Ascetismo

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El filósofo meditando, de Rembrandt.

Ascetismo o ascética (en griego: ἄσκησις, áskēsis, "ejercicio" o "formación"), se le denomina a la doctrina filosófica y religiosa que busca purificar el espíritu por medio de la negación de los placeres materiales o abstinencia; al conjunto de procedimientos y conductas de doctrina moral que se basa en la oposición sistemática al cumplimiento de necesidades de diversa índole que dependerá, en mayor o menor medida, del grado y orientación de que se trate. En muchas tradiciones religiosas, la ascética es un modo de acceso místico. La mayoría de los sistemas ascéticos desdeñan las necesidades fisiológicas del individuo por considerarlas de orden inferior. En Occidente, las primeras doctrinas ascéticas surgieron en la antigua Grecia. Sin embargo, este tipo de prácticas ya eran milenarias en Oriente. El ascetismo alcanzó su mayor difusión al incorporarse a sistemas religiosos como el budismo, el cristianismo y el islam.

En el cristianismo[editar]

En la religión cristiana católica, el ascetismo sirvió a los llamados Padres del yermo o de la Tebaida para alcanzar una unión más perfecta con Dios alejándose de cualquier contacto con lo profano por medio de una vida de privaciones, penitencia y oración por la que optaron algunos monjes, eremitas y anacoretas como Antonio Abad. Podía seguirse en comunidad, rigiéndose por una regla escrita o normas de disciplina monástica, o en soledad, con una vida apartada del trato humano y en contacto con la naturaleza, en cuevas, montañas, desiertos, ermitas abandonadas o incluso, como el padre del yermo San Simón el Estilita, en lo alto de una columna para apartarse de la tentación. Los monjes y monjas deseaban "limpiar su espíritu de pecado y acercarse a Dios, con el deseo de que éste acceda a unirse con el alma de su sirviente". Es lo que se llama unión mística o éxtasis.[1]

El procedimiento para acercarse a Dios, tal como lo expuso el cartujo fray Bernardo Fontova en su "Tratado de las tres vías, purgativa, iluminativa y unitiva'", constaba en general de dos vías, purgativa e iluminativa, de acercamiento a Dios, y de una tercera, la unitiva, que no era en realidad tal, puesto que se daba ya una vez realizada la unión mística.

Representación de dos monjes medievales en el Museo de Bayeux

La vía purgativa consiste en la purgación de "la memoria", entendida como potencia del alma, para limpiarla de los apegos sensitivos que provienen del cuerpo. En palabras de San Juan de la Cruz, es la vía de la penitencia en donde el alma se libera de todos sus pecados.

Hay que perder el gusto por el apetito de las cosas.

El apetito como tal no tiene por qué ser malo pero sí lo es el apego o gusto que provoca en la memoria, porque la impide orientarse plenamente hacia Dios. La privación corporal y la oración son los principales medios purgativos.

La "vía iluminativa" comienza donde termina la anterior. El alma se halla ya limpia y en un desamparo y angustia interior inmensos, arrojada a lo que es por sí sola sin el contacto de Dios. El demonio tienta entonces y el alma debe soportar todo tipo de tentaciones y seguir la luz de la fe confiando en ella y sin engañarse mediante una continua introspección en busca de Dios. Pero ha de ser humilde, ya que si Dios no quiere, es imposible la unión mística, pues la decisión corresponde a Él. El alma ha de dar lo que san Juan de la Cruz llamó un "ciego y oscuro salto", del que sólo la puede rescatar Dios mismo, si Él quiere.

La vía unitiva es el éxtasis místico: Dios se une a su criatura y le revela un conocimiento y un placer sin límites. Puede manifestarse con los llamados estigmas o llagas sagradas, las heridas que sufrió Cristo en la cruz, con fenómenos de levitación del santo y bilocación, es decir, encontrarse en varios lugares al mismo tiempo. El santo, porque ya lo es al sufrir este tipo de unión, no puede describir sino sólo aproximadamente lo que le ha pasado, porque el pobre instrumento de la lengua humana, ni siquiera en forma poética, puede describir una experiencia tan intensa: se trata de una experiencia inefable.

El ascetismo en el cristianismo ortodoxo[editar]

El monacato asceta en la Iglesia ortodoxa dio sus primeras prácticas con el nacimiento del cenobitismo de San Pacomio en Egipto. Con su desarrollo hizo florecer a la aparición de complejas abadías. Véase el Artículo principal Movimiento cenobítico

Escuela ascética española[editar]

En el budismo[editar]

Jóvenes monjes budistas de peregrinación.

El budismo es una religión no-teísta. Uno de sus fundamentos principales es tomar conciencia del sufrimiento, hasta liberarse completamente de éste, en la realización del nirvana. Para conseguir esta realización se enfatizan prácticas como el desapego y meditación. En la práctica diaria, sin embargo, el Budismo propugna el Camino del medio entre los extremos de la indulgencia sensual y la auto-mortificación. Las distintas ramas del Budismo admiten distintas interpretaciones de la disciplina ascética, que van desde la admisión de la sexualidad, como en el Tantrismo, a una intensa meditación para producir la total destrucción de la ilusión del ego, como en el Budismo zen.

En el islam[editar]

El islamismo reconoce también un tipo de ascética unida a la mística del sufismo.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Antonaccio, Maria (2996). «Asceticism and the Ethics of Consumption». Journal of the Society of Christian Ethics 26 (1). ISSN 1540-7942. http://www.scethics.org/journal-sce.