Henoteísmo

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El henoteísmo o monolatría (del griego: heis, henos "un" y theos "dios") es la creencia religiosa según la cual se reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos es suficientemente digno de adoración por parte del fiel.

Históricamente, el henoteísmo ha aparecido en pueblos politeístas que, por ciertas circunstancias de carácter espiritual, han alcanzado el monoteísmo. De esta manera el henoteísta no es un politeísta ni un monoteísta en sentido estricto. El henoteísmo comparte con el politeísmo la creencia en varios dioses, aunque no los considera tan dignos de veneración como el dios propio del henoteísta. Y comparte con el monoteísmo la creencia de que sólo un único dios es merecedor de adoración, aunque no niega frontalmente la existencia de otros dioses.

En el judaísmo[editar]

Existe evidencia de que el judaísmo fue henoteísta en sus comienzos,[1] para luego evolucionar hacia el monoteísmo estricto cerca del siglo VII A.C. Algunas muestras de esto se pueden observar en fragmentos del Antiguo Testamento como los siguientes:

  • (Cántico de Moisés, después de pasar el mar Rojo): "¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso y santo, terrible en tus hazañas, autor de maravillas? (Éxodo 15:11).
  • (Jetró, suegro de Moisés, refiriéndose a los egipcios): "El mal que hicieron se volvió contra ellos y, en esto, reconozco que es el Dios más grande" (Éxodo 18:11).
  • (Decálogo, mandamiento primero) "No tengas otros dioses delante de mí" (Éxodo 20:3).
  • (Decálogo, mandamiento segundo) "No te postres ante esos dioses, ni les des culto, porque Yo, Jehová, tu Dios, soy un Dios celoso. Yo castigo hijos, nietos y bisnietos por la maldad de los padres cuando se rebelan contra mí" (Éxodo 20:5).
  • Éxodo 34:14 "No adorarás a ningún otro dios, ya que el SEÑOR, cuyo nombre es Celoso, es Dios celoso."
  • Salmos 96:4 "Porque grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; terrible sobre todos los dioses."
  • Salmos 97:9 "Porque Tú eres el SEÑOR, el Altísimo sobre toda la tierra, Muy excelso sobre todos los dioses."
  • Salmos 136:2 "Alabad al Dios de los dioses, porque para siempre es su misericordia."
  • Miqueas 7:18 "¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia."

En las antiguas creencias, los dioses eran territoriales, es decir, su poder cubría un territorio determinado, así como el de los reyes sobre la Tierra. El concepto de un único dios que con su poder alcanza a todo el universo es muy posterior, de la época de los profetas, quienes denostaron a los otros dioses como ídolos que "tienen ojos y no ven, tienen boca y no comen". En ese período, el primitivo henoteísmo hebreo se transformó en el riguroso monoteísmo judío actual.

Entre muchos de los nombres que aparecen en el Antiguo Testamento para nominar al dios hebreo se encuentra el nombre Elohim (אֱלֹהִ֔ים). Este nombre es una palabra plural, que si bien puede referirse a “dioses”, también tiene una forma singular, Eloha (אֱלֹהַ). Es de notar que ambas palabras son utilizadas tanto en referencia a dioses paganos como a un solo dios pagano, sin discriminar su uso para el dios hebreo al mismo tiempo.

También, los actuales egiptólogos, consideran henoteísmo el culto a Atón en el Antiguo Egipto, posible precedente del henoteísmo judío.

En el hinduismo[editar]

Algunas escuelas hindúes son henoteístas al rendir culto en exclusiva a alguna deidad hindú particular como Vishnú o Shivá específicamente.

Referencias[editar]

  1. Arnold Toynbee (1981): Los griegos: herencias y raíces. México: Fondo de cultura económica. 1995 Pág.14 ISBN 0-19-215256-4

Véase también[editar]