Costumbrismo

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Danza campesina, hacia 1568, óleo sobre tabla de Pieter Bruegel el Viejo

El costumbrismo es una tendencia o movimiento artístico que aspira y propone que la obra de arte sea una exposición de los usos y costumbres de la sociedad.

Concepto[editar]

El concepto se aplica a todas las artes, pudiéndose hablar de cuadros, historietas o novelas costumbristas; siendo el folklore a menudo una forma de costumbrismo. Sin embargo posee una consideración transversal a lo largo de la historia del arte, por lo que se presenta en cualquier momento de ésta, pese a lo cual se tiende a hablar sobre todo de costumbrismo cuando se habla de autores a partir del siglo XIX, cuando la burguesía, tras el estallido romántico o incluso dentro de él, siente la melancolía de sus perdidos orígenes campesinos y ve que con la Revolución Industrial y el éxodo del campo a la ciudad ciertas costumbres y valores tradicionales empiezan a perderse o transformarse, pero también para diferenciarse y distinguirse claramente de ellas.

El costumbrismo, a diferencia del Realismo, con el que se halla estrechamente relacionado, no realiza un análisis de esos usos y costumbres que relata y por tanto se queda en un mero retrato o reflejo sin opinión de dichas costumbres, motivo por el que a menudo se habla de cuadro de costumbres o de género para referirse a cualquiera de estas manifestaciones, no sólo a las pictóricas. Por otra parte, en el género literario del libro de viajes se muestra, cuando no aparece analizado y crítico, sino meramente impresionista, la misma desviación superficial o defecto, que puede llamarse Pintoresquismo.

El costumbrismo en Europa[editar]

En lo del rabino es un cuadro costumbrista. Representa la consulta que un grupo de judíos observantes le hace a su líder religioso y comunitario, quien, para responderles, recurre a los contenidos de una hagadá. Óleo del pintor Carl Schleicher, realizado en Viena, c. 1875.

Es curioso comprobar que en países con una gran tradición de novela realista no se ha dedicado atención crítica a sus escritores costumbristas, mientras que sí la han dedicado a los de otros países. En Inglaterra fueron escritores costumbristas Richard Steele (1672-1729), que publicó su revista costumbrista The Tatle, y Joseph Addison (1672-1719), quien en unión del anterior fundó The Spectator, una publicación de las más influyentes en cuanto al costumbrismo europeo se refiere; no en vano ambos han sido considerados los fundadores del costumbrismo o los inventores de lo que ellos mismos denominan Essay or sketch of manners.

Francia, tras las traducciones de Pierre de Marivaux (1688-1763) y los ensayos de Louis Sébastien Mercier (1740-1814), posee al abate Étienne de Jouy (1764 - 1846), cuya obra, que influyó notablemente la del costumbrista español Mariano José de Larra, apareció en la Gazette de France entre los años 1811 y 1817. Posee también un Paul-Louis Courier (1772-1825), menos conocido entre los españoles pero tan importante como Jouy.

El costumbrismo en España[editar]

José Jiménez Aranda (1837–1903): La plaza de toros (1870)

Una de las características del arte español, especialmente en su literatura, es su tendencia al Realismo, que empieza a perfilarse ya incluso en el primer texto escrito conservado de su literatura narrativa, el Cantar de Mio Cid, y se prolonga a través del elemento popular que impregna el Libro de Buen Amor, La Celestina, el Lazarillo o el mismo Don Quijote.

Como uno de los elementos que constituyen este complejo rasgo, el costumbrismo empieza a desarrollarse en España sobre todo en el siglo XVII a causa de las directrices popularizantes que vienen desde el Concilio de Trento y la Contrarreforma y el cierre de fronteras culturales decretado por Felipe II. Vemos así a pintores como Caravaggio tomar como modelos a personas y ambientes populares nada presuntuosos que permiten al pueblo identificarse con un tipo de religiosidad más cercana. Vemos tipos populares en cuadros de Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo, y el costumbrismo se convierte en uno de los elementos que forman géneros literarios satíricos como la novela picaresca y cómicos como el entremés; se considera, por lo general, que son Juan de Zabaleta, Francisco Santos y Antonio Liñán y Verdugo los primeros escritores barrocos costumbristas que se especializaron en este tipo de temas.

El entremés se transforma en sainete en el siglo XVIII, con autores tan importantes como Ramón de la Cruz, especializado en un cierto madrileñismo, y Juan Ignacio González del Castillo, quien reproduce tipos y costumbres gaditanas. En el setecientos algunos pintores empiezan a fijarse en costumbres y tipos populares a través de modas como el majismo, y Francisco de Goya en sus cartones para tapices o en sus grabados sobre tauromaquia y la familia Bécquer, con sus escenas populares sevillanas, llegan a crear toda una escuela de pintura consagrada a las costumbres andaluzas, formada por José Domínguez Bécquer (1805–1841), padre del famoso poeta y del pintor Valeriano Bécquer (1833–1870), cuyo primo fue también pintor costumbrista: Joaquín Domínguez Bécquer (1817–1879). Por otra parte en los ambientes culturales se contraponía al cosmopolitismo y el afrancesamiento de la Ilustración el Casticismo, una tendencia a fijar un patrón nacional, natural y popular para el estilo literario con fundamento en la tradición autóctona.

Una pintura típica del costumbrismo andaluz, realizada en 1849 por Joaquín Domínguez Bécquer.

En el siglo XIX ese elemento adquiere independencia por medio del elemento subjetivo que impregna el Romanticismo, haciendo que se renueve el interés por la identidad colectiva o volkgeist (carácter nacional o popular) por medio del Nacionalismo y el Regionalismo, plasmándose en géneros a propósito como el artículo o cuadro de costumbres, cultivado en la prensa y luego recogido en colecciones individuales o colectivas por autores como Sebastián Miñano y Bedoya, Mariano José de Larra, Ramón de Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón, entre muchos otros, y la novela de costumbres, pero también en el teatro a través del género chico, y aparece como elemento no despreciable en las novelas del Realismo (Fernán Caballero, José María de Pereda, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán y Juan Valera. En el Naturalismo destaca por sus novelas de ambientación valenciana Vicente Blasco Ibáñez, quien halla correlato en las vistosas y deslumbrantes pinturas valencianas de Joaquín Sorolla. Otro género literario, el libro de viajes, cultivado tanto por autores nacionales como extranjeros, es también hijo de la curiosidad que siente la época por todo lo relacionado con las costumbres pintorescas,

El costumbrismo invade la zarzuela decimonónica y un cierto tipo de teatro por horas heredero del entremés. La nacida ciencia del folklore, que estudia de forma científica las tradiciones populares, se ocupa en recopilar, clasificar y estudiar lírica tradicional, Cuentos, coplas, música, juegos, supersticiones y creencias, refranes, artesanía, gastronomía, ceremonias, ritos, Tradiciones populares, fiestas, leyendas, canciones, bailes y romances vulgares, materia en la que destacan algunos eruditos como Agustín Durán, Antonio Machado Álvarez, Francisco Rodríguez Marín, Eusebio Vasco y muchos otros. En la literatura este interés por la literatura popular se vierte a través del llamado Neopopularismo de los siglos XIX y XX. En el siglo XIX se llega a escribir literatura seria en dialectos como el extremeño (José María Gabriel y Galán, Luis Chamizo), el bable o incluso el murciano.

Joaquín Sorolla, Ayamonte (1919), que describe la pesca del atún en Andalucía.

Ya en el siglo XX destacan por sus comedias costumbristas andaluzas los hermanos Quintero y por sus piezas madrileñas Carlos Arniches; el elemento costumbrista aparece como primordial en el pintor y escritor expresionista José Gutiérrez Solana, uno de los pocos escritores costumbristas que no ensalza lo popular y se muestra crudamente crítico en, por ejemplo, su La España negra (1920), contra las pinturas complacientes de Julio Romero de Torres (sin embargo, de fondos expresionistas) o más equilibradas de Ignacio Zuloaga; sin embargo, a partir de la Guerra Civil, este costumbrismo involuciona identificándose con el superficial y acrítico pintoresquismo de los viajeros europeos a España del siglo XIX y con un empobrecedor reduccionismo andalucista que venía bien a la necesidad económica de fomentar el Turismo, especialmente en el cine, donde se llegó a denominar este tipo de productos como españoladas. Se salvan, sin embargo, algunos autores de preguerra y de posguerra, que siguen la tradición dedimonónica del cuadro de costumbres, un grupo de los cuales, encabezado por Ramón Gómez de la Serna (Elucidario de Madrid, El Rastro) gira en torno al llamado madrileñismo, como Eusebio Blasco (1844-1903), Pedro de Répide (1882-1947), Emiliano Ramírez Ángel (1883-1928), Luis Bello o, ya en la posguerra, Federico Carlos Sainz de Robles. En cuanto al andalucismo, la caudalosa vena decimonónica se renueva con escritores como José Nogales (1860-1908), Salvador Rueda (1857-1933), Arturo Reyes (1864-1913) y otros. Más valor y tintes sombríos posee el costumbrismo de la llamada Generación del 98, que busca en sus viajes la España real frente a la España oficial: Miguel de Unamuno escribe De mi país (1903), Pío Baroja su Vitrina pintoresca (1935), acogiendo en sus trilogías vascas costumbres de esa comarca, al igual que en sus aguafuertes y literatura su hermano Ricardo Baroja; Azorín se asoma al paisaje castellano y andaluz (Los pueblos, Alma española, Madrid. Guía sentimental...). Posteriormente, sólo parecen haber contado con el elemento costumbrista autores como Camilo José Cela, creador de un nuevo tipo de cuadro de costumbres, el esbozo carpetovetónico, cercano al esperpento, y autores como Francisco Candel, Ramón Ayerra o Francisco Umbral, autor este último de un cierto tipo de costumbrismo antiburgués de esplendoroso estilo.

El costumbrismo en Latinoamérica[editar]

Argentina[editar]

Algunos de los más distinguidos escritores argentinos incursionaron en el costumbrismo en al menos algunos de sus escritos: Esteban Echeverría (1805–1851), Juan Bautista Alberdi (1810–1884), Domingo Faustino Sarmiento (1811–1888), José Antonio Wilde (1813–1883), Vicente G. Quesada (1830–1913), etc.[1]

Colombia[editar]

Colombia cuenta con algunos de los primeros antecedentes de costumbrismo en El carnero, obra de Juan Rodríguez Freyle (1566–1638). Otros costumbristas destacados son José Manuel Groot (1800–1878), Eugenio Díaz (1803–1865), José Manuel Marroquín (1827–1908), José María Vergara y Vergara (1831–1872), Luis Segundo Silvestre (1838–1887); también Jorge Isaacs (1837–1895), con su novela María fue elogiada como la más extraordinaria novela romántica en idioma español.[1]

México[editar]

La literatura mexicana ostenta uno de los linajes más longevos del costumbrismo latinoamericano: José Joaquín Fernández de Lizardi (1776–1827), escribió la que acaso sea la primera novela latinoamericana, El Periquillo Sarniento (1816).[1] [2] Otros costumbristas mexicanos fueron Guillermo Prieto (1818–1897), José Tomás de Cuéllar (1830–1894), José López Portillo y Rojas (1850–1923), Rafael Delgado (1853–1914), Ángel del Campo (1868–1908) y Emilio Rabasa (1856–1930).[1]

Uruguay[editar]

Las letras uruguayas incluyen costumbristas como Santiago Maciel (1862–1931), Manuel Bernárdez (1867–1942), Javier de Viana (1868–1926), Adolfo Montiel Ballesteros (1888–1971), y Fernán Silva Valdés (1887–1975).[1]

Venezuela[editar]

Entre los costumbristas venezolanos se incluyen Fermín Toro (1807–1865), Daniel Mendoza (1823–1867), Francisco de Sales Pérez (1836–1926), Nicanor Bolet Peraza (1838–1906), Francisco Tosta García (1845–1921), José María Rivas (1850–1920), Rafael Bolívar Alvarez (1860–1900) y Pedro Emilio Coll (1872–1947).[1]

Bolivia[editar]

Dentro de la literatura costumbrista boliviana encontramos a autores como: Julio Lucas Jaimes (1845-1914) con sus obras: Crónicas Potosinas (1895), La Villa Imperial de Potosí (1905); Lindaura Anzoátegui de Campero (1846-1898); Jaime Mendoza (1874-1938); Alcides Arguedas (1879-1946), considerado el creador de la novela boliviana; y Armando Chirveches (1881-1926), quien escribió el ensayo "Celeste" (1905).

La pintura costumbrista tuvo gran secuela en los salones de exposición bolivianos, donde se destaca la participación de Efraín Chambi (1989), Javier Gustavo Ayala López (ciudad natal Oruro), Raziel Guevara Bernal (ciudad natal Oruro), Nicole Vera Comboni (1985) con su obra más registrada Cumulunimbus.

La música costumbrista en Bolivia más que todo tiene principal referencia en el folklore. En Bolivia existen diferentes grupos que realizan música con características costumbristas, como ser: Amaru, Bonanza, Los Jach'a Mallku, Kala Marka, etc.

Referencias[editar]

  • Bustos Tovar, José Jesús, Rafael Tinaure y Francisco Fernández (coord.) (1985). Diccionario de literatura universal. Madrid: Anaya. ISBN 84-7525-369-9. 
  • Ferreras, Juan Ignacio (1973). Introducción a una Sociología de la novela española del siglo XIX. Madrid: Edicusa. ISBN 84-229-3010-2. 

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f Alfonso M. Escudero, Costumbrismo Il. Literatura Hispanoamericana, Ediciones Rialp S.A. Gran Enciclopedia Rialp, 1991. Accessed online 2010-01-21.
  2. Jim Tuck, Mexico's Voltaire: José Joaquín Fernández de Lizardi (1776–1827), Mexconnect.com, 2008-10-09. Accessed online 2010-01-21.

Enlaces externos[editar]