Electra (Galdós)

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La actriz Matilde Moreno en el papel de Electra. Fotografía publicada en la revista El Teatro (abril de 1901).

Electra es una obra de teatro de Benito Pérez Galdós, en cinco actos, estrenada el 30 de enero de 1901.[1] La muy personal versión del escritor canario del mito llevado a tragedia sucesivamente por Esquilo, Sófocles y Eurípides, y recuperado en numerosas ocasiones a lo largo de la historia de la cultura, fue un "duro alegato contra los poderes de la Iglesia y contra las órdenes religiosas que la servían" en un momento histórico en el que en España, tras los avances liberales del periodo 1868-1873, crecía de nuevo la influencia de los intereses políticos del Vaticano.[2] Aquella bofetada, que para asombro del propio Galdós fue mucho más sonora de lo que él había esperado, encendería la mecha de una conspiración ultramontana,[3] que al cabo de los años se llevaría una desproporcionada, triste y muy poco cristiana revancha: conseguir que el genio literario de Galdós no fuera reconocido con el Premio Nobel de Literatura.[4]

Contexto histórico[editar]

El estreno en España de la Electra de Galdós fue contemporáneo de la puesta en escena por Stanislavski de Las tres hermanas, de Chejov, un hito en la historia del teatro del inicio del siglo XX.[5] Por razones diferentes, el estreno de Galdós también fue sonado en su momento, en virtud de la "inspiración anticlerical de la obra que, al parecer, partía de las ideas que había propuesto Canalejas frente al gobierno Silvela un año antes".[6] Lo cierto es que los ideales regeneracionistas del escritor, con una heroína que echaba por tierra siglos de oscurantismo y fanatismo, no sólo fueron del gusto del público sino que el estreno de Electra supuso una auténtica bomba teatral.[7] [nota 1]

El estreno de Electra, además, estuvo rodeado por otras circunstancias que ayudaron a convertirlo en un escándalo nacional con las dos Españas tradicional y eternamente enfrentadas como auténticas protagonistas del drama —y 36 años después, tragedia—; circunstancias de orden internacional como la ley de asociaciones que en aquellos años se estaba discutiendo en el Parlamento francés, y que iba a producir una avalancha hacia España de congregaciones católicas expatriadas de suelo galo (especie de segunda invasión francesa que en círculos liberales despertaba tanto o más pánico que el que había producido la napoleónica en la médula del pueblo español).[8] [9]

El "caso Ubao"[editar]

Pero el agente externo que al parecer más influyó en la desproporcionada repercusión de Electra en la sociedad española del inicio del siglo XX fue el llamado "caso Ubao", un suceso que había acaparado la morbosidad de la prensa nacional en los meses anteriores al estreno. Lo constituía el proceso de Adelaida de Ubao e Icaza, muchacha de familia rica y católica, hija de viuda, que había sido sugestionada —según algunas fuentes— por el jesuita padre Cermeño para entrar en un convento, resolución que la niña Adelaida puso en práctica fugándose de su casa e ingresando en el convento de Esclavas del Corazón de Jesús. La madre, al conocer la jugada, presentó demanda ante el juzgado argumentando que la 'captación' se había hecho en razón de la jugosa herencia de la jovencita y que, además, las dichas Esclavas carecían de existencia legal y no constituían "estrictamente" una comunidad religiosa.[8] El "caso Ubao" acabó en el Supremo, donde Nicolás Salmerón, como representante de la posición familiar y aduciendo como razón que Adelaida no había cumplido la edad legal de 25 años para poder 'tomar estado', pidió la anulación de la resolución judicial que había fallado en favor del convento, empeñado en retener a la novicia. Hay que anotar que el letrado que Salmerón tenía enfrente, como abogado de la señorita Ubao, era Antonio Maura. Todo esto ocurría en diciembre de 1900, un mes antes del estreno de Electra.

Elaboración y estreno[editar]

Siendo aún una idea, Electra fue rechazada por los actores-empresarios María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza por considerar que el tema podría escandalizar a su público habitual. Atendió entonces Galdós una solicitud hecha por Federico Balart, desde la directiva del Teatro Español, llevando la idea al libreto teatral Electra durante su veraneo santanderino de 1900 y entregándola al empresario en octubre de aquél año.[8] [nota 2]

Leída y ensayada la obra, lo más difícil fue resolver en la puesta en escena las apariciones de los espectros que ponen el toque fantástico al melodrama y que finalmente se resolvió con un ingenioso juego de espejos. Un clima de tensión social precedía al estreno.[8]

La noche del estreno[editar]

Cuenta Baroja en sus Memorias que la mayoría de los escritores jóvenes se habían conjurado en defensa de Galdós y su obra, de tal modo que en la noche del estreno ocupaban localidades estratégicas. "Comenzó el drama en medio de una gran expectación. El público temía que pasara algo. En uno de los momentos en que aparece un fantasma, Azorín me agarró del brazo, y vi que estaba conmovido. Cuando el joven ingeniero (Máximo) derriba a Pantoja, Maeztu, desde el paraíso, con voz tonante, dio un terrible grito de ¡Abajo los jesuitas!"[10]

Cuando tras varias interrupciones de orden o solicitando al autor, cayó el telón al final de la obra, "el frenesí se apoderó del sector adicto de los espectadores, que eran mayoría. Los hombres se pusieron en pie y gritando, agitaban sus sombreros (entre ellos, en la tercera fila, el ex ministro Canalejas. Muchas señoras, desde sus asientos, agitaban sus pañuelos. Otros testimonios apuntan que Valle-Inclán lloró durante la representación" Al parecer no faltaron los enfrentamientos entre luises y jóvenes anticlericales, pero no llegaron a las manos. Los reporteros del diario El País (Baroja y Maeztu entre ellos), uno de los más radicales de la prensa madrileña de la época, recogían opiniones entre el público asistente con vistas al número extraordinario que se publicaría al día siguiente del estreno. Unamuno, que no estuvo presente en este estreno pero leyó la crítica de El Imparcial del 1 de febrero, escribió una carta a Galdós felicitándole y deseándole muchas noches de éxito.[nota 3]

Las crónicas publicadas en El Día, El Correo y La Correspondencia de España, recogieron con pareja fantasía periodística el paseo de la numerosa —y en cantidades variables— comitiva que, concluida la función, acompañó a Galdós hasta su domicilio en la calle de Hortaleza en un nocturno y escandaloso desfile.[8]

Consecuencias y respuestas varias[editar]

Las noticias, crónicas y demás batallas literarias y periodísticas que siguieron al estreno de Electra podrían formar un volumen aparte en la bibliografía de Galdós. Como se ha narrado, resulta notable que entre la lista de protagonistas, antes, durante y tras la representación, estén algunos de los miembros esenciales de la Generación del 98, entonces jóvenes exaltados, como Pío Baroja, Azorín y Ramiro de Maeztu.

El éxito político-literario del melodrama galdosiano llenó el Teatro Español de un público compuesto tanto por ministros del gobierno como por obreros de la vecina sociedad "El Porvenir del Trabajo", de la vecina calle del Horno de la Mata. En provincias, los entusiasmos y los sabotajes no pudieron evitar la creciente popularidad de Electra que, según datos de la prensa contemporánea, había vendido veinte mil ejemplares en toda España al mes y medio de su estreno (que en vida de Galdós llegarían a los cien mil). Así mismo, la obra se tradujo aquel mismo año de 1901 al alemán, holandés y portugués, y más tarde en Estados Unidos, al inglés en tres versiones distintas; a ello había que añadir las ediciones en Argentina y México.

Los desórdenes, manifestaciones y en algunos casos altercados públicos que producía el estreno y representación de la obra, sirvieron de pretexto para su prohibición en varias diócesis, acompañada de encendidas pastorales a cargo de los obispos con la consigna general de "el liberalismo es pecado",[11] o que ver y oir Electra era pecado mortal.[8] Ha quedado noticia de maniobras para comprar todos los boletos de la representación (por uno u otro bando), sobornos para suspender la función, intentos de soborno a los actores, o sabotaje de taquillas (como ocurrió en el estreno en la localidad zamorana de Toro.[8] También proliferaron las peticiones de protección para jesuítas y edificios de dicha orden, ante la beligerancia de exaltados de muy distintas clases sociales (los estudiosos del proceso incluyen en las listas a personajes como Ramiro de Maeztu y Blasco Ibánez).[nota 4]

En Las Palmas de Gran Canaria, patria chica de Galdós, el Teatro Tirso de Molina, tras el estreno de Electra en 1902, pasó a llamarse Teatro Pérez Galdós, nombre que en el siglo XXI aún conservaba.

Electra también viajó a América, visitando varias capitales del continente (en Buenos Aires se representó simultáneamente en tres salas distintas), y llegó hasta Manila, en Filipinas. En Europa, visitó Alemania, Rusia, Austria, Italia y Bélgica. París, donde el tema de Electra se consideró en principio anacrónico, vio cómo se estrenaba finalmente en 1904 por empeño personal del propio autor.[nota 5]

Trama[editar]

La protagonista del drama, Electra, es una joven de 18 años de padre desconocido, que, tras la muerte de su madre, Eleuteria, fue acogida por una tía, Evarista y el marido de ésta don Urbano (es fácil percibir que los nombres de los personajes femeninos del drama empiezan por E). Electra conoce al sobrino de Evarista, Máximo (un científico modelo y perfecto, viudo con dos niños pequeños, y liberal), y se enamora de él. Confiando sus sentimientos a don Salvador de Pantoja —"tétrico personaje"— este le 'descubre' a Electra que Máximo y ella son hijos de Eleuteria y por lo tanto hermanos, pero sin confesarle las relaciones que había mantenido con su madre, fruto de las cuales ella podría ser su hija. La perfidia del malvado Pantoja lleva a aconsejar a Electra que se recluya en el convento donde precisamente esta enterrada su madre. Lo que no podía imaginar él es que allí se le aparecerá Eleuteria, para revelarle que los rumores que la atormentan son falsos y aconsejarla abandonar el convento:

"Si el amor conyugal y los goces de la familia solicitan tu alma, déjate llevar de esa dulce atracción, y no pretendas aquí una santidad que no alcanzarías, Dios está en todas partes..."

Electra (final de la escena Novena del Quinto y último acto)

Al final, triunfará el "amor sobre el fanatismo, la verdad sobre la mentira, la luz sobre el oscurantismo, el liberal Máximo sobre el conservador Pantoja."[11]

Personajes y elenco del estreno en el Teatro Español, Madrid (30 de enero de 1901)[editar]

Personaje Intérprete
Electra (18 años) Matilde Moreno
Evarista (50 años) esposa de Don Urbano Emilia Llorente
Máximo (35 años) Francisco Fuentes
Don Salvador de Pantoja (50 años) Ricardo Valero
El Marqués de Ronda (58 años) Fernando Altarriba
Don Leonardo Cuesta, agente de bolsa (50 años) Ramón Vallarino
Don Urbano García Yuste (55 años) José Sala Julién
Mariano, auxiliar de laboratorio José Culverra
Gil, calculista Julio del Cerro
Balbina, criada vieja María Anaya
Patros, criada joven Antonia Arévalo
José, criado viejo Fernando Calvo
Sor Dorotea Consuelo Badillo
Un operario Sixto Coduras
La sombra de Eleuteria Florentina A. del Valle


Otras representaciones[editar]

Notas[editar]

  1. Así lo relataba El Heraldo de Madrid, tras su estreno en el Teatro Español:

    "Los clericales, los ultramontanos, captan las conciencias, amenazan las honras, absorben la riqueza, perturban los hogares, entristecen la vida, desvían la juventud, muestran el amor de la familia como pecado, enseñan a la mujer que su enemigo es el hombre, en negación nefanda de la Naturaleza; corrompen la moral, elevando la mentira a sistema de conducta social; proclaman el principio siniestro de que el fin justifica los medios, dirigen al gobierno por el sendero de la coacción y de la fuerza, arrojan en nuestro suelo ensangrentado las semillas de la guerra civil, hacen de España la terrible excepción de Europa, la dolorosa excepción negra".

  2. Esta cronología en el proceso de creación de Electra debilita las acusaciones del bando conservador en el sentido de que el autor se había inspirado en el "caso Ubao" para crear la pieza teatral como arma desestabilizadora. Pero lo cierto es que sí lo fue, incluso para el propio Galdós, el incansable creador que aquél año de 1901 no publicó ninguna otra novela o drama.
  3. Conviene apuntar aquí que muchos de los que corearon la Electra de Galdós, se desdijeron más tarde de sus opiniones para lamentar las bajas pasiones despertadas en la chusma y el oportunismo político de su autor. Uno de los primeros fue Azorín, que tras una reflexión publicada en Madrid Cómico estuvo a punto de ser agredido por el impetuoso Maeztu. También se desdijeron Baroja y Unamuno en pasajes de sus respectivas memorias. Hay noticia, publicada en El Liberal de que Menéndez y Pelayo aplaudió al final de la obra, bien que en opinión de Ortiz-Armengol es más probable que lo hiciera para escapar de las iras de los exaltados que conocían sus auténticas convicciones.
  4. Ángel Berenguer, en su estudio sobre Los estrenos teatrales de Galdós en la crítica de su tiempo, recoge la opinión de El Socialista, que lejos de unirse a la algarada general critica a los jaleadores con estas palabras:

    "Menos voces y más actos, menos gritar y más hacer, menos radicalismos en las frases y más en la acción. Dejemos de ser histéricos para ser hombres sanos, equilibrados y llenos de voluntad."

  5. Así lo anota Berkowitz en su estudio biográfico de Galdós.

Referencias[editar]

  1. Electra de Pérez Galdós. Cien años de un estreno. Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo de Gran Canaria, 2001. Consultado en sept. de 2014
  2. Ortiz-Armengol, 2000, p. 383.
  3. Elena Catena, "Circunstancias temporales de la Electra de Gal­dós", Estudios Escénicos, nº 18, septiembre 1974, pp. 79‑112.
  4. "Guimerá contra Pérez Galdós. Gana Benavente", artículo de Lola Galán en el diario El País, del 18 de noviembre de 2007. Consultado en abril de 2014
  5. Oliva, César y Torres Monreal, Francisco (2002). Historia básica del arte escénico. Cátedra, Madrid. p. 322. ISBN 84-376-0916-X. 
  6. Oliva y Torres Monreal, "Historia básica", p. 322
  7. Figuero, Javier (2001): Centenario de Electra, de Galdós, símbolo anticlerical de la comunicación creativa. Revista Latina de Comunicación Social, 43. Recuperado el 10 de septiembre de 2014
  8. a b c d e f g Ortiz-Armengol, 2000, pp. 383-400.
  9. Jacinto Grau: El teatro de Galdós, Cursos y Conferencias, Buenos Aires, octubre-diciembre 1943.
  10. Pío Baroja, "El estreno de Electra", en Obras Completas, VII. Madrid, Biblioteca Nueva, 1949, pp. 741‑742.
  11. a b Varios autores y Ángel Berenguer, 1988, pp. 334-335.

Bibliografía[editar]

  • Berenguer, Ángel (1988). Comunidad de Madrid, ed. Los estrenos teatrales de Galdós en la crítica de su tiempo. Madrid. 
  • Varios autores (1988). Madrid de Galdós en Madrid (catálogo de la exposición). Madrid: Comunidad de Madrid. ISBN 8445100203. 

Enlaces externos[editar]