Brigadas Internacionales

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Brigadas Internacionales
Dabrowszczacy przysiegaja wiernosc sprawie Republiki.jpg
Voluntarios polacos jurando lealtad a la República.
Activa Octubre de 1936 - Octubre de 1938
País Diversas nacionalidades
Fidelidad Bandera de España II República Española
Rama Red star.svg Ejército Popular de la República
Tipo Unidad de voluntarios
Tamaño 59.380 efectivos.
Cuartel General Albacete (España)
Comandantes
Inspector general André Marty (1936-39)
Mandos destacados Emilio Kléber, Hans Kahle, General Walter, General Lukács, General Gómez
Insignias
Estandarte Flag of the International Brigades.svg
Insignia identificativa Internationalist star.svg
Guerras y batallas
Guerra Civil Española: Defensa de Madrid, Batalla de Lopera, Batalla del Jarama, Batalla de Guadalajara, Ofensiva de Segovia, Ofensiva de Huesca, Batalla de Brunete, Ofensiva de Zaragoza, Batalla de Belchite, Batalla de Teruel, Retirada de Aragón, Batalla de Caspe, Batalla del Ebro.

Las Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de 54 países que participaron en la Guerra Civil Española junto al ejército de la II República, enfrentándose a los sublevados contra el gobierno democrático elegido en las urnas en 1936.

Según los datos manejados por los estudios realizados en Estados Unidos por la Brigada Lincoln y por el historiador Andreu Castells, llegaron a participar en total 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales murieron más de 15.000; al mismo tiempo los internacionales no sobrepasaron más el número de 20.000 hombres presentes en los frentes en cada periodo de la guerra. La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados voluntariamente por los partidos comunistas (Komintern) o veteranos de la Primera Guerra Mundial.

Su base se encontraba en el aeródromo de Los Llanos, en Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid en 1936, las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y el Ebro, siendo retiradas a partir del 23 de septiembre de 1938, a fin de modificar la posición ante la intervención extranjera del Comité de No intervención.

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

Las Brigadas Internacionales no fueron, al contrario de lo que se suele creer, ni los primeros ni los únicos voluntarios extranjeros que partieron a luchar a España en favor de la República. Ya antes de su formación (en octubre de 1936) había en la Península un número, aunque no muy alto, de soldados extranjeros, que desde prácticamente el día de la sublevación estaban participando en la contienda. Algunos de ellos ya residían en España antes del golpe del 18 de julio y procedían mayoritariamente de países con gobiernos fascistas (o pseudo fascistas), de donde se habían visto obligados a exiliarse por su militancia progresista, socialista, comunista o anarquista. Por esta razón, los dos principales países de origen de estos primeros voluntarios extranjeros fueron Alemania e Italia. De este primer grupo de combatientes extranjeros que ya vivían en España al estallar la guerra, se encontraban, como dos de los más conocidos, el novelista André Malraux, el socialista italiano (que años antes había atentado contra el hijo de Víctor Manuel de Saboya), Fernando De Rosa Lenccini.

También hubo otro grupo de extranjeros que a partir del 18 de julio fue llegando a España por sus propios medios y se incorporó al bando republicano por simple simpatía política hacia el Frente Popular. Pero si es difícil dar cifras sobre los soldados que conformaron las Brigadas Internacionales, mucho más aún, por la inexistencia de documentos oficiales, lo es cifrar a los extranjeros que llegaron antes de octubre de 1936.

En tercer lugar, es destacable la incorporación a las filas del bando republicano de los participantes en las olimpiadas populares. Esta competición, organizada por grupos políticos de izquierda, se estaba celebrando en Barcelona en el verano de 1936 como contrapartida a las olimpiadas oficiales que se disputaban en Berlín bajo el gobierno de Adolf Hitler, y en ella tomaban parte deportistas de diversos países del mundo. Muchos de estos atletas se sumaron a las luchas callejeras de Barcelona, participaron en el levantamiento de barricadas y en la ocupación del Hotel Colón. La mayoría de los participantes, cuyo número oscilaba entre 174 y 300, regresó a sus respectivos países el día 24 de ese mismo mes de julio, tras haber sido protagonistas durante la primera semana de la guerra. Precisamente el atleta austriaco Mechter que murió durante el 19 de julio es considerado el primer brigadista caído en combate.

Las unidades formadas por estos primeros voluntarios extranjeros, se bautizaron con nombres de militares izquierdistas o progresistas del siglo anterior, como Walery Wroblewski, muerto en la Comuna de París, o de figuras políticas de mucho prestigio, como el socialista inglés Tom Mann. En agosto de 1936 entró en combate en Irún el batallón Commune de Paris, compuesto sobre todo por franceses y belgas al mando de Jules Dumont.

Muchos de los soldados que conformaban estas unidades voluntarias espontáneas se integraron luego en las Brigadas Internacionales, pero otros muchos, por diversas circunstancias, permanecieron al margen de ellas y combatieron en otras unidades del Ejército Popular de la República. Numerosos extranjeros no se integraron en las brigadas debido, principalmente, a discrepancias políticas debido a que las Brigadas empezaron organizadas y promovidas por el Partido Comunista Francés (de donde salieron los primeros oficiales brigadistas), lo cual causaba que extranjeros de filiación socialistas, anarquistas, o marxistas ajenos al comunismo, prefirieran enrolarse en otras unidades.

En algunos de los casos algunos extranjeros lucharían integrándose en unidades del POUM o de otras organizaciones de izquierdas disidentes de la Komintern. Relacionado con esta cuestión, y tras los Sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, el gobierno republicano ordenó el 19 de junio de 1937, por un decreto puesto en marcha por Vicente Rojo siguiendo órdenes de Indalecio Prieto (en esos tiempos ministro de Defensa), "que todos los extranjeros que prestan servicio al ejército, quedaban encuadrados en las Brigadas Internacionales". Esta orden no fue cumplida por muchos soldados extranjeros, que lucharon hasta el final de la guerra en unidades ajenas a las de los brigadistas.

Creación[editar]

Las Brigadas Internacionales no se formaron espontáneamente como sostuvo la Internacional Comunista, sino que fue ella quien las organizó (a partir de la decisión tomada por su Secretariado el 18 de septiembre de 1936, a instancias de Stalin), y del reclutamiento y de los aspectos organizativos se encargaron dirigentes del Partido Comunista Francés, encabezados por André Marty. Pero la inmensa mayoría de sus integrantes sí fueron verdaderamente "voluntarios de la libertad" (como decía la propaganda republicana) llegados desde los países dominados por dictaduras y por el fascismo, como Alemania, Italia o Polonia, pero también de los países democráticos como Francia (que aportó el mayor número de brigadistas, unos 9.000), Gran Bretaña y Estados Unidos (con el famoso batallón Lincoln que llegó más tarde, a finales de 1936, y cuya entrada en combate se produjo en la batalla del Jarama en febrero de 1937). Así pues, las Brigadas Internacionales no eran el "Ejército de la Komintern" como aseguraba la propaganda del bando sublevado, instrumento de la política de Stalin.[1] Un trabajador inglés que se enroló en las brigadas internacionales le explicó así en una carta a su hija por qué había venido a combatir a España:[2]

De todos los países del mundo, gente obrera como yo han venido a España a parar al fascismo. Así, aunque estoy a miles de millas de ti, estoy luchando para protegerte a ti y a todos los niños de Inglaterra, así como a la gente de todo el mundo

El Gobierno de la República, presidido por el socialista Francisco Largo Caballero desde el 4 de septiembre de 1936, en principio fue reticente a aceptar la propuesta, considerando que las Brigadas estaban siendo formadas y regidas por la Comintern y su partido afiliado en España, el PCE. La opinión del bando republicano cambiaría en octubre cuando el avance de los sublevados hacia Madrid evidenciaron la crítica situación militar de la República, lo cual hacía urgente reclutar la mayor cantidad posible de soldados.

Grupos de voluntarios internacionales en julio-octubre de 1936

Las movilizaciones en favor del reclutamiento para las Brigadas Internacionales se extendieron por toda Europa y luego por Estados Unidos, pero en países como Alemania e Italia se identificaron como el primer paso para combatir al fascismo y al nazismo, que ya había establecido dictaduras en ambos Estados. Los primeros brigadistas llegaron a Albacete el 14 de octubre de 1936. Las primeras Brigadas formadas (XI, XII y XIII) estaban compuestas mayoritariamente por franceses, belgas, italianos y alemanes voluntarios. Dentro de cada brigada se constituyeron batallones, generalmente de miembros de la misma nacionalidad para facilitar las comunicaciones entre los integrantes.

La sede internacional de reclutamiento se estableció en París bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética y el Partido Comunista francés. Desde el gobierno republicano se tramitaba la documentación necesaria para el recluta, se hacía llegar estos documentos a París, y desde allí se embarcaba a los voluntarios que, desde toda Europa, llegaban vía ferrocarril a Barcelona. Posteriormente, el gobierno republicano los remitía a Albacete, donde la Komintern había establecido el cuartel general de las Brigadas, así como su centro de entrenamiento.

Enseña de la Brigada Británica de las Brigadas Internacionales.

El 23 de octubre, Francisco Largo Caballero crea la División Orgánica de Albacete con un Comité de Organización encargado de asistir de manera centralizada a los voluntarios que llegaban del extranjero. El líder comunista francés André Marty, secretario general de la Tercera Internacional y hombre, al parecer, de la plena confianza de José Stalin, será nombrado Jefe de la base de Albacete, que se convertiría en el cuartel general de las Brigadas. Los que llegaban iban destinados luego a distintas poblaciones: La Roda, Tarazona de la Mancha, Villanueva de la Jara y Madrigueras eran los lugares de mayor concentración.

En el centro de entrenamiento de Albacete se organizaron las cinco brigadas numeradas de la XI a la XV. La XI, mandada por el general soviético Kléber, y la XII, mandada por el escritor húngaro Maté Zalka "Luckács", tuvieron un papel destacado en la batalla de Madrid.[2] Los voluntarios canadienses formaron el Batallón Mackenzie-Papineau (los Mac-Paps). También hubo un pequeño grupo de pilotos estadounidenses que formaron el Escuadrón Yankee, liderado por Bert Acosta. Hubo brigadistas famosos, escritores y poetas como Ralph Fox, Charles Donnelly, John Cornford y Christopher Caudwell que describirían sus experiencias en el frente.

Hugh Thomas en su obra clásica sobre la guerra civil española cifró el número de brigadistas que combatieron en España en unos 40.000, muy lejos de los 100.000 que daba la propaganda franquista para hinchar la influencia del "comunismo internacional". Estudios más pormenorizados y recientes sitúan la cifra en algo menos de 35.000, no muy lejos por tanto de la cifra estimada por Thomas. Lo que también está demostrado es que nunca hubo más de 20.000 combatientes a la vez y que murieron en combate unos 10.000.[3]

Acciones de guerra[editar]

Monumento del artista Liss Eriksson, La Mano, instalado en Estocolmo en homenaje a los brigadistas suecos.

Las primeras operaciones de combate en las que participaron las brigadas (en concreto las números XI, XII y XIV) fueron en la Batalla de Madrid a partir del 4 de noviembre de 1936 hasta febrero de 1937, durante la primera ofensiva del ejército sublevado, que ocupaba ya Getafe y Leganés.

Con 1.550 hombres y mujeres (1.628 según los archivos soviéticos), se instaló el Cuartel General en la Facultad de Filosofía y Letras, siendo las unidades brigadistas muy activas en los alrededores de la Casa de Campo, donde se enfrentaron al general Varela en los accesos desde la carretera de Valencia, la defensa de la Ciudad Universitaria y los accesos a la sierra de Guadarrama, en un amplio despliegue que los llevaba en algunas ocasiones a combatir en las puertas de Getafe.

La XV Brigada compuesta principalmente por unidades de rusos, norteamericanos y británicos se enfrentó a las tropas sublevadas que pretendían conquistar Madrid, desde el 6 de febrero de 1937 en la Batalla del Jarama, donde los brigadistas británicos y estadounidenses tendrían un rol destacado. La XV Brigada participó en la contención de la ofensiva rebelde y capturó prisioneros, manteniendo enfrentamientos hasta el día 27 inclusive.

Durante la Batalla de Guadalajara iniciada por tropas italianas del Corpo Truppe Volontarie el 9 de marzo de 1937 para tratar de penetrar desde el norte en Madrid, las tropas republicanas hicieron frente a un ejército de 30.000 hombres, 80 carros de combate y 200 piezas de artillería. En el escenario se encontraron combatiendo la XI y XII Brigadas Internacionales, que sufrieron gran cantidad de bajas.

En la Batalla de Belchite de 1937 tomaron parte las brigadas XI y XV, desde el 26 de agosto hasta el 10 de setiembre de 1937. Los escasos resultados obtenidos por el bando republicano y la desconfianza del líder socialista Indalecio Prieto hacia las Brigadas ocasionó que poco después de acabada la lucha en Belchite el gobierno republicano emitiera diversos decretos destinados a integrar a las Brigadas dentro del esquema organizativo del Ejército Popular Republicano, restando poder de decisión a la Comintern y al PCE, y tratando de colocar a los brigadistas bajo mando directo de militares profesionales españoles. Tales intentos chocaron con la oposición de la Comintern, quien con el apoyo del PCE y del gobierno de la URSS (casi único suministrador de armas a la República), logró mantener a las Brigadas bajo su control.

Batalla de Teruel. Invierno 1937-38. En esta ofensiva republicana, que tenía como fin desviar la presión de los sublevados sobre el frente norte, participaron todas las Brigadas Internacionales (ya muy mermadas), excepto la XIV. De cara a las sesiones del Comité de No Intervención, el gobierno republicano mantuvo que serían sólo las tropas españolas las que lucharían, pero esto pronto se demostró como una falsedad cuando el 7 de diciembre llegó la orden a la base brigadista en Albacete de que los soldados en descanso partiesen hacia Aragón.

Los brigadistas tuvieron también un importante papel en los grupos de guerrilleros que se infiltraron tras las líneas antes de la batalla para sabotear las comunicaciones enemigas.[cita requerida] La reconquista de Teruel por parte de los franquistas en febrero del 38, costó un altísimo número de muertos especialmente a la XI Brigada.

No obstante, la Ofensiva de Aragón de marzo-abril de 1938 significó una dura prueba para las Brigadas Internacionales, en tanto la severa derrota republicana en estos combates generó también un elevado número de bajas entre los brigadistas. Durante la Batalla de Caspe las brigadas tuvieron un destacado papel en la defensa de la localidad, donde se habían concentrado un importante número de unidades internacionales y republicanas.[4] Ante la extrema dificultad en cubrir las bajas de los combatientes extranjeros, a partir de abril de 1938 las Brigadas se reorganizarían incorporando un gran número de reclutas españoles, con lo cual la proporción de extranjeros empezó a ser minoritaria en casi todos los batallones.

La marcha de las Brigadas[editar]

Reorganización de las Brigadas Internacionales entre mayo y julio de 1938.[5]

Durante 1938 se suceden los intentos para poner fin a la guerra civil desde los organismos internacionales, como la Sociedad de Naciones, ante el evidente fracaso del Comité de No Intervención para detener el conflicto.

Tras la grave derrota sufrida en abril por la Ofensiva de Aragón, la República era consciente de su debilidad, y el presidente del gobierno Juan Negrín juega la baza de apostar por un proceso de pacificación, emitiendo con ocasión del 1 de mayo de 1938 un posible acuerdo basado en trece puntos ante la opinión pública internacional, entre los que se incluía la retirada de todas las fuerzas compuestas por extranjeros que estuvieran presentes en el conflicto español.

Esto se unía a una intensa labor diplomática, encabezada por Manuel Azaña, en la que se mostraba a Francia y Gran Bretaña la conveniencia de tener un fuerte aliado en el sur ante los acontecimientos que se precipitaban en Europa tras la amenaza dirigida contra Checoslovaquia por Hitler. La desfavorable situación bélica y estratégica de la República (desde el 15 de abril quedó cortada en dos la zona republicana) causó que Francia y Gran Bretaña no mostrasen entusiasmo por la propuesta de Negrín, e inclusive la prensa de la URSS, bajo control gubernamental, admitía seriamente la posibilidad que Franco triunfase en España.

El gobierno republicano presidido por Juan Negrín dispuso que en la ofensiva republicana de la Batalla del Ebro participasen las Brigadas Internacionales, y efectivamente ello sucedió a partir del 25 de julio, interviniendo las Brigadas como tropas de choque. No obstante, el estancamiento de la ofensiva republicana desde mediados del mes de agosto y la severidad de los contraataques sublevados causaron nuevas bajas entre los combatientes extranjeros de las Brigadas.

En 1938 el número de brigadistas se había reducido ostensiblemente (quedaba un tercio aproximadamente) y el 21 de septiembre de ese año el presidente del gobierno republicano Juan Negrín anunció en Ginebra, ante la Asamblea general de la Sociedad de Naciones, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes extranjeros que luchaban en el bando republicano, con la esperanza de que el bando sublevado hiciera lo mismo. Un mes después, el 28 de octubre de 1938, desfilaban por última vez por las calles de Barcelona las Brigadas Internacionales en un acto encabezado por el presidente de la República Manuel Azaña y el presidente del gobierno Juan Negrín al que asistieron unas 250.000 personas. Por esas mismas fechas Mussolini retiró unos 10.000 soldados del CTV "como gesto de buena voluntad" hacia el Comité de No Intervención, pero unos 30.000 soldados italianos siguieron combatiendo en el bando sublevado hasta el final de la guerra.[2]

El Gobierno de la República comunicó oficialmente a la Sociedad de Naciones y al Comité de No Intervención su firme compromiso en la retirada de las Brigadas Internacionales cuando ya se había estancado mucho el avance de las tropas republicanas en la Batalla del Ebro y cuando había empezado una severa lucha de desgaste en ese frente de combate.

Para esta fecha se había tornado casi imposible el reclutamiento de soldados extranjeros para las Brigadas Internacionales, debido a los intermitentes cierres de la frontera realizados por Francia, que impedían el libre paso de voluntarios, considerando además que el gobierno socialista de Léon Blum (favorable a la República) había dejado el poder en Francia en junio de 1937 y sus sucesores derechistas procedieron a cierres intermitentes de la frontera hispano-francesa.

Asimismo, las pugnas internas entre el PCE y el POUM habían desalentado el reclutamiento de extranjeros en las Brigadas desde los Sucesos de mayo de 1937 en Barcelona pues después de estos hechos muchos voluntarios extranjeros no comunistas optaban por acudir a España para unirse a otras unidades del Ejército Popular de la República y no a las Brigadas. Por su parte, los partidos comunistas afiliados a la Comintern carecían de más militantes en condiciones de ser enviados a España, lo cual impedía cubrir las bajas sufridas por las Brigadas.

Por todos estos factores las Brigadas Internacionales habían reducido mucho su número tras la derrota en Aragón: los extranjeros de las Brigadas sumaban menos de 10,000 hombres en toda la España republicana al empezar la Batalla del Ebro, sumando en dicha cifra inclusive a los servicios de no combatientes (médicos, técnicos, etc.). Para entonces en casi todos los batallones de las Brigadas la mayoría de la tropa era española, reclutada para llenar los vacíos dejados por extranjeros.

La propuesta de retirar las Brigadas llegó al Ejército sublevado, si bien Franco comunicó "oficiosamente" que era tarde ya para cualquier acuerdo con el bando republicano, en tanto las tropas rebeldes contaban con una situación militar mucho más ventajosa tras su triunfo de Aragón. De todas formas, el Gobierno de la República consumó el proceso de desmovilización esperando que la buena voluntad sirviera para que las potencias europeas (neutrales o no) presionaran a Franco. Para esa fecha el valor bélico de las Brigadas se había reducido bastante, y su valor propagandístico tampoco resultaba relevante para la Comintern tras publicitarse las pugnas con el POUM y en menor medida con el PSOE. La URSS también apoyaba la retirada de las Brigadas, al desear que numerosos militantes comunistas (sobre todo los integrados en los mandos de las Brigadas) abandonaran España al hacerse cada vez más posible un triunfo de Franco.

El 23 de septiembre de 1938 los brigadistas vivieron su último día de combate, pero no sería hasta el 27 de octubre que los internacionales del Ejército del Centro y de Levante, 1.500 hombres, serían reagrupados en Valencia. Al día siguiente ocurrió igual con los brigadistas de Cataluña, que fueron reunidos en Barcelona.

El Ejército Popular les brindó en esa ciudad un gran homenaje bajo el lema: Caballeros de la libertad del mundo: ¡buen camino! El mayor de los homenajes que se les rindió, fue el desfile celebrado en Barcelona el 28 de octubre de 1938. Toda la ciudad amaneció con pancartas y carteles alusivos a las Brigadas Internacionales. Ante Companys, Azaña, Negrín, Vicente Rojo y más de 300.000 personas, los internacionales desfilaron por la Avenida 14 de abril (actual Avenida Diagonal), en un ambiente altamente emotivo, con un histórico discurso de Dolores Ibárruri.

Brigadas Internacionales. Desfile de despedida. Barcelona, 28 de octubre de 1938.

Hubo actos similares de homenaje en Valencia y Madrid. Tras un desfile en el que la gente los despidió con aplausos, llantos y cubriendo la calzada de rosas, después de un espectacular despliegue de cazas republicanos en los cielos de Barcelona, los brigadistas estaban listos para partir. Para esto fueron concentrados en diversas localidades catalanas, de acuerdo a su unidad de origen y nacionalidad.

En algunos lugares, ya durante la guerra se construyeron monumentos en homenaje a los brigadistas. Por ejemplo en la zona de la Batalla del Jarama, el 30 de junio de 1938 fue inaugurado un monumento en forma de puño. Volvió un grupo de brigadistas para un acto de despedida en noviembre. El monumento fue destruido después de la guerra.[6]

En 2012 se levantó el único monumento a los brigadistas en España, en la Universidad Complutense de Madrid, aunque está en entredicho que se mantenga[7]

Tras la retirada[editar]

La mayoría de los menos de diez mil brigadistas supervivientes a la guerra trataron de volver a sus países. Muchos de ellos no tendrían problemas (franceses, británicos, estadounidenses), pero otros muchos se verían con situaciones difíciles: los italianos, alemanes, austriacos, suizos, búlgaros y canadienses se vieron entre la espada y la pared. Formalmente eran expulsados de España pero, o serían detenidos en sus países al regreso debido que en ellos gobernaban el fascismo y el nazismo, o bien se arriesgaban a la cárcel porque habían salido sin autorización para servir en un ejército extranjero, o porque sus respectivos gobiernos perseguían a los militantes comunistas, por lo cual muchos brigadistas debieron marchar como exiliados a terceros países.

Reclusión en campos de concentración. Los brigadistas que salen hacia Francia en el mes de febrero junto con los restos del ejército de Cataluña y cerca de medio millón de refugiados, son desarmados y conducidos a campos de concentración en espera de ser repatriados a sus países de origen y encontrar soluciones para aquellos voluntarios de países totalitarios.En la imagen censo de ex brigadistas en el campo francés de St. Cyprien. Feb de 1939.

Algunos brigadistas que no tenían un país al cual volver con seguridad se refugiaron en casas particulares en Cataluña y otros pasaron la frontera de los Pirineos sólo para quedarse en Francia como exiliados, incluso de modo clandestino. La URSS acogió a algunos brigadistas, pero éstos eran exclusivamente líderes comunistas de importancia, mientras que el gobierno soviético rehusaba admitir a militantes comunistas de menor jerarquía, ofreciéndoles a cambio "facilidades" para sobrevivir en el exilio.

Un caso paradigmático fue el de los brigadistas yugoslavos: cuatro de los voluntarios que combatieron en la guerra acabaron dirigiendo los cuatro grupos del Ejército Partisano de Liberación que combatió a los nazis en la Segunda Guerra Mundial: Peko Dapčević el Iº, Koča Popović el IIº, Kosta Nađ el IIIº, y Petar Drapšin el IVº.[8] [9]

Recuerdo a los brigadistas franceses en el cementerio parisino de Père Lachaise.

Últimas luchas de los ex brigadistas[editar]

Cuando las tropas del bando sublevado lanzaron su campaña en Cataluña el 23 de diciembre de 1938 aún quedaban unos pocos miles de ex brigadistas esperando salir de España; ante el avance franquista estos extranjeros reconstruyeron algunos batallones y ofrecieron de nuevo sus servicios al gobierno republicano. Inicialmente el primer ministro Juan Negrín rechazó este apoyo, pero los antiguos mandos brigadistas (como André Marty) y los líderes del PCE instaron a que los ex brigadistas aún ubicados en España tomaran de nuevo las armas.

Así, en enero de 1939 se formaron improvisados batallones de antiguos brigadistas, mayormente eslavos, italianos, y latinoamericanos, que participaron en las últimas operaciones bélicas del bando republicano antes de la retirada de Cataluña; estos combatientes evacuaron suelo español el 9 de febrero de 1939 junto con los restos del Ejército Popular y varios miles de refugiados civiles. Unos pocos ex brigadistas habían elegido quedarse en la región suroriental de España, aún en poder de la República, encuadrados en unidades militares afectas al PCE; en esa condición lucharon contra el golpe de estado del coronoel Casado a inicios de marzo de 1939, algunos pudieron huir a último minuto junto con la jefatura del Partido Comunista de España, mientras otros acabaron capturados por los franquistas.

Organización y estructura interna[editar]

Origen de los brigadistas[editar]

Interbrigadistas de la XI Brigada Internacional descansando en una retaguardia.

Hubo brigadistas de más de 50 países del mundo. El país que más voluntarios aportó fue Francia, con más de 10.000 según algunas fuentes (Andreu Castells la eleva hasta 15.000). El segundo contingente más importante era el de alemanes y austriacos con unos 5.000, en su mayoría exiliados en París y Bruselas. También destacaron los contingentes de Italia (4.000),[10] los 2.500 británicos, 2.000 estadounidenses, 1.700 yugoslavos, 1.500 canadienses, 1.200 cubanos y 600 argentinos. También se enrolaron en menores cantidades voluntarios de países como Costa Rica, Abisinia, Polonia, Albania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Suecia, Suiza, Holanda, Rumania, Colombia, Chile, México y Nueva Zelanda.

Un importante número de brigadistas fue de origen judío, colectivo que mayoritariamente entendió la lucha contra el franquismo en el contexto de la lucha contra el ascenso del antisemitismo que se estaba dando en Europa.[11] Según distintas estimaciones, hasta 8.000 de estos voluntarios, un 15% del total de brigadistas internacionales, lucharon por el bando republicano. En general, estos voluntarios habían sido previamente militantes comunistas y anarquistas, con poca o nula conciencia hebrea, pero también se dieron casos de unidades específicamente judías, como la Unidad judía Botwin (anteriormente denominada 2.ª Compañía del Batallón Palafox). Esta participación judía en las brigadas internacionales fue silenciada sistemáticamente.[12]

Procedencia política[editar]

Los brigadistas procedían de muy diferentes estratos sociales, desde intelectuales a trabajadores manuales, pasando por militares retirados o soldados veteranos. Hubo en sus filas una gran variedad de procedencias: sindicalistas, mineros de Europa Central, estibadores y cargadores de los principales puertos europeos, algunos ex-combatientes de la Primera Guerra mundial, médicos, afroamericanos y orientales naturales de suburbios neoyorquinos, también estadounidenses eran un numeroso grupo de universitarios británicos procedentes de las zonas de concentración industrial, algunos escritores, artistas, políticos y muchos militares desempleados de la Europa del Este. Como vemos, la procedencia tanto geográfica como social y profesional era de una heterogeneidad impresionante. El importante número de intelectuales, médicos, artistas y científicos que integraban las brigadas, ha hecho que en muchas ocasiones se les haya definido como “la unidad militar más intelectual de la historia”.

Hay que añadir en este apartado que hubo varios escritores, como Ernest Hemingway y George Orwell, que aunque sí fueron testigos directos de la guerra y escribieron algunas obras que se han hecho muy populares (Por quién doblan las campanas u Homenaje a Cataluña), no se encuadraron como combatientes dentro de las Brigadas Internacionales.

La filiación política mayoritaria era la comunista, ya que casi todos los brigadistas habían sido invariablemente reclutados por los partidos comunistas de diferentes naciones, afiliados a la Comintern, aunque unos pocos acudieron a España para enrolarse directamente sin adherirse previamente a un partido político. Sin embargo, la militancia política variaba según el país de origen; por ejemplo, entre los brigadistas estadounidenses los reclutas que eran militantes izquierdistas (socialistas, comunistas o anarquistas) no llegaban ni a la mitad, mientras que en el contingente alemán los soldados de filiación comunista estaban en torno al 80%, siendo igual de elevada la proporción de comunistas en unidades francesas o italianas. Mientras tanto, los batallones británicos y de Europa Oriental mostraban presencia mayoritaria de obreros sindicalizados, con una minoría de militantes de algún partido.

La filiación de los brigadistas no comunistas era muy variada también: iba desde el socialismo hasta el anarquismo, pasando por todas las formas del progresismo antifascista. No obstante, en casi todos los batallones la Comintern insistió para que los puestos de jefatura quedaran en poder de militantes comunistas, lo cual se impuso desde las primeras semanas de existencia de las Brigadas. La única excepción a este control comunista ocurrió en el Batallón "Garibaldi", donde la Comintern permitió que los reclutas italianos fueron dirigidos por oficiales anarquistas.

Fueron muchos los brigadistas que posteriormente acabarían convirtiéndose en personajes de notable importancia histórica. Por dar algunos ejemplos se podrían citar los nombres del alemán Willy Brandt, que sería alcalde de Berlín y luego Canciller de Alemania, el intelectual holandés Jef Last, el militar húngaro Kleber, el pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, el general polaco Walter, el presidente yugoslavo Tito (la participación de este último ha sido bastante discutida), y otros muchos alemanes que llegarían a ocupar importantes cargos en la RDA. También participó en las Brigadas Internacionales el albanés Enver Hoxha, quien sería primer ministro de ese país desde 1946 hasta su muerte en 1985, durante la República Popular de Albania.

Denominación y composición[editar]

Miembros de las Brigadas Internacionales en la zona de Guadalajara en 1937.

Los primeros voluntarios llegaron a Albacete el 12 de octubre de 1936, y a partir de ahí llegaron convoyes casi diariamente durante los días sucesivos. El día 15, Luigi Longo (luego se hará llamar Luigi Gallo) empezó a organizar las primeras compañías. Otros que se suman al primer órgano de dirección son los militantes comunistas Allard, Wisniewski, Hans Kahle, Jean Marie François, Lalmanovic o Ribiere. Este comité organizador se vio superado ante la llegada de tantos voluntarios y pronto se transformó en un comité militar, en el que aparte de los ya mencionados entraron otros, como el Comandante Vidal y André Marty, que se convertiría en el jefe de la base y de las Brigadas Internacionales.

El encuadramiento en los distintos grupos se efectuó en función de grupos idiomáticos y de origen. Los jefes en un principio fueron elegidos por los propios voluntarios, pero más tarde la elección pasó a hacerse en función de las necesidades, aunque la Comintern pronto logró imponer que todos los oficiales (y candidatos a serlo) fueran militantes comunistas. Al lado de cada jefe militar había un comisario político, cuyas tareas principales eran de carácter político (mantener la moral, arengar políticamente a las tropas, etc.) aunque en ocasiones también tenían que asumir labores puramente militares.

Se formaron siete brigadas, llamadas XI, XII, XIII, XIV, XV, 129.ª y 150.ª; Cada brigada se dividía a su vez en tres batallones (salvo en algunos casos en los que había cuatro) que en un principio rondaban los 650 hombres cada uno. Estos batallones recibían nombres con un claro contenido político, como Garibaldi o Commune de Paris.

Las Brigadas estuvieron organizadas de la siguiente forma:

La XI Brigada fue la primera en constituirse formalmente el 22 de octubre de 1936 con tres batallones: Edgar André, Commune de París y Garibaldi, apoyados por un batallón español. Jefe de la Brigada fue Manfred Stern primero y Jean Marie François después.

1.er Batallón "Edgar André". Alemán.
Batallón "Commune de Paris". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
3.er Batallón "Dabrowski". Polacos, húngaros, yugoslavos, 2 paraguayos. Trasladado posteriormente a las Brigadas XII, XIII y 150. (Bandera en la imagen).
Batallón "Garibaldi". Italianos. Trasladados más tarde a la XII.

La XII Brigada se constituyó el 1 de noviembre de 1936 con los batallones Ernst Thälmann, André Marty y, desde la XI Brigada, el Garibaldi. El Jefe de la Brigada fue el general Máté Zalka.

1.er Batallón "Thaelmann". Alemán. Trasladado posteriormente a la XI.
2º Batallón "Garibaldi". Italianos.
3.er Batallón "André Marty". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la 150, XII y XIV.

La XIII Brigada se constituyó el 1 de diciembre de 1936 con los batallones Chapaiev, Henri Vuillemin y Louise Michel. El jefe de la Brigada fue Wilhelm Zaisser.

1.er Batallón "Louise Michel". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
2º Batallón "Chapáyev". De distintos países balcánicos. Trasladado posteriormente a la 129.
3.er Batallón "Henri Vuillemin". Franceses y belgas. Trasladado posteriormente a la XIV.
4º Batallón "Mickiewicz Palafox". Polacos y judíos mayoritariamente,[12] además de unas decenas de sobrevivientes ucranianos del ejército anarquista de Néstor Majnó.

La XIV Brigada, a la que se conoció como La Marsellaise por estar conformada por mayoría de franceses, fue creada el 1 de diciembre de 1936 y reorganizada por completo el 27 de noviembre de 1938.

1.er Batallón "Noves Nacions". Trasladado posteriormente al "Commune de Paris".
2º Batallón "Domingo Germinal". Anarquistas españoles y portugueses.
3.er Batallón "Henri Barbusse". Franceses.
4º Batallón "Pierre Brachet". Franceses.
Batallón Vaillant-Couturier.
Monumento a los brigadistas ingleses en Londres

La XV Brigada se formó el 31 de enero de 1937 con los Batallones Dimitrov, 6 de febrero, Pierre Brachet (que se trasladó pronto a la XIV Brigada), Británico, Lincoln y Washington. El Jefe de la Brigada fue Janos Galicz.

1.er Batallón "Dimitrov". Yugoslavos y búlgaros. Trasladados posteriormente a la 150 y después a la XIII.
Batallón Británico.
3.er Batallón "Lincoln", "Washington", "Mackenzie-Papineau". Estadounidenses, canadienses, cubanos y argentinos.[13] A este batallón se unió la Columna Connolly formada por un reducido grupo de irlandeses.
Batallón "6 de febrero". Franceses. Trasladados posteriormente a la Brigada XIV.
Cuerpo de Voluntarios "Benito Juárez García". Mexicanos.

La 129 Brigada se constituyó el 28 de abril de 1937 con restos de batallones de otras Brigadas y miembros del POUM. La distinta procedencia de sus miembros la llevó a ser conocida como la Brigada de las cuarenta naciones. Las diferencias entre las fuerzas políticas y el conflicto en Cataluña con el POUM la hicieron poco efectiva, debiendo ser reorganizada en febrero de 1938. Entonces se nombró Jefe de la Brigada a Wacek Komar (que provenía del Batallón Dabrowski de la XIII Brigada).

1.er Batallón "Masaryk". Checoslovacos.
2º Batallón "Djakovic". Yugoslavos y búlgaros.
3.er Batallón "Dimitrov". De diversos países balcánicos.

Formada en junio de 1937 sobre la base del Batallón Dabrowski de la XI Brigada.

1.er Batallón "Rakosi". Húngaros.

Después de la Guerra[editar]

Tras la salida de las Brigadas internacionales, y con el regreso a sus países de origen, sus miembros fueron acogidos de forma distinta. En un principio muchos fueron tachados de simples mercenarios, mientras otros fueron condecorados en su propia tierra. La llegada de la Segunda Guerra Mundial evidenció el papel que habían tenido estos combatientes en España al ser los primeros soldados de sus respectivos países que habían luchado contra el expansionismo fascista de Alemania e Italia.

El 26 de enero de 1996, el Congreso de los Diputados español concedió la nacionalidad española a los brigadistas si renunciaban a su nacionalidad propia, cumpliendo así la promesa realizada por Juan Negrín cuando estos abandonaron España 57 años antes. Aun así, la mayoría de los veteranos optó por no renunciar.

Después, la Ley de la Memoria Histórica reconoció a los brigadistas la nacionalidad española por naturalización, sin tener que renunciar a la suya propia. En junio de 2009, la embajada española en Londres entregó a varios brigadistas sus pasaportes españoles.[14]

Los más conocidos brigadistas[editar]

Las Brigadas Internacionales contaron entre sus miembros con personalidades como el joven Willy Brandt, que sería luego canciller socialdemócrata de la República Federal de Alemania, Wilhelm Zaisser, Ministro de Seguridad del Estado en la República Democrática Alemana y jefe de la policía política Stasi desde 1950 hasta 1953, así como los literatos Ralph Fox, Charles Donnelly, John Cornford, Gustav Regler, Christopher Caudwell, George Orwell, científicos como Guido Nonveiller, pintores como Wifredo Lam y militares como el francés Alex Canitrot, entre otros.

Brigadistas famosos[editar]

Monumentos dedicados a los Interbrigadistas[editar]

Himno de marcha de las Brigadas[editar]

Sobre texto de Erich Weinert y música compuesta por Carlos Palacio:

País lejano nos ha visto nacer.
De odio, llena el alma hemos traído,
mas la patria no la hemos aún perdido,
nuestra patria está hoy ante Madrid,
mas la patria no la hemos aún perdido,
nuestra patria está hoy ante Madrid.
Camaradas, cubrid los parapetos,
que la vida no es vida sin la paz.
Defended con el pecho vuestros hijos,
os ayuda la solidaridad;
defended con el pecho vuestros hijos.
os ayuda la solidaridad.
Libre España de castas opresoras,
nuevo ritmo el alma batirá,
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad;
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad.
Generales traidores a su patria
del fascismo quieren saciar la sed;
mas los pueblos del mundo defendemos
lo que España jamás ha de perder;
mas los pueblos del mundo defendemos
lo que España jamás ha de perder.
Guerra al pueblo no hacemos como ellos,
pues nosotros luchamos por la paz,
con el triunfo del mundo antifascista
la tierra ensangrentarán;
con el triunfo del mundo antifascista
la tierra ensangrentarán.
Si al combate marchamos con arrojo
para España obtendremos libertad.
Morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad;
morirán los fascismos sangrientos,
en España habrá ya felicidad.

Fuentes[editar]

Bibliografía[editar]

  • Canciones de las Brigadas Internacionales. Ed. Ernest Busch. Barcelona, 1938.
  • Casanova, Julián (2007). República y Guerra Civil. Vol. 8 de la Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Barcelona: Crítica/Marcial Pons. ISBN 978-84-8432-878-0. 
  • Castells, Andreu. Las Brigadas Internacionales en la Guerra de España. Ariel. Barcelona, 1974.
  • Delperrie de Bayac, Jacques. Las Brigadas Internacionales. Júcar. Madrid, 1980.
  • Fisher, Harry. Camaradas. Memorias de un Brigadista en la guerra civil española. Ed. del Laberinto. Madrid, 1997.
  • González de Miguel, Jesús, La batalla del Jarama. Febrero de 1937, testimonios desde un frente de la Guerra Civil. La Esfera de los Libros, 2009.
  • González, Isidro (2004). Los judíos y la Segunda República. 1931-1939. Madrid: Alianza Editorial. ISBN 8420645982. 
  • Longo, Luigi. Las Brigadas Internacionales en España. Era. México, 1969
  • Kowalsky, Daniel (2004). «La Unión Soviética y las Brigadas Internacionales». Ayer 4 (56). ISSN 1137-2227. http://www.ahistcon.org/docs/ayer/ayer56/ayer56-04.pdf. 
  • Kowalsky, Daniel. La Unión Soviética y la Guerra Civil Española. Editorial Crítica 2003.
  • Krawinkel, Moritz, La Batalla del Jarama. Entre memoria e historia. Entimema. Madrid, 2009.
  • Martínez Bande, J. A. Brigadas Internacionales, Luis Caralt. Barcelona, 1972.
  • Monks, Joe. With the Reds in Andalusia. Obra de un brigadista irlandés. Publicado por la John Cornford Poetry Group. 1985.
  • Moradiellos, Enrique. El reñidero de Europa. Ediciones Península 2001.
  • Requena Gallego, Manuel; Sepúlveda Losa, Rosa María (coord.), Brigadas Internacionales. El contexto internacional, los medios de propaganda, literatura y memorias. Nausicaä. Albacete, 2008.
  • Skoutelsky, Rémi, Novedad en el frente. Las Brigadas Internacionales en la guerra civil. Temas de hoy. Madrid, 2006.
  • Vidal, César. Las Brigadas Internacionales. Espasa Calpe. Madrid, 1999.

Referencias[editar]

  1. Casanova, Julián (2007). pp. 274–275.  Falta el |título= (ayuda)
  2. a b c Casanova, Julián (2007). p. 276.  Falta el |título= (ayuda)
  3. Casanova, Julián (2007). p. 275.  Falta el |título= (ayuda)
  4. Thomas, Hugh (1976); La Guerra Civil Española. París: Ruedo Ibérico; pág. 860
  5. Hurtado, Víctor (2013). Las Brigadas Internacionales. Edicions DAU. ISBN 978-84-941031-1-7. , p.58
  6. Krawinkel, Moritz: La Batalla del Jarama. Entre memoria e historia. Entimema, 2009, pág. 92-94
  7. Futuro incierto del monumento a las Brigadas Internacionales de la Complutense
  8. Crusells, Magí. Las Brigadas Internacionales en la pantalla. Univ de Castilla La Mancha, 2001. ISBN 978-84-8427-149-9, p. 109
  9. Museo de Historia de Yugoslavia «Los voluntarios yugoslavos en la Guerra Civil - Jugoslovenski dobrovoljci u Španskom građanskom ratu», p. 9
  10. Fallece el último voluntario italiano en la Guerra Civil Artículo publicado en el periódico español Público el 21 de diciembre de 2009.
  11. De hecho, el primer uso registrado del apelativo de "fascistas" aplicado al franquismo se da en publicaciones judías de la época.
  12. a b González, Isidro (2004), pp.286-294.
  13. http://www.albavolunteer.org/2010/06/voluntarios-argentinos-en-la-brigada-xv-abraham-lincoln/
  14. Brigadistas internacionales reciben en Londres la nacionalidad española, El País, 10 de junio de 2009.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]