Luis Alberto de Herrera

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Luis Alberto de Herrera
Luis Alberto de Herrera
Luis Alberto de Herrera hacia la década de 1910.

1 de marzo de 1955 – 1 de marzo de 1959
Presidente Luis Batlle Berres (1955)
Alberto Fermín Zubiría (1956)
Arturo Lezama (1957)
Carlos Fischer (1958)
Luis Alberto de Herrera (1959)
Sucedido por Martín Echegoyen (1959)
Asume tras el deceso de Herrera

Datos personales
Nacimiento 22 de julio de 1873
Bandera de Uruguay Montevideo, Uruguay
Fallecimiento 8 de abril de 1959 (85 años)
Bandera de Uruguay Montevideo, Uruguay
Partido Partido Nacional
Cónyuge Margarita Uriarte
Hijos María Hortensia Herrera
Profesión Profesor de Historia
Abogado
Juez de Paz
Diplomático
Periodista
Escritor
Barraquero
Militar
Residencia Bandera de Uruguay Montevideo, Uruguay

Luis Alberto de Herrera Quevedo (Montevideo, 22 de julio de 1873 - ídem, 8 de abril de 1959) político, periodista e historiador uruguayo, principal caudillo civil del Partido Nacional durante más de 50 años y uno de los mayores dirigentes históricos de la corriente blanca (del Partido Nacional), siendo una de las principales figuras políticas del Uruguay en el siglo XX.

Contenido

[editar] Desde su infancia hasta la Revolución de 1904

Luis Alberto de Herrera como soldado revolucionario, durante la Revolución de 1897.

[editar] Infancia, estudios e iniciación política

Hijo de Juan José de Herrera y de su esposa, Manuela Quevedo Lafone, creció en un hogar de gente culta y severa, regido por la disciplina de cuño protestante impuesta por su madre. Estudió en colegios de Montevideo y Buenos Aires y Derecho en la Universidad de la República. Se inicia políticamente en 1892 en el club "2 de enero", y en 1893 pronunció su primer discurso político en Paysandú. En ese mismo año comienza a escribir en el diario El Nacional, junto a Luis Ponce de León y Eduardo Acevedo Díaz.

[editar] Primeras experiencias en batalla

Al movilizarse militarmente el Partido Nacional en 1896 viajó a Buenos Aires, junto a Carlos Roxlo, Luis Ponce de León y Florencio Sánchez, y participó activamente en los preparativos revolucionarios. Fue uno de los “Veintidós de Lamas”: pequeño grupo proveniente de Argentina a las órdenes de Diego Lamas que desembarcó el 5 de marzo en Puerto Sauce, Departamento de Colonia, para reunirse con otros e iniciar la Revolución de 1897. Estuvo presente en la batalla de Tres Árboles (17 de marzo), la más importante victoria blanca en toda esa campaña de más de seis meses, que Herrera acompañó y luego narró detalladamente en su libro Por la Patria.

En 1903 se recibe de abogado, pero no ejercerá nunca la profesión. Por aquellos años comienza a estudiar el liberalismo estadounidense, rastreando su influencia en la revolución independentista del Río de la Plata. Regresó a Uruguay en enero de 1904, apenas iniciada la guerra civil de ese año, e hizo toda la campaña junto a los revolucionarios blancos, ya en puestos de director. Trató sin éxito de evitar la desbandada del ejército revolucionario después que Aparicio Saravia cayera herido en la batalla de Masoller y fue uno de los redactores del documento de la paz de Aceguá.

[editar] Viaje a Estados Unidos y su participación en la Revolución de 1904

Al producirse el golpe de Estado de Juan Lindolfo Cuestas (10 de febrero de 1898) recibió el ofrecimiento de integrar el Consejo de Estado, pero rehusó por influencia de su padre. En 1901 viajó a Estados Unidos como encargado de negocios de Uruguay ante ese país y Canadá, y permaneció en el extranjero hasta 1904.

En estos instantes se derrama la sangre preciosa de adversarios y también de compañeros cuya suerte, buena o mala, yo también quiero correr.
Herrera a José Batlle y Ordóñez, explicando los motivos de su renuncia al cargo de diplomático, enero de 1904.

[editar] Actividades legislativas

El 23 de febrero de 1905 los diputados blancos Luis Alberto de Herrera y Carlos Roxlo presentaron un proyecto de Ley de Trabajo que reducía la jornada laboral a 11 horas con dos horas de descanso, lo que hacia nueve horas de trabajo efectivo. Aunque no fue aprobada (ni siquiera considerada).

El proyecto alcanzaba la jerarquía de autentico estatuto del trabajador. El capítulo 1 especificaba los gremios y actividades que quedaran comprendidos por la ley (eran las minas y canteras, construcción, ferrocarriles, transportes fluviales, tranvías, puentes y caminos, colocación de hilos telegráficos y teléfonos, usinas y “todas las oficinas y talleres industriales o fabricas donde se haga uso del trabajo manual”). El Capítulo 2 establecía el derecho a indemnización por accidentes de trabajo; el 3 prescribía la formación de un fondo para pagar estas indemnizaciones, que se depositaria en el Banco República y que “cuando un Cuerpo Legislativo lo juzgue oportuno”, constituiría la base de un Banco de Seguros del Estado. El capítulo 4 establecía la limitación de la jornada laboral. Se establecía la obligatoriedad de dejar un día libre por semana. El capítulo 6 reglamentaba el trabajo de niños y mujeres, prohibiendo el empleo de menores de 12 años y el trabajo nocturno de mujeres menores de 21 años y jóvenes menores de 15. El capítulo 7 reglamentaba las normas de higiene que deberían cumplir talleres y fabricas.

[editar] Relaciones con el Presidente José Batlle y Ordóñez

A raíz de la “ley del mal tercio” y otras decisiones del Poder Ejecutivo objetadas por los blancos, el diario La Democracia llevo a cabo una violenta campaña periodística contra el presidente, En marzo de 1906 (cuando la Republica era recorrida por nuevos rumores de alzamiento) Batlle y Ordóñez adopto la decisión de clausurar transitoriamente dicho órgano de prensa (además de otro llamado La Razón) en una medida de muy dudosa legalidad. Luis Alberto de Herrera y Carlos Roxlo decidieron resistir y continuaron la edición del diario, que repartían personalmente por las calles. Entonces el presidente dio la orden de intervenir la imprenta, pero los responsables se buscaron otra para seguir editando la publicación. Batlle ordeno en ese momento detener a Herrera y este fue llevado preso a la Jefatura de Policía, que funcionaba en la planta baja del Cabildo. La decisión era, en este caso, claramente anticonstitucional, ya que Herrera era diputado desde enero de 1905 y, por lo tanto, estaba protegido por los fueros. Los intentos que se realizaron ante el Jefe de Policía Juan Bernassa y Jerez para que liberara al legislador fueron infructuosos; el jerarca se amparaba en la orden impartida por el presidente de la República. Por fin, Batlle y Ordoñez comunico su decisión a la Asamblea General, la cual ordeno poner de inmediato en libertad a Herrera.

De que tiempo data el deterioro, que seria irreversible, de las relaciones entre Batlle y Luis Alberto de Herrera. Al parecer Herrera había tenido amoríos con Celia Rodríguez Larreta, y a consecuencia de ello el esposo de esta, un militar llamado Adolfo Latorre, la había asesinado de dos balazos en el Hotel del Prado el 26 de diciembre de 1904. El escándalo llegó al paroxismo cuando esa misma noche el abogado de Celia, Teófilo Díaz, mato de un balazo al teniente Latorre, en el mismo escenario y cuando este hallaba en poder de la policía. El día 27, mientras se velaba a la mujer asesinada, el poeta Roberto de las Carreras se hizo presente y trato de leer un texto que había escrito en el cual Celia era defendida como una “Mártir de amor libre”, a raíz de lo cual fue expulsado violentamente. Esta tragedia, estrictamente privada pero que tomo lógico estado publico, fue imprudentemente insinuada por un artículo del Diario El Día (conducido por el presidente) titulado ¿Quién dijo miedo?, al parecer escrito por el propio Batlle y Ordóñez, que en su parte medular decía, en referencia a la fallecida Celia: “Oh tu, bellísima e irreflexiva niña, que no tuviste a tu lado a un varón fuerte en los días de peligro, como lo habrías tenido débil en los días de la falta…” Herrera se sintió aludido y reto a duelo a Batlle, quien se excuso argumentando que su carácter de presidente de la República no podía batirse. Por fin Herrera se batió el 22 de abril de 1906 con Ruperto Michaelson Pacheco, familiar del presidente, sin consecuencias. Las relaciones personales entre los dos grandes caudillos civiles nunca se recompusieron.

[editar] Décadas de 1900 y 1910

[editar] Primera actividad política

En noviembre de ese año fundó el diario La Democracia, junto a Carlos Roxlo, y en 1905 fue electo diputado por Montevideo. Ese mismo año, y siempre en colaboración con Roxlo, presentó el proyecto de limitación de la jornada laboral que se considera el antecedente de la ley de 8 horas de trabajo diario. La prédica de La Democracia determinó que, en 1906 y por orden personal del presidente José Batlle y Ordóñez, Herrera fuera detenido en violación de sus fueros parlamentarios, en un incidente público que causó conmoción. Ya en libertad retó a duelo al presidente y terminó batiéndose, sin consecuencias, con un hijo de la esposa de Batlle, Ruperto Michaelson Pacheco.

También en 1906 viajó a Europa, y en los años siguientes fue el principal negociador blanco en la dura tarea de reformar el sistema electoral.

En 1908 contrajo matrimonio con Margarita Uriarte Olascoaga —viuda de Alberto Heber Jackson— con quien tuvo una hija, María Hortensia, madre a su vez de Luis Alberto Lacalle, ex Presidente de la República. Es interesante destacar que el primer hijo de Margarita Uriarte, Alberto Heber Uriarte, fue a su vez abuelo de Mario y Alberto Héber Usher.

En 1910 fue electo secretario de actas del Honorable Directorio del Partido Nacional, y en 1913 el Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, visitó Uruguay y pidió una entrevista con Herrera, ya que le interesaba comentar con él su libro La Revolución Francesa y Sudamérica, que se había publicado en 1910. En 1914 viajó a Paraguay para reforzar viejos lazos históricos de su partido con aquel país, y fue electo diputado por Río Negro.

[editar] Inicios de su vocación Antiimperialista

Por la vía del nacionalismo llega Herrera al antiimperialismo. En este campo no reduce su aporte a la mera formulación de un rechazo teórico al imperialismo, sino que asume, con todos sus riesgos que ello conllevaba, una actividad de militancia así como de investigación profunda del proceso hallando las raíces económicas del mismo. Dicha militancia fue puesta de relieve en su acción diplomática, en su producción histográfica, en sus intervenciones parlamentarias, en su acción política cotidiana. Su particular vocación hacia este tema le provocó varios roces con otros políticos contemporáneos.[1]

En 1908, desde Washington, comienza su vocación antiintervencionista. Así lo escribe al Ministro de Relaciones Exteriores de la época, desde su cargo de secretario de la delegación uruguaya:

Washington, diciembre 15 de 1902. Excmo. Señor Don Germán Roosen. Ministro de Relaciones Exteriores. Montevideo, Señor Ministro: Su Excelencia el señor Presidente de los Estados Unidos acaba de dirigir su mensaje al nuevo Congreso. Se trata de un meditado documento al que solo me referiré en lo que nos es pertinente: esto es, a las declaraciones que contiene sobre política internacional. Las traduzco enseguida para exacto conocimiento de V.E. Dicen así:

“Es de desear seriamente que todas las naciones de Sud América, tomen el rumbo que algunas de entre ellas ya han tomado con evidente éxito y que invitaran a sus playas el comercio, perfeccionando a la vez sus condiciones materiales y reconociendo que la estabilidad y el orden son los requisitos a todo desarrollo dichoso. Ninguna nación independiente de América tiene motivo para abrigar el mas leve temor sobre una agresión de los Estados Unidos. Importa a cada cual imponer el orden dentro de sus propias fronteras y pagar sus obligaciones justas a sus acreedores extranjeros. Cuando esto hagan pueden estar ellas persuadidas a que, sean fuertes o débiles, nada tienen que temer de la intervención exterior. Mas y mas la creciente independencia y complejidad de la política internacional y de las relaciones económicas, da incumbencia a todos los poderes civilizados y ordenados del mundo para insistir en la buena política del globo”.

En otro párrafo se hace referencia al Tribunal de Arbitraje de La Haya, manifestándose el deseo de que todas las diferencias internacionales que puedan surgir en el futuro se diriman por medios pacíficos. Lo indudable, señor Ministro, es que en el párrafo trascripto se avanza una grave advertencia a los países de Sud América. Ahí se dice, a las claras, que las nacionalidades latinoamericanas están expuestas a una intervención de fuerza de parte de los Estados Unidos, cuando el desorden interno haga presa de ellas, mas propiamente hablando, cuando los Estados Unidos juzguen que es llegado el caso de proceder así. Por supuesto que siendo tantas las tentaciones y encontrando cimiento en el motivo revolucionario, no importaría contrariedad asumir ese papel pacificador y de tan desastrosas consecuencias para la soberanía de los intervenidos. Se trata, pues, de un paso altamente significativo. El gobierno de Estados Unidos, por primera vez hace a la faz del mundo una declaración tan radical y amenazadora. No es ella otra cosa que un nuevo inciso de la ventajosísima Doctrina Monroe, cuyas proyecciones van aumentando con los años, a medida que aumentan las energías y voracidades del pais que las creo. Queda constatado oficialmente que Estados Unidos se atribuye derechos jugosos de tutor, de inflexible tutor, sobre las naciones del Sud América. Entrego al la apreciación de V.E. tan arriesgada y pasmosa innovación internacional. Saludo a V.E. con mi consideración mas distinguida. Luis Alberto de Herrera.

[2]

Al pasar el tiempo, Herrera reafirma sus conceptos, reiterando su admiración histórica por los Estados Unidos, por su pujanza, por su organización interna; admiración que, evidentemente, no corre paralelamente a su pensamiento en materia de política internacional.

Ahí está el ejemplo de los Estados Unidos. ¿Qué nación puso jamás tanta base de equidad en sus orígenes? ¿No fueron sus creadores aquellos puritanos que emigraron a las selvas vírgenes en procura de libertad civil y religiosa? ¿No se educó la hermosa prole en el amor al derecho? ¿No se rompe un día y para siempre con la metrópoli por juzgar insoportable atropello el gravamen de algunos peniques impuestos al té y al papel sellado? ¡Deliciosas memorias! Cuando su noticia filtra en las viejas sociedades se esparce por el mundo, con un estupor, la esperanza de asistir al advenimiento, casi maravilloso, de una democracia prístina. Tocqueville y Laboulaye, deslumbrados, marchan al encuentro de la nueva aurora. En sus honestas paginas flota el alivio de los grandes ensueños cumplidos. En efecto, aquellos peregrinos olvidados de la Europa: extraños de vulgares codicias y a la definición del atentado cívico; trabajadores infatigables; con la plegaria encendida en el espíritu cuando descansa el brazo, austeros; equilibrados, libres del peligro vecinal, nietos y biznietos de quien, en éxtasis de muerte, aconsejara a sus descendientes no probar jamás la fruta del mal de la conquista, esos admirables peregrinos prometían ungirse heraldos de la justicia nacional Sin embargo, ¡Que vuelco enorme han presenciado los tiempos!, como se ha hecho de tortuosa la línea recta bosquejada por los mayores cuáqueros, que infinita distancia separa a Franklin, enviado sereno de una humildad republicana, evangelizador de las virtudes desinteresadas, del imperialista presidente Roosevelt, victimario de pueblos y apóstol de la política del “big-strick” —del garrote— cernida sobre los organismos débiles de nuestro hemisferio.
[3]

Estos apuntes rápidos del anti-intervencionismo en el Uruguay, van delineando lo que —a partir de 1939— sería una obsesión en Herrera. Fueron escritos apenas finalizada la primera década del siglo XX, por lo que fue una de las primeras voces críticas de las políticas externas de Estados Unidos.

Adquieren inusitada fuerza las líneas transcritas si se juzga que era muy remoto, en aquella época, el peligro norteamericano en el Uruguay. Así lo subraya en El Uruguay Internacional, dedicado a analizar las relaciones de nuestro país con sus dos poderosos limítrofes; sobre todo con la Argentina y el problema jurisdiccional del Río de la Plata, defendiendo la tesis de la línea al medio en contraposición al talweg.

[editar] El caso cubano

Herrera, en reiteradas oportunidades sobre toda su carrera política, hizo referencia a Cuba y su subyugación hacia Estados Unidos

(…) A todo esto ya Cuba era norteamericana por su dependencia comercial. La errada política arancelaria de la madre patria hizo mas por la anexión que la fuerza de las armas. Dice el ilustre habanero doctor José Ignacio Rodríguez: “Poco a poco se ha viendo, sin que nadie pudiese remediarlo, que económicamente había dejado Cuba de ser una dependencia de España y se había convertido, del modo mas completo y absoluto posible, de una dependencia americana”. En 1886, el 94% de los productos cubanos pedía mercado a Estados Unidos. ¿Cómo sorprenderse de lo que ha sucedido y de lo que va a suceder? Las leyes de la vida han impuesto el patronato de la Unión. Que nuestro Uruguay comprenda el inmenso riesgo de estas subordinaciones a al economía vecina”.
[4]

Párrafos adelante, remata:

“Sellando la declaración del Congreso que “el pueblo de la isla es y de derecho debe ser libre e independiente”, las tropas americanas se retiraron apenas eligió Cuba su primer mandatario. ¿Asegura este antecedente que esa libertad no será interrumpida? Cuando la prosperidad económica de una nación depende de la benevolencia de otra nación vecina y mucho mas poderosa, su autonomía, es también fruto de la ajena benevolencia. La enmienda Platt, que califica un menoscabo de soberanía, esta en pie. Por otra parte, ya dos guerras civiles han provocado la intervención yanki. Que tan elocuente ejemplo de una absorción inevitable nos arranque a la indiferencia internacional en que vivimos”
[5]

Estas interpretaciones del Caso Cubano están fuertemente inspiradas en la exposición que José Martí realizara en la Conferencia Monetaria de las Republicas Americanas en marzo de 1881.

[editar] Aparición como líder

El año de 1915 fue el de su ruptura con la mayoría partidaria, a raíz de su apoyo a la reforma constitucional en gestación. A partir de ese momento se convirtió en el líder indiscutido de un sector partidario, (el Herrerismo, nombre que hasta entonces habían utilizado los partidarios colorados de Julio Herrera y Obes) que lo reconocía como caudillo e inspirador, y redactó el programa del Partido Nacional.

Fueron años de intensa actividad política, en los que sus mejores energías se emplearon en transformar al viejo y levantisco Partido Nacional en una colectividad pacífica, gracias a un sistema electoral que ayudó a perfeccionar. Recorrió el país animando sus mítines con una oratoria llana y proseiforme, que cambiaba de léxico y estilo según fuese el auditorio al que se dirigía. Notable mezcla de caudillo popular e intelectual, inauguró una visión hedonista de la política, que insistía en lo “lindo” de ser blanco, “por el gusto de serlo” y empleaba un desacartonado sentido del humor que ejercía fuerte impacto en un tiempo de políticos retóricos y ampulosos.

En política internacional se definió por posturas de un fuerte nacionalismo, que lo llevó a respaldar a líderes tan diferentes entre sí como Francisco Franco Bahamonde y Augusto César Sandino. Todo ello, sumado a su fuerte carácter, lo convirtió en un líder difícilmente clasificable, ríspido e imprevisible, que consiguió que una parte de la vida nacional girase en torno a su persona, a sus posiciones y a sus ideas, durante más de medio siglo. Generó adhesiones y enconos, tanto dentro como fuera de su partido.

[editar] Década de 1920

[editar] Primera división del Partido Nacional

En 1916 fue electo miembro de la Asamblea Constituyente (cosa que reiteraría en 1923), en los primeros comicios con voto secreto –una vieja reivindicación blanca– y representación proporcional, que significaron la primera victoria blanca en 50 años.

Por entonces el Partido Nacional se dividió profundamente en lussichistas (por Arturo Lussich) y herreristas, preludio de ulteriores rupturas. En 1920 fue electo por vez primera presidente del Directorio del Partido Nacional; en 1921 no hizo nada por evitar la expulsión de Lorenzo Carnelli, legislador escorado a la izquierda, decretada por la Convención partidaria, hecho que generó la primera escisión. Carnelli fundó el Partido Blanco Radical, opuesto al liderazgo de Herrera. Ese mismo año hizo repatriar de Brasil los restos de Aparicio Saravia (“Les trajo el caudillo muerto para que comprendieran la necesidad del caudillo vivo” –comentaría Eduardo Víctor Haedo–).

[editar] Carreras presidenciales

En 1922 fue por vez primera candidato a la Presidencia de la República, ante el colorado José Serrato –que lo derrotó por escaso margen– y recorrió el país en el llamado “Tren de la Victoria” inaugurando una tradición que se mantendría por décadas. Ese mismo año se batió a duelo, sin consecuencias, con el ex presidente Baltasar Brum. En 1925 fue electo miembro del Consejo Nacional de Administración (organismo colegiado a cuya instalación Herrera se había opuesto formalmente) y anunció que no cobraría su sueldo; le correspondió presidir el organismo hasta 1927.

En 1926 compitió por segunda vez por la Presidencia de la República y perdió por estrechísimo margen ante Juan Campisteguy; el Partido Blanco Radical, fuera del lema, sumó 3844 votos, que le hubieran dado la victoria si se hubieran acumulado. Hubo denuncias de fraude y se suscitó un movimiento tendente a volver a la guerra civil, que el propio Herrera se encargó de neutralizar con energía (“Que se lleven todo, menos la paz de la República”). En 1927 coincidió con José Batlle y Ordóñez en el Consejo Nacional de Administración y los duelos dialécticos entre ambos se hicieron célebres.

[editar] Oposición al Pacto Briand-Kellogg

Artículo principal: Pacto Briand-Kellogg

Durante la década de 1920 el Dr. Luis Alberto de Herrera se proclamó en contra el Pacto Kellogg, acto que constituyó un claro pronunciamiento internacional. Fue además, su primer acto antiimperialista en carácter de gobernante. Ocupaba en ese momento un cargo en el Consejo Nacional de Administración; tenia funciones ejecutivas. Adquirió, pues, una significación espacialísima; fue la afirmación de su ovación de trabajo antiimperialista.

“Al discutirse en el seno del Consejo Nacional de Administración el mensaje de la Presidencia de la República, que lo consultaba sobre el pacto antibélico de que es autor el canciller norteamericano Mr. Kellogg, y que acaba de ser firmado por las grandes potencias, manifestó el Dr. Luis Alberto de Herrera su decisión de votar contra la adhesión del Uruguay al referido pacto, por dos razones fundamentales: por la necesidades imprimir cada vez mayor vigor a la personalidad moral de América y por el sarcasmo que importa tal acertó pacifista de Estados Unidos y su exaltación teórica del derecho de los pueblos, a la misma hora que sus tropas arrasan con el derecho en Nicaragua” (…) Para estar en paz con todo el mundo, nosotros no precisamos el pacto Kellogg. Tampoco tenemos por que incorporarnos al cándido coro. Después de un siglo de independencia, ya es tiempo de que las repúblicas colombianas (sudamericanas) piensen y procedan con criterio propio, examinando los asuntos externos desde sus propios puntos de vista. En cuanto al segundo aspecto de la cuestión, considera que las circunstancias actuales, el pacto Kellogg debe sonar a hueco en los oídos Sud y centro americanos. Dice su cláusula esencial, como lo destaca el mensaje de la Presidencia, que por el “se condense la guerra para el arreglo de conflictos internacionales, renunciando a ella como instrumento de política nacional en sus relaciones mutuas, reconociendo que el arreglo o la soluciones de todos los conflictos y litigios de cualquier naturaleza o de cualquier origen que sea, que puedan surgir entre ellos, solo deberían buscarse por medios pacíficos”. Y bien: esas bellas promesas están totalmente desautorizadas por la política atentatoria que se desarrolla en Nicaragua. La conciencia continental condena acerbamente ese odioso atropello, también condenado por gran parte del pueblo de los Estados Unidos. Con la resistencia de Sandino están nuestros corazones. Ante lo que sucede en Nicaragua enmudece el elogio al pacto Kellogg. El sentimiento del verdadero panamericanismo nos identifica con el dolor de la pequeña y valerosa república, esclarecida por su derecho y por su propia debilidad. Artigas, el primero, reconoció en su famoso decreto autorizado de corso, la hermandad de las republicas nacientes. A través de cien años se han estrechado esos vínculos fraternos, de tan noble tradición entre nosotros. Vota, pues, contra la adhesión al pacto Kellogg por entender que mientras haya un solo soldado norteamericano en Nicaragua, el pacto Kellogg no pasa de ser otra “tira de papel”.
[6]

[editar] La causa sandinista

La causa nicaragüense encuentra en Herrera un vocero desinteresado y eficaz. Vincula la agresión a la tierra de Sandino con la secesión panameña, y la actitud de desembozada prepotencia pacifista de la Conferencia Panamericana de La Habana, brindando en una página de inusual severidad, habida cuenta de su posición política de entonces, el juicio condenatorio de las ambiciones imperiales norteamericanas.

Un telegrama llegado ayer, nos trasmite en su laconismo trágico, la noticia de un nuevo choque entre Sandino, el romántico defensor de las libertades, y las tropas de desembarco americanas, defensoras de los intereses de los banqueros de Wall Street. En esta guerra infame que soporta Nicaragua por el solo hecho de ser territorio estratégico para la construcción de un nuevo canal, cuyo dominio es codiciado por EE. UU. no solo desde el punto de vista militar que ya de por si es fundamental, dado que el de Panamá es fácil de obstruir en cualquier momento de peligro, sino también desde e el punto de vista económico puesto que la distancia a recorrer entre costas Orientales y Occidentales de EE. UU. se reducirían en 1.608 kilom. Hoy por hoy Nicaragua representa el dolor sangriento de América, que se debate entre las guerras del imperialismo, que no se para a escarniar el derecho siempre invocado en sus campañas de rapiña. “… Pero América, esa América cantada por el poeta de la oda vibrante y soberana: esa América que tembló de huracanes y que vive de amor no puede ceder el paso sin ver manchadas de oprobio las páginas de la historia. Sandino, un héroe continuador de la obra de los grandes libertadores – Washington, Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre – águila el mismo desde su montaña abrupta, vigila, acecha para caer a golpes de ala sobre los fusileros liberticidas ciervos del dólar, salvándose así la dignidad de su pueblo, mientras los hermanos de América -¡todos sus hermanos!- pregonan el plan de defensa contra el avance insolente del actual imperialismo. Nicaragua doliente, Nicaragua sangrienta, es hoy el símbolo de la América libre, amenazada por el tirano moderno: el dólar”. ”
[7]

Ese mismo año viajó a Londres en misión diplomática de cortesía. Copió entonces información relativa a las gestiones de Lord John Ponsonby en el Río de la Plata, que determinaron en 1828 la creación de Uruguay como país independiente. En base a ellos escribió uno de sus principales trabajos históricos: La misión Ponsonby (1930). Ese mismo año compitió contra Gabriel Terra en la carrera presidencial, y fue nuevamente derrotado; Eduardo Lamas se presentó también como candidato fuera del lema.

[editar] Década de 1930

[editar] Segunda división del Partido Nacional

En 1931 se produjo la esperada división del partido en Herrerismo y el Nacionalismo Independiente, que se llamaban despectivamente “ranas” y “avestruces” respectivamente. El Partido Nacional Independiente, encabezado por Eduardo Rodríguez Larreta y J. Andrés Ramírez, este último de extracción colorada, nucleaba mayormente a intelectuales y, aunque se situaban a la izquierda del Herrerismo en términos de corte ideológico, tenían eco en los sectores medios y altos de la población, mientras Herrera conservaba su incidencia en los medios humildes del interior del país. Ese año fundó el diario El Debate, que se dividió con El País –órgano de los “independientes”– la prensa partidaria blanca. Practicó allí un periodismo agresivo y populista de gran efectividad. En 1932 volvió a Paraguay cuando se libraba la guerra del Chaco, entre esa nación y Bolivia y se ofreció a combatir, por lo que el gobierno paraguayo le otorgó el grado de General.

[editar] Opinión Internacional de Herrera

El año 1931 estuvo signado por urgencias de política interna que polarizaron la atención de Luis Alberto de Herrera. No por ello, el ojo avizor, dejo de ver los problemas americanos que se desencadenaban, Y aquí es necesario poner el énfasis; ya que es muy común —en algunos historiadores— la tendencia a limitar la concepción nacionalista y antiimperialista de Herrera al su propia patria, con despreocupación del panorama americano. Con solo leer las actas del Directorio del Partido Nacional y las colecciones del diario El Debate, surge su constante preocupación por los demás Estados americanos.

En cuanto a las Conferencias Panamericanas, puso siempre especial celo y vigilancia porque no fuera vulnerado el principio de no intervención; y, las más de las veces, sin que fuera Uruguay agraviado, se levantó condenatoria su voz contra la agresión ajena. La dictadura de Uriburu en la Argentina mereció su severa condena, expresada en múltiples intervenciones y artículos lapidarios El Debate, así como con el ofrecimiento de su casa al gobernante derrocado, Hipólito Yrigoyen, “caso de que resuelva venir a estas playas…”, dijo Herrera. En julio de 1931, recala Irigoyen rumbo al destierro; Herrera lo recibe, en acto de confraternidad platense y de solidaridad en el infortunio.

También en Chile había sido derrocado el presidente Arturo Alessandri, por el dictador Carlos Ibáñez del Campo. Herrera, desde el diario El Debate, asumió personería por el presidente derrocado; y cuando a su vez, cayo Ibáñez, escribió alborozado: “Resurgió el pueblo chileno. Ha caído un dictador”. En Cuba usurpaba el poder el dictador Gerardo Machado y el pueblo cubano se lanzó a la insurrección. No demoró Herrera en tomar posición; así escribió en agosto de 1931: “Se tambalea la dictadura de Machado en Cuba. La rebelión cubana es una acción nacional contra quien ha transformado la republica en una monarquía”.

Saludó, en septiembre del mismo año, la incorporación de México a la Sociedad de Naciones, de la que estuviera ausente "por su posición ante la Doctrina Monroe y la política de absorción norteamericana". Iguales actitudes fundamento ante los problemas similares en las repúblicas americanas. [8]

[editar] Conferencia de Montevideo

La VII Conferencia de Montevideo, inaugurada el 3 de diciembre de 1933, marco un hito importante en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Desde las páginas de El Debate, el Herrerismo presto preferente atención al desarrollo de la Conferencia; y si bien es cierto que mostró un cauteloso optimismo ante el giro anunciado por manifestación latinoamericana, tendiente a salvaguardar sus derechos. Por ejemplo: cuando el delegado cubano, Ángel Alberto Geraudy, reclamó enfáticamente una declaración tajante sobre la no intervención, al tiempo que denunciaba que los Estados Unidos estaban interviniendo en su patria y anunciaba el retiro de su delegación; Herrera destaco con grandes titulares: “Fue vibrante el alegato de Cuba contra las intervenciones”. También dio amplia publicidad a las declaraciones de los delegados de Ecuador, Cuba y Haití, sintetizadas así: “Expresan un criterio contrario en absoluto a las intervenciones y la más amplia independencia y soberanía de las naciones”. Del 15 al 19 de diciembre la Conferencia entró en el período más fuerte de las definiciones. El Debate, a través de sus titulares y articuelos editoriales, fue marcando la tónica de las mismas. Mientras el 15 informaba: “Mr. Hull anunció una nueva era de la política internacional de los Estados Unidos”; al otro día se ufanaba: “Se sancionó el repudio a las intervenciones”. Por unanimidad 20 naciones aclamaron el principio de no intervención”.“Por primera vez en la historia de las siete conferencias panamericanas, se resuelve el problema palpitante de América”. Harto concluyentes son estos testimonios, que jalonan una etapa importante en la política antiimperialista del Partido Nacional. También le da importancia fundamental a la posición latinoamericana ante la ponencia estadounidense sobre sistemas arancelarios, transcribiendo las declaraciones del delegado de Ecuador, Dr. Antonio Parra: “La única manera que tienen nuestros Estados para independizarse es la de crear una unidad económica”. El 26 de diciembre, al clausurarse la Conferencia, editorializa con satisfacción patriótica, resumiendo los resultados en tres fundamentales:

  • Orientación anti-tarifista y creación de un organismo interamericano para la orientación económica financiera de los 21 países
  • No intervención
  • Reafirmación del Pacifismo

Esta última fue el epilogo para la guerra del Chaco al anunciarse la paz entre Paraguay y Bolivia y al declararse el 19 de diciembre de 1933 el “Día de la Paz América” (El conflicto se estiraría, artificialmente, por los “intereses creados”, hasta 1935). Finalmente merece un párrafo histórico, materia patriótica para el Herrerismo. El Debate publicó una entrevista al delegado paraguayo, Dr. Justo Pastor Benítez, quien pronunció una frase memorable: “La revisión de los textos de Historia podría llamarse la condenación de las deudas morales de los pueblos”.[9] }}

[editar] Participación en el golpe de Estado de Gabriel Terra

Al producirse la Gran Depresión económica de la década de 1930, iniciada tras la crisis de 1929 en la bolsa neoyorquina, Herrera coincidió con el presidente Gabriel Terra en la necesidad de modificar la Constitución de 1918-1919 y cambiar el Poder Ejecutivo bicéfalo, que consideraban inoperante. Ambos líderes acordaron dar el golpe de Estado del 31 de marzo de 1933, lo que creó un abismo entre el Nacionalismo Independiente y el Herrerismo y afectó la popularidad del caudillo. En tanto los principales dirigentes “independientes” eran reprimidos y encarcelados en la Isla de Flores, Herrera compartió el poder con Terra. La Constitución de 1934 creó el denominado vulgarmente “Senado de medio y medio”, compuesto en un plano de igualdad por terristas y herreristas; Herrera fue hasta ese entonces constituyente y senador. En las elecciones de 1938 no fue candidato presidencial (la fórmula herrerista fue Juan José de Arteaga – Carmelo Cabrera) y en cambio fue reelecto al Senado. Los comicios fueron ganados por el colorado Alfredo Baldomir, familiar y partidario de Terra.

[editar] La política de la “Buena Vecindad”

Luis Alberto de Herrera se manifestó reiteradas veces, en desacuerdo con la política de la Buena Vecindad, impulsada por Estados Unidos.

“Pero ¿Cómo interpretar, si no conciliar, la anunciada nueva política, de la “Buena Vecindad”, del presidente Franklin Delano Roosevelt, con los verdaderos propósitos imperialistas?

Es imposible, para una cabal interpretación del drama latinoamericano con relación a su poderoso vecino norteño, sustraerse a observar, aunque mas no sea a vuelo de pluma, a los “buenos vecinos”. Cuba, para empezar: según el era un feudo norteamericano. La Enmienda Platt le había dado a los estadounidenses el control militar, político y económico de la isla. Y cuando en 1933 Grau San Martín asumió el poder, sin miramientos ni recato, Summer Welles (embajador de los Estados Unidos en CUBA) comenzó a preparar su derrocamiento. Y cuando cayó Grau y empezó el tiempo del sargento Batista, aquel pudo acusar, sin reticencias, al gobierno de Washington como responsable de su caída.

Guatemala, Honduras y Costa Rica, con los Ubico, los Tiburcio Carias y los Jiménez, eran feudos de la United Fruit. El Salvador con Maximiliano Hernández; el “protectorado” de Panamá; Trujillo en la Republica Dominicana; por citar los mas notorios, fueron ejemplos típicos de que dio a llamarse “las republiquitas del Caribe”.
[10]

El drama de Nicaragua con el asesinato de Augusto César Sandino y la llegada del poder a los Somoza; la dictadura de Juan Vicente Gómez en Venezuela; fueron hechos en los que también – ciertamente- no estuvieron ajenos a los Estados Unidos.

En si toda la década de 1930, la pre-guerra, estuvo signada por las intervenciones más o menos descaradas de las embajadas estadounidenses en los países latinoamericanos.

[editar] Declaración de Lima

Todo este panorama americano de pre-guerra se cierra con la Declaración de Lima (diciembre de 1938), complementaria de la Conferencia de la Paz celebrada en Buenos Aires en 1936. El 23 de noviembre de 1938, ante la inminencia de la Conferencia, Herrera pregunta desde las columnas del diario El Debate: “¿Qué programa tiene la Conferencia de Lima? (…) ¿Quién ha pedido protección a Estados Unidos? (…) ¿No hay algo de alucinación y de miedo en esa pesadilla guerrera que padece Estados Unidos?”.

El día 14 de diciembre, ya inaugurada la Conferencia de Lima, arremete con este titular: “Hermandad continental, sin clausuras de vasallaje” .

Hasta el día 19 de diciembre, formulada la Declaración de Lima, luego de trabajosos esfuerzos, durante los cuales la Argentina consiguió incluir importantes modificaciones a la ponencia inicial de Estados Unidos, el Herrerismo saca sus propias conclusiones:

“La Conferencia de Lima termino sus tareas. De las laboriosas sesiones ¿Qué queda? Aparte de la obra cultural y sanitaria cuyos resultados son como los de todas las demás Conferencias panamericanas especializadas que se reúnen periódicamente; de la cuestión internacional del momento, nos interesa saber ¿Qué aporte representa la VIII Conferencia Panamericana a la paz y a la prosperidad económica de los pueblos latinoamericanos? (…) Abarca los “platónicos” ideales panamericanos en toda su gravedad y comprende todas sus consecuencias. En efecto
  • El “generoso” propósito de la solidaridad panamericana traerá aparejado el rearme de la América Latinay por lo tanto la suscripción de empréstitos en dollars para comprar armas.
  • El contrato de empréstitos crearía el desplazamiento de las preferencias comerciales de Europa hacia Estados Unidos, con grave daño de los intereses económicos de América Latina.
  • Automáticamente las bases navales, pero sobre todo, aéreas, de nuestras republicas pasarían con el pretexto de organizar su defensa a manos de los Estados Unidos.
He aquí la realidad cruda y dura de los democráticos votos del venerable Mr. Hull. Su estampa de apóstol de la paz, se luce con dulce elocuencia en las conferencias panamericanas; sin embargo, la realidad, nos descubre en Mr. Hull al profeta de la guerra, queriendo arrastras a las naciones felices y jóvenes – ajenas a los planes europeos o asiáticos de EE. UU.- con declaraciones que no responden ni a la historia, ni a la sangre, ni al provenir de la América española. ¿Peligros remotos? El único peligro para América Latina ha sido hasta ahora la voracidad de Estados Unidos.
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[editar] Década de 1940

Luis Alberto de Herrera 'Derecho de replica'.ogg
El entonces Senador Herrera en su alocución "Derecho de réplica".

[editar] Herrera y la Segunda Guerra Mundial

Al estallar la Segunda Guerra Mundial Herrera adoptó una posición claramente favorable a los aliados y contraria a la Alemania de Adolf Hitler, pero se opuso firmemente a que Uruguay se involucrara en el conflicto. Cuando el canciller Alberto Guani comenzó a negociar la eventual instalación de una base naval estadounidense en Punta del Este, Herrera se opuso formalmente. Esta actitud significó que se le acusara de simpatizar con el Eje, particularmente por el Partido Comunista del Uruguay (PCU), decididamente intervencionista tras la invasión de Alemania a la Unión Soviética en junio de 1941. En 1942 Baldomir dio un golpe de Estado con apoyo de Batllismo y el Nacionalismo Independiente (“El Partido Comunista apoya las medidas tomadas por el general Baldomir. Que se encarcele a Herrera, se clausure El Debate y se tomen medidas drásticas contra la Quinta Columna” expresó el PCU tras el golpe).

Ni Rusia ni Estados Unidos… Ni la sovietización de las patrias americanas ni su subordinación a ninguna estructura –sea cual fuere su origen o finalidad– que tenga intención, propósito o sentido de limitar la bien conquistada soberanía de los pueblos. En definitiva: ni en las filas rojas del comunismo, ni una estrella más en la bandera de ningún imperialismo. El mundo no está ni política no ideológicamente cerrado a otras soluciones…
Herrera citado por la agencia Reuters, 4 de julio de 1947.

[editar] Caída del ciclo político de Herrera

Al centro, Luis Alberto de Herrera, junto con Eduardo Víctor Haedo.

En las elecciones de noviembre de ese año nuevamente Herrera fue candidato presidencial, y nuevamente derrotado, pero por amplísimo margen, ya que el Partido Nacional perdió en los 19 departamentos, siendo considerada la peor de las derrotas nacionalistas.

Una nueva carta magna (Constitución de 1942) eliminó el “Senado de medio y medio” y liquidó el esquema de poder que Herrera había montado con Terra. En 1943 el caudillo enviudó, y parecía que su ciclo político estaba perimido. En 1946 fue candidato presidencial por quinta vez (fórmula Herrera – Martín R. Echegoyen), fue derrotado ampliamente por Tomás Berreta pero mantuvo el liderazgo del Partido Nacional y recuperó posiciones (del 22% de los votos totales de 1942 pasó al 31%, y los blancos ganaron seis gobiernos municipales).

[editar] Década de 1950

[editar] Sus últimas cartas por la Presidencia

En 1950 conservó su caudal contra la fórmula ganadora colorada encabezada por Andrés Martínez Trueba, en lo que fue su última candidatura presidencial. Cuando en 1952 Martínez Trueba propuso una reforma constitucional para implantar el Poder Ejecutivo colegiado, Herrera, con 77 años, tuvo uno de sus más inesperados virajes: apoyó la reforma, argumentando que “había que entrar en el gallinero del vecino y comerle unas gallinas”.

Aprobada la reforma, compitió en las elecciones de 1954 después de sufrir la escisión del Movimiento Popular Nacionalista que lideraba Daniel Fernández Crespo. Obtuvo una banca en la minoría del Consejo Nacional de Gobierno, lo que pareció un final honorable para su carrera. Pero aún no había jugado su última carta: para las elecciones de 1958 pactó con el líder de la Liga Federal de Acción Ruralista, Benito NardoneChicotazo”, de origen colorado, lo que le significó fuertes críticas de sectores blancos, que acuñaron el término “loqueseísta” para definirlo.

Pero el Partido Nacional obtuvo una rotunda victoria en esos comicios y regresó al gobierno después de 93 años. Dentro del lema, que albergó esta vez a todos los blancos, Herrera (con 85 años) superó a la Unión Blanca Democrática (UBD) por 11.000 votos.

Entrevista a Luis Alberto de Herrera en radio El Espectador.ogg
Entrevista a Luis Alberto de Herrera en su cumpleaños numero 85.

Entonces ya era una figura nacional, que recorría las calles de Montevideo en su viejo Ford V8 modelo 1937, a veces a contramano por la izquierda y recibía a los visitantes en su famosa casa quinta de la calle Larrañaga 3760 (hoy Avenida Luis Alberto de Herrera), donde vivía modestamente (había quemado dos fortunas en el fuego de la lucha política). Después de la victoria, en la que no había sido electo para ningún cargo, Herrera trató en influir en el nuevo gobierno, pero Nardone prescindió de su influencia, lo que llevó a una rápida y radical ruptura “Una comadreja colorada se ha metido en el rancho de los blancos”. Falleció en esos menesteres el 6 de abril de 1959.

En Montevideo hay una avenida que lleva su nombre y, al final de la misma, una estatua recordatoria.

Tres décadas después, su nieto Luis Alberto Lacalle reconstruiría el Herrerismo y conquistaría finalmente la Presidencia de la República (1989).

[editar] Obras

  • Por la Patria - 1899
  • El acuerdo de los Partidos - 1900
  • La tierra Charrúa - 1901
  • El programa de la Revolución - 1904
  • Las verdaderas bases de paz - 1904
  • Desde Washington - 1904
  • Labor Diplomática en N. América - 1905
  • La Doctrina Drago y el interés del Uruguay - 1908
  • La Diplomacia Oriental en el Paraguay (I) - 1908
  • La Revolución Francesa y Sudamérica - 1910
  • La Diplomacia Oriental en el Paraguay (II) - 1911
  • El Uruguay Internacional - 1912
  • Acción Parlamentaria - 1917
  • Tres años de Cámara - 1917
  • Buenos Aires, Urquiza y el Uruguay - 1919
  • Uno que Vio - 1919
  • La Clausura de los Ríos - 1920
  • La encuesta Rural - 1920
  • Una Etapa - 1923
  • En la Brecha - 1923
  • El Drama del 65: la culpa Mitrista - 1926
  • Sin nombre - 1928
  • La Misión Ponsonby - 1930
  • La Paz de 1828 - 1940
  • Orígenes de la Guerra Grande - 1941
  • El Canadá, visto y leído de cerca - 1946
  • La Seudo-historia para el Delfín - 1947
  • Antes y después de la Triple Alianza - 1951


Predecesor:
Julio María Sosa
Presidente del Consejo
Nacional de Administración

1925-1927
Sucesor:
José Batlle y Ordóñez

[editar] Referencias

  1. Fragmento extraído del libro “Herrera. La encrucijada nacionalista”. De de Carlos Zubillanga
  2. Carta de Luis Alberto de Herrera a el Ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, German Roosen. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz
  3. Fragmento extraído del libro El Uruguay Internacional. De Luis Alberto de Herrera
  4. Fragmento de Luis Alberto de Herrera. Extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz
  5. Fragmento de Luis Alberto de Herrera. Extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz
  6. Fragmento de Luis Alberto de Herrera extraído de la sesión del Consejo, realizada en octubre de 1928. Extraído del libro. Luis Alberto de Herrera, del libro de Pintos Diago
  7. Fragmento de Luis Alberto de Herrera, “La Epopeya de la Libertad” – Nicaragua y Sandino-, realizada el 1 de octubre de 1930. Extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz
  8. Fragmento extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis,pp 25,26 de Ricardo Rocha Imaz
  9. Fragmento del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, pp 27,28 de Ricardo Rocha Imaz
  10. Fragmento de Luis Alberto de Herrera. Extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz
  11. Fragmento de Luis Alberto de Herrera. Extraído del libro. Antiimperialismo Herrera y los Yankis, de Ricardo Rocha Imaz

[editar] Fuentes

  • Peirano, Ricardo (2000 - 2002). Gran Enciclopedia del Uruguay. Barcelona: Sol 90. OCLC 51576630.

[editar] Enlaces externos

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