Demonio

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La tentación de San Antonio (c. 1475), de Martin Schongauer (1448-1491).

En religión, ocultismo y folclore, un demonio o daemon, daimon (del griego δαίμων daimôn,[1] que se pronuncia démon [ai = e]) es un ser sobrenatural descrito como algo que no es humano y que usualmente resulta malévolo. Sin embargo, la palabra griega original "daimon" es neutral y no contiene una connotación necesariamente negativa en sus inicios para los antiguos griegos. Esto sucedió por la aplicación de la koiné (en el helenístico y en el Nuevo Testamento en griego) del término daimonion (δαιμόνιον)[2] y más tarde se atribuyó ese sentido maléfico a cualquier palabra afín que compartiera la raíz, cuando originalmente fue previsto para denotar simplemente a un "espíritu" o un "ser espiritual".

En las religiones del oriente cercano, así como en las derivadas de las tradiciones Abrahamicas, incluyendo la demonología medieval cristiana, un demonio es considerado un "espíritu impuro", el cual puede causar una posesión demoníaca y puede ser expulsado por el ritual del exorcismo. En el ocultismo de Occidente y la magia renacentista (una mezcla de magia greco-romana, demonología judía y tradición cristiana[3] ), un demonio es una entidad espiritual que puede ser conjurada y controlada. En la literatura muchos de los demonios fueron ángeles caídos.

Como con frecuencia se lo representa como una fuerza que puede ser conjurada y controlada, se pueden encontrar referencias a "buenos demonios" en Hesiodo y Shakespeare. En la actualidad, el buen demonio es generalmente un dispositivo literario (por ejemplo, el demonio de Maxwell).

En el lenguaje común, para desacreditar a una persona se la «demoniza» (o «sataniza»).

Terminología[editar]

Buer, el décimo espíritu, que enseña "Moral y filosofía natural" (de una edición de Mathers de 1995. Ilustración por Louis Breton del Dictionnaire Infernal).

Daimōn (δαίμων) es una palabra del griego antiguo para "espíritu" o "poder divino", similar al numen o al genio de la mitología romana. El Diccionario Merriam-Webster le otorga su origen etimológico a partir del verbo griego daiesthai que significa "dividir, distribuir." La concepción griega de un daimon aparece claramente en las obras de Platón, donde se describe así a la inspiración divina de Sócrates. Para distinguir al concepto clásico griego de su posterior interpretación cristiana, es usualmente aplicado el término daemon o daimon en vez de demonio.

El término griego no tiene connotaciones de maldad o malevolencia. De hecho, Eudaimonia (εὐδαιμονία), significa literalmente "buen espíritu", así como también "felicidad". El término adquirió su actual connotación malévola en la septuaginta (o Biblia de los 70 sabios) traducción al griego de la Biblia Hebrea ordenada por Ptolomeo IIº para la Biblioteca de Alejandría, pero basándose en la mitología de las antiguas religiones semíticas. Esta connotación fue heredada por el texto en koiné del Nuevo Testamento.

La concepción medieval y neo-medieval de un "demonio" en Occidente (véase: el grimorio medieval llamado Ars Goetia) deriva del ambiente de la cultura popular de la antigüedad romana tardía. Actualmente, los conceptos greco-romanos de daemons que pasaron a la cultura cristiana son discutidos (véase: daemon), aunque debe ser debidamente anotado que el término se refiere solamente a una fuerza espiritual, no a un ser sobrenatural malévolo. El "daemon" helenístico, eventualmente, llegó a incluir a muchos dioses semíticos y del cercano oriente, como fue evaluado por el cristianismo.

La supuesta existencia de demonios es un concepto importante en muchas religiones modernas y tradiciones ocultistas. En algunas culturas actuales, los demonios son aún temidos por la superstición popular, debido en gran parte a los mencionados poderes de posesión demoníaca en criaturas vivas.

En la tradición ocultista contemporánea occidental (quizá epitomizada en la obra de Aleister Crowley), un demonio -como por ejemplo: "Choronzon, el demonio del abismo"- es una metáfora utilizada para denominar a ciertos procesos psicologícos internos ("demonios internos"), aunque algunos consideran que pueden también ser tomados como un fenómeno objetivamente real.

Algunos estudiosos[4] creen que gran parte de la demonología del judaísmo (véase: Asmodai) -además de ser una influencia importante en el cristianismo y el islam- se originó de una tardía forma de zoroastrismo, y fue transferido al judaísmo durante la era persa.

Otros usos etimológicos[editar]

Según la mitología griega, los demonios eran seres humanos utilizados por los dioses griegos para llevar las malas noticias al pueblo. De ahí viene la asociación de «mensajeros del mal». Por otra parte los mensajeros (άγγελος o ángelos) eran los que llevaban el mensaje entre los dioses. Estos eran considerados seres excelsos, ya que permanecían entre los gobiernos (montes) de los dioses y no se daban a conocer al pueblo. (Véase también: daemon o daimon.)

Los filósofos griegos de las corrientes socráticas (tales como Platón, discípulo de Sócrates) mencionaban que los demonios eran seres encargados de otorgar el saber y guiar al humano, tal y como lo menciona Platón en "La apología de Sócrates", señalándolo como «el hombre que siempre tuvo un dæmon a su lado».

Sinónimo de diablo[editar]

Demonio también es un sinónimo de diablo y proviene del verbo griego διαβάλλωηΞ (diabál•ló), que significa, entre otras cosas: ‘calumniar, falsear, mentir’. Véase el contexto circunstancial que determina el significado calificativo al portador del nombre, de lo que se deduce que de entre todas las acepciones posibles de diablo: ‘calumniador, falseador, mentiroso’ es la apropiada.

A través del latín, el término griego dio origen al español «diablo».

Expresión de la maldad del ser humano[editar]

El término demonio también se usa para indicar aspectos malignos o miedos íntimos del ser humano, generados a través de su conducta o instintos y que hacen daño al mismo individuo o a otras personas; refiriéndose a ellos como "demonios internos" del ser humano.

Arquetipo psicológico[editar]

El psicólogo Wilhelm Wundt señala que "entre las actividades atribuidas por los mitos de demonios alrededor del mundo, predominan las perjudiciales, de modo que para la creencia popular los mitos de demonios malignos son claramente mayores que los buenos."[5] Sigmund Freud se desarrolla en esta idea y afirma que el concepto de los demonios se deriva de la importante relación de los vivos con los muertos: "El hecho de que los demonios son siempre considerados como los espíritus de aquellos que han muerto recientemente, muestra mejor que nada la influencia del luto sobre el origen de la creencia en demonios."

M. Scott Peck, un psiquiatra americano, escribió dos libros sobre el tema: "Gente de la mentira: La esperanza para la curación de la maldad humana."[6] y "Visiones del diablo: Cuentas personales de un psiquiatra sobre la posesión, el exorcismo, y de la Redención."[7]

Peck describe en detalle algunos casos que involucran a sus pacientes. En "Gente de la mentira: La esperanza para la curación de la maldad humana", señala algunas características que identifican a las personas malvadas, las cuales clasifica como un trastorno del carácter.

En "Visiones del diablo: Cuentas personales de un psiquiatra sobre la posesión, el exorcismo, y de la Redención", Peck ingresa en detalles importantes que describen cómo se interesó en el exorcismo con el fin de desenmascarar el "mito" de la posesión por espíritus malignos, sólo para ser convencido de lo contrario después de encontrar dos casos que no encajan en ninguna categoría conocida de la psicología o la psiquiatría. Peck llegó a la conclusión de que la posesión era un fenómeno raro en relación con el mal. "Las personas poseídas en realidad no son malos, están haciendo frente a las fuerzas del mal."[8] Sus observaciones sobre estos casos se enumeran en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales(IV) de la Asociación Americana de Psiquiatría.[9]

Aunque trabajos anteriores de Peck fueron recibidos con aceptación popular generalizada, su trabajo sobre los temas del mal y la posesión han generado un importante debate y escarnio. Se habló mucho de su asociación con (y admiración por) el polémico Malachi Martin, un sacerdote católico y ex-jesuíta, a pesar de que Peck constantemente llama a Martin: "un mentiroso y manipulador".[9] [10] Otras críticas dirigidas contra Peck incluyen un diagnóstico erróneo basado en una falta de conocimiento sobre el trastorno disociativo de identidad (antes conocido como trastorno de personalidad múltiple), y una demanda de que había transgredido los límites de la ética profesional, tratando de convencer a sus pacientes a aceptar el cristianismo.[9]

Por tradición[editar]

Antiguo Cercano Oriente[editar]

Mesopotamia[editar]

Toro alado con cabeza humana, mejor conocido como un Šedu.

En la mitología caldea los siete dioses del mal fueron conocidos como Shedu, es decir, demonios-tormenta. Ellos estaban representados en forma de toro alado, derivados de los toros colosales utilizados como genios protectores de los palacios reales; el nombre de "shed" asume también el significado de un genio propicio en la literatura mágica babilónica.[11]

Israel[editar]

Fue a partir de los caldeos que el nombre "Shedu" llegó a los israelitas, por lo que los escritores de la Tanaj aplicaron la palabra como dialogismo a los dioses cananeos en los dos pasajes citados. Pero también hablaron de "El destructor" (Éxodo 12:23) como un demonio maligno, cuyo efecto sobre las casas de los israelitas había de ser rechazado por la sangre del sacrificio pascual rociada en el dintel de la puerta y la puerta posterior (un correspondiente talismán pagano se menciona en Isaías 57:6). En 2 Samuel 24:16 y 2 Crónicas 21:15 el demonio que esparce la pestilencia es llamado "El ángel exterminador" (comparar "el ángel del Señor" en 2 Reyes 19:35; Isaías 37:36), porque, a pesar de que son demonios, estos "mensajeros del mal" (Salmos 78:49 y A. V. "ángeles del mal") no siguen sólo las órdenes de Dios, son los agentes de su ira divina.

Hay indicios de que la mitología hebrea popular atribuye a los demonios de una cierta independencia, un carácter malvado propio, porque se cree que vienen no de la morada celestial de Dios, sino del mundo inferior.[12]

Los demonios hebreos eran los hacedores de daño. A ellos se atribuyen las diversas enfermedades, sobre todo, como afectan el cerebro y las partes internas. Por lo tanto, existía el temor de "Shabriri" (literalmente, "el resplandor deslumbrante"), el demonio de la ceguera, que descansa sobre el agua descubierta en la noche y afecta a las personas con ceguera que beben de la misma.[13] También se mencionó el espíritu de la catalepsia y el espíritu del dolor de cabeza, el demonio de la epilepsia, y el espíritu de la pesadilla.

Estos demonios se supone que entran en el cuerpo y provocan la enfermedad, mientras abruman o se "apoderan" de la víctima (como si "incautáran" el cuerpo). Para curar dichas enfermedades era necesario sacar los demonios por ciertos encantamientos y rituales con talismanes, en los que sobresalían los esenios. Josefo, que menciona a los demonios como "espíritus de los malvados que entran en los hombres que están vivos y los matan", pero que pueden ser expulsados ​​por cierta raíz,[14] fue testigo de un ritual en presencia del emperador Vespasiano,[15] y atribuye su origen al rey Salomón.

Biblia Hebrea[editar]
Lilith por John Collier (1892).

Los que están en la Biblia Hebrea son de dos clases: se'irim y shedim. Los se'irim ("seres peludos"), a los que algunos israelitas ofrecían sacrificios en los campos abiertos, son criaturas parecidas a los sátiros, se describen como danzantes en el desierto[16] y que son idénticos a los genios, como por ejemplo: Dantalion, el 71.º espíritu de Salomón. (Sin embargo, compárese a los tradicionales y autóctonos "seres de los bosques" de la mitología europea.)

Posiblemente, pertenezcan a la misma clase: el demonio Azazel, los demonios parecidos a cabras del desierto,[17] el jefe de los se'irim, y Lilith.[18] Es posible que "las gacelas y las ciervas del campo " (por lo que Shulamit conjura a las hijas de Jerusalén para traerle de vuelta a su amante)[19] sean espíritus parecidos a los faunos y similares a los se'irim, aunque de carácter inofensivo.

El espíritu del mal que molestaba a Saúl (1 Samuel 16:14 et seq.) puede haber sido un demonio, [cita requerida], aunque el Texto masorético nos dice que el espíritu fue enviado por Dios.

Algunos shedim benevolentes se usaron en ceremonias cabalísticas (como el famoso "gólem de Praga"), y los shedim maléficos (mazikin, de la raíz que significa "daño") fueron a menudo acreditados con posesión. Del mismo modo, un "shed" podía habitar o deshabitar una estatua inanimada.

Judaísmo[editar]

Según algunas fuentes rabínicas, se creía que los demonios estaban bajo el dominio de un rey o jefe, ya sea Asmodai[20] o -según el antiguo Haggadah- "Samael, el ángel de la muerte" (que "mata con su veneno mortal" y es llamado "jefe de los demonios"). Ocasionalmente algún demonio es llamado "Satanás".[21]

La demonología nunca se convirtió en una característica esencial de la teología judía [cita requerida]. La realidad de los demonios nunca fue cuestionada por los talmudistas y rabinos posteriores, más bien se aceptaba su existencia como un hecho. Tampoco la mayoría de los pensadores medievales los tenían en duda. Sólo los racionalistas como Maimonides y Abraham ibn Ezra, claramente negaban su existencia. Eventualmente, su punto de vista se convirtió en la comprensión judía dominante.

La demonología rabínica tiene tres clases de demonios, aunque apenas son separables una de otra. Allí estaban los shedim, los mazziḳim ("dañadores"), y los ruḥin ("espíritus"). Además de estos habían: lilin ("espíritus de la noche"), ṭelane ("sombra" o "espíritus de la tarde"), ṭiharire ("espíritus del mediodía") y los ẓafrire ("espíritus de la mañana"), así como los "demonios que traen hambre" y "que causan la tormentas y terremotos"(Targ. Yer a Deuteronomios 32:24 y Números 6:24. Targ. a Cantos 3:8, 4:6. Eclesiastés 2:5. Salmos 9:5,6.)[22]

Cristianismo[editar]

La muerte y la Miser (detalle), una pintura de El Bosco, Nacional de Arte, Washington DC.

"Demonio" tiene varios significados, todos ellos relacionados con la idea de un espíritu que habita un lugar, o que acompaña a una persona. Si bien un daemon era benéfico o malévolo, la palabra griega significa algo diferente de las nociones medievales posteriores de 'demonio', y los estudiosos debaten el momento en que judíos y cristianos cambiaron el sentido griego para obtener luego su sentido medieval. Algunas denominaciones afirmativas de la fé cristiana también incluyen -exclusivamente o no- a los ángeles caídos como demonios de facto. Esta definición también abarca a los Nephilim, los "hijos de Dios" (descritos en el Génesis) que abandonaron sus puestos en el Cielo para aparearse con mujeres en la Tierra, antes del diluvio.[23]

En el Evangelio de Marcos, Jesús echa fuera muchos demonios, o espíritus malignos, de aquellos que estaban afligidos por diversas enfermedades. El poder de Jesús se demostró muy superior al que tenían los demonios sobre las personas que poseían, liberando eficazmente a las víctimas que estaban sujetos a ellos, echándolos fuera y prohibiéndoles regresar. Jesús también le dio este poder a algunos de sus discípulos, los cuales se alegraron de su nueva habilidad.[24] Los demonios eran expulsados mediante la fe y por la pronunciación de su nombre, de acuerdo con Mateo 07:22. Algunos grupos más fundamentalistas insisten, para este efecto, en el uso de la pronunciación de la forma original del nombre de Jesús, es decir Yahshua / Josué, que significa "Yahvé es salvación".

Por el contrario, en el libro de los Hechos de los Apóstoles(cap. 19), un grupo de exorcistas judíos, conocidos como los hijos de Esceva, tratan de echar fuera de una persona poseída a un espíritu muy poderoso sin creer o conocer a Jesús, aunque usando su nombre a modo de sortilegio mágico, lo que trae consecuencias desastrosas(el endemoniado los ataca y los vence). Sin embargo, Jesús nunca se dejó vencer por un demonio, no importa cuán poderoso fuera (ver el relato del endemoniado a Gerasim), e incluso derrotó a Satanás en el desierto (ver Evangelio de Mateo).

Hay una descripción en el libro de Apocalipsis 12:7-17 de una batalla entre el ejército de Dios y los seguidores de Satanás, y su posterior expulsión del Cielo a la Tierra, los cuales vagan por su superficie haciendo la guerra a los seres humanos, en especial a los creyentes en Cristo. En Lucas 10:18 se menciona nuevamente el poder otorgado por Jesús a sus discípulos para expulsar demonios; Jesús declara en este texto que ve a Satanás "caer como un relámpago del cielo." [25]

Agustín de Hipona, la lectura de Apuleyo, en la Ciudad de Dios (Libro IX, Ch.11) es ambiguo en cuanto a si los demonios se había convertido en "demonizados" en el siglo quinto principios:

"Él [Apulieus] también señala que los bienaventurados se llama en griego eudaimones, porque son almas buenas, es decir, los demonios buenos, lo que confirma su opinión de que las almas de los hombres son los demonios.

La actual Iglesia Católica Romana enseña que los ángeles y los demonios son seres reales y personales, de carácter absolutamente espiritual, no sólo representaciones simbólicas de fuerzas naturales o tendencias psíquicas humanas. La Iglesia Católica tiene un grupo de exorcistas con aprobación oficial que realizan exorcismos, muchos cada año. Los exorcistas de la Iglesia Católica enseñan que los demonios atacan a los humanos en forma continua, pero que las personas afectadas pueden ser efectivamente curadas y protegidas por el rito formal de exorcismo; dichos ritos, para ser realizados, deben ser autorizados únicamente por los obispos, y ejecutados por las personas que ellos designen.[26]

Sobre la base de las pocas referencias a los demonios en el Nuevo Testamento, especialmente en la poesía visionaria del Apocalipsis de Juan, los escritores cristianos apócrifos, del siglo segundo en adelante, crearon un tapiz más complejo de creencias acerca de los demonios, que fue en gran medida independiente de las escrituras cristianas oficiales.

En varios momentos de la historia cristiana se han hecho intentos para clasificar a estos seres de acuerdo con diversas jerarquías demoníacas propuestas.

De acuerdo a la demonología cristiana los demonios fueron castigados eternamente, pues nunca se reconciliarán con Dios. Otras teorías postulan una reconciliación universal, en la que Satanás, los ángeles caídos, y las almas de los muertos que están condenados al infierno, se reconciliarán finalmente con Dios; esta doctrina es asociada a menudo con las creencias de la Iglesia de la Unificación. En el pasado, Orígenes, Jerónimo y Gregorio de Nisa también mencionaron esta posibilidad.

En el cristianismo contemporáneo los demonios son, generalmente, considerados como los ángeles que cayeron de la gracia al rebelarse contra Dios. Sin embargo, otras escuelas de pensamiento en el cristianismo o en el judaísmo enseñan que los demonios o espíritus malignos son el resultado de las relaciones sexuales entre ángeles caídos y mujeres humanas. Cuando estos híbridos (Nephilim) murieron, dejaron sus espíritus desencarnados "vagar por la tierra en busca de descanso" (Lucas 11:24). Muchos textos históricos no canónico describen en detalle esto último y sus consecuencias. Esta creencia se repite en otras grandes religiones y mitologías antiguas. Los cristianos que rechazan este punto de vista atribuyen la descripción narrada en Génesis 6 acerca de los "Hijos de Dios" como correspondiente a los hijos de Seth (uno de los hijos de Adán) que se habrían juntado con los "hijas de los hombres"(tal vez las descendientes de Caín).

Hay algunos que dicen que el pecado de los ángeles fue el orgullo y la desobediencia frente a alguna prueba suprema que Dios les puso y que no pudieron pasar(algunos teólogos han propuesto la adoración a Jesús-hombre en visión, una criatura que ellos consideraron inferior), pecados que causaron la caída de Satanás (Ezequiel 28) y sus seguidores. Si este es el punto de vista verdadero, entonces hay que entender las palabras "bienes" o "principado" en San Judas 6 ("Y a los ángeles que no guardaron su principado, sino que abandonaron su propia morada, los ha encadenado en prisiones eternas, bajo tinieblas, para el juicio del gran día.") como una indicación de que, en lugar de estar satisfechos los demonios con la dignidad que Dios les asignó, aspiraban a escalar más alto que el propio Hijo de Dios, actitud que habría provocado su caída irrevocable.

Tríada demoníaca[editar]

Algunos autores hermenéuticos[cita requerida] relacionados con el cristianismo han creado una simetría entre la Trinidad católica (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo), y una tríada supuestamente opuesta, Lucifer, Anticristo y Falso profeta. Esos autores consideran que la Trinidad posee un proceso comunicativo intradivino que se inicia en el Padre creador, sigue en el Hijo salvador, y termina en el Espíritu Santo iluminador). Esas cualidades estarían reflejadas en la tríada inversa: primero Lucifer destructor, después el Diablo pervertidor (que supuestamente sería el Anticristo), y finalmente Satán oscurecedor.[cita requerida]

Arabia preislámica[editar]

La mitología pre-islámica no hace diferencia entre dioses y demonios. Los genios (o "yinn") son considerados como divinidades de rango inferior con muchos atributos humanos: comen, beben y procrean, a veces también con seres humanos. Los genios huelen y lamen cosas, y tienen gusto por los restos de comida. Para comer usan la mano izquierda. Por lo general, rondan ruinas, desiertos y lugares abandonados, sobre todo en los matorrales, donde transcurren las bestias salvajes. Los cementerios y lugares sucios son sus moradas favoritas. Cuando se aparecen al hombre, los genios a veces asumen las formas de los animales y -ocasionalmente- de hombres.

En general, los genios son pacíficos y bien dispuestos para con los hombres. Más de un poeta pre-islámico se cree que ha sido inspirado por un buen djinn. Pero también hay genios malignos, que se las idean para herir a los hombres.

Islam[editar]

El Majlis al Jinn cueva en Omán, literalmente, "lugar de encuentro de los genios".

El Islam reconoce la existencia de los genios, yinn, que son seres con libre albedrío, que pueden coexistir con los humanos y no son todos malos como demonios se describen en el cristianismo. En el Islam, los genios del mal se conoce como el shaiatín, o demonios, y Iblis (Satanás) es su jefe. Iblis fue el primero que desobedecieron a Dios Jinn. Según el Islam, los genios se hacen del fuego (mientras que los ángeles están hechos de luz y de la humanidad está hecha de arcilla alterado).

Según el Corán, cuando Dios creó a Adán de barro, todos los ángeles y Iblis se le ordenó a inclinarse ante Adán, como los humanos son superiores que cualquier otro de la Creación de Dios. Iblis se pusieron muy celosos y dijo que los humanos no son creaciones superiores, pero los genios son como son de fuego y los seres humanos están hechos de arcilla y desobedeció a Dios.

Adán fue el primer profeta y diputado de la raza humana, y como tal fue la mayor creación de Dios. Iblis no podía soportar esto, y se negó a reconocer una criatura hecha de "lodo" (el hombre). Dios, por lo tanto, condenado Iblis ser castigado en el infierno de fuego. Pero Iblis pidió tregua hasta el último día para que Dios de acuerdo, pero advirtió que él y todos los que le siguen en el mal serían castigados en el infierno. Allah también dijo que Iblis sólo sería capaz de confundir a aquellos que han abandonado a Alá y no a los creyentes justos.

Adán y Eva (Hawwa en árabe) fueron los dos juntos engañados por Iblis en comer del fruto prohibido, y por lo tanto cayó en el jardín del Edén (alegórica) en un estado de degeneración.

Los genios no son los "genios" de la tradición moderna. La palabra "genio" viene del francés "genio" de genio [cita requerida] en la traducción del texto en árabe y sólo suena por casualidad, como el genio árabe. Esto no es sorprendente teniendo en cuenta la historia de `Ala 'al-Din, (anglicismo como Aladdin), pasa a través de los comerciantes árabes en el camino a Europa.

Hinduismo[editar]

La mitología hindú incluyen numerosas variedades de espíritus que podrían ser clasificados como demonios, incluyendo Vetalas, Yakshas, ​​Bhutas y Pishachas. A menudo Rakshasas y los Asuras se entenderá por demonios.

Asuras[editar]

Asura en Kōfuku-ji, Nara, 734, Japón

En la religión hinduista existe el concepto de "asura" para designar aquellos entes que la tradición occidental identifica como demonios. Originalmente, el término asura, en los primeros himnos del Rig Veda, significa cualquier espíritu sobrenatural, tanto bueno como malo. Debido al hecho que la rama índica del indoeuropeo está emparentada con las lenguas iranias, la palabra asura, que representa una categoría de seres celestiales, se convirtió en la palabra Ahura(Mazda), el dios supremo de los zoroastrianos monoteístas. El antiguo hinduismo afirma que los llamados "devas"(espíritus del bien) y los asuras son medio-hermanos, hijos del mismo padre, Kasyapa, pero algunos de los devas, como Varuna, compartían características propias de los asuras. En una evolución posterior de la religión hinduista el término asura llegó a significar exclusivamente a seres de una raza antropomorfa, poderosos y posiblemente malignos. Sin embargo, todas las palabras, tales como Asura, Daitya (literalmente, hijos de la madre "Diti"), Rakshasa (literalmente, de "daño a estar en guardia contra") no están bien traducidos al inglés como demonio.

Asuras hacer aceptar y adorar a los dioses, en especial el triunvirato hindú, algunos de los rakshasas como Ravana y Mahabali son devotos ejemplar. A menudo, la contienda entre los asuras y los devas es simplemente una cuestión política: devas son los encargados ordenado de los reinos de poder (y la inmortalidad) que les otorgan los dioses y los titanes siempre se esfuerzan por alcanzar los dos. Asuras suelen alcanzar o mejorar sus poderes sobrenaturales a través de la penitencia a los dioses y hacer la guerra a devas con competencias así obtenido. A diferencia de la noción cristiana de los demonios, asuras no son la causa de la maldad y la infelicidad de la humanidad (la infelicidad de los seres humanos, según el hinduismo es por nuestras propias acciones (Karma) y / o debido a la ignorancia continuada de Brahman, la realidad no cambia. Asuras, en su caso, son engranajes de la rueda del Karma), no están fundamentalmente en contra de los dioses, ni tentar a los seres humanos a caer. De hecho, asuras, al igual que los devas, adoran a los dioses del hinduismo: Asuras Se dice que muchos han recibido favores de uno de los miembros de la trinidad hindú, es decir, Brahma, Vishnu y Shiva, cuando éste había sido aplacado de. su penitencia. Esto es muy diferente de las nociones tradicionales occidentales de los demonios como un ejército rival de Dios. En la mitología hindú, asuras piadosa, muy iluminado, como Prahlada y Vibhishana, no son en absoluto infrecuentes. Prahlada, incluso dice que la iluminación asegurado a todo su linaje (de asuras). Todos los Asuras, a diferencia de los devas, se dice que han nacido los mortales (aunque cada vez se esfuerzan por ser inmortal). Muchas personas interpretan metafóricamente asuras como manifestaciones de las pasiones innobles en la mente humana y como un dispositivo simbólico. También hubo casos de alto consumo de energía asuras reto diversos aspectos de los dioses, pero sólo para ser derrotados al final y buscar el perdón de ver Surapadman, Narakasura.

El karma y los espíritus malignos[editar]

El hinduismo defiende la teoría de la reencarnación y la transmigración de las almas de acuerdo a su Karma. Las almas (Atman) de los muertos son adjudicados por el Yama y se otorgan diversos castigos como purga antes de volver a nacer. Los seres humanos que han cometido errores extraordinarios están condenados a vagar por el mundo tan solo como espíritus, a menudo malignos, por un período de tiempo determinado antes de volver a nacer. Muchos tipos de tales espíritus (Vetalas, Pishachas, Bhuta) se pueden reconocer, a partir de los textos hindúes, y en un sentido limitado, como verdaderos demonios.

Bahaísmo[editar]

En la fe Bahai, nacida en Persia, los demonios no se consideran independientes a los malos espíritus que se encuentran en algunas religiones. Todos los espíritus malignos que se describe en las diferentes tradiciones religiosas, como Satanás, los ángeles caídos, los demonios y los genios son metáforas con base a los rasgos de carácter que un ser humano puede adquirir y se manifiestan cuando se aleja de Dios y sigue su naturaleza inferior. La creencia en la existencia de fantasmas y espíritus terrestres es rechazada y considerada como el producto de la superstición.[27]

Historia[editar]

La idea del demonio en la cultura Occidental ha dependido de las corrientes religiosas y filosóficas imperantes en cada época:

Antigüedad[editar]

La concepción más extendida en Occidente es la judeocristiana, según la cual los demonios son espíritus del mal con la potestad de poseer a los seres humanos. Para el cristianismo, en particular, los demonios son espíritus inmundos, esbirros de Satanás (príncipe de este mundo y enemigo declarado de Dios y sus ángeles, cuya morada es el regnum caelorum (‘reino de los cielos’). Se identifica a Satanás como el Ángel caído, que se rebeló contra Dios.

No obstante, en un sentido general y apartándose de la cosmovisión judeocristiana, para otras culturas los demonios no son necesariamente considerados seres malvados. Los griegos, por ejemplo, dividían a los demonios entre buenos y malignos: agatho démones (αγαθοδαίμονες) y caco démones (κακοδαίμονες), respectivamente. Se tienen registros en libros de que los griegos y los romanos solían creer en un demonio (entre otros) llamado Sharock, el cual se identificaba con una X que plasmaba en objetos (hoy en día, personas dicen ser testigos de encontrar objetos poseídos con esta marca). Mientras que los agatodémones se asemejan a la noción judaica de ángel protector, los cacodémones, por su parte, no serían otros que los ángeles caídos a los que se refiere la tradición judeocristiana. Tal es el caso de Lucifer, príncipe de los demonios, que el cristianismo identifica con Satanás.

Edad Media[editar]

El Renacimiento[editar]

Aunque no existe un cánon sobre la demonología del Renacimiento, el interés en la cultura clásica greco-romana, filosofía, ciencia y la mitología griega y romana, crearon un campo para experimentar con -lo que se suponía eran- prácticas religiosas pre-cristianas. Más notablemente encontrándose en la cultura popular como "La leyenda de Fausto".

Edades Moderna y Contemporánea[editar]

El demonio en el arte[editar]

El demonio en las artes plásticas[editar]

El demonio en las artes escenográficas (teatro, cine, televisión)[editar]

En el cine el demonio ha tenido su expresión fílmica más impactante en la película El Exorcista, así como sus secuelas y precuelas posteriores. El Exorcista(1973) del director William Friedkin, con la actuación de Linda Blair y Max von Sydow, se ha convertido con el tiempo en una película de culto debido a su fuerte temática y sigue provocando auténtico terror: la posesión demoníaca sobre personas inocentes. Otro film, en la misma línea que la anterior, es El exorcismo de Emily Rose.

En términos de humor negro la figura del demonio ha sido explotada en cintas como The Devil's Advocate (traducida en Hispanoamérica como "El abogado del diablo" y en España como "Pactar con el diablo"), dirigida por Taylor Hackford(1997), con la notable actuación de Al Pacino, interpretando a Satanás bajo la forma de un poderoso traficante de armas y dueño de un bufete de abogados encargado de defender a sus acólitos de los crímenes que cometen; y en el filme Constantine (2005), dirigida por Francis Lawrence, con la actuación de Keanu Reeves, interpretando a un cazador de demonios profesional.

En términos apocalípticos la acción y la figura del demonio han sido representadas en cintas como La profecía (1976), dirigida por Richard Donner, basada en las profesías bíblicas acerca del Anticristo y su lucha por instaurar su "reino" en la Tierra; y en la cinta de acción El fin de los días (1999), una película dirigida por Peter Hyams y protagonizada por Arnold Schwarzenegger como un depresivo policía que debe enfrentar los planes de Satanás por desatar el apocalipsis.

En términos de comedia ha sido representado en la cinta Al diablo con el diablo(2000), dirigida por Harold Ramis, en donde el demonio asume una forma femenina interpretada por Elizabeth Hurley.

Los demonios son recurrente mente mencionados en la serie de televisión Supernatural.

El demonio en la historieta[editar]

En la historieta el demonio ha tenido innumerables expresiones; la mayoría de las editoriales exhiben algún personaje demoniaco, como el caso Etrigan el Demonio, que es un superhéroe del universo de DC Comics, creado por Jack Kirby. Etrigan es un demonio del infierno que a menudo se alía con las fuerzas del bien.

En Latinoamérica el demonio ha tenido su expresión en la historieta llamada El Siniestro doctor Mortis, publicada en Chile a partir de 1966 por espacio de unos diez años y con impacto en los países vecinos; narra las andanzas de un demonio encarnado-probablemente Satanás-cuyo objetivo es sojuzgar a la humanidad y establecer una especie de reino de los muertos.

El demonio en la literatura[editar]

El demonio, identificado con la figura de Satanás, es el personaje protagonista del poema épico del escritor inglés del siglo XVII John Milton, El Paraíso perdido. Posteriormente, a comienzos del siglo XIX, el demonio-Mefistófeles- es coprotagonista de la obra trágica Fausto de Johann Wolfgang von Goethe.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Bibliografía adicional[editar]

  • Oppenheimer, Paul (1996). Evil and the Demonic: A New Theory of Monstrous Behavior. New York: New York University Press. ISBN 978-0-8147-6193-9. 

Referencias[editar]

  1. Henry George Liddell y Robert Scott. A Greek-English Lexicon. Perseus. 
  2. Henry George Liddell y Robert Scott. «δαιμόνιον». Greek-English Lexicon. Perseus.
  3. Véase, por ejemplo, el resúmen del curso y bibliografía de: ""Magic, Science, Religion: The Development of the Western Esoteric Traditions", por Universidad de Europa central, Budapest
  4. Boyce, 1987; Black and Rowley, 1987; Duchesne-Guillemin, 1988.
  5. Freud (1950, 65), quoting Wundt (1906, 129).
  6. People of the Lie: The Hope For Healing Human Evil (1983)
  7. Glimpses of the Devil: A Psychiatrist's Personal Accounts of Possession, Exorcism, and Redemption (2005).
  8. The exorcist, an interview with M. Scott Peck by Rebecca Traister published in Salon
  9. a b c The devil you know, a commentary on Glimpses of the Devil by Richard Woods
  10. The Patient Is the Exorcist, an interview with M. Scott Peck by Laura Sheahen
  11. Ver: Delitzsch, Assyrisches Handwörterbuch. pp. 60, 253, 261, 646; Jensen, Assyr.-Babyl. Mythen und Epen, 1900, p. 453; Archibald Sayce, l.c. pp. 441, 450, 463; Lenormant, l.c. pp. 48-51.
  12. Comparar Isaías 38. 11 con Job 14.13; Salmos 16.10, 49.16, 139.8
  13. Pesachim 112a; Avodah Zarah 12b
  14. Bellum Judaeorum vii. 6, § 3
  15. "Antiquities" viii. 2, § 5
  16. Isaías 13:21, 34:14
  17. Levíticos 16:10ff
  18. Isaías 34:14 - donde la Biblia del rey Jaime traduce la palabra hebrea 'lilith' como "lechuza"
  19. Cantares 2:7, 3:5
  20. Targ. a Eccl. i. 13; Pes. 110a; Yer. Shek. 49b
  21. Pes. 112b; compare B. Ḳ. 21a
  22. «Jewish Encyclopedia Demonology». Consultado el 3 de mayo de 2007.
  23. Génesis 6:2,4
  24. Plantilla:Bibleverse
  25. Augustine of Hippo. «Of the Opinion of the Platonists, that the Souls of Men Become Demons When Disembodied». City of God, ch. 11.
  26. «?». fathercorapi.com.Uso incorrecto de la plantilla enlace roto (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
  27. Smith, Peter (2008). An Introduction to the Baha'i Faith. Cambridge: Cambridge University Press. p. 112. ISBN 978-0-521-86251-6. 

Enlaces externos[editar]