Reencarnación

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La reencarnación representada en el arte hinduista.

La reencarnación es la creencia consistente en que la esencia individual de las personas (ya sea mente, alma, conciencia o energía) adopta un cuerpo material no solo una vez sino varias según va muriendo.

Esta creencia aglutina de manera popular diversos términos:

Todos estos términos aluden a la existencia de un alma o espíritu que viaja o aparece por distintos cuerpos, generalmente a fin de aprender en diversas vidas las lecciones que proporciona la existencia terrena, hasta alcanzar una forma de liberación o de unión con un estado de conciencia más alto.

El mismo fenómeno pero sin la creencia en un alma o espíritu:

  • Metensomatosis: viene de meta (después, sucesivo) y soma (cuerpo).
  • Palingenesia o palingénesis: procede de palin (de nuevo) y genesis (nacer/principio).

La creencia en la reencarnación ha estado presente en toda la humanidad desde la antigüedad, en la mayoría de las religiones orientales, como hinduismo, budismo y taoísmo, y también en las religiones no «adulteradas» africanas y tribales de América y Oceanía. En la historia de la humanidad, la creencia de que una persona fallecida volverá a vivir o aparecer con otro cuerpo (con una personalidad generalmente más evolucionada) ha sobrevivido incluso dentro de las religiones judeocristianas (cristianismo, judaísmo e islam). Son prácticamente las únicas que no la contemplan, pero han permanecido bajo la forma de diversas herejías y posturas no oficiales.

Religiones orientales y tradiciones[editar]

Todas las religiones llamadas dhármicas (con origen en el hinduismo) afirman que la reencarnación existe en un ciclo sin fin (rueda del karma), mientras las buenas acciones o métodos religiosos (buen fin o propósito o dharma) no sean suficientes para causar una liberación o cese de este ciclo.

Las religiones tradicionales de los diversos países de Asia (como la de los ancestros en China o el shinto en Japón) incorporan la reencarnación e influyen en gran manera en la devoción popular y la cultura y el folclore de estos países.

Hinduismo[editar]

En la mitología de la religión brahmánica, al momento de la muerte del cuerpo, el alma o parte esencial abandona el cuerpo que se ha vuelto inservible, y es arrastrada por los iamadutas, los mensajeros sirvientes del dios Iamarásh, el encargado de juzgar el karma de todas las almas del universo, para ser juzgada. En el Antiguo Egipto, sus actos eran sopesados contra el peso de una pluma.

Dependiendo de las acciones buenas o malas, el alma se reencarna en una existencia superior, intermedia o inferior. Esto incluye desde estados de existencia celestiales a infernales, siendo la vida humana un estado intermedio. Este incesante proceso recibe el nombre de samsara (‘vagabundeo’). Éste término proviene del verbo sánscrito samsrí: ‘fluir junto’, ‘deambular’. Las religiones orientales se refieren a ese deambular (entretenimiento, codicia, acumulación de bienes, «matar el tiempo»...) como una vida sin propósito ni sentido.

Cada alma viaja por esta rueda, que abarca desde los semidioses (devas) hasta los insectos. El sentido de la trayectoria de un alma dentro de este universo lo marca el contenido o sentido de sus actos. Según el hinduismo popular moderno, el estado en el que renace el alma está determinado por sus buenas o malas acciones (karma) realizadas en anteriores encarnaciones.

La calidad de la reencarnación viene determinada por el mérito o la falta de méritos que haya acumulado cada persona como resultado de sus actuaciones; esto se conoce como el karma de lo que el alma haya realizado en su vida o vidas pasadas. Las almas de los que hacen el mal, por ejemplo, renacen en cuerpos «inferiores» (como animales, insectos y árboles), o en estados aún más inferiores de vivencia infernal, o en vidas desgraciadas. El peso del karma se puede modificar con la práctica del yoga (aumento de la conciencia hasta los niveles más altos contemplativos y unitivos, según el grado y la modalidad de yoga), las buenas acciones (generosidad, conservar la alegría interior, responder bien por mal...), el ascetismo (privarse de lo que abotarga los sentidos e impide el crecimiento del alma, o impide la comunicación de los seres superiores con el individuo) y el ofrecimiento ritual (valor del agradecimiento y de la generosidad).

En el pensamiento religioso hinduista, la creencia en la transmigración aparece por primera vez en forma doctrinal en las escrituras religiosas indias llamadas Upanishad, que reemplazaron a los antiquísimos textos épicos no filosóficos llamados Vedas (entre el 1500 y el 600 a. C.). Las Upanishad fueron escritas entre el 400 a. C. y el 1600 d. C.

La liberación de la reencarnación en el hinduismo o liberación del samsāra, se consigue después de haber expiado o superado el peso de su karma, es decir, todas las consecuencias procedentes tanto de sus buenos como de sus malos actos. Este proceso es continuo hasta que el alma individual, Atman, está completamente evolucionada y se identifica o alcanza a Brahmá, el creador del mundo, en donde es salvado de la desgracia de la necesidad de más renacimientos. Esta identificación sucede mediante prácticas yóguicas y/o ascéticas. Luego de su última muerte sale del universo material y se funde en la Luz Divina (la refulgencia que emana del Brahman), con la creencia de que el alma individual (atman), y el alma universal (Brahman) son idénticas.

Jainismo[editar]

Para el jainismo, la ilustración presenta la forma en que el alma viaja a cualquiera de los cuatro estados de la existencia después de la muerte, dependiendo de sus karmas.

El jainismo es otra religión posterior al hinduismo y que surgió al mismo tiempo que el budismo. En el jainismo, las almas van recogiendo los frutos de sus buenas o malas acciones a través de sucesivas vidas. Cuando un jainista acumula suficiente buen karma, la pureza de su alma puede hacer que se reencarne en un devá o entidad semidivina, si bien esta situación no es permanente, por lo que los jainistas buscan una liberación definitiva.

Sijismo[editar]

La reencarnación es una creencia central de esta religión monoteísta, también parte de las englobadas bajo la palabra Hinduismo. Los sijes creen que el alma tiene que transmigrar de un cuerpo a otro como parte de su evolución. Esta evolución finalmente resultará en una unión con Dios mediante la purificación del espíritu. Si uno no realiza buenas acciones, el alma continúa reencarnándose para siempre. Desde la forma humana, si alguien realiza buenas acciones propias de un gurmuja, entonces consigue la salvación con Dios. El alma se purifica mediante la recitación del naam (nombre de Dios), teniendo presente al waheguru (maestro espiritual) y siguiendo el camino del gurmat.

Budismo[editar]

El budismo surgió del hinduismo pero incluyó una gran reforma de sus puntos de vista hasta constituir una nueva religión. Tiene una noción distinta de la reencarnación, ya que por un lado la niega y por otro la afirma. Niega que exista una entidad en el individuo que pueda reencarnarse; ni alma, ni mente, ni espíritu; llamado Anātman. Pero la afirma al decir que un nuevo individuo aparece en función de las acciones de uno anterior. Esta noción de reencarnación está más cerca de la palingenesia que de la transmigración. Los budistas creen que mediante la realización del nirvana, el estado de total liberación, se logra también el cese del renacimiento. Dentro del budismo, la tradición tibetana utiliza muy frecuentemente la reencarnación, mientras que otras, como la tradición zen, la ignora en buena medida. Así, la tradición tibetana indica que ha de pasarse por el bardo, que significa literalmente ‘estado intermedio’ o ‘estado de transición’, inmediatamente después de la muerte que duraría 49 días según el Libro Tibetano de los Muertos.

Las diferencias de concepción seguramente sólo provienen de distinto punto de evolución al que están refiriéndose, o a como conciben de distintas formas las posibles vías de evolución, así como a la influencia de las diferentes culturas. Más allá de tales aspectos «externos» ―aunque tratan de aspectos muy profundos― habría una esencia común real y objetiva, imposible de definir con la limitada palabra humana.

El budismo, a diferencia del cristianismo y de las religiones occidentales, no ha concebido nunca una noción semejante a la de «alma inmortal» sino que está próximo a la palingénesis. En el Milinda-pañha (‘preguntas del rey Milinda’), el sabio que instruye al rey plantea que existe una continuidad entre individuos (Yo soy tú y tú eres yo, viene a decir Cristo), pero que nada transmigra de uno a otro. Para comprender tales aparentes diferencias, habría que comprender el tema del tiempo y de la eternidad, y como desde la Eternidad un Macroser se separa en miles de millones de seres que son indviduos que se creen separados entre sí (un libro que desarrolla el tema es Habla Seth). Para Santa Teresa, el Cielo es como un océano y los individuos son como gotas, indivisibles y a la vez fusionadas con el Todo Conciencia, pero Cristo vino a traer el Cielo (la conciencia suprema de unidad indivisible) a la Tierra. Milindapañha ejemplifica la (aparente) paradoja con el símil de una antorcha que enciende a otra: «Ni la llama ni la antorcha son la misma, y sin embargo una existe a causa de la anterior».[1]

El budismo plantea el nirvana como cese de la rueda de los nacimientos y las muertes. La escuela mahāyāna le añade además un significado más universalista, señalando que dicho ciclo se terminará cuando todos los seres vivos hayan logrado la iluminación. Realmente lo que significa la reencarnación es el cambio en el transcurso de una misma vida. Es la evolución del yo. De la misma manera que el niño tiene que morir para dar lugar al adolescente con otros temores y otros deseos, las sucesivas reencarnaciones son cambios de perspectivas, de identidades, de verdades. Cambio de personalidad. Todo esto se da en una misma vida. No hay reencarnación luego de la muerte física sino que en el transcurso de una misma vida es posible ir muriendo y renaciendo cada vez. Eso es vivir en real presente sin dependencia del tiempo ni de lo externo.

Shinto[editar]

El shinto no se identificó a sí mismo como religión hasta la llegada del budismo a Japón, por lo que se vio influido en sus creencias. Siendo una mezcla de animismo y chamanismo, ya tenía presente la noción de reencarnación en forma de espíritus o almas que se relacionaban con los vivos. El shinto no tiene por tanto una soteriología clara de salvación, sino que los japoneses acuden para esto al budismo. Con la absorción de nociones budistas, el shinto convertirá a algunos de sus elementos míticos como los llamados kami, en seres que se reencarnan con misiones diversas.

Taoísmo[editar]

El taoísmo es una visión filosófica de la vida y la naturaleza, cuya faceta religiosa se caracteriza por métodos de vida, salud y meditación. Según el taoísmo, el tao es un principio supremo que impregna todo el universo, y por tanto su naturaleza es inmortal y eterna. La reencarnación existe ya que nada muere al estar todo lo vivo fluyendo con el tao. El taoísta no busca acabar con la reencarnación directamente, sino que sigue el camino del tao cuya culminación es volverse uno con el tao, y por tanto, conseguir la inmortalidad.

Religiones del oeste y tradiciones[editar]

Filosofía griega clásica[editar]

Diógenes Laercio describe una anécdota en la cual Pitágoras reconoce a un amigo fallecido en el cuerpo de un perro que había sido golpeado. Según Diodoro Sículo:

"Pitágoras creía en la transmigración de las almas, y consideraba el consumo de carne como algo abominable, diciendo que las almas de todos los seres vivos pasaban después de la muerte a otros seres vivos. Y en cuanto a sí mismo, solía manifestar que recordaba haber estado en Troya en los tiempos de Euforbo, hijo de Panthus, que fue asesinado por Menelao."

Diodoro, Biblioteca Histórica 10.6.1.

Platón es el principal exponente de la reencarnación en los griegos del que tenemos noticia. En la obra Fedro, escribe cómo el alma humana, de acuerdo al descubrimiento de la verdad que haya alcanzado, nacerá en un tipo de cuerpo o en otro. Estas existencias suponen pruebas para que las almas se perfeccionen. En La República explica cómo el mítico guerrero Er muere en el campo de batalla pero regresa al cabo de diez días, durante los cuales ve a las almas de los hombres esperando renacer.

Judaísmo[editar]

De manera similar al cristianismo, la reencarnación no es admitida como doctrina oficial, si bien aparece dentro de la Cábala. En el Zohar (2.99b) se lee: «Todas las almas están sujetas a la transmigración, y los hombres que no conocen los caminos del Señor, que sean bendecidos; ellos no saben que están siendo traídos delante del tribunal, tanto cuando entran en este mundo como cuando salen de él. Son ignorantes de las muchas transmigraciones y pruebas secretas que deben de pasar».

Gnosticismo[editar]

Cristianismo[editar]

El cristianismo oficial actual rechaza la reencarnación de manera mayoritaria por considerarla una doctrina contraria a la Biblia,[2] difícilmente armonizable con la creencia en la resurrección, y ajena a la concepción salvífica que mantiene esta religión. La doctrina de la reencarnación fue abolida por el emperador Justiniano, pero la abolición no fue firmada por el Papa, a quién Justiniano encarceló por negarse a firmarla. Solamente la firmaron los obispos del concilio que convocó Justiniano para la abolición, pues originalmente eran los emperadores quienes convocaban los concilios en vez de los Papas.

No obstante algunas denominaciones cristianas, tratadas como apóstatas por la corriente principal del cristianismo, han promovido la creencia en la reencarnación (principalmente el Nuevo Pensamiento e iglesias de la Nueva era) o espíritus (muchas iglesias espiritualistas se identifican a sí mismas como cristianas). Estos grupos normalmente aseguran que tales doctrinas se pueden encontrar en la Biblia[3] o en la tradición cristiana primitiva.

Cristianismo antiguo[editar]

Diversos grupos cristianos en los primeros tiempos, como los gnósticos, asumieron la creencia en la reencarnación, como elemento fundamental desde muy pronto, ya que esta concepción estaba muy extendida en el mundo clásico y antiguo. Algunos de los Padres anteriores al Concilio de Nicea I para combatir esta filosofía trataron este tema en sus escritos, rechazándola abiertamente y tratando de mostrar sus contradicciones a un pueblo que en aquellos días, probablemente, no tenía problema en asumir dicha creencia, dentro del marco del cristianismo primitivo, al estar éste influido por muchas tradiciones anteriores.

Tertuliano posiblemente fue el escritor que trató con mayor profundidad el tema, dedicando ocho capítulos de su tratado sobre el alma[4] a la cuestión de la reencarnación.

Orígenes en cambio, se muestra ambiguo cuando favorece a la reencarnación en sus escritos y otras veces la rechaza.[5]

Otros autores como Ireneo de Lyon,[6] además de Orígenes,[7] también trataron de refutar en repetidas ocasiones la creencia en la reencarnación.[8]

Amerindios[editar]

Mitología nórdica[editar]

Investigación sobre la reencarnación[editar]

El psiquiatra Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, ha investigado numerosos informes de niños que afirmaban recordar una vida pasada. Llevó a cabo más de 2.500 estudios de caso, en un período de 40 años, y publicó doce libros, incluyendo Twenty Cases Suggestive of Reincarnation (traducido al español como Veinte casos que hacen pensar en la reencarnación) y Where Reincarnation and Biology Intersect. Stevenson documentaba metódicamente las declaraciones de cada niño, y posteriormente encontraba la identidad de la persona fallecida con la que el niño se había identificado, y verificaba los hechos de la vida de la persona fallecida que coincidían con los recuerdos del niño. También encontró coincidencias de marcas y defectos de nacimiento con las heridas y cicatrices del fallecido, certificadas por historias clínicas, así como por fotografías de autopsias, en su libro Reincarnation and Biology.[9]

Stevenson buscó evidencias refutatorias y explicaciones alternativas a los informes, y pensaba que sus estrictos métodos descartaban todas las posibles explicaciones "normales" para los recuerdos de los niños.[10] Sin embargo, una gran mayoría de casos de reencarnación notificados por Stevenson se originaron en sociedades orientales, donde las religiones dominantes a menudo permiten el concepto de reencarnación. A raíz de este tipo de crítica, Stevenson publicó un libro sobre casos europeos del tipo reencarnación (European Cases of the Reincarnation Type). Otras personas que han llevado a cabo investigaciones sobre la reencarnación incluyen a Jim B. Tucker, Brian Weiss, y Raymond Moody.

Algunos escépticos, como Paul Edwards, han analizado muchos de estos relatos, llamándolos anecdóticos.[11] Los escépticos sugieren que las afirmaciones de evidencia de la reencarnación se originan en el pensamiento selectivo y en los falsos recuerdos, que a menudo resultan de un sistema de creencias propio y de miedos básicos, y por lo tanto no se pueden tener en cuenta como evidencia empírica. Carl Sagan se refiere a los casos, aparentemente de las investigaciones de Stevenson, en su libro El mundo y sus demonios (The Demon-Haunted World), como un ejemplo de datos empíricos cuidadosamente recolectados, aunque rechazó, como mezquina, la reencarnación como una explicación de los relatos.[12]

Una objeción a las afirmaciones sobre la reencarnación incluye el hecho de que la gran mayoría de la gente no recuerda vidas anteriores, y que no hay ningún mecanismo conocido por la ciencia moderna que permita a la personalidad sobrevivir a la muerte y viajar a otro cuerpo. Investigadores como Stevenson han reconocido esas limitaciones.[13]

Otra de las objeciones a la reencarnación, (que ya fue propuesta por Tertuliano), es que sería inconsistente con el crecimiento de la población. Dicha objeción ha sido refutada en la actualidad, siendo compatible el crecimiento de la población humana con la hipótesis de la reencarnación.[14]

Perspectivas contemporáneas[editar]

Antroposofía[editar]

Teosofía[editar]

Movimiento Nueva era[editar]

Cultura popular occidental[editar]

Durante el siglo XX, Occidente ha sido más que permeable en lo tocante a la asimilación de conceptos religiosos-filosóficos provenientes de las antiguas colonias británicas y francesas de Asia, tal vez sólo con fines de ensanchar el gusto popular por lo exótico y remoto, y legitimar indirectamente el expansionismo con el favor de la publicidad. No obstante, la situación vivencial de muchos europeos y estadounidenses, víctimas de angustiosas incertidumbres provocadas por el caos económico y las tensiones políticas que afectaban directamente las concepciones personales de la vida, propició nuevas maneras de afrontar los interrogantes sobre el sufrimiento y la existencia. Fue auspicioso para la aristocracia estadounidense y europea evitar las tensiones internas entre los espiritualistas en boga (que siempre han contado con sugestiva influencia, en especial entre los jóvenes) y la búsqueda política de consenso. La reencarnación desvió las injusticias sociales hacia la explicación metacientífica del karma, a tal punto que en el Reino Unido y en los Estados Unidos numerosas sectas orientalistas hacían énfasis en la neutralidad política y en la resignación ante los hechos nefastos de la vida social y personal, a favor de una búsqueda de la «verdad» en uno mismo con el fin de trascender a mejor existencia en una supuesta vida futura.

La noción de Renacimiento o como se ha traducido en Occidente de Reencarnación también se encuentra entre los Aborígenes de las Praderas en Estados Unidos: consideran que en la vida el hombre recorre el Camino Rojo o el Camino Negro y que al morir realiza un viaje cuya culminación en caso de haber seguido el primer sendero, consiste en cesar de nacer y morir y poder replegarse en el centro de todas las cosas. En cambio, una vida llena de afectos egoístas y equivocada, se hace merecedora de nuevos nacimientos para purgar su conducta.

Críticas[editar]

Pensadores modernos[editar]

Entre los pensadores modernos que han criticado la reencarnación se encuentra René Guénon[15] quien se extiende sobre el concepto en su libro El error espiritista. Afirma que dicha doctrina es occidental y nada tiene que ver con las doctrinas orientales como la metempsicosis o la transmigración de las almas:

La reencarnación es una idea perteneciente al espiritismo kardecista que ha sido adoptada por otras escuelas neoespiritualistas. El comienzo no estuvo exento de polémicas. Así, los espiritistas estadounidenses e ingleses fueron unánimes en su oposición (ver Daniel Dunglas Home, Les lumières et les ombres du spiritualisme, pág. 118-141). En Francia mismo, algunos de los primeros espiritistas, como Piérart y Anatole Barthe, se separaron de Allan Kardec sobre este punto; pero, hoy en día, se puede decir que el espiritismo francés por entero ha hecho de la reencarnación un verdadero «dogma». Es del espiritismo francés de donde esta idea fue tomada por el teosofismo primero y luego por el ocultismo papusiano y diversas otras escuelas. La idea en sí es una invención moderna enteramente occidental. Sería más justo hablar de «concepción social»: para los socialistas franceses de la primera mitad del siglo XIX, que se la inculcaron a Allan Kardec, esta idea estaba destinada a proporcionar una explicación de la desigualdad de las condiciones sociales. Los espiritistas han conservado este mismo motivo e incluso han querido extender la explicación a todas las desigualdades, tanto intelectuales como físicas (Allan Kardec, Le Livre des Espirits, p. 102-103; M. Léon Denis, Aprés la mort, p. 164-166; Papus, Traité méthodique de Science oculte, p. 167 y La Réincarnation, p. 113 y 118).

René Guenón

Ananda Coomaraswamy, reputado orientalista, en su libro "El Vedanta y la Tradición Occidental":

Yo no digo que una creencia en la reencarnación no haya sido mantenida nunca en la India. Digo que una creencia tal solo puede haber resultado de una mala interpretación popular del lenguaje simbólico de los textos; y que la creencia de los eruditos y de los teosofistas modernos es el resultado de una interpretación de los textos igualmente simplista y desinformada.

El ser compuesto se deshace en el cosmos; no hay nada que pueda sobrevivir como una

consciencia de ser Fulano. Los elementos de la entidad psicofísica se desintegran y pasan a otros como un legado. Esto es, en verdad, un proceso que ha estado teniendo lugar a todo lo largo de la vida de nuestro Fulano, y es un proceso que puede seguirse muy claramente en la propagación, repetidamente descrita en la tradición india como el «renacimiento del padre en y como el hijo». Fulano vive en sus descendientes directos e indirectos. Esta es la supuesta doctrina india de la «reencarnación »; es la misma que la doctrina griega de la metasomatosis y la metempsicosis; es la doctrina cristiana de nuestra preexistencia en Adán «según la substancia corporal y la virtud seminal»; y es la doctrina moderna de la «repetición de los caracteres ancestrales ». Solamente el hecho de una transmisión tal de caracteres psicofísicos puede hacer inteligible lo que se llama en religión nuestra herencia del pecado original, en metafísica nuestra herencia de la ignorancia, y por el filósofo nuestra capacidad

congénita para conocer en términos de sujeto y objeto.

El mismo Coomaraswamy en "Gradación, Evolución y Reencarnación":

La reencarnación —como se comprende corrientemente con el significando de retorno de las almas individuales a otros cuerpos aquí en la tierra— no es una doctrina ortodoxa india, sino sólo una creencia popular. Así, por ejemplo, como observa el Dr. B.C. Law, «No hay que decir que el pensador budista repudia la noción de que un ego pase de una incorporación a otra».

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Milindapañha
  2. Hebreos 9,27; 2 Sm 14,14; 2 Mac 7,36
  3. Juan 9:2; Mateo 11:10-14; Mateo 17:10-13; Lucas 9:18-20;
  4. Tertuliano, De ánima, capítulos XXVIII, XXIX, y ss.
  5. «Cada cual, por consiguiente, de aquellos quienes descienden hacia la tierra es, de acuerdo a sus méritos o a la posición que tenía allí, ordenado para nacer en este mundo ya sea en un lugar diferente, o en una nación diferente, o en una ocupación diferente, o con diferentes debilidades, o para ser descendiente de padres religiosos o al menos píos, así como a veces para producir que un israelita descienda entre los escitas y que un pobre egipcio sea traído a Judea». De Principiis IV Cap. 3, 10, 26, 23. Consta en el latín de la traducción de Rufino de esta manera: Unusquisque ergo descendentium in terram pro meritis vel loco suo, quem ibi habuerat, dispensatur in hoc mundo in diversis veI locis vel gentibus vel conversationibus vel infirmitatibus nasci vel a religiosis ant certe minus piis parentibus generari, ita ut inveniat aliquando Israheliten in Scythas descendere et Aegyptium pauperem deduci ad Iudaeam.. Del origen griego se conserva esto: kai para toisde e toisde tois patrasin os dynasthai pote Israeliten pasein eis Schythas kai Aigypton eis ten Ioudaian katelthein.
  6. «Podemos derribar su doctrina de la transmigración de cuerpo a cuerpo por el hecho de que las almas no recuerdan ninguno de los eventos que habrían tenido lugar en su anterior estado de existencia». Ireneo de Lyon, Contra las herejías, II, XXXIII:1
  7. «La transmigración es ajena a la Iglesia de Dios, no enseñada por los apóstoles, y no apoyada por las Escrituras». Orígenes, Comentario de Mateo XXIII, I:46–53
  8. El destierro de la doctrina reencarnacionista empezó a expandirse en el año 312, cuando el emperador Constantino el Grande se convirtió al cristianismo. Hubo tres argumentos que eliminaron la idea de la reencarnación en el nuevo cristianismo, a pesar de que ninguna encíclica papal la condenara. La primera fue su desaprobación por parte del Concilio de Constantinopla II en el año 553, a instancias del emperador Justiniano I. Sus poderosos edictos incluyeron el decreto que consideraba anatema cualquier enseñanza sobre la preexistencia del alma, así como la doctrina de su retorno a la Tierra. También fue decisivo para el destierro del concepto reencarnacionista la condena de la metempsicosis, establecida por el Concilio de Lyon (1274) y por el de Florencia (1439), en los que se afirmó que las almas que partían de este mundo se dirigían al Cielo, al Purgatorio o al Infierno. El tercer argumento, por último, fue la persecución, especialmente la de la Inquisición, y la supresión de las ideas por la fuerza de las armas, de las que el ejemplo más cruel fue la denominada Cruzada Albigense, en 1209.
  9. Cadoret, Remi. Book Review: European Cases of the Reincarnation Type The American Journal of Psychiatry, Abril de 2005. (en inglés)
  10. Shroder, T (11-02-2007). «Ian Stevenson; Sought To Document Memories Of Past Lives in Children». The Washington Post (en inglés). 
  11. Rockley, Richard. Book Review: Children who remember previous lives (en inglés)
  12. Sagan, Carl (1996). Demon Haunted World (en inglés). Random House. p. 300. ISBN 978-0394535128. 
  13. «Ian Stevenson; Sought To Document Memories Of Past Lives in Children» (en inglés). Washingtonpost.com (11-02-2007). Consultado el 03-03-2012.
  14. Bishai, David (2000). «Can Population Growth Rule Out Reincarnation? A Model of Circular Migration.». Journal of Scientific Exploration 14 (3):  pp. 411–420. http://www.scientificexploration.org/journal/jse_14_3_bishai.pdf. Consultado el 18 de abril de 2013. 
  15. En el capítulo VI de su libro reduce la idea de reencarnación al absurdo y en el capítulo VII se narran algunas extravagancias relacionadas con la reencarnación.

Enlaces externos[editar]