Alfonso X el Sabio
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Alfonso X de Borgoña, el Sabio (Toledo, 23 de noviembre de 1221 — Sevilla, 4 de abril de 1284), rey de Castilla y de León (1252-1284). También reconocido por sus obras de interés literario y por continuar con la labor de la Escuela de Traductores de Toledo.
Tabla de contenidos |
[editar] Biografía
Hijo de Fernando III el Santo y de Beatriz de Suabia. Firme defensor de una concepción laica del poder real, su apoyo al partido gibelino italiano, opuesto al Papado, le perjudicó en su candidatura al Sacro Imperio Romano-Germánico, a la que tenía derecho por ser descendiente por parte de su madre de la casa reinante Staufen. Pese a lograr su designación en una votación entre los electores imperiales (gracias a generosas contribuciones monetarias y a la habilidad de sus delegados), sucesivos Papas (Alejandro IV, Urbano IV, Clemente IV, Gregorio X), pospusieron o denegaron su designación por su cercanía al partido gibelino, su vinculación familiar a los Staufen e incluso por su inclinación hacia la astronomía y otros saberes hacia los que la Iglesia y otros sectores sociales desconfiaban. Durante más de veinte años defendió con gran esfuerzo intelectual y material su candidatura, hasta que en 1269, tras una entrevista con Gregorio X, se produjo su renuncia tácita a la misma, forzado por la invasión de los benimerines, la crisis económica en el reino y varias muertes en el seno de su familia.
Alfonso X incorporó a la Corona de Castilla los pequeños territorios tributarios de Niebla y Cádiz, así como, siendo infante, todo el Reino de Murcia.
En 1255, Alfonso X fundó Villa Real (Anteriormente denominada Pozo Seco de Don Gil), con el fin de contrarrestar el poder que la Orden de Calatrava ejercía en la comarca, con Almagro a la cabeza. A esta villa acudió a vivir la población que habitaba el Castillo de Alarcos, cuando se produjo el enfrentamiento con los Almoravides donde Castilla salió mal parada.
En 1264 se produjo el levantamiento de la población mudéjar, cada vez más depauperada, que encontró el apoyo del rey de Granada. Tras sofocar la rebelión, pudo acabar con la independencia del enclave granadino, pero su crónica necesidad de dinero hizo que aceptara la tregua ofrecida por el sultán con la promesa de entregar 250.000 maravedíes anuales en concepto de tributo.
Tuvo que hacer frente a diversas rebeliones internas. Buena parte de ellas provinieron de la nobleza, pues trató de reforzar el poder real con sus obras legislativas (el Fuero Real, Las Partidas). Pero el gran problema de los años finales de su reinado fue el de la sucesión. El monarca, casado desde 1246 con Violante de Aragón, hija de Jaime I el Conquistador, tuvo diez hijos legítimos, pero el primogénito y heredero al trono, don Fernando de la Cerda, murió en 1275. De acuerdo con el Derecho consuetudinario castellano, en caso de muerte del primogénito en la sucesión a la Corona, los derechos debían recaer en el segundogénito. Pero en Las Partidas se introdujo el derecho de representación por influjo del Derecho Romano: en caso de muerte del primogénito le sucedían sus hijos por representación. A esta discrepancia legislativa se unió el problema de la invasión benimerina. El valeroso comportamiento ante los benimerines de don Sancho, su segundogénito, apodado "el Bravo", garantizaba un rey capaz de bregar con una grave situación político-militar.
Su apoyo inicial a don Sancho se transformó en apoyo a los infantes de la Cerda por influencia de su esposa, del rey de Francia (la viuda del primogénito fallecido pertenecía a la familia real francesa) y del fuerte carácter de don Sancho, que se rebeló contra su padre cuando éste pretendió crear un reino en Jaén para Alfonso de la Cerda, el primogénito del fallecido don Fernando.
A pesar de haber decretado el desheredamiento de don Sancho el 8 de noviembre de 1282, éste fue entronizado tras la muerte de su padre.
Los años finales del rey fueron muy dolorosos. A la muerte de su primogénito se unió la de su hija Leonor, la de su hermano Felipe y la de su sobrino Alfonso Manuel, hijo de su hermano predilecto, el infante don Manuel. Sufrió varias enfermedades, como la hidropesía (que también padeció su padre, Fernando III) o la que le llevó a la tumba, una larga y penosa afección que de acuerdo con los síntomas que presentaba pudiera ser o bien un cáncer maxilofacial que se le extendió a uno de los ojos, o una sinusitis que derivó en úlceras en el rostro e infección ocular. Sin embargo, el máximo esfuerzo creador del rey se produjo en esta época, como si su obra legislativa, poética, astronómica e histórica fuera una compensación a tantas amarguras y decepciones.
Falleció en Sevilla, acompañado de su hija Beatriz, fruto de su relación extramatrimonial con doña María Guillén de Guzmán, y de unos pocos allegados. Quiso ser enterrado en la catedral de esa ciudad, junto a los restos de su padre, Fernando III, y a los de su madre, Beatriz de Suabia, que había hecho trasladar desde el Monasterio de las Huelgas. No obstante, su corazón y sus entrañas descansan en la catedral de Murcia. Este evento es plasmado en el blasón de la capital del sureste.
[editar] Literatura
Fomentó la actividad cultural (Escuela de traductores de Toledo) deteniendo la traducción en el romance, con lo que habilitará definitivamente el castellano para el lenguaje culto, científico y literario. Su afán por la divulgación de la lengua ('porque los omnes lo entendiessen meior et se sopiessen dél más aprovechar') le llevó, ya siendo infante, a patrocinar la versión al castellano de Calila e Dimna y del Lapidario. Además fue un excelente poeta en gallego-portugués. De su extensa obra jurídica, científica, histórica y literaria, destacan, el Fuero real de Castilla, las Siete partidas de entre sus obras jurídicas; las Tablas alfonsíes entre las astronómicas; y entre las de carácter histórico, la Estoria de España (llamada Primera Crónica General en la edición de Menéndez Pidal) y la Grande e General Estoria o General Estoria, acerca de la historia universal. Las Cantigas de Santa María es obra lírica, escrita en gallego-portugués, lengua común a gran parte de la lírica ibérica hasta finales del siglo XIV, cuando aparece el Cancionero de Baena, que ya está escrito en castellano. El Lapidario, es una obra sobre las propiedades minerales, y el Libro de los juegos es una obra sobre temas lúdicos (ajedrez, dados y tablas), deportes de la nobleza en aquel tiempo (véase Alfonso X el Sabio y el ajedrez).
Alfonso X realizó también la primera reforma (normalización) ortográfica del castellano, idioma que el reino adoptó como oficial en detrimento del latín. El propósito del monarca era que el castellano se puliera y enriqueciera, como señala el historiador español Juan de Mariana.
La Escuela de Traductores aglutinó a un grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una importante labor científica al rescatar textos de la antigüedad y verter los textos árabes y hebreos al castellano (a menudo a través de versiones intermedias al latín), poniendo así los pilares del renacimiento científico en la Europa medieval.
A este Monarca, se le atribuye el mérito de haber iniciado una revolución cultural que en ocasiones se ha calificado de renacimiento del Siglo XIII. Introdujo en España, nuevos conocimientos que procedían de tierras distantes. Su especial interés en el arte, la historia, el derecho y la ciencia ejerció una profunda influencia en el desarrollo cultural de España y del resto de Europa. Pero lo más significativo aún es que, en su afán intelectual, favoreció la difusión de la Biblia.
Alfonso X fue el impulsor de la Escuela de traductores de Toledo en la que el rey participó decisivamente, tanto en la elección de los proyectos literarios como en su labor de supervisión e incluso redacción en determinados pasajes.
[editar] Lingüística
Lingüística de la lengua castellana bajo Alfonso X
Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León (1252-1284), es renombrado por sus contribuciones lingüísticas entre las cuales figura la institucionalización de las Escuelas de traductores de Toledo. Se le atribuye más fama, sin embargo, por haber emprendido faenas innovadoras como la redacción de obras literarias (El Lapidario, Las Siete Partidas, General Estoria y la Primera Crónica) en lengua castellana en detrimento del latín. Propulsor del uso del idioma vernáculo, Alfonso X intentó elevar sin cesar la lengua castellana a un nivel prestigioso dentro su corte y por todo el territorio castellano, al mismo tiempo en que Castilla y León se expandían paulatinamente hacia el sur. Además de lo dicho, el Rery Sabio emprendió numerosos proyectos, tales como la traducción de textos jurídicos al castellano y la normalización ortográfica del mismo, bajo la labor de eruditos y escribas eclesiásticos.
El dialecto castellano de los siglos X-XIII se encontraba en situación de transición entre los finales del latín vulgar y los comienzos del proto-romance hacia el castellano medieval (siglo XV). Por lo tanto, es muestra de varios procesos de cambios morfosintácticos y gramaticales que se reflejan en las obras de Alfonso X y las de otros escritores del siglo XIII.
I. Cambios morfológicos
A. Declinaciones
El latín clásico estaba fundamentando en un sistema de declinaciones en el que una palabra tenía doce terminaciones diferentes que indicaban la función gramatical de la palabra dentro de una oración:
I - mēnsa, mēnsae (singular, plural)
nominativo (sujeto): mēnsa, mēnsae genetivo (posesión): mēnsae, mēnsārum acusativo (objeto directo): mēnsăm, mēnsās dativo (objeto indirecto): mēnsae, mēnsīs ablativo (modal): mēnsā, mēnsīs vocativo (apelación directa): mēnsa, mēnsae
A entornos del latín vulgar, se produjeron algunos cambios fonológicos que redujeron y complicaron el sistema declinacional:
1) La pérdida de la /m/ y /s/ final resultó en la confusión entre el acusativo monte(m) y el ablativo monte en la tercera declinación
2) La confluencia de /ā/ y /ă/, junto con la pérdida de la /m/ final, hizo imposible la distinción entre el nominativo mēnsa, el acusativo mēnsăm (mēnsa) y el ablativo (mēnsa)
3) La confusión de /ŭ/ y /ō/ hizo que no se pudiese diferenciar el acusativo singular de la segunda declinación (dominŭm) del ablativo (dominō)
4) La convergencia de /i/ y /ē/ dio lugar a la confusión entre la tercera declinación del nominativo/acusativo plural (montēs) y el genetivo singular (montĭs)
B. Construcciones preposicionales
El sistema de casos ya no era suficiente para el oyente para determinar qué función desempeñaba una palabra. Consecuentemente, era necesario valerse de otras pistas y nuevas construcciones preposicionales para discernir las distintas funciones. De ahí la construcción “de + ablativo” en vez del simple empleo del genetivo:
Ex: dimidium de praeda frente a dimidium praedae
El castellano adquiere directamente esta construcción: Ex: la mitad del botín
El latín clásico se servía del dativo sin ninguna otra marca para el objeto indirecto. Con los cambios fonológicos ya mencionados, podía darse confusión sobre cuál de las palabras en una oración debía interpretarse como sujeto y cuál como objeto, por lo que se propagó la construcción “a + sustantivo” en el latín vulgar para determinar un objeto directo o indirecto, fenómeno que se conserva en el español medieval y moderno:
“A los judios te dexaste prender” (Cantar de Mio Cid)
C. La marca del plural
El latín carecía de una marca específica para el plural pues se valía de las terminaciones casuales (dominus, domini; rosa, rosae). El caso más empleado, sin embargo, el acusativo, terminaba en /s/ en el plural (rosas, dominos, homines). En el latín tardío, reaparecieron los acusativos plurales terminados en /s/ (se habían perdido la /s/ y la /m/ final) y fueron empleados como nominativos (dominos frente a domini; rosas frente a rosae). Se produjo un reanálisis morfológico por el que dicha terminación asumió la expresión del plural (rosa, rosas) en el castellano medieval.
II. Cambios gramaticales
A. Los verbos
La conjugación de los verbos del español medieval y moderno se basa directamente en la conjugación latina:
Latin Castellano Med. Castellano Mod Canto Canto Canto Cantas Cantas Cantas Cantat Canta Canta Cantamos Camtamos Cantamos Cantatis Cantades Cantáis Cantant Cantan Cantan
Para el castellano del siglo XIII, se pierde la /t/ final de la tercera persona del singular y del plural y la /-tis/ de la segunda persona del plural cambia a /-des/:
Ex: "…como oyredes que diz moysen adelante" (General Estoria)
A los verbos conjugados se les podía agregar pronombres directos e indirectos:
Ex: “faziendol” “dixol” y “pusol” (General Estoria)
B. Tiempos verbales
La más notable reestructuración del latín vulgar es la aparición de los tiempos compuestos en el español medieval (siglo XIII):
Ex: “...que castigues tu los acusadores con muy mas fuertes penas que los cristianos mereçieren si lo ouiessen fecho” (Primera Crónica)
La construcción tardía del latín “Habere o Esse + Participio pasado” resultó en la creación de tiempos compuestos:
Latín Castellano Medieval Habui/Habebam cantatum Ove/avia cantado Habeo cantatum He cantado Habere habeo cantatum Avré cantado Habuissem cantatum Oviesse cantado Habeam cantatum Aya cantado Habuerim cantatum Ovier(e) cantado
C. Construcciones verbales
La perífrasis latina de participio /-tus/ y habeo para expresar un estado de obligación se ve manifestada en el español medieval mediante la construcción aver de, lo cual resultó en tener de/que en el español moderno2.
Ex: "...si tan bien nolo quisiessen pora los que avien de venir" (Primera Crónica)
- Ralph Penny. Gramática hitórica del Español. Editorial Ariel, 1995.
[editar] Descendencia
Hijos de su matrimonio con Violante de Aragón con quien tuvieron 14 hijos:
- Fernando (¿? - ¿?), muerto muy joven y enterrado en el monasterio de Las Huelgas en Burgos;
- Berenguela (1253 - 1284), prometida a Luis de Francia, hijo y heredero de Luis IX, pero no se llegaron a casar por la muerte prematura de éste en 1260. Fue enterrada en el monasterio de Las Huelgas;
- Beatriz (1254-1280). Se casó con el marqués Guillermo VII de Montferrato en 1271, en Murcia.
- Fernando de la Cerda (1255 -1275). Heredero al trono castellano, se casó en 1268 con Blanca de Francia, hija de Luís IX, con quién tuvo dos hijos. Su muerte prematura permitió que su hermano Sancho se convertirse en rey;
- Leonor (1257 - 1275);
- Sancho el Bravo (1258-1295), rey de Castilla con el nombre de Sancho IV;
- Constanza (1258 - 1280), monja en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas;
- Pedro (1260 - 1283);
- Juan (1262 - 1319), casado con María Díaz I de Haro, Señora de Vizcaya, fue padre del infante Juan el Tuerto;
- Isabel, muerta muy joven;
- Violante (1265 - 1296), casada con Diego López IV de Haro;
- Jaime (1266 - 1284).
De la unión extramatrimonial con María Guillén de Guzmán tuvo 3 hijos:
- Beatriz (¿? - ¿?), casada con Alfonso III de Portugal y madre de Dionisio I de Portugal;
- Martín (¿? - ¿?), abad en Valladolid;
- Urraca (¿? - ¿?).
[editar] Títulos
Al final de su reinado ostentaba los títulos de Rey de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén y el Algarbe. [1]
[editar] Referencias
| Predecesor: Fernando III el Santo |
Rey de Castilla y de León 1252-1284 |
Sucesor: Sancho IV |
| Predecesor: Guillermo de Holanda |
Rey rival de Romanos 1257 - 1275 |
Sucesor: Rodolfo I |
[editar] Véase también
- Tabla cronológica de reinos de España
- Literatura española en la Edad Media
- Orden de Alfonso X el Sabio
- Alfonso X y la hegemonía del castellano
- Fecho del Imperio
[editar] Enlaces externos
Commons alberga contenido multimedia sobre Alfonso X el Sabio.
Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Alfonso X el Sabio.- Reproducción de una inscripción con las armas de Alfonso X en la Biblioteca Virtual Cervantes.
- Cátedra Alfonso X El Sabio
- Obras de Alfonso X el Sabio en Domínio Público
- Obras de Alfonso X el Sabio en la Cervantes Virtual
- Lapidario en la Biblioteca Virtual Cervantes.

