Historia de la ciencia

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El laboratorio de Strand House, por Kate Chandler-Thomson, 1917.
El primer paso del Gran Trabajo o El laboratorio del alquimista,[1] ilustración de Hans Vredeman de Vries para Amphitheatrum sapientiae aeternae de Heinrich Khunrath,[2] 1591.
Un magister de época escolástica, con toga universitaria, cotejando textos en un scriptorium de una biblioteca medieval. Ilustración de la Concordia Discordatium Canonum, siglo XIV.
Sarcófago romano del siglo III que representa parte del mito de Prometeo. Es el héroe griego que representa la capacidad técnica del hombre (techné en griego o ars en latín), así como sus peligros (es castigado por robar el fuego de Zeus). Junto a él aparecen las moiras (personificaciones del destino humano) y algunos dioses, como Atenea, la diosa de la sabiduría o de la ciencia (episteme en griego o scientia en latín), y Hermes, el dios de los comerciantes, los viajeros y los ladrones.[3]

Historia de la ciencia, de la ciencia y de la técnica o de la ciencia y la tecnología son denominaciones de la disciplina que estudia el desarrollo histórico de la ciencia y la técnica o tecnología, así como la interrelación que han tenido entre sí y con el resto de los aspectos de la cultura (la economía, la sociedad, la política, la religión, la ideología, etc.) El análisis histórico de la ciencia y la tecnología recurre a los contenidos y a la metodología de las distintas subdivisiones de la historia, tanto temáticas (historia de las ideas, historia cultural, historia social, historia económica) como temporales y espaciales.

Teorías y sociología[editar]

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Los primeros problemas de la disciplina son la definición de qué sea la ciencia (un problema no historiográfico, sino epistemológico, de filosofía o teoría de la ciencia), su identificación o no con la ciencia moderna surgida de la revolución científica del siglo XVII (un cuerpo de conocimiento empírico y teórico, producido por una comunidad global de investigadores (la comunidad científica) que hacen uso de técnicas específicas y reproducibles para observar y explicar los fenómenos de la naturaleza) y cuáles serían sus objetivos (el puro conocimiento, el autoconocimiento, o la aplicación a finalidades prácticas que mejoren la vida humana -ciencia pura o ciencia aplicada-). Buena parte del estudio de la historia de la ciencia se ha dedicado a la historia del método científico, con la ayuda, en particular, de la sociología de la ciencia que, estudiando las condiciones sociales en que tiene lugar el trabajo concreto de los científicos, reconstruye la forma en que se "produce" y "construye" el conocimiento científico.

A más cómo, menos por qué ... es el aforismo ... que, a mi entender, resume mejor el pensamiento científico. Preguntar por las causas es siempre una pregunta de emergencia, porque causas puede haber muchísimas. En cambio, preguntarse por el cómo es investigar el proceso.

Jorge Wagensberg[6]

A partir de que, desde el primer tercio del siglo XX, la propia ciencia dejara de ser determinista (demonio de Laplace)[7] y se hiciera probabilística y consciente de sus propios límites (principio de incertidumbre o relación de indeterminación de Heisenberg, teoremas de incompletitud de Gödel y otras expresiones de impredecibilidad,[8] impredicatividad[9] e indecidibilidad en ciencia) y de la influencia decisiva del observador en la observación; cambió también la perspectiva sobre la teoría y la historia de la ciencia.

A mediados del siglo XX, tres filósofos de la ciencia presentaron tres opciones distintas en la consideración de la naturaleza progresiva o no del conocimiento científico y su forma histórica de producirse: Karl Popper (el conocimiento científico es progresivo y acumulativo, pero "falsable", con lo que únicamente se puede considerar ciencia lo que puede ser cuestionado), Thomas Kuhn (el conocimiento científico no es necesariamente progresivo, sino una respuesta a las demandas sociales, y en la mayor parte de los casos, la "ciencia normal" es únicamente el constante esfuerzo por confirmar el vigente paradigma, que únicamente cambiará por una revolución científica, de las que ha habido muy pocas históricamente), y Paul Feyerabend (el conocimiento científico no es acumulativo o progresivo, sino inconsistente y anárquico -anarquismo epistemológico-, no habiendo criterio de demarcación, en términos de método, entre lo que suele llamarse "ciencia" y cualquier otra forma de investigación).

En el último tercio del siglo se establecieron como disciplina específica los estudios de ciencia, tecnología y sociedad (CTS), que insisten en la importancia del factor humano[10] dentro del conocimiento científico, y de la subjetividad sobre la anteriormente pretendida objetividad de los datos científicos, incluso de los llamados "hechos" o datos más evidentes, resultado de la observación, que fuera de su contexto (las teorías que los explican -o no- y las hipótesis que confirman -o no-) carecen de valor. Especialmente desde la publicación y divulgación de los libros de Popper (La lógica de la investigación científica, 1934 y 1959), Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas, 1962) y Feyerabend (Contra el método, 1975), se han generado constantes debates en las comunidades científicas y académicas, tanto en el ámbito de las llamadas "ciencias duras" como el de las llamadas "ciencias blandas", el de las ciencias físico-naturales y el de las humanidades y ciencias sociales (o humanas, o ciencias morales y políticas), sobre la naturaleza, significado, objetividad, subjetividad,[11] capacidad analítica, sintética y predictiva de la ciencia; el cuestionamiento del objeto[12] y la metodología propios de cada ciencia, las ventajas e inconvenientes de la especialización y el reduccionismo, las posibilidades de interdisciplinariedad y de perspectivas holísticas;[13] y la relación del conocimiento científico con los conceptos de verdad y de realidad.

La palabra "científico" (scientist) no existía hasta que la acuñó el erudito inglés William Whewell, en 1840. Sólo porque esta palabra sea hoy de uso común, no significa que se haya usado durante mucho tiempo.

Isaac Asimov

Prehistoria y Edad Antigua[editar]

Medición de la Tierra por Eratóstenes (240 a. C.) Los científicos alejandrinos cartografiaron los cielos y la Tierra con esferas celestes y terrestres. Se dice que el primer globo terráqueo fue construido por Crates de Malos. En cuanto al primer mapa (quizá el de Anaximandro de Mileto, ca. 550 a. C.), es fama que durante la revuelta de Jonia (499 a. C.), Hecateo de Mileto mostró uno para demostrar la inmensidad de Persia en relación con las ciudades griegas. También se dice que cuando los jonios pidieron ayuda a las ciudades de Grecia continental les mostraron su situación en relación con cada una de las partes en conflicto en un mapa. Hiparco de Nicea, en sus Explicaciones de los fenómenos de Arato y Eudoxo (129 a. C.) incluyó un catálogo de más de mil estrellas y otros datos astronómicos. No se ha conservado, pero se especula que se utilizó para la confección del Atlas Farnese.
Biblioteca de Celso en Éfeso (ca. 135) Para su decoración externa se representó un conjunto iconográfico de cuatro figuras femeninas: Sofía (la sabiduría), Areté (la virtud -Virtus en latín-), Ennoia (la inteligencia) y Episteme (la ciencia o conocimiento -Scientia en latín-). Mucho más importantes fueron la Biblioteca y el Museo de Alejandría; y en Roma el Templo de la Paz de Vespasiano (75 d. C.)[14]
Herma doble de Herodoto y Tucídides, los fundadores de la historiografía griega, y de otras ciencias sociales, como la geografía y la etnografía.
Representación moderna de Prisciano (gramático latino de la Antigüedad tardía) impartiendo clases de esa ciencia. Fue muy alto el prestigio que adquirieron los gramáticos griegos en Roma desde finales del periodo republicano. En la India del siglo IV a. C. realizó su obra el gramático sánscrito Panini.
Representación moderna de la complejidad del sistema ptolemaico, que utiliza epiciclos para representar el movimiento aparente de los planetas ("errantes" en griego) sobre la esfera de las estrellas fijas, con la Tierra en el centro del Universo.
Reconstrucción del sismógrafo de Zhang Heng, del que hay descripciones literarias (año 132). A pesar del extraordinario número de innovaciones técnicas consideradas "inventos chinos", la cultura china respondía a las peculiares circunstancias de lo que, en términos marxistas, se ha denominado "modo de producción asiático" o "despotismo hidráulico", en el que las fuerzas productivas ligadas a la ciencia y la tecnología no cumplen la misma función transformadora de las relaciones socioeconómicas que en otros modos de producción.

"[Los eruditos clásicos chinos] consideraban el mundo como un flujo de fenómenos concretos merecedores de una observación cuidadosa y de una relación cronológica: sin embargo, no se valían mucho de categorías analíticas. La construcción de un sistema lógico no era su fuerte. ... debemos deducir su sistema desde una confusa clasificación de expresiones registradas, glosas de los clásicos, cartas a amistades y otros documentos dispersos ... eran por educación más compiladores que creadores. Habiendo memorizado largas secuencias de los clásicos y otras historias, construían sus propias obras mediante un extenso trabajo de montaje de frases y pasajes extraídos de aquellas fuentes. A esta citación no acreditada hoy se le denominaría plagio; sin embargo, los escritores chinos antiguos se consideraban a sí mismos preservadores del registro más que sus creadores ... Casi no se utilizaban hipótesis o condiciones teóricas contrarias al hecho; lo mismo ocurría con el razonamiento lógico inductivo o deductivo. [Las escasas formas de generalizar o de expresar conceptos abstractos] dificultaba[n] la introducción de nuevas ideas extranjeras en el lenguaje escrito. En última instancia ello puede haber hecho más difícil el desarrollo de los aspectos teóricos de la ciencia. El problema más conocido con un término ... fue la frase gewu (kewu), utilizada por Zhu Xi y traducida como la investigación de las cosas. Algunos estudiosos modernos pensaron que se refería a un estudio científico de la naturaleza, pero ... el significado real era: la adquisición del conocimiento moral a través del estudio cuidadoso de los clásicos y de la inspección minuciosa de los principios tras la historia y la vida diaria."[15]

El papel de la mujer en la ciencia del periodo clásico, como en todos los aspectos de la cultura, era subordinado. No obstante, se han conservado algunos nombres femeninos, destacadamente el de Aspasia, la compañera de Pericles, muy activa en el extraoridinario grupo de intelectuales de que se reunió en la Atenas de su época (siglo de Pericles), y el de Hipatia, filósofo, matemático y astrónomo de Alejandría, asesinada por los cristianos en el año 415.
Representación moderna del famoso "baño de Arquímedes" del que salió gritando ¡Eureka! ("lo encontré") al concebir la solución de un problema (la comprobación de la pureza del metal de una corona de complejo diseño sin destruirla), que le llevó a la formulación del llamado principio de Arquímedes.
Pont du Gard, puente que sirve a la vez de viaducto y acueducto. Las técnicas romanas de construcción de obras públicas eran notabilísimas y eficaces. En concreto, la necesidad de salvar grandes distancias para el suministro de agua a las ciudades se resolvió con una ingeniería hidráulica muy sofisticada.

Que la ciencia esté sujeta a evolución o sea susceptible de progreso es una idea ajena a las épocas históricas anteriores a la Edad Moderna (polémica de los antiguos y los modernos, 1688-1704); y nuestra percepción del "atraso" científico relativo a una época, un lugar o una rama del saber con respecto a otra proviene específicamente del positivismo de Auguste Comte, para quien hay "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo" (Curso de filosofía positiva, 1830-1842). No habría ciencia, desde esa definición, antes de la revolución científica del siglo XVII. No hay términos universalmente aceptados para calificar a la forma de conocimiento del hombre prehistórico (que representaba artísticamente su visión del mundo -arte paleolítico- e incluso ha dejado algunas muestras de cómputos numéricos -hueso de Ishango-); las producciones intelectuales, muy sofisticadas, de las primeras civilizaciones (para las que se han propuesto las expresiones "pensamiento pre-filosófico" o "mitopoeico");[16] la ciencia griega (cultura griega), que fue esencialmente un ejercicio teórico que no se sometía al método experimental, y que no se implicaba en la esfera de la producción (el modo de producción esclavista no demandaba innovaciones tecnológicas); o la ciencia romana (cultura romana), continuadora intelectual de la helenística (cultura helenística) en una civilización de inclinación marcadamente pragmática, donde sobresalió una notable ingeniería.

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Edad Media[editar]

El trabajo intelectual en un scriptorium de la Alta Edad Media tal como se representa en una ilustración del Codex Amiatinus, el manuscrito más antiguo conservado de la Vulgata (comienzos del siglo VIII).
Astrolabio de al-Sahlî, Toledo, 1067. En la españa medieval, y particularmente en la ciudad de Toledo, se produjo un importante punto de encuentro entre las tres culturas y religiones cristiana, judía y musulmana. La escuela de traductores de Toledo permitió llegar a la cristiandad latina textos árabes traducidos al latín, algunos de los cuales eran clásicos griegos. Particularmente importante fue la influencia que sobre la escolástica (Tomás de Aquino) tuvo la filosofía del musulmán Averroes (averroísmo) o la del judío Maimónides. Similar papel de intercambio cultural cumplió la cultura normando-árabe-bizantina de Sicilia.
Producción de manuscritos en Europa occidental durante la Edad Media.
Uso del fuego griego en un combate naval en una ilustración del manuscrito llamado Skylitzes de Madrid (siglo XII).
Edición moderna del Corpus Iuris Civilis, recopilación del derecho romano realizada en Constantinopla entre 529 y 534 por Triboniano, bajo mandato del emperador Justiniano I. En Occidente, la recepción del derecho romano, que no se produjo hasta la Baja Edad Media (escuela de Bolonia o "de los glosadores") contribuyó a dar argumentos a los juristas "romanistas" frente a los "canonistas" en su justificación de la primacía del poder civil sobre el eclesiástico. Con ello se contribuyó a la formación de las monarquías autoritarias (véase también poderes universales).
Diagrama óptico en un texto latino del siglo XIII (puede ser De multiplicatione specierum de Bacon o De natura locorum de Grosseteste).
Edición moderna del Muqaddimah de Ibn Jaldún (1377), considerado una anticipación de conceptos que posteriormente desarrollarían las modernas ciencias sociales.
La jirafa llevada a China por las expediciones de Zheng He (1405-1433).

Mientras que en el Extremo Oriente se siguió desarrollando la civilización china con su propio ritmo cíclico, en Occidente la civilización clásica greco-romana fue sustituida por la cultura cristiana (latina y bizantina) y la civilización islámica, ambas fuertemente teocéntricas. Los cinco siglos de la denominada "época oscura" de la Alta Edad Media significaron un atraso cultural en la cristiandad latina, tanto en relación con la Antigüedad clásica como en relación con la simultánea Edad de Oro del islam, que no actuó únicamente como un contacto de innovaciones orientales (chinas, hindúes y persas, como el papel, el molino de viento o la numeración hindú-arábiga) hacia Occidente, sino añadiendo aportes propios y originales. No obstante, el desarrollo productivo del modo de producción feudal demostró ser más dinámico que el esclavista en cuanto a permitir desarrollos tecnológicos modestos, pero de notables repercusiones (la collera, el estribo, la vertedera). Aparentemente, el mundo intelectual, enclaustrado en los scriptoria de los monasterios y dedicado a la conservación y glosa de los textos sagrados, la patrística y la parte del saber antiguo que pudiera conciliarse con el cristianismo (Boecio, Casiodoro, Isidoro, Beda, Beato, Alcuino), estaba completamente desconectado de ese proceso, pero en su torno se fue gestando alguna variación en la concepción ideológica del trabajo que, con contradicciones y altibajos, inspiró la justificación de los intereses de la naciente burguesía y el desarrollo del capitalismo comercial a partir de la Baja Edad Media. Mientras tanto, las instituciones educativas se fueron sofisticando progresivamente (escuelas palatinas, escuelas monásticas, escuelas episcopales, studia generalia, universidades medievales) y en ellas, a pesar del efecto anquilosador que se supone al método escolástico, surgieron notables individualidades (Gilberto de Aurillac, Pedro Abelardo, Graciano, Raimundo de Peñafort, Tomás de Aquino, Roberto Grosseteste, Roger Bacon -Doctor Mirabilis-, Duns Scoto -Doctor Subtilis-, Raimundo Lulio, Marsilio de Padua, Guillermo de Ockham, Bártolo de Sassoferrato, Jean Buridan, Nicolás de Oresme) y algunos conceptos innovadores en terrenos como el de la química, en forma de alquimia (destilación del alcohol), el de la lógica (Petrus Hispanus), el de las matemáticas (calculatores de Merton College) o el de la física (teoría del impetus).[23]

Ya al final de la Edad Media, fue decisiva la adopción de innovaciones de origen oriental (brújula, pólvora, imprenta) que, si en la "sinocéntrica" civilización china no pudieron tener un papel transformador, sí lo tuvieron en la expansiva civilización europea.[24]

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Edad Moderna[editar]

Producción de libros en Europa occidental en las edades Media y Moderna (en naranja manuscritos y en azul impresos). Para permitir la comparación obsérvese que la escala no es lineal, sino exponencial en potencias de diez.
Ars Magna de Gerolamo Cardano (1545), la obra más importante del nuevo álgebra del siglo XVI, que desarrolla las ideas de Tartaglia[32] y precede a las que cierran el siglo (Rafaelle Bombelli y François Viète). En la primera mitad del siglo habían destacado los maestros calculistas encargados de la contabilidad en los puertos hanseáticos (Rechenmeisters).[33] [34]
Biblia de Gutenberg (1450-1455). El desarrollo de la imprenta permitió por primera vez un acceso casi instantáneo y universal a los conocimientos a medida que se iban produciendo. La publicación (que también podía hacerse mediante la correspondencia) se convirtió en un requisito para la atribución de un logro científico, y convirtió la ciencia en una actividad colectiva. La alfabetización se generalizó, sobre todo en los países del norte de Europa, donde triunfó la Reforma protestante (que insistía en la necesidad del acceso individual a la lectura de la Biblia). La relación entre La ética protestante y el espíritu del capitalismo fue señalada por Max Weber.
Kepler demostró su honestidad intelectual al renunciar al sistema ptolemaico tras comprobar que las observaciones daban datos incompatibles con él, a pesar de todas las sofisticadas formulaciones teóricas que intentó, incluyendo modelos con sólidos platónicos inscritos unos en otros, que pretendían encontrar la perfección formal de un universo creado por Dios. La solución que encontró, órbitas elípticas con el sol en uno de los focos, no era tan mística, pero funcionaba (leyes de Kepler, 1609-1618). El sistema copernicano (expuesto en De Revolutionibus Orbium Coelestium la obra póstuma de Nicolás Copérnico, 1543) fue defendido también por Giordano Bruno (condenado a la hoguera en 1600) y Galileo Galilei (obligado a abjurar en 1633 de su Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Tolemaico, e Coperniciano, 1632), encontrando su definitiva expresión en la ley de la gravitación universal de Newton, cuyos términos (la atracción entre cuerpos en relación directa a la masa e inversa al cuadrado de la distancia) estaban en el ambiente intelectual desde el final de la décadas de 1660 antes de ser expuestos ante la Royal Society en 1686, lo que suscitó una acusación de plagio por Robert Hooke.
Leviathan de Hobbes (1651), uno de los textos fundadores de las modernas ciencias políticas (con El Príncipe de Maquiavelo -1513-, Los seis libros de la República de Bodino -1576-, Mare Liberum[35] de Grotius -1609- o Tratados sobre el gobierno civil de Locke -1689-). En el siglo XVI fue decisiva la influencia de la neoescolástica Escuela de Salamanca, mientras que en el siglo XVIII lo fueron los ilustrados franceses (Montesquieu -El espíritu de las leyes, 1748-, Voltaire -Candide ou l'Optimisme, 1759- y Rousseau -El contrato social, 1762-) y los italianos Vico (Principi di Scienza Nuova d'intorno alla Comune Natura delle Nazioni, 1725-1744) y Beccaria (De los delitos y las penas, 1764).
Dibujos realizados por Galileo para representar su observación de la luna a través del telescopio (1616).
Representación artística del terremoto de Lisboa (1755). La impresión que causó en la opinión pública europea confirmó en los llamados philosophes (comprometidos en el ambicioso y peligroso proyecto de L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers de Diderot y D'Alembert, 1751-1772) la necesidad de un cuestionamiento radical de los dogmas; un sentido crítico y una osadía intelectual (sapere aude) que Kant definió posteriormente como "la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad" (Ausgang des Menschen aus seiner selbstverschuldeten Unmündigkeit), en su artículo Was ist Aufklärung? ("Qué es ilustración", 1784).
Clasificación del "reino animal" en Systema Naturae de Linneo (1735). El diseño de la nomenclatura binomial dotó a la biología de una herramienta de clasificación científica de primera magnitud.

Desde la Antigüedad los conceptos de "ciencia" y "filosofía" eran indisociables, en un esquema de las ramas del conocimiento (el arbor scientiarum) que desde la Edad Media está presidido por la teología (philosophia ancilla theologiae -"la filosofía es esclava de la teología"-, tópico atribuido a Pedro Damián).[36] La separación de los ámbitos de las llamadas "ciencias útiles" y de las llamadas "humanidades", y el fin del uso del latín como lengua científica se fue produciendo con mucha lentitud, y no antes del siglo XVIII; pero ya desde su comienzo en la segunda mitad del siglo XV, la "modernidad" de la "Edad Moderna" significó en primer lugar la secularización del pensamiento y la diferenciación entre "letras humanas" y "letras divinas", paso indispensable para convertir la "filosofía natural" en un dominio autónomo que sólo se sometiera a la razón y a la experimentación, diferenciado del de las ciencias morales, humanas o sociales (diferenciación que posteriormente será lamentada como una escisión intelectual entre dos culturas). Tales subdivisiones fueron produciéndose a medida que el desarrollo de la historia cultural fue haciendo imposible que un "humanista" pretendiera dominar todas las ramas del saber (al menos en cuanto a la capacidad objetiva de leer todo lo que se publicaba, ya que la imprenta multiplicó las publicaciones). En torno a 1500 Leonardo da Vinci pudo ser un sabio universal. En la primera mitad del siglo XVII todavía René Descartes podía ser a la vez óptico, geómetra, analista matemático, psicólogo, teórico del conocimiento y metafísico; mientras que Spinoza pretendía demostrar la ética "de modo geométrico" y Leibniz fue considerado "el último sabio universal".[37] Para redactar L'Encyclopedie a mediados del siglo XVIII tuvo necesariamente que recurrirse a múltiples expertos en múltiples disciplinas especializadas.

Con la revolución copernicana se inició un conflicto entre la ciencia y la fe: Miguel Servet y Giordano Bruno fueron quemados, uno por los protestantes y otro por los católicos (en realidad las partes más problemáticas de su pensamiento no eran tanto las científicas -circulación sanguínea y heliocentrismo, respectivamente- como las propiamente religiosas, pero la clave residía precisamente en el hecho de que tanto jueces como acusados compartían la convicción de que ambos ámbitos estaban necesariamente vinculados), mientras que Galileo optó por retractarse. El propio Copérnico fue ajeno a tales problemas, al no publicarse su obra hasta después de su muerte. Con un planteamiento muy distinto, Blaise Pascal (Pensées, 1669) concilió su conciencia científica con su conciencia religiosa aplicando una "apuesta" probabilística que le demostraba la conveniencia de mantener creencias sobrenaturales; un fideísmo compartido por algunos católicos, como Pascal, y algunos protestantes, como Pierre Bayle, que llegó a proponer la completa separación de las esferas de la fe y la razón (Dictionnaire Historique et Critique , 1697). La condena papal a Galileo no se levantó explícitamente hasta el siglo XX, pero ya en 1741 Benedicto XIV (llamado "el papa de las luces") había otorgado el imprimatur a sus obras completas, una vez que James Bradley había aportado una prueba óptica de la trayectoria orbital de la Tierra. El conjunto de las obras heliocentristas fueron sacadas del Index librorum prohibitorum en 1757. Pero no fue hasta después de la Revolución francesa que fue posible una escena como la protagonizada por Laplace y Lagrange ante Napoleón Bonaparte, en la que se consideraba la existencia de Dios como una mera hipótesis, que había pasado a ser innecesaria para explicar el mundo.

Las observaciones de Tycho Brahe (Tablas rudolfinas, 1627) llevaron a Kepler a confirmar, muy a su pesar, la inviabilidad del sistema ptolemaico. Christian Huygens desarrolló una teoría ondulatoria de la luz (1678). Evangelista Torricelli midió la presión atmosférica con el primer barómetro (1644). Francis Bacon definió el método experimental y Robert Boyle fundó la "filosofía de la naturaleza". Tras la precoz renovación del álgebra de François Viète (1591), a finales del XVII Isaac Newton y Leibniz inventaron el cálculo infinitesimal, diferencial e integral. Con esas nuevas herramientas matemáticas, y sus investigaciones en óptica y mecánica, Newton estableció el nuevo paradigma de las ciencias físico-naturales, lo que permite hablar a finales del siglo XVII del triunfo de una verdadera revolución científica coincidente en el tiempo con la llamada crisis de la conciencia europea que significó la apertura de una nueva época en la historia de la cultura y las ideas: la Ilustración.

En 1738, la expedición de Pierre Louis Moreau de Maupertuis para medir el arco de meridiano terrestre verificó la corrección de la teoría de Newton, habiendo de desecharse la teoría de los vórtices[38] de Descartes. Voltaire se convirtió en el principal propagandista de Newton y la ciencia moderna (Épître sur Newton, 1736, Éléments de la philosophie de Newton, 1738). La mecánica analítica se desarrolló en el siglo XVIII con Varignon, D'Alembert, Maupertuis, Lagrange y otros, que también continuaron la obra de Jakob Bernoulli sobre el análisis matemático (prolongada en la de su hermano Johann Bernoulli y la de Euler).[39] El formalismo en medios continuos permitió a D'Alembert determinar en 1747 la ecuación de las cuerdas vibrantes, y a Euler establecer en 1755 las ecuaciones generales de la hidrodinámica, campo en el que otros Bernoulli (Daniel, Hydrodynamica, 1738, y Johann) habían realizado importantes contribuciones. Tras que D'Alembert publicara su Traité de dynamique (1743), en el que intenta reducir toda la dinámica a la estática, Maupertuis descubría el principio de mínima acción, y Lagrange publicaba Mécanique analytique (1788). La física experimental y el estudio de la electricidad tuvieron un desarrollo significativo desde los años 1730, con los franceses Nollet y Du Fay, el holandés Musschenbroek, los ingleses Desaguliers y Stephen Gray y el norteamericano Benjamin Franklin. Al final del siglo desarrollaron sus trabajos Charles de Coulomb y Alessandro Volta.

Las teorías del calor se desarrollaron a partir de Boyle y Mariotte a finales del XVII (Ley de Boyle-Mariotte, 1662, 1676). Guillaume Amontons hizo importantes trabajos sobre los termómetros a comienzos del siglo XVIII, que son pronto superados por los de Fahrenheit y de Réaumur. En 1741, Anders Celsius definió como extremos de su escala de temperaturas en cien grados la ebullición y la congelación del agua, lo que fue adoptado por Linneo en 1745 y confirmado en 1794 por el sistema métrico decimal.[40] Todavía no había una diferencia conceptual entre temperatura y calor, hasta Herman Boerhaave, Joseph Black y finalmente Antoine Lavoisier, que nombra a un fluido como "calórico" (cuya inexistencia no se comprobó hasta el siglo XIX).[41]

El mismo Lavoisier revolucionó la química al superar la teoría del flogisto que venía utilizándose como paradigma de la química pneumática desde Becher y Stahl hasta Priestley (quien a pesar de descubrir el oxígeno como componente del aire que permitía la combustión y la respiración, lo llamaba "aire desflogistizado"). La introducción de la noción de elemento químico y el establecimiento de una nomenclatura química funcional convirtieron al Traité Élémentaire de Chimie de Lavoisier (1789) en el primer manual de una química establecida sobre bases científicas sólidas. La alquimia quedó relegada al ámbito de las pseudociencias.

Las ciencias de la Tierra y la biología conocieron un gran desarrollo a partir de los primeros viajes de exploración científica, y del tratamiento de los datos obtenidos por científicos de gabinete:[42] Buffon, Linneo, Georges Cuvier, Jean-Baptiste Lamarck.

El fin de siglo ve la creación del sistema métrico decimal, con el notable impulso de Laplace.

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Edad Contemporánea[editar]

Reconstrucción teórica de las isoglosas de las lenguas indoeuropeas hacia el 500 a. C. En 1816, el artículo Ueber das Konjugationssystem der Sanskritsprache in Vergleichung mit jenem der griechischen, lateinischen, persischen und germanischen Sprache de Franz Bopp, fundó los estudios indoeuropeos y la gramática comparada; aunque la intuición de la conexión entre ese grupo de lenguas había sido publicada anteriormente por William Jones (The Sanskrit Language, 1786). La lingüística se convirtió en un referente fundamental incluso para otras ciencias, tanto sociales como naturales, que seguían el nuevo paradigma evolucionista, lo que se confirmó en el siglo XX con el estructuralismo, que se derivó de las propuestas del Cours de linguistique générale de Ferdinand de Saussure (1913), y con la gramática generativa transformacional planteada por Noam Chomsky en Syntactic Structures (1957).[45]
La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna dirigida por Francisco Javier Balmis (1803-1814) aplicó de modo sistemático el descubrimiento de Edward Jenner (publicado en 1798). Otras expediciones españolas de la época, muy ambiciosas, habían sido las mediciones hispano-francesas que llevaron a la definición del sistema métrico decimal. La expedición Malaspina (1789-1794) fue desaprovechada por cuestiones políticas; mientras que la de Alexander von Humboldt (1799-1804) ha sido calificada como "segundo descubrimiento de América", pero no tuvo aplicación en España. La expedición científica más trascendental de la época, y probablemente de la historia de la ciencia, fue la que realizó Charles Darwin a bordo del Beagle (1831-1836), pero hubo muchas otras (James Cook, Bounty -con su famoso motín-, La Perouse, Lewis y Clark, etc.)
Perfil trazado por Charles Lyell en 1835, donde aparece el llamado "roble de Lyell"[46] (cercanías de Estocolmo), la estimación de cuya edad, comparada con la de otro roble, le permitió establecer el fenómeno actualmente denominado ajuste postglacial.
El capital de Marx. El filósofo alemán pretendía construir un "socialismo científico" a partir de su trabajo intelectual de "crítica de la economía política" (como se indica en el subtítulo de su obra) y la generación de una "conciencia de clase" en el proletariado. En el siglo siguiente, las pretensiones cientificistas del materialismo dialéctico terminaron generando unas estructuras académicas que se han denominado "escolástica soviética" (ciencia y tecnología en la Unión Soviética). Con mayor flexibilidad, la metodología marxista o "marxiana" se desarrolló en la historiografía como materialismo histórico (Past and Present, Annales) y en otros ámbitos de las ciencias sociales (Escuela de Frankfurt, geografía radical).
Cuaderno de notas "sobre la transmutación de las especies" de Charles Darwin (1837) que contiene el primer diagrama de un árbol evolutivo y unos apuntes en los que reflexiona sobre la necesidad teórica de la existencia pasada de múltiples formas de vida extintas en la actualidad para explicar la existencia de las actuales formas de vida.
El galvanómetro de William Thomson (Lord Kelvin) permitió la transmisión del primer telegrama transatlántico, que tuvo que vencer también la gran dificultad del tendido del cable por el fondo oceánico (1858-1866).
Ilustración de la teoría de los lugares centrales de Walter Christaller (Die zentralen Orte in Süddeutschland, 1933). La geografía cuantitativa y el urbanismo, así como muchas otras ciencias, tanto sociales como naturales, encuentran en los fenómenos que estudian (tanto las regiones como las ciudades y los barrios que las integran en sucesivas escalas -Jane Jacobs, The Death and Life of Great American Cities, 1961-) complejidades de orden creciente que los caracterizan como sistemas emergentes.
Sello conmemorativo de Kekulé, con la fórmula del benceno (1862). El nacimiento de la química orgánica en el siglo XIX permitió el desarrollo de la agricultura (abono artificial), de la energía y la industria petroquímica y textil (tintes); y en el siglo XX permitió la nueva ciencia de los materiales ("era de los plásticos" o "de los polímeros"), la nueva biotecnología y todas sus aplicaciones.
Cartel de propaganda bélica que encomia la penicilina, descubierta en 1928 por Alexander Fleming pero que no pudo producirse industrialmente hasta la Segunda Guerra Mundial (el Premio Nobel de 1945 fue compartido por el médico inglés y por los desarrolladores del proceso, Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey).
Esquema del experimento de Milgram (Behavioral Study of Obedience, 1963) que, como otros experimentos sociológicos denominados breaching experiment[47] (cárcel de Stanford, Asch, Robber's Cave) demuestra la gran facilidad con que puede obtenerse la conformidad con el grupo, el establecimiento de identidades y jerarquías y la obediencia en los seres humanos, incluso forzando límites morales para llegar a ejercer la violencia contra "el otro". El conductismo (behaviorism, estímulo-respuesta) es un paradigma compartido por ciencias sociales y naturales, y ya eran muy conocidos los experimentos con perros y ratas de Pavlov y Skinner, pero el referente intelectual más evidente era el asombro con el que se había asistido a la desvelación de las técnicas terroríficas de control social y represión en los totalitarismos nazi y soviético o las dictaduras latinoamericanas, incluyendo el papel que jugaron en el Holocausto cada uno de los que contribuyeron a él por "obediencia debida", y que en expresión de Hannah Arendt se denominó "la banalidad del mal" (similar a la de aplicación más general de Erich Fromm: "miedo a la libertad").[48] La aplicación de todo tipo de técnicas psicológicas y sociológicas innovadoras no se restringe a la manipulación política (tanto en los sistemas autoritarios como en los democráticos),[49] ha sido una constante de campos tan diferentes como la publicidad y la educación (especialmente de las sucesivas versiones de la llamada educación progresista). Para Walter Lippmann era una función imprescindible para conseguir lo que denominaba "consenso manufacturado".
Alfred Wegener, un meteorólogo alemán, expuso el 6 de enero 1912 su hipótesis de la deriva continental, basándose en pruebas geológicas y paleontológicas compatibles con una distribución de los continentes actuales en la que se agrupaban como las piezas de un puzzle. Publicó sus conclusiones en Die Entstehung der Kontinente und Ozeane (1915). La teoría, que suponía un cambio de paradigma en las ciencias de la Tierra, fue rechazada hasta que no se aparecieron datos cada vez más evidentes en su favor, como la existencia de las dorsales oceánicas. Para el Año Geofísico Internacional (1957-1958) ya era de aceptación general.
Secuencia del gen AMY1. El proyecto Genoma Humano (Craig Venter, Francis Collins) culminó en el año 2000 medio siglo de hallazgos iniciados por el descubrimiento de la estructura del ADN (Francis Crick y James D. Watson, Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid, 1953) y el código genético (Severo Ochoa, Arthur Kornberg, Marshall Nirenberg, Har Gobind Khorana, Robert W. Holley, etc.) El gran número de equipos de científicos implicados hace imposible establecer una "paternidad" exclusiva de ninguno de los pasos de este proceso, como ocurre en cualquier otro campo de la "gran ciencia" a partir del siglo XX: en realidad la ciencia y la tecnología son productos sociales, sujetos a las interrelaciones y retornos del complejo CTS.

En el siglo XIX las matemáticas se refinaron con Cauchy, Galois, Gauss o Riemann. La geometría se revolucionó con la aparición de la geometría proyectiva y las geometrías no euclidianas.

La óptica sufrió una revisión radical con Thomas Young y Augustin Fresnel, que pasaron de una concepción corpuscular de la luz (newtoniano) a una concepción ondulatoria (prefigurada por Huygens). La electricidad y el magnetismo se unificaron (electromagnetismo) gracias a James Clerk Maxwell, André-Marie Ampère, Michael Faraday y Carl Friedrich Gauss. La relación entre el maquinismo de la primera Revolución industrial (la máquina de vapor) y la ciencia de la termodinámica (Sadi Carnot, Clausius, Nernst y Boltzmann) no fue de ningún modo la de un principio científico que se aplicara a la técnica, sino más bien al contrario; pero a partir de la Segunda Revolución Industrial, los retornos tecnológicos se producirán fluidamente ("era de los inventos", 1870-1910).[50] A finales del siglo XIX se descubrieron nuevos fenómenos físicos: las ondas de radio, los rayos X, la radiactividad (Heinrich Rudolf Hertz, Wilhelm Röntgen, Pierre y Marie Curie).

Se descubren en el siglo XIX la casi totalidad de los elementos químicos, permitiendo a Mendeleiev el diseño de la tabla periódica que predice incluso los no descubiertos. Se crea la química orgánica (Wöhler, Kekulé).

La fisiología abandonó la teoría de la generación espontánea y desarrolló las vacunas (Edward Jenner y Louis Pasteur). La biología se constituyó como ciencia gracias en gran parte a Jean-Baptiste Lamarck, que acuñó el término en 1802, proponiendo un nuevo paradigma: el evolucionista, si bien con bases diferentes a las que terminarán desarrollándose con Darwin (El origen de las especies, 1859). Se abandonó el vitalismo a partir de la síntesis de la urea, que demostró que los compuestos orgánicos podían obtenerse por puras leyes físico-químicas, como los compuestos inorgánicos. La genética nació a partir de la obra de Gregor Mendel (1866), pero presentada de una forma inaplicable, que hubo de esperar al siglo XX para que, tras reelaborarse (leyes de Mendel, Hugo de Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak), fuera recibida por la comunidad científica y desarrollara su potencialidad.

La enseñanza tuvo un papel capital en el desarrollo de la ciencia y las técnicas en el siglo XIX.[51] Los Estados que democratizaron la enseñanza se dotaron de un contexto y unos medios favorables a la investigación científica, y se garantizaron permanecer en la vanguardia durante muchos años. El ejemplo emblemático fue Francia, que tras su Revolución hizo de la ciencia uno de los pilares de la escuela pública y las instituciones pre-existentes, que se impulsaron notablemente (Collège de France, Muséum national d'histoire naturelle,École Nationale Supérieure d'Arts et Métiers) o crearon ex-novo (École polytechnique, Conservatoire National des Arts et Métiers, etc.) La sustitución de la Iglesia por el Estado como suministrador de la educación convirtió al país a una especie de credo laico y republicano, que no sólo separó la Iglesia del Estado, sino de la ciencia. Con un proceso más gradual, semejantes resultados se tuvieron en el Reino Unido.

La profesionalización de la ciencia es una de las transformaciones más notables de la actividad científica en la Edad Contemporánea.[52] Instituciones preexistentes (universidades, academias, museos, jardines botánicos) se convirtieron en centros científicos en el sentido contemporáneo de ese concepto, y marginalizaron los aportes de los científicos aficionados. Desaparecen los gabinetes de curiosidades, sustituidos por un coleccionismo sistemático que nutrió las vitrinas de colecciones públicas y privadas. Los intercambios que eran tan corrientes entre savants, amateurs y simples curiosos se hicieron cada vez más raros. Aun así, algunos campos siguieron acogiendo el trabajo aficionado, como la astronomía, la meteorología, la botánica, la ornitología o la entomología.

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Véase también[editar]

Historias nacionales[editar]

Historias sectoriales[editar]

Ciencias formales[editar]

Ciencias naturales[editar]

Ciencias sociales, humanas o morales y políticas[editar]

Historiadores de la ciencia[editar]

La siguiente es una lista no exhaustiva de conocidos historiadores de la ciencia:

Bibliografía[editar]

Documentales[editar]

Novela gráfica[editar]

Referencias[editar]

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  2. John Warwick Montgomery, "Lutheran Astrology and Lutheran Alchemy in the Age of the Reformation," Ambix: The Journal of the Society for the Study of Alchemy and Early Chemistry, 11 (June 1963), fuente citada en en:Heinrich Khunrath
  3. Interpretación del mito.
  4. How We Know: An Exploration of the Scientific Process, by Goldstein, I.F. and Goldstein, M. (Westview / Da Capo ISBN 978-0-306-80140-2, 1981. Fuente citada en en:Theories and sociology of the history of science
  5. Agassi, Joseph. Towards an Historiography of Science Wesleyan University Press. 1963. Fuente citada en en:Historiography of science
  6. Presentación del libro del mismo título, 18 de abril de 2006.
  7. Stephen Hawking, "Does God Play Dice?", Public Lectures. Pierre-Simon Laplace, "A Philosophical Essay on Probabilities. Fuentes citadas en en:Laplace's demon. No debe confundirse con el demonio de Maxwell ni con la hipótesis del genio maligno de Descartes (ni éste con el diablillo de Descartes).
  8. «impredecibilidad», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=impredecibilidad . La palabra impredictibilidad, no recogida en el DRAE, tiene bastante uso en la bibliografía (incluso mayor que la forma que sí se recoge en el DRAE). En inglés, la forma usual es unpredictability. En la Wikipedia en inglés el enlace correspondiente redirige al término positivo, en:predictability ("predecibilidad"), existiendo también en:Predictable process ("proceso predecible"); fuente citada en ese artículo: van Zanten, Harry (November 8, 2004). "An Introduction to Stochastic Processes in Continuous Time". Véase también proceso estocástico y teoría de la probabilidad.
  9. La palabra no se recoge en el DRAE, pero tiene uso bibliográfico. Predicative and Impredicative Definitions entry in the Internet Encyclopedia of Philosophy. Fuente citada en en:Impredicativity. Véase también paradoja de Russell, paradoja de Richard (Good, I. J. (1966), "A Note on Richard's Paradox", Mind 75, fuente citada en en:Richard's paradox -Jules Richard-), Douglas Hofstadter, Gödel, Escher, Bach.
  10. Independientemente del mantenimiento de una ética científica (deontología profesional, bioética, ética de la investigación -National Academy of Sciences. 2009. On Being a Scientist: Third Edition. Washington, DC: The national Academies Press, fuente citada en en:Research ethics-), son inevitables los prejuicios, sesgos, intereses, tanto voluntarios como involuntarios, del investigador individual o colectivo, el destinatario de su investigación (patrocinadores -públicos, privados-, clientes, beneficiarios -por ejemplo, los pacientes de una enfermedad-, perjudicados -por ejemplo, sectores económicos que devendrán obsoletos-, opinión pública general, lobbies de intereses parciales) y los grupos sociales con quienes interactúan (por pertenencia, amistad, enemistad, rivalidad, cooperación, emulación, etc.); y las posibilidades o limitaciones del material investigado y del instrumental con el que investiga en relación con la propia naturaleza humana, sus sentidos y formas de conocer, que llevan aparejados todo tipo de consecuencias para la actividad científica. En ocasiones, la evidencia de la condición humana del conocimiento científico es su propia expresión (solipsismo, principio antrópico).
  11. Arthur Schopenhauer, The World as Will and Representation, Dover, Volume I. ISBN 0-486-21761-2. Erwin Schrödinger, What is Life? & Mind and Matter, Cambridge University Press, 1974, ISBN 0-521-09397-X. John R. Searle (June 29, 1972). "Chomsky's Revolution in Linguistics". New York Review of Books. Book review of Mark J Smith (1998). Social Science in Question: Towards a postdisciplinary framework. ISBN 0761960414. V. A. Lektorsky. "The dialectic of subject and object and some problems of the methodology of science". Psychology and Marxism. Marxist internet archive. Fuentes citadas en en:Subject–object problem (problema sujeto-objeto).
  12. Lorraine Daston, Jürgen Renn, Hans-Jörg Rheinberger (dir.), International Max Planck Research Network "History of Scientific Objects”, Max Planck Institute for the History of Science. Lorraine Daston, Biographies of Scientific Objects, 1999. Juignet Patrick, L’objet de la connaissance scientifique, en Philosciences.com, 2008. Jean Davallon, Objet concret, objet scientifique, objet de recherche, en Hermès, 2004.
  13. Big History - ¿Gran historia? ¿historia grande?. Letras o ciencias - Zorros o erizos
  14. Reseña de la exposición "La Biblioteca Infinita - Los lugares del conocimiento en el Mundo Antiguo", 7/05/2014
  15. John King Fairbank, China: una nueva historia, pg. 134. La frase en cursiva es una cita de Derk Bodde. También se cita como fuente (de la primera frase) a Joseph Needham.
  16. Henri Frankfort, El Pensamiento prefilosófico: Egipto y Mesopotamia. I, Fondo de Cultura Económica, 1988, ISBN 9681605551. Henri Frankfort, et al. The Intellectual Adventure of Ancient Man: An Essay on Speculative Thought in the Ancient Near East. Chicago: University of Chicago Press, 1977. Fuente citada en en:Mythopoeic thougt. El término "mitopoeia" (mythopoeia) fue acuñado por J. R. R. Tolkien para la lengua inglesa como un neologismo de raíces griegas (en castellano tienen uso mitopoyética, mitopoyético, mitopoyesis y mitopoiesis). John Adcox, Can Fantasy be Myth? Mythopoeia and The Lord of the Rings, fuente citada en en:Mythopoeia
  17. Presenting Indian S&T Heritage in Science Museums, Propagation : a Journal of science communication Vol 1, NO.2, July, 2010, pages 124-132, National Council of Science Museums, Kolkata, India, by S.M Khened. Fuente citada en en:History of science and technology in the Indian subcontinent
  18. Ward English, Paul (21 June 1968). "The Origin and Spread of Qanats in the Old World". Proceedings of the American Philosophical Society (JSTOR) 112 (3): pp 170–181. JSTOR 986162. "Riddle of 'Baghdad's batteries'". BBC News. 27 February 2003. Retrieved 23 May 2010. Fuentes citadas en en:Science and technology in Iran#Ancient technology in Persia. Véase también Qanat, Batería de Bagdad, etc.
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  38. Les principes de la philosophie (1644), fuente citada en en:Mechanical explanations of gravitation#Vortex (explicaciones mecánicas de la gravitación).
  39. Robert Locqueneux, Une histoire des idées en physique, Paris, Vuibert, 2006: Plantilla:P.
  40. Robert Locqueneux, Une histoire des idées en physique, Paris, Vuibert, 2006, Plantilla:P.
  41. Lavoisier, Traité élémentaire de chimie, 2 vol, 1789
  42. "Dorinda Outram ha señalado cómo a principios del XIX la oposición entre un espacio interior -receptor del flujo de la información- y otro exterior -un espacio abierto y emisor de información- genera un discurso sobre la distancia respecto al obeto necesaria para rentabilizar toda la información recibida. Según se sea un expedicionario o un científico de gabineta se estará en condiciones de realizar un trabajo más o menos global" (Nuria Valverde, Actos de precisión: instrumentos científicos, opinión pública y economía, CSIC, 2007; cita como fuente a Outram, New spaces in natural history).
  43. O ciencia en la Ilustración, ciencia ilustrada. Conant, James Bryant, ed. 1950. The Overthrow of the Phlogiston Theory: The Chemical Revolution of 1775-1789. Cambridge: Harvard University Press. Cowen, Brian William. 2005. The Social Life of Coffee: The Emergence of the British Coffeehouse. New Haven: Yale University Press. Daston, Lorraine. 1998. The Academies and the Utility of Knowledge: The Discipline of the Disciplines. Differences vol. 10, no. 2: 67-86. Gillispie, Charles C. 1980. Science and Polity in France at the end of the Old Regime. Princeton, NJ: Princeton University Press. Headrick, Daniel R. 2000. When Information Came of Age: Technologies of Knowledge in the Age of Reason and Revolution, 1700-1850. Oxford: Oxford University Press. Fuentes citadas en en:Science in the Age of Enlightenment
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  45. Tomalin, Marcus (2006), Linguistics and the Formal Sciences: The Origins of Generative Grammar, Cambridge: Cambridge University Press. Pullum, Geoffrey K. (forthcoming) On the mathematics of Syntactic Structures. To appear in Journal of Logic, Language and Information. Fuentes citadas en en:Syntactic Structures
  46. Sernander, Rutger (1926). Stockholms natur. Stockholm: Almqvist & Wiksell. Fuente citada en sv:Lyells ek
  47. Rafalovich, Adam (2006). "Making sociology relevant: The assignment and application of breaching experiments". Teaching sociology 34 (2): 156–163. doi:10.1177/0092055X0603400206. Fuente citada en en:Breaching experiment
  48. Funk, Rainer (2000). Erich Fromm: His Life and Ideas. New York: Continuum. pp. 169, 173. ISBN 0-8264-1224-6. Fuente citada en en:Escape from Freedom
  49. La utilización de términos como "democrático", "totalitario" y "autoritario" es en sí misma un problema para las ciencias políticas, cuyo lenguaje es particularmente ambiguo (Jesús Palomar, La ambigüedad del lenguaje político, 2011). El primero, de origen en la Grecia clásica (democracia ateniense), fue prácticamente un término peyorativo hasta la revolución americana, y fue analizado sociológicamente por Alexis de Tocqueville (La democracia en América, 1835-1840); el segundo nació como un término autodefinitorio del fascismo, y pasó a ser peyorativo con su derrota en la Segunda Guerra Mundial, identificándose con el comunismo soviético por Karl Popper (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945) y Hanna Arendt (Los orígenes del totalitarismo, 1951); el tercero fue definido por el psicoanálisis y el estructuralismo (Wilhelm Reich, Massenpsychologie des Faschismus - Verlag für Sexualpolitik, 1933, Erich Fromm, Theodor W. Adorno, The Authoritarian Personality, 1950) y terminó por utilizarse en oposición a "totalitarismo" para matizar la denominación de ciertos regímenes dictatoriales (Juan José Linz, An Authoritarian Regime: The Case of Spain, 1964).
  50. The Age of inventions refers to the time from 1870 to 1910 when new machines and new ways of producing goods and services altered life forever.... From testing their ideas to getting patents to beating the competition, inventors met challenges from beginning to end.... the important inventions of the electric light bulb, the telephone, a new way to produce automobiles, and the airplane (Ann Rossi, The Age of inventions -material didáctico-). Para los inventos señalados en este texto, véase Thomas Alva Edison, Nikola Tesla, Alexander Graham Bell, Antonio Meucci, Henry Ford, hermanos Wright.
  51. Histoire générale des sciences: La science contemporaine - Le s. XIXe, René Taton, 1995 (sixième partie - chapitre premier - Le cadre l'effort collectif).
  52. Patrick Matagne, « Amateurs de science: une nébuleuse utile», dans Pour la Science de de décembre de 2006, Plantilla:P.
  53. O el Romanticismo en la ciencia, ciencia en la época del Romanticismo, ciencia del Romanticismo o ciencia romántica. Bossi, M., and Poggi, S., ed. Romanticism in Science: Science in Europe, 1790–1840. Kluwer: Boston, 1994. Fuente citada en en:Romanticism in science
  54. O historia de la tecnología militar. Harris, Robert and Jeremy Paxman. A Higher Form of Killing: The Secret History of Chemical and Biological Warfare. 2002. Fuente citada en en:Military funding of science, redirige a en:History of military technology
  55. La comparación de las trayectorias científicas de Freud y Cajal ha sido particularmente fructífera, puesto que fueron contemporáneos y a principios del sigo XX obtuvieron ambos el reconocimiento internacional. No obstante, la repercusión histórica de ambos ha seguido trayectorias diferentes: Aunque durante la mayor parte del siglo XX parecía que la talla de Freud era incomparablemente mayor, por su descubrimiento del continente desconocido del subconsciente, que le convirtió en un referente cultural de primer orden (en expresión de Paul Ricoeur, uno de los tres "maestros de la sospecha", con Nietzche y Marx), desde finales del siglo, el psicoanálisis ha sido objeto de un creciente desprestigio, que para el mainstream científico le ha dejado reducido al ámbito pseudocientífico de las terapias alternativas, junto a la homeopatía, la naturopatía y las medicinas orientales. Por el contrario, la neurociencia, basada en la teoría neuronal de Cajal, comenzó a dar pasos cada vez más firmes para establecerse como un campo de conocimiento con notables expectativas de desarrollo, y aplicación incluso a las ciencias sociales, precisamente desde finales del siglo XX. Dolores Albiac, Las memorias de Santiago Ramón y Cajal: En "Historia de mi labor científica" cuenta [Cajal] que durante una etapa, al comienzo de su ejercicio profesional, este afán por desentrañar «misterios» le llevó a estudiar las tesis de Freud para aplicar el método hipnótico al análisis de ciertos fenómenos inexplicables que no estaba dispuesto a dejar en el terreno de lo maravilloso hermético. Y algo de estas experiencias está en "El fabricante de honradez", recogido en "Cuentos de vacaciones" —curiosa incursión del científico en el ámbito de la creación literaria—, donde plantea el caso de un falso suero antipasional. Ángela Boto, El siglo del cerebro, El País, 26 de marzo de 2006: "Somos conscientes sólo de una pequeña parte de lo que ocurre en nuestro cerebro, y no hay por qué suponer que el cerebro es sólo el que es consciente". Curiosamente, parece que el círculo se cierra porque Cajal compartió época con el padre del psicoanálisis y sus teorías sobre la fuerte influencia del subconsciente en el comportamiento. De hecho, este mismo año, Austria conmemora el 150º aniversario del nacimiento de Sigmund Freud. Mientras que Cajal trataba de desentrañar los misterios del cerebro escudriñando sus caprichosas estructuras e imaginando cómo se transmitía la información por el entramado neuronal, Freud intentaba descifrar los rincones ocultos de la mente descodificando, entre otras cosas, sus productos. Y llegado el siglo XXI, los neurocientíficos amalgaman las dos tendencias: abordan las preguntas de Freud con las herramientas heredadas de Cajal. El entrecomillado es de Alberto Ferrús, codirector del Instituto Cajal. Mo Costandi, Freud was a pioneering neuroscientist, en The Guardian, 10 de marzo de 2014: Before his rise to fame as the founding father of psychoanalysis, however, Freud trained and worked as a neurologist. He carried out pioneering neurobiological research, which was cited by Santiago Ramóny Cajal, the father of modern neuroscience, and helped to establish neuroscience as a discipline. J. Elguero, «Metodología de la investigación: los ejemplos de Cajal y de Freud», Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, Mayo de 2004. Juan Francisco Rodríguez, Vidas cruzadas, Cajal Y Freud, conferencia inaugural del curso 2009-2010 del Instituto Estudios Psicosomáticos y Psicoterapia Médica
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Enlaces externos[editar]