Lírica cancioneril

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Se denomina habitualmente lírica cancioneril a la compuesta durante los siglos XIII, XIV, XV y XVI y recopilada en antologías elaboradas por algún coleccionista de poemas denominadas cancioneros. Restrictivamente, el marbete lírica cancioneril designa en particular al tipo de lírica que se dio en Castilla durante el siglo XV principalmente.

Definición[editar]

Cancionero: colección de canciones y poesías de diversos autores. Los cancioneros son florilegios poéticos que no deben confundirse con los llamados cancioneros petrarquistas, los cuales reflejan un tipo de estructura diferente, emanada de la corriente poética del Renacimiento denominada Petrarquismo. Estos cancioneros medievales reflejaban los gustos estéticos de los coleccionistas que los formaban generalmente con pliegos sueltos o con poemas copiados en limpio por su propia mano o por la de otro desde otros cancioneros, de libros impresos o manuscritos o de obras que poseían los propios autores de los poemas o coleccionistas. Algunas de esas colecciones llegaron a ser divulgadas por la imprenta, pero otras se han conservado en copias manuscritas.

Clases de cancioneros[editar]

Los cancioneros podían elaborarse sobre un género literario concreto, sobre un autor o sobre una temática determinada. A veces, incluso, reflejaban la producción de un círculo poético concreto, de una escuela o corriente estética o de una ciudad. Algunos poseen la transcripción de la partitura musical que solía acompañar las canciones; otros no. Sea como fuere, son fuentes muy importantes para conocer no sólo la lírica cortesana de esos siglos, sino también la popular, pues en ellos se consignaban muchas veces las canciones o romances que constituían la cultura vulgar de esos siglos que forma el telón de fondo de las grandes creaciones literarias de la época. Constituyen igualmente una rica fuente de información histórica y social. Los cancioneros se bautizan habitualmente por el nombre de su confeccionador o poseedor, o por el nombre de la biblioteca que los conserva.

Cancioneros galaicoportugueses[editar]

Los primeros cancioneros conocidos son antologías de poesía gallego portuguesa, de la que debió haber un gran caudal en los siglos XIII y XIV. A esta época pertenecen los tres más famosos e importantes cancioneros, conocidos como Cancionero de Ajuda (editado por Carolina Michaëlis de Vasconcellos en 1904 y por Henry H. Carter en 1941), el Cancionero de la Vaticana (editado por Teófilo Braga en 1878) y el Cancionero Colocci-Brancuti (editado por Molteni en 1880), así llamado por haber pertenecido al humanista del siglo XVI Angelo Colocci y conservarse el códice en la Biblioteca del marqués de Brancuti. A ellos se puede añadir el Pergamino Vindel llamado Las siete canciones de amor (editado por Vindel en Madrid, 1914). Todos estos cancioneros muestran dos direcciones estéticas, la marcada por la influencia trovadoresco-provenzal sedimentada a través de las peregrinaciones a Santiago de Compostela y el afrancesamiento gallego desde los tiempos del obispo Gelmírez y la señalada por la lírica paralelística y de leixa-pren autóctona, más espontánea y por tanto más jugosa. La primera tiene un valor fundamentalmente técnico y a ella responde principalmente el contenido del Cancionero de Ajuda y la obra de Pero Barroso, Alfonso X el Sabio, Fernán Gonçalves o Men Rodríguez Tenorio; al segundo tipo de inspiración pertenece la lírica popular de alma céltica representada por poetas como Joan Zorro, Pero Meogo, Ayras o Airas Nunes, el rey don Dionis, Martín Códax, Payo Gómez Chariño, Meendiño y Nuño Fernandes Torneol.

Los cancioneros gallegoportugueses suelen dividir sus composiciones, denominadas cantigas, en tres clases: cantigas de amor, en las que habla el caballero cuitado y enamorado, consideradas de mayor influjo provenzal, cantigas de amigo, en las que habla la enamorada, que se consideran habitualmente las más poéticas e inspiradas, de tradición más autóctona, y cantigas de escarnio o maldecir, sátiras no siempre limpias contra tal o cual personaje.

Cancioneros castellanos[editar]

El primer cancionero castellano que se conoce es el recogido por Juan Alonso de Baena hacia 1445 para ofrecérselo como regalo a Juan II de Castilla, muy amante de este tipo de literatura y poeta cancioneril él mismo y su valido, el condestable don Álvaro de Luna. Por eso es conocido como Cancionero de Baena. Poco después confecciona Lope de Stúñiga el suyo, recogiendo la producción poética de la corte de Alfonso V de Nápoles; posee algunas singularidades, como la de incluir algunos romances. Este es el conocido como Cancionero de Stúñiga y se relaciona con otro cancionero, el de la Biblioteca Casanatense de Roma, ya que este repite en su primera parte el de Stúñiga. A fines del siglo XV o principios del XVI pertenecen los ocho cancioneros españoles existentes en la Biblioteca Nacional de París, catalogados por Mussafia en su Per la biografia dei cancioneri spagnuoli, 1900. Otros cancioneros castellanos son el Cancionero del Duque de Híjar, Cancionero de Gallardo, los dos Cancioneros del Museo Británico, el Cancionero de Salvá, el Cancionero de Herberay des Essarts, el de la Biblioteca Estense de Módena, los dos Cancioneros de la Biblioteca Real de Madrid, el Cancionero de la Biblioteca Colombina de Sevilla, el Cancionero de la Condesa de Castañeda, el Cancionero del Marqués de Barbará, el Cancionero Catalán de la Universidad de Zaragoza, el Cancionero de Martínez de Burgos, el Cancionero de Vindel y otros muchos. Con frecuencia se copian entre sí, aunque ofrecen curiosas variantes en las distintas poesías; éstas a veces son ya del siglo XVI, pero predominan las del siglo XV. En varios de estos cancioneros se contienen poesías en castellano, catalán e incluso en portugués e italiano.

Sin embargo la colección más importante de poesía cancioneril del siglo XV, tanto por su cantidad como por la calidad de las piezas recogidas en la misma, es la llamada Cancionero General, reunida por Hernando del Castillo y publicado por primera vez en Valencia en 1511. Contiene 964 composiciones de 128 poetas conocidos y de otros cuyos nombres se ignoran. Todos ellos, salvo una pequeña parte que pertenece a los reinados de Juan II y Enrique IV de Castilla, corresponden a la época de los Reyes Católicos y forman la corte de poetas menores de ese tiempo. Aunque el Cancionero General no sigue un orden sistemático, se establecen en él los siguientes grupos temáticos:

  • 1. Obras de devoción, por lo general con un léxico teológico muy técnico, lleno de sutilezas e incluso de irreverencias (con las cuales se ensañó la censura inquisitorial en posteriores ediciones), la mayoría bastante escasas de verdadera emoción religiosa.
  • 2. Obras de tema didáctio, moral y amatorio de autores importantes, como Íñigo López de Mendoza, Juan de Mena, Diego de Burgos, Gómez Manrique, Rodrigo de Cota, Garci Sánchez de Badajoz etc.
  • 3. Canciones glosadas, género que conocerá un gran cultivo a partir de entonces y en el que sobresalen Tapia, Alonso de Cartagena, el comendador Escrivá y otros muchos.
  • 4. Romances, siguiendo la huella del Cancionero de Stúñiga, que incorporaba algunos, imprimiendo por primera vez algunos de los más famosos.
  • 5. Invenciones y letras de justadores, que son rasgos de ingenio y motes plenos de conceptismo, algunos de los cuales se hicieron muy famosos durante el Siglo de Oro, en que el Cancionero General fue muy leído.
  • 6. Glosas de motes de damas y galanes.
  • 7. Villancicos.
  • 8. 'Preguntas.
  • 9. Una serie de poetas agrupados sin atender a ninguna característica concreta.
  • 10. Obras de burlas, en las que abundan la sátira y el descaro, y a veces incluso la obscenidad, como en el famoso Pleito del manto; algunas de estas piezas fueron suprimidas en ediciones posteriores por su deshonestidad.

El Cancionero General de Hernando del Castillo reunió una colección de poetas y poemas de muy alta calidad; fue muy reimpreso y ampliado (Cancionero General de Obras Nuevas, Zaragoza: Esteban de Nájera, 1554). Incluye algunas piezas en italiano; la parte de burlas fue publicada aparte en 1519 y ampliada con las obras de otro cancionero, el Cancionero de obras de burlas provocantes a risa, que editó Luis de Usoz en Londres en 1841). Constituyó la antología de poesía más leída durante los Siglos de Oro, si bien es muy posible que su autor hiciera algunas concesiones a algunos nobles valencianos aficionados a la poesía que quisieron participar con algún poema en un proyecto editorial tan ambicioso; a estos deseos de complacer responden acaso algunos de los poemas más flojos del libro. Su prestigio fue tal, sin embargo, que la literatura clásica compuesta durante el Renacimiento y el Barroco español resulta reminiscente del mismo y está penetrada por la intertextualidad que emana de él. Existe una excelente edición moderna del mismo preparada por Joaquín González Cuenca para la Editorial Castalia.

Con el Cancionero General está relacionado el Cancionero de Juan Fernández de Constantina, editado por Raymond Foulché-Delbosc, Madrid, 1914) y llamado Guirnalda esmaltada de galanes y eloquentes decires de diversos autores; igualmente, el Dechado de galanes en castellano y el Espejo de enamorados. En Portugal, y a imitación del Cancionero General de Hernando del Castillo, imprimió García de Resende su Cancionero portugués en 1516, editado por Kausler, Stuttgart, 1846-1852, 3 vols. El hispanista Archer Milton Huntington editó un facsímil en Nueva York, 1904.

En cuanto a los cancioneros consagrados a poetas particulares, se conservan los de Gómez Manrique, el de fray Ambrosio de Montesino, el de Garci Sánchez de Badajoz, el de Juan del Encina y muchos otros en los que se recoge toda la obra de un poeta.

Entre los cancioneros musicales, hay que destacar el Cancionero de Palacio (redescubierto, transcrito y publicado en 1890 por Francisco Asenjo Barbieri con el nombre de "Cancionero musical de los siglos XV y XVI"), el Cancionero de Upsala (editado por R. Mitjana, Upsala, 1909), el Cancionero de la Sablonara recogido por Claudio de la Sablorara y muchos más en los que aparecen numerosas canciones, estribillos, villancicos, etc. con magnífica música. También podemos citar los libros de los famosos vihuelistas españoles como El Maestro de Luis de Milán, el Libro de música de vihuela de Diego Pisador, el Orphénica Lyra de Miguel de Fuenllana, la Silva de Sirenas de Enríquez de Valderrábano y Los seys libros del Delphin de Luis de Narváez,

A partir de mediados del siglo XVI se hicieron también cancioneros de romances que recibieron diferentes nombres y se conocen con el de Romanceros. En algunos de ellos se incluyeron también canciones, como ocurrió con el Cancionero general de 1600.

Véase también[editar]