Cristóbal Suárez de Figueroa

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Cristóbal Suárez de Figueroa (Valladolid, * 1571 - † c. 1644 en Italia) fue un famoso escritor y enciclopedista español del Siglo de Oro. Su nombre aparece citado, como referencia valiosa, en el Diccionario de autoridades.

Trayectoria[editar]

Suárez de Figueroa era hijo de un modesto abogado gallego, emigrado a la ciudad castellana. Celoso por las atenciones de sus padres a un hermano suyo, enfermo, a los 17 años, decide marcharse a Italia; en 1588 viaja a través de Barcelona y Génova hasta Lombardía. Y va a estudiar derecho civil y canónico en Bolonia y definitivamente en Pavía, donde se doctoró en derecho (1594).[1]

En 1595, es nombrado fiscal de Martesana, al noroeste de Milán, luego ejerció su profesión de jurista en Nápoles, desde 1600, donde escribió ya algunas obras, entre ellas un perdido Espejo de juventud. Volvió a España en 1604, al enterarse del fallecimiento de su padre y su hermano, para heredar. Una vez en Valladolid, apuñaló en una pendencia a un caballero y tuvo que viajar por varios lugares del sur de España para refugiarse de la justicia, hasta que éste sanó y pudo arreglarse el asunto. [2]

En Granada se enamoró de una dama que murió de repente, lo que le conmocionó. Estuvo después en Córdoba, Sevilla o Puerto de Santa María y retornó a su ciudad natal, por poco tiempo.

En 1606 se desplaza a Madrid para buscar hueco en las letras, y entre 1609 y 1620 se dedica a escribir, compilar, traducir. Su fama se difunde con sus trabajos, aunque se hizo notar por su natural maldiciente, por lo demás propio de los escritores de entonces. Cristóbal Suárez, desde principios del siglo XVII, firmó como Cristóbal Suárez de Figueroa quizá para relacionarse con la Casa de Feria, al añadir a su nombre un apellido postizo, lo que cuadra con su personalidad orgullosa. Juan Andrés Hurtado de Mendoza, quinto marqués de Cañete, fue mecenas del escritor durante varios años.

Por afinidad léxica, se ha especulado con la posibilidad de que Suárez sea la persona que se esconde tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, autor del libro conocido como Quijote de Avellaneda, publicado en 1614.[3] Pero hoy no se acepta esa hipótesis como aclaración real, y existen nuevas especulaciones, asimismo dudosas.

En 1623 volvió a Italia en compañía del Duque de Alba. Fue auditor en Lecce (1629 a 1632), sufrió una persecución inquisitorial y murió en fecha no precisada en tierras italianas. Las noticias de Cristóbal Suárez de Figueroa se pierden mucho antes de 1644. La fecha de su muerte no es posterior a ese año, como se pretende, argumentando que se publicó en Nápoles una “quinta impresión” de su España defendida; pues sucede que el “44” que aparece en portada está estampado sobre un “36” original, de modo que Figueroa pudo fallecer antes de 1644.

Obra[editar]

Gran lector y excelente conocedor de la lengua, Suárez de Figueroa tuvo un amplio saber en mitología, historia y también en diferentes oficios y disciplinas, científicas o no. Su mayor ambición fue alcanzar el prestigio de los mejores preceptistas de su tiempo, con quienes compartía una concepción aristotélica de la literatura que asimiló en Italia y fue plasmando en algunos de sus libros. Estas ideas le hicieron seguramente detestar a Lope de Vega (se le atribuye la coautoría con Pedro de Torres Rámila de la Spongia (1617), libelo contra Lope).

Hizo importantes traducciones: del italiano, una parte de la muy popular tragicomedia pastoril El pastor fido, de Battista Guarini (1602 y 1609). Del portugués vertió una obra histórica, Historia y anal relación de las cosas que hicieron los padres de la Compañía de Jesús por las partes de Oriente y otras, del jesuita Fernâo Guerreiro (1614).

Pero el trabajo más señalado fue su colaboración en un éxito editorial europeo del siglo XVII, que había sido publicado en italiano y luego en latín. Efectivamente, con su Plaza universal de todas ciencias y artes hizo la versión, en 1615, del famoso libro enciclopédico sobre diversas materias, ciencias y profesiones u oficios que publicó 25 años antes Tomaso Garzoni —con el título La piazza universale di tutte le professioni del mondo— y que hizo que se convirtiera en uno de los autores italianos del siglo XVI más traducidos en el extranjero.[4]

Pero Suárez de Figueroa no sólo hizo una versión brillante, y llena de lenguaje técnico a veces innovador, sino que modificó agudamente ese texto. Adaptó, a su tiempo y país, los datos de Garzoni, cortó a menudo el original y lo amplió también en algunas partes. Esta extensa y significativa Plaza universal suya fue reeditada en el siglo XVII, y además en la centuria ilustrada apareció reordenada y aumentada, con el título levemente cambiado. Es una fuente de información sobre el estado de diversas disciplinas en el momento inicial de la revolución científica. El oscurecimiento de este libro en los siglos XIX y XX, no ha impedido que hoy se le conozca bien, pues los estudios sobre la evolución del enciclopedismo se han revelado indispensables para analizar a fondo el entorno cultural de muchas obras maestras.

El poema épico España defendida, de 1612, sobre la hazaña de Roncesvalles y tres libros de tema misceláneo, constituyen lo más personal de su autor.

Destaca, sobre todos los demás, El pasajero (Madrid, 1617), donde Suárez de Figueroa da inestimables informaciones sobre las costumbres de la España de su tiempo. Esta obra maestra, escrita en diálogos, narra el viaje de un maestro en Artes y Teología (seguramente su amigo Pedro de Torres Rámila), un militar, un orífice y un doctor (que debe representar al propio Figueroa) entre Madrid y Barcelona, camino de Italia. [5] Dialogan sobre las comedias y los comediantes, la vida universitaria de Alcalá, las mujeres, el gobierno, la sociedad de entonces, las profesiones u oficios, etc. Hay burlas, como era habitual en su tiempo, contra muchos ingenios de la época: Lope de Vega, Quevedo, Juan de Arguijo, Juan Ruiz de Alarcón y Cervantes, a quien sin embargo alabó en la Plaza universal.

Las otras dos misceláneas son menos conocidas: Varias noticias importantes a la humana comunicación (1621)[6] y Pusilipo. Ratos de conversación en los que dura el paseo (1629); en esta última obra elogia a Luis de Góngora, pese a ser Suárez un destacado anticulterano.

Es curiosa también la novela pastoril La constante Amarilis (Valencia, 1609), que apareció en edición bilingüe en Lyon cinco años después y fue reimpreso en Madrid: Antonio de Sancha, 1781. La obra contiene reminiscencias de Ovidio. Existen dos emisiones de la obra; una dedicada a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, y otra, idéntica, dedicada a don Vincencio Guerrero, gentilhombre del duque de Mantua, (tal vez por no haber sido recibido por el primero, pues quería formar parte del séquito que le acompañaría, ya virrey, a Nápoles). Incluye prosas y versos, y los personajes son máscaras que encubren a personas verdaderas: Menandro es Juan Andrés Hurtado de Mendoza, y Amarilis es María de Cárdenas, hija del Duque de Maqueda. El autor es el pastor Damón.

De su producción hay cinco obras de las que no se conserva ejemplar alguno: Espejo de juventud, L'Aurora, Residencia de talentos, Desvaríos de las edades y Olvidos de príncipes.

Ediciones contemporáneas[editar]

  • El pasajero, Barcelona, PPU, 1988, larga introducción y notas de M. I. López Bascuñana.
  • Plaza universal de todas ciencias y artes, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2006, larga introducción y notas M. Jalón.

Fuentes[editar]

  • J. P. Wickersham Crawford, The Life and Woks of C. Suárez de Figueroa, Filadelfia, University of Pennsylvania, 1907. Hay traducción de N. Alonso Cortés (ver enlaces).
  • N. Alonso Cortés, «Sobre C. Suárez de Figueroa», Miscelánea vallisoletana, 4ª serie, Valladolid, 1926 y 1955, retocado.
  • J. Dowling, «Un envidioso del siglo XVII, C. Suárez de Figueroa», Clavileño, IV, 22, 1953, pp. 11-16.
  • M. Giovannini, «Alcuni documenti sù C. Suárez de Figueroa», Annali della Facoltà di Lingue e Letterature Straniere di Ca’ Foscari, VIII, 1, 1969, pp. 115-119.
  • M. Á. Arce, C. Suárez de Figueroa, nuevas perspectivas de su actividad literaria, Madrid, Ed. Universidad Complutense, 1983.
  • M. I. López Bascuñana, «En torno a los problemas textuales de la edición crítica de El pasajero de C. Suárez de Figueroa», Homenaje al profesor Antonio Gallego Morell, Granada, Universidad de Granada, 1990.
  • M. Jalón, «Las profesiones científico-técnicas en la 'Plaza universal' de Suárez de Figueroa», Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, LVIII, 1, 2006, pp. 197-218.
  • M. Jalón, «El enciclopedismo entre 1560 y 1620 y la implantación de las nuevas disciplinas científicas. Sobre la 'Plaza de las ciencias' de Suárez de Figueroa», en W. Eamon y V. Navarro, eds., Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, Valencia, Universidad de Valencia, 2007, pp. 181-195.

Referencias[editar]

  1. J. P. Wickersham Crawford, The Life and Woks of C. Suárez de Figueroa, Filadelfia, University of Pennsylvania, 1907
  2. N. Alonso Cortés, «Sobre C. Suárez de Figueroa», Miscelánea vallisoletana, 4ª serie, Valladolid, 1926 y 1955
  3. Enrique Espín Rodrigo: El Quijote de Avellaneda fue obra del doctor Christoval Svarez de Figueroa (1993).
  4. «Las profesiones científico-técnicas en la 'Plaza universal' de Suárez de Figueroa», Asclepio, LVIII, 1, 2006, pp. 197-218
  5. M. I. López Bascuñana, introducción a El pasajero, Barcelona, PPU, 1988.
  6. [1]

Enlaces externos[editar]

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