Alta comedia

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Entre 1852 y 1870 se representan en España las mejores piezas de la alta comedia, un tipo de piezas teatrales de sesgo presuntamente realista que van dirigidas a la burguesía de esa época.

Enlazando con la comedia neoclásica de Manuel Eduardo Gorostiza y Manuel Bretón de los Herreros, la alta comedia propone como misión desenmascarar a los enemigos de la sociedad. No son ya las grandes pasiones del Romanticismo sino las pasiones oscuras y ocultas que mueven la mecánica social. Es un teatro de crítica moral y social que pretende denunciar la corrupción de la sociedad y la pérdida de valores como la familia, la religión, la honestidad etcétera. Los comediógrafos enfatizan la construcción del plan teatral, la psicología del personaje, la verdad de la palabra y la acción. Tratan de disminuir la distancia entre la literatura y la vida, pero los conflictos, problemas, y personajes suenan a hueco. El dramaturgo se preocupa demasiado por la moraleja de la fábula dramática y se propone implantar una ideología. Al pasar de moda la ideología, por supuesto, pasan de moda las obras teatrales. Así que los dramaturgos de la alta comedia, a pesar de su intención satírica, el cuidado por lo psicológico, y los detalles realistas, resultan melodramáticos porque los dramaturgos simplemente no supieron mirar la realidad. Se pueden enumerar cuatro características que la diferencian de la comedia del periodo anterior:

  1. Ambiente de la época y temas de la realidad del momento, contra la vista al pasado nacional.
  2. Intención educativa mediante el desarrollo de una “tesis” moral, contra el desorden pasional del Romanticismo y contra el materialismo reinante.
  3. Estudio de la naturaleza humana reflejando una imagen auténtica de la realidad psicológica de los personajes, buscando siempre la verdad dramática.
  4. El verso va cediendo el paso a la prosa.

Referencias[editar]