Orígenes

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Orígenes.

Orígenes (gr.: Ὠριγένης Ōrigénēs; lat.: Origenes Adamantius; en algunos textos antiguos, también Horigenes o bien Origines; Alejandría, 185 - Tiro o Cesarea Marítima, 254) es considerado un Padre de la Iglesia oriental,[1] destacado por su erudición y, junto con San Agustín y Santo Tomás uno de los tres pilares de la teología cristiana.

Vida[editar]

Hijo de San Leonides (forma jónica, no la dórica "Leónidas"), nació en Alejandría, y fue discípulo de Clemente de Alejandría y de Ammonio Saccas. Orígenes enseñó el cristianismo a paganos y cristianos. Viajó a Palestina en el año 216, tras ser invitado a dar conferencias sobre las escrituras, pues se caracterizaba por su gran erudición, llegando a ser un gran exégeta.

Nombrado profesor de catecúmenos y director de la escuela teológica de Alejandría, disfrutó de un periodo de creatividad hasta su enfrentamiento con el obispo local, Demetrio, que le llevó a exiliarse a Cesarea de Palestina. La causa, según lo sabemos por Eusebio y Focio, de este enfrentamiento fue la ordenación sacerdotal que Orígenes recibió en Cesarea, sin conocimiento de Demetrio, por parte de Teoctisto de Cesarea y Alejandro de Jerusalén.[2]

Hay que tener en cuenta que, según las ideas de la época, Orígenes no podía recibir las órdenes por ser eunuco, ya que se dice que se castró el mismo en su juventud, en un arrebato de ascetismo.[3]

En el año 248 escribió ocho libros Contra Celso (gr.: Κατὰ Κέλσου; lat.: Contra Celsum), para refutar las tesis del filósofo griego. En el año 250 fue encarcelado durante las persecuciones emprendidas por el emperador Decio. Fue sometido a tortura durante un año y murió cuatro años después como consecuencia del maltrato sufrido.

Obra conservada[editar]

Gracias a la ayuda de un mecenas, Ambrosio, en Ceasarea Orígenes pudo dedicarse a dictar muchos comentarios escriturísticos, tratados de teología y homilías.

Pero la mayor parte de sus escritos se ha perdido, a causa de las violentas polémicas que se desencadenaron en torno a su ortodoxia ya pocos años después de su muerte. El golpe decisivo lo dio el Concilio de Constantinopla de 553, que ordenó la destrucción de sus obras. Por eso, las que nos ha llegado en su redacción griega original son (relativamente) pocas - quizás entre 10 y 20 por ciento del total. De muchas se han recuperado solo citas en florilegios y cadenas exegéticas, en la antología llamada Filocalía realizada por san Basilio Magno y Gregorio Nacianzeno en la segunda mitad del siglo IV y en citas de otros autores antiguos. Además, algunas obras suyas, como el tratado Sobre la oración se han encontrado en los papiros de Tura. De la Hexapla, el tratado Sobre los principios y la Defensa del Cristianismo sobreviven solo fragmentos.

El 11 de junio de 2012 se anunció el descubrimiento del texto original de una colección de 29 homilías inéditas de los salmos de Orígenes en el manuscrito Monacensis graecus 314 del siglo XI, descubierto por la investigadora italiana Marina Molin Pradel en la Bayerische Staatsbibliothek de Múnich. Las homilias no llevan el nombre del autor a causa, seguramente, de la damnatio memoriae con que fue castigado Orígenes.

A pesar de la condena y de las polémicas, se conserva un buen número de traducciones latinas, realizadas por San Jerónimo y Rufino. Entre ellas destaca el tratado contra el filósofo pagano Celso. Además, ambos autores se han inspirado a menudo en las obras de Orígenes.

En particular, de los ciclos de homilías predicadas por Orígenes en los años en torno del 240 en la Iglesia de Cesarea de Palestina, solo de algunas acerca de Jeremías se conocía el original griego, frente a colecciones sobre Génesis, Números y otros libros bíblicos conocidas solo en traducción latina.

Orígenes fue el más grande representante de las cartas cristianas en el mundo antiguo y su influencia fue inmensa en la reflexión doctrinal y en la espiritualidad en general, en Oriente y Occidente, en la medida en que se ejerció antes de la condena definitiva. Esta fue consecuencia del clima de absoluta intolerancia que se instauró, sobre todo en Oriente, a partir del siglo V. La condena perjudicó durante largos siglos su fama y provocó la desaparición de buena parte de sus obras, sobre todo de los originales griegos. En Occidente Orígenes fue estimado por algunos humanistas, especialmente Erasmo ("aprendo más de una página de Orígenes que de diez de Agustín"), pero fue presa de las iras de los reformadores, ya que su valiente afirmación del libre arbitrio se oponía frontalmente al rígido concepto de predestinación de Lutero y de Calvino.[4]

En sus libros, aseveró que conocía más de veinte versiones de los Evangelios, quejándose por el pésimo estado de conservación de esos documentos y por las malas interpretaciones que hacían aquellos encargados de copiarlos. En su libro Sobre los principios, refiriéndose a estos, dice:

Hay cosas que se nos refieren como si fueran históricas y que jamás han sucedido y que eran imposibles como hechos materiales y otras, aun siendo posibles, tampoco han sucedido.

Contrario a lo que afirman teosofistas como Geddes MacGregor (1978), Orígenes era contrario a la doctrina de la reencarnación. Conocedor del concepto a partir de la filosofía griega, afirma que la transmigración "...es ajena a la Iglesia de Dios, no enseñada por los apóstoles, y no apoyada por las Escrituras" (comentario al Evangelio de Mateo, 13:1:46–53).
Las teorías que se plantearon posteriormente sobre sus trabajos fueron motivo de controversias, en especial durante la Edad Media. Fue un afanoso combatiente de las teorías anticristianas de Celso.
En su Comentario sobre el Evangelio de Juan (libro II, capítulo II ), Orígenes afirma que el Logos (El Verbo de Dios) es theos (dios) sin el artículo definido ("el"), en cambio el Padre es ho theos (el Dios) con artículo. En la Teología de Orígenes el Hijo de Dios es subordinado al Padre, tendencia presente en otros autores del período; esta tendencia subordinante puede ser considerada, sin embargo, ortodoxa.

Ya que nosotros que decimos que el mundo visible está bajo el gobierno del que creó todas las cosas, declare así que el Hijo no es más fuerte que el Padre, sino inferior a Él. Y esta creencia que basamos en el refrán de Jesús mismo, «el Padre que me envió es mayor que yo». Y ninguno de nosotros es tan insano para afirmar que el Hijo del hombre es el Señor sobre Dios.

Contra Celso libro VIII, 15

[...] Y aunque podamos llamarlo "segundo" Dios (deuteros Theos), permítanos hacerles saber que por el término "segundo Dios" no queremos decir nada más que una virtud capaz de la inclusión de todas otras virtudes, y una razón capaz de contener toda la razón en absoluto que existe en todas las cosas [...]

Contra Celso Libro V, 39

En esta cita se puede resumir lo que él afirma sobre el ser de Dios:

Dios «ni siquiera participa del ser»: porque más bien es participado que participa, siendo participado por los que poseen el Espíritu de Dios. Asimismo, nuestro Salvador no participa de la justicia, sino que siendo la Justicia, los que son justos participan de él. Lo que se refiere al ser requiere un largo discurso y no fácilmente comprensible, particularmente lo que se refiere al Ser en su pleno sentido, que es inmóvil e incorpóreo. Habría que investigar si Dios «está más allá del ser en dignidad y en poder» (Plat. Rep. 509b) haciendo participar en el ser a aquellos que lo participan según su Logos, y al mismo Logos, o bien si él mismo es ser, aunque se dice invisible por naturaleza en las palabras que se refieren al Salvador: «El cual es imagen del Dios invisible» (Col 1, 15), donde la palabra «invisible» significa «incorpóreo». Habría que investigar también si el unigénito y primogénito de toda criatura ha de ser llamado ser de los seres, idea de las ideas y principio, mientras que su Padre y Dios está más allá de todo esto.

Contra Celso libro VI, 64

En esta cita se muestra su visión del Espíritu Santo:

Si es verdad que mediante el Verbo «fueron hechas todas las cosas» (cf. Jn 1, 3), ¿hay que decir que el Espíritu Santo también vino a ser mediante el Verbo? Supongo que si uno se apoya en el texto «mediante él fueron hechas todas las cosas» y afirma que el Espíritu es una realidad derivada, se verá forzado a admitir que el Espíritu Santo vino a ser a través del Verbo, siendo el Verbo anterior al Espíritu. Por el contrario, si uno se niega a admitir que el Espíritu Santo haya venido a ser a través de Cristo, se sigue que habrá de decir que el Espíritu es inengendrado... En cuanto a nosotros, estamos persuadidos de que hay realmente tres personas (hypostaseis), Padre, Hijo y Espíritu Santo; y creemos que sólo el Padre es inengendrado; y proponemos como proposición más verdadera y piadosa que todas las cosas vinieron a existir a través del Verbo, y que de todas ellas el Espíritu Santo es la de dignidad máxima, siendo la primera de todas las cosas que han recibido existencia de Dios a través de Jesucristo. Y tal vez es ésta la razón por la que el Espíritu Santo no recibe la apelación de Hijo de Dios: sólo el Hijo unigénito es hijo por naturaleza y origen, mientras que el Espíritu seguramente depende de él, recibiendo de su persona no sólo el ser sino la sabiduría, la racionalidad, la justicia y todas las otras propiedades que hemos de suponer que posee al participar en las funciones del Hijo [...]

Comentario en Juan libro II, 10

Las enseñanzas de Orígenes contienen muchas especulaciones sobre temas en que la Iglesia de su época no se había definido. Algunas de sus ideas especulativas, como la apocatástasis, fueron consideradas erróneas a la luz del desarrollo posterior de la doctrina católica, que por otra parte ha aceptado la validez del resto de sus enseñanzas. En sus exégesis trataba de descubrir el significado profundo representado en las Sagradas Escrituras (su sentido alegórico, espiritual). Uno de sus principales métodos era la traducción de los nombres propios que, siguiendo un método ya aplicado por Filón de Alejandría, hacía posible, según Orígenes, el hallazgo del significado profundo de cada suceso histórico narrado por la Biblia; pero Orígenes simultáneamente insistía en el correcto significado gramatical de los textos como fundamento de cualquier exégesis. [cita requerida]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Benedicto XVI (2007). «Orígenes». Catequesis sobre los Padres de la Iglesia
  2. Henri Crouzel, Orígenes, pp. 29 ss.
  3. Hubert Jedin, id, vol I, cap XIX, pág 351.
  4. Manlio Somonetti, Orígenes reencontrado, L'Osservatore Romano, Nr. 25, 17 junio 2012, edición castellana.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Orígenes: Contra Celso (gr.: Κατὰ Κέλσου; lat.: Contra Celsum).
    • Texto francés, con introducción en este idioma, en el mismo sitio.