Hispanismo

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Hispanismo es el estudio de la cultura española e hispanoamericana.

Tabla de contenidos

[editar] Orígenes

Durante el siglo XVI todo lo nuevo le venía a Europa desde España: nuevas tierras conquistadas, nuevos temas, géneros y personajes literarios, nuevos bailes, nuevas modas... Pronto hubo necesidad de saber español para satisfacer más plenamente esa curiosidad, también movida por intereses comerciales y económicos, hacia la nueva potencia política, primera en ostentar un imperio europeo y ultramarino en la nueva Europa del Renacimiento. Para responder a esa demanda tomaron en primer lugar la pluma escritores españoles como Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática impresa en una lengua románica, la Gramática castellana de 1492, o Juan de Valdés, que compuso para sus amigos italianos deseosos de aprender el castellano su Diálogo de la lengua; el licenciado Villalón escribió en su Gramática castellana (Amberes, 1558) que el castellano era hablado por flamencos, italianos, ingleses y franceses.

Durante mucho tiempo, sobre todo entre 1550 y 1670, salió de las imprentas europeas una cantidad impresionante de gramáticas españolas y de diccionarios que relacionaban el español con alguna o algunas de las otras lenguas. Dos de las gramáticas más antiguas se imprimieron justamente en Lovaina: Útil y breve institución para aprender los principios y fundamentos de la lengua hespañola (1555) y la Gramática de la lengua vulgar española (1559); las dos son anónimas.

Entre los autores extranjeros más destacados de gramáticas españolas están los italianos Giovanni Mario Alessandri (1560) y Giovanni Miranda (1566); los ingleses Richard Percivale (1591), John Minsheu (1599) y Lewis Owen (1605); los franceses Jean Saulnier (1608) y Jean Doujat (1644); el alemán Heinrich Doergangk (1614) y el holandés Carolus Mulerius(1630).

Compusieron diccionarios el italiano Girolamo Vittori (1602), el inglés John Torius (1590) y los franceses Jacques Ledel (1565), Jean Palet (1604) y François Huillery (1661). Tuvo también su importancia la aportación lexicográfica al hispanismo francés del alemán Heinrich Hornkens (1599) y del francocatalán Pere Lacavallería (1642).

Otros unieron en sus obras gramática y diccionario; tuvieron una especial relevancia al respecto las obras del inglés Richard Percivale (1591), del francés Cesar Oudin (1597, 1607), del italiano Lorenzo Franciosini (1620, 1624), de Arnaldo de la Porte (1659, 1669) y del austriaco Nicholas Mez von Braidenbach (1666, 1670). Franciosini y Oudin fueron asimismo traductores del Quijote. La lista no es ni mucho menos completa y las gramáticas y diccionarios tuvieron por lo común gran número de reediciones, adaptaciones, refundiciones y aun traducciones (la Grammaire et observations de la langue espagnolle de Oudin, por ejemplo, se tradujo al latín y al inglés), por lo que no cabe exagerar el gran impacto que tuvo la lengua española en la Europa de los siglos XVI y XVII.

En el siglo XIX, coincidiendo con la pérdida del imperio colonial español a principios y a finales de dicho siglo y el surgimiento de las nuevas repúblicas hispanoamericanas, brota en Europa y los Estados Unidos un renovado interés por la historia, la literatura y la cultura hispánica de la antaño gran potencia, ahora decadente, y sus colonias ahora independientes.

Durante el Romanticismo se asienta la imagen de una España medieval, mora y exótica, de un país novelesco y una cultura mestiza que seduce la imaginación de los escritores de esa corriente y hace a muchos interesarse por la literatura, leyendas y tradiciones españolas. Los libros de viajes escritos por entonces mantienen y avivan aún más ese interés, que acaba por despertar un impulso más serio y científico hacia el estudio de la cultura española e hispanoamericana, que no tenía palabra acuñada para denominarse en español y se designó a fines del siglo XIX con los vocablos hispanófilo e hispanofilia (así, por ejemplo, Juan Valera), y que a principios del siglo XX terminó por llamarse Hispanismo.

Este se define, pues, como el estudio de la cultura española e hispanoamericana y especialmente de su idioma por parte de extranjeros o personas no educadas en su seno. Las naciones hispánicas han desatendido este interés, que redunda indirectamente en su propio beneficio, hasta que últimamente se fundó el Instituto Cervantes, en paralelo a instituciones como el British Council o el Instituto Goethe. Por otra parte, las comunidades autónomas españolas, deseosas de acaparar ese interés, han procurado desarrollar también dentro del hispanismo sus propias cuotas de mercado, haciéndose representar en el seno de la hispanística la Catalanística, la Vasquística y la Galeguística; sin embargo la faceta que más interesa en el Hispanismo internacional no es ninguna de esas, sino la Hispanoamericanística.

[editar] El hispanismo en el mundo

[editar] Hispanismo en los Estados Unidos y Canadá

Washington Irving
Washington Irving

El hispanismo en Estados Unidos fue especialmente fecundo en tanto que forma parte de su historia más íntima, ligada estrechamente en el sur del país a la del imperio español, México, Puerto Rico, Filipinas y Cuba. En los Estados Unidos hay unos treinta y cinco millones de hablantes de esta lengua, que es allí la segunda más hablada y por la minoría más importante; se mantiene activamente usada en estados como Nuevo México, Florida, Texas y California, algunos de ellos los más ricos del país, y en ciudades populosas como Nueva York, Los Ángeles, Miami, San Antonio o San Francisco. La Asociación Americana de Enseñantes de Español y Portugués data de 1917. Celebra un congreso anual, que cada dos años tiene lugar fuera de los Estados Unidos; la revista Hispania es su publicación oficial. Existe, asimismo, una Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Las primeras cátedras de español en los Estados Unidos fueron las de Harvard (1819), Virginia (1825) y Yale (1826). El cónsul norteamericano en Valencia, Obadiah Rich, importó numerosos libros y valiosos manuscritos que terminaron constituyendo el fondo Obadiah Rich de la Biblioteca Pública de Nueva York, y numerosas publicaciones publicaron traducciones, sobre todo la North American Rewiev. Muchos viajeros publicaron sus impresiones sobre España, como Alexander S. Mackenzie (A year in Spain, 1829, y Spain revisited, 1836), libros muy leídos por Irving y Poe, y otros viajeros como el periodista sefardita Mordecai M. Noah y el diplomático Caleb Cushing y su esposa. Edgar Allan Poe estudió español en la Universidad de Virginia y algunos cuentos suyos tienen fondo español. También escribió artículos críticos sobre literatura castellana. Los inicios del hispanismo propiamente dichos hay que buscarlos sin embargo en las obras de Washington Irving, que conoció a Leandro Fernández de Moratín en Burdeos en 1825 y estuvo en España entre 1826 (donde frecuentó la tertulia de la marquesa viuda de Casa Irujo, otra norteamericana, Sarah María Theresa McKean, 1780-1841) y en 1829 y luego como embajador entre 1842 y 1846; Irving estudió en bibliotecas españolas y trató en Madrid a Martín Fernández de Navarrete, una de cuyas obras utilizó como fuente para su History of the life and voyages of Colombus (1828), y amistó y se carteó con Cecilia Böhl de Faber, de donde nació una mutua influencia. Su interés romántico por lo árabe se plasmó en su Chronicle of the conquest of Granada (1829) y su Alhambra (1832). A la tertulia de McKean pertenecieron también los hijos del bostoniano de origen irlandés John Montgomery, consul de los Estados Unidos en Alicante, en particular el escritor George Washington Montgomery, nacido en España. Pertenecen también a la historia del hispanismo norteamericano las traducciones de clásicos españoles llevadas a cabo por Henry Wadsworth Longfellow, que pasó por Madrid en 1829 expresando sus impresiones en cartas, un diario y Outre-Mer (1833-1834). Buen conocedor de los clásicos, realizó una excelente traducción de las Coplas de Jorge Manrique. Para cumplir con sus obligaciones de profesor de español compuso unas Novelas españolas (1830) que no son sino adaptaciones de cuentos de Irving; publicó varios ensayos sobre literatura española y un drama, El estudiante español (1842), donde imita a los del Siglo de Oro. En su antología The poets and poetry of Europe (1845) reserva amplio lugar a poetas españoles. William Cullen Bryant tradujo romances moriscos y compuso un poema a "La revolución española" (1808) y otro a "Cervantes" (1878). Se relacionó en Nueva York con españoles y como director del Evening Post incluyó en la revista muchos artículos sobre temas peninsulares. Estuvo en España en 1847, relatando sus impresiones en Cartas de un viajero (1850-1857). En Madrid conoció a Carolina Coronado, de quien pasó al inglés el poema "El pájaro perdido" y la novela "Jarilla", inserta en el Evening Post. Pero el grupo más importante de hispanistas fue sin duda el bostoniano. La Historia de la literatura española de George Ticknor, profesor de español en Harvard, y las obras históricas sobre la conquista de América de William H. Prescott son sin duda contribuciones de primer orden. Ticknor fue amigo de Pascual Gayangos, a quien conoció en Londres, y visitó España en 1818, recogiendo sus impresiones en Life, letters and journal (1876). Prescott compuso en primoroso estilo concienzudas historias sobre la conquista de México y Perú, así como una historia del reinado de los Reyes Católicos.

Otros hispanistas importantes han sido French E. Chadwick, Horace E. Flack y Marrion Wilcox, que han estudiado las relaciones hispano-norteamericanas; A. Irving Leonard, de la Universidad de Michigan, se ha especializó en la obra de Carlos de Sigüenza y Góngora y publicó numerosos trabajos sobre literatura e historia hispanoamericanas; Hubert H. Bancroft (1832-1918) y Edward G. Bourne (1860-1908) han reivindicado la obra de España en América. C. Brinton, H. Coffin, W. W. Collins, J. A. Gade, C. S. Rickets y L. Williams han escrito sobre arte. Jeremiah D. M. Ford (1873-1958) es autor de las antologías Old Spanish Readings (1906) y Spanish Anthology (1901). Edith F. Helman ha estudiado a Goya en Trasmundo de Goya (Madrid 1964). Charles Carroll Marden hizo la edición crítica del Poema de Fernán González y editó el anónimo Libro de Apolonio y los Milagros de Nuestra Señora Gonzalo de Berceo; Katherine R. Whitmore, musa inspiradora del ciclo poético de Pedro Salinas, se ha ocupado de lírica contemporánea y de la generación del 98. Charles Philip Wagner hizo una Spanish Grammar y estudió las fuentes de El Caballero Cifar; George T. Northup hizo ediciones de textos medievales como El libro de los gatos; Raymond S. Willis estudió el Libro de Alexandre; su homónimo Raymond R. MacCurdy realizó estudios y ediciones fundamentales sobre Francisco Rojas Zorrilla; Lewis U. Hanke se especializó en la historiografía de Indias, y publicó excelentes estudios sobre el padre Bartolomé de las Casas; Ada M. Coe, Benjamin B. Ashcom, Ruth Lee Kennedy y Gerald Edward Wade estudiaron particularmente el teatro; Sylvanus Grisworld Morley y Courtney Bruerton establecieron por primera vez una cronología sólida de las obras dramáticas de Lope de Vega; Sturgis E. Leavitt se dedicó a los estudios bibliográficos; Edwin B. Place estudió la vida y obra de María de Zayas y editó el Amadís de Gaula; Nicholson B. Adams se consagró al drama romántico; Henry H. Carter editó el Cancionero de Ajuda; J. P. Wickersham Crawford estudió la vida y las obras de Cristóbal Suárez de Figueroa; Edwin B. Williams compuso un diccionario bilingüe; y Henry R. Kahane, el profesor de Harvard Dwight L. Bolinger y Norman P. Sacks escribieron sobre gramática y lingüística. También han contribuido a la promoción de los estudios hispánicos profesores españoles y de otros países que enseñan en las universidades norteamericanas, como Federico de Onís, Ángel del Río, Joaquín Casalduero y su sobrino Joaquín Gimeno Casalduero, Francisco García Lorca -hermano pequeño de Federico-, José Fernández Montesinos, José Francisco Cirre, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Claudio Guillén, César Barja, Diego Marín, Agapito Rey, Vicente Lloréns. Jerónimo Mallo o Américo Castro. El emigrante español y filántropo Gregorio del Amo creó además en Los Ángeles la Fundación del Amo para fomentar los intercambios culturales entre ambos países. Entre los discípulos en la Universidad de Princeton de Américo Castro figuran, aparte del español Juan Marichal, Edmund L. King, gran especialista en la obra de Gabriel Miró, Albert A. Sicroff y Stephen Gilman; este último fue un penetrante estudioso de La Celestina. Rudolph Schevill editó con Adolfo Bonilla las Obras completas de Miguel de Cervantes; Joseph G. Fucilla estudió la huella italiana en las letras hispánicas y Archer Milton Huntington, quien tuvo por profesor a otro hispanista, William Ireland Knapp, fundó la Hispanic Society, uno de los pilares fundamentales del hispanismo norteamericano.

Otros importantes hispanistas estadounidenses fueron Otis H. Green, profesor de la Universidad de Pennsylvania, fue codirector de Hispanic Review, la más famosa revista del hispanismo en aquel país; Yakov Malkiel, Ralph Hayward Keniston, a quien se debe un útil estudio sobre la sintaxis del Siglo de Oro; Lloyd Kasten y Lawrence B. Kiddle, que editaron algunas obras de Alfonso X el Sabio; Erwin Kempton Mapes, especializado en el Modernismo; John E. Englekirk, reputado hispanoamericanista que estudió además la huella de Edgar Allan Poe en las literaturas hispánicas; John Esten Keller, editor de repertorios de cuentos medievales; Leo Spitzer, Alan S. Trueblood, Laurel H. Turk, Bruce W. Wardropper, Anthony Zahareas, Walter T. Pattison, Richard Pattee, Russell P. Sebold, especializado en el convulso tránsito entre el siglo XVIII y XIX, Edwin S. Morby, editor de las novelas de Lope de Vega; James O. Crosby, experto quevedista; John McMurry Hill, autor de ediciones de teatro clásico y glosarios y bibliografías; el canadiense Harry W. Hilborn, que compuso una cronología de las obras de Pedro Calderón de la Barca; Richard Herr, con un importante libro sobre la España dieciochesca, John Dowling, Elías L. Rivers, el gran especialista en Garcilaso; Donald F. Fogelquist; Karl Ludwig Selig, estudioso de las relaciones entre la emblemática y la literatura del Siglo de Oro; Victor R. B. Oelschläger; William H. Shoemaker, gran estudioso de Benito Pérez Galdós; Albert Sicroff, autor de un clásico estudio sobre los estatutos de limpieza de sangre; Kenneth R. Scholberg, Kessel Schwartz etc. El hispanismo norteamericano continúa vigoroso con figuras tan activas como Daniel Eisenberg, David T. Gies o A. Robert Lauer.

En Estados Unidos hay importantes sociedades que se dedican al estudio, conservación y divulgación de la cultura española. La Hispanic Society of America es la más conocida; también hay bibliotecas especializadas en materia hispánica, como la de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. Revistas importantes son Hispanic Rewiev, Revista de las Españas, Nueva Revista de Filología Hispánica, Hispania, Dieciocho, Revista Hispánica Moderna y Cervantes.

[editar] Hispanismo en Francia y Bélgica

Alain-René Lesage, autor de la novela picaresca Gil Blas de Santillana
Alain-René Lesage, autor de la novela picaresca Gil Blas de Santillana

La historia del hispanismo en Francia es muy antigua y arranca del poderoso influjo que ejerció la literatura del Siglo de Oro sobre autores como Pierre Corneille o Paul Scarron. Ya se han citado al principio de este trabajo las numerosas gramáticas y diccionarios que se escribieron por parte de naturales de Francia; pero también hubo protestantes españoles que huían de la Inquisición y tomaron por oficio la enseñanza de la lengua española, como por ejemplo el autor de la Segunda parte del Lazarillo de Tormes, Juan de Luna. El Parfaicte méthode pour entendre, escrire et parler la langue espagnole (Paris: Lucas Breyel, 1597) del benemérito Charpentier fue olvidado en seguida por la gramática de Cesar Oudin (también de 1597) que sirvió de modelo a la mayor parte de las que después se escribieron en francés. Michel de Montaigne leyó a los Cronistas de Indias y tuvo como como uno de sus modelos a fray Antonio de Guevara. Tomaron argumentos y personajes de la literatura española Molière, Alain-René Lesage o Jean-Pierre Claris de Florian.

Viajaron por España en el siglo XIX y dejaron testimonio escrito de ello pintores como Eugène Delacroix y Henri Regnault; escritores tan importantes como Alexandre Dumas, Théopile Gautier, George Sand, Stendhal, Hipolite Taine o Prosper Merimée; viajeros como Jean François Bourgoing, Charles Davillier, Louis Viardot, Isidore Justin Séverin, Charles Didier, Alexandre de Laborde, Antoine de Latour, Joseph Bonaventure Laurens, Edouard Magnien, Pierre Louis de Crusy y Antoine Fréderic Ozanam. François René de Chateaubriand volvió de Jerusalén a través de España y contó su viaje. Louis Viardot fue un gran traductor de obras españolas; Víctor Hugo estuvo en España acompañando a su padre el general Hugo en 1811 y 1813, se envanecía en llamarse Grande de España y conocía el idioma y lo usaba; hay numerosas alusiones, entre otras figuras y textos, al Cid y a la obra de Cervantes en sus obras, de forma que se podría escribir artículo aparte sobre la presencia de la cultura española en su obra; Prosper Merimée (que ya antes de realizar sus repetidos viajes a España ya había plasmado su visión intuitiva de la misma en El teatro de Clara Gazul (1825) y en La familia de Carvajal (1828); hizo muchos viajes entre 1830 y 1846, dejando numerosos amigos, entre ellos el Duque de Rivas y Antonio Alcalá Galiano, y escribió unas Lettres adressées d'Espagne au directeur de la Revue de Paris que son esbozos costumbristas inapreciables y entre los cuales destaca su descripción de una corrida de toros, espectáculo al que desde entonces se aficionó; son obras clásicas sobre España sus novelas cortas Las almas del Purgatorio (1834), que traspasa el tema de don Juan Tenorio a Salamanca, como hará más tarde José de Espronceda en su El estudiante de Salamanca, y Carmen (1845); Henri Murger, Stendhal o Gustave Flaubert. Sólo sobre el influjo de Miguel de Cervantes podría hacerse capítulo aparte y Honoré de Balzac fue amigo de Francisco Martínez de la Rosa y le dedicó su novela El verdugo (1829). Hay que recordar también que Martínez de la Rosa estrenó Abén Humeya en París en 1831. El Romancero se incluyó en la Bibliothèque universelle de romans que se publicó en 1774. Crezé de Lesser publicó los Romances du Cid en 1814, comparándolos como Herder con la épica griega, y se reimprimieron en 1823 y 1836, dando mucho que fabular al movimiento romántico francés. El hermano de Víctor, el periodista y editor Abel Hugo, que destacó siempre el valor literario del Romancero, tradujo y editó en 1821 un Romancero e historia del rey don Rodrigo y en 1822 los Romances historiques traduits de l'espagnol. Compuso también un vaudeville, Les français en Espagne (1823), fruto de su interés por este país, en el que había estado de joven con su hermano en el Seminario de Nobles de Madrid en tiempo del rey José. Madame de Stäel contribuyó al conocimiento de la literatura española en Francia como lo hizo con el conocimiento de la alemana, tan principal para introducir el Romanticismo en el país. Para ello tradujo el Curso de literatura dramática de Friedrich von Schlegel en 1814 y el tomo IV de la obra de Bouterwek, al que impuso el título de Histoire de la littérature espagnole en 1812. También ayudó a difundirla el suizo Simonde de Sismondi con su estudio De la littérature du midi de l'Europe (1813). En este sentido fue muy importante la antología de poesía castellana posterior al siglo XV traducida y editada con introducciones y notas por Juan María Maury bajo el título L'Espagne poétique, en 1826–1827, en dos volúmenes. La casa editorial Baudry publicó en París muchas obras de románticos españoles e incluso mantuvo una Colección de los mejores autores españoles de la que se encargó Eugenio de Ochoa, escritor español que prácticamente era bilingüe y vivía la mitad del tiempo en París.

Prosper Mérimée
Prosper Mérimée

Visiones de España la ofrecieron los libros de viajes de Madame d'Aulnoy, Saint-Simon, Théophile Gautier (que recorrió España en 1840 y publicó un Voyage en Espagne (1845) y una España (1845), llenos de sensibilidad pintoresca y colorido, tanto, que sirvieron de inspiración a los mismos españoles (poetas como Zorrilla y narradores como los de la Generación del 98) y Alexandre Dumas (que asistió en Madrid a la representación de Don Juan Tenorio de José Zorrilla y dejó unas Impressions de voyage (1847-1848) bastante negativas sobre sus experiencias; su drama Don Juan de Marana resucita la leyenda donjuanesca, cambiando el final tras haber visto la versión de Zorrilla en la tardía edición de 1864. François-René de Chateaubriand pasó por la península en 1807 y tuvo alguna intervención en la invasión de los Cien mil hijos de San Luis en 1823; lo contó en sus Mémoires d'Outre tombe (1849-1850). Por entonces quizá concibió escribir Les aventures du dernier Abencerraje (1826), exaltando la caballerosidad hispanoárabe. Muy leídas fueron las Lettres d'un espagnol (1826) de Louis Viardot, que estuvo en España en 1823. Stendhal dedicó el capítulo "De l'Espagne" en su ensayo De l'amour (1822). Visitó luego la Península en 1834. George Sand pasó una temporada en Mallorca con Chopin (1837–1838), instalados en la tétrica Cartuja de Valldemosa, como ella misma recuerda en Un hiver au midi de l'Espagne (1842) y en sus Memorias. La pintura clásica española ejerció un influjo formidable sobre Manet, y más recientemente sobre la pintura francesa moderna en general Pablo Ruiz Picasso o Salvador Dalí. La música española marcó a compositores como Georges Bizet, Emmanuel Chabrier, Édouard Lalo, Ravel, Debussy, etc.

En Bélgica destacan Lucien-Paul Thomas y Pierre Groult, que estudió principalmente la mística castellana en relación con la flamenca; impulsaron los estudios hispánicos en Francia Pierre Paris, Ernesto Merimée, fundador del Instituto Francés de Madrid, creador de un Manual de historia de la literatura española y estudioso de Quevedo y Guillén de Castro, su hijo Henri; Léo Rouanet, Jean Joseph Stanislas Albert Damas Hinard, Jean-Josep Saroïhandy, Jean Camp, Georges Cirot, Desdevises du Dézert, Gaston Paris, Adolphe de Puibusque, Raymond Foulché-Delbosc, Eugène Kohler, Marcel Bataillon, Alfred Morel-Fatio, Maurice Legendre Jean Sarrailh, Jean Cassou, Felix Lecoy, Valéry Larbaud, Pierre Fouché, Marcel Lepée, Henri Gavel, Jean Ducamin, Pierre Le Gentil, Israël Salvator Révah, Noel Salomon, Alain Guy, Maxime Chevalier, Louis Combet, Georges Demerson, Marcelin Défourneaux, Charles Vincent Aubrun, Robert Marrast, Gaspard Delpy, Pierre Vilar, Bartolomé Benassar, Joseph Pérez, Jean Canavaggio, René Andioc, Albert Dérozier, Claude Morange, Marc Vitse, Robert Jammes, Frédéric Serralta, Lucienne Domergue, Théodore Joseph Boudet, Adolphe Coster, Claude Couffon, Maurice Molho...

En la actualidad los centros más importantes del Hispanismo en Francia se encuentran en las universidades de Burdeos y de Toulouse, y en París, donde existe el llamado Institut des Études Hispaniques, fundado en 1912. Se editan además revistas muy prestigiosas, como el Bulletin Hispanique.

[editar] Hispanismo en Inglaterra e Irlanda

John Fletcher
John Fletcher

El primer libro español traducido al inglés fue La Celestina; se trata de una adaptación en verso publicada en Londres entre 1525 y 1530 y atribuida por algunos a John Rastell, del cual sólo consta que la hizo imprimir. Comprende únicamente los cuatro primeros actos y está hecha sobre la versión italiana de Ordóñez; se la conoce habitualmente como Interlude y su título original es A new comedy in English in manner of an interlude right elegant and full of craft of rethoric:wherein is shewed and described as well the beauty and good properties of women, as their vices and evil conditions with a moral conclusion and exhortation to virtue. El poeta escocés William Drummond (1585-1649) tradujo a Garcilaso de la Vega y a Juan Boscán. Los ingleses conocían bien las obras maestras de la literatura castellana, que fueron bien pronto traducidas, sobre todo el Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo y la Cárcel de amor de Diego de San Pedro; Sir Philip Sidney había leído los Siete libros de la Diana del hispanoportugués Jorge de Montemayor y la poesía de este le influyó grandemente; John Bourchier tradujo el Libro áureo de Marco Aurelio de fray Antonio de Guevara. David Rowland tradujo el Lazarillo de Tormes en 1586 y seguramente esta obra inspiró la primera novela picaresca inglesa, El viajero infortunado (1594) de Thomas Nashe. La Celestina se tradujo, esta vez ya íntegra, a fines del XVI: (en Londres, J. Wolf, 1591; Adam Islip, 1596; William Apsley, 1598 etcétera). Algunos de los traductores de esa época viajaron o vivieron por un tiempo en España, como Lord Berners, Bartholomew Yong, Thomas Shelton, Leonard Digges o James Mabbe. William Cecil (Lord Burghley; 1520-1598) poseía sin duda la más extensa biblioteca de libros en español del Reino Unido, pero sus simpatías hacia España y sus negociaciones no lograron evitar la guerra de Felipe II contra Isabel I.

El teatro isabelino también sufrió el poderoso influjo del Siglo de Oro español: John Fletcher, habitual colaborador de Shakespeare, tomó a manos llenas de Cervantes: del Quijote para su Cardenio, escrito en colaboración con el Cisne del Avon, quien fue por otra parte un insospechado lector de Juan Luis Vives; Fletcher imitó también la famosa novela en su más conocido Caballero del batidor ardiente; también tomó del Persiles para su La costumbre del país y de La ilustre fregona para su La bella moza de la venta; Thomas Middleton y William Rowley se inspiraron en La gitanilla para escribir su The Spanish Gipsy (1623). La primera traducción del Quijote a una lengua extranjera fue la versión inglesa de Thomas Shelton (primera parte, 1612, segunda, 1620). El siglo no terminó sin ver la primera imitación inglesa de esta obra: el poema satírico Hudibras (1663-78), de Samuel Butler. Además algunos grandes poetas del Siglo de Oro fueron traducidos al inglés por Richard Fanshawe, que murió en Madrid.

Ya en el siglo XVIII destaca una lujosa edición londinense del Quijote en castellano (1738) preparada por el entusiasta cervantista judío sefardí Pedro Pineda, con introducción del novator Gregorio Mayáns y Siscar y excelentes grabados; hubo con poca diferencia dos traducciones nuevas del Quijote, la de Jarvis (1742) y la del escritor de novela picaresca Tobías Smollet, (1755); Smollet aparece como un gran lector de narrativa española y sus obras llevan ese sello siempre presente; por otra parte, la mejor obra de la escritora dieciochesca Charlotte Lennox es precisamente La mujer Quijote (1752) y a Cervantes se debe también la inspiración de El Quijote espiritual, de Richard Graves. El clérigo inglés John Bowle realizó la que es sin disputa la mejor edición comentada y crítica del Don Quijote del siglo XVIII en 1781; también aprendieron de Cervantes los novelistas Henry Fielding y Lawrence Sterne. En cuanto a los viajeros británicos por España en este siglo que dejaron testimonio escrito de su paso, y siguiendo un orden cronológico, podemos citar a John Durant Breval, Thomas James, Wyndham Beawes, James Harris, Richard Twiss, Francis Carter, William Dalrymple, Philip Thiknesse, Henry Swinburne, John Talbot Dillon, Alexander Jardine, Richard Croker, Richard Cumberland, Joseph Towsend, Arthur Young, William Beckford, John Macdonald, Robert Southey y Neville Wyndham.

Robert Southey, poeta e hispanista inglés
Robert Southey, poeta e hispanista inglés

A caballo del siglo siguiente están John Hookham Frere y Henry Richard Vassal Fox, más conocido como Lord Holland (1773-1840), gran amigo de Melchor Gaspar de Jovellanos y de Manuel José Quintana, y benefactor de José María Blanco-White. Lord Holland visitó España en numerosas ocasiones y escribió sus impresiones sobre esos viajes, aparte de coleccionar libros y manuscritos y elaborar una biografía de Lope de Vega; tenía abierta su casa a todos los españoles, sobre todo a los emigrados liberales que en el siglo XIX llegaron al barrio londinense de Somers Town huyendo de la represión absolutista fernandina, o que sencillamente no soportaban el dogmatismo religioso e ideológico del país; muchos subsistieron haciendo traducciones o enseñando el idioma a ansiosos ingleses, la mayoría deseosos de comerciar con Hispanoamérica, pero otros también con curiosidad por aprender algo sobre la literatura medieval española, muy del gusto romántico. Uno de los emigrados, Antonio Alcalá Galiano, divulgó la literatura española en una cátedra de español creada en la Universidad de Londres en 1828 y publicó sus apuntes. El editor Rudolph Ackerman montó un gran negocio editando Catecismos (libros de texto) sobre las más dispares materias en español para las nacidas nuevas repúblicas hispanoamericanas, muchos de ellos compuestos por emigrados españoles. Matthew G. Lewis ambientó algunas de sus obras en España; la protagonista de La abadía de Northanger de Jane Austen está tan chalada por las novelas góticas que se ha leído como Don Quijote con los libros de caballerías.Walter Scott fue un cervantista entusiasta e intentó traducir algún romance. A España y su historia dedicó el poema narrativo The Vision of Roderick (1811). Thomas Rodd tradujo algunos romances. También sintió gran interés por España Lord Byron, lector del Don Quijote y traductor del romance Ay de mi Alhama en una parte de su Childe Harold, por no hablar de su Don Juan. Richard Trench fue traductor de Calderón y amigo de los españoles emigrados, de los cuales algunos escribieron en inglés y en español, como José María Blanco White o Telesforo de Trueba y Cossío, y muchos de ellos difundieron el conocimiento de la lengua española y su literatura, como Juan Calderón, que tuvo cátedra de español en el King's College. John Hookham Frere fue amigo del Duque de Rivas cuando estaba en Malta y tradujo al inglés algunas poesías medievales y clásicas. Fueron hispanistas los hermanos Jeremiah Holmes y Benjamín B. Wiffen, el poeta lakista Robert Southey, que tradujo el Amadís de Gaula y el Palmerín de Inglaterra al inglés, entre otros trabajos estimables; Los novelistas ingleses sufrieron un fuerte influjo cervantino, en especial Charles Dickens, quien creó a una quijotesca pareja en el señor Pickwick y Sam Weller de sus Papeles póstumos del club Pickwick; John Ormsby tradujo el Cantar de Mío Cid y Don Quijote; Percy Bysshe Shelley dejó en su obra huellas de su devoción por Pedro Calderón de la Barca; el políglota John Bowring viajó a España en 1819 y dejó de este viaje unas Observations. Viajeros clásicos son Richard Ford, cuyo Handbook for travellers in Spain (1845) fue reeditadísimo, y George Borrow, autor de un delicioso libro de viajes, La Biblia en España, traducido al castellano por Manuel Azaña; el poeta calderonista Edward Fitzgerald, el historiador de la literatura James Fitzmaurice-Kelly, "padre" de toda una generación británica de hispanistas como Edgar Allison Peers o Alexander A. Parker. Otros hispanistas destacados han sido el irlandés Frank Pierce, estudioso de la poesía épica culta del Siglo de Oro; John Brande Trend, historiador de la música española; Edward Meryon Wilson, autor de una espléndida traducción al inglés de las Soledades de Luis de Góngora (1931); Norman David Shergold, estudioso del auto sacramental; John E. Varey, que documentó la evolución de las formas parateatrales en el Siglo de Oro; Geoffrey Ribbans, William James Entwistle, Peter Edward Russell, Nigel Glendinning, Brian Dutton, Gerald Brenan, John H. Elliott, Raymond Carr, Henry Kamen, John H. R. Polt, Hugh Thomas, Colin Smith, Edward C. Riley, Keith Whinnom, Paul Preston, Alan Deyermond, Ian Michael, Ian Gibson...

La Asociación de Hispanistas de Gran Bretaña e Irlanda (AHGBI) fue la primera de todas, junto con la japonesa, al haberse fundado en 1955 por un grupo de profesores universitarios reunidos en St. Andrews. Desde entonces se han organizado congresos anuales y en 2005 tendrá lugar el quincuagésimo. La AHGBI desempeñó un papel decisivo en la creación de la Asociación Internacional de Hispanistas, AIH, cuyo primer congreso se celebró en Oxford en 1962.

[editar] Hispanismo en Alemania, Austria y Suiza

Ludwig Tieck
Ludwig Tieck

La Asociación Alemana de Hispanistas se funda en 1977 y desde entonces existe un hispanismo independiente y autónomo en Alemania que celebra un congreso bienal. En este momento el español frecuentemente supera al francés en número de estudiantes. Existen más o menos cuarenta departamentos de Filología Románica en Alemania y más de diez mil alumnos de español.

Fuera de la imitación de la novela picaresca por Hans Jakob Christoph von Grimmelshausen, el hispanismo en Alemania floreció con fuerza en torno a la devoción que suscitó su Romanticismo por Miguel de Cervantes y sobre todo por el dramaturgo áureo Pedro Calderón de la Barca y Baltasar Gracián. Pueden considerarse los primeros al filólogo Friedrich Diez (1794-1876), que su Gramática de las lenguas románicas (1836-1843) y el Diccionario etimológico de las lenguas románicas (1854) confiere al español un lugar importante; publicó su primer trabajo hispanístico, Altspanische Romanzen (Romances medievales españoles, 1819), cuando ya se había despertado el interés por lo español en otros autores, como Dieze y Friedrich Justin Bertuch.

Fue muy importante el grupo romántico formado por Ludwig Tieck (1773-1853), orientalista, escritor y poeta que tradujo el Quijote al alemán (1799-1801), Friedrich Bouterwek, autor de una curiosa y muy errónea Historia de la literatura española y traductor de El juez de los divorcios de Cervantes, y los Schlegel, de los cuales August Wilhelm (1767-1845) tradujo obras de Calderón (Spanisches Theater, 1803-1809) y poesía clásica española al alemán. Jakob Grimm, famoso filólogo y foclorista, editó una Silva de romances viejos (Viena, 1816) con un prólogo en español. Cónsul en España, Juan Nicolás Böhl de Faber se mostró como un gran estudioso de Calderón, el teatro clásico español y la literatura popular tradicional; el filólogo Wilhelm von Humboldt viajó por España tomando notas y se interesó especialmente por la lengua vasca, y el filósofo Arthur Schopenhauer fue un fervoroso lector y traductor de Baltasar Gracián. El conde Adolf Friedrich von Schack (1815-1894) hizo un viaje a España en 1852 para estudiar los restos de la civilización árabe y desde entonces se hizo un hispanista fervoroso.

Los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm.
Los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm.

En Suiza, Austria y otros países de habla alemana o con emigrantes alemanes se empezó a estudiar y leer la literatura clásica española con rigor; aunque el más conocido sea tal vez el escritor vienés Franz Grillparzer, la nómina no es ciertamente escasa en la filología: Wendelin Foerster, Karl Vollmoller, Adolf Tobler, Heinrich Morf, Gustav Grober, Gottfried Baist, Wilhelm Meyer-Lübke son ejemplos de ello. Entre ellos hay dos chilenos, Rodolfo o Rudolf Lenz (1863-1938), que publicó, entre muchos otros trabajos, su importante Diccionario de las voces chilenas derivadas de lenguas indígenas, sus Chilenische Studien y otros trabajos importantes sobre gramática y sobre el español de América, y Federico o Friedrich Hanssen (1857-1919), que escribió una Gramática histórica de la lengua castellana y otros trabajos de filología hispánica sobre castellano antiguo, dialectología aragonesa y el español de América. El Manual de Filología Romance de Wilhelm Meyer-Lübke fue un clásico en España, así como su Gramática histórica de las lenguas románicas (1896-1899) y, ya en el siglo XX, la Introducción a la lingüística romance (1901) (traducida al español), y el Diccionario etimológico románico (1935). Con sus traducciones y sus libros, Johannes Fastenrath divulgó entre sus contemporáneos la cultura española y además creó un premio que lleva su nombre en la Real Academia Española para premiar a las mejores obras escritas en español en lírica, narrativa y ensayo. El romanista austriaco Ferdinand Wolf, amigo de Agustín Durán, se interesó en particular por el Romancero, la lírica cancioneril y la poesía popular medieval, y estudió a autores que residieron en Viena, como Cristóbal de Castillejo. El suizo Heinrich Morf editó el antiguo Poema de José (Leipzig, 1883). Fueron muy leídas en España las obras del Idealismo lingüístico y la Estilística, representadas por Karl Vossler y Ludwig Pfandl. El calderonismo germánico resurgió con las ediciones de Max Krenkel. Otros autores importantes fueron Emil Gessner: Das Altleonesische (El leonés antiguo) (Berlin 1867); Gottfried Baist: edición del Libro de la caza de Don Juan Manuel (1880)y el primer bosquejo de una gramática histórica del español: Die spanische Sprache, en la monumental enciclopedia de la filología románica publicada por Gustav Grober a partir de 1888; Hugo Schuchardt: Die cantes flamencos, hasta hoy el mejor trabajo sobre el tema; Armin Gassner: Das altspanische Verbum (El verbo en castellano antiguo) (Halle 1897) y un trabajo sobre sintaxis española (1890) y varios artículos sobre los pronombres españoles publicados entre 1893 y 1895. Hay que citar también: Moritz Goldschmidt: Zur Kritik der altgermanischen Elemente im Spanischen, Bonn 1887 (trabajo mediocre, pero el primero sobre las influencias de las lenguas germánicas sobre el español).

Autores más especializados y con contribuciones importantes a la filología hispánica fueron Werner Beinhauer (español coloquial, fraseología, modismos); Joseph Brüch (influencias germánicas, fonética histórica); Emil Gamillscheg (influencias germánicas sobre las lenguas peninsulares, toponimia, vascos y romanos) Wilhelm Giese (etimología, dialectología y cultura popular, guanchismos, sustrato prerromano, judeo-español); Rudolf Grossmann (extranjerismos del español rioplatense, literatura española e hispanoamericana, cultura latinoamericana); Helmut Hatzfeld (estilística, lengua del Quijote); Heinrich Kuen (situación lingüística de la Península Ibérica, tipología del español); Alwin Kuhn (dialectología aragonesa, formación de las lenguas románicas); Fritz Krüger (dialectología, etnografía); Harri Meier (lingüística histórica, etimología, formación de las lenguas románicas, dialectología, tipología lingüística); Joseph M. Piel (toponimia y antroponimia de las lenguas iberorrománicas); Gerhard Rohlfs (lingüística histórica, etimología, toponimia, dialectología, lengua y cultura); Hugo Schuchardt (etimologías españolas, dialectología, lenguas prerromanas, creoles, estudios vascos); Friedrich Schürr (fonética histórica, lexicología); Leo Spitzer (etimología, sintaxis, estilística y lexicología del español); Günther Haensch y Arnold Steiger (influencias árabes sobre el español, lengua mozárabe); Karl Vossler (estilística, caracterización de la lengua española, estudios sobre literatura y cultura españolas); Edmund Schramm hizo la biografía de Donoso Cortés y estudió a Unamuno; Max Leopold Wagner (español de América, estudios sobre caló y jergas, dialectología); Adolf Zauner (autor de un Altspanisches Lehrbuch (Manual de castellano antiguo, 1907).

Fritz Krüger creó la famosa "escuela de Hamburgo", que aplicaba los principios de la escuela "Worter und Sachen" ("Palabras y cosas") fundada anteriormente por filólogos suizos y alemanes (Hugo Schuchardt, R. Meringer, W. Meyer-Lübke), combinando acertadamente la dialectología y la etnografía. De 1926 y 1944 dirigió la revista Volkstum und Kultur der Romanen y los anejos de la misma (1930-1945), 37 tomos, en los que muchos de sus discípulos publicaron sus trabajos. Krüger escribió sobre todo sobre dialectología hispánica, especialmente los del oeste de España (Extremadura y León) y de los Pirineos, que recorrió a pie con el fin de recoger los materiales para su monumental obra Die Hochpyrenaen (los Pirineos centrales) en la que describe minuciosamente el paisaje, la flora y fauna, la cultura material, las tradiciones populares y los dialectos de los Pirineos centrales. El polifacético romanista Gerhard Rohlfs investigó las lenguas y los dialectos de las dos vertientes de los Pirineos y sus elementos comunes, los sustratos prerromanos de las lenguas peninsulares, los guanchismos, etc.

A Karl Vossler, fundador de la escuela lingüística del idealismo, hoy superada en gran parte, se deben brillantes interpretaciones de obras literarias españolas y profundas reflexiones sobre la cultura española. Vossler inició con Helmut Hatzfeld y Leo Spitzer una nueva escuela estilística basada en la estética, la cual analizó sobre todo los medios de expresión de los distintos autores (Karl Vossler, Helmut Hatzfeld, Leo Spitzer: Introducción a la estilística romance, Buenos Aires, 1932)

A principios del siglo XX tuvo especial importancia la fundación de dos meritorias instituciones dedicadas exclusivamente a los estudios hispánicos (con inclusión del catalán, gallego y portugués), el Iberoamerikanisches Forschungsinstitut de la Universidad de Hamburgo, ciudad siempre abierta al mundo, y el Iberoamerikanisches lnstitut de Berlín, la gran metrópoli cultural en aquellos años.

En 1919 se fundó el Iberoamerikanisches Forschungsinstitut de la Universidad de Hamburgo que, hasta los años sesenta fue prácticamente la única institución universitaria con dedicación exclusiva al español y a las otras lenguas peninsulares. El Instituto publicó la valiosa revista Volkstum und Kultur der Romanen (1926 -1944) dedicado esencialmente a trabajos sobre dialectología y cultura popular, siguiendo, por lo general, las pautas de la escuela "Worter und Sachen" ("Palabras y cosas"). Bajo la dirección de Fritz Krüger cuyos discípulos publicaron tesis doctorales sobre la lengua española y sus dialectos se creó la "Escuela de Hamburgo".

Fundado en 1930, El Instituto Iberoamericano o Iberoamerikanisches lnstitut de Berlín recibió fondos bibliotecarios de varias donaciones entre ellos de la biblioteca del Instituto de lnvestigaciones Iberoamericanas de la Universidad de Bonn, disuelto en 1930. La biblioteca del lnstituto de Berlín, la más importante de Europa en cuanto a estudios sobre España, Portugal y Latinoamérica y las lenguas de estos países (con inclusión del catalán, gallego, portugués, vasco y las lenguas indígenas de América) cuenta hoy con 730.000 volúmenes y 4.300 revistas, además con gran cantidad de mapas, archivos de fotografías, diapositivas, cintas magnetofónicas, un archivo de recortes de prensa, una de 18.000 discos. El lnstituto dispone de un eficiente asoramiento. Se dedica también a investigaciones en los campos de la literatura, lingüística, etnología, historia e historia del arte.

Hans Magnus Enzensberger
Hans Magnus Enzensberger

Bajo el régimen nazi (1933-1945), la filología alemana atravesó una época difícil. Desgraciadamente había romanistas que en sus cátedras y en sus trabajos alabaron y propagaron la ideología nazi. Otros, en cambio, perdieron sus cátedras o sufrieron otro tipo de persecución, unos por ser judíos (como por ejemplo Yakov Malkiel y Leo Spitzer, quienes emigraron), otros por no ser gratos al régimen o incluso enemigos activos del mismo (como por ejemplo Helmut Hatzfeld, que huyó de Alemania; Werner Krauss, que perdió su catedra en 1935).

Reconstruida dificultosamente con la posguerra, la filología hispánica de habla alemana aportó los trabajos de Carolina Michaëlis de Vasconcellos y Ernst Robert Curtius. Rudolph Grossmann elaboró un gran diccionario hispanoalemán y confeccionó una Antología lírica española. También hicieron grandes aportaciones Hans Juretschke y Werner Kraus. Werner Beinhauer estudió el español coloquial y su libro en esta materia es un clásico que se lee todavía hoy con gusto; Torsten Rox estudia a Mariano José de Larra y el periodismo decimonónico español; Hans Magnus Enzensberger ha hecho una nueva traducción de Federico García Lorca. Por otra parte, en Alemania hay editoriales especializadas en hispanística, como la Editorial Reichenberger de Kassel que se consagra al Siglo de Oro y hace una meritísima labor y la Editorial Klaus Dieter Ververt, que tiene una sucursal en Fráncfort y otra en Madrid, lo que facilita la colaboración entre los hispanistas.


En Austria fue el primer hispanista Franz Grillparzer, gran lector de teatro del Siglo de Oro, y destaca Anton Rothbauer como traductor de líricos modernos y estudioso de la leyenda negra; son también austriacos Alfred Wolfgang Wurzbach y Rudolf Palgen.

[editar] Hispanismo en Rusia

En la Federación Rusa la historia del Hispanismo es larga y profunda y resistió incluso la ruptura de relaciones con motivo de la dictadura resultante de la Guerra Civil. Arranca del siglo XVIII y XIX; en este último siglo, el influjo de Cervantes sobre la novelística del Realismo (Fedor Dostoievski, Iván Turgeniev, León Tolstoy etcétera) fue profundísimo. Viajeros románticos como Sergei Sobolevsli acumularon grandes bibliotecas de libros en español y ayudaron a escritores españoles como Juan Valera que visitaron su país. El dramaturgo del Realismo ruso Alexándr Ostrovski tradujo el teatro de Pedro Calderón de la Barca y escribió ensayos sobre teatro del Siglo de Oro. También visitó España Yevgueni Andréyevich Salias de Tournemir, quien publicó unos Apuntes de vieje por España en 1874, más o menos cuando Emilio Castelar publicaba su La Rusia contemporánea. En la actualidad, la Asociación de Hispanistas de la federación cuenta con el apoyo de la Academia de Ciencias; los estudios hispanoamericanos también experimentan un gran incremento. En el año 2003 un recuento no exhaustivo reveló el número de unos cuatro mil estudiantes de español en las universidades. Entre los hispanistas destacados pueden citarse, sólo en el siglo XX, los nombres de Serguéi Goncharenko, padre de toda una generación de hispanistas; Víctor Andréyev, Vladimir Vasiliev, Natalia Miod, Svetlana Piskunova y Vsévolod Bagno entre otros muchos no menos importantes. Recientemente, además, se ha fundado un Circulo Hernandiano Ruso particularmente activo y consagrado a estudiar la obra de Miguel Hernández, quien visitó la URSS en septiembre de 1937.

[editar] Hispanismo en Polonia

Dos países como España y Polonia, tan lejanos, tienen sin embargo mucho en común en historia y evolución política y cultural. En el siglo X Ibrahim ibn Ya'qub, mercader judío originario de Tortosa, por entonces bajo la dominación musulmana, viajó a los países eslavo-occidentales, tal vez por encargo de los califas. El mercader escribió un relato del viaje del que se conservan tan sólo unos fragmentos y adaptaciones en la obra de al-Bekri. Ibn Jacob, desconocido en España, es uno de los pilares de la historiografía polaca de la Edad Media. La princesa Rica (Rycheza) de Polonia, hija del duque polaco Ladislao II “el Desterrado” (1138-1146) se casó con Alfonso VII “el Emperador” (1126-1157), Rey de Castilla, León y Galicia al morir su primera mujer; por otra parte, más de un centenar de polacos peregrinaron a Santiago de Compostela en la Edad Media; conocemos los nombres de Jakub Cztan, Franciszek de Szubin y Klemens de Moskorzewo.

En 1490 llegó a España Stanislaus Polonus, es decir, Estanislao el Polaco. Estanislao se estableció en Sevilla, la ciudad española más próspera de la época, para introducir la imprenta y durante los catorce años que trabajó como editor en España imprimió (sólo o con sus socios) ciento once títulos que juntos suman doce mil páginas. La Universidad de Salamanca fue la primera universidad europea que reconoció la teoría heliocéntrica de Mikołaj Kopernik (Nicolás Copérnico, 1473-1543). Desde 1562 los descubrimientos del científico polaco se incorporaron al plan de estudios del segundo curso de astronomía. En el siglo XVI tenemos las cartas del humanista Jan Dantyszek (Juan Dantisco, 1485-1548), embajador del rey Segismundo I ante Carlos V que viajó tres veces a la Península y permaneció en ella cerca de diez años, entablando amistad con figuras muy destacadas, como Hernán Cortés. El obispo Piotr Dunin Wolski se llevó a Polonia trescientos libros en español que pasaron a engrosar la Biblioteca Jaguellónica de Cracovia bajo el nombre de Bibliotheca Volsciana. En la Academia de Cracovia trabajaron varios profesores españoles: el sevillano Garsías Cuadras y el jurista aragonés Pedro Ruíz de Moros (1506-1571), conocido en Polonia como Roizjusz, que escribió sobre todo en latín y fue consejero del rey, quien además hablaba bien el español y bailaba la Pavana. La Compañía de Jesús difundió la mística, la ascética, la teología y el teatro españoles y hubo incluso un santo polaco jesuita en España, Stanisław Kostka (Estanislao de Kostka) (1550-1568). En el siglo XVI visitaron España, entre otros, los viajeros Stanisław Łaski, Andrzej Tęczyński, Jan Tarnowski, Stanisław Radziwiłł y Szymon Babiogórski. También existe un interesante relato anónimo del año 1595 que se conserva en manuscrito: Diariusz z peregrynacji włoskiej, hiszpańskiej, portugalskiej (Diario de la peregrinación italiana, española y portuguesa). El viajero anónimo llegó a Barcelona desde Mallorca en agosto de 1595. Fueron muy influyentes en este siglo las obras místicas y ascéticas, pronto traducidas, y la filosofía de Juan Luis Vives y de Suárez.

Ya en el siglo XVII, tenemos a otro destacado viajero, el noble polaco Jacobo Sobieski, que hizo el Camino de Santiago y escribió una relación del mismo. En los años 1674-1675 visitaron España el canónigo Andrzej Chryzostom Załuski (1650-1711), Jerzy Radziwiłł y Stanisław Radziwiłł entre otros, y todos dejaron testimonio escrito de ello; se constata en todos ellos que no conocen la leyenda negra o la ignoran, pues su actitud es siempre benevolente y a favor de los españoles. Empero, la hispanística polaca moderna, que ellos llaman iberística, arranca del poeta romántico Adam Mickiewicz; después vinieron hispanófilos de mediados del siglo XIX como Joachim Lelewel, Wojciech Dzieduszycki, Leonard Rettel, Julian Adolf Swiecicki o Félix Rozanski, más bien divulgadores y traductores entusiastas, que precedieron a los romanistas que enseñaron en Polonia por entonces, como Edward Porebowicz y su sucesor Zygmunt Czerny. Después vinieron Józef Morawski y Stefania Ciesielska-Borkowska. Maria Strzałkowa escribió el primer esbozo de Historia de la literatura española. Como traductores destacan Kazimierz Zawanowski, Zofia Szleyen, Kalina Wojciechowska y Zofia Chądzyńska. El poeta e hispanista Florian Smieja enseñó literatura española e hispanoamericana en London, Ontario. En 1971 se creó en la Universidad de Varsovia la primera cátedra de Iberística no subordinada a un departamento de literaturas románicas y al año siguiente se creó la correspondiente carrera universitaria. Ahora se llama Instituto de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos. En ella enseñan Urszula Aszyk-Bangs, la prematuramente desaparecida M. Pierrette-Ma∏cu˝yƒski (1948-2004) y los polonólogos Roberto Mansberger Amorós, Víctor Manuel Ferreras y Carlos Marrodán Casas. En Cracovia se organizó en 1985 el primer Simposio Nacional de Hispanistas. Muy importante es la obra de los hispanistas historiadores Janusz Tazbir y Jan Kienewicz, y en el terreno de la literatura de Gabriela Makowiecka, Henryk Ziomek, Beata Baczynska, Florian Smieja, Piotr Sawicki y Kazimierz Sabik. Grzegorz Bak, por otra parte, ha estudiado la imagen de España en la literatura polaca del siglo XIX.

[editar] Hispanismo en Portugal y Brasil

Francisco Manuel de Melo
Francisco Manuel de Melo

La integración de Brasil en Mercosur ha creado la necesidad de una relación más estrecha con el mundo hispánico y de un conocimiento mejor de la lengua española, por lo cual el estado brasileño ha promovido la inserción de la lengua española como de obligatoria enseñanza en el país. Un gran núcleo de hispanistas se estableció en la Universidad de Sao Paulo integrado por Fidelino de Figueiredo, Luis Sánchez y Fernández y José Lodeiro. En 1991 se crea el Anuario Brasileño de Estudios Hispánicos, publicación que ha facilitado la difusión de los hispanistas del país. En el año 2000 tiene lugar el I Congresso Brasileiro de Hispanistas, cuyas actas se publican bajo el título Hispanismo 2000. En esa ocasión se fundó la Asociación Brasileña de Hispanistas. El II Congresso Brasileiro de Hispanistas, tuvo lugar en el año 2002. En 2004, se celebró el III Congresso Brasileiro de Hispanistas y en septiembre de 2006, se llevará a cabo en Río de Janeiro el IV Congresso Brasileiro de Hispanistas, el cuál estará coorganizado por la Universidade Estadual do Rio de Janeiro y la Asociación Brasileña de Hispanistas. Frente a este interés brasileño, resulta curiosa la desidia del hispanismo portugués, cuya asociación sólo se ha fundado en el año 2005. Las investigaciones portuguesas en este terreno se presentan de manera mayoritaria bajo el signo del comparatismo y atañen básicamente a lo luso-español, en parte a causa de razones académico-administrativas. La revista Península es una de las más importantes. Frente a esto, el hispanismo portugués aparece algo desvaído y en cierto modo existe una mutua relación de desconfianza entre las dos culturas motivada por una historia de desentendimiento que viene desde la gran elección que hizo Castilla en el siglo XV por Cataluña. Sin embargo escritores del Renacimiento portugués escribieron en las dos lenguas, como el dramaturgo Gil Vicente, Jorge de Montemayor, Sa de Miranda, o, más tarde, el historiador Francisco Manuel de Melo.

[editar] Hispanismo en Italia

La relación de España con Italia ha sido muy temprana desde la Edad Media, especialmente en Nápoles (a través de la relación que tuvo con la Corona de Aragón y Sicilia), y se intensificó durante el Prerrenacimiento y Renacimiento esta vez a través de Castilla: Garcilaso de la Vega trató a los miembros de la Academia Pontaniana e introdujo la métrica, el estilo y los temas del Petrarquismo en la lírica española. Esta estrecha relación se prolongó a lo largo del Manierismo y el Barroco, en los siglos XVI y XVII. En el siglo XVIII fue quizá el mejor hispanista de Europa el poeta, traductor y antólogo Giambattista Conti (1741-1820), y también destaca la figura del dramaturgo, crí­tico e historiógrafo teatral Pietro Napoli Signorelli (1731-1815), quienes se opusieron en su país a quienes, como Girolamo Tiraboschi o Bettin