Benito Pérez Galdós

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Benito Pérez Galdós
Benito perez galdos y perro las palmas 1890.jpg
Benito Pérez Galdós en la finca familiar "Los Lirios" (Monte Lentiscal, Gran Canaria), en 1890.
Nacimiento 10 de mayo de 1843
Las Palmas de Gran Canaria,Bandera de España España
Defunción 4 de enero de 1920
(76 años)
Madrid,Bandera de España España
Nacionalidad española
Ocupación Escritor, novelista y político
Género Novela, teatro y crónica
Movimientos Realismo y naturalismo
Benito Pérez Galdós

1886-1890

1907-1914

1914-1918

Datos personales
Nacimiento Las Palmas, Bandera de España España
Partido Partido Liberal
Partido Republicano Radical

Benito María de los Dolores Pérez Galdós[1] (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920), conocido como Benito Pérez Galdós, fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español.[2]

Se le considera uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX en España y un narrador capital en la historia de la literatura en lengua española, hasta el punto de ser reconocido por muchos como el mayor novelista español después de Cervantes.[3]

Galdós transformó el panorama novelesco español de la época,[4] apartándose de la corriente romanticista en pos del realismo y aportando a la narrativa una gran expresividad.[3] En palabras de Max Aub, Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano y con "su intuición serena, profunda y total de la realidad", se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, "artísticamente transformado". De ahí que "desde Lope ningún escritor fue tan popular, ninguno tan universal desde Cervantes".[5]

Pérez Galdós fue desde 1897 académico de la Real Academia Española y llegó a estar nominado al Premio Nobel en 1912. Mostró también afición a la política e incluso fue elegido diputado en varias ocasiones por distintas circunscripciones.[6] [7]

Biografía[editar]

Infancia y juventud[editar]

Galdós fue el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. Siendo aún niño su padre le aficionó a los relatos históricos contándole pasajes y anécdotas vividos en la Guerra de la Independencia, en la que, como militar, había participado. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, en el barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria (isla de Gran Canaria), con una pedagogía avanzada para la época, en los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, polémicas que algunos críticos han rastreado en obras como Doña Perfecta.[8]

Galdós, que ya había empezado a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos, obtuvo el título de bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna (Tenerife), donde había destacado por su facilidad para el dibujo y su buena memoria. La llegada de una prima suya, "Sisita", al entorno familiar isleño, trastornó emocionalmente al joven Galdós, circunstancia que se ha considerado posible origen de la decisión final de "Mamá Dolores" de enviarle a Madrid a estudiar Derecho.[9]

Llegó a Madrid en septiembre de 1862,[10] se matriculó en la universidad y tuvo por profesores a Fernando de Castro, Francisco de Paula Canalejas, Adolfo Camús, Valeriano Fernández y Francisco Chacón Oviedo. En la universidad conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por el krausismo, filosofía que se deja sentir en sus primeras obras. Frecuentó los teatros y con otros escritores paisanos suyos (Nicolás Estévanez, José Plácido Sansón, etcétera) la «Tertulia Canaria» en Madrid. También acudía a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Fue en esa institución donde conoció a Leopoldo Alas Clarín, durante una conferencia del crítico y novelista asturiano, en lo que sería el comienzo de una larga amistad. Al parecer fue alumno disperso y perezoso, faltando a clase a menudo:

"Entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía, como he referido en otro lugar. Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en "flanear" por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos" (B. Pérez Galdós, Memorias de un desmemoriado, II)

En 1865 asistió a la terrible Noche de San Daniel, cuyos sucesos le impresionaron vivamente:

Presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel —10 de abril del 65—, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. Los cañonazos atronaban el aire... Madrid era un inferno.

B. Pérez Galdós, Memorias de un desmemoriado, cap. II.

Asiduo de los teatros, le impresionó en especial la obra Venganza catalana, de Antonio García Gutiérrez. Los cronistas y biógrafos recogen que ese mismo año empezó a escribir como redactor meritorio en los periódicos La Nación y El Debate, así como en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente y en calidad de periodista, asistió al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil.

En 1867 hizo su primer viaje al extranjero, como corresponsal en París, para dar cuenta de la Exposición Universal. Volvió con las obras de Balzac y de Dickens y tradujo de éste, a partir de una versión francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick.[11] Toda esta actividad supone su inasistencia a las clases de Derecho y le borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año se produce la llamada revolución de 1868, en que cae la reina Isabel II. Cuando regresaba de su segundo viaje a París, y cuando volvía de Francia a Canarias en barco, vía Barcelona, y en la escala que el navío hizo en Alicante, se bajó del vapor en la capital alicantina llegando así a Madrid a tiempo de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se dedicó a hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.

Las primeras obras[editar]

En 1870, gracias a la ayuda económica de su cuñada,[12] publicó su primera novela, La Fontana de Oro, escrita entre 1867 y 1868, y que aún con los defectos de toda obra primeriza, sirve de umbral al magno trabajo que como cronista de España desarrolló luego en los Episodios Nacionales.

La Sombra, publicada en 1871,[13] había ido apareciendo por entregas a partir de noviembre de 1870, en La Revista de España, dirigida por José Luis Albareda y más tarde por el propio Galdós entre febrero de 1872 y noviembre de 1873.[14]

Los Episodios nacionales[editar]

Portada de la edición de Hernando en 1935 del primero de los Episodios Nacionales: Trafalgar.

En 1873 Galdós comenzó a publicar los Episodios nacionales (título que le sugirió su amigo José Luis Albareda),[14] una magna crónica del siglo XIX recogiendo la memoria histórica de los españoles a través de su vida íntima y cotidiana, y de su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país.[4] [nota 1] Una obra compuesta por 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, salvo la última, que quedó inconclusa. Arrancan con la batalla de Trafalgar y llegan hasta la Restauración borbónica en España.

La primera serie (1873-1875) trata de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, "que se dio a conocer como pillete de playa y terminó su existencia histórica como caballeroso y valiente oficial del ejército español".[15]

La segunda serie (1875-1879) recoge las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833. Su protagonista es el liberal Salvador Monsalud, que encarna, en gran parte, las ideas de Galdós y en quien "prevalece sobre lo heroico lo político, signo característico de aquellos turbados tiempos".[15]

Después de un paréntesis de veinte años (tras recuperar los derechos sobre sus obras que detentaba su editor, con quien mantuvo un pleito interminable), Galdós continuó con la tercera serie, dedicada a la Primera Guerra Carlista (1898-1900).

La cuarta serie (1902-1907) se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868. La quinta (1907-1912), incompleta, acaba con la Restauración de Alfonso XII.

Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y marcó una cota casi inalcanzable en la evolución de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme (se inicia desde la perspectiva de un joven que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada); la perspectiva del propio autor varía desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la postura radical de tendencia socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

Para conocer bien España, el escritor se dedicó a recorrerla en coches de ferrocarril de tercera clase, conviviendo con el pueblo miserable y hospedándose en posadas y hostales "de mala muerte".

Oficio de escritor[editar]

Benito Pérez Galdós solía llevar una vida cómoda, viviendo primero con dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza.

En la ciudad, se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la enorme frescura y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, a los que se conocía al dedillo. En su madurez empezó a frecuentar a León Tolstói. Después volvía a sus paseos, salvo que hubiera un concierto, pues adoraba la música y durante mucho tiempo hizo crítica musical. Se acostaba temprano y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un volumen de trescientas páginas.

Desde la óptica de un Ramón Pérez de Ayala Galdós era descuidado en el vestir, usando tonos sombríos para pasar desapercibido. En invierno era habitual verle llevando enrollada al cuello una bufanda de lana blanca, con un cabo colgando del pecho y otro a la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, ya sentado, completaba la estampa tópica su perro alsaciano junto a él. Tenía por costumbre llevar el pelo cortado "al rape" y, al parecer, padecía fuertes migrañas.[nota 2]

Madurez[editar]

Del Ateneo a Santander[editar]

Desde su llegada a Madrid, una de las mayores aficiones de Galdós eran las visitas al viejo Ateneo de la calle de la Montera,[16] donde tuvo oportunidad de hacer amistad con intelectuales y políticos de todas las tendencias, incluidos personajes tan ajenos a su ideología y sensibilidad como Marcelino Menéndez Pelayo, Antonio Cánovas del Castillo o Francisco Silvela. También frecuentaba las tertulias del Café de la Iberia, la Cervecería Inglesa y del viejo Café de Levante. A partir de 1872, Galdós se aficionó a pasar los tórridos veranos madrileños en Santander (Cantabria), entorno con el que llegaría a identificarse hasta el punto de comprar una casa en El Sardinero, la animada "finca de San Quintín".[17]

Galdós diputado[editar]

La carrera parlamentaria de Galdós comienza, de un modo un tanto rocambolesco, cuando en 1886 y habiéndose aproximado el escritor al Partido Liberal, su amistad con Sagasta le llevó a ingresar en el Congreso como diputado por Guayama (Puerto Rico).[18] [19] El escritor nunca llegaría a visitar su circunscripción antillana, pero su obligada asistencia a las Cortes —donde, tímido por naturaleza, apenas despegaría los labios— le sirvió de nuevo e insólito observatorio desde el que analizar lo que luego titularía como «la sociedad española como materia novelable».[20] [nota 3]

La aventura teatral[editar]

Retrato de Benito Pérez Galdós en 1894, por Joaquín Sorolla

El 15 de marzo de 1892 se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, la primera obra madura de la producción teatral de Galdós: Realidad. El autor recordaría luego esa noche en sus Memorias como «solemne, inolvidable para mí». El éxito de la obra, y la buena disposición de la Guerrero, les llevaría a estrenar en los primeros días de 1893 la versión teatral de La loca de la casa (que como libro había pasado casi inadvertido).[21] Pero su confirmación como autor de éxito y crítica se la dio La de San Quintín, estrenada el 27 de enero de 1894;[22] su cuarta obra llevada a las tablas, tras el fracaso de la adaptación del episodio Gerona.

Pero el estreno más recordado de Galdós fue quizá el de su Electra, el 30 de enero de 1901, por lo que supuso de oportuno "alegato contra los poderes de la Iglesia y contra las órdenes religiosas que la servían" en un momento histórico en el que en España, tras los avances liberales del periodo 1868-1873, crecía de nuevo la influencia de los intereses políticos del Vaticano.[23] Aquella bofetada, que para asombro del propio Galdós fue mucho más sonora de lo que él había esperado, encendería la mecha de una conspiración ultramontana,[24] que al cabo de los años se llevaría una desproporcionada, triste y muy poco cristiana revancha: impedir que el genio literario de Galdós fuera reconocido con el Premio Nobel de Literatura.[25]

Académico[editar]

Por fin, en 1897, y pese a las oposiciones de los sectores conservadores del país —y en especial de los neos (neocatólicos)—, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1897.

Podría decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa peña, indicándonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas (...). Contábamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aquí se va, y nada más que por aquí. Pero la voz sobrenatural no hiere aún nuestros oídos y los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos. Algunos, que intrépidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto más que tinieblas y enmarañadas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acción física de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque allí hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos

Fragmento del discurso leído por Pérez Galdós ante la Real Academia Española

Problemas editoriales[editar]

Casa editorial de las obras de Galdós. Fotografía de Christian Franzen.

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara, y se dividió todo en dos partes, de lo que resultó que Galdós, en veinte años de gestión conjunta, había recibido unas 80.000 pesetas más de lo que le correspondía. Después se averiguó que De la Cámara no había sido del todo legal respecto al número y fecha de las ediciones de sus obras; lo cierto es que a Galdós le dejó un déficit de 100.000 pesetas. Sin embargo, quedó en su propiedad el cincuenta por ciento del fondo de sus libros que quedaba en espera de venta, 60.000 ejemplares en total. Para librarse de ellos abrió el escritor una casa editorial con el nombre de "Obras de Pérez Galdós" en la calle de Hortaleza (número 132 bajo). Los dos primeros títulos que puso en el mercado fueron Doña Perfecta y El abuelo. Continuó esta actividad editorial hasta 1904, año en que, cansado, firmó un contrato con la Editorial Hernando.

Vida sentimental[editar]

Benito Pérez Galdós visto por Ramon Casas (Museo Nacional de Arte de Cataluña).

La vida sentimental de Galdós, que el escritor conservó celosamente guardada en vida, tardó en ser estudiada con cierto método. Hubo que espera a que en 1948, el hispanista lituano establecido en Estados Unidos, Chonon Berkowitz, publicase su estudio biográfico titulado Pérez Galdós. Spanish Liberal Crusader (1843-1920).[26]

Todos los críticos coinciden en la esterilidad biográfica de sus Memorias de un desmemoriado (Galdós poseía una memoria portentosa), escrita en forma de diario de viajes, y no se sabe si para desalentar empeños biográficos ulteriores.[nota 4]

Galdós permaneció soltero hasta su muerte. Algunos amigos y contemporáneos dejaron noticia de su debilidad por los amores mercenarios. Se le conoce una hija natural, María Galdós Cobián, nacida en 1891 de Lorenza Cobián.[nota 5] [27] La lista de pasiones amorosas más o menos carnales se completa con los nombres de la actriz Ruth Morell y la novelista Emilia Pardo Bazán.[28]

Últimos años[editar]

Benito Pérez Galdós, fotografiado por Christian Franzen.

En el último periodo de su vida, Galdós repartió su tiempo entre los compromisos políticos y la actividad como dramaturgo.[nota 6] Sus últimos años estuvieron marcados de modo progresivo por la perdida de la visión y las consecuencias de sus descuidos económicos y tendencia a endeudarse de forma continua,[29] aspectos íntimos que el entonces joven periodista Ramón Pérez de Ayala, aprovechándose de su interesada amistad con el viejo escritor, recogió más tarde en sus Divagaciones literarias:

"En una ocasión don Gabino Pérez, su editor, le quiso comprar en firme sus derechos literarios de las dos primeras series de los Episodios nacionales por quinientas mil pesetas, una fortuna entonces. Don Benito replicó: «Don Gabino, ¿vendería usted un hijo?». Y, sin embargo, don Benito no sólo no disponía jamás de un cuarto, sino que había contraído deudas enormes. Las flaquezas con el pecado del amor son pesadas gabelas. Pero éste no era el único agujero por donde el diablo le llevaba los caudales, sino, además, su dadivosidad irrefrenable, de que luego hablaré. En sus apuros perennes acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca lechera de todos los usureros y usureras matritenses, a quienes, como se supone, había estudiado y cabalmente conocía en la propia salsa y medio típico, con todas sus tretas y sórdida voracidad. ¡Qué admirable cáncer social para un novelista! (Léase su Fortunata y Jacinta y la serie de los Torquemadas). Cuando uno de los untuosos y quejumbrosos prestamistas le presentaba a la firma uno de los recibos diabólicos en que una entrega en mano de cinco mil pesetas se convierte, por arte de encantamiento, con carácter de documento ejecutivo o pagaré al plazo de un año, en una deuda imaginaria de cincuenta mil pesetas, don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraídos le llevaban casi todo lo que don Benito debía recibir por liquidaciones mensuales de la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte de don Benito, un periodista averiguó por esto su precaria situación económica y la hizo pública, lo que suscitó un movimiento general de vergüenza, simpatía y piedad (...) A principios de mes acudían a casa de don Benito, o bien le acechaban en las acostumbradas calles, atajándole al paso, copiosa y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Dios; pertenecían a ambos sexos y las más diversas edades, muchos de ellos de semblante y guisa asaz sospechosos; todos, de vida calamitosa, ya en lo físico, ya en lo moral, personajes cuyas cuitas no dejaba de escuchar evangélicamente (...) Don Benito se llevaba sin cesar la mano izquierda al bolsillo interno de la chaqueta, sacaba esos papelitos mágicos denominados billetes de banco, que para él no tenían valor ninguno sino para ese único fin, y los iba aventando.[30] "

Ramón Pérez de Ayala (1958)

Como parte de las fuerzas políticas republicanas, Madrid eligió a Galdós representante en las Cortes de 1907.[31] En 1909 presidió, junto a Pablo Iglesias, la coalición republicano-socialista, si bien Galdós, que «no se sentía político», se apartó pronto de las luchas «por el acta y la farsa» dirigiendo sus ya menguadas energías a la novela y al teatro.[32]

Paralelamente, el habilidoso instinto político del Conde de Romanones, urdía encuentros del joven rey Alfonso XIII con el popular escritor que le situaban en un contexto ambiguo.[33] Con todo, en 1914 Galdós, enfermo y ciego, presentó y ganó su candidatura como diputado republicano por Las Palmas de Gran Canaria. Coincidía ello con la promoción, en marzo de 1914, de una Junta Nacional de Homenaje a Galdós, formada por personalidades de la talla y catadura de: Eduardo Dato (jefe del Gobierno), el capitán general Miguel Primo de Rivera, , el banquero Gustavo Baüer (representante de Rothschild en España), Melquiades Álvarez, jefe de los reformistas, o el duque de Alba, además de escritores consagrados como Jacinto Benavente, Mariano de Cavia y José de Echegaray. No figuraban en dicha junta políticos como Antonio Maura o Lerroux, y por razones antagónicas: la Iglesia y los socialistas.[29]

En el aspecto literario, puede anotarse que su admiración por la obra de León Tolstói se trasluce en cierto espiritualismo en sus últimos escritos y, en esa misma línea rusa,[34] no pudo disimular cierto pesimismo por el destino de España, como se percibe en las páginas de uno de sus últimos Episodios nacionales, Cánovas (1912), al que pertenece este párrafo:

"Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos..."

Benito Pérez Galdós, Cánovas, Madrid, 1912

Final[editar]

El 20 de enero de 1919 se descubrió en el Parque del Retiro de Madrid una escultura erigida por suscripción pública. Por razón de su ceguera, Galdós pidió ser alzado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la obra que un joven y casi novel Victorio Macho había esculpido sin cobrar su trabajo. Un año más tarde, Benito Pérez Galdós, cronista de España por designación del pueblo soberano,[35] murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid, en la madrugada del 4 de enero de 1920. El día de su entierro, unos 30.000 ciudadanos acompañaron su ataúd hasta el cementerio de la Almudena (zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).[36]

Mito de la muerte de un mito[editar]

Es habitual leer, en la abundante bibliografía y otros documentos que sobre la figura de Galdós se han producido, leer que el escritor murió pobre y olvidado. El origen de la leyenda del olvido oficial, institucional y político, hay que imputárselo a José Ortega y Gasset, autor anónimo, pues no la firmó, de una encendida necrológica publicada en el diario El Sol el 5 de enero de 1920 (III, 30-31), y que comenzaba así: "La España oficial, fría, seca y protocolaria, ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós. La visita del ministro de Instrucción Pública no basta..." Es difícil interpretar qué pudo motivar a Ortega crear tal patraña en torno a la ausencia de «la España oficial» en la demostración de duelo ante la muerte de Galdós.[37]

Lo cierto es que según la prensa del momento,[38] uno de los primeros en presentarse en la casa mortuoria fue, efectivamente, Natalio Rivas, ministro de Instrucción Pública, además de políticos como Alejandro Lerroux (siempre atento a la simbología de lo público) o aristócratas como Emilia Pardo Bazán, condesa y amiga del finado. Poco después llegó el torero Machaquito y una interminable procesión de amigos, conocidos y personalidades varias. El desfile aumentaría en forma progresiva cuando desde las once de la noche del mismo día de su muerte quedó instalada la capilla ardiente en el Patio de Cristales del Ayuntamiento de Madrid. Allí acudieron el jefe del Gobierno y cinco de sus miembros junto con "cientos de miles de ciudadanos".[39] También ese mismo día 4, el ministro Rivas puso a la firma del rey un Decreto "estableciendo honores y distinciones", entre las que se incluían que el entierro fuese costeado por el Estado y la asistencia de las Reales Academias, Universidades, Ateneo y Centros de Enseñanza y Cultura, además de otros funcionarios ministeriales. El Senado, por su parte, celebró una sesión para acordar el pésame de la institución y su asistencia oficial al sepelio. Se publicó una esquela mortuoria dándoles el pésame a los familiares (la hija de Galdós y su marido, su hermana Manuela, ausente en Las Palmas de Gran Canaria, el albacea Alcaín...).

En señal de duelo, esa noche del 4 de enero se cerraron todos los teatros de Madrid con el cartel de No hay función.[39] En la prensa madrileña y nacional, algunos diarios como el conservador La Época publicaron números extraordinarios glosando la imagen del escritor canario fallecido.[36]

Entierro frío y multitudinario[editar]

El lunes 5 de enero de 1920, rodeando el féretro la Guardia Municipal, de gala, y cubierto por coronas de flores, partió el entierro de Benito Pérez Galdós. Los periódicos hablaron luego de que 30 000 personas habían pasado por la capilla ardiente y de que unas 20 000 formaron cortejo extraoficial hasta el cementerio.[40] Aunque en esa época no era costumbre que las mujeres acudieran a los entierros, en aquella ocasión abrió la excepción la actriz Catalina Bárcena, y en cuanto el duelo oficial se retiró, a la altura de la Puerta de Alcalá, progresivamente fueron acudiendo las otras mujeres de Madrid: las menestralas, las obreras, las madres de familia de las clases populares.[36] [41] El abuelo que contaba historias que ellas podían entender y sentir, el hermano escritor que las había inmortalizado con muy diversos nombres y sentimientos, emprendía aquella fría tarde su último viaje.[42]

Obras[editar]

De su muy amplia producción literaria podemos citar las siguientes obras:[nota 7]

  • En Doña Perfecta se hace el estudio de una ciudad imaginaria, Orbajosa, anclada en la tradición inmovilista. Al llegar el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para casarse con la hija de la mujer que da título al libro, se desatan una serie de intrigas orientadas a desacreditar al ingeniero por parte del sector reaccionario y el clero de la ciudad, y que llevarán a un final trágico.
  • En Marianela, ambientada en un pueblo minero, Galdós maneja con maestría una trama de "culebrón": Marianela, huérfana, deforme y enamorada de Pablo, joven burgués ciego al que sirve de lazarillo y al que la ciencia le hace recobrar la vista.
  • Fortunata y Jacinta, novela realista cuyo eje argumental es el enamoramiento de dos mujeres de diferentes clases sociales de un mismo hombre: Juan Santa Cruz, prototipo del hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril, acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido ha tenido con Fortunata, de baja condición.[43] Uno de los personajes secundarios de esta novela, el usurero Torquemada, es protagonista, como ocurre con algunos personajes de Galdós, en otras cuatro novelas (Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio, Torquemada y San Pedro).
  • Cabría agrupar varias novelas unidas por la problemática religiosa. Si en Doña Perfecta Galdós se muestra anticlerical al modo de entonces y refleja un impactante panorama de la hostilidad provinciana conservadora a un recién venido de ideas modernas, en cambio, en Ángel Guerra y, sobre todo, en Nazarín, se advierte que no hay en él irreligiosidad, sino al contrario, un profundo sentir cristiano, frente a los dogmas de la Iglesia Católica.
  • También hay que destacar Miau, que narra la pequeña epopeya del cesante, el funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial, se alimenta de la esperanza, mientras detrás de él su inconsciente familia trata de mantener las apariencias de la «gente bien».
  • Misericordia se desarrolla en los estratos más bajos del Madrid del siglo XIX, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos, donde destacan personajes como el moro ciego "Almudena" y la criada Benina.
  • Otras novelas interesantes son Tormento y La desheredada, dos magistrales estudios de la mujer (el universo femenino).[44]
  • Galdós ensayó también el teatro, insistiendo a veces en temas ya tocados en sus novelas, como El abuelo. Algunas de sus composiciones teatrales fueron muy populares.

Estilo[editar]

Algunos de sus más ilustres contemporáneos señalaron, quizá con excesiva insistencia, el dominio de Galdós del lenguaje popular. Pío Baroja decía de él que «sabía hacer hablar» al pueblo. Otro miembro de la Generación del 98, Ramón María del Valle-Inclán, desde su óptica opuesta al realismo galdosiano, le puso el mote de "Don Benito el Garbancero". La lectura de su obra narrativa deja claros su conocimiento del lenguaje, tanto culto como callejero, su dominio del diálogo, casi periodístico, y su habilidad para ponerlos sobre el papel con toda la riqueza de su apabullante cultura.

Su estilo, directo, sin artificios retóricos, sigue los postulados estéticos realistas. Su rico verbo académico, pero transparente y castizo, es en muchas ocasiones un festival de humor e ironía. En los diálogos, el lenguaje se impregna frecuentemente de términos corrientes e incluso vulgares, abusando en ocasiones del diminutivo coloquial, que para algunos críticos llega a mostrar un poco ridículos e infantiles a los personajes que describe. Como gran lector del Quijote, es muy frecuente en Galdós un humor piadosamente irónico de sesgo cervantino.[45]

Novelas de tesis[editar]

Benito Pérez Galdós escribiendo su novela Zumalacárregui. Fotografía de Manuel Compañy.
Título Año de publicación
La Fontana de Oro 1870 (1867-68)
La sombra 1870
El audaz 1871
Doña Perfecta 1876
Gloria 1876-1877
La familia de León Roch 1878
Marianela 1878


Novelas españolas contemporáneas (ciclo de la "materia")[editar]

Título Año de publicación
La desheredada 1881
El amigo Manso 1882
El doctor Centeno 1883
Tormento 1884
La de Bringas 1884
Lo prohibido 1884-85
Fortunata y Jacinta 1886-87
Celín, Tropiquillos y Theros 1887
Miau 1888
La incógnita 1889
Torquemada en la hoguera 1889
Realidad 1889


Novelas españolas contemporáneas (ciclo "espiritualista")[editar]

Título Año de publicación
Ángel Guerra 1890-91
Tristana 1892
La loca de la casa 1892
Torquemada en la cruz 1893
Torquemada en el purgatorio 1894
Torquemada y San Pedro 1895
Nazarín 1895
Halma 1895
Misericordia 1897
El abuelo 1897
Casandra 1905


Novelas mitológicas (ciclo final)[editar]

Título Año de publicación
El caballero encantado 1909
La razón de la sinrazón 1915


Episodios nacionales[editar]

Primera serie

Título Año de publicación
Trafalgar 1873
La Corte de Carlos IV 1873
El 19 de marzo y el 2 de mayo 1873
Bailén 1873
Napoleón en Chamartín 1874
Zaragoza 1874
Gerona 1874
Cádiz 1874
Juan Martín el Empecinado 1874
La batalla de los Arapiles 1875


Segunda serie


Título Año de publicación
El equipaje del rey José 1875
Memorias de un cortesano de 1815 1875
La segunda casaca 1876
El Grande Oriente 1876
7 de julio 1876
Los cien mil hijos de San Luis 1877
El terror de 1824 1877
Un voluntario realista 1878
Los Apostólicos 1879
Un faccioso más y algunos frailes menos 1879


Tercera serie

Título Año de publicación
Zumalacárregui 1898
Mendizábal 1898
De Oñate a la Granja 1898
Luchana 1899
La campaña del Maestrazgo 1899
La estafeta romántica 1899
Vergara 1899
Montes de Oca 1900
Los Ayacuchos 1900
Bodas reales 1900


Cuarta serie

Título Año de publicación
Las tormentas del 48 1902
Narváez 1902
Los duendes de la camarilla 1903
La Revolución de Julio 1903-1904
O'Donnell 1904
Aita Tettauen 1904-1905
Carlos VI en la Rápita 1905
La vuelta al mundo en la «Numancia» 1906
Prim 1906
La de los tristes destinos 1907


Quinta serie

Título Año de publicación
España sin rey 1907-1908
España trágica 1909
Amadeo I 1910
La Primera República 1911
De Cartago a Sagunto 1911
Cánovas 1912
Sagasta (Proyecto)


Teatro[editar]

Galdós y uno de sus perros en la finca de San Quintín (Cantabria), recibiendo la visita de los empresarios, directores y actores teatrales María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, en la primera década del siglo XX.[46]
Título Año de publicación
Quién mal hace, bien no espere 1861 (perdida)
La expulsión de los moriscos 1865 (perdida)
Un joven de provecho 1867?
Realidad 1892
La loca de la casa 1893
Gerona 1893
La de San Quintín 1894
Los condenados 1895
Voluntad 1895
Doña Perfecta 1896
La fiera 1896
Electra 1901
Alma y Vida 1902
Mariucha 1903
El abuelo 1904
Bárbara 1905
Amor y ciencia 1905
Zaragoza 1908
Pedro Minio 1908
Casandra 1910
Celia en los infiernos 1913
Alceste 1914
Sor Simona 1915
El tacaño Salomón 1916
Santa Juana de Castilla 1918
Antón Caballero 1921(inacabada)


Memorias, viajes, ensayo y obra varia[editar]

Título Año de publicación
Crónicas de Portugal 1890
«Discurso de ingreso en la Real Academia Española» 1897
Memoranda 1906
Memorias de un desmemoriado (autobiografía) 1915
Política española I 1923
Política española II 1923
Arte y crítica 1923
Fisonomías sociales 1923
Nuestro teatro 1923
Cronicón 1883 a 1886 1924
Toledo 1924
Viajes y fantasías 1928
Crónica de Madrid 1933
Cartas a Mesonero Romanos 1943
Crónica de la Quincena 1949
Madrid 1956
Los prólogos de Galdós 1962


Traducciones[editar]

Título Autor Año
Los papeles póstumos del Club Pickwick  Charles Dickens 1868


Cuentos[editar]

En sus inicios Galdós comenzó a escribir cuentos. A lo largo de toda su carrera literaria publicó múltiples relatos cortos en diversos períodicos y revistas literarias de la época. Algunos de los cuentos más destacados son los siguientes:

Título Año de publicación
Una industria que vive de la muerte 1865
Necrología de un prototipo 1866
La conjuración de las palabras 1868
Dos de mayo de 1808, dos de septiembre de 1870 1870
Un tribunal literario 1871
El artículo de fondo 1871
La novela en el tranvía 1871
La pluma en el viento o el viaje de la vida 1872
La mula y el buey 1876
La princesa y el granuja 1876
Theros 1877
Tropiquillos 1884
¿Dónde está mi cabeza? 1892
La loca de la casa 1896
El pórtico de la gloria 1896
Rompecabezas 1897
Celín 1897

Obra inédita[editar]

La aportación más importante al conocimiento de la obra inédita de Galdós la hizo el argentino Alberto Ghiraldo, con la publicación en 1923 de los nueve volúmenes de las Obras inéditas, en la editorial Renacimiento de Madrid. A partir de este texto (volúmenes VI y VII), Rafael Reig prologó la edición en 2003 de El crimen de la calle Fuencarral. El crimen del cura Galeote,[47] un turbio asunto muy popular en el verano de 1888, que inició una oleada de amarillismo en la prensa que alcanzaría su auge hacia 1898, coincidiendo con la Guerra de Cuba. En opinión de Reig, estos relatos, extraídos de crónicas enviadas al diario argentino La Prensa, son comparables al estilo de Dashiell Hammett y dan noticia de un Galdós pionero en el género policíaco apenas frecuentado hasta entonces en la literatura española.

En 1979, Alan E. Smith, hispanista de la Universidad de New Jersey, localizó entre manuscritos guardados en la Biblioteca Nacional de Madrid un fragmento de novela que, reconstruida en gran parte, se publicó en 1983 con el título de Rosalía.[48] Por el estilo parece una novela fallida del "ciclo espiritualista" del segundo periodo de la novelística galdosiana.

Importancia de la obra de Galdós[editar]

... Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción...

Benito Pérez Galdós (1897): La sociedad presente como materia novelable. Discurso de entrada en la Real Academia Española.

Galdós es considerado por muchos especialistas como uno de los mejores novelistas en castellano después de Cervantes.[49] Así parece avalarlo su obra, con cerca de 100 novelas, casi 30 obras de teatro, y una colección importante de cuentos, artículos y ensayos. También se le considera maestro indiscutible del Realismo en España y del naturalismo del siglo XIX. Su influencia ha sido mencionada por algunos críticos en autores como Carlos Fuentes y Rómulo Gallegos en Hispanoamérica o Arturo Pérez-Reverte en España.[50]

Anticlericalismo y Premio Nobel[editar]

Como le ocurriría —en menor grado— a su contemporáneo Leopoldo Alas Clarín, Galdós fue asediado y boicoteado por los sectores más conservadores de la sociedad española, ajenos a su valor intelectual y literario.[51] Diversos estudiosos de la obra galdosiana y su proyección social coinciden en que ese sabotaje colectivo, aunque con una cabeza bien definida,[52] se debió a sus ideas anticlericales y sus convicciones políticas, posturas avanzadas y honestas que provocaron que el catolicismo tradicionalista, muy poderoso en España desde los Reyes Católicos, le tuviese en el punto de mira hasta su muerte, y aún después de ella.[53]

Cuando en 1912, Galdós fue propuesto para el Nobel de literatura, "el elemento oficial y reaccionario" (incluyendo la propia Real Academia Española de la Lengua y la prensa tradicionalista católica),[54] vio la oportunidad de vengar por fin las ofensas que, desde su sensibilidad y obcecación, suponía —por "su serenidad y sinceridad"— la persona de Galdós y su obra.[52] [nota 8] La conjura, en forma de campaña nacional e internacional, impidió que le dieran el premio no sólo en esa ocasión de 1912, sino también en 1913 y en una tercera convocatoria en 1915 (cuya propuesta en esa ocasión había partido de una mayoría de miembros de la propia Academia sueca), consiguiendo desvirtuar una suscripción pública en favor de Galdós.[55] [nota 9]

En 1922, siete años más tarde, la Academia Sueca decidió darle el Nobel (uno entero, no medio como el que le dieron a Echegaray) al dramaturgo español Jacinto Benavente.[56] Es probable que tal gesto intentara ser una compensación política,[57] pero como también ocurrió con otros grandes maestros de la literatura como Tolstoi, Ibsen, Emile Zola o Strindberg, vetados por el sesgo conservador en el seno de la propia Academia en Estocolmo,[58] la obra de Galdós, "una de las tres o cuatro figuras máximas de la literatura española", fue apartada del Premio Nobel "por la ciega hostilidad de adversarios políticos a quienes la saña transformó en enemigos suyos y de la gloria de su país".[54] [nota 10]

Galdós en piedra[editar]

Varias son las interpretaciones en piedra que diferentes escultores en distintas épocas han hecho de la personalidad e imagen del escritor canario. De todas ellas quizá sea la más emotiva la que se conserva en el Parque del Retiro de Madrid, en el Paseo de Fernán Núñez, esculpida por un joven Victorio Macho e inaugurada en 1919 en presencia del propio Galdós.[59] Otros homenajes en piedra –sin seguir un orden cronológico– son:

Una escultura, la segunda del escritor esculpida por Victorio Macho, hecha en piedra caliza 1922, originalmente frente al océano y conservada luego en la Casa-Museo Pérez Galdós en Las Palmas, en un prudente acto de traición al escultor castellano cuyo deseo, en sus propias palabras, fue: "...yo sueño que 'mi Galdós' llegue a confundirse con el paisaje y parezca una roca...[60] "

De 1969 es la escultura de Pablo Serrano instalada en la plaza de La Feria, también en Las Palmas. Y de 1991, en esa misma capital de Gran Canaria, otro Galdós yacente en piedra, en un escorzo que copia el esculpido por Serrano, encargado a Manuel Bethencourt y que se encuentra desde el 21 de febrero de 2008 ante el Teatro Pérez Galdós, pero que antes estuvo en la estación de "guaguas" de San Telmo. También en Las Palmas están: el busto colocado en el Parque Doramas, obra de Teo Mesa del año 2000, y un Galdós en bronce, de tamaño natural, sentado leyendo en un banco del Parque que lleva su nombre.

Instalado desde el 24 de mayo de 2012 en la Avenida del Cabildo del municipio de Telde, otro busto, acordado por el pleno del Ayuntamiento en 1911, se hizo realidad un siglo después, con ayuda del Cabildo de Gran Canaria. Y al otro lado del Atlántico, un busto en piedra blanca de Córdoba, obra del escultor Erminio Blotta, instalado el 10 de mayo de 1943 en el Parque Independencia de Rosario, Argentina. El monumento tenía una placa en bronce, en la que podía leerse: «Benito Pérez Galdós, 1843-1920. Homenaje de los españoles republicanos a la ciudad de Rosario en conmemoración del centenario del ilustre escritor. Rosario, 10 mayo MCMXLIII»... y que fue robada en fecha ignota.[61]

Y volviendo a la península ibérica, de 1998 es el bronce realizado por el escultor Santiago de Santiago y sito en una esquina del Parque de Mesones en el Sardinero de Santander.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Biografía. Casa-Museo Pérez Galdós. Consultado el 12 de enero de 2014.
  2. Gullón, 1987, p. 61.
  3. a b Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. «Benito Pérez Galdós – Apunte biobibliográfico». Consultado el 24 de junio de 2014.
  4. a b Gullón, 1987, p. 51.
  5. Aub, Max (1966). Manual de historia de la literatura española. Madrid, Akal Editor. p. 447. ISBN 847339030-X. 
  6. Real Academia Española. «Benito Pérez Galdós». Consultado el 24 de junio de 2014.
  7. Instituto Cervantes. «Benito Pérez Galdós. Biografía». Consultado el 24 de junio de 2014.
  8. 1988 y Ribbans, pp. 22-24.
  9. Ortiz-Armengol, 2000, pp. 39-42.
  10. "En aquella casa", artículo de José Pérez Vidal CSIC/Congresos Intenacionales de Estudios Galdosianos Consultado en agosto de 2014
  11. Dickens, Galdós y las traducciones (artículo de Ricardo Bada publicado el domingo 19 de febrero del 2012 en el suplemento "La Jornada semanal", no. 885, p. 16).
  12. Ortiz-Armengol, en su compendio biográfico sobre Galdós, confirma el dato de que la Fontana fue llevada a la imprenta gracias a la ayuda económica de la cubana Magdalena Hurtado, cuñada del escritor canario, viuda de su hermano Domingo, militar y negociante venido a menos.Ortiz-Armengol, Pedro (2000). Vida de Galdós. Barcelona: Crítica. p. 124-127. ISBN 8484320731. 
  13. Benito Pérez Galdós La Sombra (1871), en el portal de EduMEC Consultado en agosto de 2014
  14. a b Ballantyne, Margaret A. «Índice de la Revista de España bajo la dirección de Galdós» en Hispania. Volume 73, Number 2, May 1990, págs. 332-344 Hispania, en Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 14 de abril de 2013.
  15. a b Galdós, 2011.
  16. Varios autores y Ortiz-Armengol, 1988, p. 208.
  17. Madariaga, Benito (1979). Pérez Galdós. Biografía santanderina. Santander: Instituto Cultural de Cantabria. 
  18. Juan Van-Halen, 2004, p. 14.
  19. Casalduero, 1951, p. 22.
  20. "Galdós, cronista parlamentario", por José Manuel Cuenca Toribio. Cuadernos hispanoamericanos, ISSN 0011-250X, Nº 521, 1993 , págs. 41-46 Consultado en abril de 2014
  21. Ortiz-Armengol, 2000, p. 316.
  22. Ortiz-Armengol, 2000, p. 322.
  23. Ortiz-Armengol, 2000, p. 383.
  24. Elena Catena, "Circunstancias temporales de la Electra de Gal­dós", Estudios Escénicos, nº 18, septiembre 1974, pp. 79‑112.
  25. Figuero, Javier (2001): Centenario de Electra, de Galdós, símbolo anticlerical de la comunicación creativa. Revista Latina de Comunicación Social, 43. Recuperado el 10 de septiembre de 2014
  26. Fernández Montesinos, José (1980). Galdos (3 vol.). Madrid: Castalia. ISBN 9788470391378. 
  27. Madariaga, Benito (1979). Pérez Galdós. Biografía santanderina. Santander: Instituto Cultural de Cantabria. 
  28. Ortiz-Armengol, 2000, pp. 197-200.
  29. a b Ortiz-Armengol, 2000, pp. 492-494.
  30. Ramón Pérez de Ayala, «Más sobre Galdós», Divagaciones literarias, Madrid: Biblioteca Nueva, 1958, pp. 162-163.
  31. Ortiz-Armengol, 2000, pp. 448.
  32. Benito Pérez Galdós (2004). Comunidad de Madrid, Consejería de Educación, ed. Memorias de un desmemoriado. Juan Van-Halen, prólogo. Madrid: Visor. pp. 7–21. ISBN 8475228135. 
  33. Ortiz-Armengol, 2000, p. 490.
  34. Casalduero, 1951, p. 181.
  35. Artículo de Juan Antonio Cebrián en el diario El Mundo (8 de octubre de 2006). Consultado en abril de 2014
  36. a b c Ortiz-Armengol, 2000, pp. 511-513.
  37. José Ortega y Gasset: "La muerte de Galdós" (1920). Texto completo en Wikisource.
  38. López Quintáns, Javier"Notas sobre la muerte de Galdós en la prensa de la época y varios textos olvidados".
  39. a b Ortiz-Armengol, 2000, p. 512.
  40. Hemeroteca digital de la BNE Consultado en agosto de 2014
  41. Casalduero, 1974, p. 34.
  42. Chonon, 1948, pp. 451-458.
  43. Fortunata y Jacinta, entre el realismo y el naturalismo
  44. Aspectos narrativos y literarios de las novelas de Galdós.] Revisado en abril de 2014
  45. Visión de Galdós por Gonzalo Torrente Ballester, por María Dolores Troncoso Durán en "La Tabla Redonda: anuario de estudios torrentinos", ISSN 1697-0373, Nº. 7, 2009 , págs. 53-68 Consultado en abril de 2014
  46. Madariaga, Benito (1979). Pérez Galdós. Biografía santanderina. Santander: Instituto Cultural de Cantabria. 
  47. Ficha en el catálogo de worldcat.org Consultado en agosto de 2014.
  48. «Descubierta una novela inédita de Pérez Galdós», El País (06.09.1981). El País.
  49. Aub, Max (1966). Manual de historia de la literatura española. Madrid, Akal Editor. pp. 446–454. ISBN 847339030-X. 
  50. «Carlos Fuentes elogia el Madrid de las mujeres de Galdós y Reyes.» El País (23 de octubre de 2001). El País. Consultado en abril de 2014
  51. Botrel, Jean François «Benito Pérez Galdós ¿escritor nacional?» Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado en abril de 2014.
  52. a b Casalduero, 1951, p. 40.
  53. Chonon Berkovitz, 1948.
  54. a b Gullón, 1987, p. 33.
  55. Ortiz-Armengol, 2000, pp. 480-484 y 495-499.
  56. Galán, Lola «Guimerá contra Pérez Galdós. Gana Benavente», El Pais, del 18 de noviembre de 2007. El País. Consultado en abril de 2014
  57. Ortiz-Armengol, 2000, pp. 500-501.
  58. Ortiz-Armengol, 2000, p. 480.
  59. Álvarez, Miguel (2003). Memoria Monumental de Madrid. Madrid: La Librería. p. 51. ISBN 8495889617. 
  60. Trabajo sobre Victorio Macho, por licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca (contiene referencias e imágenes).
  61. Artículo en Wikilibros

Notas[editar]

  1. Ricardo Gullón, en uno de sus estudios (Galdós, novelista moderno), define la intención del escritor canario con estas palabras: "la primera idea de Galdós fue contar para todos las historias de la Historia".
  2. Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y su aspecto manifestaba una modestia inverosímil, hasta el punto de sufrir al hablar en público. Entre sus dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez veinticinco años antes. De ahí también su facilidad para el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, el poder de observación.
  3. La sociedad española como materia novelable fue, una docena de años más tarde, el título de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que pronunció en 1897, y que fue contestado por su mentor y amigo, el ortodoxo Menéndez Pelayo.
  4. En una carta a Leopoldo Alas, fechada el 8 de junio de 1888, escribió Galdós: "...Siento cierta repugnancia a entregar al público la vida privada. Nunca me han gustado los interviews ni la intrusión de los reporters en el hogar doméstico. Me parece a mí que los escritores, valgan lo que valieren, deben poner entre su persona y el vulgo o público como una muralla de la China, honesta y respetuosa (…) Las confianzas con el público me revientan. No me puedo convencer de que le importe a nadie que yo prefiera la sopa de arroz a la de fideos".
  5. En la Casa-Museo de Galdós en Las Palmas puede verse copia del acta de nacimiento de una niña que "nació en la casa número 24, piso 3º, de la Cuesta del Hospital, a las diez de la mañana del día 12 del corriente (enero)... Hija ilegítima de Dª Lorenza Cobián, natural de Bodes, provincia de Oviedo, mayor de edad, soltera, dedicada a las ocupaciones de su casa... y que a la expresada niña se le había de poner el nombre de María".
  6. En ese periodo llegó a concluir 22 piezas teatrales (algunas de ellas eran adaptaciones de sus novelas), a las que habría que sumar su producción de juventud, perdida a excepción de Un joven de provecho, y Antón Caballero, que no llegó a terminar.
  7. La Cátedra Pérez Galdós, espacio científico creado por la ULPGC y el Cabildo Insular de Gran Canaria ha publicado el texto crítico de las Obras completas desde 2005 en varias series: una de 24 volúmenes entre 2005 y 2011 con las novelas, y cuatro años después, otra con la producción dramática (4 tomos entre 2009 y 2012). En 2013 recogieron en un solo volumen los cuentos.
  8. Ante el complot de la Academia de la Lengua, la nominación de Galdós fue presentada por la Real Academia de Medicina, con el respaldo de Santiago Ramón y Cajal y el apoyo del anterior Nobel de literatura español, José de Echegaray, entre otros quinientos escritores y artistas más.
  9. En enero de 1993, Pedro Ortiz-Armengol, diplomático y Presidente de la Asociación Internacional de Galdosistas, se desplazó a Estocolmo a fin de intentar esclarecer desde la perspectiva sueca algunos aspectos confusos de la invalidación de Galdós como aspirante al premio. La Academia Sueca, haciendo gala de exquisita diplomacia le atendió con cortesía pero no le pudo facilitar acceso a los supuestos "miles de telegramas" que el Secretario Permanente del la institución sueca Erik Axel Karlfeldt argumentó en su día (1914-1915) como inconveniente decisivo para impedir la concesión a Galdós de dicho premio. (ver Ortiz-Armengol, pp=496-498)
  10. A partir de la biografía de Berkovitz, Ricardo Gullón y Pedro Ortiz-Armengol, anotan en respectivos estudios sobre Galdós que, naturalmente, no todos los conservadores y religiosos españoles formaron parte de la conspiración ultramontana, Así, por ejemplo, es astuto Conde de Romanones, monárquico, liberal y amigo de Galdós, el obispo de Jaca (Antolín López Peláez) y al menos un par de publicaciones de la Orden de San Agustín]], apoyaron la candidatura del escritor canario. Sí se declararon en contra, sin embargo, los miembros del Congreso de Estudiantes Universitarios.

Bibliografía[editar]

  • Pérez Galdós, Benito (2011). Memorias de un desmemoriado (1915-1916). Valencia: El Nadir. ISBN 9788492890415. 
  • Varios autores (1988). Madrid de Galdós en Madrid (catálogo de la exposición). Madrid: Comunidad de Madrid. ISBN 8445100203. 

Enlaces externos[editar]