República (Platón)

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Fragmento de la República de Platón; papiro hallado en Oxirrinco, Egipto.

República (en griego, Πολιτεία (Politeia), de polis, que significa ciudad-estado cuya traducción sería más acorde al título original en lugar de República) es la más conocida e influyente obra de Platón, y es el compendio de las ideas que conforman su filosofía. Se trata de un diálogo entre Sócrates y otros personajes, como los discípulos o parientes del propio Sócrates. La obra está compuesta por diez libros, separados sin correspondencia con los cambios en los temas de discusión que se presenta.

La ciudad-estado ideal[editar]

El tema central de la República es la reflexión sobre la justicia, que lleva a Platón a abordar la organización de la ciudad-estado ideal. Según Platón, ésta debe estar dividida jerárquicamente en tres clases: en la parte inferior, la clase de los trabajadores manuales; la posición intermedia la ocupa la clase de los guerreros; y en la cúspide, la clase de los dirigentes. Estos últimos, formados en la filosofía para alcanzar «al fin la visión intelectual del Bien absoluto y el límite extremo del mundo inteligible», salen de los guerreros, por lo que se podría decir que las tres clases no forman más que dos: un grupo superior de guardianes —guardianes-auxiliares y guardianes-filósofos, en cuya cima se podría encontrar el filósofo rey— y un grupo inferior de productores destinados a abastecer a aquéllos.[1]

Platón justifica la división en clases rígidamente separadas con el argumento de que es imposible que un mismo hombre pueda desempeñar dos oficios a la vez, con lo que se opone al concepto mismo de ciudadano, en el que se basaba la polis griega clásica, y cuestiona los fundamentos de la democracia: «Por ello es característico de nuestro Estado que el zapatero sea sólo zapatero y no a la vez timonel, el labrador sea labrador y no sea a la vez juez, y el guerrero, guerrero, y no comerciante a la vez que guerrero» (III, 9).[1] Y además de esa división deriva la Justicia, pues según Platón ésta consiste «en que cada uno haga lo que le corresponde hacer».[2]

Para conseguir que todos acepten su posición, especialmente la tercera clase de los productores, los guardianes-filósofos están autorizados a mentir —«sólo a los gobernantes pertenece el poder mentir, a fin de engañar al enemigo o a los ciudadanos en beneficio del Estado»— y deben inventar un mito fundacional para justificar la división, como el siguiente:[2]

Vosotros, ciudadanos del Estado, sois todos hermanos. Pero la divinidad, cuando os moldeó, puso oro en la mezcla con la que se generaron aquellos capacitados para gobernar, siendo de tal forma del más alto valor; plata en los auxiliares; hierro y bronce en los campesinos y demás artesanos». Y si alguien, a pesar de todo, desafiara el orden establecido los jueces lo condenarán a muerte.

En la ciudad-estado ideal platónica los guardianes —los guerreros y los dirigentes-filósofos— se rigen por un régimen de comunismo integral —que no se aplica a la clase inferior— ya que no poseen nada en propiedad —de esa forma se evitaba el amor por las riquezas, causa de muchas injusticias— y reciben una educación controlada por el Estado que no es sólo física, como en Esparta —cuyo modelo Platón tenía en mente—, sino también «intelectual», para hacerles llegar a la verdad que se esconde tras las falsas apariencias. Asimismo el Estado es quien les asigna las mujeres —pertenecientes al grupo superior—, al margen de cualquier vínculo matrimonial, con las que debían procrear niños dignos de defender y dirigir la ciudad, creándose así una comunidad de mujeres y de niños, que Platón justificó como un medio de regular las nacimientos y de garantizar la paz y la concordia entre los guardianes, que estarán así «libres de todas las querellas a que el dinero, los niños y los familiares dan lugar» (V,12).[1]

El Estado es, pues, el que regula las uniones sexuales entre varones y mujeres para asegurarse, como se hace con la cría del ganado, de «que los mejores individuos de uno y otro sexo se relacionen entre sí las más de las veces, y los inferiores con los inferiores; además, es preciso criar a los hijos de los primeros y no a los de los segundos, si se quiere que el rebaño no degenere». Y ello se hará recurriendo al engaño para evitar las quejas de los menos afortunados: «Se sacarán a suerte los esposos, haciéndolo con tal maña, que los súbditos inferiores achaquen a la fortuna y no a los gobernantes lo que les ha correspondido». Por otro lado, si un hijo fuera concebido con una mujer que no fuera la que le ha asignado el Estado será considerado ilegítimo y por tanto la madre deberá «abandonarlo porque el Estado no se hará cargo de alimentarlo». En cuanto a los hijos nacidos de las uniones reguladas, los «de los mejores ciudadanos serán llevados al redil común y confiados para su cuidado a ayas, que habitarán en un lugar separado del resto de la ciudad. En cuanto a los hijos de los súbditos inferiores, lo mismo que respecto de los que nazcan con alguna deformidad, se los ocultará, pues así es conveniente, en algún sitio secreto que estará prohibido revelar». De la educación de los niños «aptos» se encargará una institución del Estado desapareciendo cualquier relación con los padres.[2]

Platón describe un modelo de ciudad-estado ideal pero deja abierta la posibilidad de que se pueda aplicar. Así pone en boca de Sócrates lo siguiente:[1]

No habrá mi querido Glaucón, disminución de los males que desolan los Estados, ni siguiera de los que afectan al género humano, a menos que los filósofos sean reyes de los Estados, o que los que ahora se dicen reyes y soberanos pasen a ser verdaderos y serios filósofos, y se vean reunidas en los mismos hombres la potencia política y la filosofía, junto con una ley rigurosa que aparte de los asuntos públicos a la gran cantidad de hombres cuyo talento les lleva a dedicarse a una o a otra cosa exclusivamente; antes de todo esto la constitución que idealmente acabamos de trazar, en la medida que sea realizable, no nacerá, ni verá la luz del día.

Historia de edición[editar]

Según Cicerón, la República de Platón es el primer libro de la filosofía griega. No obstante, posteriormente Aristóxeno acusó a Platón de plagio debido a las similitudes con El Antilogikoi o Peri politeias de Trasímaco. [cita requerida]

Aulo Gelio cuenta en sus Noches antiguas que los dos primeros libros fueron editados aparte y que Jenofonte sólo se opuso a su Cyropaedia. Estos elementos muestran que los distintos libros de la República fueron escritos en diferentes momentos. Parece ser que el primer y el décimo libro no pertenecen al plan original de la obra; no obstante, la unidad en su totalidad parece contradecir esta tesis.

Personajes[editar]

En la obra participan diferentes personajes: Sócrates, Glaucón, Polemarco, Trasímaco, Adimanto, Céfalo y Clitofonte.

El texto de Nag Hammadi[editar]

El quinto documento del VI Códice (NH VI 48–51) es un fragmento de La República de Platón (588b–589b), un pasaje ya conocido en la antigüedad. No sólo es citado por Plotino (Enéadas, I.1.7), sino que Proclo hace alusiones numerosas de él en su comentario sobre La República, y también puede ser encontrado en Eusebio de Cesarea y Estobeo (Antología, III, 9). Como expresión vívida y concisa de la antropología platónica, hay razones para creer que este pasaje era parte de una antología de textos filosóficos usados en las escuelas. Debido a que su traductor copto entregó el pasaje casi irreconocible, se tardó casi veinticinco años en identificarlo. No existe ninguna otra versión copta de este o de cualquier texto de Platón.[cita requerida]

De acuerdo a los elementos que el traductor introdujo en el texto, hay razones para creer que esta traducción fue hecha en un ambiente donde corrían las historias de los arcontes y los conceptos antropológicos valentinianos. El tema de la creación por la palabra (49,31–32), que es un leitmotiv verdadero del Apócrifo de Juan, podría ser conocido por el escritor. La naturaleza ecléctica de este ambiente puede reflejar el contexto para la colección entera de Nag Hammadi.

Fragmento conservado[editar]

[48] Ya que hemos llegado a este punto en la discusión, retomemos las primeras cosas que habíamos dicho, y encontraremos que dice: «Es bueno aquel al que se ha hecho perfectamente injusticia; es glorificado según derecho». ¿No es así como ha sido probado? Hasta aquí es cierto el modo que invita. Y yo digo: «Manteniendo la firmeza hemos tomado la palabra ya que él ha dicho que el que comete injusticia y el que actúa con justicia, tienen cada uno un poder». ¿Y cómo es eso? Él dice: «es una imagen parecida al logos del alma, para que comprenda aquel [49] 1 que [tiene] eso dice [...] [...] es en efecto aquél que [hace] 3 [...] o no [...] es por mí».
Pero todos los [relatos] que han contado [...] 6 sobre arcontes, se han convertido en realidad y la Quimera y el can Cerbero y todos los otros de los cuales 10 se habla: bajaron 11 todos, produjeron las formas y las semejanzas y se convirtieron en 14 una sola semejanza. Ellos 15 dicen: «¡ A mantener la obra!» Ciertamente, es una semejanza única la que se ha convertido en 18 imagen de una bestia, 19 mudable, con numerosas cabezas. Ciertos días se parece a una bestia salvaje. Pues, puede rechazar 23 el primer parecido de 24 todas estas figuras difíciles e incómodas y de ellas 26 emana en una 27 obra, 28 perfilándola 29 con esplendor, y 30 el resto de la 31 semejanza trabaja ahora 32 por la palabra. Ahora 33 en efecto, es un solo parecido, 34 otro es el parecido del león, 35 y otro soy el parecido del hombre [50] 1 [u]no [...] 2 [...] unir [...] este 3 [c]ambio, bien más que 4 [el prime]ro. Y el segundo 5 [...] ha sido trabajado. 6 [M]antenemos pues, unidos, uno 7 y el otro y los hacemos 8 únicos porque son tres modos 9 que crecen juntos 10 y todos ocurren en una presencia 11 única, al exterior de la imagen 12 del hombre, como por aquel 13 que no pueden ver 14 lo que está en su interior, pero es lo que 15 sólo soy al exterior que ve. 16 Y aparece que el ser 17 viviente es su parecido y 18 que ha sido trabajado 19 en un parecido de hombre.
Y yo digo 20 al que ha dicho que es útil 21 al hombre cometer la injusticia: 22 Los que cometen la injusticia se interponen, 23 no sirven para nada ni 24 yo les soy de ningún provecho. Pero 25 lo que es ventajoso, es 26 rechazar el parecido de bestia 27 mala y destrozar 28 los parecidos con el león. 29 Pero el hombre es débil 30 y todo lo que él 31 hace es tan débil 32 que es arrastrado 33 hacia el lugar donde transcurre el día con las bestias. [51] 1 [Y] él [...] 2 [há]bito [de] 3 él en un [...] 4 pero hace 5 [...] las enemistades en [...] 6 tal como un combate por 7 él entablado a causa 8 de eso. Es todo eso 9 en efecto lo que digo a quien quiera hacer 10 la alabanza de la injusticia. 11 Por consiguiente, pues, ¿lo que dice 12 en cuanto a la justicia, 13 no es aprovechable? Si él 14 lleva estas cosas a la práctica y se refiere a ellas, 15 dentro del hombre 16 dominarán con fuerza. 17 Porque busca más allá de él 18 preocuparse por ellas y mantenerse 19 en vida, como también el 20 labrador mantiene en vida su 21 producción cada día y 22 las bestias salvajes 23 le impiden crecer.

Referencias[editar]

  1. a b c d Mossé, Claude (1984) [1976]. «Los orígenes del socialismo en la Antigüedad». En Jacques Droz (dir.). Historia general del socialismo. De los orígenes a 1875. Barcelona: Destino. pp. 93–97. ISBN 84-233-1305-0. 
  2. a b c Dal Maschio, E. A. (2015). Platón. La verdad está en otra parte. Depósito legal: B 28034-2014. Barcelona: Batiscafo-El País. pp. 78–96. «Queda así dibujado el Estado ideal. Una comunidad con tres clases rígidamente separadas, en la que no hay lugar para la riqueza (no hay que superar lo estrictamente necesario), donde el poder censura aquellos contenidos considerados inapropiados, donde la unión entre hombres y mujeres está sujeta a los designios del Estado, en la que los hijos separan de los padres y se cancela toda dimesión humana en la procreación, donde se censuran la risa y los placeres por ser poco edificantes, en la que a la inmensa mayoría de la población no le está reservada otra misión que la de obedecer y producir, donde los enfermos o los «mal constituidos físicamente» son dejados morir para no convertirse en una carga… Aunque al lector incauto pueda parecerle una pesadilla digna de Orwell, no debe dejarse engañar, pues «en la general prosperidad y buena administración del Estado, cada una de las clases podrá participar de la felicidad en la medida en que la naturaleza se lo concede». Lástima que nos se nos aclare si, en una comunidad así, esa felicidad que se nos ha concedido es mucha, poca, o más bien ninguna». 

Bibliografía[editar]

  • Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen IV: República. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1027-3. 
  • Textos herméticos. traducción del Griego Francesc Xavier Renau Nebot. Incluye Corpus Hermeticum [Anexo del Códice VI Nag Hammadi. La Ogdóada y la Enéada], Extractos de Estobeo, Asclepio [Anexo. Nag Hammadi VI 8: Fragmento del Lógos téleios], Fragmentos diversos, Definiciones Herméticas Armenias, Apéndices e Índices de nombres propios y de la doctrina Hermética, 1999 [1ª edición, 2ª impresión]. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2246-7. 

Enlaces externos[editar]

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  • Texto español, con índice electrónico, en el sitio de la Biblioteca Virtual Antorcha.
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    • Texto francés, con anotaciones en este idioma, en el sitio de Philippe Remacle (1944 - 2011): trad. de Victor Cousin; ed. en París. Los números en azul entre corchetes son rótulos activos que sirven para cambiar al griego.
      • Libros: I; II; III; IV.
        • Texto griego en el mismo sitio. Los números en azul entre corchetes son rótulos activos que sirven para cambiar a la traducción francesa de Cousin.
        • Texto griego en el sitio de la Bibliotheca Augustana (Augsburgo): I; II (incompleto).
    • Texto francés, con anotaciones en el mismo idioma, en el mismo sitio: trad. de Robert Baccou.
      • Libros: V; VI. Los números en azul que no aparecen entre paréntesis son rótulos activos que sirven para cambiar al griego.
        • Texto griego en el mismo sitio.
          • Libros: V; VI. Los números en azul entre corchetes son rótulos activos que sirven para cambiar a la traducción francesa de Baccou.
        • Texto bilingüe griego - francés, con anotaciones en este idioma, en el mismo sitio: trad. francesa de Cousin.
    • Texto francés, con anotaciones en el mismo idioma, en el mismo sitio: trad. de de Robert Baccou.
      • Libro VIII. Los números en azul que no aparecen entre paréntesis son rótulos activos que sirven para cambiar al griego.
        • Texto griego en el mismo sitio.
          • Libro VIII. Los números en azul entre corchetes son rótulos activos que sirven para cambiar a la traducción francesa de Baccou.
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