Dios

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Detalle de la Creación del Sol y la Luna (pintura al fresco en la Capilla Sixtina), de Miguel Ángel, un ejemplo de cómo se representa a Dios Padre en el arte occidental.

El concepto teológico, filosófico y antropológico de Dios[1] hace referencia a una deidad suprema.

Dios es el nombre que se le da en español a un ser supremo omnipotente y personal en religiones teístas y deístas (y otros sistemas de creencias) quien es: o bien la única deidad, en el monoteísmo, o la deidad principal, en algunas formas de politeísmo, como en el henoteísmo.[2]

Dios también puede significar un ser supremo no personal como en el panteísmo, y en algunas concepciones es una mera idea o razonamiento sin ninguna realidad subsistente fuera de la mente, como en los sistemas materialistas.

A menudo Dios es concebido como el creador sobrenatural y supervisor del universo. Los teólogos han adscrito una variedad de atributos a las numerosas concepciones diferentes de Dios. Entre estos, los más comunes son omnisciencia, omnipotencia, omnipresencia, omnibenevolencia (perfecta bondad), simplicidad divina, y existencia eterna y necesaria. Dios también ha sido concebido como de naturaleza incorpórea, un ser personal, la fuente de toda obligación moral, y el "mayor ser concebible con existencia".[2] Estos atributos fueron descritos en diferentes grados por los primeros filósofos-teólogos judíos, cristianos y musulmanes, incluidos Maimónides,[3] san Agustín,[3] y Al-Ghazali,[4] respectivamente. Muchos destacados filósofos medievales y filósofos modernos desarrollaron argumentos a favor de la existencia de Dios.[4] En forma análoga numerosos filósofos e intelectuales de renombre han desarrollado argumentos en contra de la existencia de Dios.

Su conceptualización ha sido tema de debate en diversas civilizaciones.[cita requerida]

Concepciones del ser supremo[editar]

A menudo Dios es imaginado como una fuerza de la naturaleza o como un ente consciente que se puede manifestar en un aspecto natural. Tanto la luz como la penumbra son símbolos recurrentes para representar a Dios.

La definición más común de Dios es la de un ser supremo, omnipotente, omnipresente y omnisciente;[3] creador, juez, protector y, en algunas religiones, salvador del universo y la humanidad.

Sobre esta definición existen variaciones:[2]

Dios definido como un ser supremo personal[editar]

Pueden darse, según las distintas visiones, características variadas y no siempre armonizables entre sí. Además, hay quienes creen en un Dios personal simplemente según argumentos filosóficos, pero sin necesidad de recurrir a un modo religioso de tratar con ese Dios, mientras otros consideran a Dios, con argumentos religiosos sin excluir otros argumentos (también pueden tener argumentos filosóficos), como un ser con el cual tratan y esperan una acción salvadora a favor de los seres humanos.

Características propuestas:

  • Dios sería capaz de insuflar el aliento adecuado que permite a sus adoradores sostener el sistema de autogobierno que él mismo define en un compendio de leyes, normas y principios catalogados en una colección de libros definidos como sagrados por sus seguidores, y cuyos redactores humanos declaran haber sido guiados por la iluminación divina. Al insuflar ese poder, no causa sufrimiento añadido al sistema de vida rutinario.[cita requerida]
  • Dios como un ser capaz de someter voluntades.[cita requerida]
  • En algunas religiones, Dios es el creador del universo.[5]
  • Algunas tradiciones sostienen que, además de creador, Dios es conservador (teísmo), mientras que otros opinan que Dios es únicamente creador (deísmo).
  • Algunos filósofos afirman que Dios es el principio incondicionado que explica la existencia de todo. No sería, por lo tanto, un concepto al que llegue el pensamiento, sino un postulado del pensar,[6] o, como diría santo Tomás, un prolegómeno a la fe.

En las religiones monoteístas ―bajaísmo, cristianismo, islamismo, judaísmo, krisnaísmo y sijismo―, el término «Dios» se refiere a la idea de un ser supremo, infinito, perfecto, creador del universo, que sería pues, el comienzo y el final de todas las cosas. Dentro de las características principales de este Dios supremo estarían principalmente:

  • Omnipotencia: poder absoluto sobre todas las cosas;
  • Omnipresencia: poder de estar presente en todo lugar;
  • Omnisciencia: poder absoluto de saber las cosas que han sido, que son y que sucederán.

Postulan que Dios es un ser amoroso con su creación y justo[cita requerida] y, en el cristianismo, que por medio del Espíritu Santo puede instrumentalizar a personas escogidas para realizar su obra y que Dios es además inteligencia y puede expresar emociones como alegría, cólera o tristeza.

Según el cristianismo, el ser humano puede hablar y comunicarse directamente con Dios, sin intermediarios, mediante la oración, puede recibir revelaciones personales, sabiduría e inteligencia adicional para entender los misterios de Dios.[cita requerida] Dios además podía hacer revelaciones a profetas ―como Moisés y Elías―, cara a cara.

La obra de Dios es dar a los seres humanos el regalo de la salvación y la vida eterna.

  • Algunas concepciones de Dios se centran en una visión de este como una realidad eterna, trascendente, inmutable y última, en contraste con el universo visible y continuamente cambiante.
  • Principalmente, a Dios se le atribuyen omnipotencia (todo lo puede), omnipresencia (todo lo abarca), omnisciencia (todo lo sabe), y omnibenevolencia (es absolutamente bueno). Sin embargo, no todos afirman que Dios es moralmente bueno. Mientras que algunos consideran que Dios representa lo moralmente bueno, admitiendo que existe una definición objetiva de lo bueno y lo malo, para otros Dios está por encima de la moralidad, o la determina, de manera que es bueno lo que Dios quiere que sea bueno. No todos sus atributos concuerdan, apareciendo contradicciones que hacen a los críticos negar que Dios pueda tener a la vez los cuatro atributos indicados. Por ejemplo, se afirma que si Dios es el creador omnipotente, omnisciente y el único juez, entonces al crear a la humanidad, incluidos ateos y paganos, sabe cómo será su comportamiento y tendrá que enviarlos al infierno. Este Dios no puede, por tanto, ser bueno desde el punto de vista de todos los humanos, del mismo modo que algunos afirmarán que no todos los humanos son buenos desde el punto de vista de Dios. Este, el problema de la existencia del mal, es uno de los obstáculos planteados por los escépticos para aceptar ese concepto de Dios. Los creyentes suelen alegar el «libre albedrío» de los seres humanos para explicar el mal en el mundo, aunque ese argumento no sirve para explicar el mal en la Naturaleza (aunque no está del todo definido el concepto de mal en la Naturaleza, pues existe el problema de que, si el bien y el mal es cuestión de opción hecha (por libertad o razonamiento), la Naturaleza carece de este tipo de opciones, simplemente es como es); y por otra parte, los críticos no consideran compatibles la omnipotencia y la omnisciencia de Dios con el libre albedrío, alegando que si Dios todo lo puede, intervenir implicaría obstaculizar la libertad del ser humano; o el saberlo todo implicaría también que no hay nada dentro de la libertad del ser humano que no esté previamente fijado y dicho. Al respecto de la omnipotencia, se contrapone la característica omnibenevolente de Dios, que al poderlo todo no necesariamente lo hace, sino que deja al ser humano actuar de acuerdo con la característica libre con que lo creó en un inicio y no interfiere, ya sea por apatía o placer (lo que de nuevo contradiría la benevolencia de Dios), o por respeto (nacido de su benevolencia) a la naturaleza con que fue creado el ser humano.[cita requerida]
  • La teología negativa (o vía negativa) aduce que no se pueden determinar afirmaciones concluyentes sobre los atributos de Dios, mientras que los agnósticos consideran que el limitado conocimiento humano no permite obtener pruebas concluyentes de qué o cómo es Dios. Algunas costumbres relacionadas con el misticismo establecen unos límites al poder de Dios, al considerar que la naturaleza suprema de Dios no deja lugar a la casualidad.
  • La concepción de Dios como ente individual es una característica del monoteísmo. Las diferencias entre monoteísmo y politeísmo dependen de la tradición de los pueblos (ver Trinidad, dualismo y henoteísmo).[cita requerida]

Dios, un ser supremo no personal[editar]

  • Dios como algo supremo, pero no necesariamente como un ser personal.
    • Algunas ideas sobre Dios pueden incluir atributos antropomórficos: género, nombres concretos e incluso exclusividad étnica, mientras que otras ideas son meramente conceptos filosóficos.
    • La idea de Dios suele ir entremezclada con la definición de verdad, en la que Dios es la suma de todas las verdades. Desde esta perspectiva, la ciencia es solo un medio de encontrar a Dios.[cita requerida]
    • Existen divergencias al definir a Dios, bien como una persona o, más bien, como una fuerza o impulso impersonal. También son diversas las formas en las que se entiende que Dios se relacionaría con el ser humano y la apariencia que Dios tendría.
  • Algunos sostienen que tan solo existe una única definición válida de Dios, mientras que para otros, cabe la posibilidad de que varias definiciones de Dios sean posibles a la vez.[cita requerida]
  • Se puede construir una explicación sobre la existencia de Dios desde la psicología, intentando establecer qué realidad externa se corresponde con su recreación mental.[cita requerida] Así, a partir del estudio introspectivo de la consciencia, se llegaría a la conclusión de que esta surge asociada a la experiencia de un cierto vacío.[cita requerida]

Etimología[editar]

Exposición[editar]

En español, al igual que en las otras lenguas romances, la palabra «dios» viene directamente del latín deus, ‘deidad, dios’. El término latino deriva a su vez del indoeuropeo *deiwos,[7] de la raíz *deiw-, ‘brillar, ser blanco’, de la que deriva asimismo el término griego Ζεύς (Zeus).[8] De hecho, la palabra española dios es idéntica en pronunciación a la griega Διός (Diós), forma genitiva de Zeus (el principal Dios de la mitología griega). De esta misma raíz indoeuropea derivan el latín dies (‘día’) y el griego δῆλος (‘visible, patente’).[8] Pese a su parecido con el término griego análogo, θεός (theós, ‘deidad, dios’), este deriva de la raíz indoeuropea *dhēs-, de significado desconocido, pero que originó en latín palabras de significado inicialmente religioso como feria o fanatismo.[9]

Porcentajes de creencia en Dios en Europa.

La forma indoeuropea *deiw-os aparece en muchas familias indoeuropeas sistemáticamente asociado a *pəter (‘padre’) en la forma compuesta *dyeu-pəter. En sánscrito tardío la forma aparece ya como Diaus Pitar, mientras que en griego existe la forma Ζεὺς Πατῆρ (Zeùs Patḗr), análoga a la latina Iu Piter (Júpiter).[8] El latín deus, en otras lenguas romances, derivó en deus (gallego y portugués), dieu (francés), dio (italiano), déu (catalán) o [dumne]zeu (rumano), entre otras.

En las lenguas germánicas la palabra para designar a la deidad proviene de la raíz protogermánica *ǥuđan, de donde vienen god (inglés) o gott (alemán). Esta raíz derivaría de la forma indoeuropea reconstruida *ǵhu-tó-m, proveniente de la raíz *ǵhau(ə)-, ‘llamar, invocar’.[10] De esta misma raíz podría derivarse el nombre del pueblo godo[cita requerida]. El origen de la palabra got es muy antiguo, y no se extiende hacia ninguna otra familia indoeuropea con excepción de la irania. Así en persa moderno se dice joda (خدا), y en kurdo, xhwedê.[cita requerida]

El término Yahveh procede del hebreo, una lengua semítica. Esta palabra, también llamada tetragrámaton, proviene de la raíz de cuatro letras (de ahí su denominación) Yhwh, en origen el nombre propio de Yahwi, una deidad edomita o madianita.[11] En las lenguas semíticas, incluido el hebreo, el término más extendido es ʾl (El), del que derivan, entre otros, el plural hebreo Elohim (אֱלֹהִ֔ים, ‘dioses’, generalmente traducido como ‘Dios’ o ‘Señor’) y el árabe Allāh (الله, Alá). Este último término designa al dios único y supremo, mientras que se reserva el término ʾilāh (إله) para una deidad en general.[12] [13] [14]

Uso de la mayúscula[editar]

En español se refiere al dios del judaísmo, el cristianismo y el islamismo con letra mayúscula («Dios») como se hace con cualquier nombre propio.[1] En los textos religiosos, los pronombres y adjetivos relativos a Dios también se escriben con mayúscula, como fórmula de respeto.[15] Por ejemplo, se escribe «el Señor», «Él», «Su», «Tú», «Vos», etcétera.

Los nombres de Dios[editar]

En idioma español, el vocablo «Dios»[1] se utiliza para referirse a la deidad suprema de las religiones monoteístas. Pero son muchos los dioses de este tipo que se presentan entre las diversas culturas, incluyendo a las politeístas, y por ende muchos los vocablos en distintos idiomas con los que se los identifica particularmente según aquella condición exclusiva suya, o los nombres particulares que se les ha otorgado.

A continuación se presenta una lista de algunos de los diversos dioses supremos, según sus respectivas denominaciones:

El tetragrammaton (‘cuatro letras’) Yhwh en fenicio (desde el 1100 a. C. hasta el 300 d. C.), en arameo (desde el siglo X a. C. hasta el siglo I d. C.) y en caracteres hebreos modernos

Atributos de Dios[editar]

Posición monoteísta cristiana[editar]

Según el monoteísmo cristiano, el conocimiento de la naturaleza de Dios podría realizarse desde dos vías: una ascendente, a partir de lo que desde la naturaleza se pudiese saber de Dios; y otra descendente, lo que supuestamente Dios revela.[21] En el siguiente apartado se clasifican los pretendidos atributos de Dios en función de su relación con lo creado:

  • atributos no relacionados, que son completamente independientes de la creación (como por ejemplo la espiritualidad) y
  • atributos relacionados, que se manifiestan en la creación (como por ejemplo la omnipotencia). Dependiendo de si la relación se establece con lo creado en general o con las criaturas racionales, estos últimos se subdividen a su vez en:
    • atributos activos y
    • atributos morales.

Atributos no relacionados[editar]

Son aquellos atributos divinos que son completamente independientes de lo que se atribuye como creado.

Espiritualidad[editar]

Este punto de vista presenta a un Dios que no es material ni está limitado a las condiciones de la existencia material. Dice que es espíritu, que piensa, siente, habla y se comunica con sus criaturas racionales, no posee miembros corporales o pasiones, no está compuesto de elementos materiales, y no está sujeto a las condiciones de la existencia natural. De acuerdo a la Biblia, Jesús habría dicho que Dios es Espíritu, tal como se recoge en el Evangelio de Juan:

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Una supuesta consecuencia de la espiritualidad de Dios sería que Dios vive. Vive como un ser moral a semejanza del Homo sapiens, pero en suma perfección. A. Strong afirma:[22]

Si el espíritu en el hombre implica vida, entonces en Dios el espíritu implica la vida eterna e inagotable.

Infinitud[editar]

Dios no está limitado absolutamente por nada, y, por lo tanto, sería infinito. Infinito en relación al espacio (inmensidad de Dios) o al tiempo (eternidad de Dios). Con relación al espacio Dios sería infinito porque está presente en todo lugar e incluso fuera de él; tal atributo estaría relacionado con la omnipresencia. En cuanto al tiempo sería infinito por ser eterno.

Unidad[editar]

Dios sería completamente simple, y en él no habría ni composición ni partes.

Omnipotencia[editar]

La omnipotencia de Dios significaría:

  • Libertad y poder para realizar todo lo que sería consecuente con su naturaleza.
  • Control y soberanía sobre todo lo hecho o lo que puede ser hecho.

Omnisciencia[editar]

El conocimiento de Dios es perfecto, no tiene que razonar o reflexionar, o descubrir cosas, o ir aprendiendo, porque en teoría posee todos los conocimientos.

Sabiduría[editar]

La sabiduría de Dios sería una combinación de su omnisciencia y su omnipotencia. Tiene poder para aplicar sus conocimientos de manera que los propósitos mejores sean realizados o cumplidos por los mejores medios posibles.

Historia del monoteísmo[editar]

En el Oriente antiguo muchas ciudades tenían su propio dios local, aunque esta adoración de un solo dios no implicó la negación de la existencia de otros dioses.

El culto iconoclasta del dios solar egipcio Atón fue promovido por el faraón Akenatón (Amenhotep IV), que gobernó entre el 1358 y el 1340 a. C. El culto de Atón, el dios del Sol, se cita a menudo como el ejemplo de monoteísmo más antiguo del que se tiene conocimiento y a veces se cita como una influencia formativa del judaísmo temprano, debido a la presencia de esclavos hebreos en Egipto. Pero aunque el himno de Akenatón a Atón ofrece evidencia fuerte de que Akenatón consideraba que Atón era el creador único, omnipotente, la adoración de otros dioses al lado de Atón nunca cesaron fuera de su corte, y los más viejos cultos politeístas pronto recuperaron precedencia.

Teología[editar]

En algunas sociedades los creyentes religiosos con frecuencia asumen que el sistema de moral de comportamiento es inspirado en la revelación de la religión mayoritaria, que puede recogerse en un libro: para el cristianismo es la Biblia, para el judaísmo es el Tanaj y para el islamismo el Corán.

Cristianismo[editar]

Los cristianos consideran a Dios como un ser que interviene y participa en la historia humana, que se revela. Además, la mayoría de confesiones cristianas consideran desde antiguo que en Dios hay tres Personas en una única sustancia, lo cual queda recogido bajo la fórmula de que Dios sería Uno y Trino.

En los escritos de la Patrística, se realza la diferencia entre los dioses paganos, considerados llenos de vicios y contradicciones, y el Dios conocido tanto por los mejores pensadores paganos (por ejemplo Platón y los platónicos, a quienes cita san Agustín en su obra La ciudad de Dios) como por los cristianos.

Desde la Edad Media y hasta la actualidad, la tradición católica hace de Dios un objeto de estudio teológico, al mismo tiempo que lo considera inaccesible a una plena comprensión racional (como explica, por ejemplo, san Anselmo de Aosta). Desde tiempos de Tomás de Aquino (1225-1274), la Iglesia católica asume que la existencia de Dios puede demostrarse en el ámbito de la metafísica. Tomás de Aquino en su obra Suma teológica (1266) sostiene que se puede entender la existencia de Dios por cinco vías o caminos (entiéndase vías como «maneras de llegar a», no como pruebas concretas):

Islamismo[editar]

En el islamismo, el Corán no discute en profundidad el tema de demostrar la existencia de Dios, ya que dice esta es confirmada por el instinto humano puro y sano (así como por la mente no contaminada con «la impureza del politeísmo»). Más aún, la afirmación de la unidad divina, es algo natural e instintivo.[23] [24]

La teología y las leyes[editar]

De diversas formas y a lo largo de la historia, los estados han establecido relaciones no siempre fáciles con las creencias religiosas y con la idea de Dios dominante en la sociedad. Existen, por lo mismo, diferentes modalidades, que van desde el estado teocrático, donde la visión de Dios (o de los dioses, en los lugares donde domina el politeísmo) es algo que debería ser aceptada (según las leyes) por todos (so pena de perder algunos o muchos derechos) hasta el extremo opuesto, que considera la creencia en Dios (o en los dioses) como algo que debe ser erradicado completamente o, al menos, excluido de cualquier presencia en el ámbito público.

En los estados confesionales la sociedad civil y la sociedad religiosa son entidades separadas, pero existe una religión oficial y se exige a las leyes civiles que están subordinadas a las eclesiásticas, con la moral y el bien común definidos por la religión. La confesionalidad puede ser compatible con la libertad de culto, pero no con la igualdad entre las religiones, moviéndose las diferencias entre la simple preeminencia ceremonial o los privilegios fiscales para la religión oficial y la prohibición de ejercer oficios públicos para los miembros de otras religiones o los no religiosos. En los estados teocráticos la máxima autoridad del gobierno le corresponde al clero, y toda la vida política está subordinada a la religión. Algunos regímenes modernos, como los regímenes autoritarios de inspiración católica de Francisco Franco, Ante Pavelić o Jorge Rafael Videla, exceden los límites del estado confesional sin llegar a ser teocracias.

Existencia de Dios[editar]

Agnosticismo[editar]

El agnosticismo (del griego a: ‘no’ y gnosis: ‘conocimiento’) es una postura religiosa o filosófica sobre la religión de acuerdo a la cual la existencia o no de un Dios o una mitología de deidades, es desconocida. En algunas versiones (agnosticismo débil) esta falta de certeza o conocimientos es una postura personal relacionada con el escepticismo. En otras versiones (agnosticismo fuerte) se afirma que el conocimiento sobre la existencia o no de seres superiores no solo no es conocida sino que no es cognoscible. Finalmente hay versiones (apateísmo) en las cuales se afirma que la existencia o no de seres superiores no solo no es conocida sino que es irrelevante o superflua.

Deísmo[editar]

El deísmo es la postura que se basa en la creencia filosófica en un Dios, ser supremo, o principio establecida por la razón y la evidencia, sin aceptar la información adicional supuestamente revelada, tanto la contenida en determinados libros, como la Biblia o el Corán, como la recibida a través de determinadas personas. El deísta suele creer en un ser creador o que ha establecido el universo y sus procesos, pero que no se comunica con el ser humano y al que no se pueden elevar plegarias.[cita requerida]

Ateísmo[editar]

El término ateísmo se puede referir a dos actitudes distintas: la indiferencia por la existencia de las divinidades o sus preceptos, y la no creencia en la posibilidad o en la realidad de su existencia.

El agnosticismo es una variedad de ateísmo en la que se afirma que la existencia de uno o más dioses es dudosa, improbable o insuficientemente demostrada. Esa vertiente corresponde a la ausencia de creencia en la existencia de divinidades y puede ser mejor comprendida cuando se la compara con el ateísmo fuerte. También se la conoce como ateísmo débil (en contraposición al fuerte) o ateísmo negativo (en contraposición al ateísmo positivo) o ateísmo implícito (en contraposición al explícito). Se llama ateísmo escéptico en el sentido de que sin pruebas no puede dar crédito ni siquiera al ateísmo fuerte.

Otras creencias[editar]

Hay varios sistemas religiosos ―por ejemplo en el budismo, el advaita y el discordianismo― en los cuales no se menciona ni se estudia la existencia de Dios.

Para la doctrina del espiritismo, Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, eterno, inmutable, inmaterial, único, omnipotente, soberanamente justo y bueno.

El panteísmo sostiene que el universo entero es Dios mismo. Se han identificado elementos de panteísmo en algunos cultos primitivos de adoración a la naturaleza.

Dios y la neurobiología[editar]

El neurólogo Michael Persinger (1945-) recogió de sus pacientes con epilepsia temporal relatos de alucinaciones de tipo religioso.[25] Dos de los relatos frecuentemente aludidos son los de Rudi Affolter y de Gwen Tihe. Ambos padecían epilepsia temporal. Rudi Affolter era ateo y contaba que experimentaba alucinaciones como si realmente se estuviera muriendo. Gwen Tihe era cristiana y la alucinación que padecía era la de dar a luz a Jesucristo.

Algunos han querido reproducir experimentalmente estas auras epilépticas mediante estimulación de la corteza temporal. Michael Persinger lo hacía con un campo magnético de débil intensidad y los sujetos de experimentación referían que notaban como si en la habitación en que se encontraban hubiera algún ser no corporal, experimentaban a veces una iluminación repentina, o temor espiritual, pérdida de la noción de tiempo, etc. Por su parte, un investigador suizo,[cita requerida] aplicaba a una paciente epiléptica zaps eléctricos a la altura del giro angular (una zona del cerebro). La paciente experimentaba la sensación de encontrarse fuera del cuerpo.

Si la epilepsia temporal produce experiencias religiosas, algunos autores han pensado que las experiencias místicas de ciertos santos, como san Pablo, Juana de Arco, santa Teresa de Jesús, etc. posiblemente fueron provocadas por el «pequeño mal» (ataques epilépticos débiles), es decir que lo que se atribuye a una unión mística con Dios se reduce, según ellos, a una actividad patológica de la corteza cerebral. Se cita el caso de Ellen White (nacida en 1827), quien a la edad de 9 años padeció un traumatismo craneoencefálico y comenzó a tener visiones religiosas. Estas le llevaron a fundar el Movimiento Adventista del Séptimo Día.[cita requerida]

El momento en que una persona creyente se siente en comunión con Dios, o con una entidad superior, fue estudiada por el Dr. Andrew Newberg y D’Aquili. Descubrieron es que la mayoría de los sujetos experimentales ―cuando no están meditando― muestran el área de asociación de la orientación mucho más activa que cuando meditan. Es decir, son capaces de concentrarse con tanta profundidad que ya no perciben los estímulos sensoriales externos. Según los investigadores, al no recibir información sensorial, el área de asociación de la orientación se vuelve incapaz de determinar los límites del individuo. Y eso sería lo que provoca que el meditador perciba sensaciones relacionadas con "Dios", el “infinito” o de “unidad con el Universo”.[26]

Uffe Schjødt[27] estudió las reacciones cerebrales, mediante el análisis cerebral por resonancia magnética funcional (fMRI), en un total de 20 pentecostalistas y de otras 20 personas no creyentes, durante la escucha por parte de todos los participantes, de sermones religiosos grabados.

A todos los voluntarios se les dijo que seis de las oraciones grabadas habían sido leídas por personas no cristianas, otras seis por cristianos corrientes y las otras seis por un sanador. En realidad, todas ellas habían sido leídas por cristianos de a pie. Los científicos constataron que solo en el caso de los voluntarios devotos se produjeron cambios en la actividad cerebral registrada, como respuesta a los sermones oídos. Concretamente, en este grupo la actividad neuronal se redujo en partes de la corteza prefrontal y de la corteza cingulada anterior del hemisferio izquierdo del cerebro, que son áreas que juegan un papel clave en el estado de vigilancia y de escepticismo en situaciones en las que estamos juzgando la verdad y la importancia de lo que la gente nos dice. Asimismo se vio reducida la actividad del área de asociación de la orientación, reafirmando lo planteado por Andrew Newberg. También se observó, en los creyentes, actividad neural adicional en lo que se considera el área de la fe, en el lóbulo prefrontal derecho, que no presentaron los que se declararon no creyentes.[27]

Referencias[editar]

  1. a b c La palabra Dios se escribe con mayúscula porque es un nombre propio. La mayúscula no implica una aceptación de la existencia de Dios: también llevan mayúscula los Reyes Magos, Papá Noel y el Monstruo del Espagueti Volador.
  2. a b c Swinburne, R. G.: «God», en Honderich, Ted (ed.): The Oxford Companion to Philosophy. Oxford (Reino Unido): Oxford University Press, 1995.
  3. a b c Edwards, Paul (1995): «God and the philosophers», en Honderich, Ted (ed.): The Oxford Companion to Philosophy. Oxford (Reino Unido): Oxford University Press, 1995.
  4. a b Platinga, Alvin. "God, Arguments for the Existence of," Routledge Encyclopedia of Philosophy, Routledge, 2000.
  5. Véase Génesis (capítulo 1), Carta de san Pablo a los romanos (capítulo 2); Credo nicenoconstantinopolitano.
  6. Augusto, Roberto (1978-): «Las “Stuttgarter Privatvorlesungen” de Schelling: Dios, libertad y potencias», artículo en: Cuadernos Salmantinos de Filosofía, n.º 37, pág. 188. Salamanca (España): Universidad Pontificia de Salamanca, 2010.

    Para Schelling, Dios no es un concepto al que llegue el pensamiento: es más bien un postulado del propio pensar; es el principio incondicionado que explica la existencia de todo.

  7. El asterisco indica que esta palabra realmente no se conoce sino que ha sido deducida.
  8. a b c Roberts, Edward A.; Pastor, Bárbara (2005). «deiw-». Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española. Alianza. p. 34. ISBN 84-206-5252-0. 
  9. Roberts, Edward A.; Pastor, Bárbara (2005). «dhēs-». Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española. Alianza. p. 45. ISBN 84-206-5252-0. 
  10. Oxford English Dictionary Compact Edition, G, pág. 267.

    El término teutón antiguo ghuba implica como raíz preteutona o bien *ghodho-m o bien *ghodto-m. Mientras que la primera no tiene explicación plausible, la segunda representaría el participio neutro de una raíz gheu-. Hay dos raíces arias de la forma requerida (*g,heu-, con palatal aspirada), una de las cuales significa ‘invocar’ (en sánscrito hu) y la obra ‘libar, ofrecer en sacrificio’ (en sánscrito hu, en griego χεην [jenu], en inglés antiguo geotàn).

  11. Barton, G. A. (2006). A sketch of semitic origins: social and religious. Kessinger Publishing. ISBN 1-4286-1575-X. 
  12. «God». Islam: empire of faith. PBS. Consultado el 18 de diciembre de 2010.
  13. «Islam and christianity». Encyclopedia of christianity. 2001. 

    Arabic-speaking Christians and Jews also refer to God as Allāh.

  14. L. Gardet. «Allah». Encyclopaedia of Islam Online. 
  15. «Mayúsculas», § 4.30, artículo en el Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española.
  16. «Religión guanche», artículo en el diario El Día (Madrid).
  17. «Allah», artículo en inglés en el sitio web de la Encyclopædia Britannica. 2007. Encyclopædia Britannica
  18. «Allah», artículo en inglés en la Encyclopedia of the Modern Middle East and North Africa.
  19. Columbia Encyclopedia, Allah
  20. En japonés, amaterasu (天てらす大神様) significa ‘brillante en el cielo’, siendo ama, ‘cielo’; tera una inflexión de teru, ‘brillar’; y su es un verbo auxiliar que indica respeto. O-Mikami significa ‘gran venerable deidad’, siendo ō: ‘grande’; mi: prefijo para los seres nobles y augustos, y kami es el nombre genérico que indica ‘divinidad’. Fuente: Akira Matsumura (1995): Daijirin (en japonés). Sanseido Books, 2.ª edición, 1995.
  21. Pearlman, Myer (1992): Teología bíblica y sistemática (págs. 41-49). Editorial Vida, 1992. ISBN 0-8297-1372-7.
  22. Strong, Augustus Hopkins (1907): Systematic theology: a compendium (pág. 252). Old Tappan (Nueva Jersey): Fleming H. Revell Co., 1907.
  23. Corán 30:30
  24. Al Ashqar, Omar Sulaiman (2003). La creencia en Allah, p.95. Riyadh: IIPH. ISBN 9960-850-02-1. 
  25. Persinger, Michael: Neuropsychological basis of God beliefs. Praeger Publishers, 1987.
  26. Newberg, Dr. Andrew B. (1998): A neuropsychological analysis of religion: discovering why God won't go away (ponencia). Mt. Airy (Filadelfia): Germantown Jewish Centre, 10 de febrero de 1998.
  27. a b Schjødt, Uffe (2009): «Talking to God: highly religious participants recruit areas of social cognition in personal prayer», conferencia "Organization for Human Brain Mapping 15th Annual Meeting", 2009.

Enlaces externos[editar]