Purgatorio

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Representación artística del purgatorio.
Virgen del Carmen rodeada de ángeles que rescatan a las almas del Purgatorio. Escultura barroca de Dupar, Beniaján (España).

El Purgatorio, es un concepto religioso con especial presencia en la teología católica y la copta. No es un espacio físico[1] y se define como un estado transitorio de purificación y expiación donde, después de la muerte, las personas que han muerto sin pecado mortal pero que han cometido pecados leves no perdonados o graves ya perdonados en vida pero sin satisfacción penitencial de parte del creyente, tienen que purificarse de esas manchas a causa de la pena temporal contraída para poder acceder a la visión beatífica de Dios.

Debido a que todo aquel que entra en el Purgatorio terminará entrando al Cielo tarde o temprano, el purgatorio no es una forma de infierno. Las plegarias a Dios por los muertos, la celebración de eucaristías y las indulgencias pueden acortar la estadía de una o varias almas que estén en dicho estado.

El tipo de penas que se padecen son equivalentes a las del infierno, en el sentido que se siente la lejanía de Dios, pero no son eternas y purifican porque la persona no está empedernida en una opción por el mal. Por eso el Purgatorio es la purificación final de los elegidos, la última etapa de la santificación.

Uno de los máximos diferenciales del cristianismo frente a otras opciones religiosas es el perdón de los pecados en vida mediante la Absolución gracias al sacramento de la confesión, que reduce el tiempo en el Purgatorio. Dando continuidad en el tiempo a estas convicciones prácticas que han ido sumando fieles desde el principio de su existencia, en el año 2013 el Pontífice católico, Papa Francisco anunció una acción de Proselitismo religioso mediante la cual se otorgarán[2] [3] indulgencias colectivas mediante el uso de las Redes Sociales, concretamente Twitter, con la consiguiente reducción de tiempo en el purgatorio para los pecadores arrepentidos.

El purgatorio en la Biblia[editar]

Representación artística en el cuadro titulado El Purgatorio del pintor venezolano Cristóbal Rojas

La Iglesia Copta Ortodoxa cree que las almas, después de la muerte, esperan el Juicio Final, en un lugar que no es el Paraíso ni tampoco el Hades. La Iglesia Católica recuerda las palabras de Jesucristo referidas en Lucas 12:58-59: “Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo»”. Se argumenta que si del infierno no se puede salir, debe existir un lugar donde se cancele esa deuda, pues además, hablando de la “Jerusalén Celestial”, el libro Apocalipsis dice: “Nada manchado entrará en ella” (Ap. 21, 27). Luego, con la parábola del funcionario que no quiso perdonar, en Mateo 18:21-35, Jesús compara el Reino de los Cielos con alguien que pide perdón pero niega hacerlo; aun así advierte que el hombre puede cumplir su deuda: “Y tanto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano»”(Mateo 18:34-35). Cabe recordar incluso que Jesucristo enseñó a orar poniendo la condición de ser perdonados, perdonando: “…y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;” (Mateo 6:12). Así, como en el Cielo no hay “verdugos” que cobren la deuda, el catolicismo concibe un lugar intermedio donde los salvados purifiquen las deudas pendientes.

Existe otro pasaje en el que Jesucristo habla de la existencia de otro mundo después de éste, donde se perdonan los pecados: "Dios perdonará incluso a aquel que diga algo contra el Hijo del hombre; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no lo perdonará ni en el mundo presente, ni en el venidero". (Mateo 12, 32).

Hay además algunos teólogos y místicos que señalan que el purgatorio se vive aquí en la tierra, siendo experimentada la purificación después de la muerte mientras que se vaga como alma en pena. Los vivos no podrían ver a las almas en pena salvo algunas excepciones. En este sentido, alma en pena pareciera corresponder al concepto de fantasma. Al respecto, el Apocalipsis anuncia: “El Anciano me replicó: «Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero»”. (Apocalipsis 7:14).

El purgatorio en el Antiguo Testamento[editar]

El Antiguo Testamento se refiere al concepto en el libro segundo de los Macabeos (12:45): “Pero él presumía que una hermosa recompensa espera a los creyentes que se acuestan en la muerte, de ahí que su inquietud fuera santa y de acuerdo con la fe. Mandó pues ofrecer ese sacrificio de expiación por los muertos para que quedaran libres de sus pecados”.

Este libro -como el resto de los Deuterocanónicos- no es aceptado por los protestantes.

Perspectiva copta y católica[editar]

La Iglesia Copta también arguye los capítulos 6 a 36 del libro de Enoc donde se describe con detalle el purgatorio.

Entre los lugares del Antiguo Testamento protestante que la Iglesia Copta y la Iglesia Católica interpretan como relacionados con la expiación tras la muerte en un purgatorio, están:

Muchos serán purificados, emblanquecidos y refinados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos comprenderá, pero los entendidos comprenderán.

Daniel 12,10

A este tercio lo meteré en el fuego, lo fundiré como se funde la plata, lo probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo lo oiré. Yo diré: 'Pueblo mío'. Él dirá: 'Yahveh es mi Dios'.

Libro de Zacarías 13,9

Desde la perspectiva católica y copta, se piensa que los pasajes anteriores dan a entender que en el "otro mundo" las almas podrán ser purificadas (limpiadas) de la mancha de ciertos pecados, ya perdonados en cuanto a culpa; ese otro mundo no puede ser el infierno, pues en él ya se está condenado; tampoco el cielo pues nada que tenga mancha entrará ahí, por lo que este lugar debe ser un estado temporal.

La Iglesia católica nunca ha enseñado que en el purgatorio se perdonen pecados mortales, sino solo veniales que no mudan al creyente del estado de gracia habitual o santificante, necesaria para salvarse. Pero principalmente se enseña que en el purgatorio se realiza la purificación de las reliquias del pecado.[cita requerida]

Perspectiva protestante[editar]

Según la perspectiva protestante no hay purgatorio ni perdón de pecados después de la muerte, sino que sólo hay dos estados posibles para el alma después de la separación del alma y el cuerpo: el Cielo para aquellos que tuvieron en vida fe en el perdón total de los pecados a través del sacrificio de Cristo, y el infierno para los que no tuvieron fe o la perdieron durante las pruebas de la vida.

Desde esta misma perspectiva, no hay pasajes bíblicos que puedan ser interpretados como la existencia de un estado intermedio entre el cielo y el infierno, tal como el purgatorio.[cita requerida]

La Biblia dice en Hebreos 9:27 : "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" indicaría, según el protestantismo, que una vez que una persona muera, inmediatamente irá al cielo o al infierno.[cita requerida]

Otra cita del Nuevo Testamento con que católicos y coptos explican la existencia del purgatorio es Mateo 12, 31-32:

A cualquiera que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero.

Sin embargo, en el protestantismo esto se interpreta como un énfasis de Jesús en que no habrá perdón, no que existen pecados que después de muerto van a ser limpiados.

De acuerdo con el pensamiento protestante, la idea de purgatorio anula y sustituye el sacrificio de Cristo, que es completo y eterno. Jesús, como Dios Salvador, realizó una obra de redención y remisión de pecados completa a través de su sacrificio en la cruz.[cita requerida]

Perspectiva Ortodoxa[editar]

Según la doctrina de la Iglesia ortodoxa, mientras que en estos últimos siglos algunos niegan el purgatorio o parece que dudan acerca de él, muchos de los que lo admiten dicen que las almas son purificadas y que por tanto son liberadas por los sufragios de los fieles, no mediante penas purificadoras, o por lo menos que estas penas no son suficientes sin los sufragios en favor de los difuntos.

El purgatorio en el magisterio de la Iglesia Católica[editar]

Majestuoso retablo de Ánimas situado en la Iglesia Matriz de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife (España).

La doctrina del Purgatorio ha sido una enseñanza constante del Magisterio de la Iglesia.[4] Además de la Biblia, la Iglesia se apoya en la tradición apostólica para definir una doctrina. En el caso del Purgatorio, el Catecismo cita a san Gregorio Magno y a san Juan Crisóstomo. Pero hay muchas citas sobre el purgatorio en los llamados Padres de la Iglesia, tales como San Gregorio Magno (540–604),[5] San Cesáreo de Arlés (470–543),[6] Tertuliano (155-230),[7] San Cipriano de Cartago (¿200?-258),[8] San Agustín de Hipona (354-430),[9] entre otros.

El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere al Purgatorio o purificación final en los siguintes términos:[10]

Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna, sufren una purificación después de su muerte a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en el gozo de Dios.

Catecismo de la Iglesia Católica, 1054.

La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia[11] y Lyon,[12] que refutaron a los griegos orientales: “Las almas que partieron de este mundo en caridad con Dios, con verdadero arrepentimiento de sus pecados, antes de haber satisfecho con verdaderos frutos de penitencia por sus pecados de obra y omisión, son purificadas después de la muerte con las penas del purgatorio”.

Más extensamente fue formulada en el Concilio de Trento que insiste:[13]

Cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos; aquellas, empero, que tocan a cierta curiosidad y superstición, o saben a torpe lucro, prohíbanlas como escándalos y piedras de tropiezo para los fieles.

Concilio de Trento

También se ha hecho referencia al Purgatorio en el último Concilio Ecuménico, el Vaticano II (1962-1965)[14]

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica[15] dedica un par de puntos que resumen esta doctrina:

El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza. En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, 210-211

La Iglesia católica, usando un lenguaje actual, explica la doctrina del purgatorio en los siguientes términos:[16] [17] [18]

Durante nuestra vida terrena, siguiendo la exhortación evangélica a ser perfectos como el Padre celestial (cf. Mt 5, 48), estamos llamados a crecer en el amor, para hallarnos firmes e irreprensibles en presencia de Dios Padre, en el momento de «la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos» (1 Ts 3, 12 s). Por otra parte, estamos invitados a «purificarnos de toda mancha de la carne y del espíritu» (2 Co 7, 1; cf. 1 Jn 3, 3), porque el encuentro con Dios requiere una pureza absoluta. Hay que eliminar todo vestigio de apego al mal y corregir toda imperfección del alma. La purificación debe ser completa, y precisamente esto es lo que enseña la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio. Este término no indica un lugar, sino una condición de vida. Quienes después de la muerte viven en un estado de purificación ya están en el amor de Cristo, que los libera de los residuos de la imperfección.

Penas del Purgatorio[editar]

Según la doctrina católica hay una diferencia sustancial entre infierno y purgatorio, y éste no es un infierno temporal. Propiamente hablando, sólo en el infierno se da una verdadera pena de daño, ya que ella es el castigo ultraterreno a la aversión actual de Dios, que no se da en las almas del purgatorio. Sin embargo pueden distinguirse:

  • Dilación de la Gloria. Tratada por la tradición teológica como pena de daño, es sin embargo cualitativamente distinta de la que se da en el infierno, y consiste en el aplazamiento del cielo. El alma queda privada de la visión beatífica (visión de Dios) mientras purga sus pecados. Esta pena implica que la presencia en el purgatorio no puede prolongarse en el tiempo hasta más allá del Juicio Final.
  • Pena de sentido. La tradición de los Padres latinos es casi unánime en favor del fuego real y corpóreo, semejante al del infierno, pero no ha sido necesaria todavía una declaración dogmática al respecto. Sí hay argumentos en la tradición, como el cuestionario de Clemente VI a los armenios, donde expresamente se pregunta «...si crees que son atormentados con fuego temporalmente...». En cuanto a si Dios se vale de los demonios para la administración de las penas del purgatorio, Santo Tomás (De purgatorio, Suppl. a.5) explica que no.

Sufragios[editar]

Son las ayudas que los fieles ofrecen a las almas del Purgatorio. Principalmente son:

  • Ofrecimiento de la Misa: Ya sea encargándole la Misa a un sacerdote, ya sea ofreciéndola mentalmente por un difunto.
  • Ofrecimiento de la Comunión: Los católicos, ortodoxos, coptos y luteranos creen que en la comunión se encuentra realmente Cristo. Cuando comulgan (reciben a Cristo), pueden ofrecerlo por reparación de las almas que les falta algo por purificar.
  • Misas gregorianas: Se denominan de esta manera, a la serie de misas en las que se debe interceder por un difunto durante treinta días sin interrupción. Su origen se vincula a un episodio narrado por San Gregorio Magno.[19]
  • Indulgencia plenaria: Limpia todas las “manchas” que nos hayan dejado los pecados ya perdonados. Las indulgencias plenarias se obtienen de manera gratuita. Solamente hace falta realizar la acción indulgenciada, uniéndola a una comunión, un acto de caridad, rezar por las intenciones del Papa (Padre Nuestro, Ave María y Gloria) y confesarte en ocho días. Las principales acciones indulgenciadas son: rezo y meditación del Santo Rosario, en común; rezo-meditación del Vía Crucis, en una iglesia; lectura y meditación de la Biblia, por más de 30 minutos; adoración al Santísimo, más de 30 min. Además es necesario hacer un acto de aborrecimiento total del pecado, tanto mortal como venial (esto no significa no volver a caer, pero sí al menos hacer todo lo posible por llevar una vida recta, pidiendo asimismo ayuda a Dios e intercesión ante Él a los ángeles, a los santos y a los demás fieles para ello, y asistiendo a la Confesión cuando se caiga).

Otros sufragios son: el ofrecimiento de las penas y alegrías, olvidar los insultos y perdonar a los que nos ofenden, ofrecer diversas oraciones, limosna y otras obras de misericordia.

El voto de ánimas[editar]

También llamado acto heroico de caridad, consiste en una donación completa de los efectos satisfactorios ganados con obras buenas, en favor de las almas del purgatorio.

En palabras de San Agustín, todas las obras buenas que se practican en estado de gracia santificante, tienen la virtud de producir cuatro efectos: meritorio, propiciatorio, impetratorio y satisfactorio. El efecto meritorio aumenta la gracia de quien la hace, y no puede cederse. Lo propiciatorio aplaca la ira de Dios; lo impretratorio inclina a Dios a conceder lo que se le pide. Por último, es satisfactoria porque ayuda a satisfacer o pagar la pena por los pecados.[20] Es este último efecto satisfactorio el que se cede a las ánimas del purgatorio, ofreciendo a Dios una compensación por la pena temporal debida. No es un voto riguroso, ni requiere ningún formalismo más allá de hacerlo con el corazón, sino una cesión voluntaria que puede rectificarse en cualquier momento. Tampoco debería decirse heroico pues se gana más de lo que se cede.[21]

Iglesia copta[editar]

La Iglesia Copta, en cambio, acepta la existencia del purgatorio. La única diferencia es que usa otra palabra. La principal base bíblica para afirmar la existencia del purgatorio según esta Iglesia está en el Libro de Enoc[22] en sus capítulos 6 - 36. Escritos antes del 160 a. C., estos se centran en el tema de los Vigilantes y hacen además una descripción detallada del infierno, el purgatorio y el paraíso. En la Iglesia copta tradicionalmente se ofrecen rezos a Dios para que les muestre su misericordia a las almas de los difuntos que padecen en el purgatorio y puedan ingresar al cielo.[cita requerida]

Iglesia ortodoxa[editar]

La Iglesia Ortodoxa no acepta la existencia del purgatorio. Sin embargo, tradicionalmente se ofrecen rezos en favor de los difuntos, pidiendo a Dios que les muestre su misericordia y amor.[cita requerida]

Iglesia protestante[editar]

La mayoría de las iglesias protestantes rechazan la creencia en el purgatorio; de hecho, la Reforma luterana se inició precisamente con la denuncia que Lutero hizo contra la venta de indulgencias. Lutero, fundador del protestantismo, describe el purgatorio como una invención humana que confunde al hombre y le hace creer que hay perdón después de la muerte por medio de la compra de indulgencias y otros mecanismos.

Lutero declaró que los libros deuterocanónicos, como son propios del canon griego de la Septuaginta, sólo son lectura edificante, siguiendo la opinión de Jerónimo.

Como la Iglesia lee los libros de Judit y Tobit y Macabeos, pero no los recibe entre las Escrituras canónicas, así también lee Sabiduría y Eclesiástico para la edificación del pueblo, no como autoridad para la confirmación de la doctrina.

Jerónimo[23]

Asimismo, sigue la opinión de varios Padres de la Iglesia al aceptar el orden del canon de los judíos, como el ya mencionado Jerónimo:

"Este prólogo a las Escrituras puede servir como un prefacio con yelmo [galeatus] para todos los libros que hemos vertido del hebreo al latín, para que podamos saber -mis lectores tanto como yo mismo- que cualquiera [libro] que esté más allá de estos debe ser reconocido entre los apócrifos. Por tanto, la Sabiduría de Salomón, como se la titula comúnmente, y el libro del Hijo de Sirá [Eclesiástico] y Judit y Tobías y el Pastor no están en el Canon."

Jerónimo[23]

"Pero debiera saberse que hay también otros libros que nuestros padres no llaman canónicos, sino eclesiásticos, es decir, Sabiduría, llamado Sabiduría de Salomón, y otra Sabiduría, llamada la Sabiduría del hijo de Sirá, el último de los cuales los latinos llaman por el título general de Eclesiástico... A la misma clase pertenecen el libro de Tobit, y el libro de Judit, y los libros de los Macabeos... todos los cuales se han leído en las Iglesias, pero no se apela a ellos para la confirmación de la doctrina. A los otros escritos les han llamado «apócrifos»;. Estos no han admitido que se lean en las Iglesias."

Rufino[24]

"Está también el Panaretus, esto es la Sabiduría de Salomón, y la Sabiduría de Jesús, publicada en hebreo por el padre de Sirá y posteriormente traducido al griego por su nieto, Jesús hijo de Sirá. Estos son virtuosos y nobles, pero no son contados ni fueron depositados en el arca."

Juan Damasceno[25]

Islam[editar]

En el Islam existen conceptos similares o compatibles con el catolicismo, como el Barzaj, el lugar, período o secuencia de trámites por los que el alma espera el Juicio Final, en lo que Mahoma describe como «las peores horas de la vida de un hombre». La idea de que las almas que van al infierno pueden sufrir allí la purificación y alcanzar el cielo, permite a algunos opinar que el infierno de los musulmanes es más parecido al purgatorio de los católicos que al infierno cristiano. Existe también el Araf, un alto muro o barrera en el que esperan los que han conseguido escapar del infierno, pero no han sido autorizados aún a entrar en el cielo. Asimismo se encuentran en ese lugar fronterizo las almas de los naturalmente inocentes, como los niños o los locos incapaces de distinguir el bien del mal (Azora VII - 44, Sagrado Corán).[cita requerida]

Zoroastrismo[editar]

Otro lugar que responde al mismo concepto es el Hamistagan o Hamestagan del zoroastrismo, donde las almas de los que presentan un balance equilibrado entre sus buenas y sus malas obras, reciben la oportunidad que necesitan para ganar un sitio en el cielo.[cita requerida]

El Purgatorio en la cultura[editar]

Existen numerosas manifestaciones artísticas relativas al purgatorio. Como pueden ser edificios, vidrieras, tallas, retablos, varas de mando de las diversas cofradías, cuadros, obras de orfebrería, y así tenemos muestras iconográficas del purgatorio, en todo tipo de manifestaciones artísticas.

Dante Alighieri menciona al Purgatorio en su obra máxima La Divina Comedia, es una de las tres partes de su obra, y lo imagina como una montaña, dividida en siete rellanos donde la ánimas purgan un pecado distinto; y en la cima se encuentra el Paraíso Terrenal.

Pedro Calderón de la Barca escribió una comedia intitulada 'El purgatorio de San Patricio', basada en leyendas populares acerca del santo y referencias al purgatorio.

La novela La Ciudad del Gran Rey de Oscar Esquivias se ambienta en el Purgatorio.[26]

En la novela japonesa "Umineko No Naku Koro Ni" la bruja Beatrice es capaz de invocar a "Las 7 hermanas del purgatorio" y cada una representa un pecado capital.

En la actualidad en la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio (Roma) se encuentran algunas reliquias, objetos y testimonios sobre las almas purgantes.

Bibliografía[editar]

  • Vallejo Nájera, María (2007). Entre el cielo y la tierra. Historias curiosas sobre el purgatorio. Planeta. ISBN 978-84-08-07107-5. 

Referencias[editar]

  1. http://www.acontecercristiano.net/2011/01/benedicto-xvi-niega-que-el-purgatorio.html
  2. http://www.acontecercristiano.net/2013/07/papa-francisco-perdonara-pecados-y.html
  3. http://www.lavanguardia.com/vida/20130717/54377615063/papa-francisco-perdonara-pecados-twitter.html
  4. El Denzinger o Enchiridion Symbolorum, libro que reúne de manera sucinta los textos y documentos doctrinales de los Papas, los Concilios Ecuménicos y el Magisterio Eclesiástico, desde los comienzos de la Iglesia hasta nuestros días, recoge la enseñanza oficial de la Iglesia sobre la doctrina del Purgatorio en los numerales 456, 535, 570, 723a, 729, 733 (Nota 3), 740, 744, 777, 778, 779, 780, 840, 983, 998, 2147ª.
  5. San Gragorio Magno, Dial. IV, 39.
  6. San Cesáreo de Arlés, Sermo 179.
  7. Tertuliano, De Anima, 58.
  8. San Cipriano de Cartago, Ep. 55, 20.
  9. San Agustín de Hipona, De Civ. Dei, XXI, 13; Enarr. in Ps. 37, 3; Enchir. 69.
  10. El Catecismo de la Iglesia Católica hace referencia al Purgatorio en sus numerales 298, 954, 958, 1030, 1031, 1032, 1054, 1055 y 1371.
  11. Enchiridion Symbolorum, 1239.
  12. Enchiridion Symbolorum, 1274.
  13. Enchiridion Symbolorum 1545. 1563.
  14. Lumen Gentium, 49, 50 y 51.
  15. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica
  16. Cf. Concilio Ecuménico de Florencia, Decretum pro Graecis: Denzinger-Schonmetzer, 1304; Concilio Ecuménico de Trento, Decretum de iustificatione y Decretum de purgatorio: ib., 1580 y 1820.
  17. ACIPRENSA:El Purgatorio, Purificación necesaria para el encuentro con Dios.
  18. Biblia Clerus: Juan Pablo II, Catequesis-Escatología Universal
  19. San Gregorio Magno, Diálogos, IV, 55. (PL 77, 420-421).
  20. Antonio de San José (O.C.D.) (1808). Compendio moral salmaticense según la mente del angelico doctor. Volumen 2. Universidad Complutense de Madrid: Imprenta de la Calle de la Greda. p. 576.  Parámetro desconocido |traductor= ignorado (ayuda)
  21. P. Jorge Loring, S.I.. «Cómo ayudar a los muertos». catholic.net. «Pero yo digo: esto de heroico nada. Porque si dice Cristo: «Los misericordiosos alcanzarán misericordia», y si por hacer yo este acto de misericordia, después voy a tener la misericordia de Dios para conmigo, ¿qué más quiero? Soy yo el que salgo ganando, haciendo un acto de misericordia.».
  22. El Libro de Enoc es parte del Canon de las Escrituras del Antiguo Testamento en esta iglesia
  23. a b Galeatus de la Vulgata
  24. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 3:558
  25. Nicene and Post-Nicene Fathers, 2nd Series, 9:89-90
  26. El Norte de Castilla.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]