2015. 
  11. a b Scannone, Juan Carlos. «Perspectivas eclesiológicas de la 'Teología del Pueblo' en la Argentina». Biblioteca Católica Digital. Consultado el 28 de abril de 2015. 
  12. El recomienzo de la historia: de la caída del muro a la guerra de Irak: discursos y artículos. Katz Editores, 2006, pág. 304.
  13. Álvarez Junco, José (2014): «Virtudes y peligros del populismo», artículo del 11 de noviembre de 2014 en el diario El País (Madrid).

    El populismo no es, la verdad, fácil de definir. Muy frecuentemente se usa en sentido denigratorio, atribuyéndolo a fenómenos que, como mínimo, carecen de contenido serio. Una politóloga propuso, hace años, el abandono del término, por indefinible. [...] Lo primero indiscutible es que los movimientos o personajes políticos a quienes se llama «populistas» basan su discurso en la dicotomía pueblo/antipueblo. [...] [El pueblo] representa el súmmum de las virtudes, [...] el antipueblo es la causa de todos los males; y puede tomar cuerpo, según los populismos, en entes internos o externos: la oligarquía, la plutocracia, los extranjeros, el clero, los judíos, la monarquía…; en el discurso dominante hoy, en España, sería la «casta política» o «el régimen del 78», a quienes se oponen «los ciudadanos» o «la gente (decente)»... Un segundo rasgo común a los populismos es la ausencia de programas concretos.... Tercer rasgo: en su discurso dominan los llamamientos emocionales dominan sobre los planteamientos racionales. Apelan a la acción, la juventud, la moralidad, la audacia, la honradez.... «menos palabras y más acción»... no se trata de hacer pensar a sus oyentes sino de movilizarlos... Cuarto... el gobierno del pueblo [democracia] como «gobierno para el pueblo», sistema político cuyo objetivo es establecer la igualdad social, favorecer a los más débiles.... es típico de cualquier populismo la formación de redes clientelares... la existencia de un líder dotado de cualidades redentoristas... El antielitismo populista comporta una importante dosis de antintelectualismo y antitecnicismo. Más que un rasgo modernizador, este elemento clave parece un resto del mesianismo religioso o del paternalismo monárquico del Antiguo Régimen.... todos los populismos prosperan en un contexto institucional muy deteriorado, en el que los partidos tradicionales y los cauces legales de participación política, por corrupción o por falta de representatividad, están desprestigiados hasta niveles escandalosos.... Quieren gobernar, quieren el poder. Y cuando llegan a él, les molestan las cortapisas: no son de su agrado ni la división y el control mutuo entre poderes, propio de las democracias liberales, ni la existencia de una oposición crítica ni el que su mandato se termine a fecha fija. Su lógica es, la verdad, impecable: si el poder es ahora del pueblo, ¿por qué limitarlo? ¿quién y en nombre de qué puede oponerse a la voluntad del pueblo? Es decir, que su vínculo privilegiado con el pueblo exige eliminar todo límite a su capacidad de acción. Lo cual abre un peligroso camino hacia la tiranía. Por otra parte, al no establecer ni reconocer normas, tienden a recurrir a la acción directa, lo que suele significar prácticas coactivas contra los discrepantes.... Es imposible, en resumen, saber adónde puede llevar un movimiento de este tipo: su carencia de programa le permite seguir cualquier línea política. Aunque sin citarlo por su nombre, el artículo se refiere en varias ocasiones a Podemos, el movimiento político español que es etiquetado por sus adversarios como «populista» (desde su aparición en las elecciones europeas de 2014). Pone como ejemplos de populismo en la historia de España a Alejandro Lerroux, José Antonio Primo de Rivera y José María Ruiz Mateos, y fuera de España, a la derecha xenófoba francesa, británica u holandesa; en América Latina, al eje chavista venezolano, ecuatoriano o boliviano... [y] al peronismo, siempre el mejor ejemplo.

    José Álvarez Junco
  14. En términos económicos, y refiriéndose al siglo XX, se ha definido el concepto «macroeconomía del populismo» (Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, conferencia celebrada en el Banco Interamericano de Desarrollo en Mayo de 1990 - [1]):

    Un tipo de comportamiento recurrente de parte de los Estados latinoamericanos que sirve para explicar una «inestabilidad macroeconómica» [...] y se define por «los episodios inflacionarios, las crisis en las balanzas de pagos y los penosos esfuerzos de estabilización». [...] «han intentado resolver los problemas de la desigualdad del ingreso mediante el uso de políticas macroeconómicas demasiado expansivas». [...] Las causas de tales recaídas son «los efectos devastadores de la Gran Depresión, las vastas desigualdades del ingreso, una confianza ingenua en la capacidad de los gobiernos para sanar todos los males sociales y económicos, y las ideas de la CEPAL en los años 50

  15. Quijano, Aníbal (2000): «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina», artículo del año 2000 en el sitio web Grupo Decolinial de Traducción. Consultado el 27 de febrero de 2015.

    La miopía eurocéntrica, no solo de estudiosos de Europa o de Estados Unidos sino también de los de América Latina, ha difundido y cuasi impuesto universalmente el nombre de populismo para esos movimientos y proyectos que, sin embargo, tienen poco en común con el movimiento de los narodnikis rusos del siglo XIX o del populismo estadounidense posterior. Una discusión de estas cuestiones en mi texto Fujimorismo y populismo, en Burbano de Lara (editor), El fantasma del populismo, Nueva Sociedad, Caracas, 1998

  16. Sartino, Julieta (agosto de 2014). «El fenómeno del populismo: recorridos “otros”». Identidades (53). ISSN 2250-5369. Consultado el 27 de febrero de 2015. «A tales efectos interesa desarmar esa pretensión totalizadora, universalizadora que impone la idea de que podemos referirnos al populismo, y más grave aún, podemos tildar de populista a este o aquel movimiento desligado de sus particularidades históricas, sus fuentes, sus condicionamientos, sus patrones de formación, que son, en última instancia aquello que le brinda ese carácter específico que tiene cada uno de los movimientos caracterizados como populistas.» 
  17. Serrano, Pascual (2007): «Región Andina: La imagen mediática en España. Luces y penumbras», artículo del 19 de enero de 2007 en el sitio web Pascual Serrano. Consultado el 27 de febrero de 2015.

    Populismo. Es la palabra mágica para desacreditar a los gobernantes de izquierda. «El populismo cambia las reglas», era el titular de El País del 14 de mayo [de 2006] para informar de la nacionalización en Bolivia. Como de derechas no les pueden llamar, decirles de izquierda no sirve para desautorizar y de dictadores no pueden acusarles, se han inventado el término populismo. Nacionalizar los recursos, aplicar políticas sociales de redistribución de la riqueza, luchar contra el analfabetismo y llevar médicos a las zonas pobres es populismo. Dice Emir Sader que «el término populista ha sido retomado en el marco del discurso neoliberal, para designar a las políticas consideradas irresponsables, aventureras, inflaccionarias, que promueven concesiones sociales incompatibles con las leyes de hierro del ajuste fiscal». José María Aznar ya clamaba en Miami en una conferencia en junio de 2005 afirmando que «el populismo ya no es un potencial peligro en Iberoamérica sino una realidad. Ya comienza a incendiar países y hay que pensar cómo apagarlo». Solo el neoliberalismo, afirma Emir Sader, puede diabolizar un concepto que tiene su origen en la palabra pueblo. Como dice el profesor de la Universidad Complutense de Madrid y columnista del diario mexicano La Jornada, Marcos Roitman, sobre el término populismo pesa una maldición, «sin necesidad de explicar su significado, cuando se trae de la mano se convierte en un insulto». Ya no hace falta desarrollar cuáles son los elementos negativos de la política de un líder popular, se le acusa de populismo y resuelto. He aquí la mejor herramienta contra Chávez o Morales. Además es muy flexible, sirve para meter en el mismo saco a Chávez, a Fujimori, a Perón... Por supuesto a ningún líder europeo.

  18. Alejandro Groppo, Ernesto Laclau (2009). «Los dos príncipes: Juan D. Perón y Getulio Vargas, un estudio comparado del populismo latinoamericano». Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  19. Centro Mundial de Investigación para la Paz (2009). «El giro republicano: bases conceptuales del déficit democrático de América Latina». Ediciones Trilce. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  20. Octavio Rodríguez (1993). «La teoría del subdesarrollo de la CEPAL». Siglo XXI. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  21. Slavoj Zizek, Sebastian Budgen, Stathis Kouvelakis (2010). «Lenin reactivado: Hacia una política de la verdad». Ediciones AKAL. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  22. Eugeniusz Górski (1994). «Dependencia y originalidad de la filosofía en Latinoamérica y en la Europa del Este». UNAM. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  23. Julio Aibar, Daniel Vázquez (2008). «Política y sociedad en México: entre el desencuentro y la ruptura». FLACSO. Consultado el 24 de marzo de 2014. 
  24. Alayón, Norberto (2014): «¡Populista, sí, a mucha honra!», artículo del 17 de febrero de 2014 en el diario Página/12 (Buenos Aires).

    En el lenguaje corriente, ciertos políticos y académicos descalifican, abominan del término «populismo». Los «izquierdistas» critican al populismo porque éste no apunta a erradicar el sistema capitalista. Los conservadores lo critican porque, aun incompletamente, defiende más los intereses de los sectores populares.

    Se lo usa, se lo invoca de manera peyorativa, como un insulto, como si fuera una «mala» palabra. Por cierto, populismo se deriva de lo popular, de pueblo. ¿Estará mal hablar de lo popular/pueblo o encarar políticas en defensa de lo popular?

    En contraposición, ¿estos sectores preferirían emplear el concepto de elitismo o de grupos selectos (no populares) que serían diferentes y mejores que la gente común? Intentan vilipendiar y construir una idea estigmatizante, desvalorizada de lo popular, desde su propia posición de clase. Algunos por odio de clases y otros por inveterada miopía intelectual, reflotan la vieja antinomia de «popular versus antipopular».
  25. a b c d Henrique Cardoso, Fernando (2006): «El populismo amenaza con regresar a América latina», artículo del 18 de junio de 2006 en el diario Clarín (Buenos Aires).
  26. Juan Carlos Torre, citado por Beatriz Sarlo: La audacia y el cálculo (pág. 145). Buenos Aires: Sudamericana, 2011. ISBN 978-950-07-3504-9.
  27. Gambone, Larry: «El verdadero rostro del populismo», artículo en el sitio web Celtiberia.
  28. Hernández, Esteban (2006): «Populismo y aristocracia», artículo del 4 de noviembre de 2006 en El Confidencial.
  29. Spektorowski, Alberto. «Argentina 1930-1940: nacionalismo integral, justicia social y clase obrera». EIAL. Consultado el 15 de marzo de 2015. 
  30. Ruiz Guiñazú, Magdalena (2012). «El golpe y el final». Secretos de familia. Buenos Aires: Grupo Editorial Argentina. ISBN 9500737140. «Pacho O'Donell señala que este Alvear representó una veta menos populista que el radicalismo clásico.» 
  31. Zanatta, Loris (2011): «Eva Perón, la política y el populismo», artículo del 8 de junio de 2011 en el sitio web El Estadista, n.º 32.
  32. Pigna, Felipe. «Arturo Frondizi». El Historiador. Consultado el 15 de marzo de 2015. 
  33. Escudé, Carlos; Cisneros, Andrés (2000). «Universalismo y crecimiento como ejes de la política exterior (1963-1966). Conclusión». Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas. Buenos Aires: Grupo Editorial Argentina. «Illia obtuvo de entrada sólo el respaldo de la cuarta parte del electorado, y su política económica, enmarcada en una estrategia desarrollista-populista, no logró cambiar la situación.» 
  34. «La coalición del miedo». Soriano. Buenos Aires: Leer-e. 2012. ISBN 9788415682776. «Hartos de que los Herminio Iglesias y los Lorenzo Miguel los tomaran por imbéciles, optaron, con dolor, por aceptar el discurso populista-democrático del doctor Alfonsín.» 
  35. Storey, Stephanie (2008). «Crisis y Reforma en Argentina (1989 – 1994) y Venezuela (1999 – 2001): o como las instituciones restringen el poder de líderes populistas». Revista de Ciencia Política. Marzo (3). ISSN 1851-9008. Consultado el 15 de marzo de 2015. «El presente trabajo compararía la relación entre el poder ejecutivo, partidos políticos, y coaliciones en función de las reformas económicas llevadas a cabo por los gobiernos de Carlos Menem en Argentina y Hugo Chávez Frías en Venezuela. A través de esta comparación, el trabajo analizaría los estilos políticos de cada líder y la tradición populista a la cual pertenecen ambos líderes.» 
  36. Pagni, Carlos (2012): «La crisis argentina. El experimento populista de los Kirchner», artículo de 2012 en el sitio web de la Fundación FAES.
  37. Cachanosky, Roberto: «El populismo es parte del gobierno de Cristina», artículo del 20 de enero de 2013 en el sitio web Periódico Tribuna (Buenos Aires).
  38. Bruschtein, Luis (2014): «El futuro del kirchnerismo», artículo del 31 de mayo de 2014 en el diario Página/12.

    Es casi una cuestión de definiciones de manual: el populismo se construye con clientelismo, el peronismo kirchnerista es populista y por lo tanto también es clientelista, lo que implica su desaparición si pierde la fuente del clientelismo que es el Gobierno.
    En Europa se llama populista a un tipo como Berlusconi o a los neonazis. Son fuerzas reaccionarias, conservadoras, que se sustentan con dádivas. De alguna manera, eso fue Carlos Menem o en eso lo convirtió el neoliberalismo. Pero el menemismo prácticamente desapareció y en cambio el peronismo ya va a cumplir setenta años. Hay una diferencia entre la fugacidad del menemismo y la pervivencia del peronismo.
    Para menemistas y antiperonistas, el peronismo es una máquina de poder sin contenido. Da lo mismo Perón que Menem o Kirchner, porque sólo lo define su proximidad con el poder. Es una calificación devastadora para el peronismo e infinitamente cruel y despectiva para los sectores populares. En ese aspecto aparece como una mirada muy clasista, con poco conocimiento de la naturaleza concreta de lo que habla, porque niega toda capacidad de inteligencia y solidaridad a los pobres.
    El menemismo no fue lo mismo que Perón o Kirchner, sino todo lo contrario, porque expresó la derrota de los movimientos populares y progresistas frente a la hegemonía fenomenal del neoliberalismo en el mundo a partir de la globalización. El peronismo menemista fue el encargado de destruir las conquistas logradas por el peronismo en Argentina al mismo tiempo que en Europa era la misma socialdemocracia la que enterraba al Estado de Bienestar que había levantado.

  39. Natanson, José: «Ricardo Sidicaro, sociólogo, especialista en peronismo: “Kirchner se salió del populismo”», artículo del 1 de diciembre de 2003 en el diario Página/12 (Buenos Aires).
  40. Méndez, Enrique Jorge (2014): «La Bolivia de Evo Morales. ¿Otra vez el populismo?», artículo del 28 de octubre de 2014 en el sitio web Maldonado Noticias (Uruguay).
  41. Oliva, María (2014): «Evo Morales, "el populista responsable", se alista para ganar su tercer mandato», artículo del 10 de octubre de 2014 en el diario Cronista (Buenos Aires).
  42. Lanni, Octavio (1980): La formación del Estado populista en América Latina. México: Ediciones Era, 1980.
  43. Palumbo, Gabriel (2014): «El triunfo de un populismo inteligente», artículo del 26 de octubre de 2014 en el diario Bae (Buenos Aires).
  44. Brasilio Sallum Jr (2008). «La especificidad del gobierno de Lula. Hegemonía liberal, desarrollismo y populismo». Nueva Sociedad. septiembre-octubre (217). ISSN 0251-3552. 
  45. El Gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia, artículo en el sitio web A Contracorriente.
  46. «Regímenes populistas», monografía en el sitio web Buenas Tareas.
  47. «Rafael Correa: “Populismo es el término de las élites cuando no entienden lo que está pasando”», artículo del 14 de diciembre de 2014 en el sitio web de la agencia ANDES (Agencia de Noticias del Ecuador y Sudamérica).
  48. «Carlos Andrés Pérez», artículo del 24 de enero de 2015 en el sitio web CIDOB.
  49. Segarra, Constantí (2012): «La victoria de (la dictadura autoritaria y populista de) Hugo Chávez», artículo del 8 de octubre de 2012 en el sitio web Boxed Press.
  50. «Maduro busca paliar la crisis con medidas populistas... y la compasión de Dios. Anunció medidas económicas, entre ellas el aumento del salario mínimo en un 15%», artículo del 24 de enero de 2015 en el Diario Las Américas.
  51. Panizza, F. (2009): «El populismo como espejo de la democracia». Buenos Aires: FCE, 2009.
  52. Laclau, Ernesto (2005): La razón populista. Buenos Aires: FCE, 2005.
  53. Korstanje, M. (2013): «Democracia y autoritarismo, la razón populista», artículo en Nómadas: revista crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas (especial monográfico sobre América Latina), n.º 13, págs. 549-559. España: Universidad Complutense de Madrid, 2013. ISSN 1578-6730.
  54. Laclau, E. (2005) La Razón Populista. Buenos Aires, FCE
  55. BBC. «El Partido Demócrata», artículo en español del 20 de octubre de 2000 en el sitio web BBC (Londres).
  56. Krugman, Paul (2007): «The consciense of a liberal», artículo en inglés del 18 de septiembre de 2007 en el diario The New York Times (Estados Unidos).
  57. «La carrera hacia la Casa Blanca: Hillary Clinton y Obama recurren al populismo ante unas primarias clave», artículo del 20 de febrero de 2008 en el diario El País (Madrid).
  58. Musse Torres, José (2004). «El populismo de Bush», artículo del 12 de enero de 2004 en la revista Analítica (Venezuela).

Bibliografía adicional[editar]

  • Enkvist, Inger (2008). Íconos latinoamericanos. 9 mitos del populismo del siglo XX. Ciudadela. ISBN 978-84-96836-45-7. 

Enlaces externos[editar]