Dualismo

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Se llama dualismo a la doctrina que afirma la existencia de dos principios supremos, increados, contornos, independientes, irreductibles y antagónicos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción se explica el origen y evolución del mundo; y también, en un sentido más amplio, a las doctrinas que afirman dos órdenes de ser esencialmente distintos, con más o menos radicalismo: por ejemplo, ser ideal y ser real, Dios y mundo, naturaleza y gracia (en el plano cognoscitivo razón y fe), materia y espíritu, orden físico (de la necesidad) y orden moral (de la libertad y el deber) (en el plano cognoscitivo constatación y valoración ética), conocer y querer (plano de la actividad consciente), bien y mal (plano de la actividad moral), etc. En el primer caso se trata del dualismo en el sentido más estricto y usual del término, y se puede llamar dualismo teológico, cosmogónico (relativo al origen del cosmos) o religioso; en el segundo caso se puede hablar de un dualismo filosófico o metafísico, que se opone de modo irreductible al panteísmo y el holismo.

En la filosofía china se utilizan los términos yin y yang para indicar la dualidad de todo lo existente en el universo yendo más allá de dos principios supremos e irreductibles y pudiendo ser aplicados a cualquier objeto o situación.

Origen del término[editar]

El término dualismo es utilizado por primera vez por Tomás Hyde [1] en sentido teológico para designar el dualismo de la religión persa; la misma significación tiene en Pierre Bayle [2] y Gottfried Leibniz.[3] Por su parte Christian Wolff [4] introdujo su sentido metafísico y ontológico, al emplear el término dualismo para significar las relaciones del alma con el cuerpo.

El dualismo teológico[editar]

El dualismo religioso aparece en muchos pueblos antiguos, como China y Egipto, pero especialmente en Persia. Su religión, impulsada y reformada por Zoroastro hacia el s. VI a. C., establece un principio divino del bien, Ormuz o Ahura Mazda, y otro del mal, Ahrimán. Formas de dualismo se encuentran después en el orfismo (hacia el s. VI a. C.), en el gnosticismo (s. II a. C.), en el maniqueísmo, en la doctrina gnóstico-maniquea de Prisciliano, y ya en la Edad Media, en los bogomilos, albigenses y cátaros. La más influyente de estas doctrinas, después del mazdeísmo de Zoroastro, fue el maniqueísmo.

Rasgos comunes de las doctrinas dualistas[editar]

En líneas generales, las doctrinas dualistas coinciden en los siguientes rasgos: el principio del Bien es identificado con la Luz y el Espíritu; el principio del Mal con las Tinieblas y la Materia, o con el diablo o demonio (maniqueísmo). La materia es, pues, mala, y principio del mal; o bien creada por un demiurgo distinto del dios bueno (gnosticismo de Marción), o por el diablo, principio del mal (Prisciliano), rigorista y extrema; o bien ceden ante lo inevitable y justifican la relajación: porque no es posible resistir al principio del mal que inclina a pecar, y es ese principio, no la persona singular, el responsable del pecado.

Reacción de la Iglesia Católica contra el dualismo[editar]

Desde el punto de vista de la doctrina católica, la inconsistencia del dualismo quedaría de manifiesto por los siguientes enunciados:

  • Dios es único, infinito y omnipotente;
  • El principio del mal no puede ser Dios ni puede limitar la potencia infinita del único Dios.
  • Todo ha sido creado por Dios, y como tal bueno;
  • Todo lo que existe es bueno (Dios miró todas las cosas que había creado y vio que eran buenas: Génesis 1.4.7.10.12.18.21.25.31);
  • También lo es, por tanto, la materia (además, el Verbo se encarnó; la Encarnación, en el cristianismo es una revalorización de la materia y del cuerpo humano frente al platonismo y al maniqueísmo, y una doctrina optimista).

El mal no es ser en sí mismo, no es algo positivo; es sólo privación de bien, carencia de la perfección debida a una naturaleza. Lo positivo es el bien carente o privado; el mal sólo se da en el bien como defecto. Un mal absoluto, existente en sí, sería una contradicción: una nada que existe. Como el mal no es un ser positivo, no necesita causa; sólo el ser tiene causa o principio, y todo ser es bueno. Tiene causa la entidad positiva a la que le acontece estar privada de la perfección debida; esa privación es querida accidentalmente, o sólo permitida, y siempre en función de un bien mucho mayor. Por tanto, no hay que buscar una causa primera del mal, un principio o Dios del mal. No hay, pues, un principio del mal que sea Dios, o simplemente un mal absoluto y positivo. El dualismo es contrario a la creación universal (habría algo distinto de Dios que se sustrae a su acción creadora) y a la trascendentalidad del bien (todo ser, en cuanto ser, es bueno). El mal ha sido introducido en el mundo por el pecado de la criatura inteligente y libre. Lejos de ser la materia, es el espíritu el origen del mal. Sólo la obra de Dios fue material, la obra del pecado es enteramente espiritual. No hay cosas malas, sino malas voluntades, y éstas no pueden hacer malas las cosas. Los católicos hablan, pues, de un bien de la creación y de un mal de la caída o pecado.

Principales refutadores[editar]

Los principales autores que refutaron con más profundidad el dualismo fueron Santo Tomás de Aquino y San Agustín. San Agustín, que antes de su conversión había sido maniqueo, le opuso después la doctrina del mal como privación: todo procede y participa de Dios, y, en cuanto tiene ser, es bueno. Los maniqueos preguntaban de entrada: ¿de dónde procede el mal? San Agustín se dio cuenta de que ese planteamiento presuponía la existencia del mal como algo positivo y forzaba así la respuesta maniquea. También entendió que era anterior otra pregunta: ¿qué es el mal?.[5] Santo Tomás de Aquino combatió el dualismo en su forma albigense utilizando similares argumentos. El conjunto de su pensamiento es, sin embargo, más eficaz contra el dualismo por la importancia que da a la materia en la constitución del hombre y en el conocimiento, siguiendo a Aristóteles.

Dualismos filosóficos[editar]

En diferentes autores se han dado formas muy diversas de dualismo ontológicos. Se encuentra en Pitágoras, con la oposición entre límite e ilimitado, par e impar, a las que corresponden otras ocho oposiciones; en Empédocles, con el contraste entre la amistad y el odio, que Aristóteles interpreta como el Bien y el Mal;[6] en Anaxágoras con el caos primitivo y la inteligencia (Nous); en los atomistas, con el vacío infinito y la multiplicidad de corpúsculos invisibles. Se acentúa en Platón, con los dos mundos: el mundo inteligible de las ideas, eterno, inmutable y necesario, y el mundo sensible de la materia, temporal, mudable y corruptible (alma encerrada en un cuerpo). Platón desvaloriza el mundo de la materia; de su doctrina procede la imagen del cuerpo como cárcel del alma. El dualismo platónico reaparece completo en los neoplatónicos, aunque en éstos se añade la doctrina de la emanación, que liga ambos mundos.

Descartes acentúa el dualismo entre el espíritu (res cogitans) y la materia (res extensa). Kant introduce un nuevo dualismo: entre la razón pura y la razón práctica, el mundo natural de la apariencia (fenómeno) y el determinismo, y el mundo moral de la realidad en sí (nóumeno) y la libertad. Los espiritualistas posteriores insisten en el dualismo entre naturaleza y espíritu. A algunas de estas formas de dualismo se opone el monismo, que concibe todo lo real como un ser único, con diferencias no irreductibles, sólo graduales, entre sus manifestaciones; las diferencias pueden parecer irreductibles, en todo caso, por la limitación de nuestro conocimiento.

El dualismo es un desgarro cosmológico y existencial. Hans Jonas señala que en los comienzos del mundo moderno ese dualismo es reformulado por Descartes con el lema del “yo pienso”. Husserl en el siglo XX se propone culminar tal empresa, sin darse cuenta que así ahondaba el dualismo que deja a la Naturaleza abandonada a la categoría de lo inerte, pasivo, inorgánico y desvitalizado. Profundizando con este nihilismo la categorización de esa Naturaleza como objeto de estudio y entregada a la demiurgia tecnológica. Esta omisión husserliana determinó las investigaciones de la madurez de Hans Jonas sobre naturaleza y tecnología.[7]

Referencias[editar]

  1. Historia religionis veterum Persarum, Oxford 1700, 114.
  2. Dictionnaire Historique et Critique, Rotterdam 1697, art. Zoroastre.
  3. Essays de Théodicée, 1710, págs.11,144,149.
  4. Psychologia rationalis, Francfort y Leipzig 1734, pág. 34.
  5. De natura boni contra maniqueos, cap. IV: «Proinde cum quaeritur unde sit malum, prius quaerendum est quid sit malum»
  6. cfr. Metafísica, 1,4,984b34-985all
  7. Jonas, Hans (1993). La gnosis y el espíritu de la antiüedad tardía. De la mitología a la filosofía mística.. Valencia. Institució Alfons el Magnànim (2.000).. ISBN 84-7822-296-0. «Presentación: Agustín Andreu (1.999): Gnosticismo y mundo moderno. pp 33-34» 

Bibliografía[editar]

  • E. NOBLE, Il dualismo nella filosofía, Sua ragione eterna e sue storiche vicissitudini, 2 edualismo Nápoles 1935
  • ID, Il dualismo filosófico, La filosofía anticha dagli esordi a Severino Boezio, l'ultimo dei romani, Nápoles 1940
  • S. ELTREMENT, Le dualisme chez Platon, les gnostiques et les manichéens, París 1947
  • U. BIANCHI, Il dualismo religioso, Roma 1958
  • G. SEMPRINI, M. VIGANÓ, Dualismo, en Enc. Fil. 2,643-646; v. t. la bibl. de MONISMO.

Véase también[editar]