Problema del mal

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Epicuro es reconocido como el primero que expuso el "problema del mal".

El problema del mal o también, paradoja de Epicuro, es estudiado en filosofía de la religión, en teodicea y en metafísica como el problema que resulta al considerar la compatibilidad entre la presencia del mal y del sufrimiento en el mundo con la existencia de Dios como ser omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente.

El problema del mal surge de la suposición de que un Dios omnisciente y todopoderoso debería ser capaz de arreglar el mundo según sus intenciones. Como el mal y el sufrimiento existen, puede parecer que Dios quiere o permite que existan, por lo que no sería perfectamente bueno, o no sería omnisciente porque no se percata de todo el sufrimiento del mundo, o no es todopoderoso ya que no puede arreglar el mundo para eliminar de raíz el mal. O, efectivamente, no es plenamente benevolente.

Este argumento a su vez ha suscitado réplicas por parte de creyentes para tratar de reconciliar el problema del mal con la idea de Dios. Una de las más extendidas se refiere al concepto de libre albedrío ­— plantea que Dios hizo al hombre libre para trazar su propio camino, y por tanto libre para escoger el bien o el mal.

En la historia[editar]

La idea de la existencia del mal en el mundo es antigua. Ya Homero escribe en la Odisea una queja de Zeus, que se expresa así:

¡Ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde.

Odisea, Homero

David Hume cita a Tertuliano —quien a su vez citó a Epicuro— planteando un argumento mediante una serie de preguntas:[1]

¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces no sería omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces sería malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

Diálogos sobre la religión natural (1779), David Hume

Santo Tomás de Aquino niega cualquier realidad metafísica al mal, en cuanto lo ve como ausencia de bien o como privación (una idea que procede el pensamiento de Plotino y que había sido recogida, con no pocas modificaciones, por san Agustín), especialmente en las cuestiones disputadas De malo y en la Suma de teología (I, 1. 48).

El filósofo alemán Leibniz, en Ensayos de teodicea acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal,[2] obra escrita en 1710, acuña el concepto de teodicea, etimológicamente "justificación de Dios’", como la rama de la metafísica que se ocupa del estudio formal de estos asuntos.

Argumentos[editar]

Problema del mal lógico[editar]

  1. Dios existe. (premisa)
  2. Dios es omnipotente y omnisciente. (premisa — o por definición de la palabra Dios)
  3. Dios es todo-benevolente. (premisa — o por definición)
  4. Los seres todo-benevolentes se oponen a todo mal (premisa — o por definición)
  5. Los seres todo-benevolentes que pueden eliminar al mal lo harán inmediatamente en cuanto perciban la existencia de este (premisa)
  6. Dios se opone a todo mal. (conclusión del 3 y 4)
  7. Dios puede eliminar el mal completa e inmediatamente. (conclusión del 2)
    1. Sin importar cual sea el resultado del sufrimiento, Dios puede lograrlo de maneras que no incluyan sufrimiento. (conclusión del 2)
    2. Dios no tiene razón para no eliminar el mal. (conclusión del 7.1)
    3. Dios no tiene razón para no actuar inmediatamente. (conclusión del 5)
    4. Dios eliminaría el mal completa e inmediatamente. (conclusión del 6, 7.2 y 7.3)
  8. El mal existe, ha existido y probablemente siempre existirá. (premisa)
  9. Los párrafos 7 y 8 son contradictorios; De manera que una o más premisas son falsas: o Dios no existe, o Dios no es simultáneamente omnipotente, omnisciente y todo-benevolente, o los seres todo-benevolentes que pueden eliminar el mal no lo harán necesariamente en el momento en el que lo perciban.[cita requerida]

Razonamiento inductivo del mal[editar]

  1. Todo mal en el tipo de entidades creadas es resultado de la falibilidad de su(s) creador(es). (premisa)
  2. El universo es una entidad creada. (premisa)
  3. El universo contiene mal. (premisa)
  4. El mal es el resultado de las acciones de un creador(es) falible(s) o no es el resultado de ningún creador(es). (Del 1, 2 y 3)
  5. Si Dios creó el universo, entonces es falible. (Del 4)
  6. Entonces, o Dios no creó el universo, o es imperfecto, o no existe. (Del 5) [cita requerida]

Crítica[editar]

Desde un punto de vista católico el problema con el razonamiento inductivo del mal sería la falsedad de los puntos 1 y 3. Según el pensamiento de la escolástica medieval (por ejemplo, Santo Tomás de Aquino), las entidades creadas reciben el acto de ser por participación divina. Ahora bien, nadie puede dar lo que no tiene en sí. Dios no puede transmitir imperfecciones -porque es perfecto- sino que éstas se dan en las creaturas por sus propias limitaciones entitativas. La capacidad de ser en acto alcanzando tales o cuales perfecciones, es restringida por su esencia. En segundo lugar, y siguiendo el razonamiento expuesto, el universo no contiene un ente que sea el "mal": este es la simple nomenclatura que se da a la falta de bien. Porque, si contuviera mal, éste debería haber sido creado por alguien con maldad, característica que escapa al Creador. Se concluiría entonces que la maldad solo se da en seres imperfectos (y, para completar la idea, añadimos que éstos deben ser libres y con capacidad de raciocinio).

Debate religioso y argumentos ateos[editar]

Las personas creyentes resuelven el problema con una analogía: según las leyes de la física, el frío como tal no existe, ya que sólo existe la ausencia de calor, por consiguiente el frío sería un término inventado por el hombre cuando siente poco calor. Lo mismo ocurre con la luz y la oscuridad, pues físicamente hablando, la oscuridad es sólo la ausencia de luz.

De la misma manera, Dios no crearía el mal, ya que el mal no existiría. Sólo existiría la ausencia del bien, por lo tanto la respuesta teológica se resume en que el mal sólo existe no por Dios directamente sino como consecuencia de la toma de decisiones del ser humano que no tiene o no consulta a Dios. Dios no es el autor del mal, directa ni indirectamente, pues él sólo creó cosas buenas y al dotarlas de libertad, ellas son las únicas responsables del mal y no Dios.

Sin embargo, desde el punto de vista no creyente se contraargumenta considerando que caeríamos en un problema de la misma índole, ya que Dios estaría permitiendo la "ausencia de bien", que es, en otras palabras, el mal mismo; o bien sería consciente de que la ausencia de bien no es beneficiosa para el ser humano y aun así, estaría permitiéndolo, bien porque quiere (sería malévolo) o bien porque no puede (no sería omnipotente).

Aunque según algunos esta solución aleja un paso el problema, ya que entonces Dios no sería omnipresente (podría estar ausente de algún lugar de su creación).

A esto se responde por parte de personas creyentes que Dios es un ser superior a todo, incluso a las propias características que lo transforman en Dios, por lo que Dios sería capaz de controlar su omnipresencia y no al revés, es decir, que su omnipresencia no lo controla a él, a lo cual se responde que en cuyo caso Dios escapa a las máximas de la lógica y por tanto al conocimiento humano, siendo entonces la humanidad agnóstica de Dios.

De acuerdo a la Navaja de Occam no ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias por lo que presumir conocimiento sobre las características intrínsecas de Dios puede llegar a ser problemático. Aunque la Navaja de Occam es también utilizada desde el ateísmo para argumentar que presumir la existencia de Dios no es absolutamente necesario para explicar la realidad, y por lo tanto no es la solución correcta. Sin embargo, la misma Navaja de Occam admite que la simpleza no implica, por sí misma, que una proposición sea realidad, y no por ser usada en un sentido dado, puede dejar de ser usada en el contrario, como en el primer caso citado en este párrafo.

La Iglesia católica ha adoptado dos respuestas principales al problema del mal y del sufrimiento: La teodicea propuesta por San Agustín, y la propuesta por San Ireneo.

Teodicea de San Agustín[editar]

Esta se enfoca en la historia del Génesis, que básicamente señala que Dios creó el mundo y que fue bueno: la maldad es meramente una consecuencia de la caída del hombre (el pecado original). San Agustín señala que las catástrofes naturales son un resultado directo de esta caída o pecado original del hombre. Asimismo, el mal infligido por el hombre resulta ser una consecuencia de haberse alejado de Dios y del camino elegido por él. San Agustín señala que Dios no pudo haber creado la maldad en el mundo, puesto que él creó el mundo como algo bueno. El mal no puede ser separado y considerado como algo único o independiente; por ejemplo: la ceguera no es una entidad separada e independiente, sino simplemente la privación de la vista. Por tanto, la teodicea según la perspectiva de San Agustín, señala que el problema del mal y del sufrimiento no viene dado porque Dios lo hubiera creado, sino porque el mismo hombre eligió desviarse del camino del bien.

Schelling[editar]

F. W. J. Schelling define en el Escrito sobre la libertad (Freiheitsschrift) de 1809 la libertad como una capacidad para el bien y para el mal.[3] En esta misma obra afirma que tanto en Dios como en el ser humano existe una distinción clave entre el fundamento y la existencia que permite que ambos sean libres. Dios es capaz de reconciliar esos dos principios, algo que el ser humano es incapaz de lograr. En Dios, por lo tanto, existe la posibilidad del mal y, por lo tanto, la libertad, pero este mal nunca llega a hacerse real;[4] gracias a eso la divinidad sigue conservando su perfección.

Por religión[editar]

Cristianismo[editar]

Apocalipsis[editar]

Bart D. Ehrman argumenta que las partes apocalípticas de la Biblia, incluyendo el Nuevo Testamento, ve el sufrimiento debido a fuerzas cósmicas malignas y que Dios por misteriosas razones les ha dado poder sobre el mundo, pero estas prontos serán vencidas y las cosas serán arregladas.[5]

Gnosticismo[editar]

El gnosticismo se refiere a la varias creencias que ven a la maldad debido a la creación del mundo por un dios imperfecto, el demiurgo y que es contrastado por una entidad superior. Sin embargo, esto por si mismo no resuelve el problema del mal si la entidad superior es omnipotente y omnibenevolente. Creencias gnósticas distintas pueden dar variadas respuestas, como el maniqueismo, el cual adopta el dualismo, en oposición a la doctrina de la omnipotencia.

Teodicea de Ireneo[editar]

La Teodicea de Ireneo, planteada por Ireneo de Lyon (n. Esmirna Asia Menor, c. 130 - m. Lyon, c. 202) y reformulado por John Hick, sostiene que no se puede alcanzar virtud moral o amor por Dios si no existe maldad y sufrimiento en el mundo. El mal es una formadora del alma y conduce a la verdadera moral y cercanía a Dios. Dios guardó una distancia epistémica tal que no fuese cognoscible directamente, por lo que se pueda luchar para conocerlo y de esta forma convertirse en realmente buenos. El mal sería pues un camino a lo bueno por tres razones:

  • Medio de conocimiento. El hambre conduce al dolor y causa la apetencia de comida. El conocimiento del dolor provoca la empatía por quienes sufren.
  • Formador del carácter. El mal ofrece la oportunidad de crecer moralmente. "Nunca podríamos haber aprendido el arte del bien en un mundo diseñado en un paraíso hedonista"- Richard Swinburne.
  • Medio predecible. El mundo sigue a una serie de leyes naturales. Estas son independientes de cualquier habitante del universo. El mal solo ocurre cuando estas leyes naturales chocan con nuestras necesidades. Esto no es inmoral en lo absoluto.

Pelagianismo[editar]

Las consecuencias del pecado original fueron cuestionadas por Pelagio y San Agustín de Hipona. Pelagio defiende la inocencia original, mientras que Agustín acusa a Adán y Eva por el pecado original. El pelagianismo es la creencia de que el pecado original no corrompió a toda la humanidad y que el libre albedrío mortal es capaz de elegir el bien o mal sin ayuda divina. La posición de Agustín, y posteriormente esa rama del cristianismo, era de que Adán y Eva tuvieron el poder de derrumbar el orden perfecto de Dios, por lo que cambiaron la naturaleza al traer el pecado al mundo, pero la aparición del pecado limitó a partir de entonces el poder de la humanidad de evitar las consecuencias sin ayuda divina.[6] La teología de la Iglesia ortodoxa sostiene que la humanidad heredó la naturaleza del pecado pero no la culpa de Adán y Eva por sus pecados que resultaron en el destierro.[7]

Teodicea agustiniana[editar]

Agustín de Hipona (354 AD – 430) en su teodicea se centra en la historia del Génesis en que en esencia afirma que Dios creó el mundo y "miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno". El mal es meramente una consecuencia de la desobediencia y destierro humano debido al pecado original. San Agustín afirma que la maldad natural (sufrimiento causado por desastres naturales) es causada por los ángeles caídos, mientras que la maldad moral (causada por la conducta humana) es el resultado del desticiamiento del hombre con Dios y su elección de desviarse por su camino elegido. Agustín sostuvo que Dios no podía haber creado el mal en el mundo, ya que fue creado bueno, y que todas las nociones de maldad son simples desviaciones o privaciones de Dios, por lo que la maldad no podía ser separado en una única sustancia. Por ejemplo, la ceguera no es una entidad independiente, sino que es meramente la carencia de la visión. De esta forma la teodicea agustiniana argumentaría que el problema del mal y sufrimiento es inválido, ya que Dios no creó el mal; fue el hombre quien se desvió desvió de la perfección.

Esto, sin embargo, posee un número de interrogantes de tipo genético: si el mal es meramente una consecuencia de nuestra elección de desviarnos de la bondad de Dios, entonces las enfermedades congénitas y disposiciones genéticas ciertamente deben estar en los planes y deseos de Dios y no se le puede culpar al hombre.

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. David Hume. Dialogues Concerning Natural Religion. Project Gutenberg (e-text). http://www.gutenberg.org/ebooks/4583. Consultado el 08-04-2011. 
  2. Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l'homme et l'origine du mal.
  3. F. W. J. Schelling, Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana y los objetos con ella relacionados, Anthropos, Barcelona, 1989, p. 151.
  4. "Debemos señalar que la definición de libertad de Schelling no se refiere a la realidad efectiva del mal, sino sólo a su posibilidad formal" (Roberto Augusto, «Schelling y el mal en 1809», en: Convivium. Revista de Filosofía, Universidad de Barcelona, n.º 23, 2010, p. 76).
  5. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Ehrman
  6. Catholic Encyclopedia:Pelagius and Pelagianism
  7. Orthodox Theology, Protopresbyter Michael Pomazansky, Part II "God Manifest in the World" [1]
  8. Diccionario Oxford de las religiones del mundo

Enlaces externos[editar]