Giacomo Casanova

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Retrato de Giacomo Casanova

Giacomo Girolamo Casanova (Venecia, 2 de abril de 1725 – Dux, actual Duchcov (República Checa), 4 de junio de 1798) fue un famoso aventurero veneciano. Se lo conoció sobre todo como un hombre famoso por sus conquistas amorosas, que llegaron a ser 132.[cita requerida] Hizo una auténtica carrera de coqueterías y aventuras con diversas mujeres, todas a causa de sus amoríos con ellas, lo que hizo de él, popularmente y a través del tiempo, el prototipo de amante y aventurero (en alusión a su apellido) no importando que se tratase desde la más aristocrática hasta la más sencilla, incluidas las de peor reputación. Queda de él una producción literaria muy vasta, pero como se dijo, es recordado primordialmente como aventurero y seductor. Pero a esta fama contribuyó verosímilmente su más importante obra autobiográfica: Histoire de ma vie, en la que el autor describe con máxima precisión y franqueza sus aventuras, sus viajes y sus innumerables encuentros galantes.

Esta obra fue escrita en francés y, por tal motivo, debería formar parte de la literatura de esta lengua, pero la elección de idioma fue dictada por motivos que sobre todo tenían en cuenta la difusión de la obra una vez editada, en consideración a que en esa época, el francés era el idioma más conocido y hablado en Europa. Así como en nuestra época acontece con el inglés. Es el mismo Casanova, quien en el prefacio de sus memorias escribió, haciendo referencia a la anotada mayor difusión de la lengua francesa:

J'ai écrit en français, et non pas en italien parce que la langue française est plus répandue que la mienne.

Convencido de la inmortalidad de su obra, o con el propósito de garantizarla, Casanova escribió, por esto, usando el idioma que podría suministrarle en sus cálculos el mayor número posible de potenciales lectores. Otras obras menores las escribió, en cambio, en italiano; tal vez porque no se le escapaba que las mismas no llegararían a ser jamás un «monumento», como acaeció en cambio, y sin duda, con su autobiografía.

Es notable verificar, a este respecto, las notables analogías que se encuentran con otro veneciano célebre, contemporáneo de Casanova: Carlo Goldoni. Éste, del mismo modo, escogió escribir su biografía en francés.

La autobiografía de Casanova, aparte de su intrínseco valor literario, es un importante documento para la historia de las costumbres; acaso sea una de las obras literarias más importantes para conocer la vida cotidiana del siglo XVIII. Se trata de una «muestra» que, en virtud del mundo frecuentado por el autor y por la limitación prevista de los posibles lectores, se refiere de modo primordial a las clases dominantes de la época: nobleza y burguesía. Aunque esto no es un obstáculo para mantener vivo el interés en lo concerniente a personajes menos encumbrados del entorno, sean de la extracción que fueren. Todos son representados de manera vivísima.

Leer esta obra es una tarea fundamental para conocer, como dijimos, la vida cotidiana de los hombres y las mujeres de entonces, para entender «desde dentro» la vida normal de cada día.

Entre cortes y salones, Casanova mencionó —casi sin darse cuenta— un momento crucial de la historia toda de Occidente. Se hallaba entre los personajes más destacados de su tiempo y dejó la reseña de tales encuentros. Son así dignas de mención las páginas que tratan de Rousseau, Voltaire, Madame de Pompadour, Mozart, Catalina II de Rusia, Federico II de Prusia...

Pero Casanova no alcanzó a vislumbrar el espíritu de renovación que se avecinaba y que haría desviar la marcha de la historia en direcciones antes insospechadas. Así, permaneció como anclado hasta su muerte al Antiguo régimen, y a la adherencia a esa clase de la cual, por su nacimiento, estaba excluido, aun cuando siempre buscó —desesperadamente— formar parte de ella, incluso en su tiempo concreto, cuando la nobleza caminaba irremediablemente hacia su estrepitoso ocaso.

Contenido

[editar] Biografía

[editar] Infancia y adolescencia

Hijo de comediantes: su madre llamada Zaretta Farussi, que viajaba por toda Europa con sus espectáculos, y su padre Gaetano Casanova, que murió cuando Giacomo tenía 8 años. Sus padres tuvieron 4 hijos más y no deseaban que ninguno de ellos se dedicara a ser actor. Su habilidad intelectual comenzó desde pequeño, gracias a la educación eclesiástica impartida por el abad Gozzi. Tradujo un pentámetro latino y cuatro años después realizó un par de tesis (una sobre Derecho Civil y otra sobre Derecho canónico). Aprendió filosofía y ciencia del senador veneciano Malipiero, pero poco tiempo después la relación entre ellos desapareció cuando Casanova tuvo un lío con la favorita del senador, una cantante llamada Teresa. Con 16 años perdió la virginidad en un ménage à trois con dos hermanas huérfanas (Nannette y Marton).

[editar] Las grandes aventuras

Con 21 años su madre entonces lo lleva a Roma para que entre al servicio del Cardenal Acquaviva y adopta la condición de fraile, que no le impide seguir con sus escarceos amorosos, motivo por el cual fue echado de su privilegiado puesto. Es a partir de este hecho cuando empiezan los grandes viajes y aventuras, nomadeando por toda Europa. En esta primera etapa pasa por Corfú y Constantinopla, para luego volver a Venecia y hacerse violinista, aunque se cansó pronto de este oficio considerándolo indigno. Sus affaires son continuos allá por donde va.

Se ofrece poco después gracias a su cultura para ser médico de un patricio veneciano (Matteo Bragadin). Casanova logra curar al patricio de un reciente infarto y consigue que le entregue una gran suma de dinero y lo introduce en la magia y la cábala. Estas aficiones llegarán a oídos de la Inquisición, que lo presiona y hace que tenga que huir de su ciudad natal. Entre 1749 y 1752, recorrerá Milán, Cremona, Cesena, Parma, de nuevo Milán, Génova, Lyon, París y Dresde. En estos años, entre otras mujeres, conoció a la que posiblemente fue el amor de su vida, Henriette, con la que llegó a estar nueve meses relacionado pero que se separaron, aunque ella siempre tuvo presente a Casanova y en varias ocasiones mandó que lo cuidaran cuando estaba enfermo.

De nuevo volvió a Venecia en 1753 para producir otro escándalo: un ménage à quatre entre el abad de Bernis, el embajador francés y dos monjas. Fue arrestado e internado en los Piombi, o prisión de los 'Plomos', en 1755 por incidencias, supuesta depravación y por tratar con personalidades de potencias extranjeras, además de practicar magia. Un año después escapa increíblemente acompañado de un monje que conoce en prisión y se exilia durante 18 años. Se marchó a París para vivir y codearse junto con Luis XV, Madame de Pompadour y su corte. Tuvo gran confianza por parte de los reyes, se le atribuye la lotería estatal francesa en 1757 participando en la creación con celebridades políticas y nobles, además de realizar diversas misiones secretas y visitar a Voltaire, quien fuera su amigo, algunos días, pero no prosperó mucho por diferencias de pensamiento político. Sin embargo, no desaparecían sus ajetreos, ya que se lo acusó de haber practicado un aborto, de fraude en un negocio textil y de falsificar letras de cambio. De nuevo la huida y el vagabundeo por Europa.

En esta parte de su vida decide inventarse un alter ego con título nobiliario, pasando a llamarse Chevalier de Seingalt. Poco después apareció por Zúrich donde se enclaustra en una abadía, en Roma recibe una condecoración del papa Clemente XIII, deja embelesado a Federico II el Grande de Prusia, ofreciéndole este el mando de los cadetes de su ejército, conoció a Catalina la Grande en San Petersburgo, cuando fue a Polonia elaboró una historia acerca de la violencia política en ese país, en Madrid concibe un plan para que suizos y alemanes allí residentes formen una colonia en Sierra Morena, y en Barcelona es arrestado en la cárcel durante 42 días por un affaire con la esposa del Capitán General del ejército (1768).

Casi todo el dinero para estos viajes se lo aportaba Madame D'Urfé, una mujer que estaba enamorada de él y que creía que Casanova era un gran conocedor de la magia y de la alquimia. Tuvieron una cierta amistad por conveniencia para Casanova, que había prometido un hijo a Madame D'Urfé, que además de que pasaba de los 70 años; murió por una sobredosis de un tónico supuestamente revitalizante que ella siempre ingería, creyendo aún en los engaños de él.

Deambula ahora por Italia, en donde tiene más escarceos amorosos y conoce a Leonilda en Nápoles, una muchacha de 17 años que quería casarse con él y que le presentó a su madre. Casanova al ver a ésta se dio cuenta de que ya había estado también con la madre, la cual le dice que Leonilda es su hija. Casanova cuenta en sus memorias que aquella noche hicieron un gran ménage à trois.

En 1771 se decanta por escribir una obra llamada Lana caprina, que cuenta las divagaciones de dos profesores universitarios sobre si la capacidad de razonamiento de las mujeres está afectada por el útero, y además tradujo La Ilíada de Homero. De nuevo va a Venecia, no sin antes haber cumplido una misión a favor de la ciudad para poder entrar. Pero otra vez la perdición, esta vez por vengarse de la acusación de unas deudas por un noble llamado Carlo Grimani. La venganza consistió en publicar una novela en donde decía que Carlo era hijo ilegítimo. De nuevo el destino lo invita al exilio en 1783.

[editar] Últimos años

Otra vez comienza otro tour de viajes partiendo de Viena, para ir después a Bolzano, Augsburgo, Aquisgrán, Spa, París, de nuevo Viena, Dresde, Berlín, Praga, donde se encuentra con Wolfgang Amadeus Mozart, que casualmente estaba componiendo su ópera Don Giovanni. Se dice que esta ópera está inspirada un poco en los romances e historias que contó al compositor cuando se volvió a encontrar con él una vez más en Viena. En 1785 se hizo amigo del conde de Waldstein, que era un aficionado a la masonería, algo que comparte con Casanova, y este conde le ofrece a Casanova el hacerse cargo de la biblioteca de Dux en Bohemia. Aquí no llega a ser feliz y comienza a escribir sus memorias en una autobiografía como terapia a su tristeza. No llegó a terminar sus memorias, ya que murió en 1798 con 73 años y le quedaron 27 años por contar de sus aventuras amorosas y demás avatares. Dejó escrito en el prólogo de sus memorias: «Comienzo declarando al lector que, en todo cuanto he hecho en el curso de mi vida, bueno o malo, estoy seguro de haber merecido elogios y censuras, y que, por tanto, debo creerme libre.»

[editar] Valor literario y fortuna de la obra de Casanova

Se ha discutido en abundancia acerca del valor literario y de la validez histórica de la obra de Giacomo Casanova. Entretanto es necesario distinguir entre la obra autobiográfica y el resto de su producción. A pesar de sus esfuerzos personales por acreditarse como literato, historiador, filósofo e inclusive matemático, Casanova no obtuvo en vida, y tampoco en la muerte, ninguna gran notoriedad y ningún señalado éxito. Toda su obra fue con suma frecuencia, ocasional, lo que pretende decir que sus escritos fueron creados para obtener algún beneficio: pongamos como ejemplo la recusación de la obra de Amelot de la Houssaye —redactada en gran parte durante la detención en Barcelona en 1768— cuyo objetivo era el de congraciarse con el gobierno veneciano para obtener el tan esperado indulto.

Cosas parecidas pueden decirse para obras escritas con la esperanza de obtener prebendas de Catalina II de Rusia o de Federico II de Prusia. Otros trabajos, como el Icosameron, deberían haberle otorgado éxito literario, pero no fue así. El primer verdadero éxito editorial lo obtuvo con la Storia della mia fuga dai Piombi, que tuvo una difusión inmediata y varias ediciones, ya sea en italiano o en francés. Al parecer Casanova no adjudicaba valor a sus criaturas autobiográficas y a su éxito, y continuaba persiguiendo, de continuo, un clamor literario con obras que no poseyeran dicho carácter autobiográfico; pero tal éxito en el orden de esta categoría, no lo alcanzó jamás.

Estos aspectos que vamos señalando fueron agudamente observados por un autor contemporáneo, el príncipe Charles-Joseph de Ligne, quien escribió que la fascinación de Casanova estaba toda ella en sus relatos autobiográficos, fueran verbales o escritos. O sea, esas narraciones vivas de salón, de sus aventuras, que terminaban en la posterior estampa impresa. Era brillante y encantador cuando narraba aventuras de su vida, según De Ligne, pero terriblemente aburrido, negativamente prolijo y meticuloso cuando hablaba o escribía incursionando en otras materias. Y esto, más o menos evidente para el interesado, Casanova no había querido jamás aceptarlo. Porque sufría al estar desprovisto de ese reconocimiento global que ambicionaba.

El autor casanoviano parece envidioso de sus criaturas afortunadas, pero no predilectas suyas, y de algún modo obstaculiza sus posibles éxitos editoriales, por los que —deseados— no puede alcanzar.

La gran obra, la «verdadera» obra de Casanova, la Histoire..., en la que había trasegado o infundido todo de sí mismo, fue escrita en los últimos años de su vida, y quedó inconclusa, porque la vida no le dio tiempo para acabarla. Aparte está el tema de que la obra, en su plasmación original, era prácticamente impublicable. Era mucho lo dicho no conveniente para los modos y maneras de la época, con alusiones a personajes vivos muy conocidos. El manuscrito fue adquirido por Heinrich Brockhaus en 1821 y dada a la luz entre 1826 y 1838, en versión notablemente retocada. El autor de este manejo fue Jean Laforgue, que no se limitó meramente a purgar de inconveniencias los contenidos, suprimiendo todos los pasajes «audaces», sino a variar la ideología del autor.

En el plano político-ideológico, el contenido fue distorsionado. Jamás dejó Casanova de ser un conservador en todo de acuerdo con las clases dominantes. En estos interesados retoques poco faltó para hacer de él un jacobino adversario de las oligarquías históricamente poseedoras de todo el poder político y social. Porque bien puede decirse que Casanova fue un rebelde y un transgresor, pero nunca que no fue un sostenedor del Ancien régime, como lo demuestran con total claridad todo su epistolario, algunas obras específicas y la misma obra fundamental, la Histoire.

Para la edición definitiva de las memorias se debió aguardar hasta que la casa Brockhaus decidiera publicar, junto al editor Plon de París (desde 1960 a 1962), el texto original sin enmiendas, bajo el respetuoso cuidado de Angelika Hübscher.

Casanova debe ser considerado sin dudas como el primer escritor de costumbres moderno. No se encuentra en él ningún temor de revelar situaciones, inclinaciones, actividades, tramas y sobre todo, confesiones, que eran, para la época e incluso para siglos posteriores, absolutamente no referibles. Naturalmente, el primer problema fue el de haber citado personajes de primer plano en circunstancias muy cercanas a sus propias acciones. Las memorias están así abarrotadas hasta lo inverosímil de los actores principales de la historia europea del siglo XVIII. Sea en lo atinente al plano político o cultural. Todas estas circunstancias no dejan de estar vinculadas a lo que hoy no es tan importante: la «inmoralidad» de la obra casanoviana.

Esto último debe entenderse como controversia con las costumbres, los formalismos y la hipocresía del siglo y del siglo siguiente, todavía más fóbico que el precedente. Casanova ha sido en alguna manera un adelantado en los tiempos y de este modo era un hombre de avanzada para su época.

Es imposible, prácticamente, enumerar en la literatura moderna todas las referencias de una figura que ha resultado arquetípica. A este respecto se debe citar a los «casanovistas», serie de investigadores que se han ocupado más o menos profesionalmente de la vida y la obra de Casanova. A esta gran legión de estudiosos se deben infinitas identificaciones de personajes, revisiones múltiples y encuentro de masa documental. Aunque parezca poco creíble, una gran parte de la obra casanoviana está todavía inédita. La grafomanía de Casanova fue proverbial. Su vida, a partir de cierta etapa, devino la de un hombre consagrado totalmente a la escritura.

En lo que concierne a la figura del seductor, en la unión de las paradigmáticas figuras de Casanova y de Don Juan, cabe decir que el parangón ha estado siempre presente en los críticos. Aunque figuras antitéticas en diversos aspectos, han acabado fusionándose, por más que una fue la de un hombre de carne y hueso y la otra la de un personaje de ficción. La antinomia más evidente está en que Casanova amaba y hacía felices a las seducidas, y Don Juan, no. Casanova dejaba tras de sí una estela de dulce nostalgia en las amadas. El otro era meramente un coleccionista puro, descorazonado, más mortífero que vital. Absolutamente indiferente para la imagen que de sí quedaba en sus mujeres. Y este diferente modo de comportarse hace la diferencia fundamental entre ambos seductores.

[editar] Fragmentos de Historia de mi vida

Mi madre me trajo al mundo el 2 de abril de 1725, en Venecia. Hasta mi noveno año fui estúpido. Pero tras una hemorragia, de tres meses, me mandaron a Padua, donde me curaron, recibí educación y vestí el traje de abate para probar suerte en Roma. En esta ciudad, la hija de mi profesor de francés fue la causa de que mi protector y empleador, el cardenal Acquaviva, me despidiese. Con dieciocho años entré al servicio de mi patria [Venecia] y llegué a Constantinopla. Volví al cabo de dos años y me dediqué al degradante oficio de violinista... pero esta ocupación no duró mucho, pues uno de los principales nobles venecianos me adoptó como hijo. Así, viajé por Francia, Alemania, fui a Viena...
Un día en que su doncella le cortaba a la señora F. las puntas de sus largos cabellos en mi presencia, me distraía recogiendo los pequeños y bonitos mechones y los iba colocando sobre el tocador, excepto un mechoncito que me metí en el bolsillo, pensando que no se daría cuenta. Pero, en cuanto estuvimos solos, me dijo con dulzura pero un poco seria que le devolviese aquel rizo que había recogido. Me pareció que me trataba con un rigor tan cruel como injusto, pero obedecí y con aire desdeñoso arrojé el rizo sobre el tocador.

— Caballero, estáis faltándome.

— No, señora. No os costaba nada fingir que no advertíais este inocente robo.

— No me gusta fingir.

— ¿Tanto os molesta un robo tan pueril?

— No es eso. Pero ese robo demuestra unos sentimientos hacia mí que a vos, que sois hombre de confianza de mi marido, no os está permitido alimentar.

Me encerré en mi cuarto, me desvestí y me eché en la cama. Me fingí enfermo. Por la tarde fue a verme y me dejó un paquetito al darme la mano. Cuando lo abrí, a solas, descubrí que había querido reparar su avaricia regalándome unos mechones larguísimos. Con ellos me hice un cordón muy fino, en uno de cuyos extremos hice poner un lazo negro, para poder estrangularme si alguna vez el amor me llevaba a la desesperación. El resto lo corté con unas tijeras, lo reduje a un polvo muy fino y le encargué a un confitero que en mi presencia lo mezclase con una pasta de ámbar, azúcar, vainilla, cabello de ángel, alquermes y estoraque. Aguardé a que las grageas estuvieran dispuestas antes de irme. Las guardé en una preciosa bombonera de cristal de roca, y cuando la señora F. me preguntó su composición le dije que tenían algo que me obligaba a amor

amarla.

[editar] Obras

Aunque en sus Memorias no menciona escrito alguno, Casanova escribió cuarenta y tres obras entre novelas, libelos, poesías, epistolarios y memorias. Algunas alcanzaron más de quince ediciones, otras han sido olvidadas quizá justificadamente.

  • El Epistolario comprende centenares de cartas dirigidas a gobernantes, cardenales, abates, profesores, militares, actrices, viejas amigas. Los temas son variados, amor, economía, política, diplomacia, literatura; la primera data de la fuga de los Plomos (1765) y la última es de tres días antes de su muerte. En ellas, no sólo habla de todo, sino que arremete contra el mundo: condena, absuelve, polemiza.
  • La Refutación a la «Historia del gobierno veneciano» de Amelot de Houssaie (1769), estas ochocientas páginas fueron redactadas para obtener el apoyo del gobierno veneciano. Sin duda es una obra tendenciosa donde Casanova ataca los supuestos excesos de los racionalistas que combatían los abusos de autoridad de la Serenísima veneciana; insiste en que escribe por amor a la verdad y a la patria.
  • La Historia de las turbulencias de Polonia (1772), donde no puede ocultar sus falencias como historiador.
  • La Epístola de un licántropo (1773), uno de sus mejores trabajos, muestra a un Casanova feminista que se burla de aquellos que menoscaban la condición de la mujer y que subordinan la voluntad femenina a mecanismos fisiológicos, y lo hace con buena escritura y mucho ingenio.
  • El Soliloquio de un pensador (1786), escrito en francés como las Memorias, en el castillo de Dux; en sus páginas lanza un violento ataque contra la magia, los magos en general y contra Cagliostro, en particular.
  • Ikosameron (1787), una novela del género fantástico, larguísimo mamotreto que relata la historia de dos hermanos en donde hay de todo: historia, geografía, química, matemática, teología, hidráulica. El Ikosameron recuerda sin duda al Micromegas de Voltaire y Los viajes de Gulliver de Swift.
  • Reflexiones sobre la Revolución francesa (1793–1794), donde describe los acontecimientos de 1789 y de los años posteriores, desde la caída de la Bastilla a la de la monarquía capeta. En ellas señala que el 14 de julio implica una suerte de fin del mundo; sin duda fue el fin de su mundo, de la vieja sociedad en la que él estuvo perfectamente integrado. Es una obra antirrevolucionaria, tendenciosa y parcialmente informativa.
  • Historia de mi vida (1725–1786), lo mejor de Casanova está en lo citado y en la más célebre de todas sus obras.

[editar] Enlaces externos

Wikiquote

Herramientas personales
Crear un libro