Metempsicosis

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La Metempsicosis o metempsícosis es una antigua doctrina filosófica griega basada en la idea tradicional de la constitución triple del ser humano (espíritu, alma y cuerpo) que dice del traspaso de ciertos elementos psíquicos de un cuerpo a otro, luego de ocurrida la muerte de un ser. Fue mantenida por el orfismo y el pitagorismo y aceptada por Empédocles, Platón, Plotino y los neoplatónicos, que hallaron en ella un modo apto para justificar la teoría de la preexistencia del alma que desembocaría, en Platón, en la teoría de la Reminiscencia.

La palabra Metempsicosis viene del griego μετεμψύχωσις (latín: metempsychosis), compuesto de: μετα- (meta) - junto a, después de, entre; Éν- (en, dentro) - este cambia a m antes de p por eufonía; Ψυχη (psyche = alma) y -ωσις (-osis = formación, impulso o conversión). Es frecuentemente traducida como "reencarnación", sin embargo ambos términos se refieren a cosas distintas. Podría traducirse como "paso del alma".

Se trata de la herencia directa o indirecta de las características psicofísicas del fallecido, características que no lleva con él al morir y que no son una parte de su esencia verdadera, sino sólo su vehículo pasajero y más exterior.[1]

Índice

Descripción [editar]

Consiste en lo siguiente: hay en el hombre elementos psíquicos que se disocian después de la muerte, y que pueden pasar entonces a otros seres vivos, hombres o animales, sin que eso tenga más importancia, en el fondo, que el hecho de que, después de la disolución del cuerpo de ese mismo hombre, los elementos que le componían puedan servir para formar otros cuerpos; en los dos casos, se trata de elementos mortales del hombre, y no de la parte imperecedera que es su ser real, y que no es afectado de ninguna manera por esas mutaciones póstumas.[2]

La disolución que sigue a la muerte no recae solo sobre los elementos corporales, sino también sobre algunos elementos que se pueden llamar psíquicos. Estos elementos (que, durante la vida, pueden haber sido propiamente conscientes o solo «sub-conscientes») comprenden concretamente todas las imágenes mentales que, al resultar de la experiencia sensible, han formado parte de lo que se llama memoria e imaginación: estas facultades, o más bien estos conjuntos, son perecederos, es decir, sujetos a disolverse, porque, al ser de orden sensible, son literalmente dependencias del estado corporal; por otra parte, fuera de la condición temporal, que es una de las que definen este estado, la memoria no tendría evidentemente ninguna razón de subsistir.[3]

Los espiritualistas, aunque afirman falsamente la antigüedad de la teoría reencarnacionista, dicen bien que no es idéntica a la metempsicosis; pero, según ellos, solo se distingue de ella en que las existencias sucesivas son siempre "progresivas", y en que deben considerarse exclusivamente los seres humanos [4] :

Hay entre la metempsicosis de los antiguos y la doctrina moderna de la reencarnación, esta gran diferencia, a saber, que los espíritus rechazan de manera absoluta la transmigración del hombre en los animales, y recíprocamente.(Le Livre des Espirits, p. 96)

Allan Kardec

Generalmente se le confunde con la doctrina de la transmigración de las almas y con la idea de reencarnación. Dice Papus, respecto a la confusión con la reencarnación:

«Es menester no confundir jamás la reencarnación y la metempsicosis, puesto que el hombre no retrograda y el espíritu no deviene jamás un espíritu de animal, salvo en el plano astral, en el estado genial, pero esto es todavía un misterio».[5]

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René Guénon, filósofo francés, respecto a esta misma confusión, diferenciando la metempsicosis de la reencarnación:

Entiéndase bien que, cuando se habla de reencarnación, eso quiere decir que el ser que ha estado ya incorporado retoma un nuevo cuerpo, es decir, que vuelve al estado por el que ya ha pasado; por otra parte, se admite que eso concierne al ser real y completo, y no simplemente a los elementos más o menos importantes que hayan podido entrar en su constitución a un título cualquiera.[6]

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Referencias literarias [editar]

El término se utiliza como leitmotiv en la novela Ulises, del escritor irlándes James Joyce. También aparece en la novela Ana Karenina de León Tolstói, como la religión de Dolly Oblonski. Edgar Allan Poe hace referencia a ella en algunas de sus obras, incluso uno de sus cuentos se titula Metzengerstein. Eduard Raban utiliza el concepto explícitamente en el segundo acto de Los Enemigos,[7] su versión restaurada del drama inmortal de Jaromir Hladík: la idea de transmigración del alma es utilizada como punto de partida al proceso de anamnesis que le permite concebir la multiplicidad de almas enfrentadas que puede albergar un solo cuerpo, un solo nodo. Rudyard Kipling, en El mejor relato del mundo, aborda las vivencias de un ciudadano en otros cuerpos. Tambien Guy de Maupassant en "Le docteur Héraclius Gloss" (1875), una fábula sobre la metempsicosis.

Marcel Proust también, en las primeras páginas de su obra Por el camino de Swann, se recrea sobre la metempsicosis entre los sueños y la vida "real"

Referencias [editar]

  1. Ananda Coomaraswamy, "La venida del espíritu al nacimiento", p. 7
  2. René Guénon, "El error espiritista", p. 157.
  3. René Guénon, El error espiritista, p.159
  4. René Guénon, El error espiritista, p. 152
  5. La Réincarnation, p. 9.
  6. El error espiritista, p. 157.
  7. «Ser el Enemigo » Archivo del Blog » 3. Catalizador: “Los Enemigos”».

Véase también [editar]