Filosofía griega

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Parte de la "Escuela de Atenas", por Rafael Sanzio
Historia de la
filosofía occidental
Períodos
Presocrática
Griega
Helenística
Medieval
Renacentista
Moderna
Contemporánea
Siglos
XVII
XVIII
XIX
XX


La filosofía griega es un periodo de la historia de la filosofía comprendido, aproximadamente, entre el surgimiento de la filosofía occidental en el periodo presocrático (siglo VI a. C.) y la filosofía helenística, que finaliza, según la fecha convencionalmente aceptada, en el año 30 a. C. En ocasiones también se denomina filosofía clásica o filosofía antigua, si bien ese período puede incluir también el pensamiento romano.

Contexto histórico[editar]

La sociedad griega presentaba características peculiares. Una estructura política basada en la polis, una religión politeísta carente de jerarquía y ortodoxia, una clase social emprendedora, dedicada al comercio y al ocio y con amplios contactos con otras culturas del Mediterráneo, así como una desarrollada curiosidad. La unión de estos elementos, junto a un supuesto genio griego propició la aparición de nuevas explicaciones sobre la naturaleza y el ser humano, hasta entonces solamente aclaradas por los mitos y las tradiciones. La expansión de la cultura griega durante el helenismo, su absorción por el Imperio romano, la posterior relación con el cristianismo y su definitiva recuperación en el siglo XIII gracias a traductores como Averroes, así como el interés que durante el Renacimiento se profesó a este conjunto de pensadores, contribuyeron a que la Filosofía griega se continuara estudiando, y a que se convirtiera en uno de los pilares de la cultura occidental.

Etapas[editar]

Presocráticos: el período cosmológico[editar]

La filosofía griega surgió a partir de las primeras reflexiones de los presocráticos, centradas en la naturaleza, teniendo como base el pensamiento racional o logos. El objetivo de los filósofos presocráticos era encontrar el arché, o elemento primero de todas las cosas, origen, sustrato y causa de la realidad o cosmos. La búsqueda de una sustancia permanente frente al cambio, de la esencia frente a la apariencia, de lo universal frente a lo particular será lo que sentaría las bases de las posteriores explicaciones filosóficas.

Los primeros filósofos de este período fueron monistas, en tantos buscaban un único principio o fundamento material de la realidad. Para Tales de Mileto, el primer filósofo según Aristóteles,[1] el agua era esta "materia primordial", basado en el descubrimiento de fósiles de animales marinos tierra adentro[2] y en que el agua es fundamental para la nutrición y el crecimiento de cualquier ser vivo.[1] Anaximandro, por su parte, consideró que era lo ilimitado o indeterminado (ápeiron), a partir de lo cual se van produciendo los opuestos de la naturaleza (en primer lugar lo frío y lo caliente),[1] [2] mientras que para Anaxímenes la materia primordial era el aire,[2] un principio neutral como el ápeiron pero sin carecer de propiedades.[1]

Por otra parte, Pitágoras sostuvo la tesis de que "todas las cosas son números", lo que significa que la esencia y estructura de todas las cosas puede ser determinada encontrando las relaciones numéricas que expresan.[2] Pitágoras se inscribió además en la tradición ófica y sostuvo la novedosa idea de la inmortalidad del alma y de la posibilidad de la transmigración del alma humana después de su muerte a otras formas animales.[1]

Dos grandes presocráticos, iniciadores de la tradición metafísica occidental, fueron Heráclito y Parménides. Heráclito dio cuenta del devenir sensible del universo y postuló la razón (Logos) como principio regulador de este devenir, por cuanto unifica los opuestos. La realidad está en perpetuo cambio, cada opuesto tiende hacia su contrario, en un proceso con orden y medida, según el Logos. Al modo de sus predecesores, concibió al fuego "siempre vivo" como principio o fundamento del universo, aunque entendiéndolo como una imagen del perpetuo devenir, más que como elemento material constitutivo de todas las cosas.[2]

Por el contrario, para Parménides la realidad es una e inmutable. Existe el Ser, mientras que no existe el no-Ser. Establecido esto, el cambio o devenir resulta imposible si no existe el no-Ser (cuya imposibilidad es lógica).[2] Sus argumentos a favor de esta tesis fueron retomados por Platón para justificar su división de la realidad en dos ámbitos: el ámbito ilusorio del cambio y el ámbito real de la permanencia. También Aristóteles rescatará de sus argumentos los tres principios fundamentales de la lógica, el arte de los razonamientos. Parménides entendía la razón como la facultad humana de pensar o razonar,[1] medio para descubrir las propiedades esenciales del Ser (que es uno, inmutable, indivisible, increado, imperecedero, homogéneo), a diferencia de Heráclito que la concebía como orden del universo. Si este último se valía de los sentidos para afirmar cómo es la realidad, para Parménides confiar en ellos nos conduce por la vía del engaño y del error, la vía de la opinión (doxa).[1] Lo que verdaderamente es (el Ser) y cómo es, sólo nos puede ser revelado por medio de la razón.[2]

Posteriormente, algunos filósofos comenzaron a buscar más de un fundamento de la realidad.[2] Entre estos filósofos pluralistas se destacó Empédocles. Éste fundó la doctrina de los cuatro elementos, que perdurará en la filosofía de la naturaleza hasta el siglo XVIII: agua, fuego, tierra y aire, a partir de los cuales los principios movientes "amor" y "odio" componen todas las cosas. El pluralista Anaxágoras, por su parte, sostuvo que todo está compuesto de diminutas partes (homeomerías), ordenadas por una inteligencia (Nôus).

Los atomistas constituyeron la escuela pluralista más importante, con gran influencia en la física post-aristotélica. Sus fundadores, Leucipo y Demócrito, concibieron la realidad compuesta de dos tipos de espacios: uno vacío y una lleno (la materia). Este último está compuesto de átomos, que, como su nombre lo indica, son partículas indivisibles. Todas las cosas visibles están compuestas de átomos unidos entre sí debido a sus distintas formas (esferas o garfios). Pero estas uniones no se producen sino al chocar según movimientos azarosos en el espacio vacío.[2]

Período antropológico[editar]

La escuela sofística primero, y Sócrates después, centrarán sus reflexiones en la ética y la política, así como en la naturaleza del lenguaje, las normas, las leyes y la sociedad. Su interés se separa de la cosmología para centrarse en los asuntos humanos.

Período ontológico-metodológico[editar]

La aparición de grandes pensadores sistemáticos (como Platón y Aristóteles) supondrá la consagración de las primeras grandes concepciones filosóficas, que incluirán una pluralidad de temas, desde la cosmología hasta la política, pasando por la antropología o la ética. Sin embargo, entre todos estos temas destaca el tratamento sistemático de la ontología (teoría del Ser o del ente en cuanto ente) así como los primeros textos que reflexionan sobre el método que ha de seguirse en filosofía, a fin de ponerse en condiciones de producir un conocimiento auténtico, específicamente un conocimiento legítimo de los principios o fundamentos --Cfr. p. ej., La República VI y VII, así como el libro Gamma (Γ) o IV, cap. 4, de la Metafísica[3]

Período helenístico[editar]

Suelen incluirse en esta etapa a las diferentes escuelas posteriores, como los peripatéticos, los escépticos, los cínicos, los epicúreos y los estoicos, todos ellos preocupados principalmente por cuestiones éticas, pero por ello mismo también, necesariamente, por los problemas del conocimiento.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. a b c d e f g Curd, Patricia, «Presocratic Philosophy», en Edward N. Zalta (en inglés), Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2009 Edition edición), http://plato.stanford.edu/archives/sum2009/entries/presocratics/, consultado el 25 de julio de 2009 
  2. a b c d e f g h i von Fritz, Kurt; Rev. Maurer, Armand; Levi, Albert W.; Stroll, Avrum; Wolin, Richard, «Western philosophy» (en inglés), Encyclopædia Britannica Online, http://search.eb.com/eb/article-254701, consultado el 25 de julio de 2009 
  3. Respectivamente, ver Rep. 510s., 533s y Met. 1006a

Bibliografía[editar]

  1. Volumen I: De los comienzos a la época de las luces. 2000. ISBN 978-84-254-2160-8. 
  2. Volumen II: Sócrates y Platón. 2000. ISBN 978-84-254-2161-6. 
  3. Volumen III: Aristóteles y sus sucesores. 2000. ISBN 978-84-254-2162-4. 
  1. Volumen I: Los primeros presocráticos y los pitagóricos. 1999. ISBN 978-84-249-0949-9. 
  2. Volumen II: La tradición presocrática desde Parménides a Demócrito. 1994. ISBN 978-84-249-1032-7. 
  3. Volumen III: Siglo V. Ilustración. 1994. ISBN 978-84-249-1268-0. 
  4. Volumen IV: Platón, el hombre y sus diálogos, primera época. 1998. ISBN 978-84-249-1440-0. 
  5. Volumen V: Platón, segunda época y la Academia. 1992. ISBN 978-84-249-1500-1. 
  6. Volumen VI: Introducción a Aristóteles. 1993. ISBN 978-84-249-1631-2. 

Enlaces externos[editar]